Éxodo 8
Éxodo 8:6 — Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto; y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.
Enseña una doctrina clara sobre el alcance total del juicio revelador de Dios y la inutilidad de los falsos apoyos espirituales. Al extender la mano conforme al mandato divino, Aarón actúa como instrumento obediente, mostrando que el poder no reside en el gesto humano, sino en la palabra del Señor que lo ordena. Doctrinalmente, las ranas —criaturas asociadas al entorno sagrado y cotidiano de Egipto— invaden todos los espacios, enseñando que cuando Dios confronta la idolatría, no lo hace de manera parcial: el juicio alcanza casas, palacios y lugares íntimos, revelando que no existe refugio fuera de Su voluntad. Así, Éxodo 8:6 afirma que la obediencia fiel de los siervos permite que la verdad de Dios se manifieste con claridad, y que aquello que el hombre considera sagrado o inofensivo puede convertirse en testimonio del poder soberano del Señor cuando se opone a Él.
Al principio, los niños en Egipto se divierten mucho atrapando ranas. Las amontonan, hacen sus propias colecciones. Pero nadie quiere deslizarse en la cama con un saltador viscoso acechando. Entonces se acaba la diversión, especialmente cuando hay ranas en la cocina, en el horno y en la amasadora de pan.
“Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas;
pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.” (Apocalipsis 16:13–14)
Éxodo 8:9 — ¿Cuándo rogaré por ti…?
Enseña una doctrina penetrante sobre la autoridad espiritual y la invitación divina a reconocer el poder de Dios. Moisés no actúa con arrogancia, sino que coloca el momento de la liberación parcial en manos del propio opresor, mostrando que el Señor gobierna incluso el cuándo de Su intervención. Doctrinalmente, este gesto revela que Dios concede oportunidades claras para que el corazón reconozca Su supremacía: el alivio no vendrá por azar ni por manipulación humana, sino en respuesta a la palabra y al tiempo del Señor. Al permitir que Faraón elija el momento, se desenmascara la dureza del corazón que prefiere posponer la obediencia aun frente a la evidencia. Así, Éxodo 8:9 afirma que la misericordia de Dios se ofrece con claridad y paciencia, pero exige una respuesta honesta; reconocer el poder de Dios incluye someterse a Su tiempo y admitir que solo Él puede quitar las cargas que el hombre no puede controlar.
Moisés permite que Faraón elija el momento en que las ranas regresen al Nilo. Esto es otra señal del poder de Dios—otro testimonio más para el rey ciego de Egipto—pero aun así no es suficiente.
¿Somos alguna vez como Faraón? Queremos la ayuda de Dios hasta que obtenemos lo que queremos y luego endurecemos el corazón. El hombre que se desliza desde el techo de cinco pisos clama: “¡Dios, te serviré el resto de mi vida si me salvas!”. Justo entonces, su cinturón se engancha en un clavo y se salva de una muerte segura. Inmediatamente se retracta: “Olvídalo”.
Éxodo 8:13–14 — Las ranas murieron en las casas… y las juntaron en montones.
Enseña una doctrina sobria sobre las consecuencias persistentes del rechazo a Dios aun cuando la aflicción inmediata cesa. El Señor responde a la súplica y retira la plaga, mostrando Su misericordia y poder para aliviar; sin embargo, el resultado deja evidencia visible del juicio: montones de ranas en descomposición que contaminan la tierra. Doctrinalmente, esto revela que el pecado y la obstinación no desaparecen sin dejar rastro; cuando la liberación es aceptada sin arrepentimiento verdadero, las secuelas permanecen como testimonio. En Egipto, el alivio temporal no produce cambio de corazón, y lo que antes invadía la vida ahora se convierte en carga y vergüenza. Así, Éxodo 8:13–14 afirma que la misericordia de Dios no anula automáticamente las consecuencias, y que solo un corazón humilde y obediente puede experimentar no solo el cese del juicio, sino también la restauración plena que acompaña al arrepentimiento genuino.
Las ranas no solo invadieron; murieron. El texto enfatiza el detalle desagradable: fueron recogidas y amontonadas, y la tierra quedó impregnada de hedor. La plaga dejó un rastro visible y olfativo imposible de ignorar, un recordatorio persistente del poder del Señor.
Éxodo 8:17 — El polvo de la tierra se convirtió en piojos por todo el país de Egipto.
Enseña una doctrina contundente sobre el alcance ineludible del poder de Dios y la impotencia de los recursos humanos frente a Su palabra. Al transformar el polvo —lo más común y despreciado— en instrumento de aflicción, el Señor muestra que ninguna parte de la creación es neutral cuando Él actúa, y que incluso lo aparentemente insignificante puede convertirse en testimonio de Su autoridad. Doctrinalmente, esta plaga revela que la confrontación divina no se limita a lo visible o controlable; penetra lo cotidiano, lo íntimo y lo inevitable, dejando sin escape a quienes persisten en resistir la verdad. En Egipto, el polvo que sostenía la vida agrícola se vuelve molestia constante, señalando que cuando el corazón se endurece, Dios permite que la incomodidad revele la fragilidad de toda seguridad que excluye al Creador. Así, Éxodo 8:17 afirma que el Señor gobierna sobre toda la creación y que Su poder, cuando es rechazado, puede hacerse sentir aun en los detalles más ordinarios para llamar al reconocimiento de Su soberanía.
“Los piojos son insectos diminutos que viven en los seres humanos y se alimentan de sangre. Cuando un gran número de piojos vive y se multiplica en una persona, se denomina infestación.
“El síntoma más común de los piojos es la comezón. Existen distintos síntomas, según el tipo de piojos:
- Piojos de la cabeza: pueden no causar síntomas al principio. La comezón en el cuero cabelludo puede comenzar semanas o incluso meses después de que los piojos se hayan propagado. El rascado puede lastimar la piel; la piel dañada puede supurar líquido claro o formar costras, y puede infectarse.
- Piojos púbicos: causan comezón intensa…
- Piojos del cuerpo: provocan comezón muy fuerte, especialmente por la noche. Aparecen llagas con picazón en las axilas, la cintura, el torso y otras zonas donde las costuras de la ropa presionan la piel. Los piojos y sus huevos pueden encontrarse en las costuras de la ropa de la persona, pero normalmente no se ven sobre la piel.
“El rascado frecuente puede causar infección de la piel. En los casos más graves de piojos de la cabeza, el cabello puede caerse y la piel puede oscurecerse en las áreas infestadas.”
(Resumen adaptado de WebMD)
La palabra hebrea utilizada aquí se refiere a insectos muy pequeños, comúnmente interpretados como piojos, pero también traducidos como mosquitos, jejénes o moscas de arena. Según Filón, eran insectos diminutos que perforaban la piel y causaban una comezón intensa (The Torah: A Modern Commentary, 1981, pág. 437).
Los piojos prefieren un huésped vivo; los gusanos prefieren uno muerto.
Algunos han sugerido que la plaga podría entenderse como gusanos (larvas de mosca). Esta interpretación no está justificada textualmente, pero conecta las plagas como una secuencia:
- El río se contamina, lo que obliga a las ranas a salir a tierra.
- Las ranas mueren, se amontonan y son consumidas por gusanos.
- Los gusanos cubren la tierra y a la gente.
- Los gusanos eclosionan y llenan los cielos de Egipto con insectos.
- Las moscas infectan al ganado con una enfermedad mortal.
- El ganado muere y la misma infección causa úlceras en los seres humanos.
Éxodo 8:19 — Entonces los magos dijeron a Faraón: Esto es el dedo de Dios.
Enseña una doctrina decisiva sobre el reconocimiento inevitable de la autoridad divina. Cuando incluso quienes intentaban imitar las señales admiten sus límites, el texto muestra que llega un punto en que la falsificación ya no puede sostenerse frente al poder auténtico de Dios. Doctrinalmente, “el dedo de Dios” señala una acción directa, clara e innegable del Señor, que no requiere intermediarios ni artificios humanos; es la huella de Su voluntad soberana obrando en la creación. Esta admisión por parte de los magos deja al descubierto que la incredulidad persistente ya no se apoya en la falta de evidencia, sino en la dureza del corazón. Así, en Egipto, Éxodo 8:19 afirma que Dios se revela de tal manera que aun los opositores reconocen Su mano, y que cuando la verdad es confesada pero no obedecida, la responsabilidad moral recae plenamente sobre quien decide resistirla.
Los magos tenían un interés directo en mantenerse a la par de Moisés; de ello dependían sus cargos. Pero no pudieron. Dos plagas más adelante, ellos mismos sufrían úlceras y dolores que les impidieron presentarse ante Moisés y Faraón (Éxodo 9:11). La obstinación de Faraón es asombrosa: los magos se convencen con la tercera plaga, pero Faraón necesitará siete más.
Los magos sabían poco de Dios, y aun así fueron más perceptivos que Faraón. De modo parecido, el centurión romano que presenció la crucifixión de Cristo conocía poco de Sus enseñanzas, pero reconoció la mano de Dios al ver el terremoto que siguió (Mateo 27:54). A veces, quienes saben menos de religión están más dispuestos a creer que quienes la han estudiado por años.
Éxodo 8:21 — Enviaré enjambres de moscas… y las casas de los egipcios estarán llenas de enjambres de moscas, y también la tierra.
Enseña una doctrina clara sobre la invasión total que produce la resistencia persistente a la voluntad de Dios. A diferencia de plagas anteriores, este juicio penetra los espacios privados, mostrando que cuando el hombre se rehúsa a reconocer a Dios públicamente, la confrontación alcanza lo doméstico y cotidiano. Doctrinalmente, los enjambres simbolizan una perturbación constante e inescapable: no destruyen de inmediato, pero hacen imposible la normalidad, revelando que la paz no puede sostenerse donde se rechaza al Señor. Además, el anuncio prepara la distinción entre pueblos, afirmando que Dios sabe separar, proteger y reclamar a los Suyos aun mientras juzga la injusticia. Así, en Egipto, Éxodo 8:21 declara que la soberanía de Dios no es parcial ni distante: cuando Su palabra es desoída, Él permite que la incomodidad revele la falsedad de toda seguridad que excluye Su autoridad, llamando al reconocimiento y a la obediencia antes de que el juicio avance.
Todos hemos experimentado alguna vez un enjambre de moscas molestas. ¿Puedes imaginar si llenaran las casas? No había escape: ¡una mosca en la sopa de todos! Moscas muertas cubrían el suelo; nada es más repugnante que el sonido de las moscas aplastadas con cada paso.
Una vez más, esta plaga se repetirá como parte de los acontecimientos que acompañan la Segunda Venida:
“Por tanto, yo, el Señor Dios, enviaré moscas sobre la faz de la tierra, las cuales se apoderarán de los habitantes de ella, y comerán su carne, y harán que vengan gusanos sobre ellos.”
(Doctrina y Convenios 29:18)
Éxodo 8:26 — ¿Sacrificaremos la abominación de los egipcios delante de sus ojos, y no nos apedrearán?
Enseña una doctrina incisiva sobre la incompatibilidad entre la adoración verdadera y los sistemas idolátricos dominantes. Moisés reconoce que el culto a Jehová no puede practicarse sin conflicto cuando se intenta acomodarlo a una cultura que venera lo que Dios rechaza y rechaza lo que Dios manda. Doctrinalmente, el versículo afirma que la obediencia auténtica no se negocia ni se diluye para evitar tensión social; la adoración requiere separación y fidelidad, aun cuando ello implique riesgo. Al señalar el peligro real en Egipto, el texto muestra que la libertad espiritual no puede coexistir plenamente con la opresión ideológica: servir a Dios exige salir, apartarse y rendirle culto conforme a Su voluntad. Así, Éxodo 8:26 declara que la verdadera adoración demanda integridad y valentía, y que intentar servir a Dios dentro de un marco que lo considera “abominación” termina negando la esencia misma del culto que Él requiere.
Hasta este punto, Moisés no ha pedido que Faraón permita a los hebreos salir de Egipto para siempre. Todo lo que se solicita es un permiso de tres días para ir al desierto y ofrecer sacrificios. Han sido necesarias cuatro terribles plagas para que Faraón acceda, pero aun así no se atreve a perderlos de vista. Dice, en esencia: “Hagan su fiesta de sacrificios en Gosén”.
Probablemente temía que, si los hebreos se internaban tres días en el desierto, escaparían. Los grandes faraones se inmortalizaban dejando edificios y monumentos; la mano de obra esclava hebrea era el boleto de Faraón hacia la fama.
La respuesta de Moisés es sencilla: “Si ofrecemos sacrificios en Gosén, los egipcios nos verán. El sacrificio de bueyes y ganado sobre un altar es una abominación a sus ojos. Ya de por sí no nos tratan con respeto. Su reacción sería la violencia; nos apedrearían”.
“La petición de Moisés de que se permitiera a los hijos de Israel ir ‘al desierto’ para ofrecer sacrificios, a fin de no ser apedreados por los egipcios, era ciertamente comprensible y razonable. Los sacrificios de los israelitas requerían con frecuencia la muerte de animales, y el ganado (vacas y toros) era sagrado para los egipcios.” (Daniel H. Ludlow, A Companion to Your Study of the Old Testament, 1981, pág. 143)
























