Génesis

Génesis 19


Introducción: Lot, el sobrino de Abraham

“Lot es, en muchos sentidos, el hombre promedio. Tiene destellos de grandeza y momentos de valor, pero con demasiada frecuencia está sujeto a las atracciones de la comodidad y el placer. Estas, al final, provocan su caída.

“Aparece por primera vez en el texto cuando decide dejar la seguridad de Harán para seguir a Abraham hacia un futuro incierto. Aparentemente es un hombre de cierta convicción e iniciativa. Pero más tarde, probablemente atraído por la opulencia de Sodoma, elige esa ciudad como su hogar, a pesar de su condición degradada…

“De Sodoma se escribe que estaba bien regada por todas partes [Gén. 13:10]; poseía todos los lujos del mundo, y sus habitantes no estaban dispuestos a compartirlos con otros.”
(Torah, A Modern Commentary, W. Gunther Plaut [Nueva York: Jewish Publication Society, 1981], 134–135)

JST Génesis 19:1–3. — “Y vinieron tres ángeles a Sodoma al atardecer; y Lot… les hizo un banquete”

La llegada de los tres ángeles a Sodoma al atardecer y la respuesta inmediata de Lot al recibirlos con respeto y ofrecerles un banquete establece un contraste doctrinal poderoso entre hospitalidad justa en medio de una sociedad corrupta y la peligrosa ilusión de coexistir con el mal sin ser afectado por él. La Traducción de José Smith aclara que estos mensajeros son los mismos que habían visitado previamente a Abraham, lo que subraya la continuidad del propósito divino y la responsabilidad individual ante la revelación recibida: tanto Abraham como Lot reconocen autoridad divina en los mensajeros y actúan con reverencia, pero sus contextos y decisiones posteriores difieren marcadamente. Lot aún conserva suficiente rectitud para honrar a los siervos de Dios, protegerlos y servirlos, lo que demuestra que la luz puede persistir incluso en ambientes de profunda oscuridad; sin embargo, el hecho de que viva “a la puerta de Sodoma” revela una fe que ha aprendido a negociar con el entorno en lugar de separarse de él. Doctrinalmente, este pasaje enseña que la cortesía, la hospitalidad y el respeto por lo sagrado siguen siendo virtudes esenciales, pero también advierte que no basta con reconocer a los mensajeros del Señor si se insiste en permanecer espiritualmente en Sodoma. La escena del banquete al atardecer simboliza un último momento de elección: Lot aún puede actuar como un hombre justo, pero la noche que cae sobre Sodoma anticipa que la neutralidad espiritual es insostenible. Así, el relato prepara al lector para comprender que la salvación de Lot no proviene de su entorno ni de su prudencia social, sino de su disposición —aunque imperfecta— a responder a la voz del Señor cuando esta finalmente le ordene salir sin demora.

La Traducción de José Smith deja claro que los ángeles que visitan a Lot son los mismos tres mensajeros que visitaron a su tío Abraham (Gén. 18). Tanto Abraham como Lot trataron a los mensajeros con gran respeto. Ambos parecían reconocer autoridad o divinidad en sus semblantes.

Pero Lot escogió vivir junto a una ciudad malvada. ¿No es justo preguntar: “¿Qué está haciendo Lot sentado a la puerta de una ciudad así?” Eligió sentarse a la puerta de Sodoma como si pudiera sentarse al borde de un precipicio sin riesgo de caer. Sentarse a la puerta de Sodoma no es muy diferente de tener un pie en Sion y el otro en Babilonia. No se puede servir a dos señores. No se puede tener lo mejor de ambos mundos. No se puede darse palmadas en la espalda por la supuesta mentalidad abierta al asociarse con la maldad y fingir que uno está por encima de ser influenciado. El élder Neal A. Maxwell advirtió acerca de santos que aman vivir en Sion, pero mantienen una “casa de verano en Babilonia”.. (A Wonderful Flood of Light, 47)

J. Richard Clarke. “Esos miembros… quieren caminar por la cuerda floja, con un pie en el reino y el otro en la Babilonia espiritual. Quienes así comprometen sus principios quieren jugar en ambos equipos al mismo tiempo —el del Señor y el de Satanás— como si dijeran: ‘Quiero esperar a ver qué lado va ganando antes de declararme’.” (“Hold Up Your Light”, Ensign, mayo de 1985, 74)

Génesis 19:4–5. — “los hombres de Sodoma rodearon la casa… todo el pueblo desde todos los confines”

Cuando “los hombres de Sodoma rodearon la casa… todo el pueblo desde todos los confines”, el texto presenta una imagen doctrinalmente inquietante de una sociedad completamente corrompida, donde el pecado ya no es individual ni secreto, sino colectivo, público y agresivo. La expresión hiperbólica “todo el pueblo” no busca tanto precisión estadística como transmitir que la maldad había permeado todas las capas sociales, eliminando cualquier freno moral interno. Doctrinalmente, este pasaje enseña que cuando una cultura normaliza el pecado, la conciencia se silencia y la violencia moral se vuelve multitudinaria: la turba no solo desea cometer un acto inmoral, sino imponerlo por la fuerza, revelando cómo el pecado, cuando no se restringe, degenera inevitablemente en coerción y deshumanización. La escena contrasta dramáticamente con la hospitalidad justa de Lot en los versículos previos y muestra que Sodoma había pasado el punto de la corrección individual; ya no quedaban “justos ocultos” capaces de contener la maldad social. Así, el “clamor” que había ascendido a Dios no era meramente por pecados privados, sino por una estructura social enteramente entregada a la rebelión, donde la multitud sustituye a la conciencia y la perversión reclama legitimidad por número. El pasaje advierte que cuando una sociedad pierde la capacidad de proteger lo sagrado y lo vulnerable, su destrucción no es arbitraria, sino la consecuencia inevitable de haber eliminado toda barrera moral que permitiera la misericordia continua.

A menudo hay exageración en la literatura, y la Biblia no es una excepción. Después de todo, un poco de hipérbole nunca ha hecho daño a nadie. ¿Realmente “todo el pueblo desde todos los confines” rodeó la casa de Lot? Tal vez no, pero lo impresionante es la sugerencia de una multitud muy grande que se reunió desde toda la ciudad.

¿Qué tipo de psicología de masas justifica sodomizar a los visitantes? ¿Se había convertido la violación colectiva homosexual de viajeros cansados en algo normal en Sodoma? La maldad de este relato requiere tiempo para ser asimilada. La mayoría de los santos de los últimos días no puede identificarse con este grado de depravación. Se necesita tiempo para meditar en el poder de Satanás a fin de comprender tal maldad. Hace falta un tiempo para que realmente cale en la mente.

“El término ‘sodomía’ se deriva de este pasaje (Gén. 19:4–8). Está ampliamente aceptado que la severidad del juicio de Dios sobre Sodoma tuvo que ver con la prevalencia de la homosexualidad allí. Esta opinión es disputada por algunos, en particular por algunos homosexuales religiosos. La oferta de Lot de entregar a sus hijas vírgenes (vv. 7–8) probablemente indica un ambiente generalizado de pecado sexual. No obstante, Dios ya había declarado que el pecado de Sodoma era ‘gravísimo’ (18:20), y la homosexualidad es el pecado que el texto destaca (v. 5). Pablo también deja claro que una parte trágica de la espiral descendente de la rebelión pecaminosa de la humanidad contra Dios, que provoca Su ira, es la conducta homosexual (Rom. 1:26–27).” (The Apologetics Study Bible, T. Cabal [Nashville: Holman Bible Publishers, 2007], 33)

Josefo. “Dios estaba muy disgustado por su conducta insolente, de modo que hirió a aquellos hombres con ceguera y condenó a los sodomitas a una destrucción total.” (Josefo, La guerra de los judíos, Libro I, 11:4)

Génesis 19:8. — “He aquí ahora, yo tengo dos hijas que no han conocido varón”

Cuando Lot dice: “He aquí ahora, yo tengo dos hijas que no han conocido varón”, el texto nos enfrenta a uno de los momentos más perturbadores y doctrinalmente desafiantes del Antiguo Testamento, precisamente porque no presenta una aprobación divina explícita ni una condena inmediata, sino que deja al lector sentir el peso moral de una decisión humana tomada bajo extrema presión. Doctrinalmente, este pasaje no enseña que Lot actuara con rectitud en esa propuesta, sino que revela hasta qué punto vivir en un entorno profundamente corrompido distorsiona el juicio moral, aun en personas que desean hacer lo correcto. Lot intenta proteger a sus huéspedes —una obligación sagrada en la cultura antigua—, pero lo hace mediante una alternativa moralmente inaceptable, lo que muestra que la rectitud parcial no inmuniza contra decisiones gravemente erróneas cuando se tolera la cercanía prolongada con el mal. El silencio del texto no es aprobación, sino una invitación a discernir: Dios no necesita justificar cada acción de quienes preserva temporalmente; la salvación de Lot ocurre a pesar de sus fallas, no a causa de ellas. Así, el pasaje enseña que el Señor puede rescatar a personas imperfectas sin validar sus decisiones, y advierte que cuando uno permanece espiritualmente en Sodoma, incluso las buenas intenciones pueden terminar produciendo propuestas moralmente indefendibles. El relato subraya que la protección divina no equivale a perfección moral, y que la verdadera seguridad espiritual no se encuentra en negociar con el pecado, sino en apartarse de él antes de que nuble por completo el discernimiento.

Es difícil sentir respeto alguno por Lot si siquiera pudo considerar arrojar a sus hijas en manos de una turba enloquecida por la violación. A menudo, en los relatos del Antiguo Testamento, ocurren cosas extravagantes e increíbles sin ningún comentario explícito sobre lo que está bien o mal. De hecho, “tal trato hacia las hijas habría sido aborrecible para la moral hebrea” (The Interpreter’s Bible, ed. por G. A. Buttrick et al. [Nueva York: Abingdon Press, 1952], vol. 1, págs. 627–628). Algunos han explicado el comportamiento de Lot de la siguiente manera:

“Él [Lot] se había colocado en una situación de la cual no había una salida decente frente a la crisis que lo había atrapado. Todo lo que pudo pensar fue en la desesperada y vergonzosa alternativa de sacrificar a sus propias hijas.” (The Interpreter’s Bible, 627–628)

Con los grandes compiladores del Libro de Mormón, el lector siempre recibe ayuda para emitir juicios correctos sobre lo que es bueno y lo que es malo. No ocurre lo mismo en el Antiguo Testamento. Así, nos quedamos sin comentario alguno sobre este increíble defecto de carácter de Lot —a menos que prefiramos la Traducción de José Smith, que dice: “Déjame, te ruego, suplicar a mis hermanos, para que no los saque a vosotros” (JST Gén. 19:13). Aunque Lot tomó algunas malas decisiones, es difícil creer que fuera tan perverso como para arrojar a sus propias hijas vírgenes a la calle para enfrentar un destino peor que la muerte.

Génesis 19:9. — “Y arremetieron violentamente contra el hombre, esto es, contra Lot, y se acercaron para romper la puerta”

Cuando el texto declara que los hombres de Sodoma “arremetieron violentamente contra el hombre, esto es, contra Lot, y se acercaron para romper la puerta”, se revela doctrinalmente el punto de no retorno de una sociedad en rebelión abierta contra Dios. La violencia ya no se dirige solo hacia el pecado deseado, sino contra el justo que intenta resistirlo, mostrando que cuando la maldad se normaliza, la rectitud deja de ser tolerada y pasa a ser atacada. Lot, que hasta ese momento había intentado coexistir con Sodoma, descubre abruptamente que no existe un terreno neutral: el pecado colectivo no acepta límites, y cuando alguien se interpone, la multitud responde con furia. La “puerta” que están a punto de romper simboliza la última barrera moral y espiritual entre la casa protegida por Dios y el caos exterior; una vez que esa puerta cae, la violencia deja de ser solo moral y se convierte en destructiva. Doctrinalmente, este pasaje enseña que el pecado, cuando es confrontado, se vuelve agresivo, y que las sociedades que rechazan la corrección inevitablemente persiguen a quienes aún intentan preservar lo sagrado. También muestra la misericordia de Dios al intervenir antes de que la violencia triunfe por completo: la salvación de Lot no ocurre porque él tenga control sobre la situación, sino porque el Señor no permite que el mal cruce ciertos límites sin intervenir. Así, el versículo advierte que permanecer demasiado tiempo “a la puerta de Sodoma” no solo es peligroso, sino que finalmente expone al justo a la hostilidad directa de un mundo que ya no distingue entre lo que es digno de proteger y lo que debe ser destruido.

Orson Hyde. “Recuerdo que una vez, en cierto lugar de Inglaterra, viajando junto con el hermano [Heber C.] Kimball, fue en un pueblo del campo llamado Chatburn, donde la gente era humilde, sencilla y honesta; amaban la verdad y la estaban buscando. Cuando llegamos allí, sus corazones y sus puertas se abrieron para recibirnos a nosotros y a nuestro mensaje…

“Hemos estado en otros lugares donde, en el mismo momento en que se pronunciaban nuestros nombres y se sabía que estábamos en una casa, se manifestaba un espíritu similar al que existía en los días de Lot, cuando el ángel vino a su casa para advertirle que huyera de Sodoma; pues de inmediato se levantaba una turba y exigía que los extranjeros les fueran entregados. Hemos estado en lugares donde la multitud exigía que se nos entregara; pero fuimos protegidos por amigos, y Dios siempre abrió una vía de escape para nosotros.” (Journal of Discourses, 1:126)

Génesis 19:13. — “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha crecido delante del rostro de Jehová”

Cuando los mensajeros declaran: “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha crecido delante del rostro de Jehová”, el texto revela una doctrina fundamental sobre la justicia divina y los límites de la misericordia prolongada. El “clamor” no alude a un pecado aislado ni a una debilidad humana común, sino a una acumulación persistente y estructural de maldad que ha alcanzado tal intensidad que ya no puede ser contenida sin negar la justicia de Dios. Doctrinalmente, este lenguaje indica que Dios no actúa con precipitación: escucha, observa, permite tiempo para el arrepentimiento y responde solo cuando la maldad se ha institucionalizado y ha comenzado a destruir a otros, especialmente a los inocentes. La destrucción anunciada no es un arrebato divino, sino un acto judicial, una respuesta proporcional a una sociedad que ha rechazado toda corrección y ha convertido el pecado en norma colectiva. El hecho de que el clamor “suba” delante del rostro de Jehová enseña que Dios es profundamente consciente del sufrimiento causado por el pecado social, aun cuando este se normaliza culturalmente. Así, este versículo afirma que la paciencia divina no es indiferencia, que la misericordia no cancela la justicia, y que cuando una comunidad llega al punto en que su maldad clama por intervención, la destrucción no es señal de abandono, sino la última afirmación del orden moral del universo.

¿Por qué fueron destruidas Sodoma y Gomorra? ¿Cuál fue la ofensa que ascendió hasta Dios? ¿Es siquiera necesario hacer esta pregunta? ¿Fue la homosexualidad? ¿Fue la violación homosexual? ¿O quizá fue simplemente porque fueron tan inhóspitos con los mensajeros de Dios?

Un comentarista judío observó “que los sodomitas eran inhóspitos y que estaban acostumbrados a alguna forma o formas de desviación sexual. Pero aunque las prácticas sexuales desviadas son condenadas enérgicamente en la Torá (Lev. 18), la tradición judía enfatiza las aberraciones sociales más que las sexuales como la razón de la destrucción de las ciudades” (Torah, A Modern Commentary, W. Gunther Plaut [Nueva York: Jewish Publication Society, 1981], 133; cursivas añadidas). Bien, ¿no es esto interesante? Algunos quisieran hacernos creer que ser inhóspito es un pecado mayor que la perversión homosexual y la violación.

El gran debate de nuestra época gira en torno a la legitimidad de la homosexualidad como institución matrimonial. Los santos de los últimos días han permanecido firmes en este tema. Otros leen la Biblia de manera diferente a la nuestra y justifican la homosexualidad a pesar de la palabra de Dios.

“Diecinueve teólogos de diferentes trasfondos fueron consultados con estas dos preguntas:

  1. En su opinión, ¿considera Dios la homosexualidad como pecado?
  2. En su opinión, ¿se oponen las Escrituras a la homosexualidad?”

Rev. Dr. William R. Stayton. (Bautista — ministro, sexólogo certificado, profesor asociado de comportamiento psiquiátrico y humano, miembro del cuerpo docente del departamento de estudios religiosos de posgrado de la Universidad LaSalle, con maestría en divinidad de Andover Newton Theological School y doctorado en psicología de la Universidad de Boston):

P1: ¡Absolutamente no! No hay nada en la Biblia ni en mi propia teología que me lleve a creer que Dios considera la homosexualidad como pecado. Dios está interesado en nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás, con las cosas de nuestra vida y con Dios (Mateo 23:36–40). No hay nada en la mente de Dios que pueda estar en contra de una relación sexual amorosa, libremente aceptada, sin coerción, entre adultos sinceros, ya sean homosexuales, bisexuales o heterosexuales.

P2: No hay nada en la Biblia respecto a la orientación homosexual. De hecho, la Biblia no se ocupa de la orientación sexual. Sí habla, probablemente, contra la violación en grupo, la prostitución masculina con fines religiosos y la pederastia (relaciones sexuales entre un adulto y un joven). Dirijo programas de estudio bíblico sobre este tema y estoy convencido de que la Biblia no aborda la cuestión de la orientación sexual de una persona.

Obispo John S. Spong. (Episcopal — obispo, el miembro más publicado de la Cámara Episcopal de Obispos, autor de 11 libros y 50 artículos publicados, graduado Phi Beta Kappa de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, con maestría en divinidad y doctorado honorario en divinidad del Seminario Teológico Episcopal Protestante, y doctorado honorario en divinidad del St. Paul’s College):

P1: Algunos argumentan que, dado que el comportamiento homosexual es “antinatural”, es contrario al orden de la creación. Detrás de esta afirmación hay definiciones estereotipadas de masculinidad y feminidad que reflejan categorías rígidas de género propias de una sociedad patriarcal. No hay nada antinatural en el amor compartido, incluso entre personas del mismo género, si esa experiencia llama a ambos compañeros a un estado más pleno de existencia. La investigación contemporánea está descubriendo nuevos hechos que están produciendo una convicción creciente de que la homosexualidad, lejos de ser una enfermedad, pecado, perversión o acto antinatural, es para algunas personas una forma saludable, natural y afirmadora de la sexualidad humana. Los hallazgos indican que la homosexualidad es un hecho dado en la naturaleza de una porción significativa de las personas, y que es inmutable.

Nuestro prejuicio rechaza a personas o cosas que están fuera de nuestra comprensión. Pero el Dios de la creación habla y declara: “He mirado todo lo que he hecho, y he aquí que es muy bueno” (Génesis 1:31). La palabra de Dios en Cristo dice que somos amados, valorados, redimidos y considerados preciosos, sin importar cómo podamos ser valorados por un mundo prejuicioso.

P2: Hay pocas referencias bíblicas a la homosexualidad. La primera, la historia de Sodoma y Gomorra, suele citarse para probar que la Biblia condena la homosexualidad. Pero el verdadero pecado de Sodoma fue la falta de disposición de los hombres de la ciudad para observar las leyes de la hospitalidad. La intención era insultar al extranjero obligándolo a asumir el papel femenino en el acto sexual. El relato bíblico aprueba la oferta de Lot de sus hijas vírgenes para satisfacer las demandas sexuales de la turba. ¿Cuántos dirían: “Esta es la palabra del Señor”? Cuando la Biblia se cita literalmente, quizá convenga que quien la cita lea el texto en su totalidad.

Levítico, en las Escrituras hebreas, condena el comportamiento homosexual, al menos entre varones. Sin embargo, “abominación”, la palabra que usa Levítico para describir la homosexualidad, es la misma palabra que se usa para describir a una mujer menstruante. Pablo es la fuente más citada en la batalla para condenar la homosexualidad (1 Corintios 6:9–11 y Romanos 1:26–27). Pero Pablo consideraba la actividad homosexual como un castigo impuesto por Dios a los idólatras debido a su infidelidad. La homosexualidad no era el pecado, sino el castigo. (ENLACE)

Spencer W. Kimball. “El hecho de que algunos gobiernos y algunas iglesias, y numerosos individuos corrompidos, hayan tratado de reducir tal conducta de delito criminal a privilegio personal no cambia la naturaleza ni la gravedad de la práctica. Hombres buenos, hombres sabios, hombres temerosos de Dios en todas partes todavía denuncian la práctica como indigna de los hijos y las hijas de Dios; y la Iglesia de Cristo la denuncia y la condena mientras los hombres y las mujeres tengan cuerpos que puedan ser profanados.” (Conference Report, octubre de 1980, “President Kimball Speaks Out on Morality”)

Gordon B. Hinckley. “Hay quienes quisieran hacernos creer en la validez de lo que ellos eligen llamar matrimonio entre personas del mismo sexo. Nuestros corazones se extienden hacia quienes luchan con sentimientos de afinidad por el mismo género. Os recordamos delante del Señor, simpatizamos con vosotros, y os consideramos nuestros hermanos y nuestras hermanas. Sin embargo, no podemos aprobar prácticas inmorales de vuestra parte, del mismo modo que no podemos aprobar prácticas inmorales de parte de otros.” (Conference Report, octubre de 1995, “Stand Strong Against the Wiles of the World”)

Boyd K. Packer. “En algunos pocos existe la tentación que parece casi irresistible de que el hombre se sienta atraído por el hombre, o la mujer por la mujer. Las Escrituras condenan claramente a los que ‘deshonran entre sí sus propios cuerpos…; hombres con hombres cometiendo lo que es indecente’ (Rom. 1:24, 27) o a las ‘mujeres [que] cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza’ (Rom. 1:26)…

Se ejerce presión sobre los cuerpos legislativos para legalizar conductas antinaturales. Jamás podrán hacer correcto aquello que está prohibido en las leyes de Dios (véase Lev. 18:22; 1 Cor. 6:9; 1 Tim. 1:9–10).

A veces se nos pregunta por qué no reconocemos esta conducta como un estilo de vida diverso y aceptable. No podemos hacerlo. Nosotros no hicimos las leyes; fueron hechas en el cielo ‘antes de la fundación del mundo’ (DyC 132:5; DyC 124:41; véase también Alma 22:13). Somos solo siervos.

Al igual que los profetas en la antigüedad, hemos sido ‘consagrados sacerdotes y maestros de este pueblo… [responsables de] engrandecer nuestro llamamiento ante el Señor, tomando sobre nosotros la responsabilidad, respondiendo por los pecados del pueblo sobre nuestras propias cabezas si no les enseñáramos la palabra de Dios con toda diligencia’ (Jacob 1:18–19).

Entendemos por qué algunos sienten que los rechazamos. Eso no es cierto. No los rechazamos a ustedes, sino la conducta inmoral. No podemos rechazarlos, porque ustedes son hijos e hijas de Dios. No los rechazaremos, porque los amamos (véase Heb. 12:6–9; Rom. 3:19; Hel. 15:3; DyC 95:1).

Puede que incluso sientan que no los amamos. Eso tampoco es cierto. Los padres saben —y un día ustedes lo sabrán— que hay ocasiones en que los padres y quienes dirigimos la Iglesia debemos extender un amor firme, cuando no enseñar, no advertir y no disciplinar equivale a destruir.

Nosotros no hicimos las reglas; fueron reveladas como mandamientos. No causamos ni podemos impedir las consecuencias si se desobedecen las leyes morales (véase DyC 101:78). A pesar de la crítica o la oposición, debemos enseñar y debemos advertir.” (Conference Report, octubre de 2000, “Ye Are the Temple of God”)

Génesis 19:14. — “Y salió Lot, y habló a sus yernos… pero a ellos les pareció como uno que se burlaba”

Cuando Lot sale a advertir a sus yernos y “a ellos les pareció como uno que se burlaba”, el relato enseña doctrinalmente que la incredulidad suele ser el último refugio de quienes han aprendido a trivializar la voz de la advertencia divina. Lot habla con urgencia, pero su mensaje choca con corazones ya acomodados a la seguridad aparente de Sodoma; la destrucción anunciada resulta impensable para quienes han normalizado la corrupción y confunden la paciencia de Dios con aprobación. El verbo “pareció” revela una percepción distorsionada: no es que Lot se burle, sino que la seriedad espiritual se vuelve risible para quienes viven sin sensibilidad moral. Doctrinalmente, el pasaje muestra que la advertencia profética no siempre produce fe, aun cuando proviene de alguien cercano; la familiaridad puede anestesiar el oído y convertir la verdad en motivo de burla. También subraya una tragedia recurrente: la incredulidad no nace de la falta de información, sino de la falta de disposición a creer. Así, el texto advierte que llega un momento en que la invitación a huir ya no persuade, porque el corazón ha decidido permanecer; y cuando la advertencia se percibe como burla, el juicio ya está a las puertas.

En el lapso de treinta y seis horas, los yernos de Lot y sus hijas casadas estarían muertos. Habían sido advertidos, pero ya era demasiado tarde. Les resultó fácil concluir que su suegro estaba loco. ¿Te suena familiar? Es propio de la naturaleza humana no creer.

“…a causa de la dureza de cerviz de Lamán y Lemuel… murmuraban en muchas cosas contra su padre, porque era un hombre visionario y los había sacado de la tierra de Jerusalén para dejar la tierra de su herencia, su oro, su plata y sus cosas preciosas, para perecer en el desierto. Y decían que él había hecho esto por las vanas imaginaciones de su corazón.

“Y así Lamán y Lemuel, siendo los mayores, murmuraban contra su padre. Y murmuraban porque no conocían los tratos de aquel Dios que los había creado.

“Ni tampoco creían que Jerusalén, aquella gran ciudad, pudiera ser destruida conforme a las palabras de los profetas.” (1 Nefi 2:11–13)

Génesis 19:15–16. — “Y los ángeles apremiaron a Lot… y como él se detenía, los varones le asieron de la mano”

Cuando “los ángeles apremiaron a Lot… y como él se detenía, los varones le asieron de la mano”, el texto enseña doctrinalmente que la misericordia de Dios a veces actúa con urgencia incluso cuando el justo vacila. Lot cree lo suficiente para obedecer, pero no con la prontitud necesaria; su demora revela el conflicto interior entre la fe y los afectos acumulados por una vida prolongada en Sodoma. Doctrinalmente, este pasaje muestra que la vacilación no siempre nace de la incredulidad, sino del apego: Lot sabe que debe irse, pero le cuesta soltar lo conocido, lo construido y lo familiar. La intervención física de los ángeles —asirlo de la mano junto con su esposa y sus hijas— simboliza una gracia que no espera pasivamente a que el ser humano reúna toda su resolución, sino que rescata activamente cuando el tiempo se ha agotado. El texto subraya que la salvación de Lot no ocurre por su firmeza, sino “por la misericordia de Jehová para con él”, enseñando que Dios no abandona a quienes aún están dispuestos a ser salvados, aunque su obediencia sea tardía e imperfecta. A la vez, el pasaje advierte que la demora espiritual es peligrosa: cuando llega el momento de huir de Babilonia, no hay espacio para negociaciones prolongadas. Así, Génesis presenta una verdad sobria y consoladora a la vez: el Señor honra la agencia, pero cuando el juicio es inminente, Su misericordia puede empujarnos hacia la salvación incluso mientras todavía estamos aprendiendo a soltar el pasado.

Lot no parece tener demasiada prisa por salir. Sus yernos decidieron no ir. ¿A quién debía llevar y qué debía llevar consigo? Tendría que dejarlo todo, y lo mismo su esposa. A los ángeles no les importaban las consecuencias materiales; simplemente le decían que tenía que salir… ¡y rápido!

Al acercarnos a la Segunda Venida, ¿cómo responderemos cuando los profetas nos digan que es tiempo de irnos? ¿Arriesgaremos nuestro propio bienestar y nos detendremos como Lot? Es una proposición peligrosa cuando llega el momento de la destrucción de Babilonia:

“Babilonia, hermosura de reinos, gloria y orgullo de los caldeos, será como cuando Dios destruyó a Sodoma y a Gomorra.” (Isaías 13:19)

Heber C. Kimball. “El Señor está permitiendo que las cosas se prolonguen como están, con el propósito de sacar a Su pueblo de Babilonia, así como lo hizo con Sodoma y Gomorra y las ciudades de la llanura que las rodeaban; pues detuvo la destrucción hasta sacar a Lot, y así sucede ahora en estos días.” (Journal of Discourses, 9:372)

Neal A. Maxwell. “Seguir a los Hermanos es, por supuesto, un desafío diferente en una sociedad que se hunde rápidamente, como fue el caso de Sodoma y Gomorra, en comparación con seguir a los profetas en una sociedad donde existe una rectitud razonable y una felicidad razonable. La obediencia es requerida en ambos contextos, ciertamente, pero hay una intensificación del desafío que se presenta a los miembros de la Iglesia en el primer escenario, en comparación con el otro, algo más tranquilo en tiempo y circunstancia.” (All These Things Shall Give Thee Experience [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1979], 115)

Wilford Woodruff. “¿Pueden decirme dónde están las personas que serán resguardadas y protegidas de estas grandes calamidades y juicios que incluso ahora están a nuestras puertas? Yo se los diré. El sacerdocio de Dios, quienes honran su sacerdocio y son dignos de sus bendiciones, son los únicos que tendrán esta seguridad y protección. Ellos son los únicos seres mortales. Ningún otro pueblo tiene derecho a ser protegido de estos juicios. Están a nuestras mismas puertas; ni siquiera este pueblo escapará enteramente de ellos. Vendrán como los juicios de Sodoma y Gomorra. Y nadie, sino el sacerdocio, estará a salvo de su furia. Dios ha retenido a los ángeles de la destrucción por muchos años, para que no segaran el trigo junto con la cizaña. Pero quiero decirles ahora que esos ángeles han salido de los portales del cielo, y están ahora sobre este pueblo y esta nación, y se ciernen sobre la tierra esperando derramar los juicios. Y desde este mismo día serán derramados.”
(citado por Joseph Fielding Smith, Church History and Modern Revelation, 4 vols. [Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1946–1949], 2:119–120)

Génesis 19:24. — “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos”

El texto presenta doctrinalmente el momento en que la justicia divina sustituye definitivamente a la paciencia prolongada. La repetición enfática —“de parte de Jehová”— subraya que la destrucción no es un desastre natural fortuito ni una consecuencia impersonal, sino un acto consciente, soberano y judicial de Dios, ejecutado cuando toda posibilidad de arrepentimiento colectivo ha sido rechazada. Doctrinalmente, este versículo enseña que el Señor no castiga por impulso, sino que actúa cuando el pecado se ha institucionalizado al punto de corromper por completo la vida social, moral y espiritual de una comunidad. El fuego que desciende del cielo simboliza la intervención final de Dios cuando el orden moral ha sido invertido y la maldad ya no puede coexistir con la misericordia sin destruir a los inocentes. A la vez, el texto recuerda que el mismo Dios que destruye es el que previamente advirtió, envió mensajeros y rescató a quienes aún respondían, mostrando que el juicio nunca llega sin advertencia ni sin oportunidades previas de salvación. Así, Génesis 19:24 afirma una verdad central del evangelio: Dios es infinitamente paciente, pero no indiferente; misericordioso, pero no permisivo; y cuando Su juicio finalmente cae, no es una negación de Su amor, sino una afirmación ineludible de Su justicia y del orden moral que sostiene la creación.

Boyd K. Packer. “Varias publicaciones están circulando ahora acerca de la Iglesia que defienden y promueven la conducta gay o lesbiana. Distorsionan las Escrituras intentando probar que estos impulsos son innatos, que no pueden superarse y que no deben resistirse; y que, por lo tanto, tal conducta tiene una moralidad propia. Citan las Escrituras para justificar actos perversos entre adultos que consienten. Esa misma lógica justificaría el incesto o el abuso de niños de cualquier género. Ni la letra ni el espíritu de la ley moral aprueban ninguna de esas conductas.

“Espero que ninguno de nuestros jóvenes sea lo suficientemente insensato como para aceptar esas fuentes como autoridad para determinar lo que significan las Escrituras. Pablo, al hablar precisamente de este tema, condenó a aquellos ‘que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador’ (Rom. 1:25). En esa misma referencia se usa por única vez en las Escrituras la palabra quebrantadores del convenio (véase Rom. 1:31).

“Algunos optan por rechazar las Escrituras de plano y abandonar sus convenios. Pero no pueden elegir evitar las consecuencias. Esa decisión no les pertenece a ellos, ni a nosotros, ni a nadie.

“Todos estamos sujetos a sentimientos e impulsos. Algunos son dignos y otros no; algunos son naturales y otros no. Debemos controlarlos, es decir, dirigirlos conforme a la ley moral.

“La unión legítima de los sexos es una ley de Dios. Los convenios sagrados que el esposo y la esposa hacen con Dios protegen la expresión digna de esos sentimientos e impulsos que son vitales para la continuación de la raza y esenciales para una vida familiar feliz. La conducta ilícita o pervertida conduce, sin excepción, a la decepción, al sufrimiento y a la tragedia.” (“Covenants”, Conference Report, octubre de 1990)

Génesis 19:25. — “Y destruyó aquellas ciudades, y toda la llanura… y todo lo que crecía sobre la tierra”

El relato enseña doctrinalmente que el pecado colectivo no solo corrompe a las personas, sino que devasta el entorno completo en el que se arraiga. La destrucción total —ciudades, llanura y vegetación— simboliza que la maldad, cuando se institucionaliza y se normaliza socialmente, produce esterilidad espiritual y, finalmente, ruina total. Doctrinalmente, este versículo subraya que el juicio divino no es meramente punitivo, sino purificador y delimitador: Dios pone fin a un sistema que ya no puede producir vida, rectitud ni renovación. La eliminación de “todo lo que crecía” indica que Sodoma y Gomorra habían perdido toda capacidad de regeneración moral; no quedaba semilla sana de la cual pudiera brotar arrepentimiento colectivo. Al mismo tiempo, el texto recuerda que Dios permite que las consecuencias del pecado se manifiesten plenamente cuando una sociedad ha rechazado de manera persistente la luz, mostrando que la destrucción no es arbitraria, sino la culminación inevitable de una corrupción prolongada. Así, Génesis 19:25 enseña solemnemente que cuando una cultura convierte el pecado en fundamento, no solo pierde su futuro espiritual, sino también su capacidad de sostener vida, y que el juicio divino marca el fin definitivo de aquello que ya se ha separado por completo del orden moral establecido por Dios.

Hugh Nibley. “El fuego… los envolvió tanto desde arriba como desde abajo. Y los ríos de la región se convirtieron en betún. Todavía hoy son betún. Las cinco ciudades de la llanura estaban en el extremo sur [del mar Muerto], y fueron destruidas. El betún brota aquí. En En-guedi es donde se ve a los judíos venir de vacaciones. Se bañan en el agua y se untan este betún. Es una brea negra que sale del mar, muy negra y muy pesada…

“Se nos dice aquí que ‘debido a que la llanura de Mamre quedó completamente arruinada por la catástrofe [está bastante arruinada hoy; es una llanura muy polvorienta; han intentado salvarla plantando eucaliptos aquí y allá, pero no es un lugar agradable], toda la vida vegetal fue destruida, y las semillas trasplantadas desde Sodoma no crecían en ningún lugar’. No es de extrañar que las hijas de Lot, escondidas en una cueva, pensaran que eran los únicos mortales sobrevivientes. Todo el paisaje era desolación, se nos dice. Casi no había viajeros. Todo dejó de moverse. La arqueología confirma ese sombrío panorama.” (Ancient Documents and the Pearl of Great Price, ed. por Robert Smith y Robert Smythe [s. l., s. f.], 2–3)

Génesis 19:26. — “Pero la mujer de Lot miró atrás… y se volvió estatua de sal”

Se enseña doctrinalmente que la obediencia tardía y dividida puede anular la liberación ya concedida. Mirar atrás no es un gesto casual, sino la manifestación externa de un corazón aún atado a Sodoma; no es mera curiosidad, sino nostalgia espiritual, el deseo de conservar lo que Dios ha ordenado dejar. La transformación en estatua de sal simboliza la parálisis moral que sobreviene cuando el apego al pasado supera la confianza en el futuro prometido por el Señor: la sal preserva, pero no da vida, y así ella queda fijada para siempre en aquello que se negó a soltar. Doctrinalmente, el pasaje no presenta un castigo arbitrario, sino una advertencia solemne de que no se puede huir del juicio mientras se anhela lo juzgado; la salvación requiere no solo salir físicamente de Sodoma, sino romper afectivamente con ella. El relato enseña que Dios puede rescatar con misericordia, incluso tomar de la mano, pero no forzará el corazón a dejar lo que ama más que Su mandato. Así, la esposa de Lot se convierte en un testimonio permanente para todas las generaciones de que el pasado, cuando se idolatra, detiene el progreso espiritual, y que en los momentos decisivos del discipulado, mirar atrás es, en realidad, decidir no seguir adelante.

“La esposa de Lot no solo estaba acostumbrada a Sodoma; aparentemente le gustaba y no quería dejarla. En eso fue representativa de todos aquellos que, en cualquier época, quedan atrapados en las consecuencias del mal que no logran abandonar del todo.” (The Interpreter’s Bible, 630)

Jeffrey R. Holland. “Como tema escritural para este análisis, he escogido Lucas 17:32, donde el Salvador advierte: ‘Acordaos de la mujer de Lot’. ¿Qué quiso decir con esa frase tan enigmática? Para averiguarlo, debemos hacer lo que Él sugirió. Recordemos quién fue la esposa de Lot.

“La historia, por supuesto, nos llega desde los días de Sodoma y Gomorra, cuando el Señor, habiendo soportado ya lo peor que hombres y mujeres podían hacer, mandó a Lot y a su familia huir porque aquellas ciudades estaban a punto de ser destruidas. ‘Escapa por tu vida’, dijo el Señor. ‘No mires tras ti…; escapa al monte, no sea que perezcas’ (Gén. 19:17; énfasis añadido).

“Con una obediencia que no fue inmediata y con más de una negociación, Lot y su familia finalmente salieron de la ciudad, pero apenas a tiempo. Las Escrituras nos dicen lo que ocurrió al amanecer del día siguiente:

‘Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

Y destruyó aquellas ciudades’ (Gén. 19:24–25).

“Mi tema aparece en el versículo siguiente. Sin duda, con el consejo del Señor—‘no mires tras ti’—resonando claramente en sus oídos, la esposa de Lot, dice el relato, ‘miró atrás’, y se convirtió en estatua de sal (véase el v. 26).

“¿Qué hizo la esposa de Lot que fue tan malo? Como estudiante de historia, he reflexionado sobre ello y ofrezco una respuesta parcial. Al parecer, lo que estuvo mal en ella no fue simplemente que mirara atrás; es que en su corazón quería volver. Parece que incluso antes de salir de los límites de la ciudad, ya extrañaba lo que Sodoma y Gomorra le habían ofrecido. Como dijo una vez el élder Neal A. Maxwell, tales personas saben que deberían tener su residencia principal en Sion, pero aún esperan conservar una casa de verano en Babilonia.

“Es posible que la esposa de Lot mirara atrás con resentimiento hacia el Señor por lo que Él le estaba pidiendo que dejara. Sabemos con certeza que Lamán y Lemuel se sintieron resentidos cuando se mandó a Lehi y a su familia salir de Jerusalén. Así que no fue solo que ella mirara atrás; miró atrás con anhelo. En resumen, su apego al pasado superó su confianza en el futuro. Eso, al parecer, fue al menos parte de su pecado.” (“The Best Is Yet to Be”, Ensign, enero de 2010, 22–27)

Boyd K. Packer. “Todas las veces que mi pueblo se arrepienta, perdonaré sus transgresiones contra mí.” (Mosíah 26:30)

El presidente Joseph Fielding Smith me contó acerca de una mujer arrepentida que luchaba por encontrar la salida de una vida profundamente inmoral. Ella le preguntó qué debía hacer ahora. A su vez, él le pidió que leyera en el Antiguo Testamento el relato de la esposa de Lot, quien fue convertida en una estatua de sal. Luego le preguntó: “¿Qué lección obtienes de esos versículos?”

Ella respondió: “El Señor destruirá a los malvados”. “¡No!”, dijo el presidente Smith. La lección para esta mujer arrepentida —y para ti— es: “¡No mires atrás!”
Curiosamente, puede ser que la prevención y la cura más sencillas y poderosas para la pornografía, o para cualquier acto impuro, sea ignorarlo y evitarlo. Elimina de la mente cualquier pensamiento indigno que intente echar raíces. Una vez que has decidido permanecer limpio, estás ejerciendo la agencia que Dios te ha dado. Y entonces, como aconsejó el presidente Smith: “No mires atrás.” (Ensign, noviembre de 2010, 76–77)

Thomas S. Monson. El maestro de la Escuela Dominical estaba describiendo cómo la esposa de Lot miró atrás y se convirtió en una estatua de sal. El pequeño Johnny estaba muy interesado.
“Mi mamá miró atrás una vez mientras manejaba”, explicó, “¡y se convirtió en un poste telefónico!” (Favorite Quotations from the Collection of Thomas S. Monson [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1985], 23)

Génesis 19:26. — “La esposa de Lot fue hecha un ejemplo para las generaciones posteriores”

El relato adquiere una función doctrinal pedagógica: su historia no se preserva para satisfacer la curiosidad histórica, sino para advertir sobre los peligros del apego espiritual al pasado. Ella salió físicamente de Sodoma, pero no salió de Sodoma en su corazón; su mirada atrás revela que la obediencia exterior sin conversión interior es insuficiente para la salvación. Doctrinalmente, el ejemplo enseña que Dios no solo pide movimiento, sino desprendimiento, no solo huir del pecado, sino dejar de amarlo. La estatua de sal se convierte en un símbolo permanente de advertencia: la sal preserva, pero también esteriliza; conserva la forma, pero carece de vida. Así queda la discípula que se resiste a soltar lo que el Señor ha condenado: detenida, inmóvil, incapaz de avanzar hacia el futuro que Dios ofrece. Al ser recordada por generaciones, la esposa de Lot enseña que la misericordia divina puede sacar a una persona del peligro, pero no puede salvarla si insiste en aferrarse a lo que debe abandonar. Su historia proclama que en los momentos decisivos del discipulado no hay neutralidad posible: o se avanza con fe hacia lo que Dios promete, o se queda fijado para siempre en aquello que Él ha ordenado dejar atrás.

El extremo sur del mar Muerto es conocido por su alto contenido de sal. “Todo el vecindario del mar Muerto abunda en azufre y betún.” (Alfred Edersheim, Old Testament Bible History, cap. 13).
Hoy el área es seca, árida e inhóspita, pero no siempre fue así. Durante generaciones, para los viajeros judíos, este relato fue un recordatorio de los peligros de “mirar atrás.”

El historiador Flavio Josefo, que vivió poco después de la época de Cristo, declaró haber visto la estatua de la esposa de Lot:

“La he visto, y permanece hasta el día de hoy.”
(Antigüedades de los judíos, Libro I, 11:4)

“Que estaba en pie entonces también lo atestigua Clemente de Roma, contemporáneo de Josefo; y que lo estaba en el siglo siguiente lo atestigua Ireneo, con la adición de una hipótesis acerca de cómo pudo durar tanto tiempo con todos sus miembros intactos. —Si el relato que algunos viajeros modernos dan es verdadero, de que aún sigue en pie, no lo sé. Su ubicación remota, en el extremo más meridional del mar de Sodoma, en los desiertos salvajes y peligrosos de Arabia, hace que sea extremadamente difícil para los viajeros curiosos examinar el lugar.” (Antigüedades de los judíos, Libro I, 11:4, nota al pie)

“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:62)

“Acordaos de la mujer de Lot.” (Lucas 17:32)

Génesis 19:30. — “Lot subió de Zoar y habitó en el monte”

El texto enseña doctrinalmente que las concesiones hechas por misericordia no siempre producen paz duradera cuando el temor y la inseguridad gobiernan el corazón. Lot había pedido refugio en Zoar como una alternativa menos exigente que huir a los montes, y el Señor accedió a su ruego; sin embargo, después de presenciar la destrucción total de Sodoma y Gomorra y la pérdida de su esposa, Lot descubre que incluso el lugar concedido por indulgencia divina no le brinda seguridad interior. Doctrinalmente, este versículo revela que la verdadera seguridad no proviene de soluciones intermedias ni de acomodaciones espirituales, sino de seguir plenamente la dirección original del Señor, aunque esta parezca más ardua. El temor de Lot a permanecer en Zoar sugiere que quien ha vivido demasiado tiempo cerca de la maldad aprende a desconfiar incluso de los refugios temporales, y que el juicio presenciado deja cicatrices profundas en la confianza humana. Así, al subir finalmente al monte —el lugar al que inicialmente se le había mandado huir— Lot aprende que la obediencia completa, aunque tardía, es preferible a la obediencia negociada, y que el camino más alto, aunque solitario y austero, ofrece mayor seguridad espiritual que cualquier alternativa cómoda situada cerca de Sodoma.

¡Esto resulta desconcertante! Lot había pedido específicamente a los ángeles que salvaran a Zoar para poder habitar allí en lugar de ir a las montañas (vv. 17–22). Ellos honraron su petición y preservaron la pequeña ciudad de Zoar. Luego Lot llevó a sus hijas a Zoar y cambió de parecer porque “temió habitar en Zoar”. ¿Por qué?

Las Escrituras no lo explican, pero Lot acababa de ver todo su mundo consumido por el fuego —literalmente—. Su esposa acababa de convertirse en una estatua de sal. ¿Sería él el siguiente? Todas las ciudades de la llanura, excepto Zoar, habían sido quemadas; Sodoma había desaparecido; Gomorra era ceniza. Tal vez temió que Zoar fuera la siguiente. Quizá decidió que sería mejor seguir la recomendación original de los mensajeros y huir a las montañas. O, posiblemente, ya no se sentía seguro entre los habitantes de Zoar.

Génesis 19:32–38. — “Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y nos acostaremos con él”

El relato presenta una tragedia moral nacida del trauma, el miedo y la desesperación, no una aprobación divina del acto. Doctrinalmente, este pasaje no enseña rectitud, sino que expone las consecuencias espirituales de haber vivido demasiado tiempo cerca de la corrupción y de haber atravesado una destrucción total sin una fe plenamente anclada en Dios. Las hijas de Lot acababan de perder su hogar, su madre, su comunidad y toda expectativa de futuro; en su aislamiento y temor, concluyen erróneamente que no hay otra vía para preservar la descendencia. El texto describe lo ocurrido sin justificarlo, recordándonos que la Biblia con frecuencia relata acciones humanas tal como son —aun cuando son profundamente erradas— para mostrar que la preservación física no equivale a salud espiritual. Doctrinalmente, el episodio enseña que el fin no santifica los medios, que el pánico puede nublar el juicio moral cuando la fe se reemplaza por el instinto de supervivencia, y que la cercanía prolongada con Sodoma dejó cicatrices más profundas de lo que parecía, incluso en quienes fueron rescatados. Este relato finaliza Génesis 19 mostrando que salir del juicio no garantiza haber sanado interiormente, y que la verdadera liberación no consiste solo en escapar del fuego, sino en confiar plenamente en Dios aun cuando el futuro parezca incierto.

Este es uno de los relatos más perversos del Antiguo Testamento. Aquí está, en blanco y negro. Lot, presuntamente salvado por ser justo, tiene dos hijas, presuntamente salvadas por ser justas, que deciden emborrachar a su padre y tener relaciones sexuales con él. ¿Quién hace algo así? ¿Qué podría llevar a una mujer normal a hacer algo semejante? La razón declarada fue: “para que conservemos descendencia de nuestro padre”.

¿Debemos suponer que Dios aprobó a las hijas de Lot? ¡Por supuesto que no! No hay forma alguna de que Dios justifique un acto tan incestuoso. Las hijas de Lot acababan de ver destruido todo su mundo. Tal vez pensaron que estaban entre las últimas mujeres sobre la tierra, o al menos que no tenían ninguna perspectiva de casarse jamás o de tener hijos. Tomaron una decisión precipitada. Entonces, ¿qué debemos hacer con este relato?

No debemos pensar en Moisés como el autor final de los cinco libros que se le atribuyen. Si así fuera, el texto tendría el mismo Espíritu que Moisés 1 en el Libro de Moisés (La Perla de Gran Precio). Si así fuera, el relato del Éxodo habría sido escrito en primera persona. Si así fuera, habría incluido comentarios sobre la perspectiva del Señor respecto de relatos tan sensacionalistas y perversos como este. En este relato, más que en cualquier otro, vemos la mano de los escribas que escribieron, transcribieron o recompilaron el texto cientos de años después de Moisés.

Mediante el análisis textual, los eruditos han identificado diferentes “voces” en Génesis. Incluso han podido estimar las fechas en que estos distintos escribas realizaron su trabajo. Calculan que el primer escriba vivió alrededor del año 1000 a. C.; el segundo, alrededor del 900 a. C.; y que la obra del tercer escriba “parece haber sido escrita alrededor del año 700” (The Interpreter’s Bible, ed. por G. A. Buttrick et al. [Nueva York: Abingdon Press, 1952], vol. 1, págs. 194–197). Estos escribas deben ser la razón por la que el texto se nos presenta tal como lo tenemos hoy.

¿Por qué el relato sería diferente si los escribas fueron los últimos en tocar el texto? La razón es política. El nacionalismo judío es un tema principal de gran parte del Antiguo Testamento. Para los escribas que redactaron el texto, Israel era el más grande: cualquier guerra en la que Israel triunfaba era digna de ser registrada; cualquier historia en la que Dios castigaba a los enemigos de Israel debía incluirse. Este relato es uno de esos relatos políticamente motivados; es tan sensacional para las generaciones posteriores que tenía que ser incluido.

Los judíos odiaban a los amonitas y a los moabitas. Habían sido enemigos perpetuos. La perspectiva judía era que “los amonitas y los moabitas estaban bajo una maldición especial por haber negado a los israelitas, sus enemigos, pan y agua cuando marchaban por sus tierras (Deuteronomio 23:4)” (Hugh Nibley, Approaching Zion, 220). Años de guerras y escaramuzas habían afligido a los judíos durante siglos.

Este relato es una historia perfecta para quien odia a los amonitas. Permite enseñar a los hijos que toda la raza amonita provino de una relación incestuosa. Mientras que los judíos procedían del justo Abraham, los amonitas procedían del vacilante Lot y de su hija descarada. De igual manera con los moabitas: no habría razón para sentir culpa al matar a un moabita, pues toda su nación sería ilegítima y bastarda. Supremacía judía: ¡ese es el mensaje! Dios nos ama a nosotros y odia a ellos. Esa no era la manera de pensar de Moisés, pero sí la manera de pensar de los escribas de los años 1000–700 a. C.

Génesis 19:37. — “Los moabitas”

Al identificarse a los moabitas como descendientes del episodio final de Lot, el texto cumple una función doctrinal y pedagógica más amplia que la mera genealogía: explica cómo decisiones morales equivocadas, aun cuando nacen del temor o la desesperación, pueden proyectar consecuencias duraderas sobre generaciones enteras. El relato no legitima el origen de Moab, sino que lo contextualiza dentro de una historia marcada por la huida incompleta de Sodoma y por una fe debilitada tras el trauma. Doctrinalmente, Génesis enseña que el Señor permite que la historia humana muestre sus propias huellas —incluidas las vergonzosas— para advertir que el pecado no termina en el momento del acto, sino que modela identidades, relaciones y conflictos futuros. La persistente tensión entre Israel y Moab a lo largo del Antiguo Testamento refuerza esta lección: cuando el origen está marcado por decisiones tomadas sin consulta a Dios, las consecuencias tienden a reaparecer en forma de enemistad, rivalidad espiritual y distancia del convenio. Así, Génesis 19:37 no es un llamado a despreciar pueblos, sino una advertencia solemne de que las decisiones hechas en momentos de crisis, si no están ancladas en la confianza en Dios, pueden convertirse en legados problemáticos que trascienden a quienes las tomaron.

“La tierra de Moab se encontraba al oriente del mar Muerto. Los moabitas estaban emparentados con los israelitas y hablaban un idioma que se parecía estrechamente al hebreo, pero existió una guerra constante entre ambas naciones.” (Bible Dictionary, “Moab”)

Génesis 19:38. — “Los amonitas”

Al identificarse a los amonitas como descendientes del acto final de las hijas de Lot, el relato subraya doctrinalmente que las decisiones tomadas desde el temor, la confusión y la falta de confianza en Dios pueden generar consecuencias históricas profundas y persistentes. El texto no presenta el origen de Amón como honorable ni aprobado por el Señor, sino como el resultado de una fe debilitada tras el trauma y el aislamiento, donde la autosuficiencia reemplazó a la dependencia divina. Doctrinalmente, Génesis enseña que cuando se pierde la perspectiva del convenio y se actúa sin buscar la voluntad de Dios, incluso las intenciones orientadas a la supervivencia pueden producir legados de conflicto espiritual. La enemistad constante entre Israel y Amón a lo largo de las Escrituras refleja cómo un origen marcado por decisiones morales equivocadas tiende a reproducirse en oposición al pueblo del convenio, no por determinismo étnico, sino por patrones espirituales heredados. Así, Génesis 19:38 no justifica el desprecio hacia los amonitas, sino que sirve como advertencia solemne de que salir físicamente de Sodoma no garantiza haber roto espiritualmente con ella, y que la verdadera continuidad justa solo se preserva cuando las decisiones, aun en crisis extremas, se toman con fe, humildad y confianza en Dios.

“Una tribu descendiente de Lot, el sobrino de Abraham (Gén. 19:38; Deut. 2:19); adoradores de Moloc o Milcom (1 Rey. 11:7, 33); se establecieron al oriente del monte Galaad, desde el Jaboc hacia el sur, y en la época de los Jueces reclamaron los asentamientos israelitas en Galaad (Jueces 11), pero fueron rechazados por Jefté y nuevamente por Saúl (1 Sam. 11), y finalmente sometidos por David (2 Sam. 10; 11:1; 12:9, 26, 31). Recuperaron su independencia después de la muerte de David y la mantuvieron, como aliados de sus vecinos arameos y acérrimos enemigos de Israel, hasta que cayeron bajo el poder de Asiria y Caldea.” (Bible Dictionary, “Ammon, Ammonites”)

“El odio con que Israel consideraba a los amonitas se dice que surgió en parte por su negativa a ayudar a los israelitas en su aproximación a Canaán (Deut. 23:4). Pero, cualquiera que haya sido su origen, la animosidad continuó con fuerza hasta las fechas más tardías.” (Dictionary of the Bible, William Smith, “Ammon”)