26 enero – 1 febrero
“Enseña estas cosas sin reserva a tus hijos”
Génesis 5; Moisés 6
“Enseñ[a] estas cosas sin reserva a tus hijos” es una invitación poderosa que resuena a lo largo de Génesis 5 y Moisés 6. Aunque Génesis 5 presenta principalmente una genealogía que conecta a Adán y Eva con Noé, este registro aparentemente sencillo encierra verdades profundas sobre la transmisión del Evangelio de generación en generación. En medio de una lista de nombres, una breve pero intrigante declaración destaca: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios” (Génesis 5:24), insinuando una historia extraordinaria que Génesis no desarrolla.
Es en Moisés 6 donde esa historia cobra vida. Este capítulo amplía el relato al revelar no solo la misión profética de Enoc, sino también el contexto espiritual de su época. Aprendemos que, aun cuando Satanás ejercía un “gran dominio” sobre el corazón de los hombres, hubo padres fieles que asumieron con seriedad su responsabilidad sagrada de enseñar a sus hijos las vías de Dios. Ellos transmitieron doctrinas eternas —fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo— que habían sido establecidas desde el principio y que permanecerán hasta el fin del mundo.
Estos pasajes nos enseñan que la obra de Dios siempre ha avanzado mediante familias fieles y maestros inspirados que enseñan el Evangelio “sin reserva”. La historia de Enoc y de los descendientes de Adán nos recuerda que, aun en tiempos de iniquidad, el Señor prepara a Sus siervos, confía en el poder de la enseñanza en el hogar y edifica a Su pueblo sobre doctrinas eternas que nunca cambian.
Temas centrales
1. Dios obra por medio de generaciones, no solo de individuos
Referencias: Génesis 5; Moisés 6:5–7, 15
Génesis 5 presenta una genealogía extensa que, aunque parece limitada en detalle narrativo, cumple un propósito doctrinal esencial: mostrar que la obra de Dios avanza a través de generaciones. La revelación moderna en Moisés 6 aclara que estas listas no representan anonimato espiritual, sino una continuidad deliberada del sacerdocio, del Evangelio y del convenio desde Adán hasta Noé.
Doctrinalmente, esto enseña que el plan de salvación no se apoya en episodios aislados de rectitud, sino en una cadena ininterrumpida de enseñanza, ordenanzas y convenios transmitidos de padres a hijos. El progreso espiritual del mundo depende de la fidelidad con que una generación instruye a la siguiente.
2. Caminar con Dios es el resultado de una vida de convenio
Referencias: Génesis 5:22–24; Moisés 6:27–28
La breve declaración de que Enoc “caminó con Dios” adquiere profundidad doctrinal en Moisés 6, donde se revela que esa comunión fue el resultado de una vida de obediencia, fe y servicio profético. Caminar con Dios no describe solo cercanía espiritual, sino alineación constante de la voluntad humana con la voluntad divina.
Doctrinalmente, esto enseña que la exaltación no es un evento repentino, sino un proceso relacional continuo. Enoc no fue separado del mundo por mérito personal aislado, sino elevado porque vivió en plena armonía con los convenios y la obra de Dios.
3. La obra de Dios prospera aun en medio de gran iniquidad
Referencias: Moisés 6:15, 21; Moisés 5:12–13
Moisés 6 describe un mundo en el que Satanás tenía “gran dominio”, pero también revela que la maldad generalizada no impidió la fidelidad de algunos padres y familias. En contraste con la apostasía creciente, ciertos hogares continuaron enseñando “las vías de Dios”.
Doctrinalmente, esto establece que la rectitud no depende del contexto social, sino de decisiones de convenio. Incluso en épocas de oscuridad espiritual, Dios preserva un remanente fiel mediante familias que enseñan con diligencia y valentía.
4. Los padres tienen una responsabilidad divina de enseñar el Evangelio
Referencias: Moisés 6:21; Moisés 6:58–62
Uno de los énfasis más claros de Moisés 6 es que Dios confía la enseñanza del Evangelio principalmente a los padres. El mandato de enseñar “sin reserva” indica que las verdades salvadoras no deben transmitirse de forma superficial, parcial ni esporádica.
Doctrinalmente, este principio enseña que el hogar es la primera escuela del Evangelio. Los padres actúan como agentes del Señor al instruir a sus hijos en doctrina, convenios y rectitud, preparando así a cada generación para ejercer su albedrío con entendimiento espiritual.
5. El Evangelio de Jesucristo es el mismo desde el principio
Referencias: Moisés 6:50–52; Moisés 6:7
Moisés 6 revela que las doctrinas fundamentales del Evangelio —fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo— no son desarrollos posteriores, sino que fueron enseñadas desde los días de Adán y Eva. Asimismo, el sacerdocio que administra estas ordenanzas “existió en el principio” y continuará hasta el fin.
Doctrinalmente, esto afirma la inmutabilidad del plan de salvación. El Evangelio restaurado no es una versión modificada, sino la restauración del mismo Evangelio eterno que siempre ha sido el medio de redención para la humanidad.
6. La fe en Jesucristo es el centro de toda enseñanza verdadera
Referencias: Moisés 6:52; 2 Nefi 25:26
Los padres justos de las generaciones antiguas no solo enseñaban principios morales, sino que centraban su instrucción en Jesucristo como el Redentor prometido. La fe en Cristo es presentada como el principio organizador de toda doctrina salvadora.
Doctrinalmente, esto enseña que la enseñanza religiosa carece de poder redentor si no conduce a Cristo. Toda instrucción verdadera tiene como fin ayudar a los hijos de Dios a conocer, confiar y depender del Salvador.
7. El sacerdocio y la doctrina avanzan juntos
Referencias: Moisés 6:7; Moisés 6:21
Moisés 6 enseña que la doctrina del Evangelio y el sacerdocio están inseparablemente ligados. La autoridad del sacerdocio no existe para sí misma, sino para bendecir, enseñar y ministrar el Evangelio de Jesucristo dentro de la familia y de la comunidad del convenio.
Doctrinalmente, esto aclara que la transmisión del sacerdocio entre generaciones tiene como propósito preservar las ordenanzas, la enseñanza verdadera y el acceso continuo al poder de Dios.
8. Enseñar el Evangelio preserva la identidad espiritual
Referencias: Moisés 6:5–6; Salmos 78:5–7
El registro de las generaciones y el “libro de memorias” mencionado en Moisés 6 reflejan el valor espiritual de recordar y preservar la fe familiar. Enseñar y registrar las obras de Dios ayuda a los hijos a comprender quiénes son y a quién pertenecen.
Doctrinalmente, esto enseña que la identidad espiritual no se forma por herencia biológica solamente, sino por memoria doctrinal, enseñanza intencional y testimonio vivido.
9. La obra de Dios continúa “hasta el fin del mundo”
Referencias: Moisés 6:7; Mateo 28:19–20
El testimonio de que el Evangelio existirá hasta el fin del mundo conecta las generaciones antiguas con los discípulos modernos. La misma obra iniciada con Adán continúa hoy mediante familias, ordenanzas y enseñanza fiel.
Doctrinalmente, esto enseña que cada generación tiene una mayordomía sagrada: recibir el Evangelio, vivirlo y transmitirlo sin reserva a los que siguen.
Génesis 5 y Moisés 6 enseñan que el Evangelio de Jesucristo es eterno, familiar y generacional. En medio de un mundo de creciente iniquidad, Dios preserva Su obra mediante padres fieles que enseñan doctrina verdadera, administran convenios y caminan con Dios. Enseñar “sin reserva” no es solo un mandato antiguo, sino una responsabilidad actual que asegura la continuidad del plan de salvación hasta el fin del mundo.
Moisés 6:26–36
El pecado limita mi capacidad de ver, sentir y escuchar las cosas de Dios.
1. El pecado distorsiona la percepción espiritual (vv. 26–27)
En Moisés 6:26–27, el Señor describe a una generación que ha “concebido el pecado” y ha enseñado a sus hijos a rechazar la verdad. Esta descripción no solo señala conductas externas, sino un proceso interno: el pecado comienza en el corazón y en la mente, y poco a poco altera la manera en que una persona percibe la realidad espiritual. Cuando el pecado es aceptado y enseñado, la verdad deja de ser deseable y la luz comienza a parecer incómoda o incluso amenazante.
Doctrinalmente, esto enseña que el pecado no es neutral. No solo separa de Dios en un sentido legal, sino que afecta la capacidad misma del alma para reconocer lo que proviene de Él (véase también 1 Corintios 2:14). La verdad sigue estando disponible, pero el corazón ya no está dispuesto a recibirla.
2. Ojos que no ven y oídos que no oyen (vv. 28–30)
El Señor declara que las personas de esa generación no pueden ver ni oír, a pesar de que la voz de Dios todavía se hace oír. Esta es una enseñanza doctrinal clave: Dios no deja de hablar; es el ser humano quien pierde la capacidad de percibir Su voz. El pecado endurece el corazón, creando una insensibilidad espiritual que impide reconocer la influencia del Espíritu.
Esta condición no ocurre de manera repentina. El endurecimiento es progresivo, resultado de decisiones repetidas que priorizan la voluntad propia sobre la voluntad de Dios. Con el tiempo, la conciencia se debilita y las impresiones espirituales se vuelven cada vez más difíciles de discernir.
3. La falsa autosuficiencia sustituye la dependencia de Dios (vv. 31–33)
En estos versículos, el Señor señala que las personas se han vuelto carnales, sensuales y diabólicas, y que se consideran sabias según el mundo. Aquí se revela otro efecto del pecado: la sustitución de la revelación divina por la confianza en el razonamiento humano sin Dios. Cuando el orgullo y la autosuficiencia dominan, la persona deja de buscar al Señor y, por lo tanto, deja de recibir luz adicional.
Doctrinalmente, esto explica por qué el pecado limita no solo lo que vemos y oímos, sino también lo que sentimos. La humildad es esencial para sentir la influencia del Espíritu Santo; sin ella, el corazón se vuelve frío y resistente a la corrección divina.
4. El pecado conduce a la separación espiritual (vv. 34–36)
El resultado final descrito en estos versículos es la separación de la presencia de Dios. No se trata únicamente de una consecuencia futura, sino de una realidad presente: al rechazar la luz, las personas ya no caminan con Dios, aun cuando Él sigue extendiendo Su misericordia mediante profetas como Enoc.
Este pasaje enseña que la pérdida de sensibilidad espiritual es una forma de cautiverio. Las personas no solo pecan, sino que llegan a justificar el pecado, perdiendo el deseo de arrepentirse. Así, el pecado no solo limita la capacidad espiritual, sino que también reduce la disposición a buscar sanación.
5. Principio doctrinal central
Moisés 6:26–36 enseña claramente que el pecado nubla la visión espiritual, endurece el corazón y silencia la voz de Dios en la vida de una persona. La tragedia no es que Dios deje de amar o de hablar, sino que Sus hijos pierdan la capacidad de reconocer Su amor y Su voz. Este pasaje también implica una esperanza: si el pecado puede endurecer el corazón, el arrepentimiento puede restaurar la sensibilidad espiritual y permitirnos volver a ver, sentir y escuchar las cosas de Dios.
¿Qué aprendo sobre los efectos del pecado?
Moisés 6:26–36 enseña que el pecado tiene efectos progresivos y debilitantes en la vida espiritual. No solo conduce a acciones incorrectas, sino que altera la capacidad interna de la persona para percibir a Dios. El pecado endurece el corazón, nubla el entendimiento espiritual y debilita la sensibilidad a la voz del Espíritu. Como resultado, las personas pueden llegar a rechazar la verdad, justificar el error y confiar más en la sabiduría del mundo que en la revelación divina.
Además, el pecado genera separación espiritual. Aunque Dios continúa hablando y extendiendo misericordia, quienes persisten en el pecado pierden la capacidad de ver, sentir y escuchar las cosas de Dios. Esta condición limita el arrepentimiento, porque cuando el corazón se endurece, incluso el deseo de cambiar comienza a desaparecer.
¿Qué atributos tenía Enoc que le ayudaron a superar esos efectos?
Enoc poseía varios atributos espirituales que contrastan directamente con los efectos del pecado descritos en el pasaje:
• Humildad: Reconocía sus debilidades y su dependencia del Señor, lo que le permitió recibir instrucción y poder divino.
• Fe: Confió en Dios aun cuando se sentía incapaz o inexperto, y actuó conforme a los mandamientos recibidos.
• Obediencia: Habló lo que el Señor le mandó, sin suavizar el mensaje ni adaptarlo a la aceptación del mundo.
• Sensibilidad espiritual: A diferencia de su generación, Enoc pudo oír la voz del Señor y responder a ella.
• Valentía moral: Predicó el arrepentimiento a un pueblo endurecido, aun cuando enfrentó oposición y rechazo.
Estos atributos mantuvieron su corazón blando y receptivo, permitiéndole resistir la influencia del pecado generalizado que lo rodeaba.
¿De qué modo lo bendijo Dios como resultado de ello?
Como resultado de la fidelidad de Enoc, Dios lo bendijo de maneras profundas y extraordinarias:
• Le confió Su palabra y Su poder, permitiéndole hablar con autoridad espiritual.
• Lo fortaleció más allá de sus limitaciones naturales, de modo que incluso la naturaleza respondió a su fe.
• Le concedió revelaciones y visiones, ampliando su comprensión del plan de salvación y del destino de la humanidad.
• Lo usó como instrumento para salvar a muchos, ya que su predicación condujo al arrepentimiento y a la santificación de un pueblo entero.
• Lo llevó a caminar en unidad con Él, hasta el punto de ser trasladado junto con su pueblo, como señal de una comunión plena con Dios.
Estas bendiciones muestran que, mientras el pecado separa y debilita, la rectitud restaura la visión espiritual, fortalece el alma y acerca al ser humano a la presencia de Dios.
Diálogo:
Juan: Marcela, al leer Moisés 6:26–27 me impresiona que el Señor diga que esa generación había “concebido el pecado”. No parece referirse solo a malas acciones, sino a algo que ocurrió primero en el interior.
Marcela: Exacto. El pecado comienza en el corazón y en la mente. No se trata solo de lo que se hace, sino de lo que se acepta, se justifica y finalmente se enseña. Cuando el pecado se normaliza, la verdad deja de resultar atractiva y la luz comienza a incomodar.
Juan: Eso explica por qué el Señor no habla solo de conducta, sino de percepción espiritual. El pecado altera la manera en que una persona ve la realidad espiritual.
Marcela: Doctrinalmente, eso es clave. El pecado no es neutral. No solo nos separa de Dios, sino que afecta la capacidad misma del alma para reconocer lo que proviene de Él. Como enseña Pablo, el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios.
Juan: Y en los versículos 28–30 el Señor dice que no pueden ver ni oír, aunque Él sigue hablando. Eso me parece muy significativo.
Marcela: Porque enseña que Dios nunca deja de hablar. El problema no es el silencio divino, sino la insensibilidad humana. El pecado endurece el corazón y debilita la conciencia espiritual, hasta que las impresiones del Espíritu se vuelven difíciles de discernir.
Juan: Y ese endurecimiento no ocurre de golpe. Es progresivo, ¿verdad?
Marcela: Sí. Es el resultado de decisiones repetidas que colocan la voluntad propia por encima de la voluntad de Dios. Poco a poco, la persona se acostumbra a vivir sin consultar al Señor.
Juan: Eso conecta con los versículos 31–33, donde el Señor dice que se consideran sabios según el mundo. Es una falsa autosuficiencia.
Marcela: Exactamente. Cuando el orgullo domina, la revelación divina es reemplazada por el razonamiento humano sin Dios. Doctrinalmente, eso explica por qué el pecado no solo afecta lo que vemos y oímos, sino también lo que sentimos. Sin humildad, el corazón se vuelve frío y resistente a la corrección divina.
Juan: Y el resultado final, en los versículos 34–36, es la separación espiritual. No solo futura, sino presente.
Marcela: Así es. Al rechazar la luz, las personas dejan de caminar con Dios, aun cuando Él sigue extendiendo misericordia mediante profetas como Enoc. Esa pérdida de sensibilidad espiritual es una forma de cautiverio.
Juan: Me llama la atención que no solo pecan, sino que justifican el pecado. Incluso pierden el deseo de arrepentirse.
Marcela: Ese es uno de los efectos más peligrosos del pecado: reduce la disposición a buscar sanación. Cuando el corazón se endurece, hasta el deseo de cambiar comienza a desaparecer.
Juan: Sin embargo, Enoc es el contraste total. Él vive en ese mismo ambiente, pero no es afectado de la misma manera.
Marcela: Porque tenía atributos espirituales que lo protegieron. Enoc era humilde; reconocía sus debilidades y dependía del Señor. Tenía fe para actuar aun cuando se sentía incapaz, y obedecía sin suavizar el mensaje para agradar al mundo.
Juan: También tenía sensibilidad espiritual. Él sí podía oír la voz del Señor cuando otros ya no podían.
Marcela: Y valentía moral. Predicó el arrepentimiento a un pueblo endurecido, aun enfrentando oposición. Su corazón permaneció blando y receptivo, a diferencia de su generación.
Juan: Como resultado, Dios lo bendijo de manera extraordinaria.
Marcela: Sí. Le confió Su palabra y Su poder, lo fortaleció más allá de sus limitaciones naturales y le concedió revelaciones profundas. Incluso la naturaleza respondió a su fe.
Juan: Y finalmente, Enoc llegó a caminar en tal unidad con Dios que fue trasladado junto con su pueblo.
Marcela: Eso resume el principio doctrinal central de Moisés 6:26–36: el pecado separa y debilita, pero la rectitud restaura la visión espiritual y acerca al ser humano a la presencia de Dios.
Juan: Y también deja una esperanza clara: si el pecado puede endurecer el corazón, el arrepentimiento puede volver a abrirlo.
Marcela: Exactamente. Podemos volver a ver, sentir y escuchar las cosas de Dios cuando elegimos la humildad, la fe y la obediencia.
Moisés 6:26–47
Dios me llama a efectuar Su obra a pesar de mis debilidades.
Moisés 6:26–47 enseña un principio fundamental del Evangelio: Dios lleva a cabo Su obra por medio de personas imperfectas que están dispuestas a confiar en Él. El llamamiento de Enoc como profeta no comenzó con seguridad ni con capacidad evidente, sino con temor, dudas y un profundo sentimiento de insuficiencia. Enoc se veía a sí mismo como joven, inexperto y poco elocuente, y sentía que no tenía la capacidad necesaria para hablar al pueblo conforme al mandato del Señor.
En lugar de retirar el llamamiento, el Señor respondió a las debilidades de Enoc con promesas divinas. Le aseguró Su presencia, le dio poder mediante el Espíritu y le enseñó que la obra no dependía de la fuerza humana, sino del poder de Dios. A medida que Enoc obedeció con fe, el Señor lo apoyó, lo invistió de autoridad espiritual y manifestó Su poder por medio de él para cumplir Sus propósitos.
Este patrón se repite a lo largo de las Escrituras y continúa en la actualidad. Profetas antiguos y modernos han expresado sentimientos de incapacidad al recibir llamamientos sagrados, pero todos testifican que el Señor fortalece a quienes Él llama. Al estudiar este pasaje, somos invitados a reconocer que nuestras debilidades no nos descalifican del servicio en el reino de Dios; por el contrario, nos conducen a depender del Salvador, cuya gracia nos capacita para hacer cosas que no podríamos lograr por nosotros mismos.
Temas doctrinales en Moisés 6:26–47
1. Dios llama a Sus siervos aun cuando se sienten incapaces
El llamamiento de Enoc revela una verdad central del Evangelio restaurado: Dios no llama a personas porque ya sean capaces, sino porque Él puede capacitarlas. La sensación de insuficiencia de Enoc no es un obstáculo para el Señor, sino parte del proceso divino. Enoc se ve a sí mismo desde una perspectiva humana, pero Dios lo ve desde una perspectiva eterna.
Doctrinalmente, esto enseña que los llamamientos no son una confirmación de autosuficiencia, sino una invitación a la dependencia divina. El Señor llama a los humildes porque el orgullo impediría reconocer que el poder real proviene de Él. La debilidad humana, entonces, cumple una función pedagógica: nos conduce a Cristo.
• Moisés 6:31 – Enoc expresa su debilidad y temor.
• 1 Corintios 1:26–29 – Dios escoge lo débil del mundo.
• Doctrina y Convenios 1:19–23 – El Señor llama a los débiles y sencillos.
• Ulisses Soares, “Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu”, Liahona, mayo de 2018, págs. 98–99.
Las Escrituras muestran consistentemente que el Señor llama a personas que se consideran inadecuadas para la obra. Enoc se describe como “joven” y “tardo en el habla”, expresando una profunda inseguridad personal. Doctrinalmente, esto enseña que los llamamientos divinos no se basan en habilidades naturales, sino en la disposición del corazón. Dios ve el potencial eterno de Sus hijos y los llama para que aprendan a depender de Él. La sensación de insuficiencia no invalida el llamamiento; más bien, prepara al siervo para recibir poder divino.
2. El Señor responde a la debilidad con promesas, no con rechazo
Cuando Enoc expresa temor, el Señor no lo reprende ni lo sustituye. En lugar de eso, responde con promesas: Su Espíritu, Su palabra y Su poder. Esto revela el carácter misericordioso y pedagógico de Dios. Él no exige perfección previa para servir; ofrece ayuda durante el servicio.
Doctrinalmente, este principio enseña que la gracia precede al desempeño. Dios no espera resultados antes de conceder apoyo espiritual. Las promesas divinas actúan como anclas de fe que permiten al siervo avanzar aun cuando sus sentimientos no coincidan con la magnitud del llamamiento.
• Moisés 6:32–34 – El Señor promete estar con Enoc y llenar su boca.
• Éxodo 4:11–12 – El Señor promete estar con la boca de Moisés.
• Isaías 41:10 – “No temas, porque yo estoy contigo”.
• David A. Bednar, “Permanec[e] en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo”, Liahona, mayo de 2023, págs. 123–126.
Cuando Enoc expresó temor, el Señor respondió con promesas: Su Espíritu, Su palabra y Su apoyo constante. Esto revela que Dios no exige perfección previa para servir. Doctrinalmente, este principio enseña que la gracia de Dios precede al desempeño humano. El Señor adapta Su obra a la debilidad humana para que Sus siervos aprendan a confiar en Él y no en sus propias fuerzas.
3. El poder para efectuar la obra de Dios proviene del Espíritu, no del hombre
El poder manifestado en el ministerio de Enoc no es simbólico ni metafórico; es real y visible. Sin embargo, el texto deja claro que ese poder no es inherente a Enoc como individuo, sino que fluye a través de él por medio del Espíritu. Esto protege una doctrina esencial: la gloria pertenece a Dios, no al instrumento.
Desde una perspectiva doctrinal, este principio establece que la obra de salvación no puede lograrse mediante habilidades humanas únicamente. El Espíritu Santo es el agente divino que traduce la obediencia humana en poder celestial. Cuando Dios obra por medio de instrumentos débiles, demuestra que Su poder es independiente de la capacidad mortal.
• Moisés 6:34–36 – El Espíritu llena a Enoc.
• Moisés 6:37–38 – La palabra de Enoc actúa con poder divino.
• Zacarías 4:6 – “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”.
• Doctrina y Convenios 121:36–46 – El poder solo se mantiene por principios divinos.
El poder manifestado en el ministerio de Enoc provino directamente del Espíritu del Señor. La tierra tembló y los enemigos fueron confundidos no por la fuerza humana, sino por el poder de Dios. Doctrinalmente, esto establece que la obra de salvación no puede realizarse mediante capacidades mortales únicamente. El Espíritu Santo es el agente divino que convierte la obediencia humana en poder celestial, asegurando que la gloria pertenezca siempre a Dios.
4. La obra del Señor se cumple mediante la obediencia y la fe, no mediante la autosuficiencia
Enoc no espera sentirse preparado para actuar. La secuencia doctrinal es clara: obediencia primero, poder después. Esto corrige la tendencia humana a posponer la obediencia hasta sentir seguridad o competencia. En el Evangelio, la fe no consiste en sentirse capaz, sino en actuar confiando en Dios.
Este principio enseña que la fe verdadera es dinámica, no pasiva. La obediencia activa crea el espacio espiritual para que Dios manifieste Su poder. Doctrinalmente, esto refuerza que el Señor prueba nuestra disposición antes de manifestar Su plenitud de poder.
• Moisés 6:33–34 – Enoc obedece y habla conforme al mandato del Señor.
• Hebreos 11:7 – Enoc actúa por fe.
• Éter 12:6 – El testimonio viene después de la prueba de la fe.
• “A donde me mandes iré”, Himnos, nro. 175.
Enoc actuó sin sentirse preparado, demostrando que la fe precede al milagro. Doctrinalmente, esto enseña que la obediencia activa es un requisito para recibir poder espiritual. El Señor espera que Sus siervos actúen con fe aun cuando no vean plenamente el resultado. La autosuficiencia limita la obra de Dios, mientras que la fe crea el espacio espiritual para que Su poder se manifieste.
5. Dios actúa de la misma manera con todos Sus profetas y siervos
El patrón vivido por Enoc se repite consistentemente en Moisés, Jeremías, Nefi, Moroni y profetas modernos. Este patrón doctrinal revela que Dios es inmutable en Su trato con Sus siervos. La debilidad inicial no es una anomalía; es parte del diseño divino.
Esto enseña que los sentimientos de incapacidad no son señal de error en el llamamiento, sino evidencia de que Dios está obrando conforme a Su patrón eterno. Reconocer este patrón ayuda a los discípulos a interpretar correctamente sus propios sentimientos de ineptitud, viéndolos como parte del proceso de santificación.
• Éxodo 4:10–16 – Moisés se siente incapaz.
• Jeremías 1:4–10 – Jeremías se considera joven.
• 2 Nefi 33:1–4 – Nefi se siente débil en la escritura.
• Éter 12:23–29 – Moroni teme la debilidad de sus palabras.
• Hebreos 13:8 – Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre.
El llamamiento de Enoc refleja un patrón eterno: Dios llama, el siervo duda, Dios promete ayuda y el siervo actúa con fe. Doctrinalmente, esto enseña que Dios es inmutable en Su trato con Sus siervos. Reconocer este patrón ayuda a los discípulos a comprender que los sentimientos de ineptitud no son una señal de fracaso, sino una parte normal del proceso de preparación divina.
6. La gracia de Jesucristo perfecciona las debilidades humanas
La experiencia de Enoc armoniza plenamente con la doctrina enseñada en Éter 12:27: la debilidad no se elimina automáticamente, sino que se transforma mediante la gracia. La gracia de Cristo no solo perdona pecados, sino que capacita para cumplir responsabilidades divinas.
Doctrinalmente, esto enseña que la gracia es activa y habilitadora. Cristo no espera que superemos nuestras limitaciones por nosotros mismos; Él obra con nosotros. Las debilidades se convierten en canales de poder divino cuando son presentadas al Señor con humildad y fe.
• Éter 12:27 – La gracia hace fuertes las cosas débiles.
• Moisés 6:31–34 – La debilidad de Enoc es transformada.
• 2 Corintios 12:9 – El poder de Cristo se perfecciona en la debilidad.
• Dieter F. Uchtdorf, “La gracia”, Liahona, mayo de 2015.
La gracia de Jesucristo no solo perdona pecados, sino que capacita a los discípulos para cumplir responsabilidades divinas. Enoc experimentó esta gracia habilitadora al ver que sus debilidades se convertían en instrumentos del poder de Dios. Doctrinalmente, este principio enseña que la gracia no elimina automáticamente las limitaciones humanas, sino que las transforma cuando son ofrecidas al Señor con humildad y fe.
7. El Salvador acompaña a Sus siervos en las tareas difíciles
El Señor no envía a Enoc solo. Su promesa de presencia revela una doctrina profundamente consoladora: el discipulado es una experiencia compartida con Cristo. El Salvador no solo manda; camina con Sus siervos. La relación precede al logro.
Este principio doctrinal redefine el concepto de llamamiento. No se trata únicamente de una asignación, sino de una relación continua con el Salvador. La promesa “yo estaré contigo” es, en esencia, una promesa de compañía redentora que sostiene al discípulo en medio de lo imposible.
• Moisés 6:34 – “Yo estaré contigo”.
• Moisés 7:13 – El Señor va con Enoc.
• Mateo 28:20 – “Yo estoy con vosotros todos los días”.
• David A. Bednar, “Permaneced en mí, y yo en vosotros”, Liahona, mayo de 2023.
El Señor prometió estar con Enoc, enseñando que el discipulado no se vive en soledad. Doctrinalmente, esto revela que los llamamientos en la obra del Señor son relaciones vivas con Jesucristo. Él sostiene, guía y fortalece a Sus siervos conforme avanzan en fe. La promesa de Su presencia es tan esencial como el llamamiento mismo.
8. Dios espera que confiemos en Él también en las obras futuras
El pasaje invita no solo a reflexionar sobre experiencias pasadas, sino a anticipar futuros desafíos que requerirán fe en Cristo. Doctrinalmente, esto enseña que la fe es prospectiva: se cultiva hoy para los desafíos de mañana.
Registrar experiencias pasadas de ayuda divina fortalece la memoria espiritual y prepara al discípulo para confiar nuevamente en el Salvador. Este principio vincula el aprendizaje espiritual con la perseverancia y la esperanza en Jesucristo.
• Alma 37:37 – Consultar al Señor en todas las cosas.
• Proverbios 3:5–6 – Confiar en el Señor con todo el corazón.
• Doctrina y Convenios 78:17–19 – El Señor prepara para lo que vendrá.
• Salmos 77:11–12 – Recordar las obras del Señor fortalece la fe.
El relato de Enoc invita a los discípulos a mirar hacia el futuro con fe. Doctrinalmente, esto enseña que la fe no solo interpreta el pasado, sino que prepara el corazón para desafíos venideros. Recordar cómo el Salvador nos ha ayudado antes fortalece nuestra confianza para obedecer nuevamente cuando Él nos pida hacer cosas difíciles.
Conclusión final:
Moisés 6:26–47 testifica que Dios cumple Su obra por medio de personas imperfectas que confían en Él, no por medio de la autosuficiencia humana. El llamamiento de Enoc muestra que la sensación de insuficiencia no invalida el llamado divino; por el contrario, prepara al siervo para depender del poder del Espíritu. En este pasaje, la debilidad no es un obstáculo, sino el contexto en el que se manifiesta la gracia habilitadora de Jesucristo.
El Señor responde al temor y a las dudas de Enoc con promesas de presencia, poder y guía, enseñando que la gracia precede al desempeño y que el poder para efectuar la obra de Dios proviene del Espíritu, no del hombre. La obediencia fiel —aun sin sentirse preparado— abre el camino para que Dios actúe, confirmando que la fe verdadera se expresa en acción confiada.
Este patrón es constante en las Escrituras y en la experiencia de los discípulos hoy: Dios llama, el siervo duda, Dios promete ayuda, y el siervo actúa con fe. Así, la obra del Señor avanza y la gloria permanece en Dios. Moisés 6:26–47 invita a cada discípulo a aceptar los llamamientos divinos con humildad, a confiar en la compañía del Salvador y a permitir que Su gracia transforme las debilidades en instrumentos de poder para bendecir a otros y cumplir los propósitos eternos de Dios.
¿Qué enseña Moisés 6:26–47 sobre a quién llama Dios para efectuar Su obra?
Este pasaje enseña que Dios llama a personas imperfectas que se sienten incapaces desde una perspectiva humana. Enoc no fue llamado porque ya poseyera habilidades extraordinarias, sino porque estaba dispuesto a obedecer. Doctrinalmente, esto revela que los llamamientos divinos no se basan en la autosuficiencia, sino en la disposición a depender de Dios. El Señor ve el potencial eterno de Sus hijos y los llama para capacitarlos, no porque ya estén capacitados.
¿Por qué la sensación de debilidad no invalida un llamamiento divino?
La sensación de debilidad cumple una función espiritual esencial: conduce a la humildad y a la dependencia del Salvador. Enoc se consideraba joven y tardo en el habla, pero el Señor no retiró el llamamiento; respondió con promesas. Doctrinalmente, esto enseña que la debilidad humana no es una descalificación, sino el contexto en el que la gracia de Jesucristo puede manifestarse con mayor poder.
¿Cómo responde el Señor a las dudas y temores de Enoc?
El Señor responde a las dudas de Enoc no con reproche, sino con promesas: Su presencia, Su Espíritu y Su palabra. Le asegura que Él estaría con él y que pondría Sus palabras en su boca. Doctrinalmente, esto enseña que la gracia de Dios precede al desempeño humano. El Señor no exige confianza perfecta antes de actuar; ofrece apoyo divino para que Sus siervos puedan avanzar aun con temor.
¿De dónde proviene el poder para efectuar la obra de Dios según este pasaje?
El poder para efectuar la obra de Dios proviene del Espíritu del Señor, no de la capacidad humana. Aunque Enoc fue el instrumento, el poder que acompañó sus palabras fue divino. Doctrinalmente, este principio protege la verdad de que la gloria pertenece a Dios. Cuando Él obra por medio de instrumentos débiles, demuestra que Su poder es independiente de la fuerza, el talento o la elocuencia mortales.
¿Qué relación existe entre obediencia y poder espiritual en la experiencia de Enoc?
En Moisés 6, la obediencia precede al poder. Enoc no esperó sentirse preparado para actuar; obedeció con fe, y el poder de Dios se manifestó después. Doctrinalmente, esto enseña que la fe verdadera se expresa en acción confiada. El Señor concede poder espiritual conforme Sus siervos avanzan obedientemente, no como recompensa previa, sino como confirmación posterior de Su apoyo.
¿Cómo se relaciona la experiencia de Enoc con otros profetas y con los discípulos actuales?
La experiencia de Enoc refleja un patrón doctrinal constante: Dios llama, el siervo duda, Dios promete ayuda y el siervo actúa con fe. Este mismo patrón se observa en Moisés, Jeremías, Nefi, Moroni y en profetas modernos. Doctrinalmente, esto enseña que Dios es inmutable en Su trato con Sus siervos y que los sentimientos de incapacidad son una parte normal del proceso de preparación divina.
¿Qué enseña Moisés 6:26–47 sobre la gracia de Jesucristo y las debilidades humanas?
Este pasaje armoniza con la doctrina de que la gracia de Jesucristo no solo perdona, sino que capacita. Las debilidades no son eliminadas automáticamente; son transformadas cuando se presentan al Señor con humildad y fe. Doctrinalmente, esto enseña que la gracia es habilitadora: Cristo obra con Sus siervos, acompaña sus esfuerzos y convierte sus limitaciones en instrumentos para cumplir propósitos eternos.
Diálogo: “El Evangelio desde el principio”
Juan: Marcela, al estudiar Moisés 6:48–68 me impacta ver con cuánta claridad el Señor enseña el Evangelio completo desde los días de Adán. A veces pensamos que estas doctrinas son posteriores, pero aquí están desde el principio.
Marcela: Sí, este pasaje deja muy claro que el Evangelio de Jesucristo no es una revelación tardía. La fe en Cristo, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo forman parte del plan eterno de Dios, no de una etapa específica de la historia.
Juan: Incluso la pregunta de Adán en el versículo 53 es muy significativa: “¿Por qué es menester que los hombres se arrepientan y sean bautizados en agua?” Es una pregunta que muchos todavía se hacen hoy.
Marcela: Y la respuesta del Señor es doctrinalmente completa. Él no solo explica el bautismo, sino que enseña el concepto del nuevo nacimiento. La salvación no consiste únicamente en evitar el castigo, sino en experimentar una transformación espiritual real gracias a la Expiación de Jesucristo.
Juan: Me parece importante que el Señor primero explique la condición caída del ser humano. En los versículos 48–49 enseña que, debido a la transgresión de Adán y Eva, todos nacemos sujetos a la muerte temporal y espiritual.
Marcela: Eso establece el contexto del plan de salvación. La Caída no fue un error, sino una parte necesaria del plan divino que hizo indispensable un Redentor. Sin la Caída, no habría progreso, ni albedrío, ni necesidad de Jesucristo.
Juan: Y luego el Señor aclara algo fundamental sobre los niños pequeños.
Marcela: Sí, en los versículos 54–56 declara que los niños pequeños son santos, no pueden pecar y son redimidos automáticamente por medio de Cristo. Esa doctrina protege tanto la justicia como la misericordia de Dios.
Juan: También deja claro que nadie es responsable del pecado de Adán.
Marcela: Exacto. La responsabilidad personal comienza cuando existe capacidad moral. Cada persona responde solo por sus propios pecados. La condenación no viene por nacer en un mundo caído, sino por elegir conscientemente desobedecer.
Juan: Sobre esa base, el Señor presenta el camino de la redención.
Marcela: Así es. En Moisés 6:50–52 y 57 enseña que los hombres y las mujeres deben ejercer fe en Jesucristo, arrepentirse y ser bautizados en Su nombre. El bautismo no es solo un símbolo, sino un mandamiento y un convenio que nos une formalmente a Cristo.
Juan: Y es interesante que el bautismo no se presenta como algo nuevo, sino como una ordenanza establecida desde Adán.
Marcela: Eso es clave doctrinalmente. El bautismo siempre ha sido parte del Evangelio de Jesucristo. No es una innovación del Nuevo Testamento, sino una ordenanza eterna, vinculada al plan de redención desde el principio.
Juan: La comparación del bautismo con “nacer otra vez” en el versículo 59 me parece especialmente poderosa.
Marcela: Porque enseña que la salvación implica una vida nueva. Así como el nacimiento físico introduce a una nueva existencia, el bautismo introduce a una vida espiritual renovada como discípulos de Cristo.
Juan: Pero el Señor aclara que el bautismo de agua no es suficiente por sí solo.
Marcela: Exactamente. En el versículo 60 enseña que debe ir acompañado del bautismo de fuego y del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien limpia, purifica y santifica. Sin esa obra interior, la ordenanza quedaría incompleta.
Juan: Eso conecta con la idea de que el nuevo nacimiento no es un evento único.
Marcela: Sí. En los versículos 58–59 el Señor enseña que nacemos de nuevo “de gracia en gracia”. La conversión es un proceso continuo, sostenido por el arrepentimiento diario, la obediencia y la guía constante del Espíritu Santo.
Juan: Todo esto reafirma que la salvación solo es posible gracias a Jesucristo.
Marcela: Así es. En Moisés 6:52 y 58 el Señor declara que la redención viene únicamente en el nombre de Cristo. Ninguna obra humana tiene poder salvador por sí misma; todas las ordenanzas y convenios reciben su eficacia de Su Expiación.
Juan: Al final, Moisés 6:48–68 testifica que el Evangelio es eterno e inmutable.
Marcela: Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. El Evangelio que se predica hoy es el mismo que se enseñó a Adán. Este pasaje nos invita no solo a comprender doctrinalmente el bautismo y el nuevo nacimiento, sino a vivirlos día a día, permitiendo que el Espíritu nos transforme y nos acerque continuamente a Cristo.
Moisés 6:51–62
“Enseñ[a] estas cosas sin reserva a tus hijos”.
Moisés 6:51–62 revela que el Evangelio de Jesucristo no solo debe ser recibido, sino también transmitido fielmente de una generación a otra. Después de enseñar personalmente a Adán los principios fundamentales de la redención, el Señor le da una instrucción clara y solemne: que enseñe estas verdades “sin reserva” a sus hijos. Este mandato establece la responsabilidad divina de los padres como los primeros y más importantes maestros del Evangelio.
En este pasaje, el Señor resume las doctrinas esenciales que deben enseñarse en el hogar: la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo, el don del Espíritu Santo, la Expiación y el proceso del nuevo nacimiento. Estas verdades no son presentadas como conocimiento abstracto, sino como principios salvadores, indispensables para que cada generación comprenda su condición caída, ejerza su albedrío correctamente y encuentre el camino de regreso a Dios.
La instrucción de enseñar “sin reserva” implica claridad, diligencia y constancia. El Señor no delega esta responsabilidad únicamente a líderes religiosos o instituciones, sino que la coloca directamente sobre los padres, subrayando que la transmisión del Evangelio es una obra sagrada del hogar. Este principio, establecido desde Adán, se repite en las Escrituras modernas, donde el Señor manda a los padres criar a sus hijos “en luz y verdad” y a enseñarles a comprender la doctrina, a arrepentirse y a caminar rectamente delante de Él.
Además, la referencia al “libro de memorias” de la familia de Adán y Eva destaca la importancia de preservar y registrar la fe, las experiencias espirituales y la identidad familiar. Registrar recuerdos y testimonios no es solo una práctica cultural, sino un medio espiritual para fortalecer a las generaciones futuras y ayudarles a reconocer la mano de Dios en su historia personal.
Así, Moisés 6:51–62 enseña que la obra de salvación no se limita a la experiencia individual, sino que se extiende a la familia y a las generaciones venideras. El pasaje invita a los padres de hoy a asumir con fe su rol sagrado como maestros del Evangelio, a enseñar con amor y poder espiritual, y a dejar un legado de verdad que ayude a sus hijos a conocer a Jesucristo y a confiar en Él como su Redentor.
Temas centrales en Moisés 6:51–62
1. El Evangelio de Jesucristo debe enseñarse de generación en generación
Referencia principal: Moisés 6:51–52
Después de enseñar personalmente a Adán los principios del Evangelio, el Señor le manda que los enseñe a sus hijos “sin reserva”. Esto establece que el Evangelio no se transmite únicamente por revelación individual o por instituciones religiosas, sino principalmente por medio de la familia. La enseñanza intergeneracional es parte esencial del plan de salvación, pues garantiza la continuidad de la fe y del conocimiento de Dios.
• Deuteronomio 6:6–7 — Mandato de enseñar diligentemente a los hijos.
• Mosíah 4:14–15 — Los padres deben enseñar a sus hijos a andar en verdad.
• Doctrina y Convenios 68:25–28 — Responsabilidad directa de los padres en la enseñanza del Evangelio.
2. La fe en Jesucristo es el fundamento de toda enseñanza
Referencia principal: Moisés 6:52
El Señor declara que la salvación viene únicamente “en el nombre de Jesucristo”. Por ello, la fe en Cristo es el fundamento doctrinal que los padres deben inculcar primero. Toda enseñanza del Evangelio pierde su propósito si no conduce a una relación personal con el Salvador como Redentor y Mediador.
• 2 Nefi 25:26 — Enseñar para que los hijos sepan en quién confiar para la salvación.
• Helamán 5:12 — Cristo como el fundamento seguro.
• Juan 14:6 — Cristo es el único camino al Padre.
3. El arrepentimiento es una doctrina esencial que debe enseñarse con claridad
Referencia principal: Moisés 6:53–55
La pregunta de Adán acerca del arrepentimiento y el bautismo abre una enseñanza directa sobre la condición caída del ser humano y la necesidad de cambiar. Enseñar el arrepentimiento ayuda a los hijos a comprender su responsabilidad moral, el uso correcto del albedrío y la misericordia de Dios disponible mediante Cristo.
• Alma 12:24 — La vida es un tiempo para arrepentirse.
• Doctrina y Convenios 18:10–13 — El valor de las almas y la invitación al arrepentimiento.
• Ezequiel 18:20 — Cada persona es responsable de su propio pecado.
4. Los niños pequeños son redimidos por la Expiación de Cristo
Referencia principal: Moisés 6:54–56
El Señor enseña que los niños pequeños son santos, no pueden pecar y no necesitan arrepentimiento ni bautismo. Esta doctrina protege la pureza del carácter de Dios y enseña a los padres que los niños crecen bajo la gracia de Cristo hasta alcanzar la capacidad moral.
• Moroni 8:8–12 — Condena del bautismo de los niños.
• Doctrina y Convenios 29:46–47 — Los niños son redimidos en Cristo.
• Mateo 18:3–5 — El reino pertenece a los que son como niños.
5. El bautismo es una ordenanza esencial y un convenio sagrado
Referencia principal: Moisés 6:57
El Señor enseña que el bautismo es necesario para recibir el perdón de los pecados. Más que un rito simbólico, el bautismo es un convenio mediante el cual la persona promete seguir a Cristo y Dios promete la remisión de pecados y la guía espiritual.
• Juan 3:5 — Nacer del agua y del Espíritu.
• Hechos 2:38 — Bautismo para remisión de pecados.
• Doctrina y Convenios 20:37 — Requisitos para el bautismo.
6. El nuevo nacimiento es una transformación espiritual real
Referencia principal: Moisés 6:58–59
El Señor compara el bautismo con “nacer otra vez”, enseñando que la conversión implica un cambio profundo del corazón y de la identidad espiritual. Enseñar esta doctrina ayuda a los hijos a comprender que el Evangelio no solo corrige conductas, sino que transforma la naturaleza.
• Mosíah 5:2, 7 — Cambio de corazón y nuevo nombre.
• Alma 5:14 — Pregunta sobre el nuevo nacimiento.
• Juan 3:3 — Necesidad de nacer de nuevo.
7. La santificación viene por el bautismo de fuego y del Espíritu Santo
Referencia principal: Moisés 6:60
El Espíritu Santo es quien completa la obra iniciada en el bautismo, limpiando y santificando al discípulo. Enseñar esta verdad ayuda a las familias a comprender la necesidad de vivir de modo que el Espíritu esté presente continuamente.
• 3 Nefi 27:20 — Santificación por el Espíritu Santo.
• Tito 3:5 — Renovación por el Espíritu.
• Doctrina y Convenios 76:52–53 — Justificados y santificados.
8. La verdad debe enseñarse con diligencia y responsabilidad parental
Referencia principal: Moisés 6:61–62
El mandato final del Señor enfatiza que estas doctrinas no deben enseñarse de manera ocasional o superficial, sino con diligencia y fidelidad. El hogar es el lugar primario donde los hijos aprenden a conocer a Dios, a entender Su plan y a caminar en luz y verdad.
• Doctrina y Convenios 93:40 — Criar a los hijos en luz y verdad.
• Proverbios 22:6 — Instruir al niño en su camino.
• Efesios 6:4 — Criar a los hijos en la amonestación del Señor.
9. Registrar la fe fortalece a las generaciones futuras
Referencia contextual: Moisés 6:5–8 (libro de memorias)
El registro de enseñanzas, experiencias espirituales y memorias familiares preserva la fe y permite que las generaciones futuras conozcan la obra de Dios en sus antepasados. El “libro de memorias” es un medio para transmitir identidad espiritual y testimonio.
• 2 Nefi 29:11 — El Señor manda escribir Sus palabras.
• Doctrina y Convenios 21:1 — Registrar las palabras inspiradas.
• Salmos 78:3–7 — Contar a los hijos las obras del Señor.
Conclusión final: Moisés 6:51–62 concluye con un testimonio claro de que la obra de salvación de Dios es también una obra familiar. El Señor no solo revela a Adán las verdades fundamentales del Evangelio de Jesucristo, sino que le confía la sagrada responsabilidad de transmitirlas fielmente a las generaciones futuras. Este mandato establece que el hogar es el primer y más duradero lugar de enseñanza espiritual, y que los padres actúan como instrumentos del Señor al guiar a sus hijos en luz y verdad.
El pasaje enseña que las doctrinas de la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo, el nuevo nacimiento y la santificación por el Espíritu Santo no son principios opcionales ni secundarios, sino verdades salvadoras que cada generación debe conocer para ejercer correctamente su albedrío y recibir la redención. Al mismo tiempo, el Señor revela Su perfecta justicia y misericordia al declarar que los niños pequeños son redimidos en Cristo y que la responsabilidad moral comienza cuando existe capacidad para comprender y escoger.
La instrucción de enseñar “sin reserva” subraya que el Evangelio debe comunicarse con claridad, constancia y amor, no de manera superficial ni delegada. La fe no se hereda automáticamente; se cultiva mediante la enseñanza diligente, el ejemplo justo y la guía del Espíritu. Asimismo, el énfasis en registrar y preservar la fe, como lo hizo la familia de Adán, demuestra que recordar y compartir las obras de Dios fortalece la identidad espiritual y prepara a las generaciones futuras para permanecer firmes en Cristo.
En conjunto, Moisés 6:51–62 testifica que el Evangelio de Jesucristo es eterno y que su transmisión fiel dentro de la familia es esencial para el progreso espiritual del género humano. Este pasaje invita a los padres y a las familias de hoy a asumir con fe su rol divino como maestros del Evangelio, a enseñar con poder espiritual y a dejar un legado de verdad que conduzca a sus hijos a conocer a Jesucristo, confiar en Su gracia y caminar en el sendero que lleva a la vida eterna.
























