Génesis

Génesis 4


Introducción

El libro de Moisés, en La Perla de Gran Precio, fue el resultado de la traducción del Antiguo Testamento realizada por José Smith. Contiene pasajes que deberían haber formado parte del texto original. Los siguientes quince versículos pertenecen entre Génesis 3 y Génesis 4:

Y aconteció que después que yo, el Señor Dios, los hube expulsado, Adán comenzó a labrar la tierra y a ejercer dominio sobre todas las bestias del campo, y a comer el pan con el sudor de su rostro, tal como yo, el Señor, le había mandado. Y Eva, su esposa, también trabajaba con él.

Y Adán conoció a su esposa, y ella le dio hijos e hijas; y comenzaron a multiplicarse y a henchir la tierra.

Y desde entonces, los hijos y las hijas de Adán comenzaron a dividirse de dos en dos en la tierra, y a labrar la tierra y a cuidar rebaños; y también engendraron hijos e hijas.

Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor desde el camino que conducía al Jardín de Edén, hablándoles; y no lo vieron, porque estaban excluidos de Su presencia.

Y Él les dio mandamientos, para que adoraran al Señor su Dios y ofrecieran las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor.

Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán, diciendo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor? Y Adán le dijo: No lo sé, sino que el Señor me lo mandó.

Entonces el ángel habló, diciendo: Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, que está lleno de gracia y de verdad.

Por tanto, harás todo lo que hagas en el nombre del Hijo, y te arrepentirás y clamarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre.

Y en aquel día el Espíritu Santo descendió sobre Adán, dando testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Yo soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como tú has caído, puedas ser redimido, y también todo el género humano, aun cuantos quieran.

Y en aquel día Adán bendijo a Dios y fue lleno, y comenzó a profetizar acerca de todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, porque a causa de mi transgresión mis ojos son abiertos, y en esta vida tendré gozo, y otra vez en la carne veré a Dios.

Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se alegró, diciendo: Si no fuera por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni habríamos conocido el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes.

Y Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios, y dieron a conocer todas estas cosas a sus hijos y a sus hijas.

Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy hijo de Dios; y les mandó diciendo: No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde entonces los hombres comenzaron a ser carnales, sensuales y diabólicos.

Y el Señor Dios llamó a los hombres en todas partes por medio del Espíritu Santo, y les mandó que se arrepintieran;

Y cuantos creyeran en el Hijo y se arrepintieran de sus pecados serían salvos; y cuantos no creyeran ni se arrepintieran serían condenados; y las palabras salieron de la boca de Dios en un decreto firme; por lo cual debían cumplirse. (Moisés 5:1–15)

Génesis 4:1. — “Eva… dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido un varón con la ayuda del Señor”.

El nacimiento de Caín es recibido con esperanza. Eva reconoce la mano del Señor en la vida que llega y declara que ha adquirido un hijo con Su ayuda. En medio de un mundo ya marcado por la Caída, la maternidad se presenta como señal de continuidad y propósito divino. El versículo refleja la fe inicial de Eva: cada nueva vida es vista como un don de Dios y una posibilidad para el bien. Antes de que la historia de Caín se oscurezca, el relato nos recuerda que todo ser humano comienza bajo la expectativa de bendición. Génesis 4:1 enseña que la vida humana nace rodeada de promesa, aun cuando el uso del albedrío determinará finalmente el rumbo de cada persona.

Adán tenía amplia experiencia poniendo nombres a los animales. Eva, al parecer, sería quien nombrara a los hijos. No podía exactamente llamar a Caín por el nombre de su abuelo ni de algún antepasado ilustre. Todos los nombres serían originales.

Con la asignación de nombres a los hijos, vemos un patrón que se repetirá una y otra vez en el Antiguo Testamento. El hijo recibe su nombre según la situación de la madre y su respuesta emocional al nacimiento (véase Gén. 29:31–35). La reacción de Eva al nacimiento de Caín fue: “Miren, he sido bendecida con un varón del Señor”. El nombre Caín, en hebreo, es un juego de palabras que significa: “He adquirido [o formado] un hijo varón con la ayuda del Señor”.
(The Torah: A Modern Commentary, ed. W. Gunther Plaut [Nueva York: The Union of American Hebrew Congregations, 1981], 44).

El libro de Moisés ofrece otra perspectiva. Adán y Eva habían sido mandados a escuchar al Señor. Eva esperaba que, puesto que Caín venía del Señor, él escucharía al Señor, diciendo: “He adquirido un varón del Señor; por tanto, no rechazará Sus palabras” (Moisés 5:16). Lamentablemente, el nombre de Caín no conservó el significado gozoso y obediente que originalmente tenía.

Los Santos de los Últimos Días no creen que Caín fuera el primogénito de Adán y Eva. El libro de Moisés sugiere que ya habían tenido hijos e hijas antes del nacimiento de Caín (Moisés 5:12–16). El nombre de Caín se menciona primero porque fue el primero en cometer asesinato, no porque fuera el hijo primogénito. Las Escrituras suelen ser incompletas. Algunos las han comparado con titulares de periódico. El asesinato de Caín fue el titular. Si no hubiera cometido asesinato, su nombre estaría ausente del libro de Génesis.

Hugh Nibley. Se piensa en Caín como una persona muy bendecida y especial. Así lo pensaban ellos. Esperaban grandes cosas de él. Esperaban que cambiara el rumbo. Todo había ido en contra de Adán y Eva. Muchos de sus descendientes no se arrepentían (véase Moisés 5:13). Continuaron adelante, y cuando engendraron a Caín, Eva dijo: “He adquirido un varón del Señor; por tanto, no rechazará Sus palabras…”. Había esperanza de que Caín fuera el indicado, de que no rechazara las palabras, de que enderezara el camino. Pero no lo hizo. Fracasó.
(Ancient Documents and the Pearl of Great Price, ed. Robert Smith y Robert Smythe [s.l., s.f.], 8).

Joseph Smith. Si Caín hubiera cumplido la ley de justicia como lo hizo Enoc, podría haber andado con Dios todos los días de su vida, y nunca habría dejado de recibir una bendición.
(Teachings of the Prophet Joseph Smith, 169–170).

Génesis 4:4. — “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”

La mirada favorable del Señor se posa primero en Abel, y luego en su ofrenda. El texto sugiere que lo decisivo no es solo lo que se entrega, sino quién lo entrega y con qué corazón. La aceptación divina comienza en la persona antes que en el sacrificio. Abel ofrece lo mejor que tiene, movido por fe y obediencia. Su ofrenda no busca cumplir una formalidad, sino expresar confianza en Dios. Por eso, el Señor responde con agrado. Este versículo enseña que la verdadera adoración no se mide por la forma externa del sacrificio, sino por la intención y la fe con que se presenta ante Dios.

Joseph Smith. Por la fe en esta expiación o plan de redención, Abel ofreció a Dios un sacrificio que fue aceptado, el cual consistía en los primogénitos del rebaño. Caín ofreció del fruto de la tierra y no fue aceptado, porque no podía hacerlo con fe; no tenía fe ni podía ejercer fe en oposición al plan del cielo… Pero Abel ofreció un sacrificio aceptable, por el cual obtuvo testimonio de que era justo, dando Dios mismo testimonio de sus dones. Ciertamente, el derramamiento de la sangre de una bestia no podía beneficiar a ningún hombre, a menos que se hiciera como imitación, o como tipo, o como explicación de lo que habría de ofrecerse por medio del don de Dios mismo; y este acto se realizaba con la mirada puesta hacia adelante, en fe, en el poder de ese gran Sacrificio para la remisión de los pecados.

Pero por diversas que hayan sido, y sean en el presente, las opiniones de los hombres respecto a la conducta de Abel y al conocimiento que él tenía sobre la expiación, es evidente para nosotros que fue instruido más plenamente en el plan de lo que la Biblia relata; pues ¿cómo podría haber ofrecido un sacrificio con fe, mirando a Dios para la remisión de sus pecados en el poder de la gran expiación, sin haber sido previamente instruido en ese plan?

Concluimos que siempre que el Señor se reveló a los hombres en los tiempos antiguos y les mandó ofrecer sacrificios, fue para que miraran hacia adelante con fe al tiempo de Su venida y confiaran en el poder de esa expiación para la remisión de sus pecados. Y así lo han hecho miles que nos precedieron, cuyos vestidos son sin mancha, y que, como Job, esperan con una seguridad semejante a la suya, que lo verán en el día postrero sobre la tierra, aun en su carne.

Podemos concluir que, aunque hubo diferentes dispensaciones, todas las cosas que Dios comunicó a Su pueblo estaban calculadas para dirigir su mente hacia el gran objetivo y enseñarles a confiar únicamente en Dios como el autor de su salvación. (Teachings of the Prophet Joseph Smith, 58–61).

Génesis 4:5. — “Pero no miró con agrado a Caín ni a la ofrenda suya”.

El rechazo de la ofrenda de Caín no se presenta como un acto arbitrario, sino como una respuesta al corazón con el que fue dada. El texto deja claro que el problema no es solo la ofrenda, sino la disposición interior de quien la presenta. La reacción de Caín —enojo y abatimiento— revela que su adoración no estaba acompañada de humildad ni de fe. En lugar de examinarse, se resiente. Así, el sacrificio no aceptado se convierte en el inicio de un conflicto mayor. Este versículo enseña que Dios no se deja impresionar por actos externos cuando estos no van acompañados de obediencia sincera y rectitud interior.

¿Qué había de malo en la ofrenda de Caín? Dios no se supone que haga acepción de personas. ¿Estaba el Señor mostrando favoritismo, aceptando a Abel y rechazando a Caín? ¿Ofreció Caín algo incorrecto? ¿No se mandaría más adelante a los hijos de Israel ofrecer los frutos del campo (Deut. 26:1–4)?

¿Qué hizo mal Caín? La Biblia no responde a esta pregunta de manera satisfactoria. La Perla de Gran Precio nos da la razón. Abel, conforme al mandamiento de Dios, hizo su ofrenda con fe. Caín, por mandato de Satanás, hizo su ofrenda sin fe (Moisés 5:18). Si Satanás te dice que pagues el diezmo, no lo hagas. El Señor no acepta ofrendas mandadas por Satanás, ni acepta ofrendas dadas sin disposición sincera.

Porque he aquí, Dios ha dicho que un hombre siendo malo no puede hacer lo que es bueno; pues si ofrece una dádiva o eleva una oración a Dios, a menos que lo haga con verdadero intento, de nada le aprovecha.

Porque he aquí, no le es contado por justicia.

Porque he aquí, si un hombre siendo malo ofrece una dádiva, la hace de mala gana; por tanto, le es contada como si la hubiera retenido; por lo cual es contado como malo delante de Dios. (Moroni 7:6–8)

Hugh Nibley. ¿Por qué estaba Caín haciendo la ofrenda? Porque Satanás se lo había mandado. No era porque amara al Señor. Dice que amó más a Satanás que a Dios, de modo que cuando Satanás le dijo que hiciera algo, obedeció a Satanás. No lo hacía para beneficio del Señor ni como señal de respeto al Señor, sino que, recibiendo un mandato de Satanás, hizo la ofrenda al Señor. ¿Aceptaría el Señor una ofrenda en tales circunstancias? Él recibe únicamente ofrendas que se le hacen por Su mandato, como lo hizo Adán. (Ancient Documents and the Pearl of Great Price, ed. Robert Smith y Robert Smythe [s.l., s.f.], 8).

Génesis 4:6. — “Y Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?”

Dios no acusa ni condena de inmediato; pregunta. Al interrogar a Caín sobre su enojo y su semblante caído, el Señor le ofrece una oportunidad de reflexión y cambio antes de que el pecado avance. El versículo revela que Dios ve no solo las acciones, sino también el estado del corazón. El rostro abatido de Caín es señal de un conflicto interior no resuelto, donde el orgullo herido comienza a desplazar la humildad. Génesis 4:6 enseña que, antes del pecado grave, Dios siempre llama a la conciencia, invitando al ser humano a reconocer sus emociones y elegir un camino mejor.

Brigham Young. Caín conversaba con su Dios todos los días y conocía todo acerca del plan de la creación de esta tierra, porque su padre se lo había enseñado. Pero por falta de humildad, y a causa de los celos, y por un deseo ansioso de poseer el reino y tenerlo todo bajo su propio control, sin permitir que nadie más tuviera derecho a decir una sola palabra, ¿qué hizo? Mató a su hermano. Entonces el Señor puso una marca sobre él. (Discourses of Brigham Young, seleccionados y arreglados por John A. Widtsoe [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954], 104).

Génesis 4:7. — “Hacia ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”.

El Señor le revela a Caín que el pecado no es pasivo: lo desea, lo acecha y busca dominarlo. Sin embargo, junto con la advertencia viene una afirmación de poder personal: Caín puede enseñorearse de él.El versículo presenta el momento decisivo del albedrío. El mal no obliga; espera. La responsabilidad recae en la elección humana. Dios no niega la fuerza de la tentación, pero afirma que no es invencible. Génesis 4:7 enseña que la verdadera lucha ocurre antes del acto, en el interior del corazón, y que aun frente al deseo del pecado, el ser humano conserva la capacidad de gobernar sus decisiones.

El uso bíblico de los pronombres puede resultar confuso. El texto puede leerse como: “el deseo de Satanás será hacia Caín, y Caín se enseñoreará de Satanás”. La versión del libro de Moisés resulta más clara. Dice:

“Te entregaré (al poder de Satanás), y será para ti conforme a su (de Satanás) deseo; y tú (Caín) te enseñorearás de él”. (Moisés 5:23)

La versión de Moisés sugiere una interesante relación recíproca entre Caín y Satanás. Lo que le suceda a Caín será conforme al deseo de Satanás. En virtud de su asesinato, Caín será castigado con una maldición. Este era el deseo de Lucifer, “porque procura que todos los hombres sean miserables como él mismo” (2 Nefi 2:27). Pero Caín tiene mayor poder sobre él porque posee un cuerpo. Satanás obtiene permiso para destruir la vida de Caín, pero Caín obtiene autoridad para ejercer dominio sobre Satanás.

Joseph Fielding Smith. Caín se enseñorearía de Satanás.
Los hijos de perdición tendrán ascendencia aun sobre Satanás mismo, porque él no tiene cuerpo. ¿Pero quién es Perdición? El Señor dijo a Caín:

“Si haces lo bueno, serás aceptado; y si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta, y Satanás desea tenerte; y si no escuchas mis mandamientos, te entregaré, y será para ti conforme a su deseo. Y tú te enseñorearás de él; porque desde este tiempo serás el padre de sus mentiras; serás llamado Perdición, porque también estabas antes que el mundo”. (Moisés 5:23–24)

Satanás lo deseaba porque Caín tenía un cuerpo; quería más poder. Un hombre con un cuerpo, por supuesto, tiene mayor poder que un espíritu sin cuerpo.

Caín pecó con los ojos abiertos, y por eso llegó a ser Perdición, el padre de las mentiras. (Doctrines of Salvation, 3 vols., ed. Bruce R. McConkie [Salt Lake City: Bookcraft, 1954–1956], 2:280).

Joseph Fielding Smith. Parece que la razón por la cual Satanás deseaba tenerlo era que Caín había obtenido un cuerpo de carne y huesos y, por lo tanto, poseía un poder superior; y Satanás estaba dispuesto a aceptarlo y a obedecerle debido a esa condición. La conclusión natural es, por tanto, que un diablo con un cuerpo de carne y huesos posee algún poder mayor que uno a quien se le negó el cuerpo físico. (Answers to Gospel Questions, 5 vols. [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1957–1966], 2:171).

Hugh Nibley. ¿Caín se enseñorearía de Satanás? Sí, ese es el acuerdo. El diablo sirve a su cliente, satisface su más leve capricho, complace sus apetitos y está a su disposición durante toda su vida terrenal, poniendo a su alcance poder e influencia ilimitados mediante su dominio de los tesoros de la tierra: oro y plata. Pero a cambio, la víctima debe cumplir su parte del acuerdo, siguiendo las instrucciones de Satanás en la tierra y permaneciendo bajo su poder en el más allá. Ese es el trato clásico, el pacto con el diablo, por el cual un Fausto, un Don Juan, un Macbeth o un Jabez Stone alcanzan la cima del éxito terrenal y las profundidades de la condenación eterna. (“A Strange Thing in the Land: The Return of the Book of Enoch, Part 8”, Ensign, diciembre de 1976, 74).

Joseph Fielding Smith. ¿No se nos da a entender que, en lugar de aceptar estas palabras del Señor con un espíritu de humildad y con pesar por sus malas acciones, Caín más bien se regocijó en las palabras que le fueron dichas: “Satanás desea tenerte… y tú te enseñorearás de él”? ¿No es posible que se regocijara al saber que, por medio de su maldad, gobernaría en el reino de la iniquidad? ¿Qué gloria y honor podría haber esperado Caín al convertirse en el “padre de las mentiras” y llegar a ser Perdición?

Tal actitud mental es difícil de comprender. Pensar que Caín se gloriaría en obtener dominio en el imperio del mal, y en llegar a ser el autor de la falsedad y sostener el cetro de poder en el reino de las tinieblas, es casi increíble. Sin embargo, se nos dice que Caín se regocijó en los consejos que le dio Satanás y despreció los consejos que le dio Jehová. Caín se regocijó, diciendo: “De cierto soy Mahán, el maestro de este gran secreto, para que yo pueda asesinar y obtener ganancia”. Por tanto, Caín fue llamado Maestro Mahán, y se glorió en su maldad (Moisés 5:31). (The Way to Perfection [Salt Lake City: Genealogical Society of Utah, 1949], 100–101).

Génesis 4:8. — “Y Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató”.

El pecado que fue advertido ahora se consuma. Caín se levanta contra su hermano y lo mata. La violencia surge no de la necesidad, sino del resentimiento no dominado. La advertencia divina fue ignorada. Este acto marca un quiebre profundo en la historia humana: el conflicto ya no es solo entre el hombre y Dios, sino entre hermanos. La vida, que había sido celebrada al nacer Caín, es ahora arrebatada por su mano. Génesis 4:8 enseña que cuando el enojo no se gobierna, puede transformarse en destrucción, y que el rechazo de la corrección divina conduce a consecuencias irreversibles.

George Albert Smith. Cuando Abel estaba con sus rebaños, y su hermano Caín vio que era favorecido por el Señor porque hacía lo recto, el adversario susurró a Caín: “Puedes quedarte con estos rebaños; nadie sabrá si matas a tu hermano”, y le quitó la vida. ¿Y qué ganó? No ganó nada, sino que perdió la bendición de su Padre Celestial. Tomó aquello que no podía dar y se convirtió en asesino, y desde entonces su nombre es conocido en la tierra como alguien que se apartó de lo correcto y cometió un crimen terrible.

Así ha sido desde aquel día hasta ahora. Cuando el Señor envió a Noé entre los hijos de los hombres para advertirlos, enseñarles y alentarlos a hacer obras de rectitud, ellos se apartaron de él; no creyeron que fuera un profeta de Dios. El adversario susurró a sus oídos: “Este hombre no es más que un hombre común; no tiene derecho a hablar en el nombre del Señor; seguramente no le haréis caso”, y su misión fue desprestigiada por la astucia del adversario. Hombres y mujeres, en sus pecados, continuaron siendo pecadores y no escucharon la voz de advertencia de un profeta de Dios, y el resultado fue que el Señor no pudo hacer nada con ellos hasta que se arrepintieran. Vio la inutilidad de trabajar con ellos porque voluntariamente estaban en manos del adversario, y así cubrió la tierra con un gran diluvio, reuniendo solo a un pequeño grupo de personas para repoblar la tierra, porque era necesario que hombres y mujeres justos transmitieran a la posteridad las virtudes que habían heredado cuando fueron creados en el mundo espiritual.

Y así ha sido siempre. En el tiempo del Salvador, el adversario susurró a aquellas personas: “Él no es el Hijo de Dios; seguramente no lo aceptaréis; no es más que un hombre común; es solo el hijo de María y José, y no es más Hijo de Dios que vosotros”, y el pueblo escuchó a ese ser insidioso y perverso y crucificó al Redentor de la humanidad. (The Teachings of George Albert Smith, ed. Robert McIntosh y Susan McIntosh [Salt Lake City: Bookcraft, 1996], 20).

Génesis 4:9. — ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

La pregunta de Caín no busca información, sino evasión. Al decir: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”, intenta desprenderse de toda responsabilidad moral. El pecado ya no solo se manifiesta en el acto, sino en la negación de la relación. Con esta pregunta, Caín rompe el lazo de fraternidad. El hermano deja de ser alguien a cuidar y pasa a ser alguien del que se puede prescindir. Así, la violencia se acompaña de indiferencia. Génesis 4:9 enseña que negar la responsabilidad por el prójimo es una forma profunda de alejamiento de Dios, y que la verdadera justicia comienza con el cuidado del otro.

Thomas S. Monson. La respuesta a esa pregunta vital es: sí, somos los guardianes de nuestros hermanos. (“Our Brothers’ Keepers”, Ensign, junio de 1998, 33).

John H. Vandenberg. El dolor, la tristeza y la tragedia han acompañado a la raza humana desde este acontecimiento. Sin embargo, de este episodio de las Escrituras se nos presenta la pregunta: “¿Soy yo guarda de mi hermano?”

¿Qué pensamos acerca de esa pregunta? ¿Qué responsabilidad nos ha dado el Señor con respecto a ella? Consultemos 1 Juan, capítulo 3:

Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.
Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte.
En esto hemos conocido el amor de Dios: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. (1 Jn. 3:11, 14, 16, 18). (“My Brother’s Keeper”, Ensign, junio de 1971, 63).

Dallin H. Oaks. Caín estableció el modelo del mundo. Codició los rebaños de su hermano Abel, y Satanás le mostró cómo obtenerlos (véanse JST Gén. 5:14, 23; Moisés 5:29, 38). Satanás enseñó a Caín que un hombre podía obtener riquezas mundanas cometiendo algún mal contra su propietario (véanse JST Gén. 5:16; Moisés 5:31).

Caín mató a Abel. Las Escrituras dicen que lo hizo “por causa de obtener ganancia” (Moisés 5:50), los rebaños de su hermano (JST Gén. 5:18; Moisés 5:33). Al ver esto, el Señor preguntó a Caín: “¿Dónde está Abel tu hermano?” Caín primero intentó encubrir su pecado con una mentira: “No sé”. Luego añadió una racionalización: “¿Soy yo guarda de mi hermano?” (Gén. 4:9; Moisés 5:34).

¿Somos nosotros guardianes de nuestros hermanos? En otras palabras, ¿somos responsables de velar por el bienestar de nuestros semejantes mientras procuramos ganarnos el sustento diario? La regla de oro del Salvador dice que sí. Satanás dice que no.

Tentados por Satanás, algunos han seguido el ejemplo de Caín. Codician la propiedad y luego pecan para obtenerla. El pecado puede ser asesinato, robo o hurto. Puede ser fraude o engaño. Incluso puede ser alguna manipulación astuta pero legal de hechos o influencias para sacar ventaja injusta de otro. Siempre la excusa es la misma: “¿Soy yo guarda de mi hermano?”

Los que siguen el ejemplo de Caín cumplen una profecía del Libro de Mormón. Al ver nuestros días, Nefi profetizó que muchos dirían: “Miente un poco, saca ventaja de uno a causa de sus palabras, cava una fosa para tu prójimo; no hay mal en esto” (2 Nefi 28:8).

Vivimos en un mundo donde muchos ven el mercado como un campo de batalla despiadado, donde el comprador debe cuidarse, donde nadie está obligado a hacer más de lo que la ley exige, y donde el fraude no es fraude a menos que pueda probarse en un tribunal.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo tienen una norma más elevada. El presidente Harold B. Lee dijo: “La norma… en la Iglesia debe ser visiblemente más alta que la norma… en el mundo” (Ye Are the Light of the World, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1974, p. 13). Se nos manda vivir la Regla de Oro. (“Brother’s Keeper”, Ensign, noviembre de 1986, 20).

Génesis 4:11–12. — “Ahora, pues, maldito seas… errante y extranjero serás en la tierra”.

La sentencia revela que la violencia rompe la relación no solo con Dios y con el hermano, sino también con la tierra misma. El suelo que antes recibía el trabajo humano ahora se vuelve estéril para Caín, como testigo silencioso de la sangre derramada. Ser “errante y extranjero” describe una vida sin descanso ni pertenencia. Caín pierde el arraigo: no hay lugar que lo sostenga ni comunidad que lo acoja plenamente. La consecuencia del crimen no es solo castigo, sino desplazamiento interior y exterior. Estos versículos enseñan que el pecado desordena la creación y desestabiliza la vida humana, produciendo una existencia marcada por la inquietud y la ruptura.

“La maldición sobre Caín fue doble. En primer lugar, la tierra no debía dar su fuerza al esfuerzo del cultivo de Caín. En los dos versículos anteriores se implica que esto se debía a que la sangre de Abel había sido absorbida por ella. Más adelante, en un capítulo posterior del libro de Moisés, se sugiere que esta parte de la maldición también incluía una pérdida del sacerdocio (Moisés 7:8). Esto se confirma además en [Moisés 7:22] y Abraham 1:21–27. El significado pleno de esto, sin duda, se dará a conocer en un tiempo futuro.

La segunda parte de la maldición de Caín fue que sería ‘errante y extranjero… en la tierra’ (Moisés 5:37). El siguiente relato, aunque plantea algunas preguntas desconcertantes, quizá demuestra la literalidad y la continuidad de este aspecto de la maldición. El relato es una reconstrucción hecha por Abraham O. Smoot de las palabras del élder David W. Patten, miembro del primer Cuórum de los Doce en esta dispensación, acerca de un suceso ocurrido en 1836.

‘Mientras cabalgaba por el camino sobre mi mula, noté de repente a un personaje muy extraño caminando a mi lado. Caminó junto a mí por cerca de dos millas. Su cabeza estaba aproximadamente a la altura de mis hombros mientras yo estaba en la silla. No llevaba ropa alguna, sino que estaba cubierto de pelo. Su piel era muy oscura. Le pregunté dónde vivía y respondió que no tenía hogar, que era un errante en la tierra y viajaba de un lado a otro. Dijo que era una criatura muy miserable, que había buscado con empeño la muerte durante su permanencia en la tierra, pero que no podía morir, y que su misión era destruir las almas de los hombres. Al oír esto, lo reprendí en el nombre del Señor Jesucristo y por la autoridad del Santo Sacerdocio, y le mandé que se fuera; y de inmediato desapareció de mi vista’.

‘La respuesta de Caín a su maldición no se presenta plenamente en Génesis. El relato del libro de Moisés es mucho más completo y confirma algunos de los incidentes relativos a la rebelión de Caín tratados anteriormente en este capítulo’.” (Robert L. Millet y Kent P. Jackson, eds., Studies in Scripture, Vol. 2: The Pearl of Great Price [Salt Lake City: Randall Book, 1985], 106).

El relato anterior plantea dificultades. El lector debe conocerlo porque forma parte de la historia de la Iglesia. El relato sugiere que, al igual que Juan el Amado y los tres nefitas, Caín no habría muerto. En lugar de un estado bendito de traslación, vagaría como errante en un estado maldito, buscando la muerte sin poder morir. ¿Qué resulta problemático de esta doctrina? Queda la pregunta de qué ocurrió con Caín durante el diluvio. ¿Fue preservado con los animales en el arca?

Neal A. Maxwell. Caín mató a Abel y luego se gloriaba y alardeaba: “Soy libre”. ¿Libre? Sí, libre para ser “errante y extranjero” en el desierto que él mismo había creado con su propia vida. (Meek and Lowly [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1987], 96).

Génesis 4:14. — “Cualquiera que me halle me matará”.

Por primera vez, Caín experimenta el temor que él mismo provocó. Quien quitó la vida ahora teme perder la suya. La violencia engendra inseguridad, y el asesino vive bajo la sombra de su propio acto. La frase revela una conciencia inquieta: Caín sabe que ha roto el orden moral y que ya no cuenta con protección ni confianza. Su castigo no es solo externo, sino interior, marcado por el miedo constante. Génesis 4:14 enseña que el pecado no solo daña a otros, sino que deja al culpable vulnerable, aislado y perseguido por las consecuencias de sus decisiones.

Es irónico que Caín temiera ser asesinado. No se preocupó demasiado por Abel cuando fue asesinado, pero su inquietud egoísta se centra ahora en su propia vida. Debe sufrir los efectos psicológicos de ser homicida y desterrado.
“La pena más severa para una conciencia culpable es un tormento continuo en la carne sin satisfacer las demandas de la justicia.” (The Carthage Assassins, Latter-day Saints’ Millennial Star, vol. 6, núm. 3, 15 de julio de 1845, 41).

Hugh Nibley. Ahora se ha convertido en un proscrito. Ha quitado la vida y no puede reclamar la protección de la ley porque no solo la quebrantó, sino que tomó la justicia en sus propias manos. La primera regla que da el Señor —como se dice en el libro de Éter— es que “Dios no quiere que el hombre derrame sangre, y lo ha prohibido en todas las cosas desde el principio del hombre”. Esa orden general se aplica siempre. Caín ha quebrantado esa regla.
“…y seré errante y extranjero en la tierra; y acontecerá que cualquiera que me halle me matará…”. Ese es el estatus del proscrito en las sociedades antiguas y medievales: sin ley que lo proteja, cualquiera podía matarlo. ¿A quién podría huir? ¿Quién lo protegería? No tenía señor que lo defendiera ni tribunales a los que acudir. Su nombre era ya conocido por el mal; dondequiera que fuera, correría gran riesgo.
Pero el Señor le dice que el hecho de que alguien haya matado no justifica que otro mate. No se corrige el quitar la vida quitando la vida. Por eso, quien mate a Caín será castigado siete veces. De otro modo, comenzaría la venganza interminable. (Ancient Documents and the Pearl of Great Price, ed. Robert Smith y Robert Smythe, 2).

Génesis 4:15. — “Y Jehová puso una señal en Caín”.

La señal puesta sobre Caín no es solo castigo, sino también límite. Dios no aprueba su pecado, pero impide que la violencia continúe sin freno. La justicia se mezcla con misericordia. La señal recuerda que la venganza no pertenece al ser humano. Aun el culpable queda bajo la soberanía de Dios, y la vida no puede tomarse como respuesta automática al mal cometido. Génesis 4:15 enseña que Dios pone fronteras al pecado y a la violencia, preservando la posibilidad de orden y contención aun en un mundo herido.

Wilford Woodruff. ¿Qué era esa señal? Era una señal de negrura. Esa señal reposó sobre Caín y descendió sobre su posteridad desde entonces hasta el presente. Hoy hay millones de descendientes de Caín, por medio del linaje de Cam, en el mundo, y esa señal de oscuridad aún reposa sobre ellos. Aunque han pasado casi seis mil años, esta señal es visible para toda la familia humana. Sin embargo, el necio y el incrédulo dicen que no hay Dios y ridiculizan la Biblia.
Los lamanitas, en este continente, sufrieron una experiencia similar… (Collected Discourses, ed. Brian H. Stuy, vol. 1, 7 de abril de 1889).

Hugh Nibley. La señal sobre Caín es para su protección y como advertencia para todos nosotros: ¡manos fuera! Si Caín ha de ser castigado, Dios no solicita nuestros servicios para hacerlo. (Temple and Cosmos: Beyond This Ignorant Present [Salt Lake City y Provo: Deseret Book Co.; FARMS, 1992], 537–538).

Sterling W. Sill. Caín puso fealdad en su alma cuando se volvió antiobediencia y permitió que la ira, la rebeldía y el asesinato tomaran posesión de su vida. Entonces hizo convenio de servir a Satanás. Por causa de la fealdad de Caín, Dios le dijo: “Y ahora maldito eres…” (Gén. 4:11). “Entonces Jehová puso una señal en Caín…” (Gén. 4:15).
De alguna manera, se pone una señal sobre todo el que hace lo malo… La fealdad es la señal que Dios pone sobre el pecado… Así como nadie puede imaginar a nuestro Padre Celestial como feo, nadie puede imaginar a Satanás como hermoso. Y, como Dios y Satanás, cada uno de nosotros se va formando por lo que hace. (That Ye Might Have Life [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1974], 280–281).

Génesis 4:16. — “Y salió Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod”

Caín se aleja de la presencia del Señor y entra en una vida marcada por la distancia. La salida no es solo geográfica, sino espiritual: habitar en Nod significa vivir sin arraigo, en constante desplazamiento. La tierra de Nod simboliza una existencia inquieta, sin descanso interior. Lejos de Edén y lejos de la comunión con Dios, Caín vive las consecuencias de una elección que lo separó de la vida que conocía. Génesis 4:16 enseña que apartarse de la presencia de Dios conduce a una vida de desorientación y pérdida de sentido, donde el movimiento reemplaza al hogar.

Hugh Nibley. Nod significa moverse de un lado a otro. Nud es la misma palabra en hebreo. ¿Qué hace uno cuando se mueve de un lado a otro? Migra. Es un pueblo que no tiene una posición fija. Los migrantes y nómadas del Asia central recorren las tierras y siguen el pasto según las estaciones. Siempre están en marcha. O como los árabes con sus camellos. Estos pueblos nómadas viven en la tierra de Nod, que significa migración o nomadismo. El significado básico no es permanecer en un solo lugar, sino ir por aquí, luego por allá, y luego por otro lado. En verano se sube a los pastos de verano; en invierno se baja a los pastos de invierno. Así que Caín fue a la tierra de Nod, al oriente de Edén, y allí habrían de vivir por el resto de sus días. (Ancient Documents and the Pearl of Great Price, ed. Robert Smith y Robert Smythe, 2).

Génesis 4:17. — “Y edificó Caín una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc”.

Caín, aun viviendo como errante, busca permanencia. Al edificar una ciudad, intenta compensar la pérdida de hogar y estabilidad con una obra propia. La ciudad se convierte en un intento humano de seguridad lejos de la presencia de Dios. Al ponerle el nombre de su hijo, Caín proyecta su esperanza en la posteridad y en la memoria humana. Sin embargo, el relato sugiere que la construcción material no reemplaza la comunión espiritual. Génesis 4:17 enseña que el ser humano puede levantar estructuras duraderas, pero sin Dios, incluso las ciudades nacen de la inquietud y la búsqueda incompleta de sentido.

Caín edificó una ciudad llamada Enoc. No era una ciudad justa. Su hijo Enoc no fue un hombre justo. Esta ciudad y este Enoc no deben confundirse con el Enoc justo y la ciudad santa de Enoc a los que se hace referencia en Génesis 5:21–27 y Moisés 7:19.

Génesis 4:19–24. — “Lamec”

Con Lamec, la violencia no solo continúa, sino que se normaliza y se glorifica. Ya no se oculta el derramamiento de sangre; se canta. El pecado que comenzó con Caín ahora se convierte en cultura, transmitido con orgullo. Lamec no muestra arrepentimiento, sino jactancia. Amplifica la lógica de la venganza y se coloca por encima de Caín, reclamando una protección mayor para su violencia. La vida humana pierde valor y el poder se mide por la capacidad de herir. Este pasaje muestra cómo el mal, cuando no es detenido, se organiza, se hereda y se celebra, alejando cada vez más a la humanidad del propósito divino.

Este es un Lamec malvado. Así como hubo un Enoc malvado (Gén. 4:17) y un Enoc justo (Gén. 5:22), también hubo un Lamec malvado (Gén. 4:19–24) y un Lamec justo (Gén. 5:25–31). Esto puede resultar confuso. El padre del Lamec malvado se llamaba Metusael. El padre del Lamec justo se llamaba Matusalén.

El Lamec malvado fue tan perverso que se jactó de una maldición mayor que la de Caín. El Lamec justo fue tan recto que su sacerdocio fue comparado con el de Enoc: “El siguiente gran patriarca, después de Enoc, que poseyó las llaves del sacerdocio fue Lamec” (Teachings of the Prophet Joseph Smith, 171). El Lamec justo transmitió ese sacerdocio patriarcal a su hijo Noé: el Noé justo, no el malvado (Mosíah 11:1).

Génesis 4:23–24. — “Paralelismo bíblico”.

El canto de Lamec utiliza el paralelismo hebreo para intensificar su mensaje. Las frases se repiten con variaciones, no para añadir nuevos hechos, sino para subrayar la misma acción: un solo acto de violencia proclamado con arrogancia. La poesía convierte el crimen en declaración pública. Al repetir la idea, Lamec magnifica su propia imagen y glorifica la venganza, elevando la violencia a lenguaje poético. Este paralelismo muestra cómo la forma literaria puede reforzar el fondo moral: la repetición no embellece el acto, sino que expone la dureza del corazón que lo celebra.

“Aunque la repetición de sonidos y las formas acrósticas (relacionadas con el alfabeto hebreo) no se traducen bien al inglés, el tipo más importante de repetición en la poesía hebrea sí se traduce bien: el paralelismo sinónimo. Este patrón poético implica un equilibrio del pensamiento, en el cual la segunda línea repite la idea expresada en la primera, a menudo con alguna variación. Un buen ejemplo es el canto de Lamec que se encuentra en Génesis 4:23–24:

Ada y Zila, oíd mi voz;
esposas de Lamec, escuchad mi dicho;
que un varón maté para mi herida,
y un joven para mi golpe.
Si Caín será vengado siete veces,
en verdad Lamec setenta y siete veces.

“Lamec no tenía esposas además de Ada y Zila, ni mató a dos hombres, como podría suponerse si no se reconoce el paralelismo. Las ‘esposas de Lamec’ son Ada y Zila; el ‘varón’ y el ‘joven’ son la misma persona.” (Kevin L. Barney, “Understanding Old Testament Poetry”, Ensign, junio de 1990, 52).

Génesis 4:23. — “Oíd mi voz… porque he matado a un varón”.

Lamec no confiesa su crimen; lo proclama. Convoca a sus esposas como audiencia y convierte la violencia en discurso. La muerte de un hombre es presentada como motivo de autoafirmación, no de culpa. La frase revela un corazón endurecido: el asesinato ya no provoca temor ni arrepentimiento, sino orgullo. La palabra sustituye a la conciencia, y el mal se vuelve parte de la identidad. Génesis 4:23 muestra hasta dónde puede llegar el pecado cuando se normaliza: deja de esconderse y comienza a hablar en voz alta, buscando validación en otros.

“Como sus padres antes que él, remontándose hasta Caín, Lamec entró en un convenio malvado y también llegó a ser conocido como ‘Maestro Mahán’. Mató a Irad, su bisabuelo, y luego se jactó ante sus esposas de su hecho, diciendo que si Satanás había recompensado a Caín siete veces, Satanás podría recompensarlo a él setenta y siete veces.

“Pero, a diferencia de la esposa de Caín, las esposas de Lamec no quisieron tener parte alguna en la maldad de su esposo. Se rebelaron contra él y divulgaron lo que había dicho. Al hacerse público su secreto, Lamec se encontró desterrado y temiendo ser muerto él mismo. Entonces, dicen las Escrituras: ‘entre las hijas de los hombres no se hablaron estas cosas [las combinaciones secretas], porque Lamec había hablado el secreto a sus esposas, y ellas se rebelaron contra él y declararon estas cosas en público’ (Moisés 5:53).

“La Biblia termina el relato con Lamec jactándose ante Ada y Zila. La Perla de Gran Precio continúa describiendo la decisión que tomaron estas mujeres de denunciar ese mal, y así ofrece un relato mucho más inspirador.” (Our Sisters in the Latter-day Scriptures [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1987], 131).

Génesis 4:24. — “Si Caín será vengado siete veces, en verdad Lamec setenta y siete veces”.

Lamec toma la misericordia concedida a Caín y la distorsiona para justificar su propia violencia. Donde Dios había puesto un límite a la venganza, Lamec ve una licencia para ampliarla sin medida. La frase expresa una escalada del mal: la protección divina se convierte, en labios humanos, en arrogancia. La violencia ya no se lamenta ni se oculta; se exagera y se celebra como derecho. Génesis 4:24 enseña que cuando la gracia se separa de la obediencia, puede ser malinterpretada y usada para legitimar la injusticia, profundizando la ruptura moral de la humanidad.

Es apropiado insertar aquí un pasaje del libro de Moisés: Porque Lamec, habiendo entrado en convenio con Satanás, según la manera de Caín, por el cual llegó a ser Maestro Mahán, maestro de aquel gran secreto que fue administrado a Caín por Satanás; e Irad, hijo de Enoc, habiendo conocido su secreto, comenzó a revelarlo a los hijos de Adán;

por lo cual Lamec, estando airado, lo mató, no como Caín a su hermano Abel, para obtener ganancia, sino que lo mató por causa del juramento.

Porque desde los días de Caín hubo una combinación secreta, y sus obras eran en tinieblas, y cada hombre conocía a su hermano.

Por tanto, el Señor maldijo a Lamec y a su casa, y a todos los que habían hecho convenio con Satanás; porque no guardaron los mandamientos de Dios, y desagradaron a Dios, y Él no ministró entre ellos; y sus obras fueron abominaciones, y comenzaron a extenderse entre todos los hijos de los hombres; y fue entre los hijos de los hombres.

Y entre las hijas de los hombres no se hablaron estas cosas, porque Lamec había hablado el secreto a sus esposas, y ellas se rebelaron contra él y declararon estas cosas en público, y no tuvieron compasión.

Por lo cual Lamec fue despreciado y expulsado, y no volvió a estar entre los hijos de los hombres, no fuera que muriera.

Y así las obras de las tinieblas comenzaron a prevalecer entre todos los hijos de los hombres.

Y Dios maldijo la tierra con una maldición severa, y se airó contra los malvados, contra todos los hijos de los hombres que había creado;

porque no quisieron escuchar Su voz ni creer en Su Unigénito, aun en Aquel que declaró que vendría en el meridiano de los tiempos, y que había sido preparado desde antes de la fundación del mundo. (Moisés 5:49–57)

Moroni reconoció estas combinaciones secretas entre los jareditas, los nefitas y los gentiles de los últimos días. En la tradición de estos hacedores de juramentos malvados, Caín y Lamec ocupan un lugar preeminente. Moroni relata la instauración de estas combinaciones entre los jareditas, posibilitada por un registro antiguo de sus juramentos inicuo.

He aquí, ¿no hay un relato antiguo acerca de ellos, de que por medio de sus planes secretos obtuvieron reinos y gran gloria?

…Y Akish les administró los juramentos que les fueron dados antiguamente por aquellos que también buscaron poder, los cuales habían sido transmitidos desde Caín, que fue homicida desde el principio.

Y fueron mantenidos por el poder del diablo para administrar estos juramentos al pueblo, para mantenerlos en tinieblas, para ayudar a los que buscaban poder a obtener poder, y a asesinar, y a saquear, y a mentir, y a cometer toda clase de iniquidades y fornicaciones.

Y fue la hija de Jared quien puso en su corazón buscar estas cosas antiguas; y Jared puso esto en el corazón de Akish; por lo cual Akish las administró a sus parientes y amigos, desviándolos con halagadoras promesas para hacer todo cuanto él deseaba.

Y aconteció que formaron una combinación secreta, aun como las de antaño; la cual combinación es la más abominable y perversa sobre todas, a la vista de Dios;

porque el Señor no obra en combinaciones secretas, ni quiere que el hombre derrame sangre, sino que en todas las cosas lo ha prohibido desde el principio del hombre. (Éter 8:9, 15–19)

Ezra Taft Benson. Moroni parecía estar profundamente preocupado por la posibilidad de que en nuestros días no pudiéramos reconocer el hecho alarmante de que las mismas sociedades secretas que destruyeron a los jareditas y diezmaron numerosos reinos tanto de nefitas como de lamanitas serían precisamente la misma forma de conspiración criminal que se levantaría entre las naciones gentiles en esta época. (God, Family, Country: Our Three Great Loyalties [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1974], 349).

Génesis 4:26. — “Entonces comenzaron los hombres a invocar el nombre de Jehová”.

El texto bíblico da a entender que los hombres no comenzaron a invocar a Dios sino hasta el nacimiento de Enós, hijo de Set. Sin embargo, Caín y Abel ya habían ofrecido sacrificios con anterioridad. Los eruditos bíblicos han reconocido esta inconsistencia, afirmando:

“Esta inconsistencia es el resultado de la actividad redaccional (es decir, ‘editorial’ o ‘revisional’) de Rp (un escriba bíblico)”. (The Interpreter’s Bible, ed. G. A. Buttrick et al. [Nueva York: Abingdon Press, 1952], vol. 1, p. 516).

El libro de Moisés nos enseña que, tan pronto como Adán y Eva fueron expulsados del Jardín, comenzaron a invocar al Señor:

Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor desde el camino que conducía al Jardín de Edén, hablándoles; y no lo vieron, porque estaban excluidos de Su presencia.

Y Él les dio mandamientos, para que adoraran al Señor su Dios y ofrecieran las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor…

Y así comenzó a predicarse el evangelio desde el principio, siendo declarado por santos ángeles… (Moisés 5:4–5, 58)

La obra inspirada de Joseph Smith corrige el texto de Génesis de la siguiente manera:

“Entonces comenzaron estos hombres a invocar el nombre del Señor”. (Moisés 6:4; énfasis añadido)

Esta aclaración armoniza Génesis con el testimonio más amplio de las Escrituras restauradas y muestra que la adoración a Dios y la predicación del evangelio no comenzaron tardíamente, sino desde los días de Adán y Eva.