Pensad acerca de estas cosas

C. G. Octubre 1973logo pdf
Pensad acerca de estas cosas
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieSi el Señor mismo hubiera elegido venir y abrir esta conferencia y dirigirse a los santos, ¿qué mensaje nos habría entregado? Si El hubiera elegido venir a hablar en esta sesión, ¿qué palabras nos daría para nuestra bendición, nuestro beneficio y salvación?

Tal cosa no está completamente fuera del domino de las posibilidades. El profeta José Smith dijo que si nos unimos, nos despojamos de celos y temor, nos humillamos y tenemos una fe perfecta, el velo podría romperse hoy, como en cualquier otro tiempo. (D. y C. 67:10; Enseñanzas del Profeta José Smith, pág, 3.) Yo pienso que cuando el Señor moró en la ciudad de Enoc, sin duda habló en sus congregaciones; y, cuando a su debido tiempo El reine sobre la tierra en el esplendor milenial, hará exactamente la misma cosa.

Pero también estamos bajo el principio de que las palabras de verdad eterna, las cuales son dadas a los hijos de los hombres, pueden venir por su propia voz o la de sus siervos, es lo mismo.

Y ayer cuando el presidente Lee abrió la conferencia, y una vez más cuando el presidente Romney dio su persuasivo, poderoso y, verídico testimonio, me dio la impresión de que si el Señor mismo estuviera aquí, las declaraciones de estos hermanos serían las mismas cosas que el Señor diría en este tiempo.

Estos hermanos que están en la Primera Presidencia de la Iglesia, son los agentes del Señor, sus representantes, y tienen las llaves del reino de Dios sobre la tierra, y de ellos vienen las palabras de vida, verdad y revelación que nos dará, si nos conformamos a ellas, paz en esta vida y gloria eterna en la vida venidera.

Deseo fervientemente que el mismo espíritu que descansó tan poderosamente en los hermanos que se pararon aquí, me ayude para decir lo que el Señor desea que se diga en esta ocasión. Y deseo, si puedo ser guiado de esa manera, aconsejar a los Santos de los Últimos Días, que asuman una actitud positiva y sana hacia el mundo y las condiciones nacionales, que den la espalda a todo lo que es malo y destructivo; que busquen lo que es bueno y edificante en todas las cosas; que alaben al Señor por su bondad y gracia al darnos las glorias y las maravillas de su evangelio sempiterno.

En vista de todo lo que prevalece en el mundo, podría ser fácil enfocar nuestra atención en las cosas malas o negativas, o malgastar nuestras energías en causas y empresas de dudosa dignidad y productividad.

Estoy completamente enterado del decreto divino de estar activamente empeñado en una buena causa; del hecho de que cada principio verdadero que obra para la libertad y la bendición de la humanidad tiene la aprobación del Señor; de la necesidad de sostener a aquellos que abrazan causas justas y abogan por los principios verdaderos y de que nosotros también debemos obrar en la mejor y más benéfica manera que podamos.

La pregunta, yo pienso, no es qué debemos hacer, sino cómo debemos hacerlo. Sostengo que la cosa más benéfica y productiva que los santos podemos hacer para fortalecer toda causa justa, es vivir y enseñar los principios del evangelio sempiterno.

Puede haber personas que tengan dones especiales o necesidades de servir en otros campos, pero en lo que a mí concierne y con el conocimiento y el testimonio que yo tengo, no hay nada que yo pueda hacer, durante todo el tiempo de esta probación mortal, que sea más importante que usar toda mi fuerza energía y habilidad para propagar y perfeccionar la causa de la verdad y la justicia, tanto en la Iglesia, como entre los otros hijos de nuestro Padre.

Pienso que los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de regocijarse en el Señor, de alabarlo por su bondad y gracia, de meditar en sus corazones acerca de sus verdades eternas, y enfocar sus energías en causas justas.

Ahora, cito las palabras que Isaías, dedicó a nosotros, la Casa de Israel, los miembros del Reino del Señor. El preguntó:

. .. . ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?” (Isaías 33:14).

Esto es ¿quién en la Iglesia heredará el reino celestial? ¿Quién irá a donde Dios y Cristo y los seres celestiales moran? El que vence al mundo, que obra en justicia y persevera en fe y devoción hasta el fin, escuchará la gran bendición: “Ven y hereda el reino de mi Padre.” Isaías contesta:

“El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala;

“éste habitará en las alturas; fortaleza de roca será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Isaías 33:15-16).

Ahora, si puedo, tomaré estas palabras de Isaías, dichas por el poder del Espíritu Santo, y daré alguna indicación de cómo se aplican a nosotros y a nuestras circunstancias.

Primero: “El que camina en justicia y habla lo recto.” Esto es, edificados sobre el sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo, debemos guardar los mandamientos, hablar y hacer las obras de justicia y verdad pues seremos juzgados por nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros hechos.

Segundo: “. . .el que aborrece la ganancia de violencia.” Esto es, debemos actuar con equidad y justicia hacia nuestro prójimo. Fue el Señor mismo quien dijo que El en el día de su venida, sería un testigo en contra de aquellos que oprimieran al trabajador en su salario.

Tercero: “. . .) que sacude sus manos para no recibir cohecho.” Esto es, debemos rechazar cualquier esfuerzo para comprar influencias, y en su lugar, tratar honestamente y con imparcialidad a nuestro prójimo. Dios no hace acepción de personas pues estima a toda carne igual y solamente aquellos que guardan sus mandamientos encuentran gracia en El. La salvación es gratuita; no se puede comprar con dinero; y sólo son salvos aquellos que se amparan en las leyes sobre las cuales les ha sido predicado. El cohecho es una costumbre mundana.

Cuarto: “. . .el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala.” Esto es, no debemos centrar nuestra atención en el mal y la perversidad. Debemos cesar de encontrar faltas y buscar cosas buenas en el gobierno y en el mundo. Debemos aproximarnos a las cosas con una actitud sana positiva.

Hay una ley eterna, ordenada por Dios antes de la fundación del mundo, y es que cada hombre segará lo que haya sembrado, si nuestros pensamientos son malos, nuestra lengua pronunciará palabras sucias; si hablamos palabras perversas, terminaremos haciendo obras de maldad; si nuestra mente está centrada en lo carnal y en los males del mundo, entonces la mundanidad y la injusticia nos parecerán la manera normal de vivir.

Si examinamos en nuestra mente las cosas relacionadas con la inmoralidad sexual, pronto pensaremos que todos son inmorales y sucios y esto romperá la barrera que nos separa del mundo. Y así es con toda insana, sucia, impura e impía conducta. Y así es que el Señor dice que El odia y juzga como una abominación: “El corazón que maquina pensamientos inicuos. . .” (Proverbios 6:18).

Por otra parte, si tenemos presente en nuestros corazones las cosas de la justicia, seremos justos. Si la virtud engalana nuestros pensamientos incesantemente, entonces nuestra confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y El a su vez hará llover justicia sobre nosotros. (D. y C. 121:45.)

Verdaderamente como dijo Jacob: “…ser de ánimo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna” (2 Nefi 9:39). Y como dijo Pablo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará: Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:7-8).

Y también dijo: “. . .todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Para capacitarnos con el fin de mantener nuestra mente en la justicia, debemos elegir el reflexionar en nuestros corazones, acerca de las verdades de salvación. Ayer el hermano Packer pidió con elocuencia que cantáramos los himnos de Sión, a fin de guiar nuestros pensamientos hacia cosas sanas. Yo quisiera agregar que también podemos, después de tener nuestro himno inicial, predicarnos a nosotros mismos un sermón. Yo he predicado muchos sermones caminando a lo largo de calles congestionadas de gente, o escalando veredas en el desierto o en lugares solitarios, así, concentrándome en los asuntos del Señor y en cosas justas, y podría decir que han sido mejores sermones de los que he predicado ante una congregación.

Si vamos a trabajar por nuestra salvación, debemos regocijarnos en el Señor. Debemos reflexionar acerca de sus verdades, fijar nuestra atención en El y su bondad para con nosotros, alejarnos del mundo y usar toda nuestra fuerza, energía y habilidades para llevar adelante su obra.

Pienso que el pueblo del Señor debe regocijarse en El y gritar alabanzas a su santo nombre. Exclamaciones de hosanna deben salir de nuestros labios continuamente. Cuando pienso en el conocimiento revelado que tenemos de El, quien es la vida eterna, y en el gran plan de salvación que ha ordenado para nosotros; cuando pienso en su Hijo Amado que pagó nuestro rescate con su sangre, y que trajo a la luz vida eterna e inmortalidad por medio de su sacrificio expiatorio; cuando pienso en la vida y el ministerio del profeta José Smith quién, con excepción de Jesús, ha hecho más por la salvación de los hombres en este mundo, que ningún otro hombre que haya vivido, y quien culminó su ministerio mortal con una muerte como mártir, mi alma se llena de gratitud eterna y deseo de elevar mi voz con los coros celestiales, en incesante alabanza para. El quien mora en las alturas.

Cuando pienso que el Señor tiene un profeta viviente, guiando su reino terrenal, y que aquí hay apóstoles y profetas que caminan por la tierra otra vez; cuando pienso que el Señor nos ha dado el don y el poder del Espíritu Santo para que tengamos las revelaciones del cielo y el poder de santificar nuestras almas; cuando pienso en las innumerables bendiciones, los dones, los milagros, las promesa de que la unidad familiar seguirá eternamente, cuando pienso en todas las bendiciones que son derramadas sobre nosotros y ofrecidas libremente a todos los hombres en todas partes, mi deseo de alabar al Señor y proclamar su bondad y gracia, no tiene límites. Y así, con este espíritu de alabanza y de gratitud, el cual es el mismo que guió las palabras del presidente Romney esta mañana, quiero concluir con estas palabras de mi propio salmo:

Alabad al Señor;
Por su bondad,
Por su gracia,
Exaltad su nombre y buscad su faz,
Oh, alabad al Señor.
Bendito sea el Señor:  Por su merced,
Por su amor,
Exaltad su nombre y buscad su faz,
Oh, bendito sea el Señor.
Alabad al Señor:
Quien creó todas las cosas,
Quien redimió todas las cosas,
Exaltad su nombre y buscad su faz,
Oh, alabad al Señor.
Buscad al Señor:
Quien reina en las alturas,
Cuya voluntad sabemos,
Exaltad su nombre y buscad su faz,
Oh, buscad al Señor.

Tenemos la promesa de que si lo buscamos con toda la intención de nuestro corazón, guardamos sus mandamientos y caminamos rectamente ante El, verdaderamente veremos su faz y seremos herederos de vida eterna con El en el reino de su Padre. De esto testifico y por ello oro por todos nosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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