Los Antiguos Apóstoles
Por David O. McKay
Introducción
“Los Apóstoles Antiguos” ha sido escrito como parte de una serie de libros de texto preparados para ser usados en las Escuelas Dominicales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su propósito es ofrecer un relato sencillo de los principales acontecimientos en la vida de los apóstoles más importantes de Cristo en la Tierra Santa, con el fin de desarrollar la fe en el corazón de los niños en los principios del Evangelio y en la organización divina de la Iglesia.
Se señalan los rasgos de carácter más destacados de los distintos discípulos, conforme lo permiten las circunstancias presentadas en las lecciones. Estos rasgos deben ser tan enfatizados al presentar la lección a la clase, que los alumnos no solo lleguen a apreciarlos como dignos de elogio e imitación, sino también a comprender que mediante el esfuerzo personal, ellos mismos pueden adquirir esas cualidades. Las acciones virtuosas y honorables son las piedras con las que edificamos la mansión del carácter.
Cada capítulo también está diseñado para enfatizar un objetivo general, el cual debe estar correlacionado con el acontecimiento o acontecimientos relacionados con la personalidad del apóstol y sus compañeros. Ya que es difícil, si no imposible, enseñar moralidad y doctrina sin involucrar a las personas, los maestros sabios recordarán siempre que las personas, escenarios, acciones y conversaciones en esta pequeña obra son únicamente un medio para enseñar verdades y principios de conducta que contribuirán a moldear un carácter semejante al de Dios en sus niños y niñas.
Los esquemas y objetivos sugerentes del apéndice se ofrecen como ayuda y guía para los maestros. Solo se proporcionan algunas aplicaciones sugeridas; sin embargo, no debería impartirse, ni siquiera prepararse, ninguna lección sin que el maestro intente, al menos, idear los medios más eficaces para introducir en la vida diaria de los niños los objetivos e ideales enseñados.
El sincero deseo del autor es que al menos una parte del placer experimentado al escribir estas lecciones pueda ser también experimentado por quienes se preparen para enseñarlas y por quienes las lean, y que sus esfuerzos diligentes, mediante las bendiciones del Señor, les traigan esa paz y satisfacción que provienen del reconocimiento de haber contribuido a formar hombres y mujeres mejores y más eficaces para el día de mañana.
1
Fuentes de Luz
“Ningún hombre ha alcanzado la nobleza verdadera si, en algún grado, no ha sentido que su vida pertenece a su raza, y que lo que Dios le da, se lo imparte para el beneficio del género humano.”
“Si un hombre quiere ser grande, olvide la grandeza y pida la verdad, y hallará ambas cosas.”
“Nada puede hacer a un hombre verdaderamente grande sino el ser verdaderamente bueno y participar de la santidad de Dios.”
La influencia de los grandes hombres
A todos les gusta leer y saber de grandes hombres. A los niños, y aun a los adultos, les agrada conocer cómo los grandes hombres de edades pasadas han mejorado y hecho más feliz el mundo con sus hechos nobles. Y si, después de haber transcurrido muchos años, la gente todavía puede ver cuánto han beneficiado al mundo estos buenos hombres, entonces surgen aspiraciones dignas y nace el deseo de emular las vidas de estos héroes de la antigüedad, pues como el poeta Longfellow lo expresa:
En las vidas de almas nobles se demuestra
Lo sublime que la de uno puede ser,
Y en la arena de los siglos con la nuestra,
Una huella estampamos sin querer.
Toda persona joven, por lo general, escoge a alguien como su ideal. Quizá el ideal se componga de más de una persona; por ejemplo, un hombre puede ser un gran atleta, y el joven querrá ser igual que él; otro puede ser un buen violinista, y el joven tal vez sentirá el deseo de ser músico; otro más puede ser un hábil orador, y el joven desea llegar a ser también un gran orador algún día.
Pero a veces —los niños y también las niñas— toman a hombres malos por ideales. Esto frecuentemente sucede cuando los jovencitos leen malos libros o se juntan con hombres malvados.
¡Cuán infortunado es el joven que, al leer o saber de cierto bandido, siente despertar en su tierno cerebro el deseo de emular a tal malhechor!
¡Cuán infortunado el joven que escoge como su ideal al hombre que fuma, bebe y pasa la vida ociosamente!
De manera que vemos que las vidas de los hombres son para nosotros como señales que indican el camino por entre senderos que conducen a una vida de utilidad y felicidad, o a una de egoísmo y miseria. Es importante, pues, que en la vida, así como en los libros, busquemos el compañerismo de los hombres y mujeres más nobles.
Carlyle, un célebre escritor inglés, dice que si uno se asocia con un gran hombre, sea de la manera que fuere, se beneficiará por esta asociación. “No podemos mirar, por imperfectamente que sea —dice este autor— a un gran hombre sin recibir algún beneficio de él. Es una fuente viviente de luz, cerca de la cual es bueno y agradable estar.”
El secreto de la grandeza
Si estudiamos las vidas de estas personas que han sido “fuentes de luz” al mundo, descubriremos cuando menos una cosa que ha dado fama imperecedera a sus nombres. Es lo siguiente: cada uno ha contribuido con algo de su vida para mejorar el mundo. No dedicaron toda su vida a buscar solamente el placer, la holgazanería y la comodidad, sino que su gozo más grande consistió en traer mayor felicidad a otros.
Todos estos hechos buenos viven para siempre, aunque el mundo jamás sepa de ellos.
El fracaso de algunos
Existe un cuento antiquísimo de un hombre de otro planeta a quien se le permitió visitar la Tierra. Desde la cumbre de una montaña muy alta contempló las ciudades y pueblos del mundo. Millones de hombres, como hormigas, se hallaban sumamente ocupados edificando palacios de diversión y otras cosas que no durarían. Cuando estaba por volver, dijo:
“Toda esta gente se dedica a la construcción de nidos para las aves. Con razón fracasan y se avergüenzan.”
La manera de construir de personas eminentes
Todos los hombres verdaderamente grandes del mundo han construido algo más que “nidos para las aves”. Del profundo anhelo de sus mentes y corazones han sacado joyas de verdad para enriquecer el mundo. Han realizado hechos de amor y sacrificio que han inspirado a millones de seres humanos.
Sufrieron al hacerlo; por cierto, muchos han muerto prematuramente. Pero todos los que de esta manera dieron sus vidas, las salvaron. Lo que hacemos por Dios y por nuestros semejantes vive para siempre; lo que hacemos solamente para nosotros, no puede durar.
Cuando sabemos algo acerca de un gran hombre, deseamos conocer todos los detalles: dónde nació, quiénes eran sus padres, dónde vivió, cómo se divertía, con quién jugaba y en qué clase de casa vivía, etcétera, etcétera.
La niñez de los apóstoles
Es de lamentarse que sabemos muy poco acerca de la juventud de los antiguos apóstoles, de quienes estudiaremos en este curso. Es cierto que, en parte, podemos discernir qué clase de niños fueron por la clase de hombres que llegaron a ser. Pero las pequeñas aventuras de su niñez y juventud, que influyeron en la formación de su carácter y en las cuales nosotros tendríamos hoy tanto interés —a pesar de que ya han pasado más de mil novecientos años— jamás se escribieron, y quizá nunca se conocerán. Crecieron y llegaron a ser hombres antes de presentárseles la oportunidad de dar al mundo ese servicio que ha logrado fama imperecedera para sus nombres.
Sin embargo, en un sentido, fueron los hombres más privilegiados que el mundo ha conocido, porque tuvieron la oportunidad de asociarse diariamente, casi a cada hora, durante dos años y medio, con el Salvador del mundo. Con razón llegaron a ser grandes, teniendo ese ejemplo de la verdadera grandeza constantemente delante de ellos. En cuanto aprendieron a amar a Jesús, quisieron ser como Él, y por eso tuvieron presente sus enseñanzas y trataron de hacer lo que Él les dijo. No cabe duda de que nos beneficiará conocer mejor a estos hombres.
Por qué son conocidos los apóstoles
¡Considerémoslo bien! La única razón por la que el mundo sabe de estos hombres es porque, habiendo conocido al Salvador, lo pusieron por guía de sus propias vidas. De no haberlo hecho así, nadie sabría de la existencia de estos hombres. Habrían vivido y muerto, y quedado en el olvido, igual que los muchos miles de otros hombres que en su tiempo vivieron y murieron, y de los cuales nadie sabe ni se interesa por saber. Así corren miles y miles de los que actualmente viven, que no hacen sino desperdiciar el tiempo y las energías en vivir inútilmente, escogiendo como ideales a la clase mala de hombres, dirigiendo sus pasos por el camino del placer y la indulgencia, más bien que por el camino del servicio.
Dentro de poco llegarán al fin de la jornada de sus vidas, y nadie dirá que el mundo se ha beneficiado con sus días. Al fin de cada día, estos hombres dejan tan infructuoso el camino como lo hallaron: ningún árbol sembraron para que dé sombra a otros; ningún rosal, para alegrar a los que vengan después; ningún hecho generoso, ningún servicio noble; solamente un camino árido, estéril, infructuoso, tal vez lleno de espinas y cardos.
No fue así con los discípulos que escogieron a Jesús como su guía. Sus vidas son como jardines de rosas, de los cuales el mundo puede cortar hermosas flores para siempre.

























