Cuatro dones que Jesucristo les brinda
Por el presidente Russell M. Nelson
Mis amados hermanos y hermanas, ¡qué época tan maravillosa! Nos encantan los acordes de “Venid, adoremos”1 y con entusiasmo venimos a adorarle: a Jesús el Cristo, ese singular niño de Belén, “el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento”2.
Esta noche consideremos juntos las bendiciones que recibimos cuando nos centramos en la vida, misión, doctrina y Expiación del Señor Jesucristo. Los invito, como lo hizo el rey Benjamín a los santos de sus días, a “[considerar] el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios”. Esa bendición es para nosotros aquí y ahora y además la promesa final “de interminable felicidad”3. Dicho de una manera sencilla, los verdaderos seguidores de Jesucristo tienen el privilegio de experimentar un gozo eterno inimaginable.
Eso recordé el otro día cuando conocí a un ángel llamado Lydia. Ese ángel no estaba vestido de blanco, y ella facilitó nuestra conversación al visitar mi oficina. Lydia tiene 12 años. Me dijeron que sufre de una forma rara y agresiva de cáncer cerebral4. Tiene una cara angelical y una entereza más allá de sus años. Cuando hablamos sobre su vida y lo que se avecina, lucía tranquila y en paz. Cuando pregunté si tenía alguna pregunta, rápidamente respondió: “¿Cómo es el cielo?”. Eso permitió que tuviésemos una franca conversación sobre el propósito de la vida y las bendiciones que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado han ofrecido a aquellos que los honran y siguen.
¡La fe de Lydia y de su familia me conmueven profundamente! Aunque se enfrenta a un enorme desafío en lo que concierne a esta vida terrenal, Lydia tiene gran fe; tiene una perspectiva eterna y sabe que el Señor la ama y la cuidará. Su devota familia tiene la misma paz y compostura que solo la fe en el Señor puede brindar.
El deseo de Lydia era reunirse con el presidente de la Iglesia del Señor, pero sus deseos son mucho más profundos que cualquier otra experiencia aquí en la tierra. Su mayor anhelo es estar con su familia para siempre en el reino celestial. Eso también incluye su deseo de estar siempre con el Padre Celestial y con Jesús.
De hecho, nuestros deseos influyen en nosotros de manera profunda, no solo aquí y ahora sino más allá. Consideren el significado de esta declaración de Alma: “[El Señor] concede a los hombres según lo que deseen”5. Seguir leyendo




































