Jesucristo en el lugar
central de nuestra vida
Por el élder José L. Alonso
De los Setenta
Las preguntas profundas del alma, las que surgen en nuestros momentos más oscuros y nuestras mayores pruebas, se afrontan mediante el amor inquebrantable de Jesucristo.
En nuestro viaje por la vida terrenal, en ocasiones nos asedian las pruebas: el intenso dolor de la pérdida de seres queridos; la ardua lucha contra las enfermedades; el aguijón de la injusticia; las atormentadoras experiencias del acoso, del abuso o del maltrato; la sombra del desempleo; las tribulaciones familiares; el clamor silencioso de la soledad; o las desgarradoras consecuencias de los conflictos armados. En tales momentos, nuestra alma anhela refugio. Buscamos fervientemente saber: ¿Dónde podemos hallar el bálsamo de la paz?. ¿En quién podemos poner nuestra confianza a fin de que nos ayude con la confianza y la fortaleza para superar esos desafíos?. ¿Quién posee la paciencia, el amor que nos envuelve y la mano omnipotente para levantarnos y sostenernos?
Las preguntas profundas del alma, las que surgen en nuestros momentos más oscuros y nuestras mayores pruebas, se afrontan mediante el amor inquebrantable de Jesucristo. En Él, y mediante las bendiciones prometidas de Su Evangelio restaurado, hallamos las respuestas que buscamos. Mediante Su Expiación infinita se nos ofrece un don inconmensurable: un don de esperanza, de sanación y la tranquilidad de Su presencia constante y duradera en nuestra vida. Ese don está al alcance de todo aquel que lo busque con fe, al aceptar la paz y la redención qué Él ofrece liberalmente. Seguir leyendo








































