El milagro de la Santa Biblia

El milagro de la Santa Biblia

Por Mario Labraña

Discurso en la Reunión Sacramental del barrio Zarahemla, Montreal. Basado en el discurso, de M. Russell Ballard, Conf. Gen. Abril 2007

Quisiera comenzar citando algunas palabras del élder Ballard:

Mis hermanos y hermanas, ¡la Santa Biblia es un milagro! Es un milagro que los 4.000 años de historia sagrada y secular de la Biblia fueran registrados y preservados por los profetas, apóstoles y clérigos inspirados.

Es un milagro que tengamos la poderosa doctrina, los principios, la poesía y los relatos de la Biblia, pero, por encima de todo, es un milagro maravilloso que tengamos el registro de la vida, del ministerio y de las palabras de Jesús, que fue protegido durante la época del oscurantismo y a través de los conflictos de innumerables generaciones para que pudiésemos tenerlo en la actualidad.

Es un milagro que la Biblia contenga literalmente en sus páginas el Espíritu de Cristo que convierte y sana, y que durante siglos haya hecho volver el corazón de los hombres, guiándolos a orar, a elegir el sendero correcto y a buscar para encontrar a su Salvador.

La Santa Biblia lleva bien su nombre; es santa porque enseña la verdad, es santa porque nos consuela con su espíritu, es santa porque nos enseña a conocer a Dios y a comprender Sus tratos con los hombres, y es santa porque a través de sus páginas testifica del Señor Jesucristo.

Sería beneficioso si repasamos rápidamente un poco de historia, para entender cómo sucedieron ciertos acontecimientos:

  1. Hoy en día es claro para nosotros que posteriormente a la muerte de los apóstoles que el Señor Jesucristo llamó en su ministerio, la iglesia que Él había constituido fue llevada al desierto de la apostasía, y que la autoridad del sacerdocio fue llevada al
  2. Ya en el primer siglo de la era cristiana, por manos de los romanos, los cristianos de la época comenzaron a ser perseguidos hasta el extermini Se estima que este período se prolongó hasta el año 305 d.C.
  3. Los registros sagrados eran quemados, los lugares de adoración arrasados, los cristianos torturados y muertos, y todo para destruir la Iglesia y para abolir la Cristiandad de la ti
  4. Este tipo de persecución cesó porque se llegó a pensar que la Iglesia Cristiana había sido extinguida para siempre.
  5. Algunos historiadores y estudiosos del tema, aseguran que eventos milagrosos permitieron, posterior a tal persecución, que la cristiandad fuera la religión del estado, y que el emperador mismo fuera la cabeza de la Iglesia.
  6. Claro es, que a esas alturas, la iglesia difería muchísimo a la constituida por Cristo, y ya se había hecho apóstata.
  7. Con el transcurrir del tiempo, esta iglesia comenzó a adoptar en sus credos y ritos los pensamientos de escuelas filosóficas contemporánea
  8. Esta condición apóstata de la iglesia se extendió hasta finales del siglo XV. Y el período comprendido entre los siglos X y XV ha llegado a ser conocido como ‘las edades obscuras’, caracterizadas por el estancamiento en el progreso de las artes, las ciencias y las letras, y por una condición general de analfabetismo e ignorancia entre las masas.
  9. Pero nuestro Señor hizo que surgiera un despertar del intelecto humano. Destaca lo que se conoce como el ‘renacimiento de las letras’. Este renacer lucha principalmente contra la tiranía eclesiástica que prohibía hasta la muerte el acceso a las escrituras sagradas y al saber en general.

Volviendo a las palabras del élder Ballard, él agrega y cito:

La época del oscurantismo fue oscura porque la luz del Evangelio se le ocultó a las personas; éstas no tenían a los apóstoles ni a los profetas, ni tenían acceso a la Biblia. El clero mantenía las Escrituras en secreto y fuera del alcance de las personas. Mucho les debemos a los valientes mártires y reformadores como Martín Lutero, John Calvin y John Huss, quienes exigieron la libertad para adorar y el acceso común a los libros sagrados.

William Tyndale dio su vida porque creía profundamente en el poder de la Biblia; él dijo: ‘La naturaleza de la palabra de Dios es tal, que el hombre que la lea o que oiga explicaciones y debates en cuanto a ella, comenzará de inmediato a convertirse en una persona cada vez mejor, hasta que llegue a ser un hombre perfecto’.

Decenas de millones de personas han hallado fe en Dios y en Jesucristo al buscar la verdad en la Biblia. Innumerables son las personas que no tenían nada, excepto la Biblia para nutrir y guiar su fe.

Gracias al esfuerzo de los reformadores, la Biblia se convirtió en una posesión familiar. La palabra de Dios se leía tanto en el hogar de los humildes como en las salas de los grandes.

Ahora, permítanme compartir un pensamiento personal. Este nace al considerar las palabras que Nefi registra en su Primer Libro, donde un ángel le muestra que la palabra de Dios iba a ser despojada de ‘muchas partes que son claras y sumamente preciosas’ (1 Nefi 13). Y a pesar que se intentó todo para destruir la verdad del evangelio y despojarle de su pureza y santidad, aún con todo eso, la Santa Biblia salió airosa y triunfante.

Es maravilloso ver que a pesar de haber sido privada de muchas cosas sumamente preciosas, aun así este valioso testimonio del evangelio del Salvador tuvo la fuerza y el poder de mantener la suficiente Luz que permitiría posteriormente la restauración del evangelio y de la iglesia del Cordero de Dios.

El élder James Talmage escribió que los movimientos del Renacimiento y de la Reforma sirvieron como el arado que prepara el terreno para sembrar la semilla.

El élder Ballard continúa diciendo:

Millones de familias se han unido en la búsqueda por encontrar la Iglesia de Jesucristo mediante el estudio de la Biblia. Una de esas familias, a comienzos del siglo XIX, era la familia de Joseph Smith. Uno de sus hijos era José Smith, un joven que escudriñaba la Biblia para saber cuál de las numerosas denominaciones religiosas era igual a la Iglesia que Jesucristo había organizado. Las palabras de la Biblia le indujeron a orar para obtener mayor luz y conocimiento espirituales de Dios. Decidido a buscar la sabiduría prometida en las Santas Escrituras, José se arrodilló en humilde oración a comienzos de la primavera de 1820. ¡Ah, qué maravillosa luz y verdad se derramaron sobre él cuando aquel día contempló la gloriosa manifestación de Dios el Padre y del Señor Jesucristo! Una vez más, Dios llamó a un profeta tal y como lo hizo en los días de Noé, Abraham y Moisés.

Cuán agradecidos debiéramos sentirnos por la Santa Biblia; en ella aprendemos no sólo de la vida, de las enseñanzas y de las doctrinas de Cristo; aprendemos sobre Su Iglesia, Su sacerdocio y sobre la organización que Él estableció y llamó la Iglesia de Jesucristo en aquel entonces. Nosotros creemos en esa Iglesia y creemos también que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es esa misma Iglesia, restaurada en la tierra, completa y con la misma organización y el mismo sacerdocio.

Sin la Biblia, no tendríamos conocimiento de Su Iglesia de aquel entonces, ni tendríamos hoy la plenitud de Su Evangelio.

Ahora les comento de un evento trascendental en la historia de nuestra Iglesia; inmediatamente después de terminada la traducción del Libro de Mormón, el Señor le mandó al Profeta José que hiciera una revisión de la Biblia, para ello tomó como referencia la versión del Rey Santiago. Teniendo solamente 24 años de edad y tomando 3 años de trabajo, este dio como resultado colateral muchas de las más maravillosas revelaciones que ahora constituyen parte del libro de Doctrina y Convenios, además de una versión que conocemos como la Versión Inspirada de la Biblia.

Esta versión restaura muchas de las partes que habían sido quitadas de los registros bíblicos en el pasado. ¿No es eso maravilloso?

A principios del año 1973, la Iglesia constituyó un comité con la finalidad de producir una nueva versión de la Biblia y de las demás Escrituras SUD:

El presidente Monson siendo un experto impresor, estaba encargado del diseño y formato de las páginas; las notas, encabezados de capítulos y diccionario fueron responsabilidad del élder McConkie, experto en doctrina; el élder Packer supervisó el trabajo de un comité encargado de la guía temática de tal manera que el formato resultante fuera de fácil acceso para cualquiera.

Para agosto de 1979 estaba terminada la nueva versión de la Biblia SUD. Después de cientos de miles de horas de voluntariado de personas dedicadas y fieles durante 7 años desde la conformación del comité, una Biblia notable había

llegado a buen término. El volumen final ascendió a 2.432 páginas que incluían el Antiguo y Nuevo Testamento, encabezados, correlaciones y notas al pie de página, así como anexos, una guía temática, un diccionario bíblico, la revisión y traducción de José Smith, un diccionario geográfico y 14 mapas a color.

Finalmente y literalmente se cumplió la profecía del profeta Ezequiel en el Antiguo Testamento:

“Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano” (Eze. 37:17).

También al patriarca Lehi se le reveló este milagro: 2 Nefi 3:12

Ahora, contamos con esta maravillosa versión en español.

He observado en los últimos tiempos un creciente descrédito a los asuntos religiosos. Muchos, si no todos, fundamentan sus argumentos desprestigiando a la Biblia y a quienes creen en su divinidad. La religión cae en el calificativo de superstición, y por ende los religiosos de supersticiosos, incluso de ignorantes.

Nada de esto es novedad para ninguno de nosotros.

Hermanos y hermanas, tenemos demasiados motivos para convertirnos en verdaderos expertos en saber exponer las doctrinas básicas y fundamentales del evangelio de Jesucristo. ‘Somos los soldados que combaten error’.

Usando solo la Biblia deberíamos saber exponer correctamente doctrinas como:

  • La vida premortal.
  • Que Jehová en el Antiguo Testamento es el tantas veces profetizado Mesías y Redentor del Nuevo Testamento.
  • El Bautismo para la remisión de pecados.
  • La Autoridad del Sacerdocio.
  • La Expiación de Jesucristo.
  • La profetizada Apostasía de la Iglesia Primitiva.
  • La necesidad de Profetas vivientes.
  • La Restauración también profetizada en la Biblia.
  • La divinidad de Jesucristo.

Debemos desarrollar y fortalecer nuestro testimonio de la divinidad del Salvador de tal manera que el Espíritu Santo pueda sostener dicho testimonio al momento de compartirlo y hacerlo llegar al corazón de quienes escuchan.

Retomo las palabras del élder Ballard:

Jesús enseñó que debíamos “[escudriñar] las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Estas palabras brindan entendimiento e inspiración a todo el que sinceramente desee conocer y entender la verdad sobre Jesucristo.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días creen que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil” (2 Timoteo 3:16). Amamos la Biblia y las demás Escrituras.

…la Biblia …es uno de los pilares de nuestra fe, un poderoso testimonio del Salvador y de la influencia constante de Cristo en la vida de quienes le adoran y le siguen. Cuanto más leamos y estudiemos la Biblia y sus enseñanzas, más claramente veremos la base doctrinal del evangelio restaurado de Jesucristo. Tenemos la tendencia de amar aquellas Escrituras a las que le dedicamos más tiempo. Tal vez debamos equilibrar nuestro estudio a fin de amar y comprender todas las Escrituras.

Especialmente ustedes, jóvenes, no pasen por alto la Biblia ni le resten valor; es el registro sagrado y santo de la vida de nuestro Señor. La Biblia contiene cientos de páginas más que todas nuestras otras Escrituras juntas; es el cimiento de todo el cristianismo. Nosotros no criticamos ni menospreciamos las creencias de ninguna persona. Nuestra gran responsabilidad como cristianos es compartir todo lo que Dios ha revelado con todos Sus hijos e hijas.

Aquellos que se unen a esta Iglesia no abandonan su fe en la Biblia, antes bien, la fortalecen. El Libro de Mormón no le quita valor, ni le resta importancia a la Biblia; al contrario, la amplía, la extiende y la exalta. El Libro de Mormón testifica de la Biblia y ambos testifican de Cristo.

Cuando veo lo que hay detrás de este maravilloso libro, de todo lo que tantos soportaron, del sacrificio de tantos otros, del trabajo y entrega de tantos más, del amoroso interés del Padre Celestial, de lo que ha significado en mi vida, vienen a mi mente y a mi corazón con notable fuerza las palabras del himno que me dice:

Asombro me da el amor que me da Jesús,
Confuso estoy por su gracia y por su luz.

En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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