Génesis

Génesis 31


Génesis 31:1. — Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre

La queja —revela cómo la bendición divina suele reinterpretarse como injusticia por quienes solo miden la prosperidad con criterios humanos, pues los hijos de Labán atribuyen la riqueza de Jacob a apropiación indebida y no al favor de Dios; doctrinalmente, este versículo enseña que cuando Dios prospera al portador del convenio dentro de un sistema injusto, el éxito despierta resentimiento y sospecha en lugar de reconocimiento, exponiendo corazones que confunden derecho con posesión y mérito con herencia; la acusación marca un punto de quiebre: el ambiente ya no es solo explotador, sino hostil, señalando que Dios a menudo permite que la oposición se haga explícita para indicar que el tiempo de partir ha llegado; así, Génesis 31:1 afirma que la prosperidad concedida por Dios puede provocar conflicto cuando no hay rectitud compartida, y que el Señor utiliza incluso la envidia ajena como señal providencial para mover a Sus siervos hacia la siguiente etapa del convenio, donde la obediencia requiere dejar atrás la dependencia de estructuras humanas y avanzar conforme a Su mandato.

Los hermanos de Raquel y Lea veían cómo su herencia se reducía ante sus propios ojos. Ellos no eran quienes estaban en los campos cuidando los rebaños de Labán; pero tan pronto como los rebaños comenzaron a multiplicarse en favor de Jacob, clamaron fraude. Esta es otra prueba para Jacob. Este es el tema del capítulo 31: ¿podrá Jacob soportar el trato injusto de sus parientes políticos? Es acusado falsamente por los hijos de Labán, tratado injustamente por Labán, e incluso tiene razones para temer por su integridad física (v. 7). ¿Responderá Jacob con la integridad de Abraham e Isaac? ¿Responderemos nosotros así?

Joseph Smith. Dios ha dicho que tendría un pueblo probado, que los purificaría como el oro… pensamos también que será una prueba de nuestra fe igual a la de Abraham, y que los antiguos no tendrán de qué gloriarse sobre nosotros en el día del juicio, como si hubieran pasado por aflicciones mayores; de modo que podamos tener el mismo peso en la balanza que ellos. (Enseñanzas del Profeta José Smith, 135–136)

Génesis 31:9. — Dios ha quitado el ganado de vuestro padre y me lo ha dado a mí

La declaración de Jacob —constituye una confesión teológica explícita que redefine toda su experiencia en Harán, pues Jacob atribuye su prosperidad no a técnicas, acuerdos laborales ni ventajas circunstanciales, sino a la intervención justa de Dios; doctrinalmente, este versículo enseña que el Señor actúa como juez y restaurador dentro de relaciones marcadas por la injusticia, quitando aquello que ha sido retenido o manipulado indebidamente y reasignándolo conforme a Su voluntad y a la fidelidad demostrada; la afirmación de Jacob no es arrogancia, sino testimonio, ya que reconoce que su aumento fue resultado de la vigilancia divina frente al engaño reiterado de Labán, mostrando que Dios ve el trabajo honesto y no permanece indiferente ante la opresión prolongada; además, este pasaje marca la madurez espiritual de Jacob, quien ahora interpreta su historia no desde la queja ni desde la autojustificación, sino desde la providencia soberana de Dios, capaz de convertir años de servidumbre en herencia legítima; así, Génesis 31:9 afirma que el Dios del convenio no solo promete bendición futura, sino que interviene activamente en el presente para hacer justicia, vindicar a Sus siervos y demostrar que toda prosperidad verdadera proviene de Su mano y no del poder humano.

Jacob no podía devolver el ganado. Hacerlo habría sido ofender al Señor. El Señor estaba bendiciendo a Jacob por su rectitud y multiplicó el ganado manchado, listado y salpicado.

Génesis 31:13. — Yo soy el Dios de Bet-el

Cuando el Señor declara —“yo soy el Dios de Bet-el”— se produce una reafirmación personal y memorial del convenio, pues Dios se identifica no solo por Su nombre eterno, sino por una experiencia concreta de revelación que Jacob vivió en el inicio de su peregrinaje; doctrinalmente, este versículo enseña que Dios se revela de manera histórica y relacional, recordando a Sus siervos los momentos en que Él habló, prometió y fue fiel, aun cuando el camino posterior haya sido largo y difícil; al invocar Bet-el, Dios conecta el presente de Jacob —marcado por opresión, prosperidad y conflicto— con la promesa original de presencia y retorno, confirmando que el mismo Dios que se manifestó en la soledad del desierto es quien ahora ordena el regreso; esta identificación también implica responsabilidad, pues el Dios que se reveló en Bet-el es el Dios ante quien Jacob hizo votos, mostrando que la revelación no solo consuela, sino que compromete; así, Génesis 31:13 afirma que el Señor no olvida Sus promesas ni permite que Sus hijos olviden las suyas, y que el camino del convenio se sostiene por la memoria sagrada de un Dios que acompaña, recuerda y cumple, llamando a Sus siervos a responder con obediencia renovada cuando Él vuelve a hablar.

“Bet-el” significa literalmente “la casa de Dios”: beth, casa de; el, Dios (abreviatura de Elohim). Jehová le está diciendo a Jacob: “Yo soy el Dios de la Casa de Dios”. Podría haber dicho: “Yo soy el Dios de tus padres, Abraham e Isaac”, pero Jehová era el Dios de Jacob de una manera profundamente personal. Veinte años antes, cuando Jacob iba camino a Harán, el Señor le dio la promesa del convenio abrahámico y declaró: “Yo te haré volver a esta tierra” (Gén. 28:15). Era una promesa que Jacob estaba listo para ver cumplida.

Al principio, pensó que serían siete años, pero luego el acuerdo cambió. Podría haber culpado a Dios por el cambio, pero no lo hizo. Después de catorce años, cuando ya había servido por ambas hijas, la situación volvió a cambiar. En ese momento, Jacob podría haber murmurado: “¡Pensé que ibas a traerme de vuelta a la tierra de mi herencia! ¿Cómo es que Labán me retiene más tiempo?”. Tras veinte años, aún no culpa a Dios. Ha sido paciente. Ha esperado en el Señor, entendiendo que las promesas del Señor se cumplen, aunque no sea conforme a un calendario mortal. A veces es más fácil confiar en el Señor que confiar en Su tiempo.

Neal A. Maxwell. La fe también incluye confiar en el tiempo de Dios, pues Él ha dicho: “Todas las cosas deben suceder en su debido tiempo” (D. y C. 64:32). Irónicamente, algunos que reconocen a Dios son probados por Su tiempo, tanto en lo global como en lo personal.

La fe también incluye fe en los propósitos formativos de Dios, porque “el Señor considera conveniente castigar a su pueblo; sí, prueba su paciencia y su fe” (Mosíah 23:21). Aun así, a algunos de nosotros nos cuesta cuando la instrucción de Dios se aplica a nosotros. (“Lest Ye Be Wearied and Faint in Your Minds”, Ensign, mayo de 1991, p. 90)

Génesis 31:14–16. — ¿Tenemos aún parte o herencia en la casa de nuestro padre?

La pregunta de Raquel y Lea —marca una ruptura decisiva con el pasado y una reorientación completa hacia el convenio que Dios está cumpliendo por medio de Jacob; doctrinalmente, este pasaje enseña que la fidelidad al llamado divino implica, en ocasiones, reconocer que los vínculos que debían proteger y proveer se han vuelto injustos y han perdido su legitimidad espiritual; al afirmar que su padre las ha tratado como extrañas y ha consumido su dote, Raquel y Lea interpretan su historia no solo como una experiencia emocional, sino como una realidad moral ante Dios, reconociendo que la prosperidad otorgada a Jacob es una restitución justa; su conclusión —“todo lo que Dios ha dicho a ti, hazlo”— revela una madurez espiritual notable, pues ambas mujeres, que antes rivalizaban, ahora se unen en discernimiento y obediencia, alineándose con la voluntad divina por encima de la lealtad familiar; así, Génesis 31:14–16 afirma que el éxodo del convenio no es solo geográfico, sino relacional y espiritual, y que seguir a Dios requiere, a veces, soltar herencias humanas injustas para recibir una herencia más alta, fundada en la promesa y la fidelidad del Señor.

Según la costumbre antigua, el novio pagaba al padre de la novia un “precio de la novia”. Jacob lo sabía bien, pues había pagado veinte años de labor devota—un pago enorme, muy superior a lo que la costumbre antigua normalmente exigía.

“El precio de la novia no necesariamente adoptaba la forma de un pago único. No era raro que se pagara con el tiempo. Raquel debió de haberse sentido complacida, pues el precio fue enorme según los estándares contemporáneos”. (James R. Baker, “Women’s Rights in Old Testament Times)

Por otra parte, el padre de la novia debía proveer a su hija una dote, una suma de dinero o propiedad—con frecuencia cercana a una décima parte de la riqueza del padre—que sostendría al nuevo matrimonio y que debía devolverse a la esposa en caso de divorcio. A menudo, la dote incluía el precio original de la novia. Eso es lo que Raquel y Lea preguntan: “¿Tenemos aún parte o herencia para nosotras?”.

Cada vez vemos a Labán como egoísta y avaro. Aunque la costumbre habría contado a Zilpa y Bilha como parte de la dote, Raquel y Lea sabían que Labán no se desprendería de más riqueza. Estuvo dispuesto a exigir a Jacob un precio enorme, pero fue demasiado egoísta para dar a sus hijas una dote generosa. Quizá por eso Raquel robó los ídolos de su padre, resentida por su lealtad mal dirigida y su codicia.

Génesis 31:16. — Ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho

La exhortación final de Raquel y Lea —representa un acto de fe colectiva y de alineación plena con la voluntad divina, pues las mujeres que antes expresaban rivalidad y dolor ahora se convierten en testigos y confirmadoras del llamado de Jacob; doctrinalmente, este versículo enseña que la obediencia auténtica se fortalece cuando el discernimiento espiritual es compartido y confirmado dentro de la familia del convenio, mostrando que Dios no solo guía individualmente, sino que une corazones en una dirección común; al instar a Jacob a obedecer sin reservas, Raquel y Lea reconocen que la autoridad final no pertenece a la tradición, al padre ni a la conveniencia económica, sino a la palabra revelada de Dios; esta declaración marca la transición definitiva de Harán a la tierra prometida, no solo como desplazamiento físico, sino como acto consciente de confianza, donde el pasado es dejado atrás y el futuro se abraza por fe; así, Génesis 31:16 afirma que el camino del convenio avanza cuando los hijos de Dios deciden obedecer plenamente lo que Él ha dicho, y que la unidad espiritual en la obediencia prepara al pueblo del Señor para el éxodo, la protección divina y el cumplimiento de promesas mayores.

Howard W. Hunter. Cuando Jacob fue instruido a regresar a la tierra de Canaán—lo cual significaba dejar todo aquello por lo que había trabajado durante muchos años—llamó a Raquel y a Lea al campo donde estaba su ganado y les explicó lo que el Señor había dicho. La respuesta de Raquel fue sencilla, directa y reveladora de su compromiso: “Todo lo que Dios te ha dicho, hazlo” (Gén. 31:16).

Tenemos, entonces, ejemplos en las Escrituras de cómo considerar y evaluar los mandamientos del Señor. Si reaccionamos como Josué, Abraham, Rebeca y Raquel, nuestra respuesta será simplemente ir y hacer lo que el Señor ha mandado. (That We Might Have Joy [Salt Lake City: Deseret Book, 1994], 157)

Génesis 31:19. — Raquel había hurtado los ídolos que eran de su padre

La nota — introduce una ambigüedad espiritual inquietante dentro del relato del éxodo de Jacob, pues mientras la familia obedece la palabra revelada de Dios y se dispone a salir hacia la tierra del convenio, Raquel conserva consigo objetos que representan una lealtad religiosa antigua y no resuelta; doctrinalmente, este versículo enseña que el abandono geográfico de la opresión no siempre coincide con una separación inmediata y completa de las creencias pasadas, mostrando que la fe puede avanzar mezclada con temores, costumbres heredadas o deseos de seguridad simbólica; los ídolos, asociados a herencia y protección doméstica, sugieren que Raquel aún lucha por confiar plenamente en el Dios que ha quitado su afrenta, revelando que el proceso de conversión y purificación es gradual y requiere tiempo; además, el hurto introduce tensión moral y riesgo innecesario, recordando que los rezagos del pasado pueden poner en peligro el avance del presente cuando no se los abandona conscientemente; así, Génesis 31:19 afirma que el camino del convenio exige no solo obedecer el mandato de Dios, sino también despojarse de toda dependencia rival, enseñando que la libertad verdadera se consolida cuando el corazón, además del cuerpo, deja atrás los ídolos y se apoya sin reservas en el Dios que guía, guarda y cumple.

“Los terafines eran figurillas pequeñas y portátiles con forma humana. En la antigüedad se consultaban como oráculos para la adivinación y representaban la prosperidad familiar y la protección divina”.
(Camille Fronk Olson, Women of the Old Testament [Salt Lake City: Deseret Book, 2009], 76)

“Josephus informó que incluso en su tiempo (siglo I d. C.) era costumbre “entre todos los pueblos de esa región tener objetos de culto en casa y llevarlos consigo al viajar”… Los registros de Nuzi indican que los terafines solían ser símbolos de derechos de propiedad y estatus familiar. Su posesión podía indicar que ciertos privilegios habían sido confirmados al transferirse la propiedad de los terafines (cf. el simbolismo del cetro o de las llaves de una casa). Así, la posesión de los terafines por Jacob podría probar que ya no era siervo de Labán y que, por tanto, tenía derecho a una parte de su herencia. Si Jacob no había alcanzado legalmente esa posición, Raquel, con su robo, quiso asegurársela. La tradición bíblica presenta a Raquel como una mujer resuelta, que no dudó en tomar la ley—o lo que ella creía que era la ley—en sus propias manos. Conocía los derechos de su esposo y tenía razones de sobra para dudar que Labán los transfiriera voluntaria y formalmente”. (The Torah: A Modern Commentary, ed. por W. Gunther Plaut [Nueva York: The Union of American Hebrew Congregations, 1981], 214)

Génesis 31:20. — Jacob se fue a escondidas

La observación —introduce una tensión moral que muestra cómo incluso un siervo que obedece un mandato divino puede actuar con temor residual fruto de años de opresión y trato injusto; doctrinalmente, este versículo enseña que la obediencia al llamado de Dios no siempre va acompañada de plena confianza inmediata, pues Jacob, aunque autorizado por el Señor para regresar, aún carga hábitos formados bajo el control de Labán y opta por una salida silenciosa para evitar confrontación; el texto no justifica el sigilo, pero lo contextualiza, revelando que la fe madura a menudo avanza mezclada con debilidad humana, y que Dios continúa guiando aun cuando Sus siervos no actúan con perfecta transparencia; además, el contraste entre el mandato divino claro y la ejecución cautelosa de Jacob subraya que el éxodo del convenio es tanto un proceso interior como exterior, donde aprender a confiar plenamente en la protección de Dios toma tiempo; así, Génesis 31:20 afirma que el Señor no abandona a Sus hijos por sus temores persistentes, sino que los acompaña mientras aprenden a pasar de una fe defensiva a una confianza abierta, consolidando su libertad no solo del dominio ajeno, sino también del miedo que ese dominio dejó en el corazón.

El Señor mandó a Jacob salir de Harán (v. 3), pero no le indicó cómo hacerlo. Jacob concluyó que lo mejor era partir en secreto. Si anunciaba abiertamente sus planes, Labán sin duda volvería a cambiarle el salario o inventaría una nueva excusa para retenerlo. Jacob no podía esperar más; tenía al Señor de su lado y era tiempo de partir—en secreto era la mejor opción.

Génesis 31:22–23. — Labán… lo persiguió por siete días de camino

Cuando Labán es informado de la huida de Jacob y lo persigue por siete días de camino, el relato intensifica el motivo del éxodo bajo amenaza, mostrando que la liberación del pueblo del convenio suele ir seguida por la reacción del poder que pierde control; doctrinalmente, este pasaje enseña que quienes se benefician de la bendición ajena rara vez renuncian a ella sin resistencia, y que la persecución revela no solo pérdida económica, sino un intento de reafirmar autoridad sobre lo que Dios ya ha liberado; los “siete días” subrayan la determinación completa de Labán y simbolizan una prueba plena, en la que Jacob y su familia avanzan no por fuerza militar, sino sostenidos únicamente por la promesa divina; este momento prepara la intervención directa de Dios, recordando que cuando el conflicto alcanza su punto más peligroso, el Señor mismo actúa para proteger a Sus siervos; así, Génesis 31:22–23 afirma que la obediencia al llamado de Dios puede provocar confrontación, pero también confirma que ningún perseguidor puede revertir una liberación decretada por el Señor, quien guarda a Su pueblo aun cuando el pasado intenta alcanzarlo en el camino hacia la promesa.

Volvemos al tema del anticipo tipológico: la salida de Jacob de Harán como tipo de la salida de Israel de Egipto. Así como el faraón reunió su ejército para perseguir a Moisés y a los israelitas (Éx. 13–14), Labán reunió a sus parientes para ir tras Jacob. Nos preguntamos: ¿de qué se queja Labán? Ha usado a Jacob como siervo durante veinte años y aun así no le basta. Así como Dios ayudó a los israelitas a “despojar a los egipcios” (Éx. 3:22), Jacob se llevaría el “despojo” del ganado listado de Labán, y Raquel lo despojaría de sus dioses ídolos.

Labán estaba furioso. No había sido agraviado por Jacob; la codicia y la avaricia dominaban su corazón. Moisés prometió a Israel: “No temáis; estad firmes y ved la salvación de Jehová… Jehová peleará por vosotros” (Éx. 14:13–14). El Señor también pelearía por Jacob. No sobrevendría daño alguno a ninguno de los suyos.

Génesis 31:25–30. — Dios vino a Labán el sirio en sueños por la noche

La aparición de Dios a Labán el sirio en sueños por la noche constituye una intervención soberana que protege el éxodo del convenio, pues el Señor habla no al heredero de la promesa, sino al perseguidor, estableciendo límites claros a su poder y demostrando que la liberación de Jacob no depende de su astucia ni de su sigilo, sino de la autoridad divina; doctrinalmente, este pasaje enseña que Dios gobierna incluso sobre quienes no participan plenamente del convenio, utilizando la revelación para frenar la injusticia y preservar Su propósito redentor; la advertencia “guárdate que no hables a Jacob descomedidamente” revela que el Señor defiende activamente a Sus siervos cuando estos obedecen Su mandato, y que ningún reclamo económico o afectivo puede justificar la reversión de lo que Dios ha concedido; la queja de Labán, cargada de autojustificación y victimismo, contrasta con la evaluación divina previa, mostrando cómo el poder humano suele reinterpretar la pérdida de control como agravio personal; así, Génesis 31:25–30 afirma que el Dios del convenio es también juez de las naciones y protector de Sus hijos, capaz de silenciar al opresor y garantizar que el camino de salida continúe bajo Su custodia, aun cuando la amenaza parezca inminente.

Labán admitió a Jacob: “Está en el poder de mi mano haceros mal” (v. 29). Labán estaba lo suficientemente enojado como para matar a Jacob o quitarle a sus hijas con todos sus bienes y dejarlo en la miseria. La intervención divina era lo único que podía proteger a Jacob, por lo que Labán recibe instrucciones en un sueño. No tenemos motivo alguno para sentir lástima por Labán. No tuvo una visión porque fuera justo. Cuando afirma que lo que realmente quería era despedir a Jacob con una fiesta y besar a sus hijas, no le creamos. Finge tener un espíritu magnánimo. Finge tener una disposición generosa. Finge hacer lo correcto. Jacob conocía su corazón.

Génesis 31:32. — Con quienquiera que halles tus dioses, no viva

La declaración de Jacob —introduce una ironía trágica y una lección doctrinal sobria sobre la ignorancia humana frente a las realidades ocultas, pues Jacob pronuncia un juicio severo con absoluta convicción de inocencia, sin saber que Raquel ha tomado los ídolos; doctrinalmente, este versículo enseña que las palabras dichas con ligereza, aun cuando procedan de una conciencia limpia, pueden tener consecuencias graves cuando no están acompañadas de pleno conocimiento y dependencia de Dios; el juramento de Jacob revela su deseo de justicia y transparencia, pero también muestra que todavía confía en su propia rectitud más que en la revelación divina para resolver el conflicto; además, el contraste entre el Dios vivo que ha guiado y protegido a Jacob y los “dioses” inertes que Labán busca subraya la inutilidad espiritual de los ídolos frente al poder soberano del Señor, mientras que la amenaza implícita del juramento anticipa el dolor futuro asociado a Raquel, recordando que las palabras pronunciadas sin discernimiento pueden proyectar sombras largas en la historia familiar; así, Génesis 31:32 afirma que el camino del convenio exige no solo rectitud de intención, sino también humildad, cautela y confianza continua en Dios, quien ve lo que Sus siervos desconocen y gobierna incluso cuando ellos hablan más allá de su comprensión.

¿Por qué diría Jacob algo así? Por una cuestión de honor, Jacob no desea tomar nada que no le pertenezca legítimamente. El hecho de que Jacob apruebe un castigo tan severo para el ladrón sugiere que sabe que Labán busca sangre. Los resultados pudieron haber sido desastrosos para Raquel, pero el Señor proveería protección.

Génesis 31:34–35. — Raquel había tomado los ídolos y los había puesto en el aparejo del camello

El relato de que Raquel tomó los ídolos y los ocultó en el aparejo del camello, sentándose sobre ellos mientras alegaba una excusa culturalmente aceptada, expone con fuerza la ironía espiritual del episodio, pues los objetos que Labán considera sagrados quedan literalmente sometidos, inmóviles e impotentes, mientras el Dios vivo protege silenciosamente a Su pueblo; doctrinalmente, este pasaje enseña que los ídolos no solo carecen de poder para salvar, sino que tampoco pueden defenderse a sí mismos, contrastando de manera elocuente con Jehová, quien ha hablado, advertido y actuado para preservar a Jacob; al mismo tiempo, la conducta de Raquel revela que la salida física de la opresión no siempre va acompañada de una ruptura inmediata y honesta con el pasado espiritual, mostrando cómo el temor, la costumbre o el deseo de control pueden llevar a ocultar lo que debería abandonarse; la escena también subraya la misericordia de Dios, quien, aun ante la mezcla de fe y engaño, permite que Su propósito avance sin exponer de inmediato a Raquel, recordando que el proceso de purificación del corazón suele ser gradual; así, Génesis 31:34–35 afirma que el Dios del convenio se distingue no solo por Su poder, sino por Su paciencia, y que la verdadera liberación requiere aprender a dejar atrás todo aquello que compite con la confianza plena en Él, incluso cuando esos “ídolos” parezcan inofensivos o útiles en el camino.

“Que Labán buscara en último lugar en la tienda de Raquel sugiere que era quien menos sospechaba. Raquel escondió los terafines en el “aparejo del camello”, quizá en un compartimento debajo de la silla, y se sentó sobre el aparejo cuando Labán entró (Génesis 31:34). Su pretexto de incapacidad femenina le proporcionó una excusa para no levantarse del escondite y permitir que su padre registrara el aparejo (Génesis 31:35). La escena sugiere que a una mujer se le concedía especial privacidad y protección contra toda perturbación durante su período menstrual… Quizá quiso volver ritualmente impuros a los ídolos al sentarse sobre ellos, para demostrar que no tenían poder alguno. Sea como fuere, logró mantener los terafines lejos de Labán”. (Camille Fronk Olson, Women of the Old Testament [Salt Lake City: Deseret Book, 2009], p. 77)

Génesis 31:36–41. — Entonces Jacob se enojó y reprendió a Labán

Cuando Jacob se enoja y reprende a Labán, se produce una vindicación moral largamente postergada, pues el siervo del convenio, que durante años soportó cambios injustos de salario, engaños reiterados y trato desigual, finalmente articula con claridad su inocencia y fidelidad; doctrinalmente, este pasaje enseña que hay un tiempo apropiado para el silencio paciente y otro para la palabra justa, y que la mansedumbre no excluye la verdad ni la firmeza cuando la rectitud debe ser afirmada; la reprensión de Jacob no nace de orgullo, sino de una conciencia limpia que apela a los hechos y a la vigilancia divina, reconociendo que fue Dios quien protegió su trabajo y lo libró de la explotación de Labán; al enumerar sus años de servicio, sus pérdidas y su temor de Dios, Jacob desplaza el conflicto del plano emocional al moral y teológico, mostrando que la justicia verdadera se sostiene en la fidelidad observada por el Señor; así, Génesis 31:36–41 afirma que Dios no solo libera a Sus siervos, sino que también les concede voz y dignidad para declarar la verdad, enseñando que la integridad perseverante finalmente encuentra su defensa en la presencia y el juicio del Dios del convenio.

Jacob finalmente libera la presión acumulada. ¿Alguna vez has querido decirle unas cuantas verdades a tu jefe, desahogarte o expresar exactamente lo que piensas? Este es el momento de Jacob. Ha sido paciente durante veinte años y simplemente ya no puede soportarlo más.

Finalmente, Jacob y Labán se separaron de manera respetuosa y establecieron un convenio de frontera que durante mucho tiempo dividiría el territorio de los israelitas del de los arameos del norte (véase Gén. 31:44–52). El punto es que la vida de Jacob nunca fue fácil ni estuvo exenta de desafíos y conflictos. En efecto, Jacob dice a Labán, en un momento de intensa frustración durante su última confrontación: “¿Por qué me persigues? ¿Por qué no me dejas volver a casa en paz? ¿Cuál es mi pecado contra ti? Te he servido con el calor del día y con el frío de la noche. Has cambiado mi salario diez veces, y de no haber sido por el temor de Dios, me habrías despedido con las manos vacías” (véase Gén. 31:36–42).

Frente a cada prueba, Jacob permaneció fiel, y Dios estuvo con él conforme a lo prometido. Al final, fue el Señor quien le mandó salir de la tierra de Labán y regresar a la tierra de Canaán. La visión en la que Jacob fue instruido a dejar Padán-aram guarda una notable semejanza con la que recibió Abraham, cuando ese patriarca también fue mandado a salir de una tierra y dirigirse a Canaán (véase Gén. 31:11, 13; compárese con Abr. 1:16, 18). (Andrew C. Skinner, “Jacob: Keeper of Covenants,” Ensign, marzo de 1998, p. 53)

Génesis 31:42. — Dios ha visto mi aflicción y el trabajo de mis manos

La confesión de Jacob —condensa toda su experiencia en Harán en una teología del Dios que ve, pues el patriarca reconoce que su vindicación no provino de su habilidad ni de la confrontación final, sino de la mirada constante del Señor sobre años de esfuerzo silencioso y trato injusto; doctrinalmente, este versículo enseña que la justicia divina no es indiferente ni tardía, sino atenta y oportuna, y que el Dios del convenio observa tanto la aflicción interior como la diligencia externa, honrando el trabajo honesto aun cuando los sistemas humanos lo desprecian; al afirmar que Dios “reprendió” a Labán, Jacob desplaza definitivamente la causa de su liberación del plano humano al divino, testificando que fue el temor de Dios —no el poder del opresor— lo que sostuvo su vida y su familia; así, frente a Labán, Jacob proclama que el Señor es testigo fiel y juez justo, y que ninguna aflicción sufrida en rectitud queda fuera de Su conocimiento; Génesis 31:42 afirma, en suma, que el camino del convenio se apoya en un Dios que ve, recuerda y actúa, vindicando a quienes perseveran con integridad y transformando el trabajo de sus manos en herencia legítima bajo Su cuidado.

“El Señor está consciente de cada uno de nosotros. He sentido Su influencia sustentadora en muchas ocasiones durante las pruebas de mi vida. Ya sea al experimentar temor después de una dolorosa lesión de rodilla en el campo misional, soledad durante una separación traumática de mi familia para servir en Vietnam, o una terrible y hueca sensación de vacío tras la muerte de una compañera amada, no he encontrado bálsamo más consolador que la dulce, pacífica y reconfortante seguridad que proviene de los susurros divinos: “Estate quieto”, “Ten calma”, “Aquí estoy”, “Yo sé””. (David A. Whetten, “Sir, We Would See Jesus,” Ensign, octubre de 1978, p. 6)

Génesis 31:43. — Estas hijas son mis hijas, y estos hijos son mis hijos, y estos ganados son mis ganados

La declaración posesiva de Labán — revela el último intento del poder humano por reclamar lo que Dios ya ha transferido, pues Labán apela a vínculos de sangre y a una autoridad pasada para negar la obra presente del Señor; doctrinalmente, este versículo enseña que quienes han ejercido control injusto suelen confundir relación con propiedad, y bendición con derecho, ignorando que el convenio redefine pertenencias conforme a la voluntad divina; frente a la confesión previa de Jacob de que Dios vio su aflicción y obró justicia, las palabras de Labán suenan huecas y revelan impotencia: puede reclamar, pero no puede revertir; así, el texto subraya que la verdadera posesión no la determina el pasado ni la fuerza, sino el juicio de Dios que libera, reasigna y protege; Génesis 31:43 afirma, en suma, que cuando el Señor establece un nuevo orden del convenio, las viejas reclamaciones pierden autoridad, y lo que Dios ha dado a Sus siervos ya no puede serles arrebatado por ninguna voz del pasado.

Esto suena un poco como un berrinche infantil: “Este es mi juguete y no te lo presto”. ¡Mis hijas, mis hijos, mi ganado! Jacob debe estar poniendo los ojos en blanco. Veinte años de servicio no fueron suficientes para Labán.

Génesis 31:49. — Mizpa; porque dijo: Vigile Jehová entre tú y yo cuando estemos apartados el uno del otro

El nombre Mizpa y la frase —“vigile Jehová entre tú y yo cuando estemos apartados el uno del otro”— sellan el pacto entre Jacob y Labán con una teología de límites y vigilancia divina, pues no se trata de una bendición de comunión íntima, sino de un acuerdo sobrio que reconoce desconfianza residual y la necesidad de un Juez superior; doctrinalmente, Mizpa enseña que cuando la reconciliación humana es incompleta, Dios mismo es invocado como garante moral que observa a ambas partes en ausencia, estableciendo fronteras que previenen nuevos agravios; la vigilancia del Señor no es aquí amenaza caprichosa, sino protección del débil y freno del fuerte, recordando que el convenio no solo une, sino que también ordena la separación justa cuando la convivencia perpetuaría el abuso; así, Génesis 31:49 afirma que la paz bíblica puede consistir en una distancia vigilada por Dios, donde la justicia se preserva no por la cercanía forzada, sino por el compromiso mutuo de vivir rectamente bajo la mirada del Señor, quien custodia los pactos aun cuando los caminos se separan.

“Mizpa, originalmente el lugar donde Jacob hizo un convenio con Labán (Gén. 31:43–55), fue también el sitio donde Saúl sería formalmente escogido como rey (1 Sam. 10:17–25). Fue un conocido lugar de reunión para Israel en la época de los Jueces, cuando todo Israel se congregó para luchar contra los amonitas (Jueces 10:17–18)”. (Kent P. Jackson y Robert L. Millet, eds., Studies in Scripture, vol. 3: Genesis to 2 Samuel [Salt Lake City: Randall Book, 1985], p. 274)

Chieko Okazaki. Mizpa, que en hebreo significa atalaya o torre de vigilancia. Expresa: “Jehová vigile entre tú y yo cuando estemos ausentes el uno del otro” (Gén. 31:49). (Disciples [Salt Lake City: Deseret Book, 1998], p. 163)