Que pensáis del Cristo?

Conferencia General Octubre 1988logo 4
¿Que pensáis del Cristo?
por el élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks“En una época en que muchos ponen en tela de juicio la divinidad de Jesucristo o dudan de la realidad de su expiación y resurrección, se necesita mas que nunca el mensaje de ese segundo testamento, el Libro de Mormón.

“¿Qué pensáis del Cristo’?” (Mateo 22:42.) Esta pregunta es tan profunda hoy día como lo fue cuando la usó Jesús para confundir a los fariseos hace casi dos mil años. Como una espada, afilada y poderosa, descubre lo escondido, separa la verdad del error y penetra el corazón de la creencia religiosa.

He aquí algunas respuestas que oímos en la actualidad.

Algunos alaban a Jesucristo como el ”más grande maestro que haya existido” pero niegan que es el Mesías, el Salvador o el Redentor. Algunos prominentes teólogos enseñan que nuestro mundo secular necesita un “nuevo concepto de Dios” desprovisto de lo sobrenatural. Rechazan la idea de que el sufrimiento de un Dios pueda ayudar a resolver el dolor y la tragedia del hombre moderno. (John A. Hardun, Christianity in the Twentieth Century, Garden City, N. Y.: Doubleday and Co., 1971, págs. 356, 359.)

Un obispo de una religión cristiana declaró que ”Jesús fue en todo sentido un ser humano, tal como nosotros”. (”One Clergyman’s Views on the ‘Death of God’ ”, M.S. News and World Report, 18 de abril de 1966, pág. 57.)

Bajo la influencia de esas enseñanzas muchas religiones son como el credo de los humanistas que dicen que ”ninguna deidad nos salvara sino que debemos salvarnos solos” (The Enciclopedia of American Religions: Religious Creeds, 1a. edición, editada por J. Gordon Melton, Detroit: Gale Research Co., 1973, pág. 641).

Otra religión, que afirma tener sus raíces en el cristianismo, mantiene que la crucifixión de Jesús no fue el cumplimiento de su misión sino la evidencia de su fracaso; además, enseña que no limpió el pecado original del genero humano y que otro Mesías debe venir para completar nuestra salvación y establecer el reino de los cielos en la tierra.

Hace muchos años un joven miembro de la Iglesia se inscribió en una universidad de los Estados

Unidos y solicito una beca que estaba disponible solamente para cristianos; tanto el solicitante como los facultativos de la universidad estaban inseguros de que un mormón llenara los requisitos. Luego de consultar con el consejo de teólogos, llegaron a la conclusión de que aquel mormón era cristiano.

Cuando of hablar de ese hecho, hace ya mas de treinta años, me sorprendió que cualquier persona, y en especial un miembro de la Iglesia, pudiera tener la mínima duda de que somos cristianos. Pero he llegado a entender mejor esa confusión y creo que a veces, sin pensar, damos a los demás motivo para dudar. ¿Cómo sucede esto?

Durante muchos años enseñe derecho y un método didáctico en esa materia es concentrar la enseñanza de la clase en las preguntas difíciles, los asuntos obscuros y discutibles que están en los limites del conocimiento. Algunos profesores de leyes creen que las sencillas reglas generales que contestan a la mayoría de las dudas legales son tan obvias que los alumnos las pueden estudiar por su cuenta. Como resultado de ese modo de pensar, los maestros invierten poco tiempo en enseñar lo básico.

Creo que algunos de nosotros solemos hacer lo mismo al enseñar el evangelio. Olvidamos enseñar y testificar sobre algunas verdades sencillas y básicas de fundamental importancia y esta omisión hace que otras personas, ya sean o no miembros de la Iglesia, tengan ideas erradas sobre nuestra fe y creencias.

¿Que creemos de Cristo los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días?

Jesucristo es el Unigénito Hijo de Dios, el Padre Eterno. Es nuestro Creador, nuestro Maestro, nuestro Salvador. Su expiación pago por el pecado de Adán y logró la victoria sobre la muerte, asegurando la resurrección y la inmortalidad a todos los hombres.

Él es todo eso, pero es mas aun: Jesucristo es el Salvador cuyo sacrificio expiatorio nos abre la puerta para limpiar nuestros pecados personales y poder ser readmitidos en la presencia de Dios. Él es nuestro Redentor.

El sacrificio expiatorio del Mesías es el mensaje central de los profetas de toda época. Antes de que ocurriera, fue simbolizado por los sacrificios de animales que prescribió la Ley de Moisés, cuyo único significado, según explicó un Profeta “señala a ese gran y postrer sacrificio. . . [del] Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14). La Expiación fue un acontecimiento prometido y predicho por los profetas del Antiguo Testamento. Isaías declaró:

“Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. . . y por su llaga fuimos nosotros curados.

”Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
” . . . como cordero fue llevado al matadero . . .
” . . . Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. . .
” . . . habiendo el llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. ” (Isaías 53:5-B, 12.)

Al comienzo del ministerio del Salvador, Juan el Bautista exclamó: ”He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

A fines de su ministerio, al bendecir la copa y darla a sus discípulos, Jesús dijo: “Porque esto s mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión le los pecados” (Mateo 2ó:28). Cuando los miembros de la Iglesia participamos de la Santa Cena del Señor, bebemos el agua en memoria de su sangre que fue vertida por vosotros. (D. y C. 20:79.)

Los escritores del Nuevo Testamento enseñan que el sufrimiento de nuestro Salvador, y su sangre, expiaron nuestros pecados.

El apóstol Pablo dijo a los corintios fue el primer principio del evangelio que les enseñó fue ”que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (I Corintios 15:3). Y a los colosenses escribió: ” . . . tenemos redención por su sangre, [aun] el perdón de pecados” (Colosenses 1:14; Hebreos 2:17, 10: 10).

Pedro describió que ”llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

Juan escribió que “la sangre de Jesucristo. . . nos limpia de todo pecado” (I Juan 1:7;  1 Juan 2:2, 3:5, 4:10).

Respetamos la Biblia y así, junto con nuestros hermanos creyentes en Cristo, cantamos estas palabras del inspirado himno: ”Señor, mi Dios”

Cuando recuerdo del amor divino
que desde el cielo al Salvador envió,
aquel Jesús que por salvarme vino
y en una cruz sufrió por mí y murió.

Aun cuando la explicación de la expiación de los pecados individuales que se encuentra en la Biblia debería entenderse claramente, muchos que solamente tienen la Biblia para explicar esta doctrina la han interpretado mal.

Los profetas modernos declaran que el Libro de Mormón contiene la plenitud del evangelio sempiterno en forma más clara que cualquier otro pasaje de las Escrituras (véase D. y C. 20:8-9; 27:5). En una época en que muchos ponen en tela de juicio la divinidad de Jesucristo o dudan de la realidad de su expiación y resurrección, se necesita mas que nunca el mensaje de ese segundo testamento, el Libro de Mormón.

El presidente Ezra Taft Benson nos ha recordado una y otra vez que el Libro de Mormón “fue escrito para nuestros días” y que ”es la piedra angular de nuestro testimonio de Jesucristo”. Creo que la razón que tiene nuestro Padre Celestial de que su Profeta nos instruya a leer en forma más intensa el Libro de Mormón es el hecho de que esta generación necesita sus mensajes mas que las anteriores. Como lo ha dicho el presidente Benson, el Libro de Mormón ”proporciona la explicación mas completa de la doctrina de la Expiación” y que ”su testimonio del Maestro es claro, puro y poderoso” (”El Libro de Mormón: La clave de nuestra religión”, Liahona, enero de 1987, pág. 4).

En contraste, la llamada “Teología liberal” enseña que Jesucristo es importante no porque expió por nuestros pecados, sino solamente porque nos enseñó la forma de acercarnos a Dios por medio de nuestro propio perfeccionamiento. Según esta teología, el hombre puede reconciliarse con Dios mediante su propia rectitud. (O. Kendall White Jr., Mormon Neo-Orthodoxy: A Crisis Theology, Salt Lake City: Signature Books, 1987, págs. 43-44.)

Otro grupo más secular que religioso cree que Jesús no era Dios, sino que el hombre es Dios, y que una persona puede crear su propio destino por medio del poder de su mente. (”Age-old Fear of  New Age Concerns”, Insight, 11 de julio de 1988, pág. 55.)

¿Son susceptibles los miembros de la Iglesia a tal herejía? El apóstol Pablo escribió que deberíamos ”ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2: 12). ¿Puede esa expresión tan conocida significar que la suma de nuestra rectitud nos dará la salvación y la exaltación? ¿Podríamos creer que nuestra relación con nuestra ascendencia de Padres Celestiales y nuestro destino divino nos permitirían pasar de la mortalidad a la vida eterna por nuestros propios méritos?

Basado en lo que he escuchado, creo que algunos de nosotros, algunas veces, decimos cosas que pueden crear tal impresión. Tendemos a olvidar que el guardar los mandamientos, lo cual es necesario, no es suficiente. Como dijo Nefi, debemos trabajar diligentemente para persuadir a todos “a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23).

En su famoso poema “Invicto”, el poeta William Ernest Henley lanza el desafío del ser humano al Destino diciendo que, con la cabeza ”sangrando pero altiva”, el hombre determinado es inconquistable. La ultima estrofa dice:

No importa si es estrecha la entrada,
ni que haya castigos al final del camino;
yo soy el solo capitán de mi alma,
soy arquitecto de mi propio destino.

Medio siglo mas tarde, el élder Orson F. Whitney respondió con estas líneas:

¿Eres tú el capitán? ¿Y que de Aquel
que con su sangre te compró,
que se arrojo al mar devorador
y de sus olas furiosas te salvó?

El que sufrió por la caída raza humana
lo que sólo un Dios podía soportar;
el que murió para que tu vivieras
y gloria eterna pudieras alcanzar.

¿De que sirve la fuerza que proclamas
desprovista de Su magno poder?
Ruega mas bien que su Luz te ilumine
para que la vía correcta puedas ver.

Gota insignificante en el océano
el hombre es, y nada más.
¿”El solo capitán de tu alma”, dices?
¿Quién te dio ese lugar?

Tienes tu libertad -libre albedrío-
para seguir el bien o el error,
pero habrás de dar cuenta de tus obras
a Aquel de quien las almas son.

Inclina esa cabeza tan altiva,
ínfima triza del eterno plan;
y deja que de tu alma a la deriva
Dios sea el sólo Capitán.
(Improvement Era, mayo de 1926, pág. 611.)

Incuestionablemente, el hombre tiene un enorme poder y puede llevar a cabo grandes hazañas mediante el esfuerzo persistente y su indomable voluntad; pero luego de nuestra obediencia a Dios y de nuestras obras buenas, no podemos salvarnos del efecto de nuestros pecados sin la gracia que nos concede la expiación de Jesucristo. El Libro de Mormón es claro al enseñar que “la salvación no viene solo por la ley” (Mosíah 13:28), o sea, que no se recibe la salvación sólo por guardar los mandamientos. ”Por la ley ninguna carne se justifica” (2 Nefi 2:5). Aun aquellos que sirven a Dios con toda su alma son servidores inútiles (Mosíah 2:21). El hombre no puede ganar su propia salvación. El Libro de Mormón enseña: “En vista de que el hombre había caído, este no podía merecer nada de sí mismo” (Alma 22: 14). “No hay nada que no sea una expiación infinita que pueda responder por los pecados del mundo.” (Alma 34:12; 2 Nefi 9:7, Alma 34:8-16.) ”Por tanto, la redención viene en, y por medio del Santo Mesías. . . el se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado, para satisfacer las demandas de la ley.” (2 Nefi 2:6-7.) Y así ”predicamos de Cristo. . . para que nuestros hijos sepan a que fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

En el Libro de Mormón el Salvador explica el evangelio, incluso la Expiación y su relación con el arrepentimiento, el bautismo, las obras de justicia y el juicio final:

”Mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que. . . pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres. . . para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras. . .

“Y. . . cualquiera que se arrepienta y se bautice en mi nombre, será lleno; y si persevera hasta el fin, he aquí, yo le tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo.” (3 Nefi 27:14, 16.)

En esa misma enseñanza el Salvador confirma esos principios haciendo hincapié en la seguridad sempiterna que tenemos en la Expiación que se llevó a cabo por el derramamiento de Su sangre:

“Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin.” (3 Nefi 27:19.)

José Smith declaró esta misma relación en nuestro tercer Articulo de Fe: ”Creemos que por la Expiación de Cristo todo el genero humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio”.

¿Por que es Cristo el único medio? ¿Por que le fue posible a El tomar sobre sí los pecados de todo el género humano? ¿Por que fue necesario que se derramara su sangre? ¿Y cómo puede limpiarse con Su sangre nuestro ser impuro y pecador?

Esos son misterios que no entiendo. Para mí, como lo fue antes para el presidente John Taylor, el milagro de la expiación de Jesucristo es ”incomprensible e inexplicable” (véase The Mediation and Atonement of Our Lord and Savior Jesús Christ, Salt Lake City: Deseret News Company, 1882, págs. 148-149). Pero el Espíritu Santo me ha dado testimonio de su veracidad y me regocijo de poder dedicar mi vida a proclamarlo.

Testifico con los profetas antiguos y modernos que, aparte de Jesucristo, no hay otro nombre ni otra forma bajo el cielo por los cuales se pueda salvar el hombre. (Hechos 4:10, 12; 2 Nefi 25:20; Alma 38:9; D. y C.18: 23.)

Testifico con el profeta Lehi que ”ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8).

Testifico con el profeta Alma que “nadie puede ser salvo a menos que sus vestidos” hayan sido lavados ”hasta quedar limpios de toda mancha, mediante la sangre” de Jesucristo (Alma 5:21). Y como el mismo explica, “el arrepentimiento no podía llegar a los hombres a menos que se fijara un castigo” (Alma 42:16) y “por tanto, Dios mismo expía los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguar las demandas de la justicia” (Alma 42:15).

Junto con los profetas del Libro de Mormón doy testimonio de que el Mesías, el Santo de Israel, sufrió ”según la carne” (Alma 7: 13) las angustias, las enfermedades y las aflicciones de toda criatura viviente de la familia de Adán (2 Nefi 9:21; Alma 7:12-13; Mosíah 14:4; D. y C. 18:11).

Testifico que cuando el Salvador sufrió y murió por todos los hombres, todos los seres humanos quedaron sujetos a Él (2 Nefi 9:5) y a sus mandamientos, para que todos se arrepintieran y se bautizaran ”o no pueden ser salvos en el reino de Dios” (2 Nefi 9:23;  Alma 11:40, Juan 3:5; 8:24).

Por intermedio del profeta José Smith, el Salvador dijo en esta dispensación:

“Yo soy. . . Cristo el Señor. . . el Redentor del mundo.
“Habiendo ejecutado y cumplido la voluntad de aquel cuyo soy, a saber, el Padre, tocante a mí -habiéndolo hecho para poder sujetar a mi todas las cosas-
”reteniendo todo poder, aun. . . juzgando a cada hombre de acuerdo con sus obras y las cosas que haya hecho.
”Y en verdad, todo hombre tiene que arrepentirse o padecer, porque yo, Dios, soy sin fin…
”Por lo que, te mando que te arrepientas . . .
”Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;
”mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo.” (D. y C. 19:1-4, 13, 16-17.)

¿Que pensáis del Cristo? Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días testificamos con Benjamin, el profeta-rey del Libro de Mormón, que ”no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por la cual la salvación pueda llegar a los hijos de los hombres, sino en y por medio del nombre de Cristo, el Señor Omnipotente.

”Pues he aquí. . . la salvación fue, y es, y ha de venir en y por medio de la sangre expiatoria de Cristo.” (Mosíah 3:17-18.)

Y a medida que nos arrepintamos de nuestros pecados y guardemos sus mandamientos y nuestros convenios clamaremos, como clamó el pueblo del rey Benjamin “¡Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados. . . !” (Mosíah 4:2).

En todo esto recordamos y confiamos en las palabras del Señor: “Guarda mis mandamientos en todas las cosas. Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios” (D. y C. 14:6-7).

En el nombre de Jesucristo. Amén.

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