Génesis 29
Génesis 29:1. — “Entonces Jacob siguió su camino”.
Se encierra una enseñanza doctrinal profunda sobre la fidelidad perseverante dentro del convenio, aun cuando el camino es largo, incierto y costoso. Al decir que Jacob “siguió su camino”, la Escritura no describe solo un desplazamiento geográfico, sino una decisión espiritual sostenida: Jacob avanza porque confía en las promesas recibidas en Bet-el y porque entiende que el convenio exige movimiento, obediencia y sacrificio. Doctrinalmente, esta frase enseña que quienes viven bajo el convenio no permanecen inmóviles después de recibir revelación; la experiencia espiritual impulsa a actuar con fe. Jacob sigue su camino sin garantías visibles, dejando atrás lo conocido para buscar una vida ordenada según Dios, incluso cuando eso implica distancia, trabajo arduo y espera prolongada. Así, Génesis 29:1 afirma que el discipulado auténtico se manifiesta en la constancia diaria de seguir adelante confiando en Dios: no es un impulso momentáneo, sino una marcha fiel que honra las promesas divinas y demuestra que el camino del convenio se recorre paso a paso, con perseverancia, obediencia y esperanza.
¿Qué tan lejos irías para encontrar a alguien con quien pudieras casarte bajo el convenio? El viaje a Harán fue de más de 800 kilómetros. ¿Cuántos años estarías dispuesto a sacrificar por tal privilegio? ¿Qué tan importante es que tus hijos nazcan dentro del convenio? ¿Nos consideramos parte de la Casa de Israel? ¿Recordamos a Jacob nuestro padre, de quien esta casa tan famosa recibe su nombre? ¡Considera su gran ejemplo al honrar el nuevo y sempiterno convenio! ¿Qué estaría dispuesto a dar para casarse bajo el convenio con la mujer de sus sueños? ¿Por qué no se conformó con alguna atractiva mujer cananea?
El padre de la Casa de Israel es un gran ejemplo para todos nosotros. Él nos muestra cómo edificar nuestra propia casa: sobre el fundamento de un matrimonio en el templo, para que todos nuestros hijos puedan nacer dentro del convenio. No hay distancia demasiado larga que recorrer; no hay un período de espera demasiado prolongado. Aquellos que necesitan casarse deberían hacer como Jacob y emprender un viaje en busca de tan sagrado privilegio.
Ezra Taft Benson. Ahora deseo hablarles con franqueza a ustedes, jóvenes y jovencitas de la Iglesia. Cuando se casan, su decisión no solo los afecta a ustedes, sino también a sus futuros hijos y a las generaciones que vendrán después. Todo niño nacido de padres Santos de los Últimos Días merece nacer bajo el convenio de las bendiciones del templo.
¿Puedo ahora hablarles de algo sumamente sagrado? Imaginen en su mente una pequeña sala bellamente adornada, algo semejante a una hermosa sala de estar. En el centro hay un altar, cubierto de terciopelo y encaje. Sillas alinean las paredes del cuarto, donde solo familiares y amigos más cercanos pueden observar. Con la familia presente y un hombre de Dios que posee el sacerdocio oficiando, se les pedirá que se arrodillen en el altar frente a su compañero o compañera. Se les darán instrucciones y se pronunciará una bendición sobre ustedes. Entonces serán sellados como esposo y esposa por el tiempo y por toda la eternidad. Se les concede la misma promesa que recibieron Adán, Abraham, Isaac y Jacob. Permítanme leerla para ustedes desde Doctrina y Convenios. Esencialmente, recibirán, como el Señor dijo:
“Saldréis en la primera resurrección; … y heredaréis tronos, reinos, principados y potestades … ; [pasaréis] por los ángeles y los dioses … hasta [vuestra] exaltación … , cuya gloria será una plenitud y una continuación de las simientes para siempre jamás” (D. y C. 132:19).
El matrimonio en el templo es una ordenanza del evangelio para la exaltación.
No malgasten su felicidad involucrándose con alguien que no pueda llevarlos dignamente al templo. Tomen ahora la decisión de que ese será el lugar donde se casarán. Dejar esa decisión para después de que surja una relación romántica es correr un riesgo cuya importancia no pueden calcular ahora. (“Este es un día de sacrificio”, Ensign, mayo de 1979, p. 33)
Génesis 29:2–3. — “Y miró, y he aquí un pozo… y allí se juntaban todos los rebaños.”
Se ofrece una enseñanza doctrinal rica sobre la provisión divina y los lugares ordenados por Dios para el encuentro y la bendición. El pozo no es un detalle incidental, sino un punto de convergencia vital en tierra árida: allí se preserva la vida, se organiza la comunidad y se producen encuentros decisivos. Doctrinalmente, el pozo simboliza las fuentes de provisión espiritual que Dios establece en el camino del convenio; Jacob, al “mirar”, aprende a discernir dónde Dios reúne, nutre y prepara. El hecho de que “allí se juntaban todos los rebaños” enseña que las bendiciones del Señor operan dentro de un orden y un tiempo: no cada uno bebe cuando quiere, sino cuando llega el momento señalado y se quita la piedra que cubre la fuente. Así, Génesis 29:2–3 afirma que Dios guía a Sus hijos a lugares específicos donde la vida se sostiene y las relaciones se forman; quienes siguen su camino con fe encontrarán, en el momento oportuno, los pozos preparados por Dios, donde Él reúne, provee y comienza a cumplir Sus propósitos mediante encuentros que transforman el curso de la vida.
“En regiones áridas, las fuentes de agua son lugares naturales de encuentro. Así como el siervo del abuelo de Jacob, al llegar cerca de Harán, encontró a Rebeca junto al pozo, del mismo modo Jacob encuentra a Raquel. Es instructivo comparar estos relatos (Génesis 24:29). También es útil observar otros relatos donde los encuentros junto a un pozo resultan en matrimonios, como Moisés en Éxodo 2:15 y Rut, quien se encuentra con Booz junto al agua que sus siervos habían sacado (Rut 2:9)…
“En los relatos patriarcales de esponsales, se repiten ciertos elementos comunes:
El pozo se encuentra en tierra extranjera (recordemos que Judá es ‘tierra extranjera’ para Rut);
Se saca agua;
La joven invita al hombre a comer en su casa (Booz invita a Rut, invirtiendo nuevamente el patrón);
Ella corre a casa para dar la noticia; Se concierta un matrimonio.” (Barry J. Beitzel, ed., Biblica: The Bible Atlas, [Australia: Global Book Publishing, 2006], p. 118)
Génesis 29:10. “Cuando Jacob vio a Raquel”
Se marca doctrinalmente el momento en que la providencia de Dios conecta promesa y persona, mostrando que el Señor guía encuentros decisivos en el tiempo oportuno. Al “ver” a Raquel, Jacob no solo reconoce a una pariente, sino que discierne el inicio del cumplimiento de las promesas recibidas en Bet-el; su respuesta inmediata y diligente revela un corazón dispuesto a actuar cuando Dios abre una puerta. Doctrinalmente, este versículo enseña que el amor y el compromiso nacen mejor cuando se hallan dentro del orden del convenio: Jacob no busca solo atracción, sino pertenencia y propósito alineados con Dios. El relato subraya que la fe verdadera es activa—se mueve, sirve y protege—y que Dios honra a quienes responden con prontitud a Sus guiños providenciales. Así, Génesis 29:10 afirma que el Señor prepara encuentros que unen afecto y promesa, y que cuando Sus hijos caminan fielmente, Él hace coincidir visión, obediencia y oportunidad para encaminar Sus designios redentores.
¿Amor a primera vista? ¿Es posible? Sin duda, la Biblia es el último lugar donde esperaríamos encontrar una erupción tan espontánea de emoción. Los primeros amores pueden perdurar. El amor a primera vista puede durar, pero definitivamente es la excepción. Jacob y Raquel fueron personas excepcionales; fueron la excepción y tuvieron un matrimonio hermoso.
“La expresión “amor a primera vista” puede ser una idea agradable de contemplar, pero la mayoría de las personas no se enamoran a primera vista en absoluto. Disfrutar de la compañía de otra persona y sentirse orgulloso de estar con alguien que nos resulta atractivo son descripciones más precisas que el amor a primera vista.
El primer romance de una persona suele ser solo una infatuación, mientras que el amor verdadero se desarrolla a lo largo del tiempo. Conocer y apreciar las actitudes, sentimientos e intereses de otra persona, y compartir experiencias mutuas, puede convertirse en un amor maduro y profundo, pero aun así es una relación frágil y a veces tentativa.
Otra idea errónea acerca del matrimonio es la creencia, demasiado común, expresada en la frase de cuento de hadas: “Se casaron y vivieron felices para siempre”. Para lograr la felicidad matrimonial, es necesario que las parejas trabajen juntas para superar dificultades y tentaciones, y que demuestren disposición para enfrentar los demás desafíos que siempre formarán parte de su vida matrimonial.
Otras nociones fantasiosas que suelen promoverse son: “El amor lo conquista todo” y “Podemos vivir solo del amor”. Aunque es cierto que el amor es una fuerza vitalmente importante que puede impulsar mucho bien entre dos personas, no provee todas las cosas. Es necesario que las parejas desarrollen otros intereses sociales en un ambiente sano, con personas diferentes y puntos de vista diversos, para equilibrar sus vidas. Tales experiencias a menudo hacen que valoren más lo que tienen en el hogar.
“El éxito matrimonial requiere compromiso, participación, dedicación y una reevaluación constante de los propósitos reales del matrimonio. Con esto en mente, a continuación se presentan algunos puntos a considerar para fortalecer el propio matrimonio”. (Dale F. Pearson, “ ‘Love Conquers All’ … And Other Fanciful Notions”, Ensign, junio de 1973, p. 14)
Génesis 29:10. — Jacob… quitó la piedra de la boca del pozo y dio de beber al rebaño de Labán
El gesto de Jacob revela, en forma sencilla pero profundamente simbólica, el inicio visible de su maduración espiritual, pues aquel que antes había obtenido bendiciones mediante la astucia ahora actúa con iniciativa, esfuerzo y servicio desinteresado; doctrinalmente, este acto enseña que la fortaleza física puesta al servicio de otros puede convertirse en una expresión de rectitud, y que el Señor comienza a moldear a Jacob no solo mediante visiones celestiales, sino a través de actos cotidianos de trabajo y responsabilidad; el pozo, fuente de vida en tierra árida, representa provisión y continuidad, y al remover la piedra —una tarea normalmente colectiva— Jacob manifiesta tanto capacidad como disposición, señalando que el heredero del convenio debe aprender a abrir caminos de bendición para otros, no solo a recibirlos; además, este episodio anticipa una inversión providencial, pues el que quita la piedra para el rebaño de Labán pronto enfrentará piedras más pesadas en forma de engaños y demoras, experiencias que Dios usará para refinar su carácter; así, Génesis 29:10 enseña que el proceso de transformación espiritual se evidencia cuando la fuerza, la voluntad y la acción comienzan a alinearse con el servicio, preparando al siervo del convenio para recibir no solo promesas, sino también la disciplina y la formación que lo convertirán en un verdadero patriarca.
Podemos pensar en Sansón como un hombre de gran fuerza (Jueces 14:5–6; 16:30), o en David, que dio muerte a Goliat siendo aún joven (1 Samuel 17). ¡Pero consideremos la fuerza de Jacob! Los hombres de Harán decían que no podían quitar la piedra del pozo hasta que se reunieran todos los rebaños. Sin embargo, Jacob decide hacerlo él solo. Era una “gran piedra” (v. 2), y habría sido difícil que un solo hombre realizara la tarea. Jacob quita la piedra para demostrar su fortaleza y también como un acto de bondad hacia Raquel.
El acto de Jacob prefigura la resurrección del Mesías. Dos ángeles sin nombre anuncian la resurrección, pero Mateo registra que uno de ellos “vino y quitó la piedra de la puerta, y se sentó sobre ella” (Mateo 28:2). Así como Jacob proporcionó agua viva a los rebaños de Labán, el ángel abrió la puerta para el Cristo resucitado —la fuente de agua viva— a las ovejas del convenio. No conocemos la identidad de esos dos ángeles. No debemos especular; pero habría cierta justicia poética si llegáramos a saber que uno de ellos fue Jacob, antepasado de Cristo y padre de la Casa de Israel, a quien Jesús fue enviado, quien siglos antes había quitado otra gran piedra para proporcionar agua viva al rebaño.
Génesis 29:11. — Y Jacob besó a Raquel
El gesto de Jacob al besar a Raquel, seguido de su llanto, introduce una escena de profunda carga doctrinal y humana, pues este acto no expresa ligereza ni pasión desordenada, sino reconocimiento, alivio y providencia cumplida, al encontrarse finalmente con alguien que pertenece al marco del convenio después de un largo y solitario viaje; doctrinalmente, el beso señala la transición de Jacob desde el aislamiento hacia la relación, mostrando que Dios no solo obra mediante promesas futuras, sino también mediante encuentros concretos que confirman Su guía en el presente; las lágrimas de Jacob revelan un corazón que empieza a ablandarse, evidenciando que el proceso de refinamiento espiritual incluye aprender a sentir, depender y agradecer, no solo a actuar con astucia o fuerza; este momento anticipa que el amor, al igual que el trabajo y la espera, será uno de los instrumentos principales mediante los cuales Dios moldeará el carácter de Jacob, enseñándole paciencia, sacrificio y fidelidad; así, Génesis 29:11 afirma que dentro del camino del convenio, los afectos humanos legítimos pueden convertirse en medios de formación divina, y que Dios, que estuvo con Jacob en el desierto y en Bet-el, también está presente en los comienzos de vínculos que transformarán su vida y su posteridad.
La versión hollywoodense de esta escena sin duda sería dramática y apasionada. Sin embargo, lo más probable es que Jacob besara a Raquel como saludo y por afecto familiar (véase v. 13). Le habría dado varios besos en las mejillas. Quienes prefieran imaginar este beso como romántico y apasionado pueden seguir haciéndolo, pero resulta difícil imaginar que Raquel aceptara un gesto tan atrevido de un completo desconocido—aun si fuera apuesto—aun si pareciera rico—aun si fuera lo suficientemente fuerte como para quitar la piedra de la boca del pozo.
“Jacob… la besó primero como parienta, pero pronto se enamoró de ella”.
(The Interpreter’s Bible, ed. por G. A. Buttrick et al. [Nueva York: Abingdon Press, 1952], vol. 1, p. 697)
“[El beso fue] un saludo formal, ofrecido aquí con profunda emoción”. (The Torah: A Modern Commentary, ed. por W. Gunther Plaut [Nueva York: The Union of American Hebrew Congregations, 1981], p. 199)
Génesis 29:17. — Lea tenía ojos delicados
La observación introduce una nota narrativa sobria que invita a una lectura doctrinal cuidadosa, pues el texto no establece un juicio de valor superficial, sino que prepara el contraste entre la percepción humana y la elección divina; en el contexto antiguo, los “ojos” podían aludir tanto a la apariencia como a la expresión interior, sugiriendo que Lea poseía una cualidad discreta, menos llamativa a los ojos de Jacob, pero no por ello carente de dignidad ni de propósito; doctrinalmente, este versículo enseña que Dios obra con frecuencia a través de personas que no ocupan el centro de la atención ni encajan en expectativas externas, y que la fecundidad espiritual no depende del atractivo visible, sino del lugar que cada uno ocupa en el plan divino; el relato mostrará que Lea, aun siendo la esposa no preferida, será instrumento clave para el cumplimiento del convenio, convirtiéndose en madre de gran parte de la posteridad de Israel, lo que subraya que la elección divina invierte los criterios humanos y confiere honor donde el mundo ve desventaja; así, Génesis 29:17 afirma que la mirada de Dios penetra más allá de lo aparente, y que en Su economía del convenio, la fidelidad silenciosa y la perseverancia pueden producir frutos eternos superiores a los que promete la preferencia humana.
Lea era atractiva, en especial por sus ojos. Sin embargo, su belleza no era tan universal como la de Raquel. La diferencia entre Lea y Raquel “no es entre fealdad y belleza, sino entre dos tipos de atracción”. (The Torah: A Modern Commentary, ed. por W. Gunther Plaut [Nueva York: The Union of American Hebrew Congregations, 1981], p. 200)
Génesis 29:17. — Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer
La descripción de Raquel subraya el atractivo visible que capta el afecto inmediato de Jacob y establece un contraste intencional con Lea, enseñando doctrinalmente que la preferencia humana suele nacer de lo que se percibe a primera vista, mientras que el propósito divino se despliega en capas más profundas y a menudo contraculturales; la belleza de Raquel no es condenada ni trivializada, pero el relato la sitúa como el punto de partida de un camino que exigirá paciencia, sacrificio y espera prolongada, mostrando que aun los dones legítimos pueden convertirse en instrumentos de formación cuando Dios permite demoras y pruebas; este versículo anticipa que el amor de Jacob por Raquel será intenso, pero también pedagógico, pues lo llevará a trabajar, a soportar engaños y a aprender que el afecto sincero necesita ser purificado por la fidelidad y la perseverancia; así, Génesis 29:17 enseña que lo atractivo puede iniciar el viaje, pero solo la obediencia y el refinamiento sostienen el destino del convenio, recordando que Dios usa tanto la belleza como la espera para moldear corazones conforme a Su voluntad eterna.
En la Iglesia puede parecer políticamente incorrecto reconocer que Jacob valoró a Raquel por su belleza. El mensaje implícito suele ser que la atracción debe basarse en valores espirituales y no en atributos físicos. Sin embargo, los Santos de los Últimos Días son personas reales. El padre Jacob fue una persona real. Raquel era hermosa; también tenía grandes cualidades personales. Lo tenía todo. Así también Sara y Rebeca. Los tres patriarcas—Abraham, Isaac y Jacob—estuvieron casados con mujeres que eran veneradas por su belleza física.
Así como los hombres Santos de los Últimos Días deben procurar mantenerse en forma y ser atractivos además de honrar el sacerdocio, las hermanas deben buscar la belleza tanto interior como exterior. Quienes sobresalen en belleza externa deberían concentrarse en la belleza interior, y viceversa. Un énfasis desequilibrado en cualquiera de las dos resulta perjudicial.
Ezra Taft Benson. Conservaos atractivas, mantened normas elevadas, mantened el respeto propio. No participéis en intimidades que traen dolor y aflicción. Colocaos en una posición en la que podáis conocer a hombres dignos y participad en actividades constructivas. (“To the Single Adult Sisters”, Conference Report, octubre de 1988)
Presidente David O. McKay. Una mujer hermosa, modesta y amable es la obra maestra de la creación. Cuando a estas virtudes se suman como estrellas guía en su vida la rectitud y la devoción, y un impulso y deseo irresistibles de hacer felices a los demás, nadie cuestionará que deba ser contada entre las verdaderamente grandes. (Gospel Ideals, Salt Lake City: The Improvement Era, 1953, p. 449)
Génesis 29:19. — Mejor es que te la dé a ti, que dársela a otro hombre
Lafirmación de Labán— introduce una ironía doctrinal significativa, pues expresa una aparente benevolencia que encubre un corazón calculador y ambiguo, preparando el escenario para el engaño que seguirá; doctrinalmente, este versículo enseña que las palabras correctas no siempre reflejan intenciones rectas, y que el lenguaje de conveniencia puede imitar el lenguaje del convenio sin compartir su integridad; Labán apela a una lógica social razonable, pero evita cualquier compromiso explícito, mostrando cómo la falta de claridad puede convertirse en una herramienta de manipulación; este momento también marca un giro pedagógico en la vida de Jacob, quien ahora se encuentra del otro lado del engaño, experimentando en su propia carne las consecuencias de la astucia que antes había practicado, lo que revela un principio doctrinal de refinamiento: Dios permite que Sus siervos aprendan mediante experiencias que reflejan sus propias debilidades; así, Génesis 29:19 afirma que el Señor no abandona a Jacob en manos de la injusticia, sino que usa incluso las promesas ambiguas de Labán para enseñar discernimiento, paciencia y dependencia más profunda del Dios del convenio, preparando al heredero para una madurez espiritual que no podía lograrse sin este proceso.
Sea cierto o no, una antigua tradición judía sugiere que Labán había planeado desde mucho antes dar a Raquel a Jacob.
“El Midrash judío afirma que las jóvenes eran gemelas fraternas y que sus matrimonios con sus primos gemelos Esaú y Jacob fueron arreglados por Rebeca y Labán desde el momento del nacimiento de las niñas (Ginzberg, Legends, 1:327, 358)”.
Génesis 29:20. — Y sirvió Jacob por Raquel siete años
La declaración — revela que el camino del convenio incluye servicio prolongado y espera fiel, pues el amor de Jacob se expresa no en palabras apresuradas, sino en una entrega constante que transforma el deseo en disciplina; doctrinalmente, este versículo enseña que el amor verdadero, cuando está alineado con el propósito de Dios, se prueba y se purifica mediante el tiempo, y que la espera no es un obstáculo al cumplimiento de la promesa, sino un instrumento divino para formar carácter; el texto señala que los siete años “le parecieron como pocos días”, no porque el trabajo fuera liviano, sino porque la esperanza daba sentido al sacrificio, mostrando que cuando una promesa es valorada correctamente, el esfuerzo se vuelve parte del gozo; además, este período de servicio marca un contraste intencional con la obtención apresurada de la bendición paterna años antes, indicando que Jacob está aprendiendo que las bendiciones más duraderas no se toman, sino que se ganan mediante fidelidad; así, Génesis 29:20 afirma que Dios educa a Sus siervos en la paciencia redentora, enseñándoles que el amor, el convenio y la bendición se sostienen no por la astucia, sino por la perseverancia obediente a lo largo del tiempo.
“Los profetas esperan más de nosotros de lo que espera Hollywood. Esperan que notemos, que completemos con el ojo interior de una imaginación espiritual, comentarios aparentemente casuales como: “Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba” (Gén. 29:20). Es fácil no notarlo; hay mucho más de lo que estamos acostumbrados en esas veintiuna palabras sencillas que condensan siete años. Pero la fuerza de ese tributo colosal a la hermosura de Raquel, a la gallardía de Jacob y al poder del alma humana para una lealtad perdurable se pierde casi por completo si se omite el detalle no escrito entre esas líneas, si no nos ponemos imaginativamente en las sandalias de Jacob pastoreando cabras y ovejas en un lugar como el desierto de Sevier durante siete largos años de sol abrasador, viento azotador, polvo en la boca, olor a ovejas y trabajo agotador, propios de una juventud ardientemente impaciente”. (Steven C. Walker, “Between Scriptural Lines”, Ensign, marzo de 1978, p. 63)
Génesis 29:25. — Y sucedió que a la mañana, he aquí que era Lea
La frase abrupta —marca uno de los giros más irónicos y formativos del relato, pues Jacob, quien en el pasado había obtenido una bendición mediante engaño, despierta ahora como receptor del engaño, confrontado de manera directa con las consecuencias pedagógicas de su historia; doctrinalmente, este versículo enseña que Dios no permite el engaño como norma, pero sí lo utiliza como espejo moral para refinar a Sus siervos, mostrando que la justicia divina no siempre actúa de forma inmediata, sino formativa; el amanecer simboliza revelación y verdad, pues lo que fue ocultado en la noche sale a la luz, recordando que ninguna apariencia puede sostenerse indefinidamente; al mismo tiempo, este episodio introduce la dignidad de Lea dentro del plan divino, pues aunque fue instrumento del engaño de Labán, ella no es presentada como culpable, sino como parte de una economía mayor en la que Dios transformará la humillación humana en fecundidad espiritual; así, Génesis 29:25 afirma que el camino del convenio incluye confrontaciones dolorosas con el pasado, pero que dichas experiencias, cuando son aceptadas con humildad, se convierten en medios mediante los cuales Dios corrige, equilibra y redirige la vida del creyente hacia una madurez más profunda.
En la cultura estadounidense, se considera de mala suerte que el novio vea a la novia antes de la ceremonia el día de su boda. En la cultura de Labán, aparentemente la novia permanecía velada durante toda la ceremonia, lo que permitió que Lea se disfrazara como Raquel y se casara con Jacob sin que él supiera con quién se había casado. Esto también implica que Jacob y Lea debieron consumar su matrimonio en suficiente oscuridad como para que Jacob no reconociera a su nueva esposa como Lea sino hasta la mañana. Fue una jugada bastante sucia de parte de Labán contra Jacob, pero Lea debió haber sido cómplice también. La historia está llena de este tema: la aflicción de la hermana mayor ante el matrimonio de la menor. Al parecer, Labán estaba decidido a adelantarse a esa situación, presentándola como una norma cultural: “No se hace así en nuestro lugar, dar la menor antes que la mayor”.
Jacob debió de haber pensado: “¿Por qué no me lo dijiste hace siete años?”. Sin duda estuvo enojado. Tenía todo el derecho a sentirse engañado, burlado y traicionado.
El texto bíblico relata la ira y la consternación de Jacob cuando descubrió el engaño, pero no menciona la reacción de Lea ni de Raquel (Génesis 29:25). ¿Qué pensaron ellas acerca de los planes matrimoniales de su padre para ambas? ¿Por qué las hermanas accedieron al plan? ¿Tenían opción? Como impostora en su propia boda, ¿cómo se habrá sentido Lea al saber que su esposo pronto descubriría que ella no era su amada Raquel? ¿Dónde estaba Raquel durante la ceremonia? ¿Fue este un acto de altruismo de su parte para permitir que su hermana mayor también disfrutara de las bendiciones del matrimonio, o se oponía Raquel a la artimaña de su padre?” (Camille Fronk Olson, Women of the Old Testament [Salt Lake City: Deseret Book, 2009], p. 69)
¿Cómo respondió Jacob a esta traición? ¿Le damos crédito por su respuesta serena y obediente?
Los contratos matrimoniales escritos eran comunes en todo el antiguo Cercano Oriente. Antes del día de la boda, el novio y el padre de la novia (o su representante) firmaban el contrato que contenía todas las negociaciones acordadas. En consecuencia, Jacob tenía una sólida reclamación legal contra Labán por no cumplir con los compromisos del contrato y, por lo tanto, podría haber quedado libre de su matrimonio con Lea. Reflejando su posición debilitada, Labán propuso una solución atractiva en el mismo momento en que Jacob lo acusó de engaño. Si Jacob daba a Lea la atención debida durante la semana completa de la boda, también podría casarse con Raquel. Además, Labán no exigió que Jacob esperara hasta completar los siete años adicionales de trabajo antes de entregarle a su segunda hija, lo que indica nuevamente que Labán era consciente de su posición vulnerable”.
(Camille Fronk Olson, Women of the Old Testament [Salt Lake City: Deseret Book, 2009], p. 69)
Cada vez que nos quejamos de que la vida no es justa, deberíamos recordar a nuestro gran padre Jacob, quien soportó la injusticia de la vida con el entendimiento de que Dios finalmente pone todo en orden. Tenía ante sí otros siete años de servidumbre. ¡Vaya cambio de planes! ¿No tenía acaso derecho a quejarse?
“La vida no siempre es justa en el sentido mortal, y si esperamos que lo sea, nos desalentaremos. Sin embargo, la vida siempre es justa en el sentido eterno. En lugar de preguntar “¿Por qué me sucede—o me sucederá—esto a mí?”, podemos preguntar: “¿Cómo puedo crecer mediante esta experiencia y llegar a ser una mejor persona?”. (Sharon Evans Brown, “Till We Meet Again”, Ensign, febrero de 1995, p. 12)
“La mayoría de nosotros nos sentimos frustrados o impacientes en ocasiones. Pero cuando expresamos esos sentimientos enojándonos con alguien, ofendemos al Espíritu e invitamos la amargura a nuestro corazón. Al esforzarnos por venir a Cristo y perfeccionarnos, no deberíamos preguntarnos “¿Qué es justo?”, sino, humildemente, “¿Qué querría Jesús que yo hiciera?”. (“Charity Is Not Easily Provoked”, Ensign, julio de 1988, p. 47)
Génesis 29:27–30. — Cumple la semana de esta, y se te dará también la otra… por otros siete años más
La exigencia de Labán — intensifica el proceso de refinamiento espiritual de Jacob, pues el amor que antes se sostuvo con gozo ahora es probado por la multiplicación del sacrificio; doctrinalmente, este pasaje enseña que Dios permite que las promesas legítimas se alcancen mediante caminos más largos de lo esperado, no para frustrar al creyente, sino para purificar sus motivos y fortalecer su fidelidad; Jacob acepta servir otros siete años, mostrando un cambio significativo respecto a su pasado, ya que no recurre a engaños ni exige atajos, sino que asume voluntariamente el costo del compromiso; el contraste entre Lea y Raquel, y la preferencia manifiesta de Jacob, no es aprobada por el texto, sino presentada como una realidad humana que Dios habrá de redimir, especialmente al mostrar Su compasión hacia Lea; así, Génesis 29:27–30 afirma que en el marco del convenio, el amor verdadero no se define solo por la emoción inicial, sino por la constancia que persevera aun cuando el camino se vuelve más exigente, y que Dios utiliza la espera prolongada para formar siervos capaces de sostener las bendiciones que desean recibir.
A Jacob se le pide que sirva otros siete años, pero no se le exige esperar siete años adicionales. Se le pide que espere solo una semana por Raquel; entonces podría casarse con ella. La familia de Labán tendría que celebrar otra gran fiesta de bodas para Raquel. Tal vez ya tenían las decoraciones preparadas. Tal vez los parientes ya estaban en la ciudad. Quizá las criadas ya habían sido escogidas.
Génesis 29:30. — Y entró también a Raquel
La frase no debe leerse como un mero dato narrativo, sino como la culminación de un proceso largo y costoso que integra amor, espera y disciplina dentro del marco del convenio; doctrinalmente, este versículo señala que aquello que Jacob deseaba desde el principio finalmente le es concedido, pero no sin haber pasado primero por humillación, servicio prolongado y aprendizaje espiritual, mostrando que Dios no niega las bendiciones legítimas, sino que las entrega en el tiempo y de la manera que forman el carácter del receptor; el texto añade que Jacob amó a Raquel más que a Lea, sin justificar esta preferencia, preparando así el escenario para que se manifieste la justicia compasiva de Dios, quien verá la aflicción de Lea y la honrará con fecundidad; este momento confirma que el amor humano, aun cuando es sincero, necesita ser santificado para no convertirse en fuente de desequilibrio espiritual, y que las relaciones dentro del convenio requieren crecimiento moral, no solo cumplimiento formal; así, Génesis 29:30 enseña que el cumplimiento de un anhelo no es el final del proceso formativo, sino el inicio de nuevas responsabilidades, y que Dios continúa obrando en medio de relaciones imperfectas para llevar adelante Su propósito eterno mediante paciencia, corrección y gracia.
La mayoría de los hombres admite que es difícil mantener feliz a una sola esposa, y mucho más a dos; pero ¿qué sucedería si esas dos fueran hermanas? Esto introduce el tema de la poligamia entre los patriarcas. En la actualidad, la doctrina de los Santos de los Últimos Días rechaza esta práctica, pero no siempre fue así. Desde 1843 hasta comienzos del siglo XX, el matrimonio plural fue practicado por los mormones. Durante más de 150 años, este ha sido un hecho histórico difícil de aceptar para muchos investigadores.
El autor enseñaba una vez a un investigador en una ciudad remota del este de Corea del Sur. El hombre había sido recientemente adventista del séptimo día. Se enorgullecía de investigar toda religión cristiana que encontraba. Como algunos de los primeros misioneros de la Iglesia en su ciudad, se convirtió en un investigador entusiasta. Se sentía orgulloso de su conocimiento de la Biblia, y hacía especial énfasis en el sábado como el verdadero día de reposo. Cuando se enteró de que los mormones habían practicado la poligamia, dijo: “Los pueblos del Antiguo Testamento que practicaron la poligamia produjeron descendencia congénitamente anormal y fueron rechazados por Dios, ¿no es así?”.
Con esa observación se preparó para el fracaso. Su intención era usar la Biblia para colocar una marca negra de condenación sobre la práctica de la poligamia. El libro de Génesis hace exactamente lo contrario. Abraham fue polígamo; Jacob fue polígamo. Las doce tribus de Israel provinieron de cuatro mujeres distintas. Estamos hablando de la Casa de Israel, el pueblo escogido de Dios, las ovejas de Su redil, el clan del convenio al que pertenecen todas las promesas. Lejos de ser rechazados por un Dios desaprobador, fueron aceptados y honrados por un Dios que incluso utilizó sus nombres polígamos para identificarse a Sí mismo: el Dios de Abraham, el polígamo; el Dios de Isaac; y el Dios de Jacob, el polígamo.
Este precedente bíblico no pasó inadvertido para los Santos de los Últimos Días de finales del siglo XIX. El siguiente extracto es solo un ejemplo entre cientos de citas que defendían la práctica.
Charles W. Penrose. Y temo que muchos de nuestros buenos amigos cristianos, que se sienten tan terriblemente escandalizados por este aspecto de nuestra fe, cuando lleguen a la puerta [celestial] y miren dentro y vean a Abraham, a Sara, a Agar y a Cetura, y a esas concubinas dadas por el Señor a Abraham—cuando las vean en el reino eterno—querrán darse la vuelta y buscar una compañía más de su agrado, lo cual están en perfecta libertad de hacer. Si Abraham estuviera hoy en la tierra, esas mismas buenas personas lo pondrían en la penitenciaría, y sin embargo lo llaman “el padre de los fieles, el amigo de Dios”, y desean ir a su seno cuando mueran. Si Jacob estuviera aquí con sus cuatro esposas, por medio de las cuales “edificó la casa de Israel”, cuyos doce hijos han de tener sus nombres inscritos en las puertas de la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que ha de descender del cielo de Dios como una esposa ataviada para su marido—digo que si Jacob estuviera hoy en la tierra, ¡lo pondrían en la cárcel! (Journal of Discourses, 25:228; discurso dado el 26 de julio de 1884)
Génesis 29:31. — Y vio Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz
La declaración — revela con profunda claridad el carácter compasivo y justo de Dios, quien interviene precisamente donde la preferencia humana ha producido dolor y marginación; doctrinalmente, este versículo enseña que el Señor ve no solo las acciones visibles, sino también las heridas silenciosas del corazón, y que Su gracia se inclina de manera especial hacia quienes son desplazados, ignorados o menospreciados dentro de relaciones imperfectas; mientras Jacob ama a Raquel y relega a Lea, Dios responde no con reproche inmediato, sino con una bendición redentora que dignifica a Lea y la convierte en instrumento central del cumplimiento del convenio, mostrando que la fecundidad espiritual no depende del afecto humano, sino de la elección divina; la apertura de la matriz es tanto un acto de misericordia como una afirmación teológica: Dios no permite que la injusticia relacional tenga la última palabra, y transforma el sufrimiento en medio de propósito eterno; así, Génesis 29:31 afirma que el Señor es defensor de los olvidados, que Su poder se manifiesta donde el amor humano falla, y que dentro del plan del convenio, quienes parecen menos amados por los hombres pueden llegar a ser profundamente honrados por Dios.
“La palabra hebrea sahnay no significa “odiar” en el sentido moderno del término, sino que más bien transmite la idea de “amar menos””. (Old Testament Student Manual: Genesis–2 Samuel [CES, 1981], p. 87)
Raquel era la hermosa. Era amada por Jacob. En comparación, parecía que Lea era aborrecida por Jacob. Eso debió haberle causado un profundo dolor de corazón. Debió haber sido fuente de gran aflicción y tema de muchas oraciones. El Señor amaba a Lea tanto como amaba a Raquel. Vio cuán injustamente había sido tratada Lea, y Dios siempre puede compensar las desigualdades. Abrir la matriz de Lea quizá no fue lo único que hizo para enderezar las cosas, pero siempre debemos tener fe en que Él puede y Él hará justo lo que la mortalidad hace injusto.
Alexander B. Morrison. Aunque Dios no es el autor de todo el sufrimiento humano, es una medida de nuestra devoción a Su amado Hijo el que de la angustia y la aflicción puedan surgir iluminación espiritual, crecimiento del alma y un sentido cada vez mayor de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios y con Cristo. El fuego de la aflicción, que deja cicatrices en algunas almas, purifica y ennoblece a otras, transformándolas en seres celestiales llenos de gozo supremo. “Todas tus pérdidas te serán restituidas en la resurrección, con tal de que permanezcas fiel. Por la visión del Todopoderoso lo he visto”, dijo José Smith, quien sabía más acerca de lucha, dolor, desilusión y angustia que la mayoría. (Teachings, p. 296)
Hay, entonces, ocasiones en las que todo lo que podemos hacer es aferrarnos y perseverar hasta el fin, recordando la bondad de Dios para con nosotros en el pasado y Su amor perdurable. En tales circunstancias, las palabras de Pablo a los corintios adquieren un significado especial: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). En tales momentos sabemos, con Nefi, en quién podemos confiar (véanse 2 Nefi 4:19, 34). (Feed My Sheep: Leadership Ideas for Latter-day Shepherds [Salt Lake City: Deseret Book, 1992], p. 130)
























