Génesis 5
Introducción: Los Patriarcas
“Aunque es claro por las Escrituras que muchas personas en aquellos días antiguos eran extremadamente malvadas, los registros sagrados también nos dicen que, al mismo tiempo, hubo personas que fueron extraordinariamente justas. Las mismas generaciones que produjeron a la humanidad en su punto más bajo también produjeron hombres y mujeres cuya disposición para obedecer y servir a Dios no tiene parangón en la historia humana. Fue entre los días de Adán y Abraham cuando dos sociedades completas —las de Enoc y Melquisedec— fueron halladas dignas, como grupos, de ser quitadas de la tierra para escapar de sus corrupciones y disfrutar de las bendiciones de una esfera más sublime.
“Génesis 5 enumera la genealogía del linaje por medio del cual continuaron el sacerdocio y los convenios del evangelio, comenzando con Adán y terminando con los hijos de Noé. Poco se dice fuera de la información genealógica. Uno puede imaginar que grandes cosas se manifestaron en la vida de aquellos a quienes llamamos los Patriarcas; sin embargo, el Señor ha considerado apropiado retener sus historias. En cuanto al ministerio del gran patriarca Enoc, el relato bíblico solo ofrece indicios.” (Kent P. Jackson, “An Age of Contrasts: From Adam to Abraham”, Ensign, febrero de 1986, 30).
Génesis 5:1. — “Este es el libro de las generaciones de Adán”.
Esta frase abre una nueva sección con el tono solemne de un registro sagrado. No es solo una lista de nombres: es la memoria de un linaje en el que se transmiten vida, fe y promesas. Al llamarlo “libro”, el texto sugiere que la historia de la humanidad comienza siendo escrita y recordada, porque Dios obra a través de familias reales, con nombres y tiempos concretos. Las “generaciones de Adán” anuncian que, pese a la Caída, la obra divina continúa de padre a hijo, y que la historia humana está entrelazada con el plan de Dios desde el principio.
Adán llevó su propio registro, su propia historia familiar. Enoc llevó su propio registro e incluyó la genealogía de Adán (D. y C. 107:57). Versiones del registro de Adán pudieron haber sobrevivido incluso hasta el meridiano de los tiempos.
Hugh Nibley. Comenzamos con Enoc conservando los libros de Adán, recordando que las palabras y profecías de Adán “estaban todas escritas en el libro de Enoc” (D. y C. 107:57), quien recordó a su pueblo: “el primero de todos los que conocemos, aun Adán. Porque un libro de memoria hemos escrito entre nosotros…” (Moisés 6:45–46). Ahora bien, según el Zohar, “Enoc también tuvo un libro que procedía del mismo lugar que el libro de las Generaciones de Adán”. El rabino Eleaser dijo que Adán escondió el libro que el ángel Raziel, el transmisor de los secretos celestiales, le había dado, y que Enoc lo encontró más tarde, y que luego fue entregado a Noé por Rafael, y así pasó a Sem y, de ese modo, de una generación a la siguiente. En Génesis 5:1–2 se da a entender que la raza humana quedó plenamente establecida cuando se inauguró el Libro de las Generaciones de Adán, ya que Adán y Eva fueron creados (bara), se les dio un nombre y una bendición… Los primeros cristianos apreciaban mucho el Libro de Adán, según Epifanio, y A. Vaillant, la autoridad en el Enoc eslavo, sostuvo que el libro cristiano de Enoc no procedía de fuentes judías, sino de un antiguo y perdido Libro de Adán y Set. (“A Strange Thing in the Land: The Return of the Book of Enoch, Part 5”, Ensign, abril de 1976, 61).
Génesis 5:2. — “Varón y hembra los creó… y llamó el nombre de ellos Adán”.
Este versículo enseña que, ante Dios, el hombre y la mujer no son realidades separadas, sino una unidad divinamente complementaria. Al darles un solo nombre —Adán— el texto afirma que la humanidad alcanza su plenitud en la relación y la unión, no en la soledad. La creación no queda completa con un solo sexo; la imagen de Dios se refleja en la comunión de ambos, llamados juntos, bendecidos juntos y destinados a avanzar juntos en el plan eterno.
George F. Richards. Es una expresión bastante peculiar esta: “llamó el nombre de ellos Adán”. El autor del Compendium, al comentar esa expresión, dice que el hombre en su plenitud es una organización doble, varón y hembra; siendo cada uno incapaz, por sí solo, de cumplir la medida de su creación. Se requiere la unión de ambos para completar al hombre a imagen de Dios. (Conference Report, abril de 1924, sesión de la tarde, 32).
Bruce R. McConkie. Así, el nombre de Adán y Eva como una asociación unida es Adán. Ellos, los dos juntos, son llamados Adán. Esto es más que el hombre Adán como hijo de Dios o la mujer Eva como hija de ese mismo Ser Santo. Adán y Eva, considerados juntos, son llamados Adán, y la caída de Adán es la caída de ambos, porque son uno. ¡Cuán acertadamente dijo Pablo: “Ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor” (1 Cor. 11:11)! La caída de Adán es la caída del hombre Adán y de la mujer Eva.
Génesis 5:3. — “Adán engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen”.
Esta frase revela que la creación a imagen de Dios no fue un acto aislado, sino un patrón que continúa. Así como Adán reflejaba a su Creador, su hijo refleja a su padre. La vida, la identidad y el propósito se transmiten de generación en generación, mostrando que el plan de Dios avanza mediante relaciones reales y continuidad familiar. El ser humano no es una copia imperfecta ni simbólica: es una imagen viva, llamada a crecer y a parecerse cada vez más a Aquel de quien procede.
Esta afirmación, aparentemente inocua, tiene implicaciones profundas. Doctrina y Convenios amplía esta idea:
“(Set) fue un hombre perfecto, y su semejanza era la semejanza exacta de su padre, de modo que parecía ser como su padre en todas las cosas, y solo podía distinguirse de él por su edad”. (D. y C. 107:43)
La única manera de distinguir a Adán y a Set era por la edad, siendo Adán 130 años mayor. Eran como gemelos idénticos nacidos con 130 años de diferencia.
¿Y por qué importa esto? La importancia radica en que estas Escrituras nos enseñan qué significa que Dios haya creado al hombre a Su propia imagen y semejanza. No se trata de un significado abstracto, etéreo o figurado. Significa que el hombre tiene la forma y figura de Dios, y que Dios tiene la forma y figura del hombre.
Delbert L. Stapley. Moisés utilizó el mismo lenguaje al declarar que Dios creó al hombre a Su propia imagen y semejanza, que el que empleó al registrar que Adán engendró a Set a su propia imagen y semejanza. La interpretación de ambas enseñanzas, por lo tanto, debe ser la misma. Si Set, el hijo de Adán, era a su imagen y semejanza, y Adán era a imagen y semejanza de su Padre, entonces Set no solo sería a semejanza de su padre Adán, sino también a semejanza de su Dios. (10 de enero de 1962, BYU Speeches of the Year, 1962, 2–3).
Bruce R. McConkie. Dos iglesias diferentes, que enseñan doctrinas contradictorias, no pueden ser ambas verdaderas. Si un grupo de religiosos afirma que Dios es un ser personal, a cuya imagen fue creado el hombre, y que posee un cuerpo de carne y huesos tan tangible como el del hombre; y si otra asamblea de supuestos creyentes profesa pensar que la Deidad es una esencia espiritual que llena la inmensidad del espacio, una nada inmaterial que está en todas partes y en ninguna en particular, un espíritu incorpóreo, increado, inmaterial e incognoscible (todo lo cual se halla en los credos falsos de la cristiandad), entonces ambos conceptos no pueden ser verdaderos. (Doctrinal New Testament Commentary, 3 vols. [Salt Lake City: Bookcraft, 1965–1973], 1:388).
Marion G. Romney. Yo creo en [Dios] como un ser personal. No creo que sea una sustancia inmaterial. No creo que, como persona, llene la inmensidad del espacio y, al mismo tiempo, sea tan pequeño como para morar en mi corazón. Creo que Su Espíritu puede morar en mi corazón, pero creo que Dios es mi Padre, una persona. (Conference Report, abril de 1948, segundo día, sesión de la mañana, 76–77).
Génesis 5:3–31. — “Los grandes patriarcas”
Esta larga lista de nombres y edades no es un simple registro antiguo, sino el testimonio silencioso de la fidelidad de Dios a través del tiempo. Cada patriarca representa un eslabón en una cadena sagrada donde se preservan la vida, el conocimiento de Dios y las promesas del sacerdocio. Sus extensos años simbolizan paciencia divina y oportunidad de arrepentimiento, mientras las generaciones se superponen como un puente viviente desde Adán hasta Noé. En medio de un mundo que se alejaba de Dios, estos hombres sostuvieron la luz del convenio, preparando el camino para la preservación de la humanidad y el cumplimiento del plan eterno.
La siguiente tabla (no incluida aquí) se presenta como una representación numérica de Génesis 5:3–31. Si la Caída de Adán ocurrió en el año 4000 a.C. (una suposición común basada en muy poca evidencia), entonces puede calcularse la cronología de estos patriarcas. La sección 107 de Doctrina y Convenios presenta esta misma cronología, pero se centra no en la edad del hijo al nacer, sino en su edad al ser ordenado al sacerdocio. A menudo se hace referencia a este como el sacerdocio patriarcal, cuyo nombre fue cambiado a sacerdocio de Melquisedec después del Diluvio.
Aunque podríamos suponer que el sacerdocio se administraba estrictamente de padre a hijo, este no fue el caso. Adán aún vivía cuando nació Lamec. La sección 107 explica que Adán ordenó a Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc y Matusalén en diversas edades y lugares (D. y C. 107:41–52). Lamec no fue ordenado por su padre, sino por Set.
El sacerdocio patriarcal y el sacerdocio de Melquisedec
“El Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Patriarcal son esencialmente el mismo sacerdocio, pero difieren en su organización y en los derechos y prerrogativas que poseen. El Sacerdocio Patriarcal es el Sacerdocio de Melquisedec organizado conforme a un orden familiar; de ahí que se le llame Sacerdocio Patriarcal. En contraste, el Sacerdocio de Melquisedec está organizado conforme a un sistema de quórumes y oficios que presiden. Aunque los derechos y privilegios del Sacerdocio de Melquisedec no se confieren por promesa a un linaje específico dentro de la familia escogida, los del Sacerdocio Patriarcal pertenecen por derecho a un linaje escogido que Dios ha designado”.
— Hyrum L. Andrus, Doctrinal Commentary on the Pearl of Great Price (Salt Lake City: Deseret Book, 1967), 357.
Génesis 5:5. — “Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió”
Este versículo une dos realidades profundas: una vida extraordinariamente larga y una muerte inevitable. Adán, el primero, vivió lo suficiente para ver multiplicarse a sus descendientes y transmitirles su testimonio, pero aun él no quedó exento del destino mortal. La frase final, “y murió”, resuena como un eco solemne de la Caída: la muerte entró en el mundo y alcanzó a todos. Sin embargo, su extensa vida también habla de propósito, de tiempo concedido para enseñar, advertir y bendecir, recordándonos que la mortalidad, aunque limitada, está llena de significado dentro del plan de Dios.
“Adán vivió novecientos treinta años, durante los cuales pudo dar testimonio personal a ocho generaciones de sus descendientes, hasta Lamec, el padre de Noé (véase Gén. 5:5–31). Por medio de Noé y su familia, el conocimiento de Dios por tradición directa se preservó más allá del Diluvio”.
— N. Eldon Tanner, “A Basis for Faith in the Living God”, Ensign, noviembre de 1978, 47.
Convivencia generacional de los patriarcas
“Podemos ver por esto que Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Matusalén, Lamec y Noé vivieron todos sobre la tierra al mismo tiempo; y que Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Matusalén y Lamec conocieron tanto a Adán como a Noé”. — Joseph Smith, Lectures on Faith (Salt Lake City: Deseret Book, 1985), 2:43.
Génesis 5:21–25. — “Enoc y su ciudad”
En medio de una genealogía marcada por el nacimiento y la muerte, Enoc irrumpe como una nota distinta de esperanza. Él no solo vivió, sino que caminó con Dios, y su vida transformó a otros hasta formar una ciudad entera consagrada a la justicia. Donde el mundo se corrompía, Enoc edificó una sociedad de fe, unidad y rectitud. Por eso su historia no termina con la frase habitual “y murió”, sino con un acto divino: Dios lo tomó, junto con su ciudad. Enoc y su pueblo testifican que la comunión con Dios puede elevar no solo a individuos, sino a comunidades enteras.
El libro de Génesis es una obra abreviada tomada de otros escritos disponibles y redactada por escribas después del año 1000 a. C. No es, de ninguna manera, un registro completo. Contrario a la tradición, no fue escrito directamente por Moisés (compárese el espíritu del libro de Génesis con el Libro de Moisés). Lo que tenemos hoy es diferente de lo que poseían los apóstoles en el meridiano de los tiempos. Por ello, Pablo sabía mucho más acerca de Enoc de lo que registra nuestra versión de Génesis (Heb. 11:5). La gran riqueza de información que poseemos sobre Enoc procede, por supuesto, del profeta José Smith.
“Hay muchos versículos de las Escrituras en la Traducción de José Smith (TJS) de Génesis que no se encuentran en la versión del Rey Santiago… cuando llegamos a Génesis 5:21… en lugar de cinco, diez o incluso veinticinco versículos adicionales en la TJS, hay más de ciento diez versículos consecutivos que no tienen equivalente alguno en la edición común de Génesis”. (George A. Horton Jr., “A Prophet Looks at Genesis”, Ensign, enero de 1986, 40)
“El profeta José Smith comenzó la traducción de la Biblia en junio de 1830 en las cercanías de Harmony, Pensilvania, y Fayette, Nueva York. En diciembre de 1830 vivía cerca de Fayette, y la traducción había llegado hasta Génesis 5:22 de la versión Reina-Valera, solo unos pocos versículos después de que Enoc es mencionado por primera vez. La Biblia dice muy poco sobre Enoc, pero a mediados de diciembre, con el nombramiento de Sidney Rigdon como escriba de la traducción (DyC 35:20), se recibió una extensa revelación que restauró una enorme cantidad de información relacionada con Enoc. Si se colocara cronológicamente, la porción de la TJS que trata sobre Enoc ocurriría poco después de que se recibiera Doctrina y Convenios 35 y antes de la sección 37.
“Esta revelación habla de una ciudad llamada Sion, en la cual sus habitantes eran ‘de un corazón y de una misma mente, y moraban en rectitud; y no había pobres entre ellos’ (TJS Gén. 7:23; Moisés 7:18). Posteriormente, esta ciudad fue llevada de la tierra. Más adelante, el mismo capítulo declara que en los últimos días la Sion de Enoc regresará a la tierra y se unirá con una nueva Sion, la Nueva Jerusalén, que el pueblo de Dios habrá edificado sobre la tierra (TJS Gén. 7:70–72; Moisés 7:62–64). Nada de esto se encuentra en ninguna otra Biblia conocida”. (Robert J. Matthews, “Plain and Precious Things Restored”, Ensign, julio de 1982, 18)
Hugh Nibley. “Si uno supone ligeramente que José Smith obtuvo estas ideas de la Biblia, donde en efecto están implícitas pero no son en absoluto evidentes, recordemos que sus contemporáneos gritaban de burla al escucharlo; y lo que más los escandalizaba era la idea de un segundo o tercer testigo que se colocara junto a la Biblia, a pesar de ‘la ley divina de los testigos’. Pero el joven profeta, lejos de limitarse a hablar vagamente de planchas antiguas y pergaminos, ángeles y piedras videntes (‘los balbuceos de un muchacho loco’, escribió un don de Harvard), siguió adelante y produjo los maravillosos volúmenes de los que hablaba: textos extensos, tejidos amplios de enorme detalle, suficiente material para desenmascarar a cualquier impostor veinte veces. Si la casa hipotética de libros es una creación maravillosa, ¿con cuánta mayor admiración debemos contemplar la estructura real y sólida levantada por el joven profeta, prácticamente solo, en medio de incontables distracciones y aflicciones?”
(“A Strange Thing in the Land: The Return of the Book of Enoch, Parte 5”, Ensign, abril de 1976, 61)
Génesis 5:23. — “Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años”
Aunque la vida de Enoc fue mucho más corta que la de otros patriarcas, su impacto fue incomparable. La brevedad de sus años contrasta con la profundidad de su caminar con Dios. Este versículo sugiere que el valor de una vida no se mide por su duración, sino por su consagración. Enoc vivió lo suficiente para cumplir plenamente su misión, mostrando que una vida alineada con Dios puede ser completa, aun cuando no sea larga.
Doctrina y Convenios 107 aclara que Enoc tenía en realidad 430 años cuando él y su ciudad fueron trasladados (DyC 107:48–49). Génesis dice que vivió 365 años; Doctrina y Convenios dice que caminó con Dios 365 años, habiendo vivido ya 65 años antes de ello. Aparte de esta diferencia, la cronología de Génesis y el relato de Doctrina y Convenios concuerdan.
“Enoc caminó con Dios 365 años, y tenía 430 años cuando fue trasladado”. (Neal A. Maxwell, Of One Heart / Look Back at Sodom, Salt Lake City: Deseret Book, 1990, 63)
Génesis 5:24. — “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”
Este versículo describe una relación tan estrecha entre Enoc y Dios que la muerte ya no es el final de su historia. Caminar con Dios implica comunión diaria, obediencia constante y confianza plena. Por eso, Enoc no “muere” como los demás, sino que es tomado por Dios, señal de una vida tan alineada con el cielo que la tierra ya no podía retenerlo. Su desaparición no es pérdida, sino promesa: Dios puede elevar a quienes aprenden a vivir en Su presencia.
José Smith. “Este Enoc fue reservado por Dios para sí, para que no muriera en ese tiempo, y fue designado para un ministerio entre cuerpos terrestres, de los cuales se ha revelado muy poco. También está reservado para presidir una dispensación, y se dirá más de él y de los cuerpos terrestres en otro tratado. Es un ángel ministrante, para ministrar a los que serán herederos de salvación, y se apareció a Judas como Abel se apareció a Pablo; por lo tanto, Judas habló de él”. (Discourses of the Prophet Joseph Smith, compilado por Alma P. Burton, Salt Lake City: Deseret Book, 1977, 54–55)
Bruce R. McConkie. “De los relatos de los capítulos 6 y 7 de Moisés aprendemos que su vida fue una de milagros, predicación, visiones y revelaciones, quizá sin paralelo en toda la historia. Él y toda su ciudad fueron trasladados y llevados al cielo, desde donde regresarán cuando la tierra sea limpiada y vuelva a ser una morada apropiada para Aquel que moró personalmente con Sus santos en la antigua Sion de Enoc. Por las revelaciones dadas a José Smith sabemos que el Libro de Enoc saldrá a luz a su debido tiempo (DyC 107:53–57), y que Enoc ministró personalmente a Judas, quien citó la declaración registrada en su epístola”. (Doctrinal New Testament Commentary, 3 vols., Salt Lake City: Bookcraft, 1965–1973, 3:426)
George Q. Cannon. “Enoc caminó con Dios trescientos sesenta y cinco años (DyC 107:49), y la Biblia dice que no fue hallado porque Dios se lo llevó. Si caminó con Dios todo ese tiempo, debió haber sabido algo acerca de Él, de los cielos, de la organización de la tierra, y de lo que hoy llamamos ciencia, tanto geológica como astronómica. Nuestras revelaciones nos dicen que no solo él, sino también su ciudad, fue trasladada. Todos fueron llevados, con la excepción de Matusalén, quien fue dejado sobre la tierra, porque se le había hecho la promesa de que por medio de él surgiría quien sería el progenitor de un nuevo mundo. Este resultó ser Noé, su nieto”. (Gospel Truth, compilado por Jerreld L. Newquist, Salt Lake City: Deseret Book, 1987, 10)
John Taylor “Permítanme preguntar: ¿qué hizo el Señor antes de enviar el diluvio? Envió a Noé entre ellos como predicador de justicia; envió a Enoc; envió a muchos élderes entre el pueblo, y ellos les profetizaron que, a menos que se arrepintieran, el juicio vendría sobre ellos… También se nos dice que Enoc caminó con Dios, y que tuvo una ciudad llamada Sion, y que la gente se reunió en Sion entonces, así como reunimos a la gente en Sion en nuestros días. Enoc caminó con Dios, fue instruido por Él, e instruyó al pueblo de Sion. En la Biblia hay un relato muy breve: simplemente se nos dice que ‘Enoc caminó con Dios, y no fue hallado, porque Dios se lo llevó’. No se consideró necesario decir más; pero el hecho es que Enoc y la gente de su ciudad, habiendo sido instruidos durante más de 300 años en los principios del Evangelio antes de que el juicio viniera sobre el mundo, fueron trasladados. Así, la gente de aquel día había recibido una advertencia suficiente, pero muy pocos le prestaron atención. Se nos dice que el Libro de Enoc será testificado a su debido tiempo, y entonces sabremos más acerca de estas cosas de lo que sabemos ahora”. (Journal of Discourses, 26 vols., Londres: Latter-day Saints’ Book Depot, 1854–1886, 24:292)
Génesis 5:27. — “Y fueron todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años”
La vida extraordinariamente larga de Matusalén habla de la paciencia y misericordia de Dios. Sus muchos años no son solo una curiosidad histórica, sino un símbolo de tiempo concedido: tiempo para aprender, arrepentirse y transmitir la fe a generaciones superpuestas. Mientras el mundo avanzaba hacia la corrupción y el juicio, la prolongada vida de Matusalén testificó que Dios aún extendía el plazo, ofreciendo oportunidades antes del fin. Su longevidad se convierte así en un silencioso acto de gracia.
Matusalén es célebre por su longevidad. Ningún otro ser humano del que se tenga registro ha vivido más que él: 969 años. La mayoría de los pensadores modernos rechazarían la idea de que un ser humano pudiera vivir tanto tiempo. Sin embargo, las Escrituras nos dan una razón para la extraordinaria longevidad de los patriarcas:
“Y los días de los hijos de los hombres se prolongaron, según la voluntad de Dios, para que se arrepintiesen mientras estaban en la carne; por tanto, su estado vino a ser un estado de probación, y su tiempo fue prolongado conforme a los mandamientos que el Señor Dios dio a los hijos de los hombres. Porque dio mandamiento a todos los hombres de que se arrepintiesen; porque mostró a todos los hombres que estaban perdidos a causa de la transgresión de sus padres”. (2 Nefi 2:21)
¿Vivieron realmente los hombres tanto tiempo? Tenemos el testimonio de tres testigos: la Biblia, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios (DyC 107:41–52).
Hugh Nibley. “La razón por la cual nuestras vidas se extienden más allá de la edad reproductiva es darnos la mayor oportunidad posible de arrepentirnos. Por lo tanto, cuando los hombres han perdido la capacidad de arrepentirse, pierden todo derecho a permanecer más tiempo sobre la tierra; ya que el propósito mismo de esta prolongación de la vida es practicar el arrepentimiento. Cuando los hombres anuncian que no tienen intención de arrepentirse, no hay razón para que Dios les permita seguir aquí para corromper a la generación que se levanta”. (Nibley on the Timely and the Timeless, Provo: BYU Religious Studies Center, 1978, 294)
Génesis 5:29. — “Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo”
El nombre de Noé nace de una esperanza cansada. Lamec mira una tierra dura y maldecida, marcada por el esfuerzo y el dolor, y ve en su hijo la promesa de descanso. “Noé” significa reposo o consuelo, y su nombre anticipa que Dios aún puede traer alivio en medio de un mundo fatigado. Antes de que Noé haga algo, su vida ya proclama un mensaje: Dios no ha olvidado a la humanidad, y el consuelo puede brotar aun de la tierra más agotada.
B. H. Roberts. “El padre de Noé, Lamec, asigna como razón para darle el nombre de Noé: ‘Este nos aliviará de nuestra obra y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová ha maldecido’ (Gén. 5:29). Por lo general, esto se interpreta como una referencia a la maldición general impuesta sobre la tierra a causa de la caída de Adán (véase el artículo ‘Noé’ en la Biblia Diccionario de Smith); pero el Libro de Moisés explica que ‘vino una gran hambre sobre la tierra, y el Señor maldijo la tierra con una grave maldición, y muchos de sus habitantes murieron’ (Moisés 8:4). Esta fue, sin duda, la causa por la cual Lamec llamó a su hijo Noé, nombre que significa ‘reposo’, con la esperanza de que habría descanso o alivio de la hambruna que los había afligido por tanto tiempo”. (Seventy’s Course in Theology, Salt Lake City: Deseret News, 1907–1912, 2:79)
Mark E. Petersen. “Nada se sabe de la infancia de Noé, excepto que cuando tenía diez años fue ordenado al sacerdocio bajo las manos de Matusalén, lo cual indica que fue un niño fiel” (DyC 107:52). (Noah and the Flood, Salt Lake City: Deseret Book, 1982, 23)
























