Éxodo

Éxodo 27


Éxodo 27:1 — “Harás también un altar de madera de acacia.”

Enseña doctrinalmente que el acceso a Dios comienza con la consagración y la entrega voluntaria. El altar, situado a la entrada del atrio, no está oculto ni reservado a unos pocos, sino visible para todo el pueblo, declarando que la relación con Dios inicia donde el ser humano reconoce su dependencia y se acerca con ofrenda. Doctrinalmente, la madera de acacia —resistente y duradera— simboliza la constancia requerida en la devoción, mientras que el altar mismo representa el lugar donde la vida se ofrece y se transforma conforme a la voluntad divina. Antes de la mesa, del candelero o del Lugar Santísimo, está el altar: un recordatorio de que la comunión con Dios se funda en la entrega del corazón y en la disposición a ser consagrados. Así, este pasaje afirma que Dios invita a Su pueblo a comenzar su camino espiritual con sacrificio y obediencia, enseñando que la verdadera adoración no empieza en la gloria interior, sino en un acto consciente de rendición donde lo humano se pone a disposición de lo santo.

Altar de Holocausto – Gracia Más Gracia

La madera de acacia (shittim wood) generalmente se identifica con el árbol Acacia seyal, que se encuentra en la península del Sinaí. Esta madera es dura, resistente a la descomposición y adecuada para un santuario portátil destinado a durar muchos años en el desierto.


Éxodo 27:1 — “De cinco codos de largo y cinco codos de ancho; el altar será cuadrado.”

Enseña doctrinalmente que el acercamiento a Dios se rige por orden, equilibrio y plenitud. La forma cuadrada —con lados iguales— simboliza estabilidad e imparcialidad: el altar no favorece un lado sobre otro, recordando que la consagración ante Dios requiere integridad completa y no devoción parcial. Doctrinalmente, la medida “cinco” evoca suficiencia y responsabilidad humana ofrecida a Dios, indicando que la entrega es real, concreta y proporcionada, no caótica ni improvisada. El altar, amplio y equilibrado, afirma que hay espacio para que todo el pueblo se acerque con ofrendas sinceras y que la adoración comienza con una vida ordenada conforme al diseño divino. Así, este detalle arquitectónico proclama que Dios recibe sacrificios presentados con rectitud y equilibrio del corazón, enseñando que la verdadera consagración se sostiene sobre un fundamento estable donde toda la vida —en todas sus direcciones— es colocada delante de Él.

El altar tenía una forma perfectamente cuadrada, lo que sugiere estabilidad, orden y plenitud. Era el centro del sacrificio diario y el primer punto de acceso al culto, lo que enseña que la expiación precede a toda cercanía con Dios.


Éxodo 27:3 — “Harás sus calderos para recoger la ceniza, y sus palas, y sus tazones.”

Enseña doctrinalmente que la adoración verdadera incluye orden, cuidado y responsabilidad continua en lo sagrado. Estos utensilios no son accesorios secundarios, sino instrumentos necesarios para mantener el altar limpio y funcional, mostrando que el sacrificio aceptable requiere atención constante aun después del acto de ofrendar. Doctrinalmente, recoger la ceniza enseña que las experiencias sagradas dejan restos que deben ser tratados con reverencia; nada de lo ofrecido a Dios es trivial ni se descuida. Las palas y tazones indican que la obra del Señor se sostiene mediante servicio humilde y diligente, donde la limpieza y el orden reflejan respeto por la santidad del altar. Así, este versículo afirma que la vida del convenio no se limita a momentos intensos de entrega, sino que continúa en la fidelidad cotidiana que preserva la pureza del culto. Dios enseña que cuidar lo sagrado —aun en tareas prácticas— es parte esencial de la adoración, y que la santidad se manifiesta tanto en el sacrificio como en el mantenimiento fiel de lo que se ha consagrado a Él.

Incluso los utensilios asociados con la limpieza del altar eran sagrados. Esto enseña que no solo el sacrificio, sino también el servicio humilde y continuo, forman parte de la adoración aceptable ante Dios.


Éxodo 27:4–8 — “Le harás una rejilla de bronce en forma de enrejado… debajo del altar… hueco, de tablas.”

Enseña doctrinalmente que la consagración aceptable ante Dios requiere estructura interna, purificación y humildad. La rejilla de bronce, colocada debajo del altar, muestra que el sacrificio debe ser sostenido por un soporte firme donde el fuego pueda obrar eficazmente; doctrinalmente, el bronce simboliza juicio y purificación, enseñando que la entrega verdadera pasa por un proceso que limpia y transforma. El altar “hueco, de tablas” revela que la fuerza del culto no reside en la masa o el peso exterior, sino en el contenido y en el diseño conforme a Dios: lo santo no es ostentoso, es obediente. Así, el pasaje afirma que la adoración auténtica permite que el fuego divino actúe en lo profundo, sosteniendo la entrega con orden y reverencia. Dios enseña que una vida ofrecida debe estar bien fundada por dentro, abierta a la purificación y construida según Su patrón, para que el sacrificio sea sostenido, acepto y transformador.

El altar era hueco y portátil, diseñado para acompañar al pueblo en su peregrinaje. La rejilla de bronce permitía que el fuego consumiera el sacrificio de manera adecuada, recordando que la ofrenda debía ser completa y aceptable ante el Señor.


Éxodo 27:9–11 — “Para el lado del sur… habrá cortinas para el atrio de lino torcido, de cien codos de largo… y lo mismo para el lado del norte.”

Enseña doctrinalmente que el pueblo de Dios es delimitado, protegido y ordenado para vivir en santidad alrededor de Su presencia. Las cortinas de lino fino, extendidas con la misma medida al sur y al norte, revelan que la santidad del espacio no es arbitraria ni desigual: el acceso a Dios se rodea de un orden justo, equilibrado y constante. Doctrinalmente, el atrio marca una separación clara entre lo común y lo consagrado, enseñando que acercarse a Dios implica entrar en un ámbito distinto, definido por pureza y reverencia. El lino torcido simboliza limpieza y consagración, recordando que la comunidad que rodea la morada divina debe reflejar rectitud visible en su vida colectiva. Así, este pasaje afirma que Dios establece límites no para excluir, sino para guardar; no para aislar, sino para formar un pueblo consciente de que vivir cerca de Su presencia requiere orden, igualdad y santidad sostenida en todos los aspectos de la vida.

“Si hubieras encontrado de repente a los hijos de Israel en el desierto, habrías visto un campamento enorme de más de dos millones de personas… Las tiendas probablemente eran negras y marrones, contrastando con los colores arenosos y rocosos del desierto.

En el centro del campamento se alzaban las cortinas blancas de lino fino del atrio exterior del tabernáculo, de aproximadamente 46 metros de largo, 23 metros de ancho y 2,3 metros de alto. Destacaban claramente frente a los colores apagados del campamento y del desierto.

Era imposible ver el interior del tabernáculo desde el campamento exterior: las altas cortinas blancas de lino fino creaban una separación entre el mundo exterior y la belleza contenida dentro del tabernáculo.” (the-scriptures.co.uk)

Las cortinas blancas del atrio simbolizaban pureza y separación, marcando una clara distinción entre lo común y lo sagrado.


Éxodo 27:16 — “Para la puerta del atrio habrá una cortina de azul, púrpura y carmesí.”

Enseña doctrinalmente que Dios provee un acceso ordenado y visible a Su presencia, invitando al pueblo a acercarse por el camino que Él mismo ha establecido. A diferencia de las cortinas blancas que delimitan el atrio, la puerta destaca por sus colores, señalando que el acceso a lo sagrado no es oculto ni confuso, sino claramente identificado y dispuesto por Dios. Doctrinalmente, el azul apunta a lo celestial, el púrpura a la realeza y autoridad divina, y el carmesí a la consagración y a la vida ofrecida; juntos proclaman que entrar en la presencia de Dios implica reconocer Su soberanía, aspirar a lo alto y presentarse con un corazón dispuesto. Así, esta puerta enseña que la santidad no se alcanza por cualquier medio, sino por el acceso que Dios abre con gracia y orden. El pasaje afirma que Dios desea ser buscado y encontrado, pero siempre conforme a Su diseño, recordando que el camino hacia Él está marcado por reverencia, obediencia y una invitación clara a entrar en comunión con el Dios santo.

Los colores del templo eran azul, púrpura y carmesí:

  • Azul: representaba el sacerdocio, el mismo color de la túnica del sumo sacerdote (Éx. 28:31), y simbolizaba el poder mediante el cual se efectuaban las ordenanzas.
  • Púrpura: representaba la realeza, enseñando que el Rey de Israel viajaba con Su pueblo y que Él buscaba hacer de ellos una nación real.
  • Carmesí (escarlata): representaba la sangre del sacrificio, tanto la de los animales ofrecidos diariamente en el altar como, en última instancia, la sangre expiatoria del Hijo de Dios.

Éxodo 27:17 — “Los ganchos serán de plata, y sus basas de bronce.”

Enseña doctrinalmente que la morada de Dios se sostiene por un orden donde redención y firmeza trabajan juntas. La plata, asociada al rescate y a la redención, une las cortinas que delimitan el espacio santo, indicando que la comunidad del convenio se mantiene cohesionada por aquello que Dios ha provisto para redimir. El bronce, ligado a juicio y resistencia, forma las basas que tocan la tierra, enseñando que la santidad debe apoyarse en una estructura capaz de soportar el peso del uso diario y las realidades del desierto. Doctrinalmente, este equilibrio muestra que la vida del convenio no es solo aspiración espiritual, sino una fe anclada en fundamentos sólidos y prácticos. Así, el pasaje afirma que Dios cuida tanto la conexión como la estabilidad de Su pueblo: redimidos para estar unidos y firmemente asentados para permanecer, recordando que la santidad perdurable se edifica con vínculos redentores y bases resistentes conforme al diseño divino.

En la construcción del tabernáculo se utilizaron tres metales preciosos: bronce, plata y oro. Estos metales representan tres etapas de desarrollo espiritual. Así como los tres espacios del tabernáculo —el atrio exterior, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo— simbolizan los reinos telestial, terrestre y celestial, respectivamente, también lo hacen los metales:

  • Bronce → Reino telestial
  • Plata → Reino terrestre
  • Oro → Reino celestial

De este modo, cada elemento del tabernáculo enseñaba visualmente el plan de salvación y el progreso espiritual del hombre hacia la presencia de Dios.

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