Cómo obtener y preservar vuestro testimonio
por el élder Robert L. Simpson
«José Smith era un visionario y estaba sujeto a las alucinaciones. Su historia no es verdadera.» Tales fueron las palabras de uno de mis mejores amigos mientras asistíamos a la escuela secundaria. Su comentario surgió como una reacción a nuestra conversación previa acerca de la religión, ocasión en la cual le relaté detalladamente la historia de la primera visión. Mi amigo documentó su opinión con un libro de referencia originario de una biblioteca que le proporcionaron sus padres. Ahí estaba, en blanco y negro y nada menos que de la biblioteca pública. Seguramente, no podía haber una fuente más auténtica en la mente de un joven de trece años que la biblioteca pública.
Por primera vez en mi tierna vida, todo lo que me habían enseñado las personas que yo amaba y en quienes confiaba, pareció estar en peligro. Precisamente dos años antes, todo había sido muy sencillo en la Primaria; mis maestros habían sido buenos, y yo había aceptado completamente sus enseñanzas. Ahora, de repente, todo lo que antes había estado tan seguro para mí, era atacado.
Este momento le llega tarde o temprano a cada Santo de los Últimos Días. El día de la fe pueril y la confianza a ciegas en la palabra de otros, se esfuma y por fin tiene que ser reemplazada por la convicción personal, a fin de que sobreviva nuestra fe en el evangelio restaurado de Jesucristo. Heber C, Kimball, consejero del presidente Brigham Young, predijo el día en que la Iglesia sería atacada en asuntos sociales y aun en su doctrina fundamental, Dirigiéndose a los miembros individuales de la Iglesia dijo:
. «.. . A fin de hacerle frente a las dificultades que se aproximan, será necesario que obtengáis por vosotros mismos un conocimiento de la veracidad de esta obra. Dichas dificultades serán de tal naturaleza que el hombre o mujer que no posea su conocimiento o testimonio personal caerá.
. . . El tiempo se acerca en que no habrá hombre ni mujer que pueda perseverar con luz prestada. Cada uno de vosotros tendrá que ser guiado por la luz interior. Si no la poseéis, ¿cómo podréis perseverar?» (Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, página 450).
Parece haber un retorno mundial al pensamiento acerca de Dios, lo cual es el reverso de la farsa de que «Dios está muerto», que fue tan popular hace algunos años. Por tradición en la Iglesia, los bautismos de adolescentes y jóvenes adultos han sido más numerosos que los de cualquier otro grupo. Últimamente esta práctica ha sido aún más pronunciada, En algunos casos, los nuevos conversos saben más acerca de la Iglesia y desarrollan testimonios más fuertes que muchos jóvenes miembros que han estado dentro de ella toda su vida y que parecen pasar por alto aquello que debería ser un factor de importancia mayor en su vida.
Un testimonio firme y perseverante de esta gran obra de los últimos días no está reservado para vuestro obispado y un grupo selecto de sumos sacerdotes del barrio. Un testimonio de la verdad es un don gratuito de Dios para todo aquel que esté dispuesto a atravesar el proceso de la edificación de un testimonio. Un joven de 14 años de edad fue seleccionado para introducir esta dispensación por muchas razones buenas y suficientes: su mente no estaba totalmente establecida; era dócil; era joven y crédulo; no estaba demasiado alejado de la fe de su niñez, una fe que muy frecuentemente se deja atrás, por una vida de escepticismo y duda. En mi opinión, una mente y un corazón jóvenes pueden ser el campo más fértil para que las semillas del testimonio se arraiguen y crezcan,
La búsqueda de la persona en procura de un testimonio puede principiar de veras únicamente si convierte en asuntos de interés vital los hechos de que si la historia de José Smith sea o no verdadera, que el Libro de Mormón sea inspirado, que ésta sea o no una Iglesia dirigida por un profeta. Únicamente de esta manera puede una persona estar realmente lista para la noble conquista de la luz y la verdad; pero la adquisición y el mantenimiento de un testimonio requiere un esfuerzo. Sin un fuerte deseo, sin el estudio y sin la autodisciplina para vivir dignamente, es probable que las respuestas a sus preguntas nunca lleguen,
Los años de mi adolescencia fueron muy semejantes a los de muchos jóvenes que entrevisto día tras día, Frecuentemente dicen: «Si el Señor siquiera me indicara por seguro, entonces ciertamente estaría dispuesto a dedicar mi vida entera a la obra.» Los testimonios que están edificados en milagros solamente, son a lo más triviales, y únicamente pueden ser perpetuados por otros milagros. Este no es considerado como el mejor proceso eterno para la adquisición de un testimonio que puede soportar las tribulaciones a que hizo referencia Heber C. Kimball.
Aun el presidente David O. McKay pasó por este proceso mental durante su adolescencia. Nos contó que cuando era un muchacho se arrodilló cerca de un arbusto en Huntsvilie, Utah, a fin de saber de una vez por todas acerca de la veracidad de la obra. Permitidme citar las palabras del presidente McKay que nos relata aquella ocasión;
«Me arrodillé, y con todo el fervor de mi corazón, le derramé mi alma a Dios y le pedí un testimonio de este evangelio. Yo pensaba que se llevaría a cabo alguna manifestación; que debería recibir alguna transformación que me dejara absolutamente sin ninguna duda.
«Me puse de pie, monté en el caballo y mientras empezamos el camino de regreso, recuerdo haberme examinado interiormente y mover la cabeza involuntariamente, diciéndome a mí mismo: ‘no señor, no hay ningún cambio; soy el mismo muchacho que era antes de arrodillarme.’ La manifestación anticipada no había llegado . . .
«Sin embargo, llegó, pero no en la manera en que yo lo había supuesto. Recibí aun la manifestación del poder de Dios y la presencia de sus ángeles; pero al hacerlo, fue simplemente una confirmación, no era un testimonio» (Treasures of Life, páginas 229-30).
Con nuestro Padre no hay atajos hacia la vida eterna. El conocimiento y el testimonio deben venir «línea por línea, precepto por precepto» (Doc. y Con. 98:12). El Salvador dijo: «Escudriñad las escrituras»; entonces se refiere a la vida eterna acerca de la cual enseñan las escrituras, y concluye: «. . . ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39).
Un maravilloso hermano a quien admiro mucho, especialmente por su conocimiento de las escrituras, estaba un día hablando acerca del Libro de Mormón. Alguien le preguntó cómo podría una persona jamás obtener tanta facilidad con las escrituras como la que él poseía.
Su respuesta fue clásica: «Es muy sencillo,» explicó. «Empiezas por la primera página, das vuelta a la segunda,’ y así sucesivamente.» Pocos de nosotros estamos dispuestos a empezar por la primera página. Permitidme recalcar que no hay atajos hacia la vida eterna. Para aprender los principios del evangelio, empezamos por la primera página y continuamos con la segunda y, ojalá, hacia un conocimiento perfecto.
Respecto a los principios que aprendemos, necesitamos recordar que el evangelio de Jesucristo nunca cambia. Como sabéis, el hombre está continuamente tratando de justificar las escrituras, acomodándolas a una conveniencia inmediata o quizás para afrontar una temporal, pero en la revelación moderna, el Señor dice: «Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos .. . Lo que yo, el Señor, he hablado, he dicho, y no me excuso.» Concluye con una observación que todo joven Santo de los Últimos Días debe tomar como guía: «. . . sea por mí propia voz, o por la voz de mis siervos, es lo mismo» (Doc. y Con. 1:37-38). ¿No es una fuente de aliento saber que tenemos acceso a la dirección diaria de los profetas vivientes?
«Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta» (Juan 7:16-17).
Cuando un misionero llega al campo misional, puede encontrar gozo y éxito únicamente si decide trabajar arduamente. Los jóvenes de todo el mundo están tratando de experimentar «felicidad» de una forma u otra. Recientemente vi a un grupo de estudiantes de secundaria que experimentaba tal felicidad al trabajar en un proyecto especial con algunos empleados Imposibilitados en una de las plantas de Industrias Deseret. Uno de estos jóvenes dijo: «Nunca volveré a ser el mismo.»
Durante sus vacaciones de verano, un grupo de diáconos decidió poner todos sus esfuerzos ofreciéndose como voluntarios en la construcción de su nueva capilla. Todavía se refieren a la misma como nuestro edificio. Una clase de jovencitas Laureles de Salt Lake City, seleccionó un hospital cercano para hacer servicio voluntario durante el verano; donaron- más de 600 horas para otras personas. En una reunión de testimonios efectuada a fines del verano, una de estas jovencitas dijo; «Era como el cielo en la tierra.»
Está también el comité de la juventud del obispo en Logan, Utah, que decidió arreglar la casa de una viuda. Un joven comentó: «Cuando la vi llorar, decidí entonces que por fin había encontrado la llave para la verdadera felicidad.»
Una muchacha comentó: «Nunca había sabido hasta ahora lo que mis maestros querían decir cuando nos hablaban acerca de la ‘religión pura y sin mácula delante de Dios (Santiago 1:37).
Hay cientos de ejemplos similares por toda la Iglesia, cuando los jóvenes de todas partes del mundo obtienen una dulce confirmación de testimonio por el don del Espíritu al hacer su voluntad. Enterarse únicamente de ello no es suficiente; tiene uno que estar activamente involucrado.
«Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, Él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.
«Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de-todas las cosas» (Moroni 10:4-5).
Sólo este pasaje de escritura ha llevado a más gente a obtener un testimonio del Libro de Mormón que cualquier otra súplica o aliento. El ayuno y la oración son los medios usados por todos los profetas que han vivido, para obtener fortaleza espiritual y comunicarse mejor con nuestro Padre. Todos ellos nos han alentado a hacer lo mismo. Todo Santo de los Últimos Días debe obtener un firme testimonio por sí mismo; un conocimiento personal de que Jesús es el Cristo y el Hijo del Dios viviente, que José Smith es el Profeta a través de quien el evangelio ha sido restaurado, y que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es «. . . la única Iglesia verdadera y viviente sobre toda la faz de la tierra. . .» (Doc. y Con. 1:20).
Cualquiera puede adquirir este testimonio siguiendo el procedimiento establecido mediante el cual el Señor lo da. No hay atajos; el deseo de saber es Imperativo; aprender la doctrina es esencial; hacer su voluntad santificará esta enseñanza en vuestro corazón. Orar a menudo abrirá el camino y hará posible todas las cosas por medio de Él, ya que ha dicho: «. . .porque separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).
Sea cada uno de vosotros capaz de perseverar con vuestro propio testimonio, ya que la luz prestada quizás no sea suficiente para afrontar el futuro.

























