En el mundo

Conferencia General Abril 1988logo 4
En el mundo
por el élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom PerryAl vivir «en el mundo», aportemos nuestra parte haciendo de el un lugar mejor en el cual pasar la vida por medio de nuestro recto vivir, nuestro servicio en causas justas y nuestra fe en que al final el bien triunfara sobre el mal.

«Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero . . . no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo . . . » (Juan 15:19.)

De las enseñanzas del Salvador, hemos adoptado en la Iglesia la máxima «estar en el mundo, pero no ser del mundo». Al usarla, recalcamos que tenemos que mantenemos apartados del pecado y del materialismo que reinan en el mundo en que vivimos. Desde luego que es importante recordarnos de continuo vivir en armonía con las leyes del Señor; pero, en esta ocasión, quisiera hablar de la primera parte de esa expresión, o sea: «estar en el mundo».

Es «a este mundo» al que hemos tenido el privilegio de venir a vivir las experiencias de la vida terrenal. Es «en el mundo» donde somos probados. Es «en el mundo» donde tenemos la oportunidad de tomar parte en las sagradas ordenanzas de salvación que determinaran nuestra existencia posterrenal. Es «en el mundo» donde tenemos la oportunidad de servir al prójimo y dar nuestro aporte al genero humano. Es a este mundo al que el Señor vendrá.

Los profetas de esta época nos han exhortado a tener presentes nuestros deberes mientras estemos aquí, «en el mundo». El presidente David O. McKay dijo:

«La responsabilidad de mostrar al mundo que el Evangelio de Jesucristo resolverá los problemas de la humanidad yace en los hombres que lo afirman . . . Creo, además, que todos los problemas del mundo se pueden resolver mediante la obediencia a los principios del Evangelio de Jesucristo . . .

«La solución de los grandes problemas del mundo yace aquí, en la Iglesia de Jesucristo, sí, la solución no sólo de los problemas de las personas, sino de los de las naciones y de los de grupos de naciones. Comprendo la gran trascendencia de esta afirmación . . . Es sencillamente aplicar el plan de Dios a los problemas del mundo.

«Vosotros, los poseedores del sacerdocio de la actualidad, tenéis ahora una responsabilidad más grande que nunca, en esta época de gran inventiva en la historia del mundo. Repito: si afirmamos tener la verdad, es el deber de todo Santo de los Ultimos Mas vivir de un modo ejemplar, para que cuando la gente del mundo, al responder al llamado, venga a probar el fruto del árbol, lo encuentre sano y bueno. Que. el Señor nos bendiga para probar a los del mundo que poseemos precisamente lo que anhelan y para que, cuando lo vean, sepan, como ustedes y yo sabemos, que el evangelio sempiterno es una luz para el mundo.» (Gospel Ideals, Salt Lake City, The Improvement Era, 1953, pág 5)

En el Antiguo Testamento, encontramos el ejemplo clásico de un hombre que vivió «en el mundo» e influyó en él gracias a su recto vivir, un hombre que nació en una época de la historia en que era muy difícil que un israelita pudiera aportar con mucho al mundo.

Tras la muerte del rey Salomón en el año 975 antes de Cristo, las Diez Tribus se sublevaron y se separaron de la tribu de Judá. El Israel dividido no pudo mantenerse en pie en contra de las otras potencias de esa región. Egipto y Asiria se turnaban para invadir las tierras de Israel. En el año 607 antes de Cristo, la misma Asiria y las provincias del norte cayeron en poder de los medos; y Siria, en el de los babilonios.

En tanto bullían esas contiendas, Egipto aprovechó para atacar a Palestina. El rey de los babilonios envió a su hijo Nabucodonosor a hacer retroceder a los egipcios. Mientras combatían contra los egipcios, murió el rey y Nabucodonosor le sucedió en el trono de Babilonia; este derrotó a los egipcios y llegó a gobernar toda Siria hasta el límite con Egipto. Gobernó valiéndose del terror, destruyendo a sus enemigos por el fuego y por la espada, y debilitándolos al deportar a grandes grupos de personas a otras partes de su imperio.

Durante aquella época de guerras, nació Daniel. De joven, a él y a otros hebreos les llevaron a aprender a servir en la corte de Nabucodonosor; les escogieron por motivo de su conocimiento y su capacidad para aprender. Así fue que Daniel se encontró en una tierra extraña, de costumbres extrañas, en un ambiente exótico con tradiciones religiosas muy diferentes (Daniel 1).

La primera prueba de Daniel al estar «en el mundo» se le presentó cuando el siervo de Nabucodonosor le ordenó beber del vino y comer «de la comida del rey» Daniel «propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que el bebía» (Daniel 1:8)

El encargado replicó que el rey le había encomendado el deber de enseñar a los jóvenes, ordenándole que estos comieran y bebieran lo mismo que los demás. Si no lo hacían, el rey los vería pálidos y demacrados, y de cierto le mataría a él. Pero Daniel le rogó que les permitiera a él y a sus amigos seguir con sus propias costumbres alimenticias. Le pidió que los pusiera a prueba por diez días durante los cuales se alimentarían de legumbres y beberían agua, y que entonces podrían ver si no eran tan saludables como los demás.

La estrategia de Daniel fue de lo más interesante: no objetó las creencias de los babilonios, sino que propuso que se hiciera una prueba para determinar que método era el mejor. El siervo del rey convino en ello y, durante los diez días siguientes, Daniel y sus amigos comieron y bebieron sólo lo que sabían era lo debido. Al cabo de los diez días, Daniel y sus amigos se veían mejor y más robustos que los demás muchachos. Y así, Daniel descubrió que no tenía que adoptar normas diferentes al estar «en el mundo».

Recuerdo que, cuando era yo un joven ejecutivo hace muchos años, mi trabajo me exigía concurrir a comidas patrocinadas por diferentes grupos de gentes de negocios. A cada cena precedía la hora de los aperitivos, ocasiones en las que me sentía muy incómodo. Después de la primera o la segunda comida, comencé a llegar tarde con el fin de evitar la hora de los aperitivos; pero eso no le pareció a mi jefe una buena practica porque perdía así la valiosa ocasión de relacionarme con los demás. Pero seguía siendo difícil para mí charlar en grupos en los que yo era el único que no tenía una bebida en la mano. No sabia que hacer con las manos; concluía que podía poner una en el bolsillo, pero que parecería un necio con las dos manos en los bolsillos. Probé entonces a llevar un vaso de soda, pero esta parecía una bebida alcohólica.

Por fin, pregunté al que atendía el bar si tenia alguna bebida que no se pareciera en nada a ninguna bebida alcohólica. Entonces él fue a la cocina y volvió con una jarra de leche de la cual me dio un vaso. Servir un vaso de leche a la hora del cóctel era un caso insólito; claro, atrajo la atención de todos y fui el blanco de las bromas. Aunque me sentí cohibido al principio, pronto vi que empezaba a conocer mas gente que nunca. Descubrí que no tenla que violar las normas de la Iglesia para desempeñar las funciones sociales de mi profesión. En realidad, prospere gracias a que sí me apegue a mis creencias.

Poco después se convirtió en costumbre el tener leche en el bar y, al pasar el tiempo, vi con asombro que varios de mis colegas también se servían leche. Descubrí, al igual que Daniel, que el ser diferente en el mundo suscito interesantes reacciones en los demás. La obediencia a la ley de Dios siempre acarrea Sus bendiciones. ¿Acaso no es ese el mensaje de la revelación de Doctrina y Convenios 130:20-21?

«Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

«y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.» (D. y C. 130:20-21.)

Además de ser obediente a la palabra del Señor, tenemos el deber de dar a conocer el evangelio a todos los hijos de nuestro Padre Celestial. En Doctrina y Convenios. leemos:

«Recordad que cl valor de las almas es grande a la vista de Dios . . .

«¡Y cuan grande es su gozo por el alma que se arrepiente!

«Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo.

«Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis, aun cuando fuere una sola alma. ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!

«Ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!» (D. y C. 18:10, 13 16.)

No veo cómo podremos experimentar ese gozo si no estamos dispuestos a salir de nuestro circulo de amigos de la Iglesia. Vivimos «en el mundo» durante nuestra vida terrenal. Los principios cristianos que enseña el evangelio hacen falta en todo lo que hacemos y entre todas las gentes.

La influencia que podamos ejercer en las personas que conozcamos será una valiosa aportación al mundo. El buen ejemplo llevara a otras personas a vivir las normas que ha establecido el Señor para sus hijos en esta vida terrenal; constituirá un medio para llevar almas a la luz del evangelio, por lo que algunos se unirán a la Iglesia. El abrazar el evangelio es una decisión personal, por lo que siempre debemos respetar y comprender los derechos de los demás. Pero, ¿cómo podemos esperar que el mundo acepte los principios de la rectitud que el Señor ha instituido para regir a sus hijos en esta tierra si no hacemos sentir nuestra influencia en las otras personas?

¡Cuánta falta hacen a los gobiernos los principios de la integridad! ¡Cuánto necesitan nuestras colectividades medir la decencia! ¡Cuánto necesitan nuestros vecindarios modelos de belleza y limpieza! ¡Cuánto precisan nuestras escuelas aliento y ayuda constantes para conservar elevadas normas educacionales! En lugar de quejarnos por el rumbo que siguen esas instituciones, ejerzamos nuestra influencia para enmendar ese rumbo. El pequeño esfuerzo de unos pocos hará un gran bien a toda la humanidad.

A veces pienso que no participamos porque tenemos miedo de la oposición que podríamos encontrar. He aquí otra vez el ejemplo de Daniel, que se enfrentó con valentía con la oposición de estar «en el mundo» y pudo ejercer su buena influencia en los que le rodeaban. A1 reconocer el rey los talentos de Daniel, le hizo gobernador. Muchos sintieron envidia de la posición que había alcanzado ese extranjero y procuraron eliminarlo. Idearon una nueva ley que impedirla a Daniel orar a Dios, el Padre Eterno. El castigo por violar el edicto era ser echado en el foso de los leones. Y. sí, hallaron a Daniel orando y le aplicaron el castigo; pero por la fe de Daniel en Dios, los leones no le hicieron daño alguno.

Pese a las dificultades que Daniel encontró de continuo para vivir su religión, siempre salió adelante y superó los obstáculos. Y el Señor le bendijo y le protegió en el servicio que prestó.

La forma en que sirvió Daniel beneficio no sólo al rey, sino que por la fe que tenla en el Señor, benefició a todo el reino. El rey decretó que todos los pueblos del reino adoraran al Dios verdadero y viviente el Dios que Daniel adoraba. ¡Que inmenso fue el poder del servicio de un hombre justo, el cual llegó a tanta gente, al servir él «en el mundo» en que vivía! ¡Qué eficaz será el fruto de nuestro servicio al servir nosotros, cada cual a su manera, «en el mundo» en que vivimos!

Ruego que tengamos la fe indispensable para poner nuestra confianza en el Señor y no preocuparnos por las fuerzas que sin duda se opondrán a la rectitud. Que tengamos el valor de seguir adelante en la causa de la verdad.

Al vivir» en el mundo», aportemos nuestra parte haciendo de él un lugar mejor en el cual pasar la vida por medio de nuestro recto vivir, nuestro servicio en causas justas y nuestra fe en que al final el bien triunfara sobre el mal.

Esta es la obra del Señor en la cual nos hallamos embarcados y es mi testimonio a ustedes, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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