Conferencia General Abril 1985
Esta es la obra del Señor
Élder Waldo P. Call
Del Primer Quórum de los Setenta
La reacción de un miembro del Primer Quórum de los Setenta recién llamado.
Mis queridos hermanos y hermanas, esta es, como dirían los misioneros, una situación «fantabulosa». En esta ocasión quisiera agradecerles a mis padres el buen ejemplo que siempre me dieron. Hubo un momento en mi vida -y supongo que mi madre, que me ha de estar escuchando, nunca lo supo- cuando el amor que yo sabía que ella me tenía fue mi salvación. Una noche me arrodille a orar, tal como ella me había enseñado, ya que estaba a punto de tirar todo lo que tenía Al comenzar a orar, empecé a pensar en ella y en su amor por mí. Al llorar e implorarle al Señor -y esto duró casi toda la noche- me sentí tan agradecido por saber que ella me quería.
Estoy agradecido por mi esposa. A través de los muchos años que hemos estado juntos, he sabido que me ama, y es por motivo de ese amor que he sentido hacia mi familia y el que ellos han sentido hacia mí que me encuentro aquí ahora.
Estoy agradecido por el presidente Kimball. Al cantar el himno «Te damos, Señor, nuestras gracias», mire a un grupo de jóvenes que estaban enfrente de mí, y me imagine que a ellos les hubiera gustado subir a sentarse aquí donde yo me acabo de sentar, al lado del presidente Kimball.
Sé que esta es la obra del Señor. Sé que Él vive; esto lo sé. También sé que estos hombres, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, son profetas y apóstoles, videntes y reveladores, y que si los seguimos, tendremos la vida eterna. Lo digo en el nombre de Jesucristo Amén.
























