Una relación personal con nuestro Padre Celestial mediante la oración

LECCIONES DEL NUEVO TESTAMENTO

Una relación personal con nuestro Padre Celestial mediante la oración

Por el élder Juan A. Uceda
De los Setenta

Basado en el discurso “A Personal Relationship with Our Heavenly Father as Taught by the Lord Jesus Christ”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho el 28 de noviembre de 2017.

¿Cuándo fue la última vez que sintieron algo mientras oraban?

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Cuando uso un teléfono celular para llamar a mi madre y a mi padre en Nueva Jersey, EE. UU., puedo oír su voz claramente. No sé cómo es posible que sin cable ni conexión visible pueda hablar con ellos que se encuentran tan lejos, ¡pero sé que funciona!

Ahora bien, por favor no me pregunten cómo es posible que millones de personas puedan orar al mismo tiempo y en diferentes idiomas y nuestro Padre Celestial esté listo para escuchar y responder al mismo tiempo. No entiendo cómo sucede, ¡pero sé que funciona!

Al igual que el teléfono celular, la oración funciona, aunque tal vez no comprendamos exactamente cómo. Sin embargo, hay algunas cosas acerca de la oración que sí comprendemos.

Oren con el corazón

En las Escrituras leemos: “Y aconteció que, cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y mientras oraba, el cielo se abrió” (Lucas 3:21). Jesús nos enseña que una oración del corazón puede abrir el cielo. Él dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

En la actualidad, por lo general utilizamos la palabra pedir para solicitar algo, pero en la versión griega original, el término es aiteo,que significa no solo pedir sino también rogar, anhelar o implorar. Los cielos no se abrirán si tan solo decimos oraciones; se abrirán si rogamos, si anhelamos, si imploramos, si oramos con el corazón.

Cuando oran, ¿sienten que los cielos se abren? ¿Cuándo fue la última vez que sintieron algo mientras oraban? Seguir leyendo

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Cómo desarrollar la empatía para ministrar

PRINCIPIOS DE MINISTRACIÓN

Cómo desarrollar la empatía para ministrar

Ministrar es elevar. Podemos elevar a los demás cuando tratamos de entender lo que están experimentando y demostramos que estamos dispuestos a ayudarlos a lo largo del camino.

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Debido a que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser como Él, los desafíos que afrontamos en esta vida pueden convertirse en oportunidades para aprender si confiamos en Él y permanecemos en la senda. Lamentablemente, permanecer en el sendero puede ser particularmente difícil cuando sentimos que afrontamos esas pruebas solos.

Sin embargo, nunca se dispuso que recorriéramos el camino solos. El Salvador logró una empatía perfecta, descendiendo debajo de todas las cosas a fin de saber cómo socorrernos en nuestras aflicciones y debilidades (véanse Alma 7:11–12Doctrina y Convenios 122:8). Él espera que cada uno de nosotros sigamos Su ejemplo y que también demostremos empatía. Todo miembro de la Iglesia ha hecho convenio de “llorar con los que lloran; sí, y… consolar a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9). A pesar de nuestros desafíos, en las Escrituras se nos enseña que miremos a nuestro alrededor y “[fortalezcamos] las manos caídas y las rodillas debilitadas” y que “[hagamos] sendas derechas para [nues]tros pies, para que el que es cojo no se salga fuera del camino” (Hebreos 12:12–13; véanse también Isaías 35:3–4Doctrina y Convenios 81:5–6).

Cuando tomamos a los demás de la mano, permitimos que se apoyen en nosotros y andamos con ellos, los ayudamos a permanecer en la senda el tiempo suficiente para que el Salvador no solo los convierta —uno de los propósitos clave de la ministración—, sino también los sane (véase Doctrina y Convenios 112:13). Seguir leyendo

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Los pecados de los padres

Los pecados de los padres

(Tomado de the Church News)

Una de las compensaciones principales que vienen por vivir de acuerdo con el evangelio consiste en ver la obediencia de nuestros propios hijos mientras disfrutan de una participación activa en el programa de la Iglesia.

Una de las tristezas más grandes de la vida, para los Santos de los Últimos Días que son sinceros, es ver a uno de sus hijos perder la fe y seguir la manera de vivir del mundo.

¿Por qué? Porque para los miembros convertidos de la Iglesia, aquellos que realmente entienden el valor del evangelio, la única cosa que verdaderamente vale en la vida es nuestra relación con Dios. Cuando esa relación queda hecha pedazos en el corazón de nuestros hijos, entra la tragedia en nuestros hogares.

Esto se ve manifestado en la siguiente carta, escrita a los padres de un joven por los padres de la señorita con quien se casó. No creemos que será necesario comentarla.

A los padres de nuestro hijo político: Seguir leyendo

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Escrituras nuevas y Antiguas

Escrituras nuevas y Antiguas

(Tomado de the Church News)

¿Cuantos de vosotros sabéis que la Iglesia verdadera de Dios siempre ha traído a luz escrituras nuevas?

Una de las evidencias infalibles de la verdad de la obra del Señor en los tiempos antiguos, era que El personalmente la dirigía.

No siempre aparecía en persona y en presencia de todo su pueblo para dar instrucciones directas, pero sí anduvo y habló con unos pocos: sus profetas.

La existencia de profetas entre su pueblo en la antigüedad era un hecho aceptado. Por conducto de ellos Dios se manifestaba al pueblo y por ese medio se comunicaba con su pueblo. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele sus secretos a sus siervos los profetas.”

Tal era la norma establecida. Así fué en los días de Adán hasta la época de Juan el Bautista. Así fué en los días del Salvador y durante el ministerio de Pedro y Pablo.

No sólo hubo profetas judíos antiguos, sino también profetas cristianos, porque el sistema no cambió. Dios aún guiaba a su pueblo, y lo hacía por medio de profetas vivientes.

Mientras éstos obraban entre el pueblo, escribían acerca de sus obras y revelaciones, y lo recopilaban en forma de libro. Cada, profeta nuevo; añadía su capítulo o libro a este tomo de revelaciones y Escrituras. Seguir leyendo

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Isaías en el Libro de Mormón (2 Nefi 11-24; Isaías 2-14)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Isaías en el Libro de Mormón
(2 Nefi 11-24; Isaías 2-14)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Con base de sugerencias para interpretar a Isaías que se encuentran en el capítulo 8, podemos avanzar a los capítulos de Isaías que Nefi incluyó en las planchas menores; desde del fin del sermón de su hermano Jacob para su pueblo. Éste es el bloque más grande de los capítulos de Isaías en el Libro de Mormón, la mayoría de los cuales aparecen consecutivamente sin comentarios de Nefi.

Es aquí donde muchos lectores ocasionales del Libro de Mormón se rinden, sin desear hacer un esfuerzo por entender lo que el gran profeta del Antiguo Testamento está diciendo. Pero si perseveramos, nos esperan grandes percepciones— los misterios de divinidad que los profetas han recibido a través de las épocas y que podemos saber por nosotros mismos.

•  2 Nefi 11:1-8 Nefi explica sus razones para citar a Isaías:

  1. Nefi se deleita con las palabras de Isaías (v. 2)
  2. Las palabras de Isaías demuestran la veracidad de la venida de Cristo (versos 2-4, 6) y
  3. El lector puede elevar su corazón y regocijarse con las palabras de Isaías (v. 8).

Daniel H. Ludlow dijo: «Dios ha dicho por medio de Sus profetas, ‘Por boca de dos o tres testigos se establecerá toda palabra’ (2 Corintios 13:1) Nefi estaba aparentemente conciente de Su sistema de testigos cuando introdujo a tres grandes testigos pre­cristianos de la venida de Jesucristo. Isaías, Nefi mismo, y el hermano de Nefi, Jacob.

Nefi entonces continúa: ‘Por tanto, Dios ha dicho, por las palabras de tres estableceré mi palabra’ (2 Nefi ll:3)».1

Nefi se deleitó en «demostrar a mi pueblo la verdad de la venida de Cristo» (v. 4). Esto provee una percepción importante sobre los pasajes particulares que Nefi escoge citar. Los estudiosos se refieren a tales pasajes como mesiánicos; porque estos se centran en el futuro Mesías. Nefi dijo anteriormente que él le leyó las palabras de Isaías a su pueblo para: «convencerlos más plenamente de que creyeran en el Señor su Redentor» (1 Nefi 19:23-24). También obtenemos una interesante percepción de Nefi mismo en los versículos 2, 4, 5, y 6 al él decirnos que es lo que le «deleita.»

A medida que avanzamos ahora con nuestro estudio de algunos de los escritos de Isaías en el Libro de Mormón, he organizado los temas secuencialmente; pero allí donde el significado es mayor, he agrupado varias profecías juntas que no son secuenciales. El tema de cada sección es su guía para los que se refieren los versículos de Isaías. Seguir leyendo

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Interpretando a Isaías (1 Nefi 20-21; 2 Nefi 7-8; Isaías 48-51)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Interpretando a Isaías
(1 Nefi 20-21; 2 Nefi 7-8; Isaías 48-51)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Ninguno de los capítulos de Isaías listados en los párrafos anteriores son discutidos a profundidad en las lecciones de doctrina del evangelio. Este capítulo especial y adicional es provisto para ayudarlo a entender los escritos de Isaías en el Libro de Mormón.

Aún Nefi admite «Isaías habló muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil entender, porque no saben lo relativo a la manera de profetizar entre los judíos» (2 Nefi 25:1). Sin embargo, Nefi ofrece ayuda, como lo hace el Salvador en Sus enseñanzas sobre los nefitas cuando Él los visitó.

Nosotros usaremos las claves que ellos proveyeron como la base para interpretar los primeros cuatro capítulos de Isaías en el Libro de Mormón—dos provistos por Nefi, y dos más usados por Jacob en su primer sermón principal a los nefitas.

En cuanto a las explicaciones provistas en este capítulo, podemos decir que estamos agradecidos a muchas fuentes de valor que pueden ser consultadas para una comprensión aún más profunda de los métodos de Isaías y de lo que dice. Una lista de estas fuentes está disponible al final de este capítulo.

LA IMPORTANCIA DE ISAIAS

Tanto Nefi como el Salvador hicieron énfasis en la importancia de los escritos de Isaías. Nefi dijo: «Y … escribo más de las palabras de Isaías, porque mi alma se deleita en sus palabras. Porque aplicaré sus palabras a mi pueblo, y las enviaré a todos mis hijos, pues él verdaderamente vio a mi Redentor, tal como yo lo he visto» (2 Nefi 11:2).Y el Señor dijo: «Y he aquí, ahora os digo que debéis buscar especialmente estas cosas.

Sí un mandamiento os doy de que busquéis diligentemente estas cosas, es porque grandes son las palabras de Isaías». (3 Nefi 23:1). Entonces se nos mandó a hacer un esfuerzo diligente en la lectura y entendimiento de Isaías, como lo han hecho los profetas a lo largo de las escrituras.

•  Isaías en la Biblia:

  • Isaías es citado más a menudo que cualquier otro profeta.
  • La versión del Rey Santiago contiene 66 capítulos de Isaías; los cuales contienen a suvez 1.292 versículos.
  • El tamaño de su libro lo hace el primer «gran profeta» del Antiguo Testamento.
  • Los escritores del Nuevo Testamento tenían un gran respeto por Isaías habiéndolocitándolo 57 veces.

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La base de nuestra esperanza

Conferencia General, Octubre 1966

La base de nuestra esperanza

por el presidente Marion G. Romney
de la primera presidencia

Si deduzco correctamente el carácter de nuestros tiempos, la gente está angustiada, afligida por el portento de los eventos: «La creciente inflación»; el alarmante libertinaje de la «nueva moralidad»; la rivalidad industrial; el creciente crimen y la falta de respeto hacia la ley y el orden: una anarquía total; la amenazante falta de alimentos en el mundo; la negación de Dios; su ausencia en los asuntos de nuestra vida; la intensificación de las guerras. Estas y otras señales de los tiempos llenan las mentes y los corazones de las personas honestas y temerosas de Dios en todas partes con dudas y aprensión.

Los creyentes informados ven en estos eventos el cumplimiento de las palabras que Jesucristo dijo a sus discípulos cuando, en el último día de su ministerio público, contestó sus preguntas concernientes a las señales de su venida en gloria en las nubes del cielo, para cumplir las promesas hechas tocante a la redención y también a la restauración del disperso Israel. (Véase D. y C. 45: 16-17.)

Primeramente les habló cuando estuvo ante ellos en el Monte de los Olivos, tocante a la destrucción de Jerusalén y que de allí un resto de Israel «será esparcido entre todas las naciones;

«No obstante (agregó), será recogido de nuevo; pero quedará hasta después del cumplimiento de los tiempos de los gentiles.

«Y en ese día se oirá de guerra y rumores de guerras, y toda la tierra estará en conmoción, y desmayarán los corazones de los hombres, y dirán que Cristo demora su venida hasta el fin de la tierra» (D. y C. 45:24-26).

«Y cuando viniere el tiempo de los gentiles, resplandecerá una luz entre los que se encuentran en las tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio» (ver. 28).

«Y habrá hombres en esa generación que no pasarán hasta no ver una plaga arrolladora, porque una enfermedad desoladora cubrirá la tierra.

«Pero mis discípulos estarán en lugares santos, y no serán movidos; pero entre los inicuos, los hombres levantarán sus voces y maldecirán a Dios y morirán.

«Y también habrá terremotos en diversos lugares, y muchas desolaciones; aún así, los hombres endurecerán sus corazones contra mí, y empuñarán la espada el uno contra el otro, y se matarán en uno al otro.

«Y ahora (dijo el Señor al profeta José Smith a quien reveló y declaró estas cosas de nuevo) cuando yo. . . hube hablado estas palabras a mis discípulos, ellos se turbaron. Seguir leyendo

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Nuestra civilización progresa y retrocede

Conferencia General, Abril 1965

Nuestra civilización progresa y retrocede

por el presidente Marion G. Romney
de la primera presidencia

Ahora, como el resto del mundo, los Santos de los Últimos Días bien informados están plenamente conscientes de que nuestra civilización retrocede y que nuestra próspera sociedad está sumamente preocupada. Pero a diferencia del resto del mundo, no estamos buscando aún la respuesta a estos problemas, debido a que ya la conocemos. El Todopoderoso mismo la ha revelado, nos ha dado a conocer la causa de este descenso y la ha revelado el único remedio que tiene. No solo sabemos estas cosas sino, como ya se ha dicho, tenemos la responsabilidad divina de declararla al mundo.

Por lo tanto, cumpliendo con esta responsabilidad, declaramos que hace más de un siglo Dios el Eterno Padre, conociendo el resultado del actual curso del hombre, abrió los cielos y nos amonestó. No solamente confirmó que existe decadencia, sino también señaló la causa de la misma. Nos reveló la forma de remediar esta situación y predicó las terribles consecuencias si no seguíamos ese remedio. Finalmente nos aseguró que la justicia, paz y felicidad prevalecerán al final entre los habitantes de la tierra.

Bastarán unas cuantas citas de las Escrituras para indicar la naturaleza de lo que reveló en cuanto a estos temas vitales.

Primeramente, en cuanto a la decadencia: La noche del 21 de septiembre de 1823 apareció junto a la cama de José Smith, un ángel que se presentó como «un mensajero enviado de la presencia de Dios» quien le informó «de grandes juicios que vendrían sobre la tierra, con grandes desolaciones causadas por el hambre, la espada y pestilencias; y que estos penosos juicios vendrían sobre la tierra en esta generación. . .» (José Smith 2: 33, 45).

El día de Navidad del año de 1832, el Señor le dijo al Profeta: Seguir leyendo

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Las primeras enseñanzas de Jacob (2 Nefi 6-10)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Las primeras enseñanzas de Jacob
(2 Nefi 6-10)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


En este punto, Nefi puso en las planchas menores algunas enseñanzas inspiradoras de su hermano menor Jacob. Estas son un agregado y preceden al libro de Jacob; el cual fue escrito en las planchas después de la muerte de Nefi.

En la bendición patriarcal final dada a su hijo Jacob,

Lehi observó que Jacob ya había sabido, aun en su juventud, «la gloria de [Dios]» [2 Nefi 2:4). Él ya estaba redimido porque había «visto que en la plenitud de los tiempos Él [el Salvador] vendrá para traer la salvación a los hombres. Y en su juventud había contemplado su gloria [del Señor] … aun en favor de quienes él ejercerá su ministerio en la carne» [2 Nefi 2:3-4). Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet escribieron: «Jacob … llevaba un testimonio perfecto: se hospedaron ángeles y fue testigo presencial del Redentor….

Guiado por padre y por su hermano—profeta Nefi, Jacob se ganó un banquete de la santa palabra desde los días de su niñez, y por ende, se ganó una familiaridad con aquel Espíritu conocido sólo para los obedientes y los estudiantes serios de las escrituras. En el papel de maestro doctrinal, hubieron pocos como él.»1

Jacob mismo dijo: «Habiendo sido llamado por Dios y ordenado conforme a su santo orden, y habiendo sido consagrado por mi hermano Nefi… he aquí, vosotros sabéis que os he hablado muchísimas cosas» [2 Nefi 6:2). Él fue obviamente un ministro ordenado, y que ya antes les había enseñado a la gente. Estos sermones y sus interpretaciones de las palabras de Isaías, son tan poderosos que Nefi decidió incluirlos en las planchas.

LAS ENSEÑANZAS DE JACOB (2 Nefi 6,9-10)

Las profecías de Isaías

•  2 Nefi 6:4-18 Jacob lee de los escritos de Isaías (49:22; 60:16; 44:8; 45:5; 46:9) y se os explicó a la gente. Él añadió detalles de las visiones que había recibido del Señor:

  • El regreso de la gente de Judá a Jerusalén.
  • La venida del Señor Jesucristo
  • Su rechazo y crucifixión a manos de los judíos.
  • La dispersión de Israel a través del mundo
  • La re-unión de Israel en los últimos días.
  • La destrucción de los inicuos que rechazaron al Salvador
  • La liberación y protección de los justos.

•  2 Nefi 7-8 En estos dos capítulos, Jacob está enseñando de Isaías 50, 51, and 52:1-2. Debido a que estos capítulos son discutidos en un capítulo subsecuente, no serán tratados aquí. Seguir leyendo

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José y la restauración: Los nefitas salen (2 Nefi 3-5)

Guía de estudio del Libro de Mormón

José y la restauración: Los nefitas salen
(2 Nefi 3-5)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


José, el hijo de Jacob, quien fue vendido por sus hermanos a Egipto, es uno de los personajes más heroicos de todo el Antiguo Testamento. Su paciencia y fe bajo las más difíciles circunstancias nos inspira a confiar en el Señor y a saber que cada prueba eventualmente obrará para nuestra bendición y beneficio si las «sobrellevas [nosotros] bien» D&C 121:8).

Además, la historia de la vida de José y de su relación con sus hermanos es altamente simbólica del papel que sus descendientes jugarían en relación con los descendientes de todas las otras tribus de Israel. Así como José fue «consagrado de entre sus hermanos» (Génesis 49:26; Deuteronomio 33:16), entonces también lo serían las tribus de Efraín y Manasés; separadas y establecidas en su propia tierra en «el término de los collados eternos» (Génesis 49:26)— los continentes Americanos. Y así como José reunió al resto de la familia de Jacob (de Israel) y la llevó con él a Egipto para salvarlos (Génesis 45), entonces también los descendientes de José, por medio de Efraín, reunirán a todo Israel en los últimos días para salvarlos físicamente (de la venidera destrucción) y espiritualmente (TJS Génesis 48:8-11).

En este capítulo leemos la bendición patriarcal de Lehi sobre su propio hijo, José. Como parte de esta bendición, él le recuerda a su hijo de la grandeza de su ancestro José; quien fue vendido a Egipto. También comparte algunas de las profecías que José, el hijo de Jacob, habló concerniente a otro José—el gran profeta de los últimos días de la restauración. Al hacer esto, Lehi conecta a su hijo al pasado y al futuro, inspirándolo a ser un ejemplo de justicia al compartir este grande y significativo nombre.

Nosotros también leemos lo concerniente a los eventos que ocurrierieron después de la muerte del padre Lehi. La hostilidad creciente entre Nefi y sus hermanos mayores Lamán y Lemuel eventualmente lleva a la separación de su familia en dos grupos distintos—los nefitas y los lamanitas. Esta división hostil dominará la narrativa del Libro de Mormón de aquí en adelante, hasta su trágica conclusión. Seguir leyendo

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Buscad a Jehová y vivid

Buscad a Jehová y vivid

Marion G. Romney

(Look to God and Live, comp. George J. Romney
[Salt Lake City: Deseret Book Co., 1971]).

Ahora bien, desde Adán hasta Noé y aún más adelante, el evangelio se enseñó de padre a hijo. Más tarde fue revelado a Abraham. Moisés lo recibió de nuevo después de un largo período del esclavitud de Israel en Egipto. Jesús, en el meridiano de los tiempos, lo enseñó y lo demostró. Igualmente los jareditas y los nefitas instruyeron por medio de la profecía.

Que los hombres no hayan gozado de esta paz, felicidad y continuo progreso no es, por tanto, porque el Señor haya dejado de enseñarles el camino por el que se podían obtener estas bendiciones. Es porque los hombres han rehusado obedecer las leyes reveladas sobre las que se predican estas bendiciones.

La carga de todos los profetas, desde Adán hasta nuestro profeta actual, ha sido persuadir a los hombres a buscar a Jehová y vivir. Una y otra vez en cada dispensación han proclamado las calamidades pendientes por causa de la vida corrupta y pecaminosa del hombre.

Caín recibió una maldición por su propio rechazo voluntario de los consejos de Dios. Los antediluvianos provocaron el diluvio en el que perecieron rechazando a Noé, quién les enseñó y les suplicó por ciento veinte años. Los jareditas siguieron su curso de rebeldía hasta lograr su destrucción total al desafiar las enseñanzas y advertencias de sus profetas. Siguiendo este mismo camino los nefitas sufrieron una gran destrucción al tiempo de la crucifixión de Cristo. Pudo haberse evitado toda esta tragedia, carnicería y tristeza interminable. Todos estos pueblos pudieron haber habitado en paz y prosperidad si hubieran estado dispuestos a buscar a Jehová. Jesús expresó la tristeza de esto cuando, viendo el destino seguro de la ciudad, dijo:

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!

«He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

«Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Mateo 23:37-39). Seguir leyendo

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«Dad al César…»

Conferencia General, Abril 1968

«Dad al César…»

por el élder Howard W. Hunter

Hay más de tres y medio billones de personas en el mundo. Están divididas en tres grupos, cada uno bajo la dominación de sistemas por los que están sujetos al poder supremo de la tierra en que moran. En algunos países este poder supremo está investido en una sola persona, el soberano. Otros tienen formas de gobierno republicanas en las que la soberanía reside en el pueblo y el poder supremo, generalmente, lo expresa el cuerpo legislativo. Ya sea un individuo o el pueblo el que ejerza la soberanía, los ciudadanos están sujetos a ese poder supremo. Tienen los derechos y privilegios que les son concedidos bajo la ley, y tienen el deber de acatarse a las provisiones de ésta. Esto es esencial para el bien de la sociedad, para la protección de la vida y la libertad y para la promoción y la preservación de la felicidad del hombre.

En una república, el gobierno tiene el derecho y el deber soberano de proteger los derechos del individuo y de ajustar las disputas o desórdenes civiles por medios pacíficos. Los ciudadanos no tienen el derecho de tomar la ley en sus manos ni de usar la fuerza física. Las leyes soberanas del estado deberán ser apoyadas y las personas que vivan bajo esas leyes deberán obedecerlas para el bien de todos. A este respecto, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días asume una enérgica posición. Una de las normas fundamentales de su fe queda claramente establecida con estas palabras: «Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley» (12o. Artículo de Fe).

Aquellos en el mundo que creen en Dios, viven bajo la circunstancia de una doble soberanía. Además de estar sujetos al poder supremo del Estado, son leales a Dios y el guardar solemnemente los mandamientos que les ha dado. Esta idea de una realeza y una soberanía divina, está en todo Io Antiguo y el Nuevo Testamento.

Al describir el inicio del ministerio de Jesús, Marcos usa estas palabras: «Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.

«Diciendo: el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:14-15). Durante todo su ministerio, uno de los temas principales de las enseñanzas del Maestro fue «El reino de Dios se ha acercado». Algunos eruditos interpretan las palabras «se ha acercado» como la descripción de algo que tendrá lugar en el futuro cercano. Ellos alegan que el reino no fue establecido sobre la tierra hasta el día de Pentecostés, cuando el Espíritu se derramó sobre la multitud. Ellos establecen este evento como el comienzo de la Iglesia Cristiana. Los hechos, sin embargo, proporcionan una base para una conclusión diferente. Existe amplia evidencia de que el reino de Dios fue establecido en los días de Adán, el primer hombre y ha continuado hasta hoy. La gente del mundo, desde el principio, ha tenido un deber hacia Dios como su rey. Seguir leyendo

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En memoria agradecida

En memoria agradecida

Por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce
(Ensign, 1:20-22 [Marzo de 1971]).

Mientras contemplamos la miseria humana creada por la guerra, debemos recordar nuestra deuda con aquellos que se han sacrificado tanto por la libertad humana.

La mayoría de nosotros sentimos indignación por la crueldad y el costo de la guerra, dondequiera que se esté efectuando. Las vidas que se sacrifican, la agonía humana, la pérdida de esperanza causada por estas confrontaciones son incalculables.

Se dijo en la antigüedad que «la…oración ferviente de un hombre justo es muy valiosa» (Santiago 5:16).

Creo que las oraciones fervientes de muchos hombres justos pueden llevar a cabo milagros.

Aprecio profundamente a aquellas personas que han sacrificado sus vidas por la causa de la libertad humana. Odio la guerra y su destrucción. Es un testimonio viviente de la existencia de Satanás, el padre de toda mentira, el enemigo de Dios. La guerra es la causa de la más grande miseria humana. Es la destructora de la vida, la promotora del odio, la dilapidadora de tesoros. Es el error más costoso del hombre, su desventura más trágica.

Pero desde el día en que Caín mató a Abel, ha habido contención entre los hombres. Siempre ha habido —y hasta que el Príncipe de Paz llegue a reinar, siempre habrá— tiranos y rufianes, constructores de imperios, buscadores de esclavos y déspotas que destruirían cada trazo de libertad humana si no se les combatiera con las armas. Frecuentemente se leen sus nombres como si fueran héroes. Sus conquistas podrán ser relatadas con más veracidad por el terrible sufrimiento que han impuesto al marchar sus legiones para esclavizar a los débiles. Comenzando con Sargón, el Grande, quien conquistó Sumeria en el tercer milenio A. C., e incluyendo a los constructores de imperios que le siguieron —Hammurabi, Nabucodonosor, Ciro, Alejandro Magno, los Césares romanos, Gengis Kan, los godos que treparon las murallas de Roma, y así hasta llegara los de este día— todos son iguales.

¿Puede alguien dudar que Hitler habría apagado la vela de la libertad en cada nación de Europa si no se le hubiera detenido? ¿Puede alguien creer que Tojo hubiera quedado satisfecho con algo menos que un imperio extendido desde Hawai hasta Singapur? ¿Puede alguien en tierra libre estar menos que agradecido por los que han dado sus vidas para que florezca la libertad? Seguir leyendo

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Del valle de la desesperación a las cumbres de la esperanza

 Del valle de la desesperación a las cumbres de la esperanza

por el presidente Harold B. Lee
de la primera presidencia

(«From the Valley of Despair to the Mountain Peaks of Hope», New Era [Agosto de 1971]).

Esta es para mí una ocasión de lo más significativa y una asignación de lo más difícil, para la cual he orado muy fervientemente a fin de gozar del espíritu y la inspiración debidos. El propósito de este servicio no es el de glorificar la guerra, sino, citando las mismas palabras del Señor, establecer claramente la posición de la Iglesia con respecto a la guerra. No deseamos entablar una controversia en cuanto a lo equivocado o lo correcto de la guerra, sino calmar las tormentas de aquellos que tienen seres amados combatiendo en los terribles conflictos bélicos.

No estamos aquí para abrir viejas heridas en los corazones destrozados por la pérdida de los seres amados. Estamos aquí para ayudar a levantar los ojos de aquellos que lloran en el valle de la desesperación hacia la luz de las cumbres de la esperanza, encargarnos de contestar preguntas sobre la guerra, sobre las promesas de las bendiciones patriarcales y sobre los vínculos matrimoniales que se han roto por causa de muertes en la guerra. Y finalmente estamos aquí para traer paz a las almas afligidas, no como el mundo la da, sino únicamente ésa que proviene del Príncipe de Paz. Estamos aquí esta noche para elevarnos todos de las tinieblas a la luz y la vida.

En nuestra generación la verdadera posición cristiana en cuanto a la guerra ha sido claramente establecida por medio de una declaración en la que el Señor dice: «Por lo tanto, repudiad la guerra y proclamad la paz. . .» (D. y C. 98:16).

¿Cuál es la posición de la Iglesia con respecto a la guerra? Una declaración de la Primera Presidencia durante la II Guerra Mundial es aplicable aún en nuestra época. La declaración decía: «. . .La Iglesia está y debe estar en contra de la guerra. La Iglesia en sí no puede hacer la guerra a menos que el Señor promulgue nuevos mandamientos. No puede considerar la guerra como un medio justo para solucionar disputas internacionales; éstas deben y pueden solucionarse, con el acuerdo de las naciones, a través de negociaciones y ajustes pacíficos.» Seguir leyendo

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Indiferentismo

Indiferentismo

(Tomado de the Church News)

En la sección 76 de las Doctrinas y Convenios se encuentra una escalofriante frase, una que todo seguidor de Cristo debería leer y meditar.

Esta sección trata sobre los varios grados de gloría del mundo venidero, y hace referencia a aquellos que serán asignados a cada una de ellas.

Al referirse a la gloria terrestre, habla de personas que tienen el testimonio de Jesús, pero no fueron «valientes» en cuanto a él, y dice:

«Estos no son valientes por el testimonio de Jesús; así que, no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios.» (Doc. y Con. 76:79)

Por tanto, el mero hecho de ser miembros de la Iglesia no puede garantizar la gloria celestial; tampoco lo puede hacer el «testimonio de Jesús» si no somos valientes en él.

El diccionario define la palabra valiente de esta manera: «fuerte, esforzado, animoso, que tiene brío y valor; excelente, primoroso, grande.» Seguir leyendo

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