C. G. Abril 1970
Las riendas de la responsabilidad y dirección
por el presidente Joseph Fielding Smith
Mis amados hermanos: me paro ante ustedes con humildad y agradecimiento; agradecido por las bendiciones que el Señor ha derramado sobre mí, sobre mi familia, sobre ustedes y sobre todos los que forman su pueblo.
Sé que estamos trabajando en la obra del Señor y que El instruye a los hombres para que hagan su obra en todo tiempo y época de la historia de la tierra.
Durante muchos años hemos sido grandemente bendecidos como Iglesia y como pueblo, por la dirección inspirada, la gran percepción espiritual y la mano firme del presidente David O. McKay. Ahora que su extraordinaria obra ha terminado y ha sido llamado a servir en otras maneras, al Señor ha dado a aquellos de nosotros que permanecemos aquí las riendas de responsabilidad y dirección en su reino terrenal.
Siendo que el Señor «nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado» (1 Nefi 3:7), sentimos una gran humildad y confianza de que bajo su guía y dirección esta obra continuará prosperando.
Quiero decir que ningún hombre puede dirigir esta Iglesia por sí mismo; es la Iglesia del Señor Jesucristo; El está a la cabeza. Esta Iglesia lleva su nombre, posee su Sacerdocio, administra su Evangelio, predica su doctrina y lleva a cabo su obra.
El escoge y llama a los hombres para ser instrumentos en sus manos para lograr sus propósitos, y los guía y los dirige en sus labores; pero los hombres son únicamente instrumentos en las manos del Señor, y el honor y gloria por todo lo que sus siervos logran es y deben ser atribuido a El.
Si fuera obra de los hombres, fracasaría, pero es la obra del Señor y El nunca fracasa. Tenemos la seguridad de que si cumplimos los mandamientos y somos valientes en el testimonio de Jesús, fieles a cada cosa que se nos confía, el Señor nos guiará y dirigirá, así como a su Iglesia, en los senderos de la justicia, para llevar a cabo todos sus propósitos.
Nuestra fe está centrada en el Señor Jesucristo, y mediante El, en el Padre. Creemos en Cristo, lo aceptamos como el Hijo de Dios, y en las aguas del bautismo hemos tomado su nombre sobre nosotros, y somos sus hijos por adopción.
¡Me regocijo en la obra del Señor, y me lleno de orgullo por el pleno conocimiento que tengo en mi alma de su veracidad y divinidad!
Testifico con todo mi corazón que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente; que llamó al profeta José Smith para estar a la cabeza de esta dispensación y para organizar nuevamente la Iglesia y reino de Dios sobre la tierra; y que la obra que estamos desempeñando es verdadera.
Cuando mi padre, el presidente Joseph F. Smith, fue llamado a servir como sexto presidente de la Iglesia, expresó su agradecimiento por sus consejeros dedicados y declaró que su intención era consultarlos en todos los asuntos concernientes a la Iglesia, a fin de que hubiera unidad entre los hermanos y delante del Señor.
Ahora yo quisiera decir que tengo plena confianza en mis consejeros; son hombres de Dios, guiados por la inspiración del cielo. Gozan del don y el poder del Espíritu Santo y no tienen ningún otro deseo más que el de promover los intereses de la Iglesia, bendecir a todos los hijos de nuestro Padre y perfeccionar la obra del Señor sobre la tierra.
El presidente Harold B. Lee es un pilar de verdad y justicia, un verdadero vidente que posee gran fortaleza, percepción y sabiduría espiritual, y cuyo conocimiento y comprensión de la Iglesia y sus necesidades no tienen par.
El presidente N. Eldon Tanner es un hombre de calibre semejante, de integridad perfecta, de devoción a la verdad; está investido con la habilidad administrativa y la capacidad espiritual que lo habilitan para guiar, aconsejar y dirigir por el camino recto.
Y las palabras que digo acerca del presidente Lee y el presidente Tanner también se aplican el Quórum de los Doce, así como a las otras Autoridades Generales. Son hombres de Dios. Estoy agradecido porque el Señor levanta hombres con la fortaleza y el poder que estos hermanos poseen, y los llama y prepara para ocupar puestos de dirección en su Iglesia.
No existe ninguna obra en la tierra tan importante como la obra del Señor, y no hay puesto de servicio y responsabilidad de tanto alcance en su efecto sobre los hijos de nuestro Padre; y es mi oración que nosotros, trabajando juntos como verdaderos hermanos en el reino del Señor, trabajemos de manera tal que podamos realizar la gran obra que nos espera.
Vivimos en una época en que el espíritu de amor y armonía está aumentando entre la gente de muchas religiones, y nos unimos a los hombres de buena voluntad en todas las iglesias, para expresar amor e interés por el bienestar temporal y espiritual de todos los hijos de nuestro Padre. Nos complace cooperar con personas sinceras y buenas de todo el mundo en todos los asuntos concernientes al progreso y mejoramiento de nuestro prójimo, porque reconocemos a todos los hombres como hijos de Dios y como hermanos en la familia de la humanidad. Que nuestro Padre Eterno derrame sus bendiciones sobre todas las obras de sus manos; que bendiga a nuestros hijos y jóvenes, para que busquen y acepten consejo y guarden los mandamientos; que bendiga a todos los oficiales, maestros y miembros de la Iglesia de nuestro Padre a fin de que puedan servirle en forma justa, fiel y eficazmente; que bendiga al mundo y a todos los hombres a fin de que puedan volverse a El en justicia y encuentren paz, felicidad y propósito en la vida, lo cual pido humildemente y lleno de gratitud, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

























