Números 36
Números 36 — La revelación equilibra justicia individual y preservación del convenio colectivo, asegurando que la herencia dada por Dios permanezca dentro del orden tribal establecido.
Números 36 retoma el caso de Zelofead y sus hijas, y aborda un problema práctico de largo alcance que surgiría una vez iniciada la ocupación de Canaán. El Señor ya había reconocido, por revelación, el derecho de las hijas a heredar cuando no había hijos varones (Núm. 27). Ahora, surge una nueva pregunta legítima: ¿cómo preservar la integridad de las heredades tribales si esas herederas se casaban fuera de su tribu?
La solución revelada muestra la sabiduría preventiva del Señor. Para evitar que las tierras asignadas por Dios pasaran de una tribu a otra con el tiempo —alterando el reparto original— se estableció que las mujeres herederas se casaran dentro de su propia tribu. Así, se protegía simultáneamente:
- El derecho justo de las mujeres a heredar, y
- La permanencia del orden tribal del convenio, tal como había sido revelado.
Doctrinalmente, el pasaje enseña que Dios no corrige una revelación con otra que la invalide, sino que la complementa para resolver nuevas circunstancias. El derecho individual no se anula; se armoniza con la responsabilidad colectiva. La herencia no era solo propiedad privada, sino una mayordomía sagrada ligada al convenio, a la identidad y a la misión de cada tribu.
También se observa que la solución no fue impuesta arbitrariamente, sino aceptada con fidelidad por las hijas de Zelofead, quienes obedecieron con gozo, mostrando que la fe madura sabe someter preferencias personales a principios mayores cuando Dios lo requiere.
Este capítulo final de Números deja una lección duradera: las bendiciones del convenio deben administrarse con visión a largo plazo. Dios se interesa no solo en hacer justicia hoy, sino en proteger la estabilidad espiritual y social de las generaciones futuras.
Números 36 enseña que el Señor preserva el equilibrio entre derechos individuales y orden colectivo; que la herencia del convenio debe permanecer conforme a la designación divina; y que la revelación continua ajusta la aplicación de la ley para salvaguardar tanto la justicia como la unidad del pueblo de Dios.
























