El Otorgador de Paz

PARTE   II — LAS IMPLICACIONES DE NÍNIVE

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LA TORMENTA CONTINUA


Papi, quiero tomar agua”. Rick se limpió su cara de sueño y miró una mota de pelo. Era Lauren, su pequeña cabeza lo suficientemente alta para asomarse a la cama. Como un relojito, allí estaba a las 2:00 de la madrugada. Rick podía contar con una mano las noches de sueño ininterrumpidas de los últimos meses. Lauren estaba adicta a tomar agua a la medianoche y el vaso lleno de agua que Rick ponía a un lado de la cama de ella aparentemente sabía mejor si papi se levantaba para dársela.

Rick a veces resentía tener que ser él que siempre se levantara con los niños, y esta noche no era la excepción. Pero cuando Lauren tomaba el agua y apuntaba a su mejilla por un beso, y después decía, como siempre lo hacía, “Te quiero, papi”, al irse él, se sentía agradecido por la interrupción de la mota de pelo.

Rick usualmente podía volverse a dormir, pero esta noche el sueño lo eludió. Los pensamientos de David, Abigail, el camino a Carmel, y de su abuelo le daban vueltas en su mente. Rick recordó el ejemplo de un amigo de la Iglesia que le había dicho que él dormía con un cuaderno a un lado de la cama para poder escribir lo que se le venía a la mente al despertar temprano por la mañana. Este hermano afirmaba que él había descubierto los consejos más conmovedores de su vida en ese papel cada mañana. Este pensamiento empezó a asaltarlo, manteniéndolo despierto, pero no sabía de ningún papel cerca de él y la noche helada lo empujaba más adentro de las cobijas.

Rick se quedó acostado pensando en lo que acababa de ver. La visita del abuelo fue tan táctica y real como cualquier memoria de la vida real. El aún podía sentir la brisa del desierto. Y él recordaba a David y Abigail hasta el último hilo de sus túnicas. Aunque el sueño, con sus detalles, estaba aún vivo en él, él luchaba con sus implicaciones.

Carol se estaba acostada a un lado de él, aún dándole la espalda y abrazando su lado de la cama como estaba unas horas antes. El mensaje del abuelo hacía eco en él. Recuerda tres cosas, él dijo. Primero, Cristo tomó sobre sí los pecados de aquellos que nos han hecho mal. Segundo, por esto, él está en medio de nosotros y de aquellos que pensamos que nos han hecho mal, preguntándonos que nos demos cuenta que la expiación es suficiente por esos pecados y por lo tanto, debemos arrepentimos de nuestros resentimientos y abandonar la enemistad. Y finalmente, si perdonamos, la expiación nos llena con lo que nos hace falta y limpia nuestro dolor o nos sostiene.

La memoria de ese consejo suavizó a Rick un poco, y al mirar a Carol, él sintió un poco de remordimiento por su parte en los acontecimientos que la había empujado a ese lado de la cama. Al observar su forma de dormir, él deseaba que estuviera al centro de la cama, en donde solía dormir, y tímidamente descansó su mano contra su espalda. Extraño, pensó él, como alguien que ha estado casado por doce años podría sentirse tan torpe al tentar a su esposa, como la primera vez que agarró su mano. Al estar allí, meditando esto, “tragedia” sería una palabra más apropiada.

Entonces te duele tanto como me duele a mí, él pensó, recordando el momento de su sueño. La frialdad que he sentido de ti es tu intento desesperado de congelar el dolor de expectaciones fracasadas y la humillación al rechazo de tu esposo. Él sentía la misma frialdad de la misma forma y por las mismas razones.

Rick seguido se quejaba de que Carol se hacía difícil de amarla cada vez que podía y después se lo echaba en cara cuando él no la amaba completamente. Pero él sentía por primera vez que quizás él le estaba haciendo a ella algo similar. Ambos estaban envueltos en una clase de espiral de muerte—un juego insano de gallinas donde cada uno se encontraba rodando hacia un fin inconcebible, cada uno tan comprometido a la justicia de su propio curso que ambos se rehusaban a regresar hasta que fuera demasiado tarde.

¿Por qué hacemos esto? él se preguntaba. ¿Cuál es el propósito? ¿Por qué estamos tan dispuestos, aun empujándonos, a arriesgarlo todo? No tenía ni idea, y aunque sentía cierto sentimiento de arrepentimiento, se sentía más lleno de desesperación que antes.

¿Entonces que vamos a hacer? él se preguntó, volteándose de espaldas y mirando hacia el techo. ¿Cómo podemos salimos de este lío? ¿Cómo es posible?

¿Por qué sería imposible? vino otro pensamiento.

Esta nueva idea era tan distinta a sus pensamientos normales de desesperación de recién que reflexivamente miró alrededor del cuarto para ver si alguien estaba allí. No encontrando a nadie, se volteó nuevamente hacia el cielo.

Bueno, pensó él, tomando la pregunta como un desafió, ¿por qué sería imposible? Pero él no podía tomar el anzuelo completamente, porque la segunda voz dentro de él seguía insistiendo que el saneamiento era posible. No soportando esto, sin embargo, la primera voz no creía que pudiera pasar. Él o Carol, o ambos, no podrían hacer lo que se necesitaba, le dijo la voz, y la primera voz estaba ganando la discusión.

Si es que es posible, pero tú crees que no sucederá, entonces tú realmente no quieres que suceda, le dijo la segunda voz. Hay algo que quieres más que la curación.

¡Qué será que quiero más que la curación! Rick replicó, reuniéndose a la batalla interna.

Infelicidad, dolor y desesperación.

¡Eso es absurdo!

¿Realmente es?

¿Por qué voy a querer ser infeliz, sentir dolor, o desesperación?

Buena pregunta. ¿Por qué quieres?

¡No quiero!

¿Entonces por que estás así?

¡Porquebueno, porque Carol hace que la felicidad sea imposible! él explotó, añadiendo una palabrota con enojo.

Rick recientemente había empezado a decir groserías interiormente, aunque el hábito no había alcanzado salir de sus labios. El hecho de que sabía mejor que esto y todavía había sido llevado a las groserías era para Rick evidencia adicional de la influencia negativa de Carol.

Claro, se ve bien ahora que está dormida, se defendía él mismo. Y quizá me pueda imaginar que las cosas están bien entre nosotros. Pero yo sé como será en la mañana. ¡Y no me lo merezco! ¡No merezco lo que ella me hace!

¿Entonces quieres lo que te mereces? le dijo la segunda voz.

Sí. Eso es todo lo que pido, contestó Rick.

“¿Estás seguro de que estás dispuesto a vivir con eso?”

Pero esta voz no vino del interior.