Doctrina de Salvación Tomo 3

Capítulo 16

Los Reinos de este Mundo


LOS GOBIERNOS DE LOS HOMBRES

EL PRIMER GOBIERNO TERRENAL FUE TEOCRÁTICO. Creo que se puede dar por sentado, sin contradicción alguna que aquel que creó todas las cosas, incluso esta tierra, tiene el mejor derecho de gobernarla y reinar. Sin embargo, durante unos seis mil años, según nuestra cronología, salvo en contadas excepciones entre una minoría del pueblo, el Hijo de Dios, que realizó esta magna labor y que tuvo este honor y cuyo derecho es reinar, no lo ha hecho entre los pueblos de la tierra. Al contrario, los hombres se han apartado de El y han establecido sus propios gobernantes, han organizado sus propios gobiernos y han formulado en gran manera sus propias leyes, menospreciando al Creador en calidad de rey legítimo, como los mandamientos que El originalmente dio a los hijos de los hombres.

El primer gobierno sobre esta tierra fue una teocracia. Era un gobierno en el que Dios reinaba dando sus mandamientos y sus leyes a los hijos de los hombres. El dirigía por revelación, en algunos casos por mensajeros enviados directamente de su presencia, en otras hablando periódicamente por medio de sus siervos que poseían el sacerdocio. El los dirigía no sólo en lo concerniente a asuntos de naturaleza espiritual, sino también tocante a su bienestar civil. Fue la intención del Señor que así continuara. Si el hombre hubiera estado dispuesto hasta el día de hoy a escuchar la voz del Señor y vivir de acuerdo con sus mandamientos, cual éstos se dieron al principio, este mundo habría gozado de paz, y la justicia habría prevalecido sobre la faz del mismo.

Cuando Adán fue desterrado del Jardín de Edén, no se le dejó sin orientación, sino que el Señor le envió mensajeros y aun le habló por su propia voz. Aunque Adán había sido excluido de su presencia y no podía verlo, de todos modos recibió mandamientos y revelaciones para que pudiera guiarse.

EL GOBIERNO DE DIOS QUEDÓ PERDIDO PARA LOS HOMBRES. Bien, si sus hijos e hijas hubieran sido obedientes, como Adán y Eva le fueron obedientes, si su posteridad después de ellos hubiera continuado en la obediencia, yo digo que la paz y la rectitud que son el resultado natural de la obediencia, habrían continuado en la tierra hasta esta época. Mas había otras influencias que estaban obrando.

La influencia de Satanás se ha sentido en este mundo por seis mil años. Se siente actualmente. Como resultado de que los hijos de Adán prestaron atención a la voz de Lucifer y lo siguieron, se establecieron en la tierra gobiernos que no se hallaban bajo la orientación de la revelación. Ni hicieron caso de los mandamientos del Señor. Se levantaron hombres y usurparon el derecho de gobernar y reinar. Despreciaron los mandatos y los derechos y privilegios de aquel cuyo derecho es gobernar y reinar, y al espaciarse los hombres sobre la faz de la tierra, se olvidaron de Dios.

El resultado ha sido iniquidad, disensión, inquietud y contienda, con todas sus maldades consiguientes. Así es como se halla el mundo en la actualidad. El mundo está enfermo y ha estado enfermo durante su historia terrenal, pero hoy estamos viviendo en tiempos muy angustiosos. El corazón de los hombres está desfalleciendo. El egoísmo, la injusticia, el deseo de poseer, de aprovecharse, y con todo ésto el temor que acompaña la iniquidad, son las cosas que existen en el corazón de los hombres.

EL PODER DE SATANÁS EN LOS GOBIERNOS DEL MUNDO. Los Estados Unidos no son el reino de Dios, ni tampoco lo es Inglaterra, Alemania o Francia. Juntemos en una todas las naciones, y estas no constituyen el reino de Dios, sino que únicamente son gobiernos mundanos constituidos por el hombre. A pesar de que el Padre levantó a hombres justos y los dirigió en la institución de este gobierno y en dar al pueblo la Constitución de los Estados Unidos, éste no es el gobierno de Dios. Igual que los demás, es un gobierno establecido por el hombre, y no tendremos un gobierno de Dios sino hasta que Cristo venga para reinar, y cuando venga El va a ser el Rey de reyes. El ocupará su lugar que por derecho le corresponde.

Satanás ejerce el dominio ahora. No importa donde miréis, él tiene el mando, aun en nuestra propia nación. El está dirigiendo a los gobiernos hasta donde el Señor se lo permite. A eso se debe que hay tanta disensión, agitación y confusión por toda la tierra. Una mente superior está gobernando a las naciones. No es el presidente de los Estados Unidos; no es Hitler, no es Mussolini; no es el rey o gobierno de Inglaterra ni de cualquier otro país; es el propio Satanás.

SATANÁS OCASIONA EL TUMULTO MUNDIAL. ¿Qué es lo que el Señor dice en la primera sección de Doctrinas y Convenios? “La hora no es aún [esto fue hace más de cien años], mas está próxima, cuando la paz será quitada de la tierra, y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio.”

Pues bien, Satanás ciertamente tiene dominio sobre lo suyo, porque en él está el poder de la confusión, la disensión, el rencor y la distinción de clases. En él está el poder del engaño y no uno de paz y rectitud. ¿Dónde puede encontrarse la rectitud en el mundo? ¿En Europa, en Asia, en los Estados Unidos? Yo os digo que no vais a tener paz en los Estados Unidos ni en ninguna otra parte del mundo sino hasta que el Príncipe de Paz venga a traerla.

Los hombres han tomado la ley en sus propias manos; han desafiado la ley y el orden. Cuando se arreglan las huelgas en un lugar, estallan en otro. ¿Por qué? Porque Satanás tiene poder sobre su propio dominio, y aun entre nuestros legisladores y aquellos que han jurado preservar la Constitución, encontra­mos a aquellos que fomentan estos desórdenes y le dan su apoyo. Esta condición no procede del reino de Dios. Estas cosas aumentarán hasta que todas las profecías se cumplan, y finalmente la tierra será purificada y Cristo vendrá como el Rey de reyes.

FALTA EL CRISTIANISMO ENTRE LAS NACIONES. Me parece una vergüenza que tengan que gastarse billones de dólares e imponerse cargas adicionales sobre las espaldas de personas a fin de que las naciones puedan protegerse a sí mismas, temiendo ser acometidas por otras naciones, y que los hombres no puedan vivir juntos en paz en este mundo. A los Estados Unidos se le considera ser, por lo menos lo ha sido en lo pasado, una nación cristiana. En igual manera, lo son las naciones de Europa. Sin embargo, hallamos que ésta es la condición que prevalece: el temor en el corazón del pueblo; nación preparándose contra nación; luchas que han surgido.

Hemos visto las congojas en años anteriores que han resultado de los desacuerdos y del egoísmo, la avaricia y la determinación indebida de las naciones de realizar deseos injustos. Si verdaderamente fuesen naciones cristianas, si verdaderamente estuvieran adorando al Señor Jesucristo, si creyeran en su doctrina, si la estuvieran aplicando, no prevalecerían estas condiciones.

ANARQUÍA Y DIFICULTADES FUTURAS. A pesar de todas las amonestaciones que el Señor nos ha dado, nos estamos precipitando loca y testarudamente hacia la destrucción, preparándonos, por decir así, para la quema. No penséis que el Señor no da a entender lo que El dice, porque lo que predijeron los profetas antiguos, y se ha repetido en las revelaciones de los últimos días, todo se cumplirá.

El Señor dijo por conducto de Isaías que “se destruyó, cayó la tierra”, y que por motivo de la iniquidad del mundo “fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres”. El profeta Malaquías repitió esta profecía, tal como se lee en el último capítulo de ese libro.

Por eso digo que estoy afligido; estoy preocupado por esta nación; preocupado por todas las naciones, a causa de la iniquidad del pueblo. Puedo ver maldad en la tendencia de los tiempos. Puedo ver anarquía delante de nosotros. Si vamos a permitir que los hombres, en forma organizada, profanen el carácter de las leyes de este país y su constitución; si vamos a permitirles, sin protesta que con el espíritu de anarquía se posesionen de lo que no les pertenece, vamos a segar el torbellino tan cierto como que vivimos.

EL GOBIERNO SE BASA EN LA RELIGIÓN. Tengo aquí algo que es tan bueno como las Escrituras, escrito por el presidente Calvin Coolidge. Quisiera leerlo a vosotros: “Nuestro gobierno descansa sobre la religión.” Es de esa fuente de la cual se deriva nuestra reverencia por la verdad y la justicia, por la igualdad y la liberalidad y por los derechos del género humano. A menos que la gente crea en estos principios, no puede creer en nuestro gobierno. Solamente hay dos teorías principales de gobierno en el mundo. Una se basa sobre la justicia y la otra sobre la fuerza. Una recurre a la razón y la otra recurre a la espada. Una se ejemplifica en la república, la otra la representa el despotismo.

El gobierno de un país nunca va más adelante de la religión de un país. No hay manera por la cual podernos substituir la autoridad de la ley por la virtud del hombre. Desde luego, procuramos restringir al malvado y proporcionar un buen grado de seguridad y protección por medio de leyes y la policía, pero la reforma verdadera que nuestra sociedad busca en estos días vendrá corno resultado de nuestras convicciones religiosas, o jamás vendrá. Paz, justicia, humanidad, caridad —las leyes no pueden causar que éstas existan. Son el resultado de la gracia divina.”

Bien, yo opino que palabras como estas se declaran por inspiración. Son una advertencia al pueblo de esta nación, que proviene de un ex presidente de los Estados Unidos. Concuerda completamente con la palabra del Señor en el libro de Eter, en el Libro de Mormón, en lo que respecta a esta tierra. No podernos apartarnos del Dios de esta tierra sin que sigan graves consecuencias.

EL SEÑOR RIGE LOS GOBIERNOS TERRENALES

LOS GOBIERNOS SON RESPONSABLES ANTE DIOS. Los gobiernos son iguales que el individuo en este asunto: tendrán que rendir cuentas al Señor. El Señor requiere que cada hombre responda por sus pecados. Todo hombre tendrá que presentarse para ser juzgado según sus obras, y el Señor también juzgará a las naciones según sus obras. Aun cuando es un hecho que los hombres se han apartado del Señor y establecido sus propios gobiernos, sin embargo, el Señor jamás ha cedido sus derechos, jamás se ha retirado por completo ni renunciado a su dominio y entregado el señorío de esta tierra al gobierno de los hombres sin que se le rindan cuentas. El manda y dirige, y permite que los hombres procedan hasta el punto en que en su prudencia El dispone que lo hagan, y entonces los contiene.

SIN DIOS, EL HOMBRE ES INCAPAZ DE GOBERNAR PROPIAMENTE. Sin la ayuda del Espíritu de Dios, y su comunicación directa y dirección, que El está dispuesto a dar si se arrepienten, los hombres siempre se han mostrado incompetentes para gobernar. Es verdad hoy. Sí tuviésemos un gobierno recto, tendríamos paz. Un hombre justo no puede hacer justo a un pueblo. A fin de que la justicia pueda venir, debe haber obediencia a las leyes justas por parte del pueblo.

En nuestra propia tierra, la iniquidad, el homicidio y toda clase de abominaciones prevalecen hoy entre el pueblo. E igual que aquí, la misma cosa existe en otros países, en todo lugar sobre la faz de la tierra, y ningún caso se hace del gobierno que el Señor estableció en el principio. De hecho, en una gran parte de la historia del mundo no ha existido entre los hijos de los hombres.

El Señor se ha visto en la necesidad de retirar periódicamente su sacerdocio de la tierra, de entre los hijos de los hombres. Ha tenido necesidad de quitar a sus profetas y a sus siervos justos, y dejar al pueblo a solas por causa de su iniquidad; y han andado a tientas en las tinieblas, divagando sin la orientación que tanto necesitaban para llevarlos a los senderos de la rectitud.

EL GOBIERNO PERFECTO SE BASA EN EL AMOR DE DIOS. Así ha sucedido en la historia de este mundo con contadas excepciones. Ha habido ocasiones en que ciertos pueblos de la tierra han estado dispuestos a escuchar la voz de Dios, en que han tenido entre ellos profetas para enseñarles, en que han sido dirigidos por revelación constante, en que han fijado su corazón en la rectitud, y en la Biblia leemos muy brevemente de una condición de esa naturaleza. Son muy pocas las palabras que se han escrito al respecto. Sucedió durante los días de Enoc, cuando su pueblo se volvió tan justo que el Señor lo llevó de la tierra.

Hubo sobre este continente otra época de paz y justicia, que prevaleció cuando el pueblo se mostró dispuesto a escuchar la voz del Señor. No sabemos hasta qué punto haya prevalecido esta influencia y esta rectitud entre otros pueblos desde el principio, porque nuestra historia es sumamente breve. Pero sobre este continente, durante 200 años tras la crucifixión de nuestro Redentor, el pueblo vivió en este estado de rectitud.

Deseo leeros lo que el profeta que escribió la historia de ese pueblo tiene que decir tocante a esas condiciones: “Y ocurrió que no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo. Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna especie; y ciertamente no podía haber pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios. No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios.”

Qué tiempo glorioso debe haber sido ése, cuando eran felices, cuando todos estaban en paz, cuando todos amaban a su prójimo como a sí mismos, y sobre todo, amaban a Dios, porque se nos informa aquí, que la cosa que produjo esta condición de felicidad era el hecho de que el amor de Dios existía en el corazón del pueblo. Jamás habrá un tiempo de paz, felicidad, justicia templada por la misericordia, cuando todos los hombres reciban lo que es su derecho y privilegio de recibir, hasta que en sus corazones entre el amor de Dios.

EL SEÑOR DESTRUYE A LAS NACIONES CUANDO SE TORNAN A LA INIQUIDAD. En lo que a esta tierra concierne, el Señor ha dicho que ningún pueblo puede morar sobre ella sin que le sobrevenga la destrucción, si es que se permiten apartarse del Dios viviente, y esta destrucción vendrá cuando sus corazones estén llenos de iniquidad y se derrame la copa de su iniquidad. Deben servirlo a El; tendrán que guardar sus mandamientos; por lo menos deberán tener alguna apariencia de rectitud, o cuando llegue a su plenitud la iniquidad, El ciertamente los quitará. Esto se ha hecho en lo pasado. Así pasó, según lo que está escrito en el Libro de Mormón, con dos naciones que fueron barridas de la superficie de esta tierra; y según las revelaciones dadas por medio del profeta José Smith, con otra nación, o tal vez con más de una nación antes de esa época, porque el Señor destruyó al pueblo de sobre la faz de la tierra con el Diluvio.

Entonces se volvió a poblar esta tierra. El Señor trajo aquí a un pueblo y le dio esta tierra preciosa, tierra que, según dijo El, era escogida sobre todas las demás; y dijo que la podrían recibir como herencia, con la condición de que lo sirvieran a El; mas cuando se apartaron de El y se volvieron inicuos, fueron destruidos. Llegó otra nación, con instrucciones semejantes, y al llenarse la copa de su iniquidad, también fue destruida.

Esta amonestación se ha dirigido al pueblo que mora en esta tierra hoy, de que si no guarda los mandamientos del Señor, una destrucción semejante finalmente le sobrevendrá. Y lo que el Señor dice concerniente a esta tierra es igualmente cierto, en gran medida, en cuanto a otras tierras. La historia habla del origen y la caída de naciones. ¿Porqué fueron destruidas? Porque se negaron a escuchar al espíritu de verdad, a la voz de rectitud ya andar en ese espíritu ante el Señor. En los días de su iniquidad vinieron sobre ellos las aflicciones, y se encendió la ira del Señor en contra de ellas, y cayeron de su elevada y exaltada posición.

AMÉRICA: UNA TIERRA ESCOGIDA SOBRE TODAS LAS DEMÁS

LA INIQUIDAD TRAERÁ JUICIOS SOBRE AMÉRICA. Estos pasajes del Libro de Mormón son verdaderos; no se exime a esta nación, y silos del pueblo continúan siguiendo el camino de la maldad y la impiedad que hoy van recorriendo, finalmente serán castigados. Si continúan haciendo caso omiso de la voz amonestadora del Señor, niegan a su Redentor, se vuelven del evangelio a las fábulas y las falsas teorías y se rebelan contra todo lo que El ha declarado para la salvación de los hombres por medio de sus siervos en esta época, y si aumentan en la práctica de la iniquidad, quiero deciros que si hacen estas cosas, los juicios del Señor descenderán sobre esta tierra, y esta nación no se salvará; no seremos librados de la guerra, del hambre, de pestilencias y por último de la destrucción, como nación.

Por tanto, llamo al pueblo, no sólo a los Santos de los Ultimos Días, sino a todos por toda la tierra, a que se arrepientan de sus pecados y acepten al Señor Jesucristo, el cual es nuestro Redentor y el Dios de esta tierra. Volveos de vuestros malos caminos, arrepentíos de vuestros pecados y recibid la plenitud del evangelio mediante las aguas del bautismo y la obediencia, a fin de que pasen de vosotros los juicios que serán derramados sobre los impíos.

AMÉRICA: UNA TIERRA DE PROMISIÓN Y DE REFUGIO. No sólo es América una tierra de promisión, reservada para un pueblo justo, sino también es una tierra de refugio para los abatidos y oprimidos. Los puritanos vinieron aquí en busca de libertad religiosa cuando la opresión reinaba con furia en el viejo mundo. Lo mismo se puede decir de las colonias anteriores. Los jareditas vinieron en busca de una tierra de libertad. Los nefitas salieron de Jerusalén porque el Señor los había llamado de una tierra de pecado y esclavitud, cuyos moradores estaban a punto de ser llevados al cautiverio como castigo.

Hubo otra colonia que vino de Jerusalén a esta tierra de promisión en los días en que Nabucodonosor estaba haciendo la guerra a los judíos. La mano del Señor también condujo a esta colonia. Muy poco sabemos acerca de sus viajes, cómo llegaron y el número de los que integraban su grupo, porque no escribieron ninguna historia. Hemos sabido, sin embargo, que trajeron consigo al hijo menor de Sedecías, rey de Judá.

La Biblia declara que degollaron a los hijos de Sedecías en presencia suya, tras lo cual los babilonios le sacaron los ojos y lo llevaron en cadenas a Babilonia. Mulek, hijo de Sedecías, fue librado por el poder del Señor, y con otros fugitivos fue conducido a través de “las grandes aguas” hasta esta tierra. Aquí se multiplicaron, pero sin tener enseñanzas religiosas. Fue este pueblo el que descubrió a Coriántumr, el jaredita, que vivió con ellos durante nueve meses antes de morir. Más tarde los nefitas descubrieron a estos mulequitas, y los dos pueblos se unieron en uno, y de allí en adelante los mulequitas fueron conocidos como nefitas y compartieron con ellos las bendiciones de su fe.

Brevemente, tal es la historia que se relata en el Libro de Mormón acerca de los antiguos habitantes de América. Eran sumamente civilizados. Adoraban al Dios verdadero viviente en una tierra que está consagrada a su adoración y reservada para un pueblo justo, hasta que se volvieron transgresores consumados. Presten atención los gentiles sobre esta tierra a la amonestación, y sirvan a Jesucristo, no sea que la destrucción también les sobrevenga, porque se ha profetizado que los habitantes actuales, si se apartan de la adoración del Dios verdadero y viviente, traerán sobre ellos la misma destrucción “como lo han hecho hasta aquí los habitantes de la tierra”.

LOS JAREDITAS: PUEBLO DEL CONVENIO DEL SEÑOR. En esta tierra los jareditas se multiplicaron y prosperaron, pecaron y fueron castigados, se arrepintieron y fueron perdonados, y esto durante el transcurso de un largo período de años. Había entre ellos hombres que poseían el sacerdocio y una organización de la Iglesia. El Señor estableció sus convenios con ellos, como lo hizo con Abraham e Israel. Edificaron ciudades y llegaron a ser hábiles y expertos artesanos en oro y plata, en el tejido de textiles y en el cultivo de la tierra. Se extendieron por toda la faz de la tierra, y fueron un pueblo inteligente con un idioma escrito y un conocimiento completo de la venida de Jesucristo.

Finalmente, a causa del pecado, se desmoronó su civilización. Mataron a los profetas. Plagas y guerras constantes los diezmaron hasta que por fin fueron enteramente destruidos. Su último rey, Coriántumr, vivió para ver a otro pueblo tomar posesión de la tierra que él y su pueblo habían perdido por motivo de su transgresión, como cumplimiento de la profecía de su primer profeta, Mahonri Moriáncumer; “Cualquier nación que la posea [esta tierra] servirá a Dios, o será exterminada cuando la plenitud de su ira caiga sobre ella.”

EL SEÑOR COLONIZÓ LA AMÉRICA CONTEMPORÁNEA. Al examinar las primeras etapas de la historia de los Estados Unidos, uno no puede menos que ver la verdad de las palabras del apóstol Pablo de que las autoridades que existen “por Dios han sido establecidas”. Yo firmemente creo que mediante la inspiración del Señor los primeros pobladores de América fueron impulsados a emprender su viaje desde el viejo mundo y establecer sus hogares en esta tierra de libertad. Por regla general, fueron de hu­milde nacimiento, pero a la vez, honrados, industriosos y valientes; la clase de hombres que el Señor escogería para hacer frente a los muchos problemas que siempre hay que encarar y vencer en la colonización de un nuevo país o en la formación de una nueva nación.

LOS ESTADOS UNIDOS Y SU CONSTITUCIÓN

EL SEÑOR ESTABLECIÓ LA CONSTITUCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS. No hay nación que haya sido bendecida más grandemente que los Estados Unidos. Vivimos en una tierra que ha sido llamada una tierra escogida sobre todas las demás por pronunciamiento divino. El Señor la ha vigilado con celoso cuidado, y ha mandado a los de su pueblo que lo sirvan a El, no sea que su ira se encienda contra ellos y sean retiradas sus bendiciones.

Nuestro gobierno llegó a existir por medio de orientación divina. La inspiración del Señor descendió sobre los patriotas que lo establecieron; los inspiró durante los tenebrosos días de su lucha por la independencia, así como en el curso del período crítico que siguió a esa lucha, cuando formularon nuestra gloriosa constitución que garantiza a todos la verdad, de por sí evidente, que se proclama en la Declaración de Independencia, que “todos los hombres son creados iguales; que su Creador los ha investido con cierto derechos inalienables; que entre éstos se hallan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Es decir, corresponde a toda alma el derecho de que se le conceda justicia igual e irrestringida ante la ley, iguales derechos de adorar de acuerdo con los dictados de la conciencia y trabajar de acuerdo con sus inclinaciones individuales, independientemente de la fuerza o la compulsión. Para que esto pudiera efectuarse, el Señor ha dicho: “He establecido la constitución de este país, por mano de hombres sabios que yo levanté para este propósito mismo, y redimí la tierra por la efusión de sangre.”

LOS ESTADOS UNIDOS SE FUNDARON COMO NACIÓN CRISTIANA. Los fundadores de esta nación fueron hombres de fe humilde. Muchos de ellos vieron en visión un glorioso destino para nuestro gobierno, con la condición de que fielmente continuáramos nosotros en el sendero de justicia y rectitud, con espíritus contritos y corazones humildes, aceptando las verdades divinas que se encuentran en las Santas Escrituras. La súplica de estos hombres ha resonado en el transcurso de los años que han ido pasando, con una amonestación profética a las generaciones subsiguientes, suplicándoles que sean fieles a todas estas normas que constituyen el fundamento de nuestro gobierno.

Este país se fundó como nación cristiana, con la aceptación de Jesucristo como el Redentor del mundo. Un profeta de la antigüedad predijo que esta tierra sería una tierra de libertad, y que sería fortificada contra todas las demás naciones en tanto que sus habitantes sirvieran a Jesucristo; mas si se apartaban del Hijo de Dios, cesaría de ser una tierra de libertad y su ira se encendería en contra de ellos.

Es cosa reprochable, pero algo que no se puede impugnar con éxito, el hecho de que hayamos olvidado la amonestación que a descendido a nosotros, así como Israel se olvidó de los mandamientos que habrían bendecido a esa nación para siempre en la tierra de Canaán, si los hubieran observado. Al abandonar estas leyes corremos peligro de ser castigados, así como el pueblo de Israel se expuso al peligro de ser castigado porque abandonó al Señor y no quiso arrepentirse ni aceptar las amonestaciones de sus profetas.

LA CONSTITUCIÓN PENDERÁ DE UNA HEBRA. Se ha declarado que el Profeta dijo que llegaría el tiempo en que esta constitución pendería como si fuera de una hebra, y esto es verdad. Ha habido alguna confusión, sin embargo, en cuanto a lo que dijo después de esto. Creo que el hermano Orson Hyde nos ha dado una interpretación correcta en la que dice que el Profeta expresó que la Constitución se vería en peligro.

Dijo Orson Hyde: “Creo que dijo algo parecido a esto, que llegaría el tiempo en que la Constitución y el país se verían en peligro de ser derribados; y dijo él: ‘Si es que la Constitución se va a salvar, será por medio de los élderes de esta Iglesia’. Creo que así fue más o menos como lo expresó, hasta donde me es posible recordarlo.”

Ahora os digo que es tiempo que el pueblo de los Estados Unidos vaya despertando con el entendimiento de que si no salvan a la Constitución de los peligros que la amenazan, tendremos un cambio de gobierno.