Génesis 10
Introducción
Joseph Fielding Smith. Nuestra historia limitada registra que Noé y su esposa, y sus tres hijos y las esposas de estos, por haber estado dispuestos a escuchar la voz del Señor, fueron las únicas personas que sobrevivieron al diluvio. Generalmente se entiende que el arca encalló en el monte Ararat, cerca de las cabeceras del río Éufrates, y que la civilización, después del diluvio, se difundió desde algún punto central en Mesopotamia. Toda la historia auténtica confirma este punto de vista. Desde este centro, los descendientes de Sem se dispersaron hacia el oriente, a la tierra de Sinar, y hacia el sur, dentro de Mesopotamia. La familia camita viajó hacia el suroeste y se internó en África. La rama jafetita emigró hacia el noroeste y finalmente llegó a Europa. Sabemos por La Perla de Gran Precio que Egipto, la hija de Cam, se estableció con sus hijos en Egipto.
Las civilizaciones más antiguas, según nuestros historiadores, fueron fundadas en Egipto y en Mesopotamia. (The Progress of Man [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1964], 146.)
Orson F. Whitney Noé tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet, nombrados en el orden en que usualmente se mencionan. Sin embargo, Jafet era el mayor, y Cam el menor, de estos hermanos. Ellos se encontraban entre los ocho sobrevivientes del Diluvio; “y de ellos fue llena toda la tierra”. Jafet pobló Europa, Sem Asia, y Cam África. (Saturday Night Thoughts [Salt Lake City: Deseret News, 1921], 118.)
Génesis 10:2 — Los hijos de Jafet
Al enumerar a los hijos de Jafet, presenta más que un simple registro genealógico: introduce una visión doctrinal de la expansión ordenada de la humanidad bajo la dirección de Dios. Los nombres asociados a Jafet representan pueblos y naciones que se dispersarán ampliamente, especialmente hacia regiones distantes, cumpliendo el mandato divino de llenar la tierra. Este pasaje enseña que la diversidad de culturas, lenguas y territorios no contradice el plan de Dios, sino que forma parte de él. La descendencia de Jafet ilustra cómo el Señor permite que las naciones crezcan y se desarrollen según Su propósito, aun fuera de la línea inmediata del convenio, preparando el escenario para que, en el debido tiempo, esas naciones participen también de las bendiciones del plan redentor. Así, Génesis 10:2 afirma que la historia de los pueblos gentiles no es accidental ni ajena a Dios, sino integrada en Su diseño eterno para toda la familia humana.
“Al recorrer con la vista el catálogo de naciones en Génesis 10, tenemos poca dificultad en reconocerlas; y comenzando con el más joven, Jafet, encontramos entre los conocidos por el lector general a los Cymry de Gales y Bretaña (Gomer), los escitas (Magog), los medos (Madai), los griegos (jonios, Javán) y los tracios (Tiras). Entre sus descendientes, los germanos, celtas y armenios han sido rastreados hasta los tres hijos de Gomer.” (Alfred Edersheim, Old Testament Bible History, cap. 8)
“Tarsis pudo haber estado en España (Isaías 60:8–9); Pul y Lud probablemente se encontraban ambos en el norte de África (Génesis 10:6, 13; Jeremías 46:9; Ezequiel 30:5); Tubal probablemente estaba en Asia Menor, cerca del mar Negro (Ezequiel 32:26; 38:2; 39:1); y Javán es Grecia (Ezequiel 27:13).” (Donald W. Parry, Jay A. Parry y Tina M. Peterson, Understanding Isaiah [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1998], 592.)
Génesis 10:2–3 — Referencia temprana a Gog y Magog
Al enumerar a los descendientes de Jafet —entre ellos Magog, Mesec y Tubal— ofrece una referencia temprana y significativa a pueblos que más adelante adquirirán un peso profético, particularmente en las visiones de Gog y Magog. Aunque el pasaje es genealógico en su forma, doctrinalmente enseña que la historia humana y la profecía están entrelazadas desde el principio: los nombres y linajes no solo explican el origen de las naciones, sino que anticipan su papel futuro en el plan divino. Esta temprana mención sugiere que Dios conoce el fin desde el principio y que incluso los pueblos que llegarán a oponerse a Su obra están comprendidos dentro de Su soberanía. Así, Génesis 10:2–3 recuerda que los grandes conflictos de los últimos días no surgen de manera improvisada, sino que se desarrollan dentro de un marco histórico y profético previamente conocido por Dios, quien finalmente dirige la historia hacia el cumplimiento de Sus propósitos redentores.
Los nombres de los descendientes de Jafet se utilizan en la descripción que hace Ezequiel de la batalla de Gog y Magog. Gog es el príncipe o líder de la tierra de Magog, pero obsérvense los otros nombres mencionados junto con Gog:
“Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog, en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra él,
Y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal.
Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todos ellos vestidos de todo tipo de armadura, una gran multitud con escudos y paveses, todos ellos empuñando espadas.
Persia, Etiopía y Libia estarán con ellos, todos con escudo y yelmo.
Gomer y todas sus tropas; la casa de Togarmah, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo.
Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido contigo, y sé tú su guarda.”
(Ezequiel 38:2–7; los nombres de los descendientes de Jafet están en negrita)
Ezequiel parece estar refiriéndose a naciones de los últimos días por medio de sus primeros pobladores. Estas son las naciones que vendrán contra Israel en la batalla de Gog y Magog. De pronto, saber dónde se establecieron los descendientes de Jafet adquiere una gran importancia.
Mark E. Petersen. Noé y sus hijos tuvieron hijos después del diluvio, y estos a su vez se multiplicaron en la tierra y llegaron a ser numerosos. Es interesante notar los nombres de algunos de ellos. Entre los descendientes de Jafet se encuentran Gomer, Magog, Tubal, Mesec, Togarmah y Tarsis. Estos nombres son particularmente interesantes porque aparecen en las profecías de Ezequiel con respecto a la batalla de Armagedón. (Noah and the Flood [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1982], 75.)
Génesis 10:2–5 — Los hijos de Jafet
Se presenta a los hijos de Jafet como pueblos llamados a la expansión y a la diversidad, destacando que “de éstos se repartieron las islas de las naciones… conforme a su lengua, según sus familias, en sus naciones”. Doctrinalmente, el pasaje enseña que la multiplicación de pueblos, lenguas y territorios responde a un orden divino y no al azar: Dios gobierna la dispersión humana de manera organizada, preservando identidades familiares y culturales mientras se cumple el mandato de llenar la tierra. La descendencia de Jafet, asociada a regiones amplias y distantes, ilustra cómo el Señor permite el desarrollo de naciones fuera de la línea inmediata del convenio sin excluirlas de Su propósito eterno. Así, Génesis 10:2–5 afirma que la diversidad del mundo es parte del diseño de Dios y que la historia de las naciones gentiles se integra, desde sus orígenes, en el marco más amplio de Su plan redentor para toda la humanidad.
Génesis 10:2–5 presenta a los descendientes de Jafet como pueblos que se expanden ampliamente y se organizan en naciones, anticipando el desarrollo del mundo posterior al diluvio. El pasaje enumera nombres que representan linajes y regiones, y culmina declarando que “de éstos se repartieron las islas de las naciones en sus tierras, cada uno conforme a su lengua, según sus familias, en sus naciones”. Esta afirmación subraya que la diversidad geográfica, lingüística y cultural no surge por accidente, sino como parte del orden divino para poblar la tierra y cumplir el mandato de multiplicarse y llenarla.
Doctrinalmente, estos versículos enseñan que Dios obra a través de familias y generaciones reales para llevar adelante Su plan. La dispersión de los descendientes de Jafet muestra que la diversidad humana puede coexistir con un origen común y un propósito divino unificado. Génesis 10:2–5 recuerda que la historia de los pueblos está bajo la supervisión de Dios y que, aun en la multiplicidad de naciones y lenguas, la humanidad sigue formando parte de un mismo diseño eterno, preparado para interactuar, aprender y, finalmente, ser invitado a participar de las bendiciones del convenio.
Génesis 10:5 — “De éstos se repartieron las islas de los gentiles en sus tierras”
Al declarar que “de éstos se repartieron las islas de los gentiles en sus tierras”, ofrece una perspectiva doctrinal sobre la dispersión deliberada y ordenada de la humanidad después del diluvio. La expresión “islas” no debe entenderse de manera estrictamente geográfica según categorías modernas, sino como una forma antigua de describir tierras separadas por mares o rutas de navegación, es decir, regiones distantes alcanzadas por migración. Doctrinalmente, el versículo enseña que la expansión de los pueblos gentiles no fue accidental ni caótica, sino guiada por Dios conforme a lenguas, familias y naciones. Aunque estos pueblos no pertenecían inicialmente a la línea directa del convenio, su establecimiento en diversas tierras formaba parte del plan divino para poblar la tierra y preparar el escenario histórico para la futura extensión universal de las bendiciones del evangelio. Así, Génesis 10:5 afirma que Dios es Señor no solo del pueblo del convenio, sino también de las naciones gentiles, cuya historia y destino están incluidos desde el principio en Su propósito redentor.
Los autores de Génesis no tenían un mapa del mundo que mostrara los siete continentes como los conocemos hoy. Por lo tanto, cada vez que un grupo se embarcaba en una nave para llegar a su destino, ese destino era considerado “una isla del mar”. Observamos este mismo fenómeno en el Libro de Mormón, donde Nefi dice: “Hemos sido conducidos a una tierra mejor, porque el Señor ha hecho del mar nuestro camino, y estamos en una isla del mar. Pero grandes son las promesas del Señor para los que están sobre las islas del mar; por tanto, cuando dice islas, es necesario que haya más que ésta”. (2 Nefi 10:20–21).
Los descendientes de Jafet poblaron las naciones gentiles indoeuropeas después del Diluvio. Sus lugares de asentamiento no deben limitarse a “las islas” tal como las concebimos en la actualidad.
Génesis 10:5 — Los gentiles
Se introduce el término “gentiles” dentro de un marco doctrinal que explica el desarrollo del mundo posterior al diluvio. En este contexto, los gentiles representan a los pueblos que surgieron principalmente de la línea de Jafet y que se establecieron fuera de la herencia directa del convenio dado a Abraham. El pasaje enseña que estas naciones no quedaron fuera del conocimiento ni del control de Dios, sino que fueron organizadas y dispersadas conforme a tierras, lenguas, familias y naciones como parte de Su plan para llenar la tierra. Doctrinalmente, Génesis 10:5 afirma que la existencia de los gentiles no es una desviación del propósito divino, sino una etapa necesaria en la historia humana, mediante la cual Dios preparó el mundo para el contacto entre pueblos, la transmisión de conocimiento y, en el debido tiempo, la extensión de las bendiciones del convenio a todas las naciones.
“El término gentil ha sido usado de las siguientes maneras:
(1) para referirse a los descendientes de Jafet, hijo de Noé (Gén. 10:1–5);
(2) para identificar a aquellos que no descienden de Abraham (Abr. 3:1);
(3) para clasificar a aquellos que no descienden de Jacob (Jacob 4:1);
(4) para identificar a aquellos que no descienden de Judá; y
(5) para distinguir al ‘no mormón’.”
(Hoyt W. Brewster, Jr., Doctrine and Covenants Encyclopedia [Salt Lake City: Bookcraft, 1988], 207).
Joseph Fielding Smith. Con el nombre de gentil se designa a todos aquellos que no son israelitas y que están fuera del convenio hecho con Abraham, Isaac y Jacob. El término originalmente se aplicaba a los descendientes de Jafet. (Gén. 10:5). Se utiliza con frecuencia en las Escrituras para referirse a las naciones que no son de Israel. (The Way to Perfection [Salt Lake City: Genealogical Society of Utah, 1949], 141.)
Génesis 10:7 — Dedán
Al mencionar a Dedán entre los descendientes de Cus, sitúa este nombre dentro del desarrollo temprano de pueblos vinculados al comercio y a las rutas de intercambio del mundo antiguo. Doctrinalmente, Dedán representa cómo Dios permitió que ciertas naciones surgieran con funciones específicas dentro del entramado de la historia humana, en este caso como intermediarios culturales y económicos entre regiones distantes. La presencia de Dedán en la genealogía bíblica muestra que la expansión de los pueblos no solo tuvo fines territoriales, sino también relacionales: facilitar el contacto entre naciones, el flujo de bienes y el encuentro entre culturas. Así, Génesis 10:7 enseña que aun los pueblos que no pertenecen directamente a la línea del convenio desempeñan un papel significativo en el plan divino, contribuyendo al desarrollo del mundo y preparando, de maneras visibles e invisibles, el escenario para el cumplimiento más amplio de los propósitos de Dios entre todas las naciones.
“Dedán, que recibió su nombre de un hijo de Cus (Gén. 10:7), fue una ‘ciudad y un pueblo del noroeste de Arabia, famosos por su papel en el comercio de caravanas’.” (Donald W. Parry, Jay A. Parry y Tina M. Peterson, Understanding Isaiah [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1998], 192–193).
Génesis 10:8 — Nimrod… comenzó a ser poderoso en la tierra
Se presenta a Nimrod como una figura que encarna el surgimiento temprano del poder humano organizado en un mundo posterior al diluvio. Al decir que “comenzó a ser poderoso en la tierra”, la Escritura sugiere no solo fortaleza personal, sino el inicio de una autoridad que se impone por la fuerza, la ambición y la autosuficiencia. Doctrinalmente, Nimrod representa un contraste con el modelo de poder que Dios aprueba: mientras el Señor gobierna por convenio, justicia y obediencia voluntaria, Nimrod simboliza el poder que busca exaltarse a sí mismo y centralizar dominio sin referencia a Dios. Este versículo enseña que la grandeza ante los hombres no equivale a aprobación divina y que, desde los comienzos de la civilización, existe una tensión entre el reino de Dios y los sistemas humanos que procuran seguridad, identidad y control al margen de la dependencia del Señor.
El legado de Nimrod apenas se conserva en el relato de Génesis. Sin embargo, otros relatos hablan extensamente de este hombre poderoso, aunque inicuo.
“El primero entre los líderes de los hombres corruptos fue Nimrod. Su padre Cus se había casado con su madre en edad avanzada, y Nimrod, el fruto de esta unión tardía, le era particularmente querido como el hijo de su vejez. Cus le dio las vestiduras hechas de pieles con las cuales Dios había provisto a Adán y Eva cuando salieron del Paraíso. Cus mismo había llegado a poseerlas por medio de Cam. Desde Adán y Eva habían pasado a Enoc, y de él a Matusalén, y luego a Noé, quien se las llevó consigo al arca.
Cuando los ocupantes del arca estaban por salir de su refugio, Cam robó las vestiduras y las mantuvo ocultas, entregándolas finalmente a su primogénito Cus. Cus, a su vez, las escondió durante muchos años. Cuando su hijo Nimrod cumplió veinte años, se las dio. Estas vestiduras tenían una propiedad maravillosa: quien las vestía era invencible e irresistible. Las bestias y las aves del bosque caían ante Nimrod tan pronto como lo veían ataviado con ellas, y era igualmente victorioso en sus combates con los hombres.
La fuente de su fuerza inconquistable no era conocida por ellos. La atribuían a su destreza personal y, por lo tanto, lo nombraron rey sobre sí mismos. Esto ocurrió después de un conflicto entre los descendientes de Cus y los descendientes de Jafet, del cual Nimrod salió triunfante, habiendo derrotado por completo al enemigo con la ayuda de un pequeño grupo de guerreros. Eligió Sinar como su capital. Desde allí extendió su dominio cada vez más, hasta que por medio del engaño y la fuerza llegó a ser el único gobernante de todo el mundo. Fue el primer mortal en ejercer dominio universal, así como el noveno que poseerá ese mismo poder será el Mesías.
Su impiedad creció al mismo ritmo que su poder. Desde el diluvio no había habido un pecador como Nimrod. Fabricó ídolos de madera y piedra, y les rindió adoración. Pero no satisfecho con llevar una vida impía él mismo, hizo todo lo posible por inducir a sus súbditos a caminos malvados, en lo cual fue ayudado y alentado por su hijo Mardón. Este hijo suyo superó a su padre en iniquidad. Fue su tiempo y su vida lo que dio origen al proverbio: ‘De los impíos procede la impiedad’.
El gran éxito que acompañó todas las empresas de Nimrod produjo un efecto siniestro. Los hombres ya no confiaban en Dios, sino en su propia destreza y capacidad, actitud a la que Nimrod intentó convertir al mundo entero. Por ello se decía: ‘Desde la creación del mundo no ha habido otro como Nimrod, poderoso cazador de hombres y de bestias, y pecador delante de Dios’.
Y ni aun esto bastó para satisfacer el mal deseo de Nimrod. No contento con apartar a los hombres de Dios, hizo todo lo posible para que le rindieran honores divinos a él mismo. Se erigió como dios y se hizo un trono a imitación del trono de Dios. Era una torre construida de una roca redonda, y sobre ella colocó un trono de madera de cedro, sobre el cual se alzaban, uno sobre otro, cuatro tronos: de hierro, de cobre, de plata y de oro. Coronando todo, sobre el trono de oro, yacía una piedra preciosa, redonda y de tamaño gigantesco. Esta le servía de asiento, y mientras se sentaba sobre ella, todas las naciones venían y le rendían homenaje divino.” (Louis Ginzberg, The Legends of the Jews, 7 vols. [Philadelphia: Jewish Publication Society of America, 1909–1938], vol. 1, “Nimrod”).
Génesis 10:10–11 — Babilonia y Asiria
Introduce a Babilonia y Asiria como los primeros grandes centros de poder político y cultural surgidos después del diluvio, vinculados al reino de Nimrod. Doctrinalmente, estos versículos muestran cómo la organización humana puede avanzar rápidamente en sofisticación, urbanización y dominio territorial, pero no necesariamente en rectitud. Babel, Nínive y las ciudades asociadas representan el desarrollo de civilizaciones que buscaron seguridad, identidad y grandeza mediante la centralización del poder y la autosuficiencia, en contraste con el modelo divino basado en el convenio y la obediencia. Así, Génesis 10:10–11 enseña que el progreso material sin sumisión a Dios tiende a producir imperios que, aunque influyentes, se convierten en escenarios de orgullo, opresión y eventual juicio. Desde sus mismos orígenes, estas potencias anticipan una verdad doctrinal constante: las naciones se levantan y caen, pero solo aquello que se edifica conforme a la voluntad de Dios permanece y cumple un propósito eterno.
B. H. Roberts. Babilonia y Asiria: “Estos fueron los dos grandes imperios orientales ante los cuales cayeron todos los antiguos estados de Siria y Palestina. Conocemos su historia en parte por el relato bíblico, y también por monumentos contemporáneos escritos en caracteres cuneiformes y descifrados recientemente.
Babilonia, o Sinar (Gén. 10:10), es el país aluvial en el curso inferior de los ríos Éufrates y Tigris, del cual Babel o Babilonia fue la ciudad principal. Asiria, o Asur, ocupaba el valle del Tigris al norte de Babilonia. Su centro se hallaba en la margen izquierda del Tigris, donde se encontraba la gran ciudad de Nínive, frente a Mosul. Babilonia y Nínive fueron rivales durante largo tiempo, pero compartieron una civilización común, cuyo hogar original fue el aluvión del sur…” (Cambridge Bible Dictionary, p. 14). (B. H. Roberts, Seventy’s Course in Theology [Salt Lake City: Deseret News, 1907–1912], 3:48).
Génesis 10:14 — Caslujim (de los cuales procedieron los filisteos)
Al señalar que de Caslujim “procedieron los filisteos”, ofrece una clave doctrinal para comprender el origen de pueblos que más tarde desempeñarán un papel decisivo en la historia de Israel. Este breve apunte genealógico muestra que los conflictos posteriores no surgen de manera repentina, sino que están arraigados en procesos históricos largos y conocidos por Dios desde el principio. Doctrinalmente, el versículo enseña que la procedencia de una nación no determina automáticamente su rectitud o su destino final; más bien, cada pueblo actúa dentro de la esfera de su agencia. Los filisteos, aunque poderosos y culturalmente avanzados, se convirtieron en adversarios persistentes del pueblo del convenio, ilustrando cómo la fuerza y la organización humana, cuando no se someten a la voluntad de Dios, pueden convertirse en instrumentos de oposición. Así, Génesis 10:14 recuerda que la historia de las naciones está bajo la mirada divina y que el verdadero factor determinante no es el linaje ni el poder, sino la relación que cada pueblo establece con Dios y Sus propósitos.
Mark E. Petersen. Los enemigos más implacables de los israelitas fueron los filisteos. Según Génesis 10:14, eran descendientes de Cam por medio de Mizraim y Caslujim, “de los cuales procedieron los filisteos”.
Ocuparon la región costera de la Tierra Prometida al sur de Fenicia. El área comenzaba en lo que hoy es la región de Belén y se extendía hacia el sur hasta el Sinaí. Durante el reinado de David, los filisteos fueron confinados a una franja muy estrecha a lo largo de la costa.
Siendo combatientes encarnizados, afligieron cruelmente a Israel durante sus días de pecado y, por un tiempo, prácticamente esclavizaron a la raza escogida. (Joshua: Man of Faith [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1978], 30.)
Génesis 10:15 — Canaán engendró a Sidón, su primogénito
Al declarar que “Canaán engendró a Sidón, su primogénito”, introduce el origen de uno de los centros urbanos más influyentes del mundo antiguo y señala cómo los linajes familiares dieron forma a regiones, ciudades y culturas enteras. Doctrinalmente, este versículo muestra que las ciudades no surgen solo por conveniencia económica o geográfica, sino también como resultado de herencias, decisiones y trayectorias espirituales transmitidas de generación en generación. Sidón, como ciudad cananea prominente, llegaría a ejercer una fuerte influencia cultural y religiosa, no siempre alineada con la voluntad de Dios, lo que subraya que el desarrollo urbano y cultural puede convertirse tanto en un medio de progreso como en un foco de corrupción espiritual. Este pasaje enseña que la primogenitura implica responsabilidad y peso histórico, pues el primogénito frecuentemente establece patrones que otros seguirán. Génesis 10:15 recuerda así que los comienzos importan: las primeras decisiones, los primeros asentamientos y las primeras tradiciones pueden moldear el carácter espiritual de pueblos enteros. En el marco del plan divino, incluso ciudades que más tarde se asocian con idolatría y oposición al pueblo del convenio están incluidas en el registro sagrado, testificando que Dios gobierna la historia humana en su totalidad y llama a todas las naciones a rendir cuentas ante Él.
“La ciudad de Sidón fue fundada por Sidón, un nieto de Cam, y es la ciudad cananea más septentrional (Gén. 10:15–20), el hogar de Jezabel, hija de Et-baal, rey de Sidón, y la perversa esposa del rey Acab; ella introdujo la adoración a Baal en Israel (1 Reyes 16:31–33).”
(Mapa: Old Testament Stories: Part One, LDS Church News, 1994, 01/01/94.)
Génesis 10:15 — Het
Al mencionar a Het como uno de los hijos de Canaán, sitúa el origen de los heteos dentro del marco más amplio de la historia sagrada y del desarrollo de los pueblos de la tierra prometida. Doctrinalmente, este versículo muestra que incluso las naciones que más tarde aparecen como pueblos establecidos y reconocidos en los relatos patriarcales tienen raíces antiguas conocidas por Dios desde el principio. Los descendientes de Het llegarían a formar parte del entorno social y legal en el que vivieron Abraham y sus descendientes, recordando que el pueblo del convenio no existió aislado, sino que interactuó con otras culturas y sociedades bajo la providencia divina. Este pasaje enseña que Dios obra Su plan en medio de pueblos diversos, usando contextos históricos reales para llevar a cabo Sus promesas. Génesis 10:15 recuerda que el linaje, la tierra y la historia están entrelazados en el desarrollo del plan de salvación, y que aun aquellos pueblos que no forman parte directa del convenio desempeñan un papel en la preparación del escenario donde Dios revela Su voluntad. Así, la mención de Het subraya que la historia humana, en toda su complejidad, está contenida dentro del conocimiento y propósito eterno de Dios.
Mark E. Petersen En la época de Abraham, los descendientes de Het vivían cerca de Hebrón; fue de uno de ellos que Abraham compró la cueva de Macpela como sepulcro para su esposa Sara (Gén. 23). (Joshua: Man of Faith [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1978], 26.)
Génesis 10:16–18 — El jebuseo, el amorreo, el gergeseo y el heveo
Al enumerar a pueblos como el jebuseo, el amorreo, el gergeseo y el heveo, sitúa a las naciones cananeas dentro del desarrollo temprano de la tierra que más tarde sería escenario central del convenio. Doctrinalmente, este pasaje enseña que Dios permite que pueblos diversos se establezcan y prosperen por un tiempo, aun cuando sus prácticas se aparten de la justicia, y que Su plan se despliega con paciencia y propósito a lo largo de generaciones. Estas naciones llegarían a ser adversarias persistentes de Israel, no por su origen, sino por su rechazo prolongado de la luz y su inclinación hacia la idolatría. Así, Génesis 10:16–18 recuerda que la posesión de la tierra y la permanencia de una nación no dependen únicamente del asentamiento o del poder, sino de la fidelidad a Dios. El pasaje afirma que la historia de los pueblos está sujeta a una ley moral divina y que, en última instancia, la justicia y el cumplimiento del convenio determinan el curso y el destino de las naciones.
Las naciones cananeas enumeradas en estos versículos fueron especialmente importantes para los escribas bíblicos que redactaron este relato. Enemigos perpetuos de los israelitas, estas naciones eran impías e idólatras. Cuando Josué introdujo a los hijos de Israel en la tierra de Canaán, los israelitas las destruyeron y despojaron conforme a la promesa del Señor hecha a Moisés:
“He aquí, yo envío un ángel delante de ti, y él echará fuera al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo; a una tierra que fluye leche y miel.” (Éxodo 33:2–3; véase también Números 32:29; Josué 3:10; 9:1; 11:3.)
Génesis 10:21 — Todos los hijos de Heber
Al referirse a “todos los hijos de Heber”, introduce un linaje con profundo significado doctrinal dentro de la historia sagrada, pues de Heber surgirá más adelante la identidad hebrea asociada con Abraham y el pueblo del convenio. Este versículo muestra que Dios obra Su plan a través de líneas familiares específicas, preservando una herencia espiritual en medio de la dispersión de las naciones. Doctrinalmente, “los hijos de Heber” representan un pueblo definido no solo por sangre, sino por llamamiento y destino, apartado para recibir revelación, convenios y promesas que bendecirían a toda la humanidad. Génesis 10:21 enseña así que, aun cuando la tierra se llena de pueblos diversos, Dios prepara silenciosamente una línea mediante la cual hará conocer Su nombre, manifestando que Su plan redentor avanza de manera deliberada, generacional y fiel, conforme a Su propósito eterno.
Bruce R. McConkie. Se proponen dos postulados respecto al origen del nombre hebreo: uno, que se deriva de eber, “más allá, al otro lado”, siendo Abraham y su posteridad así llamados para distinguirlos de las razas que vivían al otro lado del río Éufrates; el otro, que el término abarca a los descendientes de Heber, uno de los antepasados de Abraham (Gén. 10:24).
Abraham y José fueron llamados hebreos (Gén. 39:14–18), y luego, durante toda la era precristiana, toda la casa de Israel, incluidos los miembros de todas las tribus, recibió esa designación. (Mormon Doctrine, 2.ª ed. [Salt Lake City: Bookcraft, 1966], 348.)
Russell M. Nelson ¿Eres hebreo? Sí, según la definición de las Escrituras. Estás relacionado con Abraham, quien fue descendiente del gran Heber, de quien se derivó el término hebreo. (Perfection Pending, and Other Favorite Discourses [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1998], 206–207.)
Génesis 10:25 — Peleg… “porque en sus días fue dividida la tierra”
Al explicar que Peleg recibió su nombre “porque en sus días fue dividida la tierra”, señala un momento decisivo en la historia del mundo posterior al diluvio y subraya que los grandes cambios de la creación ocurren bajo la dirección de Dios. Doctrinalmente, esta división no se presenta como un accidente ni como mero resultado humano, sino como parte del orden divino que regula tanto la tierra como a sus habitantes. El versículo enseña que Dios gobierna no solo los destinos espirituales, sino también los procesos históricos y físicos del mundo, ajustándolos conforme a Su plan. Así, la mención de Peleg recuerda que la historia humana avanza en etapas determinadas por el Señor, y que aun los cambios más profundos en la faz de la tierra sirven a un propósito mayor dentro del plan eterno, preparando el escenario para la dispersión de los pueblos y el cumplimiento continuo de los designios divinos para la humanidad.
“Parece que la tierra, cuando fue creada, era una sola masa de tierra y un solo océano (véase Moisés 2:9–10), pero posteriormente la tierra fue dividida en continentes e islas, lo cual, por supuesto, también dividió el océano. En Génesis 10:25 se hace referencia a una época en la que la tierra fue dividida, como en continentes. Tal concepto recibe apoyo de la revelación de los últimos días registrada en Doctrina y Convenios 133:24, la cual habla de un tiempo aún futuro cuando ‘la tierra será como era en los días antes de que fuese dividida’. Esto parece referirse a la masa terrestre, no a los pueblos ni a las culturas. Cuánto tiempo duró o de qué manera ocurrió tal acontecimiento no profeso saberlo, pero la idea es coherente con la ley y el plan de la restauración (véase también la Traducción de José Smith de Apocalipsis 6:14).” (Robert J. Matthews, Selected Writings of Robert J. Matthews: Gospel Scholars Series [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1999], 397.)
Joseph Fielding Smith. Después del diluvio, en los días de Peleg, la tierra fue dividida (véase Gén. 10:25), una historia breve, ciertamente, para un acontecimiento tan grande; pero aun así explica la poderosa revolución que desplazó el mar de su lugar original en el norte y lo hizo interponerse entre distintas porciones de la tierra, que así fueron separadas y movidas hasta quedar en algo cercano a su forma actual. Esto, junto con los terremotos, revoluciones y conmociones que han ocurrido desde entonces, ha contribuido a reducir la faz de la tierra a su estado presente; mientras que las grandes maldiciones que han caído sobre diferentes regiones, debido a la iniquidad de los hombres, explican los pantanos estancados, los lagos hundidos, los mares muertos y los grandes desiertos. (Man, His Origin and Destiny [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954], 385.)
Joseph Fielding Smith. La idea prevaleciente es que la división de la tierra en los días de Peleg fue una división política entre los pueblos, pero a partir de esta palabra del Señor obtenemos la idea de que la tierra misma fue dividida y que, cuando Cristo venga, será nuevamente restaurada físicamente a las mismas condiciones que existían antes de esa división. El mar será impulsado de regreso hacia el norte. La tierra será restaurada tal como fue originalmente, y las tierras de Sion (América) y Jerusalén (Palestina y toda la tierra que le pertenece) serán restauradas a su propio lugar tal como estaban al principio. El Salvador estará en medio de Su pueblo y reinará sobre toda carne. Hemos descubierto en nuestro estudio que los malvados, o todas las cosas corruptibles (D. y C. 101:23–25), serán consumidos y, por lo tanto, no se les permitirá estar sobre la tierra cuando llegue ese tiempo. (Church History and Modern Revelation, 4 vols. [Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1946–1949], 2:35.)
John Taylor. En los días de Peleg, el Señor dividió la tierra; de ahí surgieron el hemisferio oriental y el occidental, pensando sin duda que, al hacerlo, tendría una mejor oportunidad de preservar a parte de la familia humana de descender a la perdición. Sin embargo, el diablo aún halló fácil acceso al corazón de las personas en general, y muchos se corrompieron tanto que Dios tuvo que destruirlos. Pero antes de permitir que Su justicia los alcanzara, salvó para Sí cierta buena semilla y la plantó en diferentes partes de Su viña. (Unlocking the Old Testament [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1981], 11.)
Génesis 10:25 — “El nombre de su hermano fue Joctán”
Al añadir que “el nombre de su hermano fue Joctán”, introduce un contraste silencioso pero significativo dentro de la genealogía de Sem. Mientras Peleg es recordado por un acontecimiento que afectó a toda la tierra, Joctán es presentado como el antepasado de pueblos que se expandirán ampliamente, especialmente en regiones del sur. Doctrinalmente, este detalle enseña que el plan de Dios avanza por vías múltiples y simultáneas: algunos linajes quedan asociados a acontecimientos decisivos y visibles, mientras que otros cumplen su papel mediante la multiplicación, el asentamiento y la influencia cultural a lo largo del tiempo. Génesis 10:25 recuerda así que no todos los propósitos divinos se manifiestan de la misma manera, pero todos están incluidos en el diseño eterno de Dios, quien obra tanto en los grandes giros de la historia como en la expansión silenciosa de pueblos y generaciones conforme a Su voluntad.
“Los árabes más antiguos, según la Biblia, fueron los descendientes de Joctán, quien vivió cinco generaciones después del diluvio. Los joctanitas habitaban las regiones fértiles del sur de Arabia y eran los ‘árabes que estaban cerca de los etíopes’. Eran comerciantes, y algunos de ellos, en años posteriores, incluso cruzaron el mar Rojo para establecerse en Etiopía. Uno de los hijos de Joctán fue Seba, antepasado de la reina de Sabá que visitó a Salomón.
Las tribus árabes del norte, en su mayor parte, descendían de Abraham por medio de Ismael, hijo de su esposa egipcia Agar. Sus descendientes habitaron la región costera del occidente de Arabia.” (John Tvedtnes, “Who Is an Arab?”, Ensign, abril de 1974, 27).
























