Un legado de gratitud

Diciembre de 1977

Un legado de gratitud

Spencer W. Kimballpor el presidente Spencer W. Kimball


Una de las cosas que podemos dar para la Navidad y que ningún otro puede dar por nosotros, es nuestro agradecimiento; y quisiera expresar el mío siquiera a algunas de todas aquellas personas que se han hecho acreedoras a mi gratitud.

Le doy gracia a mi maravillosa esposa y a nuestra familia por el constante apoyo que siempre me han dado a través de los años.

Estoy agradecido por mis leales, capaces y nobles consejeros; por los Doce Apóstoles, por el Patriarca, por el Primer Quorum de los Setenta quienes son testigos especiales del Salvador del mundo. Mi agradecimiento se extiende también al Obispado Presidente, que socorre al pobre y al necesitado para cumplir con una parte de su mayordomía temporal.

Estoy agradecido por los miembros de la Iglesia y a ellos expreso mi gratitud por su bondad y generosidad.

Estoy agradecido por el profeta José Smith, quien nació muchos años atrás en este mismo mes. No necesitamos que el mundo nos diga cuán admirable fue el Profeta, pero es interesante destacar lo que dijo León Tolstoi, el famoso escritor ruso, acerca de la religión organizada por el profeta José Smith bajo la dirección del Señor Jesucristo.

“La gente mormona enseña. . . no sólo acerca del cielo y sus glorias consiguientes, sino la forma en que deben vivir para que sus relaciones sociales y económicas de los unos para con los otros estén fundadas sobre una base sana. Si la gente observa las enseñanzas de esta iglesia, nada puede estorbar su progreso: no tendrá límites. En lo pasado se han iniciado grandes movimientos, pero han fenecido o sufrido modificaciones antes de alcanzar la madurez. Si el mormonismo puede perdurar, sin variación, hasta llegar a la tercera y cuarta generación, está destinado a convertirse en la fuerza más potente que el mundo, jamás ha conocido,” (Una obra maravillosa y un prodigio, por el élder LeGrand Richards, pág. 402.)

También estoy agradecido por el progreso del reino. Tenemos el número más grande de misioneros regulares—cerca de 26.000—-que jamás hayamos tenido en toda la historia de la Iglesia. Y es un pensamiento tan apropiado y reconfortante en la época de la Navidad, saber que hay tantos hombres y mujeres maravillosos en el mundo compartiendo las buenas nuevas al anunciar, no sólo que Jesús ha nacido, sino que Él vive y dirige su Iglesia y Su reino.

Las buenas nuevas del evangelio están trayendo al reino a cientos de miles de hijos de Dios, quienes reconocen la misión divina de Jesucristo, en cuya persona está centrada esta época de la Navidad.

También da satisfacción ver las generosas contribuciones de los santos en forma de ofrendas de ayuno para asistir al pobre y al necesitado. Constantemente los santos se preocupan de que no se descuide al pobre y al necesitado que pudiera haber entre nosotros, y lo están haciendo en la manera del Señor.

Otro motivo de gran satisfacción es ver la gran cantidad de nuestros jóvenes que se casan en el templo por esta vida y por la eternidad.

El número de casamientos en el templo ha llegado a su nivel más alto en lo que va de este siglo.

También ha aumentado el porcentaje de miembros que asisten a la reunión sacramental para oír los mensajes y la doctrina de Salvador.

Por eso, mis hermanos, esto es más que suficiente para estar agradecidos, y doy gracias a nuestro Padre Celestial y a todos vosotros. Este es un tiempo que examinamos nuestras bendiciones y nos preparamos para el nuevo año, para el cual debemos tomar nuevas determinaciones y establecer nuevas metas personales. Este inventario parcial de nuestras bendiciones colectivas debe ayudarnos a ser más agradecidos y resueltos que nunca. Por favor, haced esto con vuestras familias; contad con ellas tas bendiciones y expresad gratitud a vuestros compañeros eternos, a vuestros hijos y a vuestros padres por todo lo que hacen.

En medio de todo esto, hermanos, al vivir en una forma que podamos ser más aceptables ante la vista del Señor, no debe sorprendernos si el mundo nos rechaza o si sus caminos nos parecen cada vez más y más extraños. El evangelio no solamente nos ofrece la esperanza de la vida eterna, sino que nos provee todo un camino de vida en la mortalidad. Considerando que tantas personas en el mundo ven la muerte como el fin y la pérdida de toda esperanza, testificamos de la realidad de la resurrección.

Así como la inmortalidad y la vida eterna están en agudo contraste con la falta de propósito de la vida mundanal, también el camino de una vida justa está en marcado contraste con los caminos del mundo. Asegurémonos de que haya aceite en nuestras lámparas. Vivamos de modo tal, que podamos tener el don del Espíritu Santo obrando constantemente en nuestra vida.

También recordemos que la grandeza no siempre es una cuestión de la posición que uno ocupe en la escala de la vida, sino de la calidad de nuestra vida interior. La verdadera grandeza no siempre está conectada con la esfera de acción de nuestro trabajo, sino con la calidad que se logra llevando a cabo nuestras tareas, cualesquiera que éstas sean. Con esta actitud, demos nuestro tiempo, nosotros mismos y nuestros talentos a aquello que es realmente importante hoy o siempre, que dentro de miles de años continuará siendo importante.

Aun cuando a veces los acontecimientos y circunstancias que ocurren en el mundo sean desalentadores, nuestra responsabilidad constante es la de ser animosos, no solamente en la época de la Navidad, sino siempre.

El Señor nos aconseja a menudo que debemos tener gozo en nuestra vida.

“Y ahora, de cierto os digo, y lo que digo a uno lo digo a todos, animaos, hijos pequeños, porque estoy entre vosotros y no os he abandonado.” (D. y C. 61:36.)

“Animaos, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé; y testificaréis de mí, aun Jesucristo, que soy el Hijo del Dios viviente: que fui, que soy, y que he de venir.” (D, y C. 68:6.)

El Señor estará en medio de nosotros, nos defenderá y nos guiará.

Con alegría nos reunimos a la humanidad, que celebra en estos días el nacimiento de Jesús, aun cuando sabemos que su nacimiento realmente tuvo lugar en primavera. La primavera es el símbolo de la esperanza que siempre viene con una nueva vida.

Miembros de la Iglesia, mientras os reunís con otros para celebrar esta Navidad, no os limitéis a aceptar la realidad del nacimiento de Jesús, sino que debéis aceptar también la realidad de su resurrección. Sabemos que lo que Cristo realizó, no terminó en la cruz sobre el Calvario, sino que continuó hasta la resurrección. No se puede ser un verdadero cristiano sin creer en estas cosas.

Mientras algunas personas consideran como lo más importante el sufrimiento y la muerte de Jesús y lo convierten en el punto central de sus creencias, nosotros sabemos que los propósitos de Dios no se frustraron con ello, sino que se llevaron a cabo. Sabemos que la Ascensión desde el Monte de los Olivos fue tan real como el nacimiento en Belén. También sabemos que Cristo volverá, y en contraste con su primera venida, cuando nació como un niño humilde en un establo, llegará con gran poder y majestad.

Por lo tanto, mientras contemplamos el intercambio de regalos, ahora y en todas las épocas, recordaremos que nuestro Padre Celestial nos ha dado el más grande de todos los regalos.

“Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios.” (D. y C. 14:7.)

Que el Señor nos bendiga para que podamos ser más agradecidos por este gran don que Él nos da, y dar testimonio de nuestra gratitud, dándonos por entero a Su obra a fin de que se cumpla Su voluntad,

“Sígueme”, dijo el Salvador, Y nosotros sabemos que no es imposible seguirle. Cada uno de nosotros puede viajar por los caminos que Él viajó; para recorrerlos hizo un paso a la vez, una jornada a la vez. Vosotros podéis caminar desde Jerusalén a Nazaret; desde Nazaret hasta el Mar de Galilea: podéis seguir a Jesús, José y María hasta Egipto; podéis caminar hasta el Monte de la Transfiguración e ir y volver de Jerusalén a Belén, al Mar Muerto, Betania, al río Jordán; podéis hacer todo esto. Pero esto no es lo que El espera cuando nos invita a seguirle, sino que quiere significar que sigamos sus enseñanzas y su ejemplo. Cualquiera que tenga salud puede caminar esas distancias y subir esas montañas, y vadear esas corrientes de agua, Pero es otra, cosa bastante diferente “ser así como yo soy” (3 Nefi 27:27), como dijo Jesús a los nefitas.

Que el Señor os bendiga y que la paz sea con vosotros en esta alegre y feliz época de la Navidad.

“He aquí, soy Jesucristo, dijo El, “el Hijo de Dios. Yo crié los cielos y la tierra, y todas las cosas que en ellos hay. Fui con el Padre desde el principio. Yo soy en el Padre, y el Padre en mí; y en mí ha glorificado el Padre su nombre.

Vine a los míos, y los míos no me recibieron. Y las Escrituras relativas a mi venida se han cumplido.

Yo soy la luz y la vida del mundo. Soy Alfa y Omega, el principio y el fin.

Por tanto, al que se arrepintiere y viniere a mí como un niño, lo recibiré, porque de los tales es el reino de Dios. He aquí, por éstos he dado mi vida, y la he vuelto a tomar: así pues, arrepentíos y venid a mí, vosotros, los extremos de la tierra, y salvaos.” (3 Nefi 9:15-16, 18, 22.)

Yo sé que Dios vive, que Jesús es el Cristo, y que el evangelio contiene la verdad divina de todos los tiempos. Y expreso este testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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