Conferencia General Abril 2026
Recordad, recordad
Por el élder Chi Hong (Sam) Wong
De los Setenta
Toda promesa de redención, toda esperanza de resurrección y toda certeza de vida eterna fluyen a través de Jesucristo.
El Domingo de Pascua es la máxima celebración de la misión redentora de Jesucristo, especialmente de Su Resurrección. La época de Pascua de Resurrección invita a los discípulos de Jesucristo no solo a regocijarse, sino a recordar a nuestro Salvador.
¿Qué querría Dios que recordáramos? ¿Cómo nos lo haría saber? ¿Dónde encontraríamos Sus recordatorios? Hace unos diez años, mientras reflexionaba sobre estas preguntas, me vino a la mente un pensamiento claro: Él pondría Sus recordatorios en el Libro de Mormón. Nos repetiría “recuerda, recuerda”, tal como lo harían nuestros padres. El Libro de Mormón contiene cinco versículos que dicen “recordad, recordad”.
1. “Recordad, recordad” (Mosíah 2:41)
“Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado”.
Guardar los mandamientos de Dios es una bendición tanto temporal como espiritual. Si perseveramos hasta el fin, moraremos con Él en un estado de interminable felicidad. ¿No es algo increíblemente maravilloso? Sin embargo, ¿han pensado alguna vez en lo que sucederá si no guardamos Sus mandamientos?
2. “Recordad, recordad” (Alma 37:13)
“¡Oh recuerda, recuerda, hijo mío, Helamán, cuán estrictos son los mandamientos de Dios! Y él ha dicho: Si guardáis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra; pero si no guardáis sus madamientos, seréis desechados de su presencia”.
Dios nos recuerda que Sus mandamientos son firmes y que obedecerlos conlleva las bendiciones prometidas.
El presidente Dallin H. Oaks habló de cómo los mandamientos de Dios guían y dan estabilidad a nuestra vida. Dijo: “Nuestras experiencias en la vida terrenal se asemejan a un niño y su padre que volaban una cometa en un día ventoso. A medida que la cometa se elevaba, el viento tiraba del cordel que llevaba el niño en la mano. Inexperto ante la fuerza de los vientos terrenales, propuso cortar el cordel para que la cometa pudiera subir más. Su sabio padre le aconsejó que no lo hiciera, explicándole que el cordel es lo que sujeta a la cometa en su lugar frente a los vientos terrenales. Si perdemos el control del cordel, la cometa no se elevará más arriba, sino que será llevada por esos vientos e inevitablemente acabará estrellándose contra la tierra”.
Debemos regresar a nuestro Padre Celestial por medio de venir a Jesucristo. Ese fue el plan que acordamos y que hizo que nos regocijáramos (véase Job 38:7).
3. “Recordad, recordad” (Helamán 5:9)
“¡Oh recordad, recordad, hijos míos, las palabras que el rey Benjamín habló a su pueblo! Sí, recordad que no hay otra manera ni medio por los cuales el hombre pueda ser salvo, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo, que ha de venir; sí, recordad que él viene para redimir al mundo”.
Jesucristo ocupa el centro mismo del plan de salvación y exaltación de Dios. Toda promesa de redención, toda esperanza de resurrección y toda certeza de vida eterna fluyen a través de Él. Sin Jesucristo, no hay salvación, ni victoria sobre el pecado y la muerte, ni camino de regreso a nuestro Padre Celestial. Él es el fundamento mismo de todo el plan de salvación y exaltación.
4. “Recordad, recordad” (Helamán 5:12)
“Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán”.
El élder David A. Bednar enseñó cómo podemos asegurar ese fundamento en nuestra vida: “Los sagrados convenios y ordenanzas del Evangelio restaurado del Salvador pueden compararse con los pernos de anclaje y las varillas de acero que se utilizan para conectar el edificio con la roca firme. Cada vez que recibimos, repasamos, recordamos y renovamos fielmente los convenios sagrados, nuestras anclas espirituales se fijan cada vez más segura y firmemente a la ‘roca’ de Jesucristo”.
5. “Recordad, recordad” (Helamán 14:30)
“Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo; y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos; pues he aquí, Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres”.
El Libro de Mormón fue escrito para nuestros días y para nuestro futuro. Al estudiar sus páginas, llegamos a conocer la verdad. A medida que comprendemos sus enseñanzas, estas comienzan a moldear nuestro corazón. Conforme interioricemos sus mensajes y nos sumerjamos en sus palabras, seremos guiados para discernir entre el bien y el mal y seremos facultados para usar sabiamente el albedrío que Dios nos ha dado.
¿Todavía recuerdan los cinco grupos de versículos de “recordad, recordad” del Libro de Mormón?
Son estos:
- Podemos morar con Dios en un estado de interminable felicidad si guardamos Sus mandamientos.
- Seremos desechados de la presencia de Dios si no guardamos Sus mandamientos.
- Solo podemos ser salvos por la sangre expiatoria de Jesucristo.
- No caeremos si edificamos nuestro fundamento sobre Jesucristo.
- Se nos dio conocimiento y albedrío para escoger y actuar sabiamente.
Recordemos, recordemos a nuestro Salvador, especialmente en esta época de Pascua de Resurrección. Él ha resucitado; desea que vengamos a Él. Oremos unidos para que guardemos Sus mandamientos, utilicemos nuestro albedrío moral sabiamente cada día y nos preparemos para Su glorioso regreso en Su cuerpo resucitado. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Un comentario
1. La obediencia a los mandamientos conduce a la felicidad eterna
Guardar los mandamientos trae bendiciones tanto temporales como espirituales, y finalmente la vida eterna con Dios.
Este principio establece una relación directa entre obediencia y felicidad duradera. No se trata solo de recompensas futuras, sino de una transformación presente. La obediencia ordena la vida, da propósito y permite experimentar paz interior. Desde una perspectiva doctrinal, muestra que la felicidad no es casual ni arbitraria, sino el resultado de vivir en armonía con las leyes divinas.
2. La desobediencia separa al hombre de la presencia de Dios
No guardar los mandamientos conduce a la pérdida de bendiciones y a la separación espiritual de Dios.
Este punto introduce la dimensión de justicia divina. El discurso no solo presenta promesas, sino también advertencias. La separación de Dios no es un castigo arbitrario, sino una consecuencia natural de elegir un camino contrario a Su voluntad. Doctrinalmente, resalta la importancia de la responsabilidad personal y el impacto eterno de nuestras decisiones.
3. Jesucristo es el único medio de salvación
Solo por medio de la Expiación de Jesucristo el hombre puede ser redimido y regresar a la presencia del Padre.
Este es el eje central del discurso. Todas las demás enseñanzas apuntan hacia esta verdad. La salvación no se logra únicamente por el esfuerzo humano, sino por la gracia y el poder redentor de Cristo. Recordarlo constantemente implica reconocer nuestra dependencia de Él y centrar nuestra vida en Su evangelio.
4. Edificar sobre Cristo brinda estabilidad espiritual
Aquellos que establecen su vida sobre Jesucristo no caerán ante las pruebas y tentaciones.
La metáfora del fundamento revela que la vida espiritual requiere una base firme. Las tormentas representan desafíos inevitables, pero el resultado depende del fundamento. Doctrinalmente, esto enseña que la fe en Cristo, fortalecida por convenios y obediencia, proporciona seguridad y resistencia ante la adversidad.
5. Los convenios y ordenanzas fortalecen nuestra conexión con Cristo
Recordar y renovar los convenios fortalece nuestro anclaje espiritual al Salvador.
Este principio profundiza el anterior al explicar cómo se construye ese fundamento. Los convenios no son solo rituales, sino compromisos sagrados que nos vinculan con Cristo. Al renovarlos, nuestra relación con Él se vuelve más firme y constante. Esto refleja una doctrina clave del evangelio restaurado: el progreso espiritual es un proceso continuo.
6. El albedrío es un don divino que implica responsabilidad
Dios ha dado al hombre la libertad de escoger, y cada persona es responsable de sus decisiones.
Este punto subraya la dignidad y el riesgo del albedrío. No somos seres pasivos, sino agentes morales. Recordar las verdades del Evangelio nos ayuda a tomar decisiones sabias. Doctrinalmente, esto enseña que el crecimiento espiritual depende del uso correcto de nuestra libertad, no solo del conocimiento.
7. El Libro de Mormón es un instrumento divino de recordatorio
Las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, contienen recordatorios divinos diseñados para guiar nuestra vida.
La repetición de “recordad, recordad” muestra el método pedagógico de Dios. Él sabe que el ser humano tiende a olvidar, por lo que provee recordatorios constantes. Este principio destaca la importancia del estudio constante de las Escrituras como medio para mantener viva la fe y la dirección espiritual.
8. Recordar a Cristo es esencial para el discipulado verdadero
Recordar al Salvador, especialmente en la Pascua, fortalece nuestra relación con Él y nos invita a venir a Él.
Este punto sintetiza todo el discurso. Recordar no es solo un acto mental, sino espiritual y práctico. Implica vivir de manera consciente de Cristo, seguir Su ejemplo y confiar en Su poder redentor. Doctrinalmente, enseña que el recuerdo constante de Cristo transforma la vida diaria en un acto de fe.
Para refleionar
1. Recordar a Dios es una disciplina espiritual, no un acto ocasional
El mandato repetido de “recordad, recordad” enseña que la memoria espiritual requiere esfuerzo constante. No basta con saber, sino que debemos traer continuamente a la mente y al corazón las verdades divinas.
Este pensamiento invita a evaluar cómo vivimos nuestra relación con Dios en lo cotidiano. El olvido espiritual ocurre de manera sutil, en medio de la rutina y las distracciones. Recordar a Dios deliberadamente —mediante la oración, las Escrituras y los convenios— nos mantiene espiritualmente despiertos y conectados con lo eterno.
2. La obediencia no limita, sino que eleva
El discurso muestra que los mandamientos no son restricciones, sino guías que conducen a la felicidad y estabilidad espiritual.
Muchas veces el ser humano percibe la obediencia como una pérdida de libertad, pero en realidad es lo que permite alcanzar nuestro verdadero potencial. Así como la cometa necesita el hilo para elevarse, nuestra vida necesita principios divinos para no perder dirección. Este pensamiento transforma la obediencia en un acto de confianza y amor hacia Dios.
3. Cristo no es solo parte del Evangelio, es el centro de todo
El discurso enfatiza que toda esperanza —redención, resurrección y vida eterna— fluye únicamente a través de Jesucristo.
Este pensamiento nos lleva a replantear nuestras prioridades espirituales. No basta con vivir valores o principios aislados; todo adquiere sentido cuando está centrado en Cristo. Recordarlo constantemente cambia la manera en que enfrentamos pruebas, tomamos decisiones y entendemos nuestro propósito eterno.
4. El albedrío es un don que define nuestro destino eterno
Dios nos ha dado la libertad de elegir, pero también la responsabilidad de las consecuencias de nuestras decisiones.
Este pensamiento resalta la seriedad de la vida terrenal. Cada elección, por pequeña que parezca, contribuye a formar nuestro carácter y nuestro destino. Recordar las verdades del Evangelio nos ayuda a ejercer el albedrío con sabiduría. En este sentido, la memoria espiritual se convierte en una guía moral que ilumina nuestras decisiones diarias.
Comentario final
Desde una perspectiva académica y doctrinal, el discurso “Recordad, recordad” se erige como una profunda exhortación pedagógica centrada en la teología de la memoria dentro del plan de salvación. El élder Chi Hong (Sam) Wong articula un patrón recurrente en las Escrituras: Dios enseña a Sus hijos mediante la repetición intencional, no solo para informar la mente, sino para transformar el corazón. Así, el acto de “recordar” trasciende lo cognitivo y se convierte en un principio de fidelidad activa; recordar es obedecer, es permanecer, es venir a Cristo. En este sentido, el discurso conecta de manera magistral la memoria espiritual con la doctrina de los convenios, el albedrío y la centralidad absoluta de Jesucristo, mostrando que el olvido espiritual constituye una de las causas más profundas de la decadencia del alma.
Educativamente, el mensaje ofrece un modelo claro de discipulado deliberado: invita a los creyentes a internalizar las verdades del Evangelio hasta que estas gobiernen sus decisiones diarias. La reiteración de los pasajes “recordad, recordad” no solo estructura el discurso, sino que también establece un marco didáctico que facilita la retención y aplicación doctrinal. Desde un enfoque propio de la erudición de la Brigham Young University, este discurso puede entenderse como una síntesis del proceso de conversión continua: el individuo recuerda, internaliza, actúa y, mediante ese ciclo, se transforma progresivamente por medio de la gracia de Cristo. En última instancia, el llamado es claro y profundamente formativo: cultivar una memoria espiritual constante que ancle la vida en Jesucristo, permitiendo que Su poder redentor no solo sea creído, sino vivido, experimentado y reflejado en cada aspecto de la existencia.

























