Porque yo os guiaré

Conferencia General Abril 1988
«Porque yo os guiaré»
por el élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellEstamos en esta vida terrenal y tenemos que seguir adelante con valor; no hay otro camino. Nuestro Salvador nos ha dicho: «. . . tened buen ánimo».

Gracias, presidente Benson, por su exhortación sobre el primer mandamiento y más aun por la forma en que lo pone en práctica por medio de sus expresiones de amor hacia todos nosotros.

Hermanos, a lo largo de la historia cristiana, al concentrarse en unas pocas profecías y pasar por alto otras, algunos creyentes han esperado prematuramente la Segunda Venida. Hoy en día, si bien nos encontramos evidentemente mas cerca de ese momento~0 corremos el peligro de hacer lo mismo.

Por otro lado, la indiferencia es también un gran peligro. Del primer advenimiento de Jesús, el escéptico dijo: » . . . no es razonable que venga tal ser como un Cristo» (Helamán 16: 18). De su segunda venida, Jesús dijo:

«Mirad. . . [no sea] . . . que . . . venga de repente sobre vosotros aquel día   » (Lucas 21:34-35; véase también Mateo 24:37-38; Apocalipsis 3:3; D. y C. 45:26.)

Pedro escribió de los escépticos que dirían: «¿Dónde esta la promesa de su advenimiento?», porque, ¿no es que «todas las cosas permanecen así como desde el principio»‘? (2 Pedro 3:4).

Algunas profecías, como la del regreso del pueblo judío a Israel, se adelantaron décadas a su cumplimiento (véase Ezequiel 39:27). Otras profecías pueden cumplirse en un corto periodo de tiempo. El llevar el evangelio restaurado «para testimonio» (Mateo 24: 14) a todas las naciones del mundo supone generaciones, pero «una plaga asoladora» podría desatarse velozmente en la tierra (véase D. y C. 5: 19). Es lamentable, pero ya existe mas de una posibilidad de esas plagas (véase Marcos 13:10; D. y C. 5: 19). Si bien el florecimiento del desierto «como la rosa» tardó mucho tiempo, una considerable decadencia moral podría acontecer en una sola generación: ya sea en una nación o en una familia (véase Isaías 35:1; Helamán 6:32; 11:36; 12:4).

El Medio Oriente ha sido tantas veces el centro de la historia humana; y aun ahora las palabras de Zacarías son especialmente descriptivas al decir que Jerusalén será la «copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor» y «piedra pesada a todos los pueblos» (Zacarías 12:23).

Por eso es preciso observar mas que el brote de las hojas de la higuera para saber si el verano esta cerca (véase Mateo 24:32). Por analogía, una cosa es observar las bravas olas del mar que se estrellan contra las arenas de la playa al anunciar que viene tempestad y otra, muy distinta, advertir los enérgicos movimientos del fondo del mar que anuncian un espantoso maremoto.

En el contexto de esas advertencias, no vacilo en decir que hay algunas señales-aunque ciertamente no todas-que indican que «el verano esta cerca» (Mateo 24:32). Haríamos bien en advertirlo y reflexionar en ello, pero sin preocuparnos demasiado y sin dejar de observar el brote de las hojas por estar «cargados de los afanes de esta vida» (Mateo 24:32; Lucas 21:34).

Se nos ha dicho, a modo de ejemplo, que algunas circunstancias que precederán la segunda venida de nuestro Salvador serán «como en los días de Noé» (véase Mateo 24:3739) y «asimismo como sucedió en los días de Lot» (Lucas 17:28). En los días de Noé, reinaban la desobediencia y la maldad, y las gentes «no entendieron hasta que vino el diluvio» (Mateo 24:39; véase también Génesis 6:5; 1 Pedro 3:20). Las inquietudes y los placeres de esta vida condujeron al rechazo general del mensaje profético de Noé. Dos palabras en particular se emplean en la Biblia para describir los días de Noé: violencia y corrupción (Génesis 6:11). La violencia y la corrupción, nada extrañas en este planeta, van en aumento hoy en día.

Algo de la aspereza y de la crueldad de los tiempos de Noé se repetirán, porque «el amor de muchos se enfriará» (Mateo 24:12). Además, «la paz será quitada de la tierra» (D. y C. 1:35).

Pedro escribió que la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé hasta que, como lo indican otros pasajes, la iniquidad excedió la de todas las creaciones de Dios (véase I Pedro 3:20; véase también Moisés 7:36). Eran muy crueles, «no tenían afecto» y aborrecían «su propia sangre» (Moisés 7:33). Dada la crueldad entre los seres humanos, la paciencia de Dios esperó todo lo que aun Él pudo.

Los de los días de Lot «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban» en medio de gran iniquidad (Lucas 17:28), abrumando a Lot con su «nefanda conducta», o sea, «angustiándole con su abominable proceder» (2 Pedro 2:7) y en su abundancia, hubo a la vez abundante descuido, pues se olvidaron de ayudar a los pobres (véase Ezequiel 16:49).

Nuestra época refleja aun otra profecía: «angustia de las gentes», confusión (véase Lucas 21:25). Antes de los tiempos contemporáneos, la confusión global no era posible; pero ahora, existe una rápida transmisión de las noticias de un país a otro: las consecuencias del mal estado económico de las naciones, la propagación de enfermedades, los narcóticos y quizá, mas que todo, la sensación de impotencia ante tales problemas. Hoy en día, desfilan ante nosotros las angustias del mundo en las noticias vespertinas.

En los últimos días, por fortuna, la Iglesia crecerá extensamente con sus miembros «dispersados sobre toda la superficie de la tierra» (I Nefi 14: 14). Sin embargo, sus dominios serán relativamente «pequeños» a causa de «la maldad» que cerrara los oídos de muchos al mensaje del evangelio (I Nefi 14:12, 14).

Además, habrá «una gran división entre el pueblo» (2 Nefi 30: 10: véase también D. y C. 63:54), la cual, irónicamente, servirá para producir el estremecimiento final de esa extraña confederación que es «el reino del diablo», a fin de que los de corazón recto, aun ahí, puedan recibir la verdad (2 Nefi 28:19).

Esa «gran división» es lo que también el presidente Brigham Young vio; de ello dijo:

«Se me reveló a mí al comienzo de esta Iglesia que esta se extenderla, prosperaría y progresaría; pero que el poder de Satanás también crecerla en proporción con la difusión del evangelio entre las naciones de la tierra.» (Journal of Discourses, tomo XIII, pág. 280.)

Felizmente, aunque el mundo empeore a nuestro alrededor, habrá muchos, muchos hombres y mujeres excelentes de todas las razas y de todos los credos—y aun sin religión— que continuaran llevando una vida decente y útil. Y, como lo dijo Mormón, los presagios de las Escrituras sobre las condiciones decadentes del mundo no se nos dan «para apesadumbrarnos», sino para que vivamos de tal manera que Cristo «nos anime» (véase Moroni 9 25)

Por eso, lo que he dicho no es para alarmar sino para que estemos atentos y nos preparemos. Las profecías se dan, en parte, para que sepamos y nos acordemos de que estas cosas «se [nos] habían hecho saber de antemano, a fin de que [pudiéramos] creer» (Helamán 16:5). Los negligentes de hoy día serán como los insensibles de antaño que «[comenzaron] a olvidarse de aquellas señales y prodigios que [hablan] presenciado, y a asombrarse cada vez menos . . . de tal modo que comenzaron a dudar de todo lo que habían visto y oído» (3 Nefi 2: 1; véase también I Pedro 3:17). Si somos fieles, hermanos, nada perdemos, aun si, por fortuna, como los de la antigua Nínive, los mortales de hoy se arrepintieran.

Volvamos la mirada a nosotros mismos. Para la Iglesia, las Escrituras indican una presta separación de justos e injustos, y un presto progreso numérico y espiritual; todo eso precederá a los días en que el pueblo de Dios tendrá «por armas la justicia» —no armas de guerra—y en que la gloria de Dios se derramara sobre ellos. (I Nefi 14:14; 1Pedro 4:17; D. y C. 112:25.) El Señor ha dispuesto que los de su pueblo sean probados y sean puros (véase D. y C. 101:4; 100:16; 136:31) porque «no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que el no haga» (Abraham 3:17).

¿Cómo podemos los miembros de la Iglesia, en forma individual, sobrevivir espiritualmente si no honramos nuestros convenios’? ¿Cómo podemos sobrevivir espiritualmente si quebrantamos de lleno los convenios que hicimos al bautizarnos o en el santo templo? ¿Cómo podemos estar del lado del Señor durante la «gran división» si copiamos el materialismo y el egoísmo del mundo? (Véase 2 Nefi 30: 10)

Los miembros de la Iglesia no tienen necesidad de ser alarmistas, ni deben serlo; no tienen que abandonar su cotidiano vivir tranquilo y recto, «porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7).

En 1836, el profeta José oro: «. . . rogamos. . . que confundas, asombres, avergüences y llenes de confusión a todos los que han esparcido calumnias por el mundo» (D. y C. 109:29). Como pueblo, hemos visto hace poco un cumplimiento de eso y lo veremos otra vez.

Es cierto: los enemigos de la obra del Señor no se aplacaran, solo se reagruparan; aun entre el rebaño, aquí y allí, de cuando en cuando, hay unos cuantos lobos vestidos con piel de oveja. . . e irónicamente, ¡a las mismas puertas de la temporada de la esquila! Unos cuantos disidentes e «infatuados» «traidores» (2 Timoteo 3:4) aun se van directamente al «edificio grande y espacioso» a buscar empleo (I Nefi 8:26). Allí festejan a los nuevos hasta que-como sus predecesores-desaparecen en las negras ciénagas de la historia. Como lo dijo el presidente Heber C. Kimball, la justicia divina «exigirá al fin que paguen todo lo que deban por todas las angustias que hayan hecho pasar al inocente» (Journal of Discourses, tomo V, pág. 94).

Por eso no hay que sorprenderse, ni hay que temer, al sobrevenir ciertas condiciones a la humanidad. Cabe recordar que el Señor nos ha dado notables afirmaciones del Profeta de la Restauración y de la Iglesia restaurada:

«He aquí, el Señor bendecirá a ese vidente, y los que traten de destruirlo serán confundidos . . . » (2 Nefi 3: 14) «en mi propio y debido tiempo» (D. y C. 71:10).

«Y los justos no tienen por que temer, pues ellos son los que no serán confundidos . . . mas bien . . . los que pertenezcan al reino del diablo son los que deberán temer, temblar y estremecerse . . . » (I Nefi 22:22, 23.)

Si somos fieles y obedientes durante nuestra permanencia en este hermoso mundo, un día heredaremos «una tierra de promisión mucho mejor» (Alma 37:45), «la ciudad. . . cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11: 10), una ciudad en la cual hay «muchas moradas» (Juan 14:23).

Pablo escribió: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre» o sea, que ni siquiera podemos imaginar, «son las que Dios ha preparado para los que le aman» (I Corintios 2:9).

El espiritualmente sumiso triunfara. La palabra de Dios guiará al hombre y a la mujer de Cristo «por un camino recto y estrecho, a través de esa eterna sima de miseria que se ha dispuesto para hundir a los inicuos, y depositar su alma . . . a la diestra de Dios en el reino de los cielos» (Helamán 3:29-30),  para sentarse «con Abraham, Isaac y Jacob, y los santos profetas que han existido desde el principio del mundo» (Alma 7:25; Eter 12:4).

Los que logren vencer al mundo se regocijaran por la generosidad del Padre, porque «todo lo que el Padre tiene les será dado» (véase D. y C. 84:38) Los fieles oirán las palabras: «entra en el gozo de tu Señor» (véase D. y C. 51:19), porque «quienes han soportado la cruz del mundo y menospreciado la vergüenza de ello, estos heredarán el reino de Dios . . . y su gozo será completo para siempre» (2 Nefi 9:18).

La luz que recibió Lamoni infundio un inmenso «gozo en su alma» (Alma 19:6) y, si, una luz incomparable yace en lo futuro, porque «vendrá el día en que . . . se revelarán . . . todas las cosas habidas . . . y cuantas habrá jamas» (2 Nefi 27:11).

En esta vida terrenal, ya se han conocido momentos en que «por razón de la inmensa bondad de Dios» ha habido un «derramamiento de muchas lagrimas» (3 Nefi 4:33). Nuestro gozo rebosa (véase Alma 26: 11) y, sin embargo, no es mas que un sabor anticipado del regocijo final: ¡cuándo nuestra copa rebose sin cesar!

Los ecos del evangelio nos hacen saber, con las palabras de Jacob, «de las cosas como realmente serán» (Jacob 4: 13), cual hermosas postales que nos llegan desde esa «patria mejor» (Alma 37:45; Hebreos 11:16).

Entretanto, quizás «el verano esta cerca» (Mateo 24:32; D. y C. 35:16: 45:37). Estamos en esta vida terrenal y tenemos que seguir adelante con valor; no hay otro camino. Nuestro Salvador nos ha dicho:

«. . . tened buen ánimo, porque yo os guiaré. De vosotros son el reino y sus bendiciones, y las riquezas de la eternidad son vuestras.» (D. y C. 78:1 8.)

Mis hermanos, expreso mi testimonio a la Iglesia de que el Señor nos guiará tal como lo ha prometido. Él mantiene el equilibrio entre el proporcionar a la Iglesia y a sus miembros las instrucciones necesarias y especificas y el proveer las pertinentes experiencias de aprendizaje, incluso la de probar nuestra fe y paciencia, con el fin de fortalecernos. De esa manera nos guía: mas desea que duranic ese proceso llevemos su yugo sobre nosotros para aprender de Él por medio de nuestras experiencias personales. Si bien ciertamente sentimos a veces el peso de ese yugo, el sendero esta patentemente señalado.

Jesús, nuestro Pastor, «la senda de verdad marcó con toda claridad. . . » (Himnos de Sión, 168); las huellas de sus pies se ven a primera vista porque están clara y profundamente impresas en el suelo de esta tierra por el enorme peso que ha llevado sobre sí, incluso la terrible carga de todos nuestros pecados.

Sólo Él pudo haber sobrellevado esa carga en su totalidad.

Agradezco personalmente al Salvador el haber soportado todo lo que yo agregue a su profuso sangrar por cada poro por toda la humanidad en el Getsemaní. Le doy las gracias por haber padecido lo que yo añadí a la intensidad del penetrante clamor de su alma en el Calvario. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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