Génesis

Génesis 41


Génesis 41:1. — “al cabo de dos años completos… Faraón soñó”

En la expresión “al cabo de dos años completos… Faraón soñó” se encierra una doctrina profunda sobre la soberanía del tiempo divino: José no fue liberado cuando demostró su fidelidad, ni cuando ejerció correctamente sus dones espirituales, ni siquiera cuando un hombre prometió recordarlo, sino cuando el tiempo de Dios se cumplió por completo. Esos dos años no fueron un olvido casual, sino un período de refinamiento total en el que José aprendió a confiar plenamente en el Señor sin apoyarse en brazos de carne. Doctrinalmente, el texto enseña que Dios no apresura Sus propósitos para aliviar nuestra incomodidad, sino que permite la espera hasta que el corazón esté preparado para recibir poder sin perder humildad. El giro de la historia no comienza con José, sino con la revelación dada a Faraón, lo que muestra que Dios gobierna aun sobre reyes paganos y que la liberación de Sus siervos puede venir por medios inesperados y externos. Mientras José parecía olvidado en la prisión, el Señor ya estaba moviendo la historia a gran escala, preparando una crisis que requeriría exactamente los dones que José había cultivado en la adversidad. Así, cuando el sueño finalmente llega, no solo termina la prueba de José, sino que se inaugura su misión, demostrando que en el plan de Dios la demora nunca es desperdicio, el silencio nunca es abandono, y la espera fiel siempre precede a una manifestación mayor de Su propósito redentor.

“Los sueños volvieron a convertirse en un punto decisivo en la vida de José… Faraón también tuvo sueños; ¿podemos dudar que fueron dados para preparar a un pueblo para una calamidad venidera? Revelaron la mano de Dios obrando en los asuntos de los hombres para que Él pudiera cumplir Su voluntad a favor de ellos. El sueño de Faraón fue una parte pequeña pero integral del drama que se iba desplegando en la historia de Israel, prevista antes de la fundación de este mundo por un Padre Celestial omnisciente. Desde el principio, Él ha tenido propósitos y designios para Sus hijos, una misión para Israel y un llamamiento especial para José”. (Kent P. Jackson y Robert L. Millet, eds., Studies in Scripture, vol. 3: Genesis to 2 Samuel [Salt Lake City: Randall Book, 1985], 68)

Génesis 41:2. — “siete vacas hermosas y gordas”

El Señor introduce una doctrina esencial sobre la abundancia como mayordomía y no como destino final. La hermosura y gordura de las vacas no simbolizan solo prosperidad material, sino un tiempo de gracia concedido por Dios, un período en el que la vida florece, los recursos abundan y todo parece estable y seguro. Doctrinalmente, esta escena enseña que los tiempos de prosperidad no son una garantía de permanencia, sino una oportunidad sagrada para prepararse. Las vacas no existen por sí mismas; están dentro de un sueño profético que apunta a algo mayor, mostrando que la abundancia sin revelación puede volverse peligrosa si se confunde con autosuficiencia. Dios revela primero los años buenos porque la prueba del alma no comienza con la escasez, sino con la abundancia, cuando el corazón corre el riesgo de olvidar su dependencia del cielo. Así, estas vacas gordas representan los dones visibles de Dios—salud, recursos, estabilidad, luz—que deben ser administrados con sabiduría y previsión espiritual, pues en el orden divino la prosperidad no es el clímax de la historia, sino la antesala de una responsabilidad mayor que exige fe, discernimiento y obediencia.

“Vacas” es otra palabra para ganado. Las “vacas hermosas” eran sanas, bien alimentadas, gordas y jugosas.

Génesis 41:6. — “siete espigas delgadas… quemadas por el viento solano”

El Señor revela la doctrina de la fragilidad de la autosuficiencia humana frente a los decretos divinos. El viento solano, seco y abrasador, no representa simplemente una sequía natural, sino una fuerza que viene desde fuera del control humano, mostrando que ninguna planificación meramente terrenal puede resistir cuando Dios permite que los sustentos visibles se marchiten. Doctrinalmente, estas espigas delgadas enseñan que la escasez no siempre es consecuencia inmediata del pecado personal, sino parte del trato soberano de Dios para probar, humillar y reordenar prioridades espirituales. A diferencia de las vacas gordas, estas espigas no alimentan, no sostienen y no prometen futuro; existen para confrontar la ilusión de permanencia y recordar que todo lo temporal es vulnerable cuando se separa de la previsión divina. Así, el viento solano se convierte en un instrumento pedagógico del cielo: consume lo superficial, expone la dependencia humana y prepara el corazón para reconocer que solo la sabiduría revelada—no la abundancia pasada—puede preservar la vida cuando llegan los tiempos de prueba.

El “viento solano” es una metáfora del mal tiempo. El viento del oriente solo traía tormentas de arena y destrucción, sequía y devastación. El “viento solano” se menciona con frecuencia como una maldición de Dios:
“Los esparciré como con viento solano delante del enemigo…” (Jer. 18:17).

José supo instintivamente la interpretación correcta de esta alusión.

Génesis 41:8. — “por la mañana… su espíritu estaba turbado”

La frase revela una doctrina profunda sobre la inquietud espiritual que acompaña a la revelación divina cuando aún no ha sido interpretada. El sueño de Faraón no era una impresión pasajera ni una imaginación nocturna; su efecto persistente al amanecer indica que provenía de Dios, pues la revelación verdadera no se disuelve con el sueño, sino que despierta la conciencia y sacude el alma. Doctrinalmente, este versículo enseña que Dios puede hablar incluso a quienes no lo conocen plenamente, pero que la revelación sin entendimiento produce turbación en lugar de paz. El espíritu inquieto de Faraón manifiesta que el conocimiento sin interpretación divina genera ansiedad, no consuelo; por ello, el Señor permite la incomodidad como una señal de que Su mensaje requiere mediación autorizada. Así, la turbación matutina prepara el escenario para que José—portador del don espiritual y de la autoridad reveladora—sea llamado, enseñando que Dios no solo comunica Su voluntad, sino que también establece los medios correctos para comprenderla, y que la paz llega únicamente cuando la revelación es interpretada conforme a Su orden.

No todo sueño tiene significado. Quienes ponen demasiado énfasis en sus sueños pueden volverse locos con un autoanálisis inútil. De Faraón aprendemos que cuando Dios usa los sueños para comunicarse, enfatiza su importancia a la mañana siguiente. En el caso de Faraón, su espíritu estaba turbado; él sabía que significaba algo.

Génesis 41:9. — “Yo me acuerdo hoy de mis faltas”

La confesión “Yo me acuerdo hoy de mis faltas” encierra una doctrina poderosa sobre la memoria moral que despierta bajo la presión divina. El copero había olvidado a José durante dos años completos, no por ignorancia, sino por conveniencia; sin embargo, cuando el espíritu de Faraón se turbó y ninguna sabiduría humana pudo dar respuesta, la conciencia del copero fue súbitamente activada. Doctrinalmente, este versículo enseña que Dios puede usar las crisis ajenas para despertar la responsabilidad personal, y que el recuerdo del pecado no siempre llega en soledad, sino cuando el Señor mueve las circunstancias para exigir verdad. El copero no dice simplemente “recuerdo a José”, sino “me acuerdo de mis faltas”, reconociendo que su silencio fue una transgresión moral y no un simple descuido. Así, el texto revela que el arrepentimiento comienza cuando el hombre deja de justificar su omisión y nombra su pecado tal como es. En el orden divino, esta confesión no solo libera al culpable, sino que abre la puerta para la exaltación del inocente: el recuerdo tardío del copero se convierte en el instrumento mediante el cual Dios saca a José del calabozo, enseñando que aunque el hombre olvide, Dios nunca pierde el control del tiempo, y aun las faltas humanas pueden ser redimidas para cumplir Sus propósitos eternos.

Mientras José languidecía en la prisión, tuvo la oportunidad de hablar bien de sí mismo por medio del copero. Cuando interpretó el sueño del copero y del panadero, le pidió al copero que intercediera por él:
“Haz mención de mí a Faraón, y sácame de esta casa” (Gén. 40:14).

Nunca escuchamos a José quejarse ni guardar rencor contra el copero por este gran descuido. Ese olvido le costó a José dos años adicionales de prisión. La mayoría de los hombres buscarían represalias si se les presentara la oportunidad, pero José era un hombre de misericordia y discreción.

Génesis 41:14. — “Faraón… lo hizo sacar apresuradamente de la cárcel”

Se enseña con fuerza la doctrina del tiempo soberano de Dios y la súbita reversión de las circunstancias cuando Sus propósitos maduran. José había pasado años en el anonimato, la injusticia y el silencio, sin señales visibles de liberación; sin embargo, cuando llegó el momento señalado por Dios, la transición fue inmediata: del calabozo al palacio, de la humillación al reconocimiento, de la espera prolongada a la acción urgente. Doctrinalmente, este versículo revela que Dios no siempre acelera el sufrimiento, pero nunca retrasa la redención; cuando Él decide actuar, no hay burocracia humana ni obstáculo terrenal que lo detenga. La prisa de Faraón contrasta con la larga paciencia de José y muestra que la exaltación del justo no depende de su autopromoción, sino de la intervención divina. Además, antes de presentarse ante el rey, José es afeitado y cambia sus vestiduras, señalando que Dios no solo libera, sino que también prepara y transforma al siervo para el nuevo llamamiento. Así, este momento declara que las prisiones permitidas por Dios no son destinos finales, sino antesalas de mayordomías mayores, y que cuando el cielo abre la puerta, lo hace con autoridad, propósito y perfecta puntualidad.

“Abravanel observa que por cada sufrimiento de José hubo una compensación exacta. Fue por sueños que sus hermanos lo odiaron, y mediante sueños fue exaltado en Egipto. Ellos lo despojaron de su túnica de muchos colores; los egipcios lo vistieron de lino fino. Lo arrojaron a un pozo, y del pozo de la prisión fue sacado por Faraón. Lo vendieron como esclavo; en Egipto fue hecho señor”. (Comentario de Ellicott, https://biblehub.com/commentaries/genesis/41-14.htm)

Génesis 41:16. — “No está en mí; Dios dará respuesta propicia a Faraón”

La declaración de José revela la doctrina central de la verdadera humildad profética y la fuente divina de toda revelación. José se encuentra ante el hombre más poderoso del mundo, con su libertad y su futuro inmediato en juego, y aun así rehúsa apropiarse del mérito que podría favorecerlo; reconoce que el don no le pertenece y que él es solo un instrumento. Doctrinalmente, este versículo enseña que los dones espirituales no existen para exaltar al hombre, sino para glorificar a Dios y bendecir a otros conforme a Su voluntad. Al decir que Dios dará una “respuesta propicia”, José afirma que la revelación divina no solo informa, sino que también ordena, preserva y salva vidas, pues Dios habla siempre con un propósito redentor. Esta actitud contrasta con la sabiduría de los magos y sabios de Egipto, quienes pretendían poseer el conocimiento, pero carecían de la conexión con la fuente verdadera. Así, José modela el principio eterno de que el poder espiritual fluye únicamente cuando el siervo se vacía de sí mismo, y que la confianza puesta en Dios—no en la habilidad personal—es lo que convierte la revelación en instrumento de salvación tanto temporal como eterna.

José da la respuesta perfecta. Si se atribuye el mérito de la respuesta, es más probable que logre salir de la prisión, pero se niega a ofender a Dios tratando de hacerse ver bien. Los grandes hombres siempre dan el crédito a Dios y dejan que las consecuencias sigan su curso.

Génesis 41:21. — “y cuando las hubieron comido, no se conocía que las hubiesen comido”

La expresión enseña doctrinalmente que las bendiciones pasadas no garantizan fortaleza presente cuando Dios permite una prueba prolongada. En el sueño, lo lógico sería que las vacas flacas se fortalecieran tras devorar a las gordas; sin embargo, permanecen iguales, revelando que la escasez venidera sería tan severa que consumiría incluso el recuerdo de la abundancia. Este detalle subraya que hay crisis que no se resuelven simplemente por haber tenido prosperidad antes, ni siquiera por una buena administración humana aislada, sino únicamente por una preparación inspirada por Dios. Doctrinalmente, el versículo advierte que confiar en reservas visibles, en experiencias espirituales pasadas o en éxitos anteriores no basta para sostener el alma cuando la prueba es profunda y duradera. La hambruna descrita no solo agotaría los recursos, sino también la memoria de los tiempos buenos, enseñando que solo la obediencia preventiva y la sabiduría revelada pueden preservar vida cuando la adversidad borra toda evidencia de fortaleza previa. Así, el Señor muestra que Él no solo permite la escasez, sino que la mide con precisión para llevar a Su pueblo a depender completamente de Su guía y no de la autosuficiencia humana.

Si una vaca flaca se come a una vaca gorda, debería engordar. No ocurre así en el sueño de Faraón. ¡La vaca flaca sigue flaca después de comerse a la otra! José sabe por el Espíritu que la sequía agotará todas las reservas, aun si los años de abundancia se administran sabiamente.

Génesis 41:25. — “Dios ha mostrado a Faraón lo que Él va a hacer”

La afirmación establece con claridad la doctrina de la soberanía absoluta de Dios sobre la historia y Su iniciativa reveladora. José no presenta el sueño como una advertencia condicionada ni como una posibilidad sujeta al azar, sino como la manifestación anticipada de una voluntad divina ya determinada: Dios muestra lo que Él va a hacer, no lo que tal vez ocurra. Doctrinalmente, esto enseña que el Señor gobierna los acontecimientos mayores de las naciones y que, cuando lo considera necesario, revela Sus designios aun a reyes gentiles para cumplir propósitos más amplios que ellos mismos desconocen. La revelación no se concede para satisfacer curiosidad, sino para permitir preparación, salvación y preservación de vida. Al mismo tiempo, el texto muestra que conocer el plan de Dios no elimina la responsabilidad humana; por el contrario, exige acción obediente y sabia. Así, esta frase proclama que Dios actúa primero, revela después y llama al hombre a responder, recordándonos que la historia no avanza por accidente, sino bajo la dirección de un Dios que ve el fin desde el principio y prepara a Sus siervos para cooperar con Su obra redentora.

C. Christopher Waddell. Desde el principio de los tiempos, el Señor ha proporcionado dirección para ayudar a Su pueblo a prepararse espiritual y temporalmente contra las calamidades y pruebas que Él sabe que vendrán como parte de esta experiencia mortal. Estas calamidades pueden ser personales o generales, pero la guía del Señor brinda protección y apoyo en la medida en que atendamos y actuemos conforme a Su consejo. Un maravilloso ejemplo se encuentra en el relato del libro de Génesis, donde aprendemos acerca de José en Egipto y su interpretación inspirada del sueño de Faraón. (Citas de Génesis 41)

Hoy somos bendecidos al ser guiados por profetas que comprenden la necesidad de prepararnos contra las calamidades “que habrían de venir” y que también reconocen las limitaciones o restricciones que podemos enfrentar al esforzarnos por seguir su consejo.

Existe un claro entendimiento de que los efectos del COVID-19, así como los desastres naturales devastadores, no respetan personas y cruzan fronteras étnicas, sociales y religiosas en todos los continentes.

Al considerar el principio de la preparación, podemos mirar a José en Egipto como fuente de inspiración. Saber lo que iba a suceder no habría sido suficiente para sostenerlos durante los años de escasez sin un grado de sacrificio durante los años de abundancia. En lugar de consumir todo lo que los súbditos de Faraón podían producir, se establecieron límites y se obedecieron, proveyendo lo suficiente tanto para las necesidades inmediatas como para las futuras. No bastaba con saber que vendrían tiempos difíciles; tenían que actuar, y debido a su esfuerzo, “había pan”. (https://www.churchofjesuschrist.org/study/general-conference/2020/10/25waddell?lang=eng)

Génesis 41:34. — “Recoja la quinta parte de la tierra de Egipto en los siete años de abundancia”

La instrucción encierra la doctrina de la preparación inspirada como acto de fe y obediencia práctica. José no solo interpreta el sueño, sino que inmediatamente propone una medida concreta, revelando que la verdadera revelación divina siempre va acompañada de responsabilidad y acción. Doctrinalmente, este versículo enseña que Dios no obra únicamente mediante milagros repentinos, sino a través de principios de previsión, sacrificio y disciplina sostenida. El mandato de apartar una quinta parte implica moderación en tiempos de prosperidad, negándose al consumo desmedido y reconociendo que la abundancia no es para agotarse, sino para administrarse como mayordomía sagrada. Así, la prosperidad deja de ser un fin en sí misma y se convierte en un medio para preservar vida futura, no solo en Egipto, sino también entre las naciones vecinas y la casa de Israel. Este principio revela que Dios honra la fe que se expresa en planificación obediente, y que la salvación temporal—como la espiritual—requiere actuar hoy conforme a una palabra revelada sobre el mañana.

José ya había manifestado el don de interpretar sueños. Su siguiente don espiritual es el don de administración, manifestado en su brillante solución, ofrecida inmediatamente después de la interpretación. ¿Cómo sabe que será necesario un excedente del 20 % para cubrir los años de hambre?
20 % por siete años es 140 %. José es inspirado a preparar un 40 % adicional porque las naciones vecinas acudirán a Egipto hacia el final de la hambruna. Ese 40 % extra hará a Faraón rico y famoso.

Génesis 41:36. — “para que aquel alimento esté en reserva en el país para los siete años de hambre”

La frase enseña la doctrina de la previsión divina como expresión de amor y preservación de vida. El propósito del almacenamiento no es la acumulación egoísta ni el control opresivo, sino la protección anticipada frente a una escasez que Dios ya conoce y ha revelado. Doctrinalmente, este versículo muestra que el Señor obra con una visión a largo plazo: permite años de abundancia no para el desenfreno, sino para que se conviertan en un escudo contra el hambre futura. La reserva se convierte así en un símbolo de esperanza organizada, una manifestación tangible de que Dios prepara una salida antes de que la prueba llegue. Además, la provisión no es solo para Egipto, sino para “el país”, enseñando que las bendiciones administradas con rectitud pueden salvar a muchos, incluso a quienes no participaron directamente de la revelación. Este principio revela que Dios espera que Su pueblo actúe con sabiduría hoy para bendecir vidas mañana, y que la fe verdadera no ignora el futuro, sino que lo enfrenta con obediencia, sacrificio y confianza en la palabra revelada.

“Al esforzarnos por cuidar de nosotros mismos y de nuestras familias, uno de nuestros mayores desafíos es hallar paz en medio de un futuro incierto. Puede que hoy tengamos las necesidades básicas de la vida, pero ¿qué hay del mañana? Los profetas nos han instado a vivir con previsión; es decir, a vivir de tal manera que se provean las necesidades de la vida no solo para hoy, sino también para el mañana.

La sabiduría de vivir con previsión ha sido reconocida desde la antigüedad. José animó a los egipcios a almacenar grano durante los siete años “gordos” para los años de escasez que vendrían (véase Gén. 41:28–36). Del antiguo narrador griego Esopo proviene la fábula de la hormiga y el saltamontes, que ilustra de manera muy sencilla el principio de la previsión. En tiempo de abundancia, el saltamontes no pensó en lo que necesitaría cuando llegara el invierno. Pero la hormiga trabajó diligentemente, preparándose y proveyendo para el tiempo en que el alimento no sería tan abundante. La hormiga podía mirar al futuro con confianza, mientras que el saltamontes —si es que pensaba en el futuro— solo podía esperar lo mejor.

Pero vivir con previsión es más que solo guardar alimentos para una necesidad futura. Abarca todas las áreas de la vida. Si deseamos enfrentar el futuro con confianza y paz mental, debemos prepararnos en seis áreas: alfabetización y educación, desarrollo profesional, administración financiera y de recursos, producción y almacenamiento en el hogar, salud física y fortaleza socioemocional y espiritual. Cuando procuramos prepararnos en estas áreas, podemos disfrutar de paz mental al enfrentar las incertidumbres del futuro.

“La hermana Barbara W. Winder, presidenta general de la Sociedad de Socorro, dijo que “vivir con previsión incluye el uso prudente y frugal de los recursos personales, haciendo provisión para el futuro, así como proveyendo sabiamente para las necesidades actuales””. (“Provident Living: A Way of Life”, Ensign, agosto de 1987, 35)

Spencer W. Kimball. En nuestras vidas hay depósitos de muchos tipos. Algunos depósitos sirven para almacenar agua. Otros sirven para almacenar alimentos, como hacemos en nuestro programa de bienestar familiar y como hizo José en la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia. También debe haber depósitos de conocimiento para satisfacer las necesidades futuras; depósitos de valor para vencer las inundaciones de temor que llenan de incertidumbre la vida; depósitos de fortaleza física para ayudarnos a soportar las frecuentes cargas del trabajo y la enfermedad; depósitos de bondad; depósitos de resistencia; depósitos de fe. Sí, especialmente depósitos de fe, para que cuando el mundo nos presione, permanezcamos firmes y fuertes; cuando las tentaciones de un mundo decadente a nuestro alrededor demanden nuestras energías, debiliten nuestra vitalidad espiritual y procuren arrastrarnos hacia abajo, necesitemos una reserva de fe que pueda sostener a los jóvenes y luego a los adultos a través de los momentos monótonos, difíciles y aterradores, las decepciones, los desengaños y los años de adversidad, necesidad, confusión y frustración. (La fe precede al milagro [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1972], 110)

Génesis 41:38. — “¿Hallaremos a otro hombre como este, en quien esté el Espíritu de Dios?”

La pregunta de Faraón proclama la doctrina de la evidencia inconfundible del poder espiritual cuando Dios gobierna la vida de un hombre. José no es reconocido por su linaje, su pasado ni su posición social, sino por una cualidad invisible pero perceptible: la presencia del Espíritu de Dios, que se manifiesta en discernimiento, sabiduría práctica y autoridad moral. Doctrinalmente, este versículo enseña que el Espíritu de Dios no solo instruye en lo sagrado, sino que capacita para gobernar, decidir y preservar vida en contextos complejos; por eso, incluso un rey pagano puede identificar su realidad cuando la ve operar con poder. La pregunta de Faraón no busca comparación, sino confirmación: reconoce que lo que ha presenciado no puede reproducirse por talento humano ni por magia religiosa, sino que procede de una fuente divina. Así, el texto afirma que cuando el Espíritu de Dios reposa sobre una persona, su influencia trasciende credos y culturas, y su vida se convierte en testimonio viviente de que Dios sigue hablando, guiando y salvando mediante siervos humildes que le dan toda la gloria.

L. Tom Perry. A causa del servicio que José prestó, Faraón dijo a sus siervos: “¿Hallaremos a otro hombre como este, en quien esté el Espíritu de Dios?” (Gén. 41:38). Faraón reconoció que José era verdaderamente dirigido por el Señor cuando le dijo: “Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú” (Gén. 41:39).

Cuando una persona sigue el rumbo señalado por las señales del evangelio de Jesucristo y pone su confianza en el Señor, su influencia se manifiesta no solo en acciones y hechos, sino también en un cambio notable y visible en su propio ser. Hay una luz especial y un espíritu que irradian de su alma eterna. Puede describirse con palabras como brillo, luz, gozo, felicidad, paz, pureza, contentamiento, espíritu, entusiasmo, etc. (“Trust in the Lord”, Ensign, mayo de 1978, 52)

Génesis 41:45. — “le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote”

La frase revela la doctrina de la integración providencial de José en un contexto gentil sin perder su identidad de pacto. Este matrimonio no es presentado como un acto romántico ni meramente político, sino como parte del proceso mediante el cual Dios establece a José plenamente en la estructura social, cultural y administrativa de Egipto para cumplir Su propósito redentor. Doctrinalmente, el versículo enseña que Dios puede colocar a Sus siervos en entornos que no comparten su fe original, sin que ello implique infidelidad al convenio, siempre que el corazón permanezca leal al Dios de Israel. Asenat, proveniente de la élite religiosa egipcia, representa el mundo gentil al que José es unido no para ser absorbido por él, sino para bendecirlo y gobernarlo con justicia. Este matrimonio prepara el escenario para el nacimiento de Efraín y Manasés, a través de quienes las bendiciones del pacto se extenderán más allá de Canaán, enseñando que Dios no limita Su obra a fronteras étnicas o religiosas, sino que utiliza incluso alianzas inesperadas para cumplir promesas antiguas y llevar adelante Su plan eterno.

La hija de Potifera, el sacerdote, pertenecía a la nobleza egipcia. A José se le dio lo mejor de Egipto, y Asenat fue ciertamente una compañera digna.

[José] se elevó a una posición de prominencia y liderazgo y se casó con una joven egipcia, Asenat, hija del sacerdote de On. Ella le dio dos hijos: Efraín y Manasés, quienes vivieron toda su vida en Egipto (véase Gén. 41:45, 50–52). La mayoría de los Santos de los Últimos Días, por medio de sus bendiciones patriarcales, reclaman a Efraín y Manasés como antepasados directos; así, su linaje queda vinculado con Egipto.

“El Libro de Mormón también está relacionado con Egipto, pues fue escrito en “el idioma de los egipcios” (1 Nefi 1:2). Moroni, escribiendo mil años después, todavía reconocía el uso de escritura egipcia entre los nefitas: “Hemos escrito este registro conforme a nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado” (Mormón 9:32)”. (Thomas y Judith Parker, “Blessed Be Egypt My People”, Ensign, septiembre de 1983, 44)

Génesis 41:51. — “El nacimiento de Manasés”

La mención del “nacimiento de Manasés” encierra una doctrina profundamente sanadora sobre la capacidad de Dios para transformar el dolor pasado en reposo interior. José nombra a su primogénito Manasés diciendo: “Porque Dios me hizo olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre”, no en el sentido de borrar la memoria, sino de liberarlo del peso emocional de la aflicción. Doctrinalmente, este nombre testifica que el Señor no siempre elimina las heridas del pasado, pero sí puede quitarles su poder destructivo sobre el corazón. Manasés representa el don divino de seguir adelante sin amargura, de vivir el presente sin quedar prisionero del sufrimiento anterior. En el plan de Dios, el olvido sanador precede a la multiplicación futura, pues solo un corazón reconciliado puede sostener bendiciones mayores. Así, el nacimiento de Manasés declara que la gracia de Dios no solo exalta al justo externamente, sino que primero lo restaura internamente, permitiéndole vivir sin rencor, sin resentimiento y sin quedar definido por las injusticias que una vez lo marcaron.

Manasés: ¿podemos comprender el linaje justo de Manasés? ¿Cuántos profetas del Libro de Mormón se necesitan para hacer gloriosa la línea de Manasés? Ciertamente fue una rama fructífera. El siguiente relato trata de una descendiente que sintió un parentesco especial con el padre Manasés.

Una joven indígena estadounidense recibió la responsabilidad de cuidar el ganado viejo y enfermo de su padre. Era su deber pastorearlo y atenderlo. Un día, inadvertidamente, condujo su pequeño rebaño hasta una peligrosa meseta. Algunos animales cayeron y murieron; otros se dispersaron intentando descender. Era su responsabilidad mantenerlos a salvo.

“Nunca me había sentido tan sola. Mientras descendía de la meseta sin la ayuda de un sendero, estaba envuelta en la emoción del reciente desastre. La dificultad de la ruta que había elegido despertó toda mi conciencia. ¿Estaba cometiendo otro error? Unas semanas antes, había sido reprendida cuando mi abuela y mi tía me sorprendieron molestando a una serpiente de cascabel con un látigo mientras mi hermanito asustado observaba. Ahora estaba bajando por una pared rocosa que nunca antes había escalado; de algún modo, incluso molestar a una serpiente parecía inofensivo en comparación.

Así permanecí allí, inmóvil y sollozando, hasta que un pensamiento tranquilizador llegó a mi mente desde una lección de la Escuela Dominical. Era la historia de José de Egipto…

Los linajes son importantes, por antiguos que sean; son lazos que nunca pueden romperse. Debí creer eso incluso siendo niña, pues estaba convencida de que el mismo poder que permitió a José perseverar vendría en ayuda de una pequeña niña indígena atrapada en una repisa alta de la meseta.

Así que oré al mismo Dios que guio a José a través de todas sus tribulaciones: “Padre, Padre, no sé adónde ir. ¿Dónde debo poner mis manos y mis pies?”. Durante el resto de mi descenso, recuerdo que nunca me había sentido tan ágil ni tan instintiva. Cuando finalmente mis pies se apoyaron en un arroyo seco, presencié otro hecho inusual: el resto del rebaño había encontrado de algún modo un sendero para bajar. Se habían reunido en el arroyo y pastaban hierba dulce como si nada hubiera ocurrido.

Ese día no entendí por qué sentía un apego tan fuerte por José, pero nueve años después mi bendición patriarcal declararía que había nacido por los lomos del hijo mayor de José: Manasés, así llamado, dice José, porque “Dios… me hizo olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre” (Gén. 41:51).

“Con el corazón apesadumbrado y los pies pesados, conduje mi rebaño de regreso al corral. Al cerrar la puerta, finalmente miré hacia atrás al rostro escarpado de aquella meseta, y supe desde ese día que no había nada que mi Padre Celestial no me concediera si lo pedía con un corazón puro”.
(A. J. Rock, “The Summer of My Accountability”, Ensign, julio de 1992, 27)

Génesis 41:55. — “Faraón dijo… Id a José; haced lo que él os dijere”

La declaración enseña la doctrina de la mediación divinamente establecida para la salvación en tiempos de necesidad. Cuando el hambre alcanza a todo Egipto, Faraón no se presenta como la fuente de provisión, sino que dirige al pueblo hacia José, el hombre a quien Dios había investido con sabiduría y autoridad para preservar la vida. Doctrinalmente, este versículo revela que Dios no solo anticipa la crisis, sino que también designa a Sus siervos como instrumentos visibles de Su misericordia; rechazar al siervo sería rechazar el medio que Dios ha provisto. La instrucción es absoluta: no negociar, no improvisar, no buscar alternativas—haced lo que él os dijere. Así, José se convierte en un tipo de Cristo, pues así como Egipto debía ir a José para recibir pan y vivir, toda la humanidad debe acudir al Hijo de Dios y obedecer Su palabra para recibir el Pan de Vida. Este pasaje afirma que la salvación, tanto temporal como espiritual, fluye a través del orden divino, y que la obediencia al siervo autorizado por Dios es, en realidad, obediencia al Dios que lo envió.

Russell M. Nelson. Antiguamente, cuando “toda la tierra de Egipto estaba hambrienta, el pueblo clamó a Faraón por pan; y Faraón dijo a todos los egipcios: Id a José; haced lo que él os dijere” (Gén. 41:55). En los últimos días, las personas hambrientas del alimento que solo el evangelio puede proporcionar han de ser alimentadas nuevamente… por José. El Señor declaró que “esta generación tendrá mi palabra por medio de [José Smith]” (DyC 5:10). Hoy podemos “deleitar[nos] en las palabras de Cristo” (2 Nefi 32:3) gracias a José Smith. (“The Exodus Repeated”, Ensign, julio de 1999, 8–9)

Génesis 41:56. — “Y José abrió todos los graneros”

La frase manifiesta la doctrina de la misericordia activa que sigue a la preparación obediente. José no almacenó grano para contemplarlo ni para reservarlo solo a una élite, sino para abrirlo en el momento exacto en que la necesidad alcanzó su punto más crítico. Doctrinalmente, este acto enseña que la previsión inspirada encuentra su propósito pleno únicamente cuando se transforma en bendición compartida, y que Dios no prepara recursos para retenerlos, sino para dispensarlos con sabiduría y compasión. El abrir los graneros marca el tránsito de la espera a la acción, de la fe anticipatoria a la misericordia concreta, mostrando que el Señor responde al hambre real con provisión real. Además, José no abre algunos graneros, sino todos, indicando que la provisión divina es suficiente y generosa para quienes acuden conforme al orden establecido. Así, este momento declara que cuando Dios confía recursos a Sus siervos, espera que los administren con justicia, oportunidad y amor, recordándonos que el pan guardado sin ser compartido pierde su razón de ser, pero el pan abierto en el tiempo de necesidad se convierte en instrumento de salvación.

Sterling W. Sill. Cuando comenzó la hambruna, José abrió los graneros. Así, con una sola buena idea, dos naciones fueron salvadas de morir de hambre. Sin embargo, esta idea de almacenar alimentos para el futuro siempre ha sido y probablemente siempre será una de nuestras mejores ideas. Para empezar, de una u otra manera, estos períodos alternados de abundancia y escasez continúan llegando con cierta regularidad como una parte importante de la vida. (Principles, Promises, and Powers [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1973], 267)