Números

Números 35


Números 35:9–27 — Las ciudades de refugio equilibran justicia y misericordia: protegen al inocente, contienen la venganza precipitada y aseguran un juicio justo conforme a la ley de Dios.

Este pasaje explica por qué Israel necesitaba ciudades de refugio y quién era el “vengador de la sangre” (goel haddam). En el antiguo orden patriarcal, el pariente más cercano del fallecido tenía el derecho–deber de ejecutar la justicia cuando se derramaba sangre, conforme al principio de Génesis 9:6. Sin embargo, ese derecho podía derivar en ejecuciones apresuradas si no se distinguía adecuadamente la intención del acto.

¿Por qué eran necesarias las ciudades de refugio?

  • Para frenar la venganza inmediata y ganar tiempo para un juicio imparcial.
  • Para distinguir la intención: asesinato premeditado versus homicidio involuntario, crimen pasional o muerte accidental (vv. 15–25).
  • Para proteger al inocente hasta que la congregación evaluara los hechos.
  • Para preservar el valor sagrado de la vida, evitando que la ira familiar sustituyera al debido proceso.

Estas seis ciudades, estratégicamente ubicadas a ambos lados del Jordán, permitían acceso rápido y equitativo. Quien huía a una de ellas quedaba a salvo del vengador hasta ser juzgado. Si se determinaba homicidio involuntario, permanecía en la ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote; si se probaba asesinato intencional, se entregaba al vengador.

¿Quién era el “vengador de la sangre”?

Era el pariente más cercano del occiso, considerado el más indicado para ejecutar la sentencia en el orden patriarcal. Su función no era licencia para el desquite, sino custodia de la justicia. Las ciudades de refugio no abolieron su rol; lo regularon, subordinándolo al juicio comunitario para evitar la injusticia.

Principios doctrinales clave

  1. Dios distingue intención y responsabilidad: no todo derramamiento de sangre es igual ante la ley divina.
  2. La justicia necesita procedimiento: la emoción no puede reemplazar el juicio.
  3. Misericordia sin impunidad: el inocente es protegido; el culpable, juzgado.
  4. Orden y equidad comunitaria: la ley protege tanto a la familia del fallecido como al acusado.

Números 35:9–27 enseña que las ciudades de refugio fueron establecidas para contener la venganza, asegurar juicios justos y diferenciar la intención del acto, mientras que el “vengador de la sangre” actuaba dentro de un marco regulado. Así, Dios afirma que la justicia verdadera combina firmeza con misericordia y protege la santidad de la vida.

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