El Reino de Dios o catástrofe Elección Mundial

El Reino de Dios o catástrofe
Elección Mundial

por el presidente David O. McKay
Discurso dado en la Conferencia General de octubre de 1953.


El élder José W. Anderson acaba de leer los datos estadísticos demográficos, los cambios en las organizaciones de ba­rrios y estacas, y los obituarios de la Iglesia.

Hay algunos detalles más que pudie­ran ser mencionados, en los cuales ten­gáis interés.

El programa de construcción de la Iglesia de capillas, salas de clase y sa­lones de recreación continúa sin dismi­nución, en verdad, con aceleración. Du­rante los últimos nueve meses, la Iglesia ha expedido $5.568.000.00 dólares en las estacas, y $2.109,000.00 dólares en las misiones, un total de $7.677,000.00, o sea este año, incluyendo fondos locales contribuidos por este propósito, en las estacas, $10.337,000.00 dólares, y en las misiones, $2.704,000.00 dólares (no estoy leyendo la cantidad entera), o un total de $13.041,000.00 dólares.

Construcción de templos

Ya sabéis acerca de la dedicación de dos sitios para templos en Europa —los primeros en la historia de la Iglesia— uno en Berna, Suiza, y el otro entre Londres y Brighton, Inglaterra.

La construcción del templo en Los Angeles está siguiendo satisfactoria­mente. Queremos encomendar a los miembros de la Iglesia en el distrito del Templo de Los Angeles, por su contri­bución magnánima a este edifico. Como ya ha sido anunciado, ellos ofrecieron contribuir más de un millón de dolores para la construcción y terminación de este edificio, y sus pagos están casi al tanto. En adición de dar esta grande con­tribución monetaria ellos se ofrecieron recientemente a asistir a los arreglos de jardinería, y aún ahora están plantando arbustos y consiguiendo árboles para que al tiempo de la dedicación del tem­plo, el terreno esté decorosa y hermosamente arreglado. Ojalá que el Señor bendiga a estas gentes fieles y les ayu­de a cumplir su promesa para que este edificio sea redimido ya para su dedica­ción dentro de un año y medio o dos años.

Los planes ya están listos para el templo en Suiza, y el arquitecto y el contratista están siguiendo adelante pa­ra que este edificio sea terminado sin dilación.

Obra misionera en las estacas

Estaréis interesados en saber que la obra misionera en las estacas se está encontrando con resultados inauditos: 6,518 misioneros de estacas ahora es­tán trabajando dentro de las estacas or­ganizadas. Hasta la fecha ha habido 3,441 que han aceptado el evangelio mediante los esfuerzos de estos misioneros de estaca, y la obra está continuándose con celo cabal.

Programa juvenil

Pudiéramos mencionar, también, pa­ra vuestro interés, que el programa ju­venil se está llevando a cabo muy há­bilmente. No tomaré tiempo para cansaros con datos estadísticos, pero en el programa femenino, abraza todas las mujeres de doce a diecinueve años de edad, por agosto de 1953, hubo 56,332 en lista. Suponemos que eso es cien por ciento de todas las muchachas dentro de estas edades. El promedio de asis­tencia de las muchachas en los tres cul­tos para dicho mes, agosto, son como sigue: de estas jóvenes, cuarenta y nuevo por ciento de ellas asistieron en los cultos sacramentales; cincuenta y nueve por ciento asistieron en las Es­cuelas Dominicales; y cincuenta y cua­tro por ciento asistieron en los cultos de la A.M.M. Os encomendamos, herma­nas. Un programa definido es llevado a cabo por la A.M.M. para poder ponerse en contacto con las muchachas inacti­vas y tratar de interesarlas en la Aso­ciación de Mejoramiento Mutuo.

En la YMMIA (para jóvenes varo­nes) durante los últimos tres años ha habido un aumento de 11,872 en alista­miento en el programa de los scouts. Según un reporte (tenemos este repor­te del hermano D. L. Roberts, quien es director de las relaciones mormonas en los Boy Scouts, y del hermano Elbert R. Curtís, superintendente general), en la noche del domingo, durante el “jamboree” en Los Angeles, el 19 de julio, una gran convocación fué celebrada. En asistencia hubo más de cuarenta y cin­co mil Boy Scouts, y estuvieron presentes cincuenta mil o más visitantes. Durante la convocación una gran aten­ción fué dada a las iglesias de América, y entrenamiento religioso, y nuestra Iglesia recibió atención favorable. Nos alegramos al ver una organización co­mo la de los scouts traer comentarios tan favorables acerca de la obra que se está haciendo para los jóvenes en la Iglesia.

Tengo apuntes delante de mí que dan énfasis particularmente a lo que la Aso­ciación de Primarias está haciendo por nuestros muchachos de once años de edad quienes ahora están adoptando la obra preliminar de los Scouts, y que también encomiendan el alto porcenta­je de asistencia en los cultos de la Pri­maria, y el trabajo tan excelente que está haciendo el Hospital de la Prima­ria.

Unificación del sistema escolástico de la iglesia

Desde nuestra reunión de abril pa­sado ha habido una unificación del sis­tema escolástico de la iglesia. Hemos te­nido, hasta ahora, como sabéis, una jun­ta de educación de la Iglesia con una comisión presidiendo sobre los colegios, institutos y seminarios. Entonces tuvimos una junta directiva presidiendo sobre la Universidad de Brigham Young. Estas dos grandes ramas de la educación ahora están unidas bajo la dirección del Dr. Ernest L. Wilkinson, quien es el administrador designado de la junta de educación de la Iglesia, junto con su presidencia sobre la Universidad de Brigham Young.

Aquí quiero decir una palabra de encomendación por el servicio excelente suministrado por el comisionado Franklin L. West. Por años él ha dedicado su tiempo entero al avanzamiento de los institutos y seminarios y colegios de la Iglesia. Su corazón ha estado en la obra. Él ha expresado y radiado un testimonio ferviente de la divinidad del evangelio restaurado, y su corazón ha estado con­centrado en la instrucción de la juventud en los fundamentos e ideales de la Igle­sia de Jesucristo. Él se retira con la con­fianza y bendición de las Autoridades de la Iglesia.

Bajo su dirección ha habido un aumen­to continuo en el número de matrículas en nuestros institutos y seminarios. El año pasado fueron matriculados 36,081 estudiantes de seminarios, 4,202 estudiantes de institutos, 1,140 en las escue­las de las islas del Pacífico, o sea un total de 41,423.

Me alegro en informaros que la Iglesia está caminando adelante con gran rapi­dez y que su influencia se está esparcien­do por donde quiera en el mundo.

Fallecimiento de dos autoridades generales

Desde nuestra última reunión, como ya ha sido reportado por el hermano Anderson, dos miembros de las Auto­ridades Generales han fallecido: el élder A. E. Bowen del Concilio de los Doce, y el élder Stayner Richards, Asistente a los Doce —dos firmes, claros de visión, incólumes en discernimiento; ¡hombres leales y fieles a sus llamamientos, a los ideales y las doctrinas de la Iglesia! Da­mos homenaje a su memoria. Que sus hechos y servicios durante el curso de la vida continúen a reverberarse por lo bueno en los corazones no solamente de todos los miembros de la Iglesia, sino de todos los de afuera de la Iglesia, quie­nes fueron bastante afortunados a en­contrarse con estos dos grandes hom­bres.

Recomendación a maestros y grupos de la iglesia

He mencionado particularmente la obra de la Iglesia entre la juventud, por­que el futuro de este mundo se determi­na grandemente, como dice Goethe, “so­bre las opiniones de sus varones jóvenes de menos de veinticinco años de edad”.

Si eso es verdad, para despertar en las mentes de la juventud del país un deseo de alcanzar los valores más ver­daderos de la vida es rendir el más gran­de de todos los servicios a nuestra pa­tria.

Con este pensamiento en mente, en­comiendo a los maestros en nuestras escuelas públicas, quienes bajo las difi­cultades presentes, están quedando fie­les a sus puestos de responsabilidad. Esperemos pues, que ellos continúen así, que no se vayan por otros rumbos buscando vanamente la compensación en los sindicatos, que sólo aumentará una condición ya lamentable. Tenemos confianza en los maestros. Ellos serán fieles a su profesión, enseñando a los jóvenes a ser leales a su patria, de amar lo mejor de la vida, en lugar de buscar lo que conduce al egoísmo.

Esta mañana quiero, también, enco­mendar al Obispo General, a los obispos de los barrios, las presidencias de los quórums del Sacerdocio Aarónico, por sus esfuerzos en traer a la actividad a todos los muchachos de entre las edades de 12 a 19 años, y que es igualmente loable, ellos están tratando de incorpo­rar en esta elevación espiritual aquellos que son clasificados como los “miembros mayores del Sacerdocio Aarónico”, un grupo de poder potencial para gran be­neficio, no solamente en la Iglesia, sino en el mundo, muchos de ellos sobresalientes hombres de negocio y profesio­nales. Os encomiendo, hermanos, por haber organizado a estos hombres há­biles en grupos para que su influencia pueda ser sentida por buena.

Con esto en mente, quisiera dar el mensaje siguiente, sintiendo como sien­to esta mañana, la potencia y divinidad del evangelio de Jesucristo. Con toda mi alma yo siento esta mañana que en verdad .no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que po­damos ser salvos.” (Hechos 4:12) No puedo comprender como los hombres puedan dudar eso.

Cuando fui yo un muchacho, estuvo colgada arriba del púlpito en la capilla en Huntsville (Utah), una pintura del presidente Juan Taylor. Debajo de ella en letras de oro estaban estas palabras: “El Reino de Dios o Nada”.

En mi niñez medité poco sobre su im­plicación, ni en mi juventud traté de comprender su significado.

Esta mañana, con las condiciones del mundo en mente —sospecha internacio­nal y enemistades, nubes amenazadoras de guerra— “La inhumanidad del hom­bre al hombre”, y otros aspectos des­alentadores de las relaciones humanas, siento la inclinación de parafrasear aquel lema para que diga: “El reino de Dios o catástrofe”.

La tradición nos dice que Pedro, cuan­do caminaba en la Vía Apia yéndose ha­cia Roma, fué enfrentado con la pregun­ta “¿Quo Vadis?” (¿A dónde vas?) Si fuera presentada esa pregunta a la gen­te de hoy día, muchos pesimistas con­testarían que estamos caminando hacia una catástrofe, si no, la destrucción to­tal. Uno ya lo ha dicho de Europa:

“Por lo general, durante muchas ge­neraciones, ha habido una deterioración gradual de la influencia religiosa en la civilización Europea. Cada renacimiento llega a un plano más bajo que su prede­cesor, y cada período de obscuridad, a una profundidad más honda. La norma ordinaria indica un decaimiento conti­nuo en cuanto al vigor religioso. La re­ligión está propensa a degenerarse en una fórmula decente por la cual embe­llecer una vida cómoda.

“Rusia oficialmente ratifica la irreli­gión, y sanciona un sistema de relacio­nes sexuales más bajo que cualquiera que es aprobado por la tribu Africana más baja.

“Los salvajes paleolíticos, por todo lo que sabemos, no tenían ninguna de tales prácticas”. (Man’s Social Destiny, p. 23.)

Lo que piensan los hombres

Y Hayden, escribe como sigue:

“Hoy día, como más que nunca, la humanidad está buscando el mejora­miento social. Hoy día, como muy poco anteriormente, la sociedad humana está amenazada con la disgregación, si no, el caos completo. Todas las maldades antiguas de las relaciones humanas, la injusticia, el egoísmo, abuso de la fuer­za, llegan a ser siniestras y terribles cuando son reforzados por el aumento vasto del poder material. El alma del hombre, hambrienta y miedosa, en me­dio de una civilización que ha crecido a ser demasiado complexa para cualquier mente de representar vívidamente o controlar. El gozo y la hermosura se desvanecen de la vida humana. No obs­tante, la vida, abundante, hermosa, y risueña, ha sido la meta de todo el tra­bajo de nuestras vidas. ¿Qué otro valor concebible tiene la maestría del mundo material, la explotación de los recursos de la naturaleza y la creación de rique­za, excepto como una base para la libe­ración de la vida del espíritu? Somos testigos de uno u otro la disminución de la civilización bajo el peso de su me­canismo material o el nacimiento de una nueva organización con un ideal espi­ritual”.

Oswald Spengler piensa, y así ha es­crito: “Esta ejecución mecánica (re­firiéndose al mundo) se terminará con la civilización Faustina y algún día es­tará en pedazos, olvidadonuestros ferrocarriles y buques de vapor tan muertos que los caminos Romanos y el Muro de China, nuestras ciudades gi­gantescas y rascacielos en ruina como el viejo Ménfis y Babilonia. La historia de esta técnica pronto se está acercan­do a un fin inevitable. Será consumida desde adentro tal como las formas gran­des de cualquiera y cada cultura. Cuán­do y en qué manera, no sabemos”.

Estas citas indican lo que algunos hombres están pensando acerca de las condiciones presentes, y a donde tales condiciones conducen. Sea que los acep­táis como verdad, o no, tenemos que enfrentarnos al hecho de que estamos en un mundo cambiable, y que la des­trucción de la civilización de hoy día es una posibilidad.

Pero, hermanos y hermanas. El Señor tiene algo mejor en mente para sus hi­jos que la destrucción completa. Nacio­nes nacerán, vivirán, florecerán por una temporada, y mediante la corrupción eterna u otras causas, morirán o serán destruidas; pero la raza humana conti­nuará, y el reino de Dios será estableci­do.

. . .“he aquí, dijo Daniel, en las nu­bes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad. . .

“Y fuéle dado señorío, y gloria, y rei­no; y todos los pueblos, naciones y len­guas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá”. (Daniel 7:13-14.)

La necesidad principalísima en el mundo hoy día es un entendimiento más claro por seres humanos de valores mo­rales y espirituales, y un deseo y una determinación de obtenerlos.

Nunca antes en la historia del mundo ha habido una necesidad tan grande pa­ra un despertamiento espiritual. A me­nos que haya tal despertamiento, hay peligro de una catástrofe entre las na­ciones del mundo.

Pero siento esta mañana, con toda mi alma, que el sol de la esperanza está saliendo. Muchos hombres y mujeres concienzudos están reconociendo la ne­cesidad que el hombre tiene de mirar hacia los cielos en lugar de envilecerse en contestación a su índole animal. Un hombre comentando sobre esto dijo, que ((si todos los destructores de la civili­zación pudieran ser eliminados, y los rasgos del resto de nosotros pudieran ser eliminados, un acercamiento al mi­lenio algunos cien años de aquí es de ninguna manera inconcebible

El Salvador del mundo dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia(Juan 10:10.)

Sea que vivamos miserablemente o abundantemente, depende de nosotros. Haced un examen introverso, joven y jovencita, y terminad si vuestros pen­samientos íntimos os detienen en el pla­no animal o si propenden a levantarse hasta el reino mental, moral, y espiri­tual. Y sed vuestro propio juez. ¿Estáis proyectando a explotar a otro por ga­nancia personal? ¿Estáis justificando una mentira? ¿Estáis acariciando el pensamiento de robar a alguna joven su virtud? ¿Estás tú, jovencita, justifi­cando un acto de inmoralidad en cambio por la atención o favor de un compañe­ro varón? Si estos o cualquiera otro pensamiento pecador y egoísta os per­turba, entonces no estáis siguiendo el camino de la vida abundante, sino que estáis contribuyendo a la continuación de un mundo sórdido e infeliz.

Cuatro verdades fundamentales

En la breve estancia de Jesús sobre la tierra, él marcó claramente “el camino, y la verdad, y la vida” (véase Ibid. 14: 6).

Tomaré tiempo esta mañana para lla­mar vuestra atención a cuatro aconte­cimientos en su vida, y mencionar pro­bablemente, como seguro y brevemente, unas connotaciones de estos aconteci­mientos, repito, porque siento, y sé, que mediante él y solamente él, y por obe­diencia al evangelio de Jesucristo, po­demos encontrar la felicidad y salvación en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero. Pero estoy pensando particularmente de la felicidad y el go­zo aquí ahora, en esta edad atómica.

Primeramente, a recordar Su expe­riencia en el Monte de Tentación. En aquella experiencia encontramos ense­ñada la necesidad sublime de subordinar la parte animal de nuestra naturaleza a lo espiritual. El hombre es un ser dual: él es humano, físico, de la tierra, basto, pero también es divino, hijo de Dios.

Bien diría Carlyle:

Hay alturas en el hombre que alcan­zan el cielo más alto, y profundidades que descienden hasta el infierno más bajo; ¿porque no son ambos, él cielo e infierno, hechos de él, eterno milagro y misterio que es?

“Muy amados”, dijo Juan, “ahora so­mos hijos de Dios, y aún no se ha mani­festado lo que hemos de ser; pero sabe­mos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos co­mo él es” (I Juan 3:2).

En el Monte de Tentación Jesús resis­tió cada súplica del apetito físico: “…di que estas piedras se hagan pan” —cada súplica a su vanidad—. “Si eres Hijo de Dios, échate abajo” — desde el pináculo; cada exhortación a su egoís­mo y orgullo, cada cohecho ofrecido mediante el poder y la riqueza en cambio por el compañerismo con su Padre. Re­sistiendo todo él dijo al tentador—: “Ve­te, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).

El valor de pensamientos nobles

Entonces durante su misión breve en­tre los hombres, puso énfasis al valor de hospedar a pensamientos nobles, lo que piensa uno determinará su carácter, no solamente lo que hace, y saber que lo que piensa uno en sus momentos se­cretos determina lo que es. El “vitupe­raba los efectos fatales del odio y el celo en la mente del individuo más vehementemente que los actos que el odio y el celo incitan. La fisiología y la psicolo­gía confirman la sabiduría práctica de sus enseñanzas. Estas pasiones malas destruyen el vigor físico y la eficiencia de un hombre: pervierten sus percep­ciones mentales y le hacen incapaz de resistir las tentaciones de cometer ac­tos de violencia. Socavan a su salud mo­ral. Por grados insidiosos ellas trans­forman al hombre que las acaricie en un criminal. Por otro lado, si son desterra­das, y sanos, bondadosos pensamientos y emociones toman su lugar, el hombre es incapaz del crimen. Pensamientos y sentimientos correctos, si perseverantemente son guardados al frente, inevita­blemente conducen hacia actos correctos”. “Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos” (véase Mateo 7:17). Un buen árbol, dice él, no puede dar fruto malo, ni puede dar buen fruto un árbol malo. Esa enseñanza viene del mismo fondo de las enseñanzas éticas de Cristo. Su esfuerzo entero fué de hacer el árbol bueno, porque cuando ese fin fué logrado, las cualidades buenas del fruto fue­ron aseguradas. Resistid a la maldad, miembros de la Iglesia, jóvenes y vie­jos, y el diablo huirá de vosotros.

El segundo acontecimiento tomo del Sermón del Monte —una montaña en la cercanía del Mar de Galilea. “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón (Ibid., 6:24). Entonces añadió: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Ibid., 6:33). ¿Creéis vos­otros eso? Yo tengo fe en cada palabra que habló Jesús, y para mí esta ense­ñanza se aplica a la vida mía y a la vuestra.

Tomando en cuenta el hecho de que nosotros somos los hijos de nuestro Pa­dre Celestial, cuando buscamos el reino de Dios, primeramente, llegamos a ser conscientes de una nueva meta en la vi­da. Para nutrir y deleitar al cuerpo con sus apetitos y pasiones, como lo hacen los animales, ya no es el fin mayor de la existencia mortal. Logros espiritua­les, no las posesiones físicas llegan a ser la meta principal. Dios no es conside­rado del punto de vista de lo que poda­mos obtener de él, sino por lo que poda­mos darle a él. Sólo por medio de la sumisión completa de nuestra vida in­terior podemos ascender por encima de la egoísta, sórdida influencia de la Naturaleza.

“Dando a Dios la gloria” es una mane­ra segura para sujetar al egoísmo —la voluntad por la parte del individuo para guardar a Dios como el ideal en su vida. La fe, por lo tanto, es un elemento fun­damental en la construcción verdadera de un carácter; porque un carácter recto es el resultado solamente del esfuer­zo continuo y pensamientos correctos, el efecto de asociaciones largamente acariciadas con pensamientos deifor­mes. El que aproxima más al espíritu de Cristo es aquel que pone a Dios como el centro de sus pensamientos; y aquel que puede decir en su corazón: “…no lo que yo quiero, sino lo que tú”, apro­xima más al ideal de Cristo.

Dos mandamientos grandes

El tercer acontecimiento es la escena con los fariseos cuando el abogado le preguntó:

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?
“Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
“Este es el primero y el grande man­damiento.  .
“Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ibid., 22:36-39).

Por dos mil años, casi, los hombres han considerado esta doctrina sublime como impráctica; demasiado ideal, di­cen ellos, pero si sinceramente creemos en la divinidad de Cristo, que él es “el camino, y la verdad, y la vida” (véase Juan 14:6), no podemos conformarnos y dudar la aplicabilidad de sus ense­ñanzas a la vida diaria.

Es verdad que existen problemas pe­sados para resolver —la maldad de los barrios bajos, los conflictos sempiternos entre la labor y el capital, borrachera, prostitución, odios internacionales, y otras cien cuestiones del día. Pero si es escuchada, la súplica de Cristo por la integridad personal, el honor, tratamien­tos justos, y el amor es básico en la resolución apropiada de todas estas difi­cultades sociales y económicas, ese pro­blema será ligero.

Cambiar los corazones de los hombres

Seguramente antes de que el mundo aun se acerque a estos ideales, los cora­zones de los hombres tienen que ser cambiados. Cristo vino al mundo por ese propósito. La razón principal para predicar el evangelio es para cambiar los corazones y las vidas de los hombres, y vosotros, hermanos, quienes vais de estaca en estaca y oís la evidencia y el testimonio de los que han sido con­vertidos recientemente mediante la obra misionera de las estacas, podéis testi­ficar de cómo la conversión ha cambia­do sus vidas, mientras han dado sus tes­timonios. Por tal conversión ellos traen la paz y buena voluntad al mundo en lugar de la contienda, y el sufrimiento. A fin de cambiar los corazones de los hombres Beverly Nichols, autora de The Fool Hath Said (El Necio ha Dicho), escribe correctamente:

“Si se puede cambiar la naturaleza huma­na. Ningún hombre que ha sentido dentro de sí el espíritu de Cristo aun por medio minuto puede negar esta verdad, la única gran ver­dad en un mundo de pequeñas mentiras. Si usted cambia la naturaleza humana, su pro­pia naturaleza humana si se la rinde a él. . . ¡La naturaleza humana tiene que ser cambiada grandemente en el futuro o el mundo será ahogado en su propia sangre. Y solamente Cristo la puede cambiar.

“Vive en todas las cosas fuera de sí mismo por el amor”, dice Browning a través del Paracelso, “y tendrá gozo. Esta es la vida de Dios; debe ser nuestra vida. En él fué per­fecto, pero en todas las cosas creadas, es una lección aprendida lentamente y con dificultad”.

Lección para la juventud

La cuarta escena que nombro es con sus discípulos apenas antes de Getsemaní, cuando él dijo: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo…

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:11, 15).

¡Allí está vuestra lección, jóvenes! Estáis en medio de la tentación, pero vosotros, como Cristo en el Monte de la Tentación, podéis ascender por encima de ella.

podemos así vivir, es posible, que como miembros de la Iglesia podemos decir a todo el mundo en las palabras de Tomás Nixon Carver:

“Vengan, nuestro modo de vivir es lo mejor porque obra mejor. Nuestra gente es eficiente, próspera y feliz porque somos un cuerpo que ayuda el uno al otro en la vida productiva. No desperdiciamos nada de nuestra sustan­cia en los vicios, lujo, o la ostentación. No disipamos nuestra energía en alborotar, ju­gar por dinero, ni los hábitos dañinos. Conservamos nuestros recursos de cuerpo y men­te, los dedicamos a la construcción del Reino de Dios, el cual no es un místico sino reino real. Creemos que la obediencia a Dios sig­nifica obediencia a las leyes de la naturaleza, que son realmente las manifestaciones de Su voluntad; y nosotros tratamos por el estudio concienzudo adquirir el conocimiento más com­pleto y exacto de esa voluntad, para que nos podamos conformar a ella”.

Ayer, en este Tabernáculo, siete u ocho mil mujeres se reunieron —nues­tras madres, miembros de la Sociedad de socorro. Quisiera que toda la Iglesia pudiera haber participado del espíritu de esa gran conferencia. Sí, si, tendría­mos mayor seguridad en nuestras almas que estos ideales de los cuales he hecho breve mención serán efectivos por do­quiera en el mundo en traer al frente un deseo de espiritualidad mayor, una necesidad mayor por el testimonio que Dios vive, que su Hijo Jesucristo es el Salvador del mundo, y que seres divinos restauraron al Profeta José Smith el evangelio de Jesucristo como él lo es­tableció en el Meridiano de los Tiempos.

Os doy este testimonio esta mañana y pido que la influencia de los quórums del sacerdocio, los auxiliares, y la de los misioneros pueda ser más efectiva desde ahora en adelante que en cual­quier tiempo anterior en guiar los de honesto corazón del mundo a levantar sus ojos hacia arriba a la adoración de Dios, nuestro Padre Eterno, y darles po­der para controlar la naturaleza animal y vivir en el espíritu, pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

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