No os desesperéis

Conferencia General Octubre 1974

No os desesperéis

Por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce


Humildemente y agradecido me aproximo a esta responsabilidad sagrada. Es mi esperanza y mi oración que lo que estoy a punto de deciros, os sea de ayuda, tanto física como espiritual en los difíciles días que tenemos por delante.

Vivimos en una época cuando, según el Señor predijo, el corazón de los hombres les está fallando, no sólo físicamente sino en espíritu. (D. y C. 45:26.) Muchos están rindiéndose en la batalla de la vida. El suicidio es la causa más frecuente de muerte entre los estudiantes de colegio. Ya que el enfrentamiento final entre el bien y el mal se aproxima junto con las pruebas y tribulaciones, el desaliento, el desánimo y la depresión.

De todo el pueblo, nosotros como santos de los Últimos Días, debemos ser los más optimistas, porque mientras nosotros sabemos que «se quitará la paz de la tierra y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio» —se nos ha asegurado que— «también el Señor tendrá poder sobre sus santos y reinará entre ellos» (D. y C. 1 :35-36).

Con la seguridad de que la Iglesia permanecerá intacta bajo la dirección de Dios, a través de estos tiempos difíciles que están por venir, es nuestra responsabilidad personal ver que cada uno de nosotros permanezcamos fiel a la Iglesia y a sus enseñanzas. «Mas el que permaneciere firme y no fuere vencido, ése se salvará» (José Smith 1:11). Para ayudarnos a no ser vencidos por los designios del diablo, de desesperación, desánimo, depresión y desaliento, el Señor ha provisto cuando menos una docena de sendas que si las seguimos, elevarán nuestro espíritu y nos enviarán gozosos por nuestro camino.

El primero: arrepentimiento. En el Libro de Mormón leemos: «la desesperación viene por causa de la iniquidad» (Moroni 10:22). «Cuando hago el bien, me siento bien» —dijo Abraham Lincoln— «y cuando hago mal, me siento mal». El pecado jala al hombre haciéndolo caer en la desesperación y el desaliento. Mientras el hombre puede tomar algún efímero placer en el pecado, al final resulta en infelicidad. «La maldad nunca fue felicidad» (Alma 41:10). El pecado crea una falta de armonía con Dios y deprime al espíritu. Por tanto un hombre haría bien examinándose a sí mismo para asegurarse de que está en armonía con todas las leyes de Dios. Cada ley cumplida trae una bendición particular, pero cada ley quebrantada trae consigo una consecuencia particular también. Aquellos que están sobrecargados con desesperación, deben venir al Señor, porque su yugo es fácil y ligera su carga. (Mateo 11 :28-30.)

Segundo: oración. La oración en la hora de necesidad es un gran alivio. Desde las pruebas simples hasta nuestros getsemaníes, la oración puede ponernos en contacto con Dios, nuestra gran fuente de consuelo y consejo.

«Ora siempre para que salgas vencedor» (D. y C. 10:5). Oremos, continuamente «…esforzándome con todo mi aliento para pedirle a Dios que me librara . . .»es como el joven José Smith describe el método que él usó en la Arboleda Sagrada para evitar que el adversario (o destruyera (José Smith 2:16). Esta es también una clave que podemos usar para evitar que la depresión nos destruya.

Tercero: Servicio. El perderse en el justo servicio hacia los demás, elevará los puntos de vista y dejará los problemas personales fuera de la mente o los reducirá a su propia dimensión.

«Cuando os encontréis algo melancólicos», dijo el presidente Lorenzo Snow, «ved a vuestro alrededor y encontraréis a alguien que está en una situación peor que la vuestra; acercaos a él, enteraos de cuál es su problema y trata de resolverlo con la sabiduría que el Señor ha conferido sobre vosotros; y la primera cosa que notaréis es que vuestra tristeza ha desaparecido y os sentiréis ligeros, el Espíritu del Señor estará sobre vosotros y todo os parecerá iluminado’ (Conference Report 6 Abril 1899 págs. 2-3).

Una mujer cuya vida está envuelta en la justa crianza de sus hijos tiene mejor oportunidad de mantener en alto su espíritu, que otra mujer cuya preocupación total esté concentrada en sus propios problemas personales.

Cuarto: trabajo. La tierra fue maldecida a causa de Adán. El trabajo es nuestra bendición, no nuestro castigo. Dios tiene un trabajo que hacer, y así lo debemos tener nosotros. El retiro del trabajo ha deprimido a muchos hombres y apresurado su muerte. Se ha dicho que aun los demonios tejen cuerdas de arena, antes que encararse con el infierno de la ociosidad. Nosotros debemos preocuparnos por cuidar de nuestras necesidades espirituales, mentales, sociales y físicas, así como de las de aquellos que están a nuestro cuidado para ayudarlos. En la Iglesia de Jesucristo hay gran cantidad de trabajo que hacer para llevar adelante el reino de Dios. Cada miembro un misionero, la genealogía de la familia y la obra del templo, las noches de hogar, recibir una asignación en la Iglesia y magnificarla, son sólo unas pocas de las labores que se nos requieren.

Quinto: salud. Las condiciones del cuerpo físico pueden afectar el espíritu. Es por esto que el Señor nos dio la Palabra de Sabiduría. El también dijo que nos retiráramos a la cama temprano y nos levantáramos también temprano (D. y C. 88:124.1, que no debemos correr más aprisa de lo que nos permitan nuestras fuerzas (Véase D. y C. 10:4.) y que debemos emplear con moderación todas las cosas buenas. En general, la mayor cantidad de alimentos que comamos en su estado natural y la menor cantidad de los que están refinados y tienen aditivos, será lo más saludable para nosotros, El alimento puede afectar la mente, porque las deficiencias de ciertos elementos en el cuerpo pueden provocar depresión mental. Un buen examen físico periódicamente, es una salvaguarda y puede descubrir problemas capaces de remediarse a tiempo. El descanso y el ejercicio físico son esenciales, y un paseo al aire fresco puede refrescar el espíritu. La sana recreación es parte de nuestra religión, un cambio de ritmo es necesario y aun la anticipación de ella puede elevar el espíritu.

Sexto: lectura. Muchos hombres, en sus horas de prueba se han vuelto hacia el Libro de Mormón, y han sido iluminados, vivificados y reconfortados. Los Salmos en el Antiguo Testamento son un alimento especial para el alma del afligido por la desgracia. En nuestros días somos bendecidos con las Doctrinas y Convenios, la revelación moderna. Las palabras de los profetas, especialmente del presidente viviente de la Iglesia, son lecturas cruciales y pueden darnos dirección y reconfortarnos en una hora de desaliento.

Séptimo: bendiciones. En un tiempo particularmente tenso o en la anticipación de un suceso crítico, uno puede pedir una bendición del sacerdocio. Aun el profeta José Smith solicitó y recibió una bendición de las manos de Brigham Young y recibió solaz e instrucciones para su alma. Padres, vivid de tal manera que podáis bendecir a vuestras propias esposas e hijos. El recibir y luego meditar consistentemente y con oración nuestra bendición patriarcal, la cual puede darnos una percepción exacta de la naturaleza de las cosas, es de gran ayuda, particularmente en horas de necesidad. El sacramento «bendecirá… las almas» (D. y C. 20:77, 79), de todos aquellos que dignamente participan de él y como tal, debe ser tomado con frecuencia, aun por los encamados.

Octavo: ayuno. Cierta clase de malos espíritus no pueden echarse fuera si no con ayuno y oración, según las escrituras. (Mateo 17:21.) El ayuno periódico puede ayudar a aclarar la mente y fortalecer el cuerpo y el espíritu. El ayuno mensual en el que se nos pide participar el domingo de ayuno, es por veinticuatro horas sin comida ni bebida. Algunas personas, sienten necesidad de prolongar el ayuno por más tiempo, absteniéndose de comida, pero tomando los líquidos necesarios. Hay que emplear sabiduría en el ayuno el cual puede terminarse con una ligera comida. Para hacer un ayuno más fructífero, debe ser acompañado de oración y meditación; el trabajo físico debe reducirse a un mínimo, y esto es una bendición sí uno medita sobre las Escrituras y la razón del ayuno.

Noveno: amigos. La amistad de verdaderos amigos, que pueden escucharnos, compartir nuestros gozos, ayudarnos a llevar nuestras cargas y aconsejarnos correctamente, es inapreciable. Para alguien que ha estado en la prisión de la depresión, las palabras del profeta José Smith tienen un significado especial cuando declaró: «Cuán dulce es el son de la voz de un amigo. Una señal de amistad, de dondequiera que proviniere, despierta y activa todo sentimiento de simpatía» (Enseñanzas del profeta losé Smith, página 158).

Idealmente todos los de vuestra familia deben ser vuestros mejores amigos. Pero aún lo más importante es que, debemos buscar la manera de llegar a ser amigos de nuestro Padre Celestial y de nuestro hermano y Señor Jesucristo. ¡Qué dicha es estar en compañía de aquellos que nos edifican! Para tener amigos, uno debe ser amistoso. La amistad debe empezar en el hogar y de ahí extenderse para incluir al maestro orientador, al director de nuestro quórum, al obispo y a otros dirigentes y maestros de la Iglesia. Reunirse frecuentemente con los santos y gozar de su compañerismo puede mantener a flote el corazón.

Décimo: música. La música inspiradora puede llenar nuestra alma con pensamientos celestiales, impulsarnos a la acción justa o tranquilizar el alma. Cuando Saúl estuvo atormentado por un mal espíritu, David tocó para él su arpa y Saúl tuvo alivio y el mal espíritu salió. (1 Samuel 1 6:23.) El élder Boyd K, Packer ha sugerido sabiamente memorizar algunos de los inspiradores himnos de Sión y luego, cuando la mente esté afligida con tentaciones, cantarlos a toda voz, para tener ante nuestra mente las palabras inspiradoras y así desechar los malos pensamientos. (Ensign, enero de 1 924, pág. 28.) Esto podría hacerse también para echar fuera los pensamientos depresivos y debilitantes.

Undécimo: perseverancia. Cuando George A. Smith estaba muy enfermo, fue visitado por su primo el profeta José Smith. El hombre afligido reportó:

«El (el Profeta) me dijo que nunca debía desanimarme con cualquier dificultad que pudiera rodearme. Si yo estuviera hundido en el más profundo pozo en Nueva Escocia, con todas las Montañas Rocosas amontonadas sobre mí, yo no debía desanimarme sino sostenerme, ejercitar mi fe, mantener el valor y así yo podría salir por la cima del montón» (George A. Smith Family, compilación de Zora Smith Jarvis, Provo, Utah. Brigham Young University Press, 1962, pág. 54).

Hay tiempos en que simplemente tenemos que mantenernos en justicia y durar así hasta que el espíritu depresivo del demonio nos abandone. Como el Señor dijo al profeta José Smith: «tu adversidad y tus aflicciones no serán más que un momento; y entonces, si lo sobrellevas debidamente, Dios te ensalzará» (D. y C. 121:7-8).

Si seguimos luchando en nobles empresas, aun cuando estemos rodeados de una nube de depresión, con el tiempo la luz del sol brillará de nuevo para nosotros. Aun nuestro Maestro Jesús el Cristo, mientras afrontaba esa tremenda prueba de sentirse abandonado temporalmente por nuestro Padre durante la crucifixión, continuó efectuando su obra por los hijos de los hombres y poco después El fue glorificado y recibió plenitud de gozo. Mientras vosotros estáis pasando vuestra prueba, podéis pensar en vuestras pasadas victorias y contar vuestras bendiciones, con una esperanza segura de que después vendrán bendiciones más grandes aún, si seguís siendo fieles. Y podéis tener el conocimiento cierto de que a su debido tiempo Dios enjugará toda lágrima y que el «ojo no vio ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre. . . [las cosas] que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Corintios 2:9).

Y duodécimo: objetivos. Todo hijo de Dios responsable, necesita establecer objetivos a corta y a larga distancia. Un hombre que está siendo impulsado para lograr objetivos dignos, pronto puede poner el desaliento bajo sus pies, y una vez que un objetivo ha sido alcanzado, deben establecerse otros de inmediato. Algunos pueden ser objetivos permanentes.

Cada semana cuando participamos de la Santa Cena nos comprometemos a los objetivos de tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, de recordarle siempre y guardar sus mandamientos. De la preparación de Jesús para su misión, la escritura asegura que «crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52). Esto abarca cuatro áreas principales como objetivos: espiritual, mental, físico y social.

«Por lo tanto, ¿Qué clase de hombres debéis de ser? preguntó el Maestro, y él mismo contestó. En verdad os digo. debéis de ser así como yo soy» (3 Nefi 27:27). Ahora, he aquí un objetivo para toda la vida, caminar sobre sus pasos, seguir sus huellas para perfeccionarnos nosotros mismos en cada virtud como El lo ha hecho; buscar su rostro y trabajar para hacer de nuestro llamamiento una elección segura.

«Hermanos —dijo Pablo— . . . pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14).

Dejad que vuestra mente se llene con el objetivo de ser como el Señor, y así podréis desechar los pensamientos deprimentes, mientras tratáis ansiosamente de conocerlo y hacer su voluntad.

«Haya, pues, en vosotros este sentir» dijo Pablo (Filipenses 2:5). «Diríjase hacia mí todo pensamiento» dijo Jesús (D. y C. 6:36). ¿Y qué seguirá si lo hacemos así? «Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera» (Isaías 26:3).

«La salvación —dijo el profeta José Smith— no es ni más ni menos que triunfar de todos nuestros enemigos y ponerlos bajo nuestros pies» (Enseñanzas del Profeta losé Smith, pág. 361). Nosotros podemos levantarnos por encima de los enemigos, la desesperación, la depresión, el desánimo, el desaliento, al recordar que Dios provee justas alternativas, algunas de las cuales ya mencionamos. Como se establece en la Biblia: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13).

Sí, la vida es una prueba o una probación; y quizá estando fuera de nuestro hogar celestial algunas veces sentimos, como los santos hombres en el pasado posiblemente lo sintieron, que: «eran extranjeros y peregrinos en la tierra» (D. y C. 45:1 3).

Algunos de ustedes recordarán en aquel gran libro Pelgrim’s Progress, (El progreso del peregrino), por John Bunyan, que el personaje principal conocido como Cristian estaba tratando de avanzar para ganar su entrada a la ciudad celestial. Alcanzó su objetivo, pero a fin de lograrlo, tuvo que vencer muchos obstáculos, uno de ellos fue escapar del Gigante Desesperación.

Para levantar nuestros espíritus y seguir gozosos nuestro camino, hay que derrotar los designios del diablo, de desesperación, desánimo, depresión y desaliento, lo cual puede hacerse en una docena de maneras: arrepentimiento, oración, servicio, obras, salud, lecturas, bendiciones, ayuno, amistad, música, perseverancia y objetivos.

Podremos usar todos ellos en los días de tribulación que están por venir, de modo que nosotros los cristianos peregrinos podamos tener aquí mayor felicidad e ir a una plenitud de gozo en los más altos dominios del reino celestial, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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2 respuestas a No os desesperéis

  1. Beatriz dijo:

    Exelente discurso, todavía lo leo en esta epoca del 2022, y sigue siendo inspirado y me ha ayudado en mi vida.
    Deseo de todo corazon que los profetas y Apóstoles de hoy en dia sean inspirados en hablar de estos temas, como la noche de hogar, los consejos de familia, con claridad y firmeza. Pienso que hoy dia hay demasiada livertad en 3l Albedrio, si ya el Albedrio lo elwgimos cuando decidimos bautizarnos. Creo con toda mi ignorancia, que se le ha dado mucho contentamiento a algunos miembros y no mibros que han owrseguido la iglesia por el albedrio, lad conferencias de la mujer, las conferencias del Sacerdocio y ahora, hermanas desempeñan algunos oficios en templo y eso si esta un poco problematico, por como visten para asistir a un bautismo por los antepasados, hermanas obreras que dejan pasar a personas en el templo sin pedir su recomendacion. Ete. Todos estos cambiss han sido por la persec8usion y lucha de algunas mujeres encontra del oficio y ordenanzas que se ejersen en por medio de la Autoridad del Sacerdocio.
    No por estos motivos dejare de creer en mi Salvador y Mi amado Padre Celestial.
    Deseo tengan encuenta estos comentarios de una humilde y seguidora de Cristo el Redentor.

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  2. Anónimo dijo:

    gracias Dios mio por encontrar este discurso. me ha ayudado a mi vida. sigue tan vigente en estos tiempos. no cabe duda los mensajes son ternos .

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