No seas Cangrejo

No seas Cangrejo

Por Marvin O. Ashton (1883–1946)
Liahona, diciembre 1947

Se narra el cuento de un pescador hawaiano, que estaba pescando. Había pescado dos cangrejos y los había puesto en una cacerola. Esta no era muy profunda. Un desconocido se le acercó y le dijo: ¿Por qué no puso los cangrejos en una cacerola más profunda? Cuando usted se descuide se saldrán”. Le respondió el pescador: “Mi amigo, usted no conoce a los cangrejos. Un cangrejo nunca permitirá que el otro suba más alto que él, si es que puede evitarlo. Si uno de los cangrejos hace el intento de subir o salirse, su compañero de prisión lo jala hacia abajo”.

Cuando oí este cuento pensé que había una buena lección en él. Nosotros como hermanos o amigos, por la envidia y celos, ¿Nos retenemos uno al otro, si uno asciende un poco más en el mundo? ¿Tratamos instintivamente de degradarlo o detener su progreso? ¿Sabes que la envidia es una de las peores cosas del mundo? A veces nos duele ver que otros progresan.

Se verificaba un programa escolar. Todas las madres estaban presentes; cada una estaba orgullosa o celosa, según la importancia del papel que desempeñaban sus hijos. Vino al foro un chiquillo pomposo que con la elocuencia de Patrick Henry gritó hacia el cielo: “Amigos, Romanos, compatriotas, prestad oídos”. Esta muestra de elocuencia fué demasiado para una madre envidiosa, quien volteándose hacia su compañera de asiento y arriscando la nariz exclamó: “Ese es el hijo de los Jiménez. No sería hijo de su madre si dejara de estar pidiendo prestado”.

Dos barrenderos de las calles estaban sentados en la esquina platicando. Uno de sus compañeros de oficio se había muerto no hacía mucho. Hablando del finado dijo uno al otro: “Beto era un gran barrendero”. “Pero”, replicó su compañero que estaba sentado a un lado, “¿no crees que no limpiaba bien alrededor de los postes de luz?”.

“Y cómo fué nacido Jesús en Bethlehem de Judea en los días del rey Herodes, he aquí, que magos vinieron del Oriente a Jerusalém.”

“Diciendo: ¿Dónde está el rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

“Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó y toda Jerusalén con él” (Mat. 2: 1-3).

El rey estaba turbado porque no quería que hubiera competidores al cetro.

El pueblo tenía una buena causa de estar turbado, porque sabían bien a qué extremo llegaría un Herodes para remover este obstáculo.

Y este es sólo uno de los capítulos negros en los millares de relatos de matanzas en los anales de la historia. —El resultado de los celos y la envidia.

Miles de niños inocentes fueron decapitados como ganado en las calles a causa del egoísmo de una alma.

Te pregunto, mi querido lector, ¿estás libre de este veneno que en crispa las venas de los habitantes de este mundo desde el principio de la historia?

¿Te place el regocijarte del progreso de tus amigos o estás envidioso de ellos? Cuando escuchas que uno de tus parientes o amigos llegan a distintos lugares en el mundo, ¿hay felicidad en tu corazón o el reptil de la envidia se entrelaza en tu garganta ahogando la virtud que hay en ti? Diciendo francamente, ¿Te regocijas o te llenas de envidia porque otro está más alto en la escalera de la vida que tú?

Oh, celos.
Tétrica furia del infierno. Tu veneno mortal Consume mi alma, trocas el saludable matiz De mis lozanas mejillas en tétrico cetrino. Bebiéndote mi espíritu. (Hannah Moore.)

Nada de lo escrito relata tan bien lo que hará la envidia como la historia de Otelo, escrita por Shakespeare. Verán hasta qué punto llega este veneno y hasta qué profundidades llega el villano cuando el veneno a que nos estamos refiriendo se posesiona de él. Sí, para continuar adelante, veremos como la rosa más blanca puede ser estrujada por las callosas manos de los celos. Me refiero a la hermosa Desdémona, el traidor Yago, y el campeón del honor, el valiente Moro Otelo; Yago tenía celos de su compañero, Casio, porque este último había sido ascendido a la posición que Yago ambicionaba para sí. Puso una trampa para Casio y le rebajó hasta el polvo. Después conspiró contra su comandante, acusando a Desdémona de infidelidad, hasta que en un arranque de celos el Moro mató por sí mismo a su hermosa esposa y después con una daga puso fin a sus días. Como diría un muchacho, es la historia, por partida doble de la envidia.

Notemos la historia de cualquier nación. Hay una estela de crímenes y homicidios como resultado de esta cosa que llamamos envidia. En una escena presentada por las edades, se envenenan los hermanos para heredar el trono.

El celo es el cáncer de peor clase, y como el cáncer, la única esperanza de escapar de su terrible castigo es destruirlo desde su principio. Es mejor no permitirle arraigarse. El celo es como el pulpo de los mares.

Leemos en las escrituras de otra persona quien en un ataque de celos mató a su hermano. Y desde esta escena en que Caín y su hermano tomaron parte, este pulpo del género humano ha tomado parte activa.

Cuando tu hermano, tu amigo, o aún tu competidor, se destacan en esto o en aquello, regocíjate con ellos. —Demuestra así tu grandeza— demuéstrales que tú estás orgulloso de ser llamado uno de los hijos de Dios.

¿Eres Músico? ¿Sientes envidia cuando uno canta o toca mejor que tú? ¿Eres mecánico? ¿Te regocijas cuando uno es tan hábil como tú? ¿Tienes deseos de ser un buen orador? ¿Te sientes cuando otro que trabaja en este mismo campo lo hace mejor? ¿Eres artista? ¿Te sientes cuando otro artista recibe felicitaciones por haber pintado un retrato o un paisaje? ¿Eres pigmeo o eres gigante en tu alma?

¡No seas cangrejo!

Mientras asistía a una de las conferencias de estaca, hace unos cuantos meses oí al Presidente George F. Eichards relatar un cuento que me conmovió hasta el alma. Fué la historia de Caín y Abel en un sentido reverso. Aquí está el cuento Abraham y Zimrí habían trabajado armoniosamente por muchos años. Su cosecha consistía principalmente de trigo. Una noche durante el tiempo de la cosecha, como todos buenos hermanos, estos dos jóvenes habían confiado el uno al otro sus cuitas. Esto les acercaba. El resultado fué que cada uno partió para su casa con un plan definido en su mente. Algo sucedió en este cambio de impresiones que reunió en un sentido máximo las almas de estos dos hermanos. Los dos se acostaron con resoluciones firmes.

Se levantó Abraham de su cama y se dijo a sí mismo: “Cuando voy a casa después del trabajo, una amorosa esposa me espera con una buena cena y mis niños se me suben a las rodillas. Zimrí se va a una casa fría, sin nadie que bese su cansada frente. Tendré que levantarme y tomar unas de las gavillas de mi montón y los pondré en el suyo”. Se levantó y bajo los tenues rayos de la luna aumentó el montón de su hermano.

Pero Zimrí también había sido conmovido con un sentimiento semejante para hacer un hecho tan noble. Pensaba, “Cuando Abraham se va para su casa, hay más bocas que alimentar de las que hay bajo mi techo. Sin que él lo sepa, tomaré algunas de las gavillas de mi montón y las pondré en el suyo.” Se levantó y tomando unas gavillas las puso en el montón de su hermano. Los dos durmieron muy contentos por haber hecho tan buenas obras.

Cuál no sería la sorpresa de ambos, cuando al visitar la mañana siguiente los montones, parecía que  estaban iguales, a pesar de que se habían hecho sacrificios de ambas partes.

La noche siguiente tomó Abraham unas gavillas más y las llevó al montón de su hermano y se escondió para desenlazar aquel misterio. No tuvo que esperar mucho. Su hermano con las mismas emociones trató de aumentar las gavillas de Abraham.

Se levantó Abraham de su escondite y tomando a su hermano en sus brazos lloró en su cuello y le besó en la mejilla; entonces Zimrí se dió cuenta de lo que sucedía, quedando estático. Los dos quedaron muy conmovidos, pues sus corazones estaban llenos del amor del uno para el otro.

En cabaña gozo hay,
Cuando hay amor.
Vejaciones nunca hay,
Cuando hay amor,
Gratas flores por doquier,
Dan perfumes de primor,
Dulce cosa es vivir,
Cuando hay amor.

Esta entrada fue publicada en Amor, Envidia y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a No seas Cangrejo

  1. Martin dijo:

    Que marabilla gracias por tan hermosos rescates tan actuales.

    Me gusta

  2. Edo Winkler dijo:

    Este discurso no está en ninguna parte de la biblioteca de Marvin O. Ahston oficial de la Iglesia. ¿Cuál es la «fuente oficial» en inglés o español?, sería bueno que hicieras referencia al discurso o publicación oficial.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s