Éxodo 10
Éxodo 10:2 — Para que cuentes a oídos de tu hijo y del hijo de tu hijo las cosas que yo hice en Egipto…
Establece una doctrina fundamental sobre la memoria sagrada y la transmisión intergeneracional de la fe. El Señor revela que Sus obras redentoras no tienen como único fin la liberación inmediata, sino la formación de un pueblo que recuerde, narre y enseñe lo que Dios ha hecho, de modo que cada generación conozca Su poder y fidelidad. Doctrinalmente, el mandato de “contar” transforma la historia en testimonio: las acciones de Dios en Egipto deben convertirse en relato vivo dentro del hogar, donde los hijos aprenden no solo hechos, sino identidad y confianza en el Señor. Así, Éxodo 10:2 enseña que la fe se preserva y fortalece cuando la experiencia de la redención es recordada y compartida, y que Dios desea un pueblo que no olvide Sus maravillas, sino que las transmita con gratitud para que cada generación sepa quién es Él y por qué es digno de obediencia y adoración.
De esto están hechas las leyendas. En este caso, el Señor escribió la leyenda, realizó milagros legendarios y mandó a Sus hijos recordar la leyenda. Las Escrituras están llenas de referencias a este mandato de recordar:
Escrituras bíblicas
- Moisés les recuerda que “Jehová hizo señales y maravillas grandes y terribles en Egipto” (Deuteronomio 6:22).
- Nuevamente en Deuteronomio 7:18.
- Moisés les recuerda: “vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová ha hecho” (Deuteronomio 11:7).
- Otra vez en Deuteronomio 29:2–4 y 34:11.
- En Jericó, la ramera Rahab se angustió cuando los israelitas se acercaban y dijo:
“Oímos esto, y desfalleció nuestro corazón… porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra” (Josué 2:11).
- Josué levanta un monumento para conmemorar la división del mar Rojo y la del río Jordán (Josué 4:19–24).
- El Señor mismo recita el éxodo a los israelitas (Josué 24:1–13).
- Jefté recuerda al rey de los amonitas con quién se está metiendo (Jueces 11:12–28).
- El salmista repasa los milagros “para hacer notorio su gran poder” (Salmos 106:8; véase también Salmos 135:9 y 136:10–16).
- Nehemías 9:6–21.
- Esteban relata estos acontecimientos ante el Sanedrín (Hechos 7:34–44).
- Pablo recuerda la fe de Moisés al dividir el mar Rojo (Hebreos 11:23–29).
Escrituras de los últimos días
- Nefi recuerda a sus hermanos que el Señor es más poderoso que Labán (1 Nefi 4:1–2).
- Los vuelve a recordar de los milagros cuando dudaron de que Nefi pudiera construir un barco (1 Nefi 17:23–43).
- Limhi recuerda a su pueblo el poder de Dios (Mosíah 6:19).
- Alma vuelve a contar la historia a su hijo Helamán (Alma 36:28).
- Nefi incluye el relato en su predicación en Zarahemla (Helamán 8; 11).
- El espíritu de revelación se explica con referencia al éxodo (Doctrina y Convenios 8:3).
Éxodo 10:3 — ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí?
Revela una doctrina penetrante sobre la esencia del arrepentimiento y el peligro de la soberbia persistente. Dios no interroga por ignorancia, sino para exponer el estado del corazón: el problema ya no es falta de señales, sino la negativa a rendirse ante la verdad conocida. Doctrinalmente, la humillación que el Señor demanda no es mera admisión intelectual, sino una disposición interior a someter la voluntad propia a la autoridad divina. Al formular la pregunta, el Señor muestra que la misericordia aún está disponible, pero condicionada a la respuesta del corazón; cada retraso endurece más la resistencia y agrava las consecuencias. Así, en Egipto, Éxodo 10:3 enseña que la liberación comienza con la humildad, y que mientras el hombre se niegue a inclinarse ante Dios, prolonga innecesariamente el conflicto, convirtiendo la paciencia divina en un llamado urgente a arrepentirse antes de que el juicio avance.
¿Deberíamos detenernos y hacernos esta misma pregunta? Alma lo hizo: “¿Os habéis despojado del orgullo?” (Alma 5:28).
El orgullo es el resistente por excelencia del poder de Dios. Faraón lo tenía en abundancia.
Ezra Taft Benson: “La mayoría de nosotros piensa en el orgullo como egocentrismo, vanidad, jactancia, arrogancia o altivez. Todos estos son elementos del pecado, pero todavía falta el corazón o núcleo.
La característica central del orgullo es la enemistad: enemistad hacia Dios y enemistad hacia nuestros semejantes. Enemistad significa ‘odio hacia’, ‘hostilidad’, o ‘estado de oposición’. Es el poder mediante el cual Satanás desea gobernarnos.
El orgullo es esencialmente competitivo por naturaleza. Oponemos nuestra voluntad a la de Dios.” (Informe de la Conferencia General, abril de 1989)
Éxodo 10:9 — Iremos con nuestros jóvenes y con nuestros ancianos… porque hemos de celebrar fiesta solemne a Jehová.
Enseña una doctrina esencial sobre la naturaleza total de la adoración y del convenio. Moisés deja claro que el culto verdadero no admite concesiones ni exclusiones generacionales: servir a Dios implica a toda la comunidad del convenio, desde los más jóvenes hasta los más ancianos, porque la relación con Jehová no es parcial ni delegable. Doctrinalmente, este versículo revela que la libertad que Dios concede no es solo para trabajar o prosperar, sino para adorar juntos, aprender juntos y celebrar juntos la obra redentora del Señor. Al rechazar la propuesta de una adoración fragmentada, Moisés afirma que la fe no se negocia con el poder opresor y que la obediencia no se acomoda a términos humanos. Así, frente a la lógica restrictiva de Egipto, Éxodo 10:9 declara que el servicio a Dios es comunitario, intergeneracional y completo, y que la verdadera fiesta solemne al Señor solo puede celebrarse cuando todo Su pueblo camina unido en libertad y obediencia ante Él.
Resulta interesante que Moisés todavía esté negociando únicamente un permiso de tres días para celebrar una fiesta y ofrecer sacrificios al Señor. No está pidiendo la emancipación total. Sin embargo, las condiciones cambiarán después de la décima plaga.
Éxodo 10:13 — Jehová trajo un viento oriental sobre la tierra…
Enseña una doctrina clara sobre la soberanía silenciosa y eficaz de Dios al obrar conforme a Su palabra. El viento, invisible pero poderoso, muestra que el Señor no siempre actúa con estruendo inmediato; a veces prepara el juicio y la liberación mediante procesos que avanzan con certeza bajo Su mando. Doctrinalmente, este versículo revela que la creación obedece a Dios y que Él gobierna los tiempos y los medios: el viento oriental se convierte en instrumento de Su voluntad para confrontar la obstinación persistente. Así, en Egipto, Éxodo 10:13 afirma que nada ocurre al azar; aun lo que parece natural responde al designio divino, enseñando que cuando Dios habla, la historia y la naturaleza se alinean para cumplir Su propósito redentor y llamar al corazón humano a reconocer Su autoridad.
“Cosechar el viento oriental” es una metáfora del castigo divino. El Señor pudo haber traído las langostas desde cualquier dirección, pero el oriente tiene un profundo simbolismo.
“El viento oriental es un viento destructor que procede del oriente, la dirección simbólica de la presencia de la Deidad. También se le llama ‘el viento de Jehová’ (Oseas 13:15), y es ‘preparado’ por Dios (Jonás 4:8) con el propósito de destruir a los impíos e injustos. El Señor ha declarado: ‘Si mi pueblo siembra inmundicia, segará el viento oriental, que trae destrucción inmediata’ (Mosíah 7:31). Por tanto, son ‘heridos por el viento oriental’ (Mosíah 12:6; véase también Job 27:21).” (Donald W. Parry y Joseph Fielding McConkie, A Guide to Scriptural Symbolism, p. 45)
Este simbolismo pertenece al mundo cultural del Antiguo Testamento: “Los pueblos bíblicos reconocían cuatro vientos predominantes provenientes de los cuatro puntos cardinales… El carácter de estos vientos era tan constante que llegaron a verse como mensajeros de Dios. El viento del norte es frío; el del oeste, húmedo; el del sur, cálido; y el del este —que cruza los desiertos arenosos de Arabia— es violento y destructor. Se le llamaba ‘el viento del desierto’.”
(Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet, Doctrinal Commentary on the Book of Mormon, 2:187)
Éxodo 10:13–15 — Las langostas cubrieron la faz de toda la tierra…
Enseña una doctrina solemne sobre la consecuencia total de la resistencia persistente a la palabra de Dios. La plaga llega tras advertencia clara y obedece al mandato divino, mostrando que cuando la misericordia es desoída, el juicio avanza con alcance completo. Doctrinalmente, las langostas representan la reversión de la bendición: lo que aún quedaba tras aflicciones anteriores es consumido, revelando que la obstinación no solo mantiene el conflicto, sino que agota las oportunidades restantes. En Egipto, la devastación visible declara que ningún sistema puede sostenerse cuando excluye a Dios; la creación misma se vuelve testigo contra el orgullo humano. Así, Éxodo 10:13–15 afirma que la obediencia tardía tiene costo, y que reconocer a Dios a tiempo preserva, mientras que resistirlo convierte la abundancia remanente en pérdida total.
Éxodo 10:15 — No quedó cosa verde en los árboles ni en la hierba del campo.
Enseña una doctrina sobria sobre la esterilidad que resulta de rechazar repetidamente la palabra de Dios. La ausencia total de “lo verde” simboliza la retirada de la bendición vital: donde antes había crecimiento y provisión, ahora queda desolación, evidenciando que la vida no se sostiene por sí misma, sino por la gracia del Señor. Doctrinalmente, este versículo muestra que la resistencia prolongada no solo trae juicio inmediato, sino que consume el futuro, dejando sin recursos para continuar. En Egipto, la tierra desnuda se convierte en un testimonio silencioso de que ninguna prosperidad puede sobrevivir cuando se persiste en excluir a Dios. Así, Éxodo 10:15 afirma que el rechazo a la voluntad divina termina agotando toda fuente de renovación, y que solo la humildad y la obediencia restauran lo verde que sostiene la vida y la esperanza.
No hubo fruto en los árboles, ni hierba en el campo, ni lino, ni cebada, ni ganado suficiente para reproducirse. Esto no tenía por qué haber sucedido.
La obstinación de Faraón significa que su pueblo podría morir de hambre. ¿Qué clase de orgullo y egoísmo permiten a un gobernante destruir a su nación antes que humillarse ante Dios?
Éxodo 10:17–19 — Jehová trajo un viento occidental muy fuerte… y arrojó las langostas al Mar Rojo.
Enseña una doctrina profunda sobre la misericordia soberana de Dios y Su dominio total sobre la creación. El mismo Señor que permitió la plaga ordena ahora su retirada, mostrando que el juicio y el alivio están igualmente bajo Su control y no dependen del poder humano. Doctrinalmente, el viento occidental revela que Dios puede revertir de inmediato aquello que parecía irreversible cuando hay clamor, aun si ese clamor no nace de un arrepentimiento pleno; la misericordia de Dios se manifiesta antes de que el corazón esté completamente transformado. Al arrojar las langostas al Mar Rojo, el texto subraya la eliminación total del azote, enseñando que cuando Dios quita una carga, lo hace con plenitud y autoridad. Así, Éxodo 10:17–19 afirma que la creación obedece al Creador tanto para herir como para sanar, y que el poder del Señor no solo confronta la rebelión, sino que también da respiros de misericordia que invitan al corazón humano a reconocer Su soberanía y volver a Él con humildad verdadera.
Una vez más, la dirección del viento es simbólica. Faraón presencia otro milagro más. Suplica:
“Perdona ahora mi pecado solamente esta vez”.
Pero no es solo una vez. Faraón peca una y otra vez contra Dios y contra Moisés.
Para este punto, ha presenciado trece milagros. Repetidamente endurece su corazón, estableciendo su trono en el reino del orgullo, del cual podría decirse:
“El dragón le dio su poder, y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2).
Los trece milagros hasta ahora:
- La vara de Aarón convertida en serpiente
- La serpiente de Aarón devora las de los magos
- Las aguas convertidas en sangre
- La plaga de ranas
- Moisés quita la plaga de ranas
- La plaga de piojos
- La plaga de moscas
- Moisés quita la plaga de moscas
- La muerte del ganado
- La plaga de úlceras
- La plaga de granizo y fuego
- Moisés quita el granizo y el fuego
- La plaga de langostas
Después de trece milagros, Faraón tiene el descaro de pedir perdón “solo esta vez” y solicitar un milagro número catorce. Su condición espiritual es profundamente disfuncional.
Éxodo 10:22 — Hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por tres días.
Enseña una doctrina profunda sobre la consecuencia espiritual de rechazar persistentemente la luz de Dios. Esta plaga no produce ruido ni destrucción visible; su peso es interior, paralizante, revelando que cuando el hombre endurece su corazón, el juicio puede manifestarse como ausencia de luz, dirección y esperanza. Doctrinalmente, las tinieblas simbolizan la separación de la presencia divina: Egipto, que se gloriaba en su sabiduría y en dioses asociados a la luz, queda sumida en una oscuridad total que ningún poder humano puede disipar. El período limitado de “tres días” muestra que aun el juicio tiene medida y propósito redentor, invitando al arrepentimiento antes del acto final. Así, Éxodo 10:22 afirma que cuando la luz revelada es rechazada una y otra vez, Dios permite que la oscuridad haga evidente la necesidad absoluta de Él, enseñando que solo Su presencia ilumina el camino, da sentido a la vida y conduce a la verdadera liberación.
El texto describe tinieblas tan espesas que podían sentirse, una descripción que recuerda notablemente lo ocurrido en el Libro de Mormón en la crucifixión de Cristo:
“Podían palpar el vapor de las tinieblas… no se veía luz alguna… ni el sol, ni la luna, ni las estrellas… y duró por el espacio de tres días” (3 Nefi 8:21–23)
En Egipto, las tinieblas preceden la muerte del primogénito.
En el meridiano del tiempo, el orden se invierte: la muerte del Primogénito precede las tinieblas.
Tres días de oscuridad en el Nuevo Mundo, tres horas en el Viejo Mundo, y esta plaga en Egipto pudo haber sido causada por ceniza volcánica:
La erupción del Krakatoa en 1883 bloqueó el sol y sumió regiones enteras en oscuridad por dos días y medio.
Otra posibilidad es una tormenta de arena, suficientemente intensa como para ocultar completamente el sol.
Éxodo 10:25–26 — Nos has de dar también sacrificios y holocaustos… y nuestros ganados irán también con nosotros.
Enseña una doctrina esencial sobre la obediencia íntegra y no negociable en la adoración verdadera. Moisés afirma que el culto a Dios no se improvisa ni se reduce por conveniencia política; servir a Jehová requiere todo lo que Él ha mandado, sin reservas ni concesiones. Doctrinalmente, llevar los ganados significa reconocer que la adoración implica entrega real, costo y consagración completa, y que no puede quedar nada bajo la jurisdicción del opresor. Frente a la lógica de control de Egipto, el texto proclama que la libertad que Dios concede es total y que la obediencia no se fragmenta: el pueblo no solo sale, sale con todo lo necesario para honrar a Dios conforme a Su voluntad. Así, Éxodo 10:25–26 afirma que la verdadera adoración exige plenitud y fidelidad, y que cuando Dios libera, lo hace para que Su pueblo le sirva sin ataduras, con todo lo que es y todo lo que tiene.
Después de la novena plaga, Moisés endurece sus exigencias. Ya no solo pide permiso:
- Exige sacrificios.
- Exige los animales sobrevivientes.
- Exige llevarse todo el ganado.
En este punto, Moisés puede pedir lo que quiera.
Pero Faraón todavía tiene un último arrebato de orgullo. Será la última vez que Moisés y Faraón se verán cara a cara.
























