Capítulo 14
El Mundo Apóstata
LA APOSTASÍA DE LA IGLESIA PRIMITIVA
LA PRIMERA APOSTASÍA COMENZÓ EN LOS DÍAS DE ADÁN. Cuando el Señor formó la tierra y su cielo, declaró que todo era bueno en gran manera. Los santificó, y cuando el hombre fue puesto sobre la tierra, prevalecía esta condición de contentamiento y santificación. Leemos lo siguiente en las palabras de Lehi a su hijo Jacob: “Pues, he aquí, si Adán no hubiese pecado, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas tendrían que haber permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.”
El mandato dado a Adán en el jardín fue el de prohibírsele que comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, pues en caso de hacerlo, de cierto moriría. Por medio de su transgresión la muerte vino sobre él, y la tierra que era buena en gran manera fue maldecida para que produjera espinas y abrojos, cosas que no había producido antes; y de esta manera la tierra y toda criatura sobre su faz participó de la caída. Por medio del poder de Satanás muchos de los hijos de Adán y Eva se rebelaron, porque “amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos.”
MUCHOS PERÍODOS DE APOSTASÍA EN LA HISTORIA DE LA TIERRA. El evangelio, que el Señor había dado a Adán, fue alterado; se violaron las ordenanzas; y el gobierno perfecto que le fue revelado dejó de existir. No tardó en prevalecer la postración ante los ídolos y la adoración de dioses imaginarios. hombres violentos e impíos lograron el poder y se establecieron como reyes, y se formaron gobiernos por los hombres, en los cuales se pasó por alto al Rey Divino.
Entonces vino el diluvio, y la tierra fue purificada. Una vez más se revelaron a Noé los convenios y mandamientos para el gobierno del hombre, pero antes de su muerte la corrupción nuevamente había invadido la tierra. Se hizo necesario que el Señor llamara a Abraham de la tierra de su nacimiento y concertara convenios con él y con su descendencia después de él, los cuales habrían de durar para siempre, y sus descendientes, los hijos de Jacob, llegaron a ser el pueblo escogido de Israel.
Al pasar el tiempo, después que Israel quedó establecido en sus herencias en Canaán, se violaron estos convenios, y por causa de la rebelión de las diez tribus, conocidas en aquel tiempo como el reino de Israel, dicho reino llegó a su fin; el pueblo fue llevado cautivo a Asiria y de esa tierra jamás volvieron. Las dos tribus restantes igualmente fueron castigadas tinos 130 años después, y llevadas a Babilonia. Cuando hubieron padecido lo suficiente y se hubieron arrepentido, se les concedió el privilegio de volver a su propia tierra, donde reconstruyeron el templo y por un corto tiempo sirvieron al Señor.
Entonces una vez más se apartaron del Señor, y cuando llegó el tiempo para que se manifestara el Hijo de Dios, lo rechazaron y lo crucificaron, mas El nuevamente estableció su Iglesia entre los pocos que estaban dispuestos a seguirlo, y los envió a todo el mundo para que declararan su evangelio. Nuevamente, tras la muerte de sus apóstoles, surgió otra vez la apostasía, y de nuevo se alteraron los principios y ordenanzas salvadoras del evangelio para satisfacer las conveniencias y conceptos de la gente. Se corrompió la doctrina, se perdió la autoridad y un orden falso de religión su plantó al evangelio de Jesucristo, tal como había sucedido en dispensaciones anteriores, y el pueblo quedó en tinieblas espirituales.
LA APOSTASÍA DESPUÉS DEL MERIDIANO DE LOS TIEMPOS. Está al alcance de todo hombre inteligente poder saber que tras los días de los antiguos apóstoles vino una desviación, o apostasía, de la doctrina y prácticas de la Iglesia primitiva. La historia muestra que se pervirtió el sacerdocio que organizó nuestro Salvador y se instituyeron oficios que no se conocieron en los días de los apóstoles, y que son ajenos a la Iglesia verdadera de Jesucristo.
Los oficios que el Salvador estableció fueron suprimidos con la falsa suposición de que ya no se necesitaban más. Se prescindió de los apóstoles y los profetas, oficiales que el apóstol Pablo declara que debían permanecer en la Iglesia, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.
Cesaron de existir los apóstoles y profetas y, por consiguiente, no hubo más revelación ni contacto con los cielos, y se proclamó que el canon de las Escrituras estaba completo. Mezclaron las verdades puras y comprensibles del evangelio con las filosofías paganas de aquella época, y las ordenanzas del evangelio perdieron toda semejanza a las que enseñaron y practicaron los apóstoles de nuestro Señor. Evidencias de lo anterior se manifiestan patentemente a todo estudiante de la historia de los primeros siglos de la era cristiana.
La rebelión protestante no corrigió estos errores, porque aquellos que se separaron de la madre iglesia perpetuaron estas cosas malas y, por tanto, se perpetuaron las mismas doctrinas y prácticas corruptas en estas organizaciones protestantes. Desapareció la verdad concerniente a la naturaleza de Dios y la verdadera relación entre el Padre y el Hijo, y, tras la época de Constantino, se substituyó en su lugar la incomprensible doctrina de la Trinidad. Por tanto, la confusión tocante a nuestro Padre Eterno y su Hijo Jesucristo ha persistido en toda la cristiandad hasta el día de hoy.
LA NATURALEZA UNIVERSAL DE LA APOSTASÍA. Todo hombre que posee el sacerdocio debería tener un entendimiento completo del desarrollo de la doctrina falsa y el cambio gradual que ocurrió después de la muerte de los apóstoles, el cual transformó a la Iglesia de Jesucristo en un sistema tan apartado de la Iglesia primitiva como lo están los polos de nuestros hemisferios. No quedó en pie nada por vía de ordenanza y muy poco por vía de doctrina, de lo que se dio por revelación en los días de nuestro Salvador y durante la vida de los apóstoles.
Se podrían escribir muchos tomos para indicar el desvío de las enseñanzas y ministerio originales de la Iglesia. De hecho, los historiadores imparciales han indicado con el paso de los siglos cómo se efectuaron estos cambios. Además, algunos historiadores que eran adherentes a la Iglesia Católica, tal vez sin darse cuenta, han dado testimonio de estos grandes cambios.
Si tuviéramos disponibles todos los documentos que se refieren a los cambios eclesiásticos de los primeros dos o tres siglos de la era cristiana, la gente se daría cuenta de algunos descubrimientos sumamente sorprendentes. La información accesible revela condiciones deplorables en el desarrollo de falsas doctrinas, cambios en las ordenanzas, el orden del sacerdocio y el gobierno de la Iglesia, condiciones que manifiestan a todos aquellos que sinceramente las consideran, que se efectuó una apostasía de la Iglesia verdadera de Jesucristo, tal como lo predijeron los apóstoles en la antigüedad.
PEDRO Y PABLO PREDIJERON LA GRAN APOSTASÍA. La apostasía no vino repentinamente. Fue un desarrollo gradual, y comenzó mientras algunos de los apóstoles aún vivían. Pablo en Mileto, al despedirse de los élderes de Efeso, dijo: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.”
Amonestó a los miembros de la Iglesia en Tesalónica que no se dejaran engañar concerniente a la segunda venida de Jesucristo. “porque no vendrá [el día del Señor] sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.”
También Pedro escribió, diciendo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.”
EL PAGANISMO GRADUALMENTE VENCIÓ LA VERDAD DEL EVANGELIO. Se manifiesta claramente a todo el que quiera ver, que se introdujeron cambios en las doctrinas de la Iglesia en los primeros siglos tras la muerte de los apóstoles.
Luego vino gradualmente la ascendencia del obispo de Roma sobre otros obispos y oficiales de la Iglesia, lo cual condujo a la declaración de que Pedro había escogido a ese obispo para que fuera su sucesor, a pesar del hecho de que Juan, y tal vez otros de los apóstoles, aún vivían. Hay en el Nuevo Testamento evidencia de que desde el principio fue el propósito que se perpetuara el consejo de los apóstoles, porque Pablo fue llamado al apostolado, y lo mismo se dice de otros tales como Bernabé y Jacobo, el hermano del Señor; pero este consejo gradualmente desapareció.
Al paso que la Iglesia creció y se extendió, especialmente tras la muerte de los apóstoles, se insinuaron las falsas doctrinas. Las filosofías paganas se mezclaron con la verdad, y los principios y ceremonias sencillas y claras del evangelio, tan precisas que las personas indoctas y comunes podían entenderlas, quedaron tan cambiadas y mezcladas con el error, misterios y ostentación, tan ajenos a la doctrina de Cristo, que la gente se aturdió y se confundió. Se levantaron falsos maestros, y nuevamente se retiró el sacerdocio de entre los hombres para restaurarse en una época mejor y más favorable.
JUAN VIO QUE EL SACERDOCIO ERA LLEVADO AL CIELO. Juan el apóstol, mientras se hallaba en la isla de Patmos, vio llegar el tiempo en que la Iglesia se vio obligada a huir al desierto. En esta visión, se representa a la Iglesia por medio de la figura de una mujer, “vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”. “También apareció otra señal en el cielo… un gran dragón escarlata… y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.” Este dragón, al ser arrojado a la tierra, lleno de ira persiguió a la mujer y al hijo varón que había dado a luz.
Por causa de esta persecución, se dieron a la mujer alas “para que volase de delante de la semiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”. El hijo varón, que representa el sacerdocio, que fue escogido para regir “con vara de hierro a todas las naciones.
fue arrebatado para Dios y para su trono”, donde habría de permanecer durante los tenebrosos días de rebelión espiritual y dominio satánico, o hasta que la tierra pudiese ser preparada para su regreso y reciba poder justo y legítimo.
Este regreso de la Iglesia y del sacerdocio tuvo que suspenderse hasta una época de libertad religiosa, cuando pudiera venir a una tierra consagrada a dicha libertad religiosa.
NADA PODÍA CURAR LA APOSTASÍA SINO LA RESTAURACIÓN. José Smith obró con perfecta congruencia en el curso que tomó. El hecho de que en 1820 no se hallaba sobre la tierra ninguna organización que en sentido alguno fuera semejante a la Iglesia primitiva, y que afirmara haber recibido la autoridad, queda fuera de casi toda posibilidad de ser impugnada. Si la Iglesia con sus llaves y sacerdocio habría de ser restaurada, tendría que efectuarse por revelación de los cielos y la venida a la tierra de mensajeros de la presencia del Señor. El hombre no tiene la autoridad para formar la Iglesia para el Señor, y El ninguna obligación tiene de aceptar las organizaciones hechas por el hombre con sus preceptos y reglamentos. Sus caminos no son los caminos del hombre, y cuando éste intenta organizar algo en una manera religiosa, su autoridad sólo se puede extender hasta donde alcanza el poder del hombre y, por tanto, todas estas organizaciones deben fracasar en su intento de dar a los hombres las bendiciones de la salvación.
EN TODAS LAS IGLESIAS HAY ALGUNAS VERDADES. Todas las iglesias enseñan algunas verdades, bien sea que profesen creer en Confucio, Buda, dioses griegos y romanos, o cualquier otra cosa; de lo contrario sus iglesias no durarían ni un mes. El hecho de que enseñan algunas verdades no las convierte en la Iglesia de Dios. No hay sino una Iglesia de Dios.
LA CRISTIANDAD APÓSTATA MODERNA
PROGRESO MATERIAL SIN ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL. Alguien dirá: “¿No estamos viviendo en la época de mayor esclarecimiento que el mundo jamás ha visto? ¿No es cierto que se está logrando un notable progreso para disminuir las cargas y aumentar la felicidad del hombre?”
Sí, esto es cierto en cuanto a muchas cosas materiales. Se ha logrado un notable progreso en la mecánica, la química, la física, la cirugía y otras cosas. Los hombres han construido grandes telescopios que han traído al alcance de la vista las galaxias ocultas. Con la ayuda del microscopio han descubierto numerosos mundos de microorganismos, algunos de los cuales son tan mortíferos, como lo son los hombres para con sus semejantes.
Han descubierto medios para controlar la enfermedad; han logrado, con la ayuda de la anestesia, hacer al ser humano insensible al dolor, cosa que permite operaciones mayores y delicadas que de lo contrario no se podrían efectuar. Han inventado máquinas más sensibles que el tacto humano, más penetrantes que el ojo humano. Han dominado elementos e inventado maquinarias que pueden mover montañas, y han logrado muchas otras cosas demasiado numerosas para mencionar. Sí, esta es una época admirable.
Sin embargo, todos estos descubrimientos e invenciones no han llevado a los hombres más cerca de Dios, ni han creado en sus corazones la humildad y el espíritu de arrepentimiento. Por el contrario, parece que todo lo que se ha dado, que debería ser una bendición para los hombres, se ha convertido en impiedad, para su condenación.
Muchos de estos descubrimientos e invenciones actualmente se están empleando para causar la destrucción de la raza humana. Se están usando en las guerras más crueles, más inhumanas, más diabólicas que este mundo jamás ha visto. Las utilizan los criminales para ayudarles en sus crímenes, los ambiciosos en sus esfuerzos por destruir el albedrío del hombre y los déspotas que buscan la manera de subyugar al mundo bajo un dominio impío y perverso.
LA EDAD CONTEMPORÁNEA ES UNA DE APOSTASÍA Y CORRUPCIÓN. La fe no ha aumentado en el mundo, ni la rectitud ni la obediencia a Dios. Lo que el mundo necesita hacer en la actualidad es allegarse más al Señor. Necesitamos tener una fe más humilde, más permanente en nuestro Redentor, más amor en nuestros corazones por nuestro Padre Eterno y por nuestros semejantes.
Vivimos en una época maravillosa. Las grandes invenciones de nuestro tiempo exceden lo que se ha conocido en todas las edades anteriores. Lamentablemente, estas invenciones no han logrado acercar a los hombres más a Dios. Uno podría pensar que las revelaciones que vienen por medio de la radio, la televisión y otras cosas acercarían a los hombres más a Dios; pero no es así. Los hombres se inclinan más a jactarse de su propia fuerza, negando la ayuda divina. El crimen ha aumentado; la integridad de los hombres ha disminuido. Según las noticias de la prensa, bien podemos creer que estamos acercándonos al día que Jesucristo predijo, cuando declaró: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.”
¿Están llegando a esta misma condición los pueblos de la tierra? Los acontecimientos mundiales indican que así es; hemos soportado más guerras atroces y derramamiento de sangre que en cualquier otro siglo. Las naciones han estado y están poniéndose en orden de batalla la una contra la otra. Prevalecen los conflictos, las dificultades, las iniquidades. Los gobiernos que tienen una población numerosa han negado a Dios. Han intentado convertir en supremo al estado y han privado al pueblo de su albedrío.
LA RECTITUD ESTÁ DISMINUYENDO EN LOS ESTADOS UNIDOS. ¿Qué decimos de nuestro propio país? El Señor levantó a hombres honorables para que lo convirtieran en una tierra de libertad, y declaró: “No es justo que un hombre sea esclavo de otro. Y para este fin he establecido la constitución de este país, por mano de hombres sabios que ya levanté para este propósito mismo, y redimí la tierra por la efusión de sangre.”
En aquellos días los hombres amaban a Dios. Se conducían humildemente. Establecieron un fundamento firme sobre el cual nosotros íbamos a edificar. ¿Estamos siguiendo sus caminos? ¿Estamos sosteniendo las mismas normas, asegurando un gobierno libre y un pueblo libre? Esta nación nuestra está edificada básicamente sobre la equidad, la virtud y el amor. ¿Hemos perdido nuestro sentido de justicia? ¿Nuestra integridad? ¿Nuestro amor por la verdad y nuestro honor en el cumplimiento del deber? ¿Hemos llegado a ser víctimas de la avaricia? ¿Hemos olvidado el sendero de la virtud? ¿Disimulamos y toleramos la violación del convenio de matrimonio y consideramos el matrimonio como un contrato provisional que se puede violar cuando nos dé la gana? ¿Se ha echado al olvido la castidad?
Cuando nos informamos de que los hombres que fueron elegidos para representar al pueblo, están violando la confianza depositada en ellos, cuando leemos de robos, asesinatos, el dominio de los hampones que con todo atrevimiento desafían la ley, bien podemos preguntarnos si no estamos aproximándonos al día de la decadencia igual que las naciones antiguas…
Volvamos a la integridad individual y nacional, al amor de Dios y de la patria; seamos honrados en nuestros tratos los unos con los otros, y virtuosos en nuestras vidas. Aquí hallamos el único camino a la felicidad y a la paz. Además, no olvidemos que la justicia exige una reparación por todo mal cometido. Alma, un profeta de la antigüedad dijo: “¿Qué, supones tú que la misericordia puede robar a la justicia? Te digo que no, ni un ápice. Si fuera así, Dios dejaría de ser Dios.”
EL MUNDO VA EMPEORANDO, NO MEJORANDO. Yo no soy tino de esos que creen que el mundo va mejorando; tampoco me considero un pesimista, pero no creo que el mundo se esté tornando más recto, que sus habitantes se estén allegando más a Dios, que en el corazón del pueblo exista hoy un mayor deseo de servirle, que en el año 1832; sino que, al contrario, desde ese día, los pueblos de las naciones de la tierra se han estado alejando más y más de la verdad.
Al hacer esta declaración, estoy completamente enterado de que ha habido progreso en ciertas direcciones. Estoy enterado de que en estos últimos días ha habido un movimiento entre las naciones, y en nuestro propio país, para vencer la maldad de las bebidas alcohólicas, y todas estas cosas producirán sus buenos resultados; pero en lo que concierne a su observancia de la doctrina del evangelio, en lo que concierne a su justicia, no creo que hayan mejorado, no creo que la gente sea tan buena ahora, como lo era cuando se dio esta revelación.
TEORÍAS Y FILOSOFÍAS FALSAS PREVALECEN EN EL MUNDO. El mundo actual está lleno de vanas filosofías, lleno de doctrina que no es del Señor, lleno de conclusiones, ideas y teorías falsas que no fueron parte del evangelio en los días del Hijo de Dios y, por tanto, no son parte del evangelio ahora, sino al contrario, contradicen la verdad en forma absoluta. Hay un número menor, según mi opinión, de entre los pueblos cristianos que creen en el Hijo de Dios como el Redentor del mundo. La tendencia, durante todos estos años, ha sido de apartarse más de los principios del evangelio cual se encuentran en las santas Escrituras.
La adoración de la razón, de la falsa filosofía, es mayor ahora de lo que era entonces. Los hombres están dependiendo de su propia investigación para descubrir a Dios, y aquello que no pueden descubrir ni pueden demostrar a su satisfacción por medio de su propia investigación y sus sentidos naturales, eso lo rechazan. No están buscando el Espíritu del Señor; no se están esforzando para conocer a Dios en la manera en que El ha señalado para que se le pueda conocer; antes van por su propio camino, creyendo en sus propias filosofías fabricadas por el hombre, enseñando las doctrinas de demonios y no la del Hijo de Dios.
ALGUNOS PROFESORES SE REBELAN CONTRA DIOS Y LA RELIGIÓN. Algunos profesores prominentes han informado al mundo que ninguna orientación tenemos en cuanto a pensamientos religiosos aparte del poder de la sabiduría del hombre y, por tanto, nuestra razón individual es lo mejor que tenemos para guiamos. Por cientos de años este tropel de voces se ha oído en el mundo de religión. Aun en la actualidad, poco extraña que hombres sabios —es decir, hombres sabios según su propio conocimiento: editores, profesores, doctores en leyes y religión— se reúnan, como se hizo en Chicago el 30 de abril de este año de 1933, para discutir lo que ellos consideran la necesidad de la época actual en cuanto a religión.
Estos hombres sabios, si se pueden aceptar los informes de prensa, se reunieron y declararon: “Las formas e ideas religiosas de nuestros padres ya no son adecuadas.” Como substituto, ellos ofrecen el “humanismo”, y dan una explicación de su “fe” en quince puntos. Sus quince puntos no se pueden discutir aquí; baste decir que ellos sostienen que el cristianismo ha fracasado y que la “religión debe formular sus esperanzas y planes a la luz del espíritu y método científicos”. Dicen que la distinción entre lo sagrado y lo laico no se puede mantener, que la adoración del Rey supremo y la oración religiosa dirigida a Él son inútiles. Los hombres deben hallar la manera de expresar sus emociones en “un sentido más avanzado de vida personal y en un esfuerzo cooperativo para fomentar el bienestar social”. Para estos “adoradores” el universo existe de por sí; no tuvo creador; el doctor Charles E. Schofield en su libro, The Adventurous God, dice: “La tendencia mayor de la incredulidad hoy día parece inclinarse más y más hacia la posición de que necesitamos muchísimo una religión, pero debe ser una religión sin Dios.”
EL LICOR Y EL TABACO FOMENTAN LAS CONDICIONES APÓSTATAS. Causa pena decirlo, pero el mundo actual está lleno de iniquidad, sí, el mundo cristiano así llamado. El género humano se ha apartado de los caminos de la rectitud para revolcarse en el fango de pensamientos impuros, hábitos degradantes, destructores del alma por naturaleza. En nuestro país se gastan billones de dólares anualmente en licores embriagantes y tabaco. La ebriedad y la suciedad que estas cosas malas traen a la familia humana están socavando no sólo la salud, sino los baluartes morales y espirituales de la humanidad. Es lamentable que la indulgencia en cuanto al licor y al tabaco se considere tan favorablemente aun en altos cargos.
Además, es un crimen que los fabricantes de estos venenos puedan dirigir al público una petición que logra una reacción favorable incluso por parte de muchas personas bien intencionadas, declarando que debemos proporcionar tales cosas a los hombres que están en el servicio militar de nuestro país. No es porque estos intereses sientan consideración alguna por el bienestar de estos hombres, ni el deseo de verlos lograr el éxito en la estupenda tarea que tienen por delante, sino por motivo de su impía avaricia de llenar sus inicuos cofres hasta rebosar con ganancias mal adquiridas. La debilitación de la resistencia y el daño a los cuerpos de estos hombres que deberían encontrarse físicamente fuertes y mentalmente alertas, no significa nada para estas agencias destructoras de almas.
CÓMO SE SUJETAN LOS HOMBRES CON LAS CADENAS DEL INFIERNO. Estoy seguro que el Señor inclinaría su oído, y escucharía nuestras oraciones, y estaría más dispuesto a ayudarnos en nuestras batallas, si conserváramos limpios nuestros cuerpos, puras nuestras mentes y tuviéramos respeto a sus leyes divinas. El ha declarado la promesa de que si los habitantes de esta tierra, escogida sobre todas las demás, se humillaran y dieran oídos a sus mandamientos, El fortificaría esta tierra y nos brindaría protección divina.
Desafortunadamente, los habitantes de esta tierra no han estado dispuestos a hacer tal cosa. Se han vuelto del camino recto y de conservar puros sus cuerpos a los caminos de la maldad. La inmoralidad reina, la ebriedad prevalece de un mar hasta el otro, la inmundicia del tabaco ha degradado tanto a hombres como a mujeres, y su mal olor ha ascendido hasta el alto cielo. Mediante la práctica de estas iniquidades, la humanidad se está sujetando a sí misma con las cadenas del infierno.
LAS NACIONES CONTEMPORÁNEAS ESTÁN EBRIAS DE INIQUIDAD Y ABOMINACIONES. En el principio, cuando el Señor dio el evangelio a Adán, le mandó que lo enseñara a sus hijos. Nos es dicho que Satanás vino entre ellos, diciendo: “No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo, los hombres empezaron a ser camales, sensuales y diabólicos.” Estas tendencias, con la ayuda de Satanás, han prevalecido en el mundo desde entonces. El Salvador hizo esta observación: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.”
Otro profeta, que moró sobre este hemisferio, predijo que en nuestros días se encendería la ira del Omnipotente contra los habitantes de la tierra por causa de sus iniquidades. “Mas he aquí —dijo Nefi— que en los últimos días, o en los días de los gentiles, sí, he aquí que todas las naciones de los gentiles, y también los judíos, tanto los que vengan a esta tierra como los que se hallen sobre otras tierras, sí, sobre todas las tierras del mundo, he aquí, estarán ebrios de iniquidad y de toda clase de abominaciones. Y cuando venga ese día, los visitará el Señor de los Ejércitos con truenos y con terremotos, y con un gran estruendo, y con borrasca, y con tempestad, y con la llama del fuego devorador.”
Un hombre, quienquiera que sea, ciertamente está muy ciego si no puede ver y comprender que esta profecía se está cumpliendo literalmente. ¿Por qué no podemos volvernos de nuestros malos caminos? ¿Por qué no podemos recordar que de hecho somos los hijos de Dios, y que mediante nuestra obediencia y la sana preservación de nuestros cuerpos tenemos derecho a la plenitud de las bendiciones del reino de Dios?
TODO HOMBRE SERÁ JUZGADO POR LA LEY DEL EVANGELIO. Parece que solamente muy pocos de los de la familia humana comprenden que se les puso sobre esta tierra para ser medidos y probados, para ver si serán o no serán obedientes a los mandamientos divinos. A todos los que se prueban a sí mismos mediante su obediencia les es prometida la vida eterna, que es la exaltación en el reino celestial. Todos los que no estén limpios serán expulsados de ese reino.
Juan oyó la voz del Señor que decía: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.
En la resurrección, a toda criatura le serán restaurados su espíritu y cuerpo para que sea inmortal, de modo que ya no pueda morir. Estos mismos cuerpos que poseemos aquí serán los cuerpos que resucitarán de los muertos.
Uno de otra época ha escrito: “Por tanto, todas las cosas serán restablecidas a su propio orden; cada cosa a su forma natural —la mortalidad levantada en inmortalidad; la corrupción en incorrupción— resucitada a una felicidad sin fin para heredar el reino de Dios, o a una miseria interminable para heredar el reino del diablo; una cosa por un lado y otra por el otro.”
Así será en ese gran día del juicio. A los justos que se conserven puros, el Señor ha dicho: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”
LAS NACIONES CAEN POR RECHAZAR A CRISTO. Es cierto que un país no puede aventajar a su religión. Cuanto más elevados nuestros ideales, más nos acercamos a la observancia de la ley divina, y más fuertes somos en nuestras fuerzas espirituales. Ningún cristiano puede abandonar la divinidad de Jesucristo y no sufrir. En las naciones de Europa, donde el paganismo ha suplantado a los ideales cristianos, por fuerza tiene que haber decadencia y finalmente, si no hay arrepentimiento, su grandeza anterior quedará en el olvido. Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
EL MUNDO DE LO CARNAL
EL DEBER DE LOS SANTOS EN ESTE MUNDO IMPÍO. Estamos viviendo en un mundo impío, donde el corazón de los hombres se ha tornado de la verdad a la mentira, de la rectitud a la iniquidad; estamos viviendo cuando los hombres son injustamente ambiciosos, andan a caza del poder, cuando las libertades del pueblo están en peligro. Nos conviene, como miembros de la Iglesia, prestar atención a los consejos que dan aquellos que funcionan como nuestros directores bajo Jesucristo.
Todos estamos enterados de que nos hallarnos en peligro inminente, peligro porque Satanás impera en el corazón del pueblo. Todo esto se ha predicho, y las profecías se están cumpliendo. El anticristo está logrando el poder, y Satanás ha inculcado en el corazón de las personas —la mayoría de ellas— la avaricia y el deseo de dominar y aprovecharse de aquellos que son débiles.
Nuestro deber es guardar los mandamientos del Señor, andar rectamente, defender todo principio de verdad, sostener y apoyar la constitución de esta gran nación, recordar la Declaración de Independencia, porque sobre estos principios se fundó nuestro país. Se hallan en el fundamento, son las piedras angulares de la libertad por la cual lucharon nuestros padres, y que llevó a efecto, según la palabra del Señor, la redención de esta tierra mediante la efusión de sangre.
EL GENERO HUMANO ES CARNAL, SENSUAL Y DIABÓLICO POR NATURALEZA. No nos queda otro recurso que seguir, sino el curso de rectitud y verdad. Un profeta antiguo sobre este continente dijo:
“El hombre natural es enemigo de Dios.” El mundo de hoy se ha vuelto carnal, en igual grado ahora como en el principio cuando Adán intentó enseñar a sus hijos los principios de verdad eterna, y Satanás vino entre ellos y les mandó que no le creyeran. Y leemos: “Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos.”
Seguramente vemos que estas indicaciones son comunes en nuestra propia nación y en países extranjeros. Los hombres han llegado a ser carnales. Se han convertido en enemigos de Dios. Están procurando su propio beneficio y no el beneficio del reino de Dios. Permítaseme llamar vuestra atención a este hecho que, desde luego, todos sabéis, que estamos viviendo en los últimos días, en los días de aflicción, días de iniquidad.
PROSPERIDAD APARENTE EN “EL MUNDO DE ELLOS”. Si estamos viviendo de acuerdo con la religión que el Señor nos ha revelado y que hemos recibido, nosotros no somos del mundo. Ninguna parte debemos tener en todas sus necedades. No debemos participar de sus pecados y sus errores — errores de filosofía y errores de doctrina, errores en cuanto a gobierno o cualesquiera que fueren dichos errores— en ello no tenemos parte. La única parte que tenemos es la obediencia a los mandamientos de Dios. Eso es todo, siendo fieles a todo convenio y a toda obligación que hayamos aceptado y tomado sobre nosotros.
El hermano Spencer W. Kimball, en sus palabras de esta mañana, habló de un hombre que no podía entender muy bien porque aun cuando él pagaba sus diezmos y guardaba la Palabra de Sabiduría, no olvidaba sus oraciones y procuraba ser obediente a todos los mandamientos que el Señor le había dado, todavía así tenía que luchar para ganarse la vida; mientras que su vecino violaba el día de reposo, supongo que fumaba y tomaba, gozaba de lo que el mundo llamaría una buena vida, nada le importaban las enseñanzas de nuestro Salvador Jesucristo, y sin embargo, prosperaba.
Tenemos un gran número de miembros de la Iglesia que meditan eso en sus corazones y se preguntan por qué. Por qué este hombre parece ser bendecido con todas las cosas buenas de la tierra —y dicho sea de paso, muchas de las cosas malas que él cree que son buenas— y por otra parte, tantos miembros de la Iglesia están batallando, trabajando diligentemente para ver si pueden abrirse paso por el mundo.
La respuesta es cosa sencilla. Si yo alguna vez (y ocasionalmente lo hago) voy a un juego de fútbol o de béisbol, o algún otro sitio de diversión, invariablemente me veré rodeado de hombres y mujeres fumando cigarrillos, cigarros puros o sucias pipas. Llega a ser muy molesto y yo me fastidio. Me vuelvo a la hermana Smith y le digo algo, y ella contesta: “Bueno, ya sabes lo que me has enseñado. Estás en el mundo de ellos. Este es su mundo.” Y esto me hace reflexionar. Sí, estamos en el mundo de ellos, pero no tenemos que ser parte de él.
“SU MUNDO” PRONTO LLEGARÁ A SU FIN. Bien, ya que este es su mundo en el que estamos viviendo, ellos prosperan; pero, mis buenos hermanos y hermanas, su mundo está llegando a su fin. No pasarán muchos años. No sé cuantos años más, pero Elías el Profeta dijo al conferir sus llaves: “Por esto podréis saber que el día grande y terrible del Señor está cerca, aun a las puertas”, y estoy seguro que más de cien años después yo puedo decir que el fin de este mundo se está aproximando.
Vendrá el día cuando no tendremos este mundo. Será transformado; tendremos un mundo mejor. Tendremos uno que será justo, porque cuando venga Cristo, El purificará la tierra.
Leed lo que está escrito en nuestras Escrituras. Leed lo que El mismo ha dicho. Cuando venga, El purificará esta tierra de toda iniquidad y, hablando de la Iglesia, El ha dicho que enviará a sus ángeles, y que estos quitarán de su reino, el cual es la Iglesia, toda cosa que ofenda. Entonces vamos a tener una tierra nueva, un cielo nuevo. La tierra será renovada por mil años y habrá paz; y Cristo a quien corresponde el derecho, reinará.
Después vendrá la muerte de la tierra, su resurrección, su glorificación, como la morada de los justos o de aquellos que pertenecen al reino celestial, y solamente ellos morarán sobre la faz de la misma.
HEREJÍAS DE LA CRISTIANDAD APÓSTATA
EN 1820 LA CRISTIANDAD SE HABÍA VUELTO TOTALMENTE APÓSTATA. Cuando José Smith fue al bosque para orar, recibió una revelación de conocimiento, verdad y poder, la cual ha sido de valor y bendición inestimables para el mundo. Lo que allí le fue revelado se le dio para derribar las falsas creencias y tradiciones de las edades, y finalmente condujo a la restauración del evangelio sempiterno, cual lo reveló nuestro Redentor durante su ministerio.
Por cientos de años el mundo se vio envuelto en un velo de tinieblas espirituales, hasta que no quedó una sola verdad fundamental perteneciente al plan de salvación que, en el año 1820, no se hallara tan ofuscada por falsas tradiciones y ceremonias, tomadas del paganismo, que se pudiera reconocer; o de lo contrario se negaba por completo. Mediante la orientación celestial y mandamientos del Señor Jesucristo, José Smith restauró todos estos principios en su belleza y poder prístinos.
LA DOCTRINA DE LA APOSTASÍA COMPROBADA POR LA PRIMERA VISIÓN. José Smith declaró que en el año 1820 el Señor le reveló que todas las iglesias “cristianas” estaban en error, enseñando como mandamientos las doctrinas de los hombres. Los maestros religiosos enseñaban que se encontraban en el camino de la luz y la verdad, no obstante sus muchos credos contendientes.
El profeta Amós dijo, hablando de los últimos días: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.” El apóstol Pablo dijo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá [la segunda venida de Cristo] sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.” Nuevamente descubrimos que José Smith va de acuerdo con la verdad de la Biblia.
LAS DOCTRINAS APÓSTATAS QUE PREVALECÍAN AL TIEMPO DE LA PRIMERA VISIÓN. ¿Cuál era la condición del mundo religioso, que profesaba creer y practicar la doctrina del Redentor, cuando el Padre y el hijo se le aparecieron a José Smith y le dieron instrucciones? La respuesta se halla en las palabras del Señor que son semejantes, y dan cumplimiento a la profecía de Isaías:
“Con sus labios me honran, pero su corazón está lejos de mí; enseñan como doctrinas mandamientos de hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella.” Algunas de las enseñanzas y prácticas principales eran las siguientes:
- Que Dios el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo no son tres personajes, sino un Dios etéreo, inmaterial, desconocido e incognoscible para el hombre, que llena la inmensidad del espacio.
- Que el canon de las Escrituras está lleno y completo, y después de la muerte de los apóstoles no debería haber más revelación, ninguna manifestación de los cielos ni comunicaciones por medio de ángeles, sino que el pueblo tendría que depender de lo que estuviese escrito en la Biblia o enseñaran sus sacerdotes.
- Que el bautismo es para limpiarnos “del pecado original”, y que todos los niños pequeños tenían que ser “regenerados” por medio del bautismo y si no se bautizaban perecerían.
- Que el bautismo es una ordenanza aceptable al Señor, rociando o vertiendo agua sobre la cabeza de adultos o niños pequeños que no han sido bautizados.
- Que los hombres pueden tornar sobre sí la autoridad para ser ministros de la palabra de Dios, sin el nombramiento divino de uno debidamente autorizado por Jesucristo.
- Que la organización de la Iglesia, cual se estableció en los días de Jesucristo y sus apóstoles, ya no es necesaria; no había de haber más apóstoles, profetas ni dones del espíritu.
- Que el hombre no fue creado a imagen de Dios en cuanto a forma, porque Dios no es un ser antropomórfico.
- Otros principios, tales como la necesidad de las llaves para la restauración de Israel, la necesidad de la venida de Elías el Profeta, según se declara en las Escrituras, no son necesarias.
LA DOCTRINA APÓSTATA DE CONDENAR AL QUE NO ES CRISTIANO. El Señor declaró a Nicodemo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Todo aquel que profesa creer en nuestro Salvador debe admitir que este precepto es verdadero y terminante. Sin embargo, en los siglos que han pasado, y aun ahora, en muchas comunidades cristianas así llamadas, la aplicación errónea de esta doctrina ha conducido a errores muy graves e inadvertidamente a la comisión de pecados muy serios. Me refiero a la doctrina que proclama que todos los que en la carne no profesaron creer en nuestro Señor, ni oyeron de El antes que la muerte los apartara de la tierra, son condenados para siempre, y sin ningún medio de escape de los tormentos del infierno. Este falso concepto y aplicación de las verdades del evangelio ha sido una de las enseñanzas del cristianismo, así llamado, desde los primeros siglos de nuestra era, pero jamás fue parte del evangelio de Jesucristo.
DANTE REPRESENTA UN CONCEPTO APÓSTATA DEL INFIERNO. En su Divina Comedia, Dante representa la doctrina de la condenación de las almas desafortunadas que murieron sin el conocimiento de Cristo, según la doctrina que se enseñaba en el siglo XIII. Según la historia, Dante se pierde en el bosque, donde lo encuentra el poeta romano, Virgilio, que promete mostrarle el castigo del infierno y del purgatorio, más tarde, podría ver el paraíso.
Dante sigue al poeta romano por el infierno y más tarde al Limbo, el cual (según la historia) es el primer círculo del infierno. Aquí quedan encerradas las almas de aquellos que llevaron vidas virtuosas y honorables, pero debido a que no fueron bautizadas, estas almas merecen ser castigadas, y se les niegan para siempre las bendiciones de salvación. Al contemplar Dante estas almas miserables en la escala superior del infierno, se maravilla al ver, como dice el relato: “Muchos y multitudes de hombres y mujeres y niños pequeños.” Su guía hace la interrogación: “¿no preguntas qué espíritus son estos que tú contemplas?”
Al indicar Dante su deseo de saber, el guía sigue diciendo: “Quiero que sepas que éstos de pecado no fueron culpables, y si otra cosa merecieron, de nada les sirve, pues nunca recibieron el bautismo, el portal de tu fe. Si antes del evangelio ellos vivieron, a Dios correctamente no sirvieron; y entre ellos estoy yo. Por estos defectos, no por ninguna otra maldad, perdidos estamos; nuestra única aflicción es vivir deseando sin esperanza de que lo obtengamos.”
Como respuesta a la sincera pregunta de su huésped terrenal, que desea saber si alguno de los que así eran castigados había tenido jamás el privilegio de salir de esta penosa condición de tormento, el espíritu del poeta declara que los justos, que habían conocido a Dios, desde el día de nuestros primeros padres hasta la época de Cristo, han sido “exaltados a la dicha”; pero de aquellos desafortunados que jamás supieron de Cristo él dice: “Ten por cierto que ningún espíritu del género humano jamás fue salvo.
Mas Dante no fue el autor de esta doctrina desdichada y errónea, provenía desde los primeros días de la apostasía de las enseñanzas verdaderas de Jesucristo… ¡Qué vergüenza que esta misma doctrina terrible haya descendido estruendosamente desde ese lejano día de tinieblas espirituales, y se haya hecho repicar constantemente su espantoso tañido de tormento en los oídos de almas sinceras que han procurado la salvación de seres amados que ya fallecieron.
LA DOCTRINA APÓSTATA DE LA PREDESTINACIÓN. El evangelio de Cristo es el evangelio de misericordia. Es también el evangelio de justicia. Así debe ser, porque proviene de un Dios de misericordia, no de un monstruo cruel que, corno aun creen y declaran algunos religiosos: “Por el decreto de Dios, para la manifestación de su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados a vida eterna, y otros preordinados a muerte sin fin. Estos ángeles y hombres, así predestinados y preordinados, son señalados particular e inalterablemente; y su número es tan exacto y definitivo, que no se puede ni aumentar ni disminuir.”
¿No es horrible ver cómo se ha pervertido y violado la verdad del evangelio hasta el punto de convertirse en tal abominación? La justicia, así como la misericordia, abogan por los muertos que han fallecido sin el conocimiento del evangelio. ¿Cómo se podría administrar la justicia, si todas las multitudes incontables que han muerto sin el conocimiento de Jesucristo fueran eternamente consignadas, sin esperanza, a la condenación del infierno, aun cuando su tormento fuese en el primer círculo del lugar de los condenados? Las Escrituras dicen: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van adelante de tu rostro.” La misericordia y el amor de un Dios justo se extienden para incluir a todos sus hijos.
LA FALSA ADORACIÓN DE LA PASCUA. Hoy, día 8 de abril de 1917, por todo el mundo se están reuniendo en sus iglesias personas de las varias denominaciones cristianas, por ser Domingo de Pas-elia. No se han reunido allí porque tienen fe en la resurrección literal del Señor; no se han reunido porque creen en la resurrección literal de todo el género humano mediante la expiación de nuestro Señor, ni se han reunido porque lo aceptan como el Hijo de Dios. (Deseo hacer algunas excepciones honorables porque hay algunos que sí lo han hecho, pero estoy hablando en forma general.)
Se han reunido allí para un propósito muy diferente: porque es la costumbre; porque en muchos casos, entre las hermanas, quieren ostentar sus sombreros y las modas de su ropa, sus vestidos. Están allí más bien a modo de una función social y desfile de modas que para adorar al Señor, y digo esto a pesar de la expresión que se halla en uno de nuestros diarios matutinos en el sentido de que cualquiera que exprese este género de ideas es un cínico y está declarando una opinión pervertida.
Los pueblos de las varias naciones que se llaman cristianos, no adoran hoy al Señor Jesucristo como el Redentor del mundo al grado en que lo hicieron en la época de la organización de la verdadera Iglesia. Las doctrinas que hoy prevalecen se oponen a esa verdad, y los ministros se ponen de pie ante sus congregaciones y niegan la expiación de Cristo, con lo que manifiestan su falta de fe y comprensión en cuanto a la resurrección del Hijo de Dios, y niegan la resurrección universal que las Escrituras prometen que vendrá a todo el género humano.
FILOSOFÍAS APÓSTATAS MODERNISTAS
LA APOSTASÍA INFLUYE EN LA EDUCACIÓN, LA POLÍTICA Y EL GOBIERNO. Hoy por todo el mundo, como ya nos han informado un número de los oradores, existe la agitación y un espíritu de intranquilidad; y las personas muchas de ellas, opinan que logran alguna estimación con defender conceptos radicales, considerarse a sí mismas como progresistas e impugnar las cosas que han permanecido y perdurado a través de los siglos. Esta tendencia no existe solamente en el mundo político. Se encuentra en el mundo de la educación, de la religión del gobierno, de los negocios y en todas partes. Los hombres están abandonando los senderos bien recorridos, pese a lo bueno que sean, y opinan que el conservadurismo es reprochable; que es el deber del hombre quitar lo que es viejo o lo que se ha establecido, y encontrar algo que sea nuevo.
Nos hallamos prácticamente solos en el mundo, sí, absolutamente los únicos en el mundo, que representamos la verdad de Dios viviente, declarando a todos los hombres los principios de verdad eterna que no cambian. El evangelio de Jesucristo no es nuevo en el sentido en que el mundo considera las cosas como nuevas, porque ha perdurado a través de las edades, no solamente desde los días de la venida del Hijo de Dios, sino desde el principio del mundo, porque el plan de salvación se preparó para el beneficio del hombre y le fue declarado en el principio. Estos principios no cambian; no pueden cambiar; deben permanecer inmutables para siempre.
Se puede dividir al mundo cristiano en dos partidos: Uno de ellos contraponiéndose enconadamente al otro; uno llamándose la división progresista o modernista, el otro llamándose la división fundamentalista. Podrán creer que están fundados sobre la verdad del evangelio cual se ha establecido. Mas nosotros sostenemos las revelaciones de Dios cual se han revelado en esta dispensación (conocida como la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos) invariables, inmutables, que duran para siempre, porque son eternas.
LA EVOLUCIÓN Y LA CRÍTICA SON PARTE DE LA APOSTASÍA. Estos modernistas que están instruyendo y descarriando al pueblo de este país y de otros, rechazan la doctrina de la expiación de Cristo; rechazan la resurrección del Hijo de Dios y, consiguientemente, la resurrección de todo el género humano. Han descartado por completo los milagros de las Escrituras y hablan con frivolidad de las ordenanzas salvadoras del evangelio, las cuales el Señor declaró que eran tan esenciales para nuestra salvación; y en lugar de estas cosas han aceptado las teorías y conceptos propuestos por científicos modernos, las cuales son patentemente falsas, y han aceptado de corazón y abrazado las falsedades expuestas en las teorías de la evolución y de la crítica superior de las Escrituras. ¿Y por qué han hecho esto? Porque la verdad sencilla, que se entiende por el Espíritu de Dios, mas no se entiende ni se comprende por el espíritu del hombre, no incita su manera de razonar.
EL DIOS FALSO DE LA APOSTASÍA MODERNISTA ES LA RAZÓN. Enseñan al mundo todo género de teoría y error, declarando que no podemos aceptar cosa alguna sino únicamente aquello que nuestra razón nos enseñe. Por tanto, si la razón me enseña que el bautismo no es esencial para la salvación, y a vosotros os enseña que sí lo es, los dos tenemos razón, cosa que es contradictoria y que no puede ser cierta; y a menos que la razón nos enseñe la misma cosa y nos pongamos de acuerdo, los dos no podemos tener la verdad, así que no nos encontramos en el sendero angosto, no tenemos hermandad con Dios.
Debernos andar en santidad de vida, en la luz y en la verdad, con el entendimiento correcto que viene por medio del don y el poder del Espíritu Santo, el cual se promete a todos aquellos que crean para arrepentimiento y reciban las palabras de vida eterna. Si estamos de conformidad con este Espíritu, nos hallamos en la luz y tenemos hermandad con Dios. Aquel que se halla sin la luz orientadora del Espíritu de Dios está en medio de las tinieblas y no puede, por medio de su razón, sin ayuda y sin luz, buscar y encontrar a Dios.
LA IGLESIA TRIUNFARÁ SOBRE LOS CONCEPTOS APÓSTATAS MODERNISTAS. El presidente Rudger Clawson nos leyó esta tarde algunos conceptos que en la actualidad expresan ciertos ministros religiosos que se hacen llamar modernistas, y parece que van aumentando; sus doctrinas se están extendiendo y encontrando lugar en el corazón de la gente, y la doctrina verdadera de Cristo y el testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios está disminuyendo, está feneciendo en el mundo. Podría ser cierto, como lo expresó un eclesiástico, que la era cristiana ha llegado a su fin y que la Iglesia se encuentra en un estado de disolución, si es que se estaba refiriendo a las iglesias cristianas, así llamadas, de la época, porque su doctrina es espuria; no es el evangelio de Jesucristo, sino un sistema hecho por hombres. Pero el cristianismo, puro y sin mácula, no está feneciendo, se está arraigando más firmemente en la tierra, y debe hacerlo y así continuará hasta que llene la tierra, porque así se ha profetizado.
Sin embargo, el cristianismo verdadero, en lo que a los últimos días concierne, tiene pocos años, porque fue apenas en el año 1830 que se organizó la iglesia de Jesucristo y se restauró el evangelio, el cual comprende los dones, las bendiciones y las gracias que existieron en la Iglesia en los días primitivos; y esta iglesia con su doctrina del evangelio de Cristo, crecerá.
























