Éxodo 36
Introducción
El autor de Éxodo podría haber abreviado el libro diciendo simplemente que Moisés hizo que el pueblo construyera el tabernáculo conforme al modelo que le fue mostrado en el monte. Ya en Éxodo 24–26 hemos leído el mandato del Señor para construir los diversos componentes del tabernáculo. En Éxodo 34–36 leemos los detalles del cumplimiento de ese mandamiento. La repetición subraya la importancia del tabernáculo. Era su templo: su acceso a Jehová.
Éxodo 36:4–5 — El pueblo trae mucho más de lo suficiente para la obra
Revela una restauración profunda del corazón del convenio después de la apostasía: la obediencia ahora brota de la gratitud y el gozo, no del temor ni de la presión. Doctrinalmente, este exceso no es desperdicio, sino evidencia de un pueblo sanado espiritualmente que ha comprendido que todo lo que posee proviene del Señor. A diferencia del becerro de oro —una ofrenda nacida de la ansiedad y la impaciencia—, aquí las dádivas fluyen de un corazón dispuesto y confiado, demostrando que el arrepentimiento verdadero produce generosidad abundante. Este pasaje enseña que cuando el pueblo se reconcilia con Dios, el sacrificio deja de sentirse como pérdida y se convierte en privilegio; dar “más de lo suficiente” es señal de que el corazón ya no calcula lo mínimo requerido, sino que responde al amor divino con liberalidad. Así, Éxodo 36:4–5 afirma que la obra del Señor prospera cuando Su pueblo da no solo lo necesario, sino mucho más, ofreciendo al Señor no solo bienes materiales, sino un corazón quebrantado, agradecido y plenamente consagrado.
¡Qué maravilloso sería si pudiéramos lograr este gran ideal: traer mucho más de lo suficiente en nuestra ofrenda al Señor! En un momento poco común de grandeza espiritual, los israelitas trajeron “mucho más de lo necesario para la obra del servicio”.
¡Ojalá pudiéramos traer al Señor mucho más de lo suficiente de un corazón quebrantado!
¡Ojalá pudiéramos traerle mucho más de lo suficiente de un espíritu contrito!
¡Ojalá pudiéramos traerle mucho más de lo suficiente de gratitud por Su bondad!
Éxodo 36:8–19 — “Hicieron diez cortinas de lino fino torcido, azul, púrpura y escarlata”
Enseña doctrinalmente que la morada de Dios se edifica con orden, belleza y obediencia exacta, reflejando Su carácter santo. Cada material y color no es decorativo al azar, sino simbólico de realidades espirituales: el lino fino expresa pureza y rectitud; el azul eleva la mirada hacia lo celestial; el púrpura alude a realeza y autoridad divina; y el escarlata recuerda sacrificio y expiación. Doctrinalmente, las diez cortinas unidas en una sola estructura muestran que el pueblo, diverso en dones y funciones, es llamado a ser uno para que la presencia del Señor repose entre ellos. La repetición cuidadosa del diseño “como Jehová había mandado” subraya que la adoración verdadera no se improvisa, sino que se somete a la palabra revelada. Así, Éxodo 36:8–19 afirma que cuando un pueblo arrepentido ofrece lo mejor de su trabajo y sigue fielmente las instrucciones del Señor, Dios convierte materiales comunes en un espacio sagrado, enseñando que la santidad se manifiesta tanto en la belleza visible como en la obediencia interior que la produce.
“Debido a que los israelitas estaban peregrinando por el desierto en ese tiempo, el tabernáculo tenía que ser portátil. Las paredes se formaban con tablas que podían unirse entre sí (véase Éxodo 25:15–16). Luego, las paredes y el techo abierto se cubrían con cuatro capas diferentes de telas.
“La tela interior era de lino fino torcido. La palabra hebrea que se traduce como ‘lino’ no solo se refiere a la tela, sino también a la ‘blancura’ (Wilson, Old Testament Word Studies, voz ‘linen’, p. 255; véase también Bible Encyclopedia de Fallows, voz ‘linen’, 2:1068). Los eruditos creen que era una tela fina de algodón o hecha de lino de la planta del lino. Debido a la longitud del tabernáculo, se necesitaron diez cortinas, o piezas de tela, para cubrirlo. Esta capa interior debía tener querubines (ángeles) bordados en ella e incorporar, además de la blancura, los colores azul, púrpura y escarlata.
“El borde de estas cortinas era un ribete especial en el extremo de cada pieza tejida que evitaba que se deshilachara. Este borde solía ser de hilos de diferente tamaño y, en ocasiones, de un tejido distinto al del resto de la cortina.
“Mediante broches o ganchos de oro llamados corchetes, se unían los bordes de los segmentos de las cortinas adyacentes, creando la apariencia de una sola cubierta sobre el tabernáculo.
“Las otras tres capas de telas consistían en pelo de cabra, pieles de carneros teñidas de rojo y pieles de tejones (véase Éxodo 26:7, 14).” (Manual del Estudiante del Antiguo Testamento, Génesis–2 Samuel)
Éxodo 36:18 — “Hizo cincuenta corchetes de bronce para unir la tienda”
Enseña que la santidad del tabernáculo dependía tanto de los elementos visibles como de los que daban cohesión y firmeza. Los corchetes no eran ornamentales; su función era unir, sostener y dar estabilidad a la morada del Señor. Doctrinalmente, esto revela que en la obra de Dios la unidad no ocurre por accidente, sino mediante medios designados que mantienen al pueblo y a la adoración firmemente ligados conforme al orden divino. El bronce, asociado con resistencia y juicio, recuerda que la unidad del convenio requiere fortaleza moral y compromiso constante, no solo inspiración momentánea. Así, Éxodo 36:18 enseña que la presencia de Dios descansa donde hay estructura, conexión y fidelidad duradera; y que muchas veces son las labores discretas —las que no se ven, pero sostienen— las que permiten que el santuario permanezca unido y apto para que Jehová habite en medio de Su pueblo.
Éxodo 36:20 — “Hizo las tablas para el tabernáculo”
Éxodo 36:35 — “Hizo un velo de azul, púrpura y escarlata”
Los colores del templo son azul, púrpura y escarlata. Como en todo lo demás, hay simbolismo en esta combinación de colores.
- El azul representa el sacerdocio.
- El púrpura representa la realeza, indicando que su Rey estaba presente con ellos.
- El escarlata representa la sangre del sacrificio, señalando el sacrificio supremo del Hijo de Dios.
“Di a los hijos de Israel que tomen para Mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón lo mueva generosamente, tomaréis para Mí la ofrenda. Y esta es la ofrenda que recibiréis de ellos: oro, plata y bronce; lana azul, púrpura y carmesí, lino fino y pelo de cabra; pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejón y madera de acacia; aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático; piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
“Y harán para Mí un santuario, y habitaré en medio de ellos.” (Éxodo 25:1–8)
“La continuación de la parashá Terumá y gran parte del resto del libro de Éxodo se centra en las instrucciones de HaShem sobre cómo construirle un santuario, los numerosos detalles de la construcción del tabernáculo, los utensilios sagrados del servicio que usarían los sacerdotes, y la confección de las vestiduras sacerdotales, especialmente las ocho prendas que debía usar el Sumo Sacerdote.
“Para el Instituto del Templo, estos versículos son nada menos que el aliento de vida que da sentido a todo lo que hacemos: desde la investigación y la escritura, hasta la reproducción de los utensilios sagrados y las vestiduras sacerdotales, y la creación de un archivo incomparable de pinturas que representan la vida en el Santo Templo, todo lo cual puede experimentarse en persona en nuestra exposición en Jerusalén.” (templeinstitute.org)
Éxodo 36:37 — “Hizo una cortina para la puerta del tabernáculo, de azul, púrpura y escarlata”
























