Cómo encarar el regreso anticipado de la misión

Julio 2016
Cómo encarar el regreso anticipado de la misión
Por Jenny Rollings
La autora vive en Utah, EE. UU.

El hecho de tener que regresar antes de terminar la misión, aunque sea por razones de salud, puede ser una experiencia desoladora. Lo fue para mí. Pero puedes hacer que sea un paso hacia adelante y no un paso hacia atrás.

Mi padre estaba en viaje de negocios, de modo que la única persona que me recibió cuando salí cojeando del avión al volver de la misión fue mi madre; ella me recibió en sus brazos y lloramos juntas.

sister-missionary-returning-homeMe sometieron a todos los exámenes y análisis posibles, pero los médicos no pudieron descubrir cuál era el problema. El tener que quitarme la placa de misionera nueve meses antes de lo anticipado fue la cosa más difícil que he hecho hasta el momento; me sentí fracasada por no haber finalizado la misión.

Resuelta a ser misionera

Siempre había tenido planes de servir en una misión. Cuando mi hermano mayor se fue a la misión, para despedirlo, me puse una placa hecha en casa con mi nombre. En 2012, cuando se anunció el cambio en la edad para servir en una misión, acababa de cumplir diecinueve años y sentí que el anuncio era una respuesta a mis oraciones; me puse a bailar alrededor del cuarto, llené todos los papeles ese día, concerté las citas médicas y presenté mis papeles en el curso de la semana. Dos semanas después recibí el llamamiento para la Misión California Anaheim, y a los dos meses me presenté en el Centro de Capacitación Misional.

Llegué a la misión rebosante del fervor típico de un nuevo misionero y nunca quise aminorar la marcha; mi compañera entrenadora y yo literalmente corríamos a presentar algunas de las lecciones debido al gran entusiasmo que teníamos por enseñar. Para mí, el ser misionera de tiempo completo era la cosa más natural del mundo; a veces era un poco torpe y tenía dificultades, pero no había nada más extraordinario que ser misionera.

Cuando hacía unos ocho meses que estaba en la misión, a mis compañeras y a mí nos dieron bicicletas porque había pocos autos disponibles. Hacía mucho tiempo que no andaba en bicicleta y no estaba segura de cómo hacerlo usando falda, pero igual estaba contenta. Después de unas pocas semanas, empecé a sentir un dolor en el costado que iba y venía; no le di importancia y continué trabajando.

El dolor empezó a ser más frecuente y más intenso, hasta que una noche mi compañera tuvo que llevarme a la sala de emergencias. Me hicieron muchos exámenes, pero los médicos no pudieron encontrar la causa.

Durante las semanas siguientes, oré pidiendo al Padre Celestial que me quitara el dolor y recibí varias bendiciones de salud; no obstante, empeoré; en cualquier posición en que me pusiera sentía dolor, y era constante. A pesar de eso, decidí que me acostumbraría a sentirlo y seguí adelante.

Un día me desplomé junto a la calle y ya no pude moverme. Otra vez me llevaron al hospital para hacerme exámenes que, de nuevo, no indicaron la causa. Traté de no hacer mucho esfuerzo físico; me sentaba en el banco de las paradas de autobuses con mis compañeras y predicábamos a la gente que estaba esperando. Durante las lecciones, me mordía los labios para aguantar el dolor. Al final, me exigí demasiado y otra vez terminé en el hospital; entonces me di cuenta de que, si continuaba en la misión, era posible que me causara un daño permanente. Después de mucho orar, recibí la respuesta de que debía volver a casa y tratar de resolver mis trastornos de salud.

Un paso hacia adelante

young-adult-studying-scriptures-with-familyAl darme cuenta de que mi regreso era definitivo, me sentí desolada; pero me esforcé al máximo por mantener la fe y continuar el estudio de las Escrituras. Mi familia afrontó bien la situación, pero las demás personas que me rodeaban no sabían cómo actuar; me hacían preguntas continuamente, y se me hacía muy difícil contener mis emociones. Un día recibí una llamada telefónica inesperada de un hermano que me contó que, hacía mucho tiempo, su hijo había tenido que regresar de la misión anticipadamente. Me dijo que esa prueba tenía el potencial de destruir mi fe y mi felicidad, y que eso sucedía con frecuencia con misioneros que volvían de su misión sin haberla terminado. “Lo que tienes que recordar”, me explicó, “es que, mientras trates con todas tus fuerzas de vivir con rectitud, siempre será un paso hacia adelante, pase lo que pase fuera de tu control”.

Esa idea se convirtió en mi lema y me aferré fuertemente a ella durante todo el año siguiente. Pasé ocho meses en los que apenas podía caminar, pero, aun así, había personas que me juzgaban al enterarse de que había regresado de la misión antes de tiempo; decían que había personas en peor estado de salud que habían terminado su servicio misional y no entendían por qué yo no había podido hacerlo, aunque estuviera enferma. Era muy angustioso para mí oír eso, ya que me había encantado servir; pero ponía mi fe en que el Padre Celestial tenía un propósito al darme esa prueba y que iba a ser un paso hacia adelante.

Empecé otra vez a asistir a la universidad y a salir con muchachos. Me daba cuenta de que estaba progresando, aunque sentía que siempre iba a contemplar la misión con un poco de amargura. Un día, una amiga me recordó que la expiación del Salvador tiene poder para sanar todo sufrimiento y amargura y que, con Su ayuda, me sería posible sentirme feliz cuando pensara en la misión.

Me arrodillé y oré a mi Padre Celestial; le hablé del dolor que sentía y de mis esfuerzos por sanar y recibir consuelo, y le supliqué que me quitara la amargura que sentía. Después de mi oración, el Señor me abrió los ojos para que viera mi misión desde Su perspectiva: tanto el servicio que presté como mi regreso anticipado eran parte de Su plan para que yo llegara a ser la persona que Él quería que fuera. Pude ver los milagros que Él había efectuado desde que había regresado a casa. Ha sido un camino arduo, pero ahora puedo contemplar mi regreso antes de tiempo en paz, y sé que Dios quiere lo mejor para mí.

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Es difícil regresar, pero, con empeño, puedes hacer que tu regreso anticipado sea un paso hacia adelante honorable y útil. Estas son algunas de las cosas que me ayudaron:

Venir a Cristo. Sea cual sea el motivo por el cual tuvieron que regresar antes, Cristo puede ayudarles a resolverlo. Su expiación no es solo para arrepentimiento; es también para recibir consuelo, comprensión y para sanar.

Recuerden que puede ser un paso hacia adelante. Mientras vivan de forma digna de tener la compañía del Espíritu y se esfuercen por hacer todo lo posible, lo que parecen piedras de tropiezo pueden ser escalones hacia el progreso.

Conserven el hábito de estudiar las Escrituras. Dios habla mediante el Espíritu Santo, al que accedemos, entre otros medios, por medio del estudio serio de las Escrituras y el aplicarlas en nuestra vida diaria. Tal vez descubran que Dios tiene capítulos enteros escritos con el solo propósito de darles consuelo.

Manténganse ocupados. La transición de un estilo de vida misional reglamentado y ocupado a no tener nada que hacer puede implicar mucho tiempo libre para lamentarse y sentirse inepto y triste, que es lo que Satanás quiere. Lo que Dios desea es que estén “anhelosamente [consagrados]” a causas buenas (véase D. y C. 58:27), porque eso es lo que contribuirá a que sean felices.

Oren para pedir ayuda. El Padre Celestial está a la espera con bendiciones de consuelo y guía; todo lo que tienen que hacer es pedirlas. Para superar cualquier prueba se necesita la ayuda del Señor.

Concedan a las personas el beneficio de la duda. Es fácil encontrar razones para sentirse ofendido por la gente que, aunque se interese sinceramente por ustedes, no sepa cómo reaccionar ante la situación. Concéntrense en los que los animen y deseen su éxito, y perdonen a los que los juzguen.

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Cuando regresé a casa, me di cuenta de que las personas no sabían cómo tratarme. A continuación sugiero algunas cosas que me hubiese gustado que supieran.

family-walking-togetherNo juzguen. Los que vuelven antes de terminar la misión se encuentran en el proceso de sanar o de reparar algo, ya sea su cuerpo, su mente, su espíritu o incluso un asunto de familia. Sean bondadosos hacia aquellos que estén esforzándose y pasando por momentos difíciles.

No hagan preguntas. Aunque es muy agradable que los demás se interesen, las preguntas inquisitivas son hirientes. Aun cuando tengan buenas intenciones, no interroguen a un misionero que haya vuelto de la misión antes de terminarla; demuéstrenle amor apoyándolo de otras maneras.

Ayúdenlos a mantenerse ocupados. Es difícil cambiar de una vida de orden y actividad en la misión a una de tiempo libre y muchas elecciones en el hogar. Ayúdenlos a encontrar cosas para hacer que sean productivas, entretenidas y edificantes.

Dejen que ellos mismos reciban su propia revelación. El que un misionero decida o no regresar al campo misional queda entre él y el Padre Celestial. Aliéntenlos a buscar la guía divina y confíen en que ellos recibirán sus propias respuestas.

Ofrézcanle su amistad. Es muy probable que para el misionero que debe regresar anticipadamente de la misión, esa sea una de las pruebas más difíciles de la vida; en muchos casos es un gran desafío para su fe. Eso no significa que no puedan ser felices ni progresar; pero necesitan un amigo que los ame incondicionalmente.

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2 Responses to Cómo encarar el regreso anticipado de la misión

  1. Avatar de Hugo Danilo Frez Hugo Danilo Frez dice:

    Con amor y a. nimo!:se. puede saltando las dificultades'»Que coloca el enemigo» pero el proposito del sr. Es otro.

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  2. Avatar de Hugo Frez Hugo Frez dice:

    Bonito Testimonio; de la Hermana.

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