Números 18
Números 18 — El Señor establece un orden claro en el sacerdocio y provee sostenimiento temporal para quienes se consagran al servicio espiritual de Su pueblo.
Números 18 enseña que la obra de Dios se sostiene mediante orden, llamamientos específicos y provisión divina. Después de las rebeliones contra Moisés y Aarón, este capítulo no es casual: el Señor define con precisión quién hace qué dentro del sacerdocio, dejando claro que la autoridad y las funciones no son intercambiables ni negociables.
Aquí se distingue entre dos funciones dentro del Sacerdocio Aarónico (o Levítico).
- Los levitas, provenientes de la tribu de Leví, fueron llamados a realizar las tareas relacionadas con el cuidado, transporte y mantenimiento del tabernáculo. Su servicio protegía lo sagrado y permitía que la adoración se llevara a cabo con orden y reverencia.
- Los sacerdotes, seleccionados exclusivamente entre los hijos de Aarón, tenían una responsabilidad mayor: oficiar sacrificios, quemar incienso, enseñar la ley y ministrar directamente ante el Señor. Sobre ellos presidía el sumo sacerdote, quien actuaba como cabeza espiritual del sacerdocio aarónico.
Doctrinalmente, este orden enseña que no todos sirven de la misma manera, pero todos sirven al mismo Dios. La diversidad de funciones no implica desigualdad espiritual, sino armonía en el cuerpo del convenio. El Señor asigna responsabilidades conforme a Su sabiduría, no según aspiraciones personales.
El capítulo también establece un principio fundamental: quienes dedican su vida al servicio espiritual son sostenidos por las ofrendas del pueblo. Los diezmos y primicias no eran salario, sino provisión divina. Al decir que lo mejor del aceite, del mosto y del trigo pertenecía a los sacerdotes, el Señor enseñó que el sostenimiento del sacerdocio es parte del convenio del pueblo, y que incluso los levitas debían diezmar de lo que recibían. Nadie estaba exento de consagración.
El hecho de que los levitas no recibieran heredad territorial es profundamente simbólico. Su herencia no era tierra, sino el Señor mismo y Su sacerdocio. Al dispersarlos en cuarenta y ocho ciudades entre todas las tribus, Dios aseguró dos cosas:
- Que los ministros espirituales estuvieran cerca del pueblo, y
- Que todo Israel tuviera acceso continuo a enseñanza, guía y ministración espiritual.
Números 18 enseña que el Señor gobierna Su pueblo mediante un sacerdocio ordenado; que cada llamamiento tiene funciones específicas dadas por Dios; que quienes sirven espiritualmente son sostenidos por las ofrendas sagradas; y que la verdadera herencia del sacerdocio no es tierra ni poder, sino el privilegio de servir al Señor y bendecir a Su pueblo.
























