Génesis

Génesis 45


Génesis 45:1. — “José no pudo contenerse”

Marca el punto donde la misericordia finalmente vence a la contención, y el amor supera toda estrategia pedagógica previa. Doctrinalmente, este momento enseña que, aunque Dios a veces permite pruebas prolongadas para producir arrepentimiento verdadero y transformación del corazón, la compasión nunca es infinítamente aplazada; llega el instante en que el alma redimida ya no puede sostener el silencio. José había ejercido dominio sobre sí mismo, sobre la situación y sobre el proceso, pero ahora su poder cede ante una verdad más alta: la reconciliación es más urgente que el juicio. El texto no dice que José decidió revelarse, sino que no pudo contenerse, subrayando que el perdón genuino no es solo un acto racional, sino una fuerza espiritual que brota cuando el amor ha cumplido su propósito. Aquí se revela un principio central del evangelio: Dios no se deleita en la aflicción prolongada, sino en el momento en que puede decir “basta” y abrir los brazos. El llanto de José no es debilidad; es la manifestación visible de una victoria interior, donde el pasado ya no gobierna el presente. Así, este versículo enseña que la redención culmina cuando el corazón sanado ya no necesita esconderse, y el que fue herido puede revelarse sin temor, porque el amor ha hecho su obra completa.

El amor, la misericordia, la gracia y el perdón son virtudes divinas. Mientras que la mayoría de nosotros carecemos de una provisión suficiente, José está tan lleno de bondad que su alma mortal ya no puede mantener el ardid ni continuar con el disfraz. Su copa de rectitud llegó hasta el borde y se desbordó, derramándose como las lágrimas que corrían por su rostro.

“¿Quién de nosotros, hombre o mujer, no necesita el espíritu de José tal como se expresa al final de la historia: cuando, a pesar de tener razones para devolver herida por herida, su afecto por su familia es tan puro y verdadero que lo único que le importa es perdonar y restaurar?”
(The Interpreter’s Bible, ed. G. A. Buttrick et al. [Nueva York: Abingdon Press, 1952], vol. 1, p. 799)

“La piedad o la devoción también formaban parte integral de José… La historia difícilmente encontraría otra escena tan llena de sentimientos humanos como la de José escuchando a sus hermanos (quienes no sabían que él podía entenderlos, ya que siempre les había hablado por medio de un intérprete) hablar de su castigo por haber vendido a su hermano como esclavo. José respondió con severidad, como Dios a veces debe hacerlo con nosotros; pero cuando se le ve conmovido hasta las lágrimas en dos ocasiones —al punto de tener que salir del aposento para ocultar su rostro de sus hermanos— se percibe la profundidad de su amor semejante al de Cristo, lleno de perdón para los verdaderamente arrepentidos.

“Respeto a nuestro padre José por muchas cosas: por su fe, su virtud, su conocimiento, su templanza y paciencia, y por su devoción. Pero, sobre todo, lo respeto por su bondad y amor fraternal. Estos son sus atributos más semejantes a los de Dios; estos son su punto de contacto con el Salvador y su punto de contacto con nosotros, su posteridad. Estos son los atributos que deberíamos procurar emular como nietos de este modelo de excelencia cristiana; uno de los hombres más grandes que este mundo haya producido, un padre que enseñó a toda su posteridad lo que significa conocer verdaderamente a Cristo”. (Arthur R. Bassett, “Joseph, Model of Excellence”, Ensign, septiembre de 1980, 13)

Génesis 45:4. — “Yo soy José vuestro hermano, a quien vendisteis para Egipto”

Es una declaración que une identidad, verdad y misericordia en una sola frase redentora. Doctrinalmente, José no se revela como gobernador ni como juez, sino como hermano, reordenando la relación antes de abordar la herida; nombra el pecado sin suavizarlo (“a quien vendisteis”), pero lo hace desde una posición de amor que busca sanar y no condenar. Este equilibrio enseña que el perdón verdadero no niega la realidad del mal, sino que lo integra en un relato mayor de propósito divino. Al decir “yo soy”, José afirma una identidad preservada a pesar del trauma: no fue definido por la traición sufrida, sino por la fidelidad de Dios que lo sostuvo. Así, el pasaje revela un principio central del evangelio: la reconciliación comienza cuando la verdad se dice en un espíritu de gracia, y cuando el ofendido elige hablar desde la pertenencia (“vuestro hermano”) antes que desde el poder. En ese instante, la culpa deja de ser un muro y se convierte en un puente hacia la restauración, mostrando que Dios puede tomar lo que los hombres hicieron para herir y transformarlo en el medio por el cual las familias son reunidas y los corazones, sanados.

David E. Sorensen. Sin duda, en ese momento José tenía el poder de vengarse. Podría haber puesto a sus hermanos en prisión o haberlos condenado a muerte. En lugar de eso, confirmó su perdón. Dijo:
“Yo soy José vuestro hermano…” (véanse Gén. 45:4–8).

La disposición de José para perdonar transformó la amargura en amor.. (Conference Report, abril de 2003, 10)

Génesis 45:5. — “No os entristezcáis, ni os pese haberme vendido acá”

Se expresa una de las declaraciones más elevadas de la teología del perdón en las Escrituras, donde la gracia no solo absuelve, sino reinterpreta el pasado a la luz del propósito divino. Doctrinalmente, José no minimiza la gravedad del pecado ni niega la responsabilidad moral de sus hermanos; más bien, los libera del peso paralizante de la culpa al revelar que Dios ha estado obrando incluso a través de la injusticia sufrida. Al decir “Dios me envió delante de vosotros para preservación de vida”, José enseña que el arrepentimiento verdadero no culmina en la autocondenación, sino en la aceptación humilde de que la misericordia de Dios es más grande que nuestras decisiones equivocadas. Este pasaje establece un principio central del evangelio: cuando el perdón es concedido, el dolor ya no define el futuro, y la tristeza que conduce a la desesperación es reemplazada por una tristeza según Dios que produce vida. José actúa aquí como un tipo del Salvador, quien no solo perdona a quienes le hicieron daño, sino que invita a mirar más allá del acto humano hacia el diseño redentor de Dios. Así, Génesis 45:5 enseña que la gracia no borra la memoria del pasado, pero sí le quita su poder de destruir, transformándolo en testimonio de la providencia divina y en fundamento para una reconciliación duradera.

Neal A. Maxwell. Se admira profundamente a quienes, habiendo sido agraviados, continúan haciendo lo que es correcto, negándose a ofenderse o a volverse amargos. Que otros acusen a Dios neciamente (véase Job 1:22); estas almas fieles son magnánimas y perdonadoras, como lo fue el generoso José en Egipto con sus hermanos errantes:
“Ahora, pues, no os entristezcáis ni os pese haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” (Gén. 45:5–6).

¡Tales santos forjan el perdón allí donde otros se deleitarían en el resentimiento! (Ensign, mayo de 1983, 11)

Génesis 45:5. — “Dios me envió delante de vosotros para preservar la vida”

Formula con claridad una de las doctrinas más profundas de la providencia divina: Dios actúa con anterioridad a la crisis para asegurar la salvación, aun cuando los instrumentos humanos obran con intención torcida. Doctrinalmente, José no interpreta su historia como una sucesión de accidentes o injusticias aisladas, sino como un envío divino que antecede al hambre, al arrepentimiento y a la reconciliación, mostrando que el Señor ve el final desde el principio. Esta afirmación no absuelve el pecado humano, pero lo coloca dentro de un marco mayor donde la voluntad de Dios no es frustrada por la maldad, sino que la sobrepasa para cumplir un propósito de vida. El verbo “envió” transforma la traición en misión y el sufrimiento en preparación, enseñando que Dios puede consagrar las aflicciones de los justos para la preservación de muchos. Así, José se presenta como un tipo del Salvador, enviado “delante” para preparar el camino de liberación, sostener a los vivos en tiempos de escasez y reunir a una familia que había sido quebrantada. En este versículo se afirma que la verdadera seguridad no proviene de la previsión humana, sino de la providencia divina, que obra silenciosamente antes de que el peligro sea visible, para que, llegado el momento, la vida —física y espiritual— sea preservada.

“Mirando hacia atrás, José pudo decir que todo el largo curso de su vida había sido moldeado por Dios. Fue Dios quien lo llevó adonde estaba, no el azar ni las decisiones de los hombres, fueran buenas o malas. Pero si ahora parecía así, ciertamente no siempre lo había parecido. Dios no parecía estar interesado cuando sus hermanos lo arrojaron al pozo, cuando la caravana lo llevó a la esclavitud en Egipto, cuando las mentiras de una mujer le acarrearon una desgracia injusta, cuando yacía en la prisión de Faraón. Obsérvese… que la mano de Dios puede estar obrando mucho antes de ser revelada. Claramente así fue en el caso de José. Las mismas cosas que en su momento parecían los golpes más ciegos y crueles del destino habían llevado su vida a su cumplimiento”.

Génesis 45:7. — “Dios me envió delante de vosotros… para preservar vuestras vidas mediante una gran liberación”

La experiencia personal de José a una doctrina de liberación colectiva, donde la providencia divina no solo sostiene individuos, sino que rescata linajes enteros y preserva promesas eternas. Doctrinalmente, la repetición deliberada de “Dios me envió delante de vosotros” subraya que la iniciativa siempre pertenece al Señor: antes del hambre, antes del arrepentimiento y antes de la reconciliación, Dios ya había preparado el medio de salvación. La expresión “gran liberación” amplía el significado más allá de la supervivencia física; apunta a un rescate que incluye la continuidad del convenio, la preservación de la familia del pacto y la redención de relaciones rotas. José se presenta nuevamente como un tipo del Salvador, enviado con antelación para hacer posible una liberación que los necesitados no podían lograr por sí mismos. Así, el pasaje enseña que Dios no improvisa la salvación, sino que la prepara con antelación, y que aun las sendas dolorosas de los justos pueden convertirse en los caminos por los cuales otros son liberados. En Génesis 45:7 se afirma que la obra de Dios no termina en evitar la muerte, sino en producir una liberación grande y duradera, donde la vida es preservada y el propósito divino continúa avanzando a través de generaciones.

La relación de José con sus hermanos es un tipo de la relación de Jehová con los hijos de Israel. Las Escrituras describen esta última relación como un matrimonio más que como una hermandad, pero la traición, la misericordia, el perdón y la redención son los mismos. En este sentido, José es un tipo de Cristo.

  • José fue despreciado por los hijos de Jacob; Jehová fue rechazado por los hijos de Israel:
    “…te cansaste de mí, oh Israel” (Isaías 43:22).
  • Los hermanos de José consideraron matarlo y lo rechazaron; los hijos de Israel se prostituyeron espiritualmente al adorar a otros dioses:
    “¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Se fue sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornicó” (Jeremías 3:6).
  • José fue vendido como esclavo por veinte piezas de plata; Jesús, el Jehová premortal, fue vendido por treinta piezas de plata (Mateo 26:15).
  • José mandó a sus siervos que atemorizaran a sus hermanos y les mostraran su maldad (Gén. 44); Jehová mandó a Sus profetas hacer lo mismo:
    “Clama a voz en cuello, no te detengas… y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (Isaías 58:1).
  • Los hermanos de José compraron trigo a José, pero nunca tuvieron que pagar por él; Jehová, el Pan de Vida, también ofrece alimento gratuito:
    “Venid, comprad y comed; venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche” (Isaías 55:1).
  • José tuvo misericordia de sus hermanos a pesar de haber sido tratado con crueldad; Jehová tiene misericordia de los hijos de Israel a pesar de sus infidelidades:
    “Haré memoria de las misericordias de Jehová… conforme a la multitud de sus misericordias” (Isaías 63:7; véase también Isaías 54:6–8).
  • José perdona y olvida la traición; Jehová perdona a Israel diciendo:
    “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).
  • José fue enviado por Dios para preservar la vida de su familia; Jehová fue enviado por Dios para salvar a Israel y a toda la humanidad.
  • Las emociones de José fueron abrumadoras al reunirse con sus hermanos; el amor de Jehová por Israel es igualmente abrumador (3 Nefi 17:6, 20–21).
  • José cayó sobre los cuellos de sus hermanos, lloró y los besó; el Señor unirá la ciudad de Enoc y Sion:
    “…nos echaremos sobre sus cuellos, y ellos sobre los nuestros, y nos besaremos unos a otros” (Moisés 7:63).
  • José sorprendió a sus hermanos al revelar su identidad con las palabras “Yo soy José”; el Mesías sorprenderá a los judíos al declarar:
    “Yo soy Jesús, el que fue crucificado. Yo soy el Hijo de Dios” (DyC 45:52).
  • José preparó una salvación temporal para Israel; Jehová preparó una salvación temporal y espiritual para Israel.

Uno de los fenómenos más interesantes del Antiguo Testamento es identificar cómo una narración histórica puede testificar de Cristo. Como si ciertos acontecimientos hubieran sido guionizados para prefigurar la misión de Jesucristo, muchas historias —incluida esta— predican acerca de Cristo y señalan hacia Él. Jacob, en el Libro de Mormón, dijo:
“Las Escrituras… verdaderamente testifican de Cristo (y él se refería al Antiguo Testamento). He aquí, os digo que ninguno de los profetas ha escrito ni profetizado sino acerca de este Cristo” (Jacob 7:10–11).

Abraham fue un tipo del Padre; Isaac, del Hijo; la línea de Jacob produciría al Cristo; José fue un tipo de Jehová; Moisés fue un profeta semejante al Mesías (Deuteronomio 18:18), y así sucesivamente.

Génesis 45:10, 18. — “Habitarás en la tierra de Gosén”

Se expresa una doctrina de provisión pactada y cercanía protectora, donde Dios no solo salva de la muerte, sino que establece un lugar preparado para sostener la vida y el convenio. Doctrinalmente, Gosén no es simplemente una región fértil de Egipto; es un espacio apartado dentro de un mundo extranjero, donde la familia del pacto puede morar junta, multiplicarse y ser preservada sin perder su identidad. Al invitar a Jacob y a sus hijos a habitar “cerca de mí”, José refleja el patrón divino de reunir a Su pueblo en lugares de refugio espiritual, donde la abundancia temporal sirve a un propósito mayor: la continuidad de las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Esta morada no elimina la prueba futura —Israel seguirá siendo extranjero—, pero la ordena bajo la protección de Dios, mostrando que el Señor guía a Su pueblo incluso cuando debe vivir en medio de naciones que no comparten su fe. Así, Gosén se convierte en un símbolo de la gracia anticipatoria de Dios: un lugar preparado antes de la aflicción prolongada, donde la vida es nutrida, la familia es fortalecida y el plan divino sigue avanzando hasta que llegue el tiempo señalado de una liberación mayor.

La ubicación exacta de la tierra de Gosén no se conoce con certeza. La mayoría de los eruditos supone que se encontraba en la parte oriental del delta del Nilo. El estudiante debe recordar que hace más de cuatro mil años el delta del Nilo habría sido considerablemente diferente en su topografía, ya que el agua y los sedimentos han avanzado hacia el Mediterráneo durante milenios. El texto indica claramente que era una buena tierra, especialmente adecuada para el pastoreo de ganado, que era la ocupación de los israelitas.

Génesis 45:11. — “Yo te sustentaré allí; pues aún quedan cinco años de hambre”

Declara una doctrina de cuidado continuo y provisión anticipada, en la que la gracia de Dios no se limita al rescate inicial, sino que se extiende a la perseverancia diaria en medio de una prueba prolongada. Doctrinalmente, José no promete una liberación inmediata de la escasez, sino sustento fiel durante el tiempo que aún resta de dificultad, enseñando que Dios no siempre quita la aflicción, pero sí provee lo necesario para atravesarla sin perecer. La mención específica de “cinco años” revela que el Señor conoce la duración de la prueba y ha preparado los medios exactos para sostener a Su pueblo durante todo el proceso, mostrando que ninguna etapa del sufrimiento escapa a Su previsión. Así, el sustento en Gosén se convierte en un símbolo del cuidado pactual de Dios, quien alimenta, preserva y fortalece a los Suyos mientras se cumple Su propósito mayor. Este versículo afirma que la verdadera seguridad no proviene de la abundancia inmediata, sino de la promesa divina de sustento, que acompaña al pueblo del convenio hasta que la escasez termina y la liberación final se manifiesta.

Dios tenía el poder de poner fin a la hambruna para que los hijos de Israel permanecieran en la tierra de su herencia. Sin embargo, no altera la hambruna para mantener a los hijos de Jacob fuera de Egipto. Cinco años más de hambre significan que toda la familia de Jacob debe trasladarse a Gosén. El Señor sabe lo que va a suceder. Sabe que el siguiente faraón llegará a ser el primer y más famoso antisemita del mundo. A corto plazo, el plan de Dios incluye la salvación temporal de la familia de José, pero al mismo tiempo prepara la cautividad de la cual Moisés llegaría a ser famoso.

El guion avanza exactamente conforme al plan general del Señor. ¿Cómo sirve a los propósitos de Dios que los israelitas se establezcan en Gosén? Su liberación de los cinco años de hambre prepara el escenario para que el Señor libere a toda la nación que se desarrollará a partir de la esclavitud en Egipto. ¿Pudo haber sido de otra manera? ¿Por qué permitió Dios que fuera así?

Génesis 45:14. — “Y se echó sobre el cuello de su hermano Benjamín, y lloró”

Revela el rostro encarnado del perdón y de la restauración, donde la doctrina deja de expresarse en palabras y se manifiesta en un abrazo. Doctrinalmente, este gesto señala que la reconciliación verdadera no se consuma solo con declaraciones de gracia, sino con afecto restaurador que repara vínculos rotos y devuelve pertenencia. Benjamín, el hijo de la vejez, el hermano que había cargado silenciosamente con el peso de una historia que no eligió, es recibido no con explicaciones ni reproches, sino con lágrimas que lavan el pasado. El llanto de José no es mero desahogo emocional; es la evidencia de que el dolor ha sido transfigurado y que el amor ha vencido a la memoria de la injusticia. Aquí se enseña que Dios no solo perdona, sino que abraza, y que la redención alcanza su plenitud cuando el corazón puede acercarse sin temor. Este versículo afirma que la gracia auténtica restaura la intimidad perdida y que, en el plan divino, el perdón culmina cuando los hermanos pueden llorar juntos, no por culpa, sino por el gozo de haber sido reunidos.

Solo José y Benjamín nacieron de Raquel; eran hermanos de sangre completa. Los otros diez eran medio hermanos de José, nacidos de las otras esposas o concubinas de Jacob. Por ello, el vínculo entre estos dos parece haber sido más fuerte que con los demás. Sin duda, José habría preguntado por la salud de su madre mientras se abrazaban y lloraban.

Sin embargo, conforme la historia se desarrollaría, sería la tribu de Judá la que más estrechamente se asociaría con la tribu de Benjamín. En Egipto, José y Benjamín fueron cercanos; pero siglos después, en Canaán, Judá y Benjamín fueron las dos tribus que permanecieron unidas después de los días de Salomón (2 Crónicas 11).

Génesis 45:22. — “A Benjamín dio trescientas piezas de plata y cinco mudas de vestidos”

Revela una doctrina de gracia abundante y favor inmerecido, donde la generosidad no responde al mérito, sino al amor y al propósito divino. Doctrinalmente, el trato especial hacia Benjamín no establece favoritismo carnal, sino que manifiesta restauración y honra sobre aquel que había sido vulnerable y puesto a prueba sin culpa propia. La plata simboliza provisión suficiente y seguridad futura, mientras que las mudas de vestidos representan una renovación de identidad, un pasar de la vergüenza potencial a la dignidad confirmada. José no solo asegura el sustento material de su hermano, sino que lo reviste de abundancia visible, enseñando que la gracia de Dios no se limita a perdonar, sino que recompone, afirma y ennoblece. En este acto se refleja un principio central del evangelio: cuando Dios restaura, lo hace con plenitud, y cuando cubre, no deja al alma apenas sobrevivir, sino que la reviste con señales claras de aceptación y amor. Así, el don concedido a Benjamín testifica que, tras la prueba y el arrepentimiento colectivo, la familia no solo es reunida, sino también reafirmada bajo la abundancia de la gracia divina.

“¿Qué está pensando José? ¿Qué posible razón tendría para dar un trato preferencial a Benjamín? ¿No es este exactamente el tipo de comportamiento que causó tanto sufrimiento en el pasado?

Cuando eran niños, Jacob favorecía a José por encima de todos los demás. Lo amaba más. No lo hacía trabajar en el campo. Incluso le dio la famosa “túnica de muchos colores”, que simbolizaba todo lo que los hermanos odiaban de él.

Ahora José está repitiendo exactamente las mismas provocaciones. No solo favorece a Benjamín, sino que lo hace mediante vestiduras. Ese detalle debió haber sido notado por sus hermanos. ¿Qué está ocurriendo? ¿Es José ingenuo o cruel?

Ninguna de las dos cosas. Es otra prueba. José aún no ha terminado con sus hermanos. Hasta ahora ha aplicado la presión directamente para ver si asumirían responsabilidad unos por otros ante una amenaza externa. Han pasado esa prueba.

“Ahora los envía de regreso al desierto, sin supervisión, con un hermano que ha recibido trato especial. Sería muy fácil que Benjamín se “perdiera” o fuera “devorado por una fiera” en el camino. José ha recreado las condiciones bajo las cuales ellos pecaron muchos años atrás.

“Pero José no quiere que fracasen. Dos versículos más adelante, debilita la pureza de su prueba al advertirles que se comporten”. (Rabino Josh Berkenwald, 16 de diciembre de 2018)