Guía de estudio del Libro de Mormón
Alma hijo y su conversión
(Mosíah 25-28; Alma 36)
Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase
LOS NEFITAS SON REUNIDOS EN ZARAHEMLAE
El pueblo de Limhi y el pueblo de Alma se habían unido al pueblo del Rey Mosíah II en Zarahemla (Mosíah 22:11-14; 24:20, 23-25). Como resultado, habían ahora cuatro grupos unidos en Zarahemla bajo el Rey Mosíah:
— Los mulekitas; quienes eran los residentes originales de Zarahemla (Mosíah 25:2).
— Los nefitas; quienes se habían quedado en Zarahemla cuando Zeniff regresó a la tierra de Nefi (Mosíah 25:2).
— El pueblo nefita de Limhi; quienes eran descendientes de Zeniff en la tierra de Nefi y fueron rescatados de la opresión lamanita por Ammón y sus hermanos (Mosíah 22:13- 14).
— El pueblo nefita de Alma; quienes los siguieron al desierto para escapar del Rey Noé, y estaban oprimidos por los lamanitas y luego escaparon con él a Zarahemla (Mosíah 24:25).
• Mosíah 25:1-3 los nefitas son una minoría. Mientras que tres de estos cuatro grupos eran de hecho descendientes de Nefi, no habían tantos nefitas como mulekitas y los descendientes de Zarahemla (v. 2). Entonces, habían más judíos en Zarahemla que nefitas, y el único sobreviviente heredero para el gobierno judío Sedequías (Muleky sus descendientes), estaban entre ellos. Aún así, el total combinado de nefitas y mulekitas era menos de la mitad de los lamanitas en la tierra (v. 3).
• Mosíah 25:12-13 Toda la gente ahora se llaman a sí mismos nefitas. Con el pasar del tiempo, se mezclaron y se conocieron colectivamente como nefitas. Por ejemplo, aquellas personas quienes eran hijos de Amulón y sus hermanos; y los sacerdotes de Noé quienes habían abandonado a sus familias; los cuales huyeron de los lamanitas; y más tarde, «se habían casado con las hijas de los lamanitas» ya no querían ser llamados por los nombres sus padres y «adoptaron el nombre de Nefi.” Los reyes de este pueblo combinado no podían ser ninguno o «nadie sino a aquellos que eran descendientes de Nefi” (Como lo era el Rey Mosíah), y la gente como grupo entero se llamaron a sí mismos nefitas (v. 13). Esto plantea un punto importante acerca de lo que significaba ser un nefita o un lamanita en el Libro de Mormón.
El doctor Hugh Nibley dijo:
[Sucede que] la investigación es sorprendentemente complicada. No hay mención en el Libro de Mormón de pieles rojas versus blancas; de cierto, no hay mención de piel roja del todo. Lo que encontramos es un, más o menos, proceso fijo de largos períodos de tiempo y la separación de muchos grupos étnicos estrechamente relacionados; mas no idénticos. El Libro de Mormón es cuidadoso en especificar que los términos lamanita y nefita son usados en un sentido liviano y general; para designar una división política (por ejemplo: Mormón 1:9), militar (Alma 43:4), religiosa (4 Nefi 1:38), y cultural (Alma 53:10,15; 3:10-11); mas no racial. También asigna a grupos de gente. La división lamanita y nefita era tribal en lugar de racial. Cada uno de los grupos principales, representaba una amalgama de tribus que retuvieron su identidad (Alma 43:13; 4 Nefi 1:36-37)
Nuestro texto frecuentemente hace un gran esfuerzo en especificar este y aquel grupo es sólo llamado nefita y lamanita (2 Nefi 5:14; Jacob 1:2; Mosíah 25:12; Alma 3:10; 30:59; Helamán 3:16; 3 Nefi 3:24; 10:18; 4 Nefi 1:36-38,43; Mormón 1:9). La situación era a menudo muy móvil con grandes números de nefitas yendo hacia los lamanitas (Palabras de Mormón 1:16; 4 Nefi 1:20; Mormón 6:15; Alma 47:35-36), o lamanitas yendo hacia los nefitas (Alma 27:27; Mosíah 25:12; Alma 55:4), o miembros del pueblo mezclado de los mulekitas; así como su retoño zoramita yendo hacia los lamanitas (Alma 43:4) o hacia los nefitas (Alma 35:9)—no realmente hacia los lamanitas, pero hacia los amonitas quienes eran lamanitas ¡quienes anteriormente se habían vuelto nefitas!) o a veces los lamanitas y nefitas se mezclarían libremente (Helamán 6:7-8), mientras que otras veces, la sociedad nefita sería pesadamente infiltrada por lamanitas y por ladrones de origen dudoso (Mormón 2:8)/
LA IGLESIA DE DIOS EN ZARAHEMLA (Mosíah 25)
Alma establece la Iglesia
• Mosíah 25:4-11 Mosíah junta el pueblo en Zarahemla y les lee los anales del pueblo de Limhi, y del pueblo de Alma. Mosíah juntó al pueblo en dos grupos—el [pueblo de Nefi y el pueblo de Zarahemla (v. 4). Él luego le leyó los anales de los descendientes de Zeniff al pueblo, incluyendo todo lo que les había pasado en los últimos ochenta años desde que Zeniff y sus seguidores se fueron de Zarahemla para encontrar la tierra de Nefi (v. 5). Los anales del pueblo de Alma también fueron leídos (v. 6).
El pueblo de Mosíah «se llenó de admiración y asombro» con lo que oyeron; y tenían sentimientos encontrados sobre ello (versos 7 -8). Estaban agradecidos por las bendiciones de Dios para con aquellos quienes habían regresado recientemente; pero se lamentaron por sus relatos de pecado y esclavitud (versos 9-10]. Y cuando escucharon sacerca de los lamanitas, «que eran sus hermanos” y sus «condición de pecado y corrupción», «se llenaron de dolor y angustia por el bienestar de sus almas” (v. 11].
Esto demuestra el valor de mantener un anal histórico sobre lo cual Alma le dice a su hijo Helamán: «Han ensanchado la memoria» del pueblo y les brinda un conocimiento correcto de Dios y de Sus enseñanzas (Alma 37:8]. Esto fue el propósito de Nefi en escribir lo que él llamó: «Las cosas de mi alma … para la instrucción y el beneficio de mis hijos» (2 Nefi 4:15]. Fue el propósito de Enós continuar el anal «para que algún día futuro fuera llevada a los lamanitas, para que tal vez fueran conducidos a la salvación» (Enós 1:13] Y fue el propósito de Moroni, decirnos en los últimos días: «He aquí, os hablo como si hablara de entre los muertos; porque sé que tendréis mis palabras. No me condenéis por mi imperfección, ni a mi padre por causa de su imperfección, ni a los que han escrito antes de él; más bien, dad gracias a Dios que os ha manifestado nuestras imperfecciones, para que aprendáis a ser más sabios de lo que nosotros lo hemos sido» (Mormón 9:30-31], Nuestras historias personales, pueden bendecir las vidas de nuestra posteridad en todas estas maneras.
• Mosíah 25:14-18 Alma viaja entre la gente, hablando de grupos grandes y predicando el arrepentimiento y la fe en el Señor. Como sacerdote ordenado, Alma tenía una posición considerable en el pueblo. Cuando Mosíah hubo terminado de hablarles, él invitó a Alma a hablar (v. 14], La audiencia era tan numerosa, que fue organizada en grupos grandes, y Alma «fue de grupo en grupo, predicando al pueblo el arrepentimiento y la fe en el Señor» (v. 15]. El pueblo del Rey Limhi fue particularmente conmovido por su predicación ; sin haber tenido el beneficio de ello durante sus años de cautiverio. Ellos pidieron y recibieron el bautismo de Alma— algo por lo que habían esperado por un largo tiempo (Mosíah 21:33-34)—y se volvieron miembros de la Iglesia (versos 16-18).
• Mosíah 25:19-24 Mosíah autoriza a Alma para establecer iglesias a través de Zarahemla. Todo lo que se hacía en un reino de aquellos días, requería el permiso del rey; incluyendo el establecimiento formal de la Iglesia de Dios. El diccionario de la Biblia define a la Iglesia de Dios como «el cuerpo de creyentes organizados; quienes han tomado sobre ellos el nombre de Jesucristo por el bautismo, y la confirmación. Para ser la verdadera Iglesia, deber ser la Iglesia del Señor. Debe tener Sus leyes, Su nombre, y ser gobernado por Él por medio de representantes quienes Él ha colocado.» La iglesia de Alma cumplía con todos estas calificaciones para ser llamada la iglesia de Dios.
El Rey Mosíah le dio permiso a Alma para establecer iglesias a través de la tierra de Zarahemla. También le dio permiso para ordenar sacerdotes y maestros para cada iglesia (v. 19). Estas iglesias eran lo que nosotros llamaríamos «congregaciones.” En otras palabras, la iglesia de Alma (como iglesia total), ahora estaba siendo dividida en unidades de la Iglesia «porque era tanta la gente, que un solo maestro no podía dirigirla; ni todos podían oír la palabra de Dios en una asamblea” (v. 20).
Habían siete tales unidades de la iglesia en la tierra de Zarahemla (v. 23). Cada unidad tenía sus propios sacerdotes y maestros; y todas eran guiadas en sus enseñanzas por Alma (v. 21), quien les instruyó que les enseñaran sólo lo básico—»el arrepentimiento y la fe en Dios» (v. 22). El Señor bendijo estas iglesias con Su Espíritu y prosperó el «pueblo de Dios”; quien adoró en éstas (v. 24).
Al comparar la organización de la Iglesia en la época de Alma con la nuestra hoy en día, debemos entender que estos sacerdotes eran sumos sacerdotes, no sacerdotes con el sacerdocio aarónico.
El élder Bruce R. McConkie dijo que era una práctica común entre los nefitas tener «sacerdotes consagrados y maestros, y les fue dada responsabilidad administrativa, y los enviaron a predicar, enseñar, y bautizar (Mosíah 23:17; 25:19; 26:7; Alma 4:7; 15:13; 23:4). Estos sacerdotes y maestros tenían el sacerdocio de Melquisedec»2
El élder McConkie explicó: «En términos generales, un sacerdote es un ministro, [y esta] designación… no tiene referencia a ningún oficio particular en el sacerdocio … los profetas del Libro de Mormón le dieron el título de sacerdote a oficiantes que se conocen en [nuestra] dispensación como sumos sacerdotes. Eso significa, que eran sacerdotes del sacerdocio de Melquisedec»3
El élder McConkie dice que el sacerdocio aarónico no existía entre los nefitas cuando Alma vivía, «no habiendo ninguno del linaje con ese poder en los tiempos pre-meridianos para sostener ese sacerdocio.»4
En cuanto a los maestros nefitas, El élder Bruce R. McConkie explicó: «Los hermanos nefitas que tenían el sacerdocio de Melquisedec, eran maestros selectos consagrados, y les fue dadas responsabilidades y poderes administrativos y de enseñanza… Ellos tenían jurisdicción sobre las iglesias [congregaciones] y junto a los sacerdotes, «predicaran y enseñaran la palabra de Dios» (Alma 23:4). Ellos [también] tenían poder para bautizar (Alma 15:13).»5 Entonces, estos maestros corresponderían a nuestros obispos hoy en día.
• Mosíah 26:15-18, 20-22 El Señor acepta la obra de Alma. Todo esto constituía una «nueva dispensación» de la Iglesia entre los nefitas, con el profeta y sumo sacerdote Alma como «fundador de su iglesia» (Mosíah 23:16). El Señor bendijo a Alma por sus esfuerzos en establecer esta iglesia y proclamó:»… Ellos serán mi pueblo. Sí, bendito es este pueblo que está dispuesto a llevar mi nombre; porque en mi nombre serán llamados; y son míos” (Mosíah 26:17-18). Él instruyó a Alma a salir: «saldrás en mi nombre y reunirás mis ovejas” (v. 20). Él le dijo a Alma que aceptara a cualquiera en la Iglesia «que quiera oír mi voz» (v. 21). El Señor declaró: «Porque he aquí, ésta es mi iglesia: Quienquiera que sea bautizado, será bautizado para arrepentimiento. Y aquel a quien recibas, deberá creer en mi nombre; y yo lo perdonaré liberalmente» (v. 22).
• Mosíah 26:20 el Señor le promete a Alma vida eterna. Enterrada y casi imperceptible, en medio de esta aceptación de la organización de la iglesia de Alma, está la más importante de las promesas que el Señor le hace a Alma personalmente: «Mi siervo eres tú; y hago convenio contigo de que tendrás la vida eterna» Suena en gran medida como el llamamiento de Alma, y su elección se está asegurando, y él está siendo sellado a vida eterna (D. y C. 131:5; 88:3-4). Esta extraordinaria promesa hecha a Alma padre, demuestra su grandeza ante los ojos de Dios.
El élder Bruce R. McConkie dijo:
Estos tan favorecidos del Señor, son sellados en contra de toda manera de pecado y blasfemia; excepto las blasfemia en contra del Espíritu Santo y el derramamiento de sangre inocente. Esto significa que su exaltación está asegurada. Su llamamiento y elección se asegura porque ellos han obedecido la plenitud de las leyes de Dios y han superado al mundo. Aunque de tales personas se dice lo siguente:
«y él o ella comete algún pecado o transgresión del nuevo y sempiterno convenio, cualquiera que sea, y toda clase de blasfemias, y si no cometen homicidio en el que viertan sangre inocente, todavía saldrán en la primera resurrección y entrarán en su exaltación” (D. y C. 132:26). El Señor les dice a ellos «Saldréis en la primera resurrección … y heredaréis tronos, reinos, principados, potestades y dominios, toda altura y toda profundidad» (D. y C. 132:19).6
El profeta José Smith dijo:
Después que una persona tiene fe en Cristo, se arrepiente de sus pecados, y es bautizado por la remisión de sus pecados y recibe el Espíritu Santo (por la imposición de manos) la cual es el primer consolador, entonces déjelo continuar a humillarse ante Dios, teniendo hambre y sed de justicia, viviendo cada palabra de Dios, y el Señor pronto le dirá: «Hijo, seréis exaltado.” Cuando el Señor lo ha probado a él por completo, y se da cuenta de que ese hombre está determinado en servirlo en toda situación, entonces el hombre encontrará su llamamiento y elección asegurada, entonces será su privilegio recibir el otro consolador, el cual el Señor ha prometido a los santos…
Ahora ¿Cuál es ese consolador? No es ningún otro nada menos que el Señor Jesucristo mismo; y esto es la suma y esencia del asunto; que cuando cualquier hombre obtiene este último consolador, él tendrá el personaje de Jesucristo atendiéndole, o apareciéndosele de vez en cuando, y aún le manifestará el Padre, y ellos morarán con él, y el Señor le enseñará cara a cara, y él puede tener un conocimiento perfecto de los misterios del reino de Dios; y éste es el estado y el lugar donde los antiguos santos llegaron cuando ellos tenían tal gloriosas visiones—Isaías, Ezequiel, Juan en la Isla de Patmos, San Pablo en los tres cielos, y todos los santos quienes sostuvieron comunión con la asamblea general y la Iglesia del Primogénito.
José Smith continuó con el tópico: «Entonces le exhortaría ir y continuar clamando a Dios hasta que usted asegure su llamamiento y elección; al obtener esta palabra más segura de profecía, y esperar pacientemente por la promesa hasta que la obtenga.»8
LIDIAR CON PECADORES A LA MANERA DEL SEÑOR (Mosíah 26)
La Rebelión De La Nueva Generación
• Mosíah 26:1-5 muchos de la «nueva generación» se rehúsan a unirse a la Iglesia. Muchos de los jóvenes adultos quienes estaban ahora viviendo en Zarahemla—»la nueva generación”—eran sólo niños pequeños en la época que el Rey Benjamín dio su sermón y «no creían en la tradición de sus padres» (v. 1). Sus padres habían tratado de enseñarles concerniente a la resurrección y la venida de Cristo, pero ellos no les creyeron, y sus corazones fueron endurecidos (versos 2-3). Ellos se rehusaron a ser bautizados y a unirse a la Iglesia; o revista aún a orar, y se separaron de aquellos quienes hicieran estas cosas (v. 4). Ellos comenzaron como un grupo pequeño, pero por motivo de las disensiones que emergieron entre los «hermanos” (miembros de la Iglesia), se volvieron más numerosos (v. 5).
• Mosíah 26:6-8 ellos engañaron a muchos con sus palabras lisonjeras y son traídos ante Alma para ser juzgados. Los apóstatas casi nunca están satisfechos con simplemente estar en desacuerdo. También deben ganarse conversos para su causa y encuentran faltas en la gente quienes permanecen fieles; como si eso de alguna manera hace que lo que ellos han hecho, esté correcto. Éste es el caso con estos jóvenes en Zarahemla; quienes fueron y con «sus palabras lisonjeras engañaron a muchos que eran de la iglesia, y les hicieron cometer muchos pecados» (v. 6).
El élder Ezra Taft Benson dijo: “Al buscar el placer del mundo, nos gusta ser honrados por lo hombres que el mundo honra. Pero aquí se presenta peligro real, frecuentemente, para recibir esos honores, debemos unirnos con la fuerzas de ellos y seguir aquellas mismas influencias diabólicas y políticas; las cuales traen algunos de esos hombres a posiciones de prominencia… hoy en día estamos siendo azotados con la lisonja y los hombres prominentes en el mundo.”9
Como resultado de sus influencia pecaminosa, se vuelve necesario para la Iglesia «amonestarlos» y ellos fueron «llevados antes los sacerdotes» habiendo sido llevados a ellos por los maestros (obispos). Estos sacerdotes, en retorno, le referían el asunto a Alma (versos 6-8), quien era el sumo sacerdote en la Iglesia (Mosíah 26:8) Alma «no sabía nada de ellos” hasta ese punto, «pero había muchos testigos en contra de ellos» quienes «se presentaba y testificaba de su iniquidad en abundancia” (Mosíah 26:9).
La diferencia entre el pecado y el crimen
• Mosíah 26:10-12 Alma se los envía a Mosíah, quien sabiamente se niega a juzgarlos. Ninguna cosa como esta había pasado antes en la Iglesia, y Alma estaba profundamente preocupado por ello (v. 10). Él los envió al Rey Mosíah, quien había reinado con justicia y buen juicio y también era un hombre de Dios y un vidente. Alma le dijo al rey «He aquí el gran número que hemos traído ante ti, a quienes sus hermanos acusan; sí, y han sido sorprendidos en diversas iniquidades. Y no se arrepienten de sus maldades; por tanto, los hemos traído ante ti para que tú los juzgues según sus delitos» (v. 11). Pero el Rey Mosíah, para sorpresa de Alma, respondió: «Yo no los juzgo; por tanto, los entrego en tus manos para ser juzgados» (v. 12). Las razones de esta respuesta eran:
- Los crímenes son violaciones de las leyes del estado.
- Los pecados son violaciones de las leyes de Dios.
- A veces, un comportamiento puede ser tanto un pecado y un crimen, pero muchas veces no lo es.
- Estas personas eran culpables de pecados, mas no de crímenes.
• Alma 30:7-11 Bajo la ley nefita, ellos podían creer como les placía; mientras que no cometieran crímenes. En la sociedad nefita «Pues no había ley alguna contra la creencia de ningún hombre; porque era expresamente contrario a los mandamientos de Dios” Si un hombre escogía creer en Dios y servirle «tenía el privilegio … pero si no creía en él, no había ley que lo castigara” (v. 9). Si los hombres cometían crímenes—asesinato, robo, hurto, adulterio—eran castigados por la ley (v. 10). “no había ninguna ley contra la creencia de un hombre… era castigado sólo por los crímenes que hubiese cometido”; haciendo a los creyentes y a los no creyentes, iguales antes la ley.
• D. y C. 134:10 esta postura ha sido reafirmada en nuestra propia dispensación. «Creemos que toda sociedad religiosa tiene el derecho de disciplinar a sus miembros por conducta desordenada, de acuerdo con los estatutos y reglamentos de dicha sociedad, siempre que tales procedimientos tengan que ver con su confraternidad y buenos antecedentes; pero no creemos que sociedad religiosa alguna tenga la autoridad para juzgar a los hombres en cuanto al derecho sobre la propiedad o la vida, ni para quitarles los bienes de este mundo, ni poner en peligro la vida o el cuerpo, ni imponer sobre ellos castigos físicos. Sólo pueden excomulgarlos de su sociedad y retirar de ellos la mano de confraternidad.”10
El proceso de la disciplina en la Iglesia
• Mosíah 26:13-14,19 el Señor declara Su confianza en Alma y lo bendice. Alma estaba profundamente preocupado por este nuevo problema de disciplina dentro de la Iglesia y no quería hacer ninguna cosa que pudiera ofender a Dios (v. 13). Sus oraciones fervientes resultaron en la voz del Señor declarando una bendición sobre él, y sobre todos los miembros fieles de la Iglesia por su fe y obediencia [versos 14-18). Él también bendijo a Alma por averiguar acerca de qué debía hacer con los transgresores (v. 19).
• Mosíah 26:24-28 los miembros de la Iglesia quienes “nunca conocieron” a Cristo no serán exaltados. Concerniente a los miembros de la Iglesia, el Señor le dice a Alma: «en mi nombre son llamados; y si me conocen, saldrán [en la primera resurrección]; y tendrán un lugar a mi diestra eternamente.” [v. 24). Pero aquellos que «nunca me conocieron» se levantarán «cuando suene la segunda trompeta [la segunda resurrección]» y «saldrán… y comparecerán ante mí.” [v. 25). Estos a quienes él se refiere, son aquellos que «no serán redimidos” (v. 26), lo que significa, aquellos quienes se negaron a Su redención. El Señor les dirá en aquel día «jamás los conocí; e irán al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles” (v. 27). Estos son la gente—aquel «que no quiera escuchar mi voz»—a quien Alma debe negarles la membrecía en la Iglesia, ya que el Señor dijo, «no lo recibiré en el último día” (v. 28).
Esto es similar a lo que el Salvador dijo en Mateo &:21-23, pero hay una diferencia importante en las palabras de la versión del Rey Santiago. La traducción de [osé Smith traduce: «Nunca os conocí» a «Nunca me conocieron» lo cual va de acuerdo con las palabras del Señor a Alma (v. 24). Depende de nosotros «conocer a Cristo» primero, y luego Él «nos conocerá» al sellarnos a Él en el último día.
El élder Bruce R. McConkie dijo:
Conocer a Dios en ese sentido pleno; lo cual nos hará capaces de ganar salvación eterna, significa que debemos saber lo que Él sabe, disfrutar lo que Él disfruta, experimentar lo que Él experimenta. En el lenguaje del Nuevo Testamento, debemos «ser como Él” (1 Juan 3:2). Pero antes que nos podamos volver como Él, debemos obedecer aquellas leyes que no harán capaces de adquirir el carácter, la perfecciones, y atributos que Él posee. Y antes de que podamos obedecer estas leyes, debemos aprender qué son; debemos aprender sobre Cristo y Su evangelio … y.. después del bautismo debemos guardar los mandamientos y «seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres” (2 Nefi 31:20).11
• Mosíah 26:29-30 el Señor instruye a Alma a juzgar la gente que ha pecado. Alma fue instruido a juzgar «al que transgrediere contra mí [el Señor].» El Señor le dijo aquellos quienes confiesan sus pecados «ante ti y mí” y «se arrepiente con sinceridad de corazón, a éste has de perdonar, y yo lo perdonaré también” [v. 29). Y «el que no quiera arrepentirse de sus pecados no será contado entre mi pueblo; y esto se observará desde ahora en adelante» (v. 32). Aquí está entonces el estándar del Señor dado a Alma:
Aquellos quienes confiesan y se arrepienten deben ser perdonados, y aquellos quienes no lo hacen, deben ser excomulgados.
• D. y C. 58:43 el estándar del Señor para el juicio en cuanto al arrepentimiento. ¿Cómo podemos saber que un hombre se ha arrepentido verdaderamente de sus pecados? El Señor ha dado la respuesta: «Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará» Pero ¿Qué significa esto? ¿Qué clase de confesión se requiere?
El Presidente J. Reuben Clark Jr. Dijo: «Me gustaría señalar que para mí hay una gran diferencia entre confesión y admisión después que la transgresión se prueba. Dudo mucho de la eficacia de una admisión como una confesión.»12 Esto significa que el corazón y la mente deben estar involucrados; así como los labios. Debe haber suficiente «frutos de arrepentimiento» para demostrar la sinceridad de la confesión (Mateo 3:8; Alma 12:15; 13:3).
¿A quién debe el pecador confesar? Todos los pecados deben ser confesados a Dios. La confesión a los líderes del sacerdocio apropiados es también necesaria en el caso de aquellos pecados que pongan en juego la membrecía de alguna persona en la Iglesia. Las autoridades del sacerdocio también pueden juzgar qué acciones se necesitan tomar para demostrar suficiente arrepentimiento y para restaurar las bendiciones de la Iglesia.
En todo esto, debemos tener en mente que los líderes del sacerdocio no pueden perdonar pecados—sólo Dios puede hacer eso.
El élder Spencer W. Kimball dijo:
Aunque hay muchos oficiantes eclesiásticos en la Iglesia cuyas posiciones tienen derechos y requiere que sean jueces, la autoridad de esas posiciones no los califican necesariamente, o remite pecados… el obispo, y otros en posiciones comparables, pueden perdonar en el sentido de suspender penalidades. En nuestra liviana connotación, a veces llamamos a esto perdón, pero no es perdón; en el sentido de «borrar» o absolución. La suspensión significa, sin embargo, que el individuo no necesitará ser juzgado de nuevo por el mismo error, y que él pudiera volverse activo y tener fraternidad con la gente de la Iglesia recibiendo la confesión y suspendiendo las penalidades; ya que el obispo ya está representando al Señor. Él ayuda a llevar la cargas, alivia el estrés del transgresor y la tensión, y le aseguran a él una continuación de su activad de la Iglesia, Es el Señor, sin embargo, quien perdona los pecados.13
• Mosíah 26:30 el Señor promete que Él nos perdonará si nos arrepentimos. Podemos entregarnos en el proceso de arrepentimiento con plena confianza de que seremos perdonados si nos arrepentimos apropiadamente. El Señor le dijo a Alma: «Sí, y cuantas veces mi pueblo se arrepienta, le perdonaré sus transgresiones contra mí.»
Estas son noticias confortadoras. No estamos entrando en el proceso para ser condenados o avergonzados. Estamos entrando en el proceso de ser perdonados—y seremos perdonados. La Iglesia es muy clara acerca del propósito de la disciplina de ésta y de sus manuales. Esos propósitos son:
- Para ayudar al pecador a arrepentirse y ganar de nuevo bendiciones perdidas
- Para preservar el buen nombre de la Iglesia
- Para asegurar la justicia, en lugar de esconder o pasar por alto los pecados de algunos; mientras se castiga los pecados de otros.
• D. y C. 82:7 Si nuestro arrepentimiento no es permanente, tampoco lo es nuestro perdón. Ya que el perdón está firmemente ligado al arrepentimiento, no debemos pensar que el arrepentimiento temporal es suficiente. El Señor dijo: «id y no pequéis más; pero los pecados anteriores volverán al alma que peque.”
Entonces, no debemos tomar nuestro arrepentimiento a la ligera. El Profeta José Smith dijo: «El arrepentimiento es una cosa con la cual no se puede jugar todos los días. La transgresión a diario y el arrepentimiento a diario no es complaciente a la vista de Dios.”14
• Mosíah 26:31 se requiere de nosotros perdonar a los que se arrepientenero de El Señor le hizo claro a Alma que el pecador arrepentido también debe perdonar a otros. Él Dijo: «porque en verdad os digo que el que no perdona las ofensas de su prójimo, cuando éste dice que se arrepiente, tal ha traído sobre sí la condenación.» Esto repercute las palabras del Señor en nuestro propio tiempo: «Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado. Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres» (D. y C. 64:9-10).
En el sermón del monte, tanto en Jerusalén; como a los nefitas cuando el Salvador los visitó, el Señor hizo claro que nuestro estándar de juicio para con los demás—la regla (o medida) por la cual nosotros medimos su comportamiento—es la misma que será usada para medir el nuestro. Él nos dijo: «Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os volverá a medir» (3 Nefi 14:2). Esto significa que si somos tolerantes y comprensivos con las fallas de otros, también el Señor será tolerante y comprensivo con las nuestras. Y si no somos prestos a perdonar a otros, Él tampoco será presto para perdonarnos.
El élder Spencer W. Kimball dijo: “Aquel quien no perdonará a otros derrumba el puente sobre el cual él mismo viajará. Esto es una verdad enseñada por el Señor en la parábola del siervo despiadado [Mateo 18:23-35, pág. quien demandó ser perdonado; pero era despiadado con alguno quien le pidiera perdón a él.»15
• Mosíah 26:33 Alma escribió las instrucciones del Señor. Alma no tomaba estas instrucciones a la ligera. El las escribió cuidadosamente «para conservarlas, y para juzgar al pueblo de la iglesia según los mandamientos de Dios.” Lo mismo es verdad hoy en día, donde el proceso para el consejo disciplinario de la iglesia se ha descrito en detalle en Doctrina y Convenios (D. y C. 102) y también en los manuales de la Iglesia de instrucción para líderes del sacerdocio.
• Mosíah 26:34-36 el juicio de los líderes del sacerdocio es el juicio del Señor. Con estas instrucciones a mano, Alma salió y «juzgó a los que habían sido sorprendidos en la iniquidad» (v. 34). A aquellos quienes confesaron y se arrepintieron de sus pecados, se les permitió quedarse en la Iglesia (v. 35). Aquellos quienes se negaban a arrepentirse, fueron excomulgados de la Iglesia, y «sus nombres fueron borrados» (v. 36), los que significa que fueron borrados del libro de la vida.
El élder Spencer W. Kimball dijo:
Hay cultistas quienes aclaman que la Iglesia pudiera cortar una persona de ella; pero no podría afectar su estatus eterno, o tomar de él Espíritu Santo o su sacerdocio, o las bendiciones del templo. Esto es deseoso, mas el Señor ha prometido reconocer los actos de Sus siervos, y Su Iglesia, es Su reino. Y cuando la persona es excomulgada por el obispado, el sumo consejo, o los consejos superiores, es como si el Señor hubiese personalmente con su propia voz pronunciado el castigo.
Esta clase de autoridad, alcanzando en sus efectos en esta vida hacia las fases futuras de la eternidad, va a ser una característica de la Iglesia de Jesucristo y es claramente demostrada por las palabras del Salvador:
«… Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16:19).16
• Mosíah 26:37-39 en la Iglesia «empezaron nuevamente a tener paz y a prosperar.» Como resultado de estos procesos, la paz fue restaurada de nuevo a la Iglesia con sus líderes y miembros «andando con circunspección ante Dios” y «admitiendo a muchos y bautizando a muchos” (v. 37). Alma y su líderes asignados laboraron «con toda diligencia, enseñando la palabra de Dios en todas las cosas” (v. 38). La Iglesia continuó «padeciendo toda clase de aflicciones y sufriendo persecuciones de todos aquellos que no pertenecían a la iglesia de Dios” pero dentro de la Iglesia ellos «amonestaban a sus hermanos, y también recibían amonestación, cada uno por la palabra de Dios, de acuerdo con sus pecados» orando «sin cesar” y dando «gracias en todas las cosas” (v. 39).
El élder Bruce R. McConkie dijo en cuanto a soportar al enfrentar oposición:
Ahora, tengo lo que cada verdadero discípulo tiene. El llamado el testimonio de Jesús. En nuestro día incluye el conocimiento revelado de que el reino terrenal—la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días—triunfará. En esta conexión, déjeme plantear ante usted esta ilustración: La Iglesia es como una gran caravana—organizada, preparada, siguiendo un curso asignado, con sus capitanes de diez y capitanes de cientos en todas partes, ¿Qué importa si unos pocos perros ladrando muerden los talones de los viajeros cansados? 0 que animales cazadoras clamen a aquellos pocos quienes caen en el camino; la caravana sigue. ¿Hay un barranco que cruzar, un hueco de barro fangoso que atravesar, una colina empinada que escalar? Que así sea. El buey es fuerte y los conductores son sabios. La caravana sigue. ¿Hay allí tormentas que se enfurecen en el camino, inundaciones que arrastran los puentes, desiertos que atravesar, y ríos que vadear? Así es la vida en esta esfera caída. La caravana sigue. Adelante está la ciudad celestial, la Sión eterna de nuestro Dios, donde todos los que sostienen su posición en la caravana encontrarán comida, bebida y descanso. ¡Gracias a Dios que la caravana sigue!17
• Mosíah 27:1-6 el Rey Mosíah toma acción para proteger los derechos civiles. Siendo incapaz de perturbar la tranquilidad de la iglesia misma, los enemigos de su obra aumentan sus persecuciones sobre los miembros individuales al punto de que se volvió intolerable (v. 1)—e ilegal. Como resultado «el rey Mosíah envió una proclamación por todo el país de que ningún incrédulo debía perseguir a persona alguna que perteneciera a la iglesia de Dios. (v. 2). Además, los miembros de la Iglesia no debían perseguir a otros (v. 3), siendo sujetos a las mismas leyes que los demás seguían. La Iglesia le enseñó a su miembros «que no permitieran que el orgullo ni la soberbia alteraran su paz; que todo hombre estimara a su prójimo como a sí mismo, trabajando con sus propias manos para su sostén” (v. 4). Y para prevenir supercherías sacerdotales, fue anunciado que «todos sus sacerdotes y maestros debían trabajar con sus propias manos para su sostén en todos los casos, salvo en los de enfermedad o de gran necesidad» (v. 5). Como resultado, el Señor los bendijo, y la paz fue el restaurado en Zarahemla por un tiempo. La población aumento rápidamente y las ciudades y las aldeas surgieron «en todas partes de la tierra.”
LA CONVERSIÓN DE ALMA, HIJO, Y LOS HIJOS DE MOSÍAH
(Mosíah 27:7-27; Alma 36:5-26; 38:7-8)
Entre esas personas jóvenes quienes estaban persiguiendo a los miembros de la iglesia, estaban los hijos del profeta y del rey: Alma, hijo, y cuatro hijos de Mosíah—Ammón, Aarón, Omner, e Himni. (Mosíah 27:34) —;lo cual le causó gran consternación a sus padres y a la Iglesia, y ellos parecían revelarse. Alma, hijo, cuenta la historia no sólo una vez, pero tres veces; y en varios grados de detalle:
- El relato histórico original de la rebelión de Alma y su conversión (Mosíah 27:7-37).
- El relato repetido de Alma de la historia contada a su hijo Helamán (Alma 36:5-26).
- El relato repetido de Alma de ciertos detalles de la historia a su hijo Shiblón, (Alma 38:7-8). Alma le dijo su historia a su hijo Helamán para animarlo a seguir su ejemplo. Él le suplicó a su hijo: «Quisiera que hicieses lo que yo he hecho” y «escuches mis palabras y aprendas de mí» (Alma 36:2-3). Y Alma más tarde lo anima: «Debes recordar su cautiverio [de nuestros ancestros] como lo he hecho yo» (Alma 36:29-30). Esto fue hecho para ayudar a su hijo a evitar problemas similares y también para enfatizar la validez de su consejo; para reforzar la seriedad de su preocupación por su hijo, y por su bienestar espiritual.
• Mosíah 27:8-10 Alma, hijo, y los hijos de Mosíah son apóstatas y perseguidores de la Iglesia. Alma y sus amigos, los hijos de Mosíah «andaba [n]… tratando de destruir la iglesia de Dios» (Alma 36:6). Mormón llama a Alma hijo «un hombre muy malvado e idólatra” y llama a todos estos jóvenes «los más viles pecadores» (Mosíah 28:4). Alma hijo mismo dijo: «Me había rebelado contra mi Dios… no había guardado sus santos mandamientos… había asesinado a muchos de sus hijos, o más bien, los había conducido a la destrucción» (Alma 36:13-14).
Mormón también describe a Alma, hijo, como un lisonjero—un hombre de «muchas palabras»; quien causó gran disensión en la Iglesia y la debilitó (v. 9). Sólo nos podemos imaginar el daño que fue hecho por el propio hijo del profeta negando a la iglesia y lo que su padre estaba enseñando. Y aún peor, estaban tratando de «destruir la iglesia de Dios» y «descarriar al pueblo del Señor, cosa contraria a los mandamientos de Dios, y aun del rey” (v. 10).
Una respuesta a las oraciones de sus padres
• Mosíah 27:11,14 un ángel de Dios viene en respuesta a las oraciones de sus padres. No sabemos cuánto tiempo estos chicos estaban empeñados en sus rebeliones, pero mientras ellos estaban haciendo esto, un ángel “descendió como en una nube; y les habló como con voz de trueno que hizo temblar el suelo sobre el cual estaban” el ángel dijo: «He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe.»
El élder Jeffrey R. Holland dijo: «quizás ninguna angustia del espíritu humano se compara con la angustia de una madre o padre quien teme por el alma de un niño … [pero] los padres nunca se pueden dar por vencidos en esperar, cuidar, o creer. De cierto ellos nunca pueden darse por vencidos en la oración. A veces la oración pudiera ser el único curso de acción que queda—pero es el más poderoso de todos.»18
El élder Howard W. Hunter dijo:
Tal padre o madre no está solo. Nuestros primeros padres conocieron la pena y el sufrimiento de ver algunos de sus hijos rechazar las enseñanzas de vida eterna (Moisés 5:27). Siglos después, Jacob se enteró de los celos y sentimientos negativos de sus hijos mayores hacia su amado José. (Génesis 37:1-8.) EL gran profeta Alma, quien tenía un hijo llamado Alma, oró mucho al Señor en cuanto la actitud rebelde de su hijo y sin ninguna duda, estaba abrumado con preocupación y angustia acerca de la disensión y la iniquidad que su hijo estaba causando entre aquellos quienes estaban en la Iglesia (Mosíah 27:14.) Nuestro Padre Celestial también ha perdido muchos de Sus hijos espirituales en el mundo; Él sabe los sentimientos de su corazón … no pierda la esperanza por un chico o una chica quien se ha descarriado. Muchos quienes han parecido estar completamente perdidos, han regresado. Debemos orar y si es posible, dejarle a nuestro hijos saber nuestro amor y preocupación.19
El élder Orson F. Whitney dijo: «¡Ustedes padres de los voluntariosos y los caprichosos! No se den por vencidos. No los destierre. No están completamente perdidos. El Pastor encontrará a Sus ovejas. Ellos fueron Suyos antes de que fueran de usted—mucho antes que Él los confiara bajo su cuidado; y usted no puede amarlos como Él los ama. Ellos se han descarriado por ignorancia de la senda del bien, y Dios es misericordioso con la ignorancia. Sólo la plenitud del conocimiento trae la plenitud de la responsabilidad.
Nuestro Padre Celestial es mucho más misericordioso e infinitamente más caritativo que aún los mejores de Sus siervos; y el evangelio eterno es más grande en poder para salvar que lo que nuestras mentes estrechas y finitas pueden comprender.»20
• Mosíah 27:12-13,15-17 el ángel llama a Alma, hijo, y a los hijos de Mosíah al arrepentimiento. Los asombrados jóvenes cayeron a tierra y al principio, no entendieron lo que el ángel estaba diciendo (v. 12). Pero entonces al ángel pronunció con estruendo la misma pregunta que un día le sería preguntada a Saulo en el camino a Damasco: «¿por qué persigues tú la iglesia de Dios?» el ángel continuó, «Porque el Señor ha dicho: Ésta es mi iglesia, y yo la estableceré; y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.” Él puede haber negado las visones de su padre, pero no podía negar ésta. La voz del ángel hizo temblar la tierra, Alma podía verlo de pie claramente en frente de él (v. 15). El ángel hizo su autoridad clara: «soy enviado de Dios» (v. 15). Él le mandó a recordar las grandes cosas que Dios había hecho por el pueblo de su padre en Helam y le dijo: «sigue tu camino, y no trates más de destruir la iglesia, para que las oraciones de ellos sean contestadas, aun cuando tú, por ti mismo, quieras ser desechado» y entonces el ángel partió (versos 16-17).
• Alma 36:10-16 Alma hijo es sacudido con miedo y tormento. Alma le dijo a su hijo Helamán, que para ese punto él cayó a tierra. Le dijo: «No pude abrir mi boca, ni hacer uso de mis miembros» (v. 10) por tres días y tres noches. El ángel dijo otras cosas también; las cuales los hijos de Mosíah oyeron, pero Alma no las escuchó porque estaba «herido de tan grande temor y asombro de que tal vez fuese destruido, que caí al suelo [él] y no oí más» (v. 11). Él dijo: «Me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados» (v. 12). Él llamó estos sufrimientos “las penas del infierno», las cuales estaba sufriendo porque sabía que él se había «rebelado contra… Dios y… no había guardado sus santos mandamientos, (v. 13). Él deseó ser «desterrado … aniquilado en cuerpo y alma» (v. 15) y por tres días y tres noches estuvo «atormentado, sí, con las penas de un alma condenada» (v. 16).
Alma, hijo, estaba sufriendo los «bofetones de Satanás» durante aquellos tres días. El élder Bruce R. McConkie explica lo que esto significa: «Ser estregado a los bofetones de Satanás es ser dado en sus manos. Es ser entregado a él con todo el poder protector del sacerdocio, de la justica, y de la divinidad quitadas; para que Lucifer sea libre de atormentar, perseguir, y afligir a tal persona sin ningún impedimento. Cuando las barras caen, las esposas y las maldiciones de Satanás, tanto en este mundo como en el venidero, traen una angustia indescriptible; tipificada por fuego que quema y azufre. Los condenados en el infierno sufrenero de»21
• Mosíah 27:18-23 Alma padre se regocija sobre lo que Dios ha hecho por su hijo. Mormón, quien obviamente había leído la carta de Alma hijo a su hijo, reitera algunos de estos detalles y añade otros. Él dice: «fue tan grande el asombro de Alma que quedó mudo, de modo que no pudo abrir la boca; sí, y quedó tan débil que no pudo mover las manos; por tanto, lo alzaron los que estaban con él, y lo llevaron inerte, sí, hasta dejarlo tendido ante su padre” (v. 19).
Cuando la gente le dijo lo que le había pasado a su hijo, Alma el padre «se regocijó, porque sabía que era el poder de Dios” en respuesta a sus oraciones (v. 20). Él juntó a una multitud junto con sus sacerdotes para ser testigos de lo que había pasado y para «ayunar y a rogar al Señor su Dios que abriera la boca de Alma para que pudiera hablar, y también para que sus miembros recibieran su fuerza” (versos 21-22). Esto fue una versión del Libro de Mormón de un ayuno de barrio; pero otro propósito era que «los ojos del pueblo fueran abiertos para ver y conocer la bondad y gloria de Dios” (v. 22). Después de dos días y dos noches de tal ayuno y oración, “los miembros de Alma recobraron su fuerza, y se puso de pie y comenzó a hablarles, diciéndoles que se animaran” (v. 23).
Este incidente brinda un número de preguntas importantes. ¿Por qué el Señor no le hace algo como esto a cada niño caprichoso? La venida de un ángel causó su arrepentimiento; y si fue así, ¿Por qué no funcionó con Lamán y Lemuel? En casos como estos y como el de Saulo en el camino a Damasco, ¿El señor sabe que estas personas responderán tan fielmente?
Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet proveen una respuesta excelente a todas estas preguntas:
Primero, se debe observar que si a todas las almas rebeldes les fueran dadas una visita persona de un ángel asegurando la realidad del mundo venidero con sus recompensas y castigos, habrían poca necesidad para la fe.
Segundo, tales apariciones de ángeles crearían la tentación de obtener un testimonio por comportamiento negativo, en lugar de por medio de la dignidad. Ya que unos pocos entre los fieles son privilegiados de disfrutar de la ministración de ángeles, parecería un sistema extraño de teologías que tal privilegio se concedería a los inicuos.
Tercero, pudiera ser que algún número estimable de persones han tenido tales experiencias; mas han rechazado el consejo divino, y han escogido no arrepentirse, y entonces, no tenemos un archivo de la experiencia. Sabemos, por ejemplo, que Lamán y Lemuel fueron regañados por un ángel, y que ellos le dieron poca importancia (1 Nefi 3:29). Y no hay evidencia de que ellos escribieron tales cosas.
Cuarto, el Salvador explicó que aquellos quienes rechazan el testimonio de escritura y de los profetas vivientes, también rechazarían el testimonio de ángeles si ellos se les aparecen (Lucas 16:31).
Quinto, tenemos el testimonio de escritura de que «algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Hebreos 13:2), y pudiéramos suponer que en muchos casos, los ángeles han tratado de persuadir a los transgresores del curso que están siguiendo en maneras no observadas; o revista menos dramáticas, que esta aparición a Alma y a los hijos de Mosíah.
Sexto, las oraciones de los justos no pueden ser ignoradas. Alma el padre y Mosíah, fueron ambos hombres de gran fe quienes sin duda alguna imploraron a los cielos día y noche con una súplica por ayuda para salvar a sus hijos caprichos. Ellos no oraron solos, porque sus súplicas fueron unidas a aquellas de todos los fieles de la Iglesia en Zarahemla y sus alrededores.
Séptimo, se necesita recordar que el Señor, quien puede manifestar Su poder en una gran variedad de maneras, es a duras penas limitado a ministradores angelicales o a visiones abiertas. Muchos han tenido experiencias de conversión de impacto espiritual y consecuencias iguales a las de Alma. Estas experiencias son el resultado de una fusión de circunstancias divinamente planeadas. Son experiencias que cambian la vida involucrando cosas tales como una confrontación con la muerte, un sermón inspirado, un padre amoroso o familiar, o un líder del sacerdocio sensible.22
El Presidente Wilford Woodruff dijo:
Yo le dije [a un hombre quien había orado por una visita de ángeles] que si él ora mil años al Dios de Israel por ese regalo, no sería concedido; a menos que el Señor tuviera un motivo para enviarle un ángel a él. Yo le dije que el Señor nunca lo hizo o nunca lo hará; enviarle un ángel a nadie, sólo para gratificar el deseo del individuo de ver un ángel. Si el Señor le envía un ángel a alguien, El lo envía para realizar una obra que no puede ser realizada sólo por la ministración de un ángel… el Señor le ha enviado ángeles a los hombres desde la creación del mundo, en diferentes ocasiones, pero siempre con un mensaje o con algo que realizar que no podría ser realizado sin [un ángel].. ahora, yo he siempre dicho, y quiero decirle a usted, que el Espíritu Santo es lo que cada Santo de Dios necesita. Es mucho más importante para un hombre que tenga ese don a que él deba tener la ministración de un ángel, a menos que sea necesario para un ángel enseñarle algo que a él no se le ha enseñado.23
Los perseguidores nacen de nuevo
• Alma 36:17-21 la súplica de Alma por misericordia trajo la redención por medio del Salvador. En este momento de gran aflicción, mientras que él fue «herido con tormento” y «agobiaba [do] con tormento» y lo «atribulaba el recuerdo de mis [sus] muchos pecados,” Alma, hijo, también recuerda lo que él había oído a su padre enseñar acerca de «la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo” (v. 17]. Él recordó «mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte! (v. 18], Y tan pronto él tuvo este pensamiento, dice: «ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados» (v. 19). El temor lo dejó. La culpa lo dejó. Y estos sentimientos fueron remplazados con el fulgor brillante de esperanza.
Su relato continúa: «Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor. Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo. (versos 20-21). Él era un nuevo hombre. Había sido espiritualmente nacido de nuevo.
El élder Bruce R. McConkiec dijo:
Cuando Alma, hijo, tuvo su gloriosa experiencia y nació de nuevo—sin ninguna duda él había sido bautizado en su juventud; pero no había sido nacido de nuevo, no había
ejercitado el poder de convertirse al Hijo de Dios—cuando esto finalmente vino, él recibió del Señor el pronunciamiento de que toda la humanidad, los hombres y las mujeres, la gente de cada nación, tribu y lengua, tenían que nacer de nuevo si ellos iban a volverse herederos de paz en esta vida y en la vida eterna en el mundo venidero. Y luego, él fue aconsejado que ellos tenían que volverse nuevas criaturas. Tenían que volverse una nueva creación por poder del Espíritu Santo y sus vidas tenían que ser cambiadas (Mosíah 27:24-31 y Alma 5). Y ese cambio es uno en el cual la gente se vuelven vivos a las cosas de la justicia; ellos mueren en cuanto a la carne y a las cosas que son vulgares, como las cosas que son contrarias al Señor y nos llevan lejos de El, nuestro Padre Celestial.24
El élder McConkie explico más ampliamente:
Aquellos quienes son nacidos de nuevo, no sólo viven una nueva vida, pero ellos también tienen un nuevo padre. Su nueva vida es una de justicia, y su nuevo padre es Dios. Ellos se volvieron los hijos de Dios; o revista más particularmente, ellos se vuelven los hijos e hijas de Jesucristo. Ellos comparten, para siempre, el nombre de su nuevo padre; ellos toman sobre sí mismos el nombre de Cristo y se vuelven cristianos, no sólo en palabra, pero en obras. Se vuelven por adopción, la simiente o progenie de Cristo, los niños de Su familia, los miembros de Su hogar, el cual es el perfecto hogar o perfecta fe … ellos también se vuelven coherederos con Él de la plenitud de la gloria del Padre, entonces se vuelven por adopción los hijos de Dios el Padre … aquellos quienes son nacidos del Espíritu de este modo … superan el mundo. Ellos mueren en cuanto a la carne y el diablo; ellos viven en cuanto a espiritualidad y divinidad. Y todo pasa porque ellos tienen fe en Cristo.25
• Mosíah 27:24-29 todos debemos ser similarmente nacidos de nuevo. El recuento de Mormón de esta historia incluye detalles importantes adicionales de lo que el Señor le dijo a Alma mientras que estaba siendo redimido de sus pecados. Alma, hijo, debe haber estado asombrado porque el Señor le dijo:
«No te maravilles de que todo el género humano, sí, hombres y mujeres, toda nación, tribu, lengua y pueblo, deban nacer otra vez; sí, nacer de Dios, ser cambiados de su estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios, convirtiéndose en sus hijos e hijas; y así llegan a ser nuevas criaturas; y a menos que hagan esto, de ningún modo pueden heredar el reino de Dios» (versos 25-26).
Sin embargo, lograr este limpiamiento no es tan inmediato o fácil como parece cuando leemos a Alma, hijo, y su experiencia. Él dice: «porque yo estaba a punto de ser desechado. No obstante, después de pasar mucha tribulación, arrepintiéndome casi hasta la muerte, el Señor en su misericordia ha tenido a bien arrebatarme de un fuego eterno … Me hallaba en el más tenebroso abismo; mas ahora veo la maravillosa luz de Dios. Atormentaba mi alma un suplicio eterno; mas he sido rescatado, y mi alma no siente más dolor.» (versos 27-29).
Los requisitos de la redención
Todo esto parece tan repentino y dramático para nosotros. Ellos fueron «arrebatados» de tal profundidad de pecado a tal altura de justicia en un período de tiempo tan corto. Sin embargo, si consideramos que Alma (y presuntamente sus amigos) estuvieron en la agonía de «exquisita» pena, miedo, y sufrimiento por casi tres días, no parece tan súbito. Y si consideramos los lamentos que estuvieron involucrados, reconocemos que los eventos fueron tan profundos, como sinceros. Su redención incluyó:
- El temor a la condenación traída por una claro recuerdo de sus pecados e iniquidades (Alma 36:13).
- Una profunda pena divina por los pecados (Alma 36:12-16), similar aquella experimentada por la gente del Rey Benjamín cuando ellos cayeron a tierra después que se dieron cuenta de que estaban «Menos que el polvo de la tierra” (Mosíah 4:1-2)
- Sufrimiento y tormento por los pecados que ellos habían cometido (Alma 36:12-13), produciendo pena real y lamento que era tan profundo que Alma lo describió como «amarga” (Alma 36:21).
- Humildad producidas por sus sufrimientos, similar ala humildad délo pobre quienes estaban siendo perseguidos por los zoramitas, los cuales los prepararon para escuchar lo que el Señor tenia que decirles (Alama 32:6-13).
- Una apelación al perdón del Salvador, lo cual requiso fe en las palabras de sus padres y también en la expiación del Salvador por ellos (Alma 36:17-18).
- El perdón, alumbramiento espiritual, y gran gozo A través de el poder limpiador del Espíritu Santo (Alma 36:19-23), similar a lo que paso a los trecientos personas quienes fueron testigos de la columna de fuego que rodeaban a ellos y a los profetas Lehi y Nefi y «joy… unspeakable” que los acompaño (Helamán 5:43-52)
- Una vida entera de justicia y servicio de allí en adelante (Alma 36:24-26), los cual demuestra la sinceridad de su arrepentimiento. El élder Bruce R. McConkie dijo, «Alma sirve como un patrón. El horror del pecado que lo envolvió debe ser sentido por cada miembro caprichoso del reino; [si los hay,] entonces el arrepentimiento vendría, como lo fu con nuestro amigo nefita.»26
Alma comparte sus testimonio
• Alma 36:1, 30 «Al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra.» Esta es la promesa que Alma le dio a su hijo Helamán en principio al terminar el relato de su conversión.
• Alma 36:3-5,22 el conocimiento de Alma y su testimonio vinieron una manera temporal, pero vino «De Dios» en el tiempo de su conversión. Alma también compartió su testimonio a su hijo: “Porque sé que quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, y sus dificultades y aflicciones, y serán enaltecidos en el postrer día… yo sé de mí mismo; no de lo temporal, sino de lo espiritual; no de la mente carnal, sino de Dios … pero por boca de su santo ángel, Dios me ha hecho saber estas cosas, no por dignidad alguna en mí. (versos 3-5). Él testificó «Sí, me pareció ver—así como nuestro padre Lehi vio—a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios; sí, y mi alma anheló estar allí» (v. 22), y nos recuerda, «si no hubiera nacido de Dios, no las habría sabido” (Alma 38:6).
Éste fue un poderoso testimonio compartido de un padre justo, para su hijo. Alma, hijo, fue rescatado de los bofetones de Satanás cuando recordó las enseñanzas y el testimonio de su padre justo, Alma. Aquí en retorno, él compartió su propio testimonio con su hijo; sabiendo la profunda diferencia que las palabras y el testimonio de un padre justo pueden hacer.
El élder Bruce R. McConkie dijo:
Cualquier persona responsable puede ganar un testimonio del evangelio por obediencia a aquella ley sobre la cual el recibimiento de tal conocimiento se predica. Ésta es la formula:
Él debe desear saber la verdad del evangelio, sobre el Libro de Mormón, y sobre la Iglesia; o revista sobre lo que esté involucrado en ésta.
Él debe estudiar y aprender los hecho básicos relativos al asunto involucrado. «Escudriñad las Escrituras» (Juan 5:39). «Escudriñad estos mandamientos” (D. y C. 1:37).
Él debe practicar los principios y verdades aprendidos, conformando su vida con ellos. “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo” (Juan 7:16-17).
Él debe orarle al Padre en el nombre de Cristo, con fe, y la verdad entonces será hecha manifiesta por revelación «por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas» (Moroni 10:3-5; 1 Corintios 2).27
El élder Bruce R. McConkie también dijo:
Cada persona devota, obediente, y justa en la tierra, recibe revelación de Dios. La revelación es la herencia natural de todos los fieles … a los fieles el Señor promete:
«Así como vive el Señor, que es tu Dios y tu Redentor, que ciertamente recibirás conocimiento de cuantas cosas pidieres con fe, con un corazón sincero, creyendo que recibirás …» (D. y C. 8:1-3; 46:7; Mateo. 7:7-8; Santiago 1:5). Referente a sus propios asuntos personales, de los santos se espera (porque ellos tienen el don del Espíritu Santo) ganar revelación personal y guía en lugar de correr a… los líderes de la iglesia para que les digan qué hacer.28
Haciendo una restitución para la Iglesia y para Dios
• Mosíah 27:32-37 corregir los errores que han hecho en la iglesia. Mormón reporta que «de allí en adelante, Alma y los que estaban con él cuando el ángel se les apareció empezaron a enseñar al pueblo,” (v. 32). Ellos viajaron a través de la
tierra, diciendo la historia de su conversión y predicando la palabra de Dios, pese a las muchas persecuciones que tenían sobre ellos por aquellos quienes no creían (v. 32). Sus testimonios trajeron «mucho consuelo a los de la iglesia, confirmando su fe” (v. 33). Ellos estaban «esforzándose celosamente por reparar todos los daños que habían causado a la iglesia” (v. 35) y fueron «instrumentos en las manos de Dios para llevar a muchos al conocimiento de la verdad” (v. 36). Ellos sabían que «el Señor reina» (v. 37).
• Alma 36:24-29 la vida subsecuente de Alma, hijo, sus labores, y bendiciones. Alma dijo: «desde ese día, aun hasta ahora, he trabajado sin cesar para traer almas al arrepentimiento; para traerlas a probar el sumo gozo que yo probé; para que también nazcan de Dios y sean llenas del Espíritu Santo, (v. 24). Alma listó las bendiciones que él había recibido: «un gozo extremadamente grande en el fruto de mis obras” (v. 25), y siendo «sostenido en tribulaciones y dificultades de todas clases, sí, y en todo género de aflicciones» incluyendo siendo «librado de la cárcel, y de ligaduras, y de la muerte” (v. 27). Su fe en el Señor era absoluta. Él declaró: «Sí, y pongo mi confianza en él, y todavía me librará. Y sé que me levantará en el postrer día para morar con él en gloria; sí, y lo alabaré para siempre” (versos 27-28).
• Mosíah 28:1-5 los hijos de Mosíah desean enseñarle a los lamanitas. Aproximadamente en el año 92 a. C., los hijos de Mosíah, junto a un grupo de fieles compañeros, le pidieron a su padre el rey que les permitieran ir a la tierra de Nefi y predicarle el evangelio a los lamanitas allí (v. 1). Estos jóvenes sabían muy bien los sufrimientos de un alma condenada, y ellos «estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar» (v. 3).
Ellos esperaban ser capaces de convencer a los lamanitas «de la iniquidad de sus padres» y «curarlos de su odio por los nefitas,” con el resultado de que la paz pudiera ser restaurada entre los nefitas y los lamanitas (v. 2). Esto fue, si duda alguna, una causa de gran preocupación en el corazón y la mente del Rey Mosíah. Después de todo, él había oído por sí mismo en cuanto al pueblo de Limhi y el pueblo de Alma, y cuán depravados y violentos eran los lamanitas y que esos grupos habían, a duras penas, escapado de ellos. Sin embargo, sus hijos «le suplicaron a su padre que los dejara subir a la tierra de Nefi» (v. 5).
El élder L. Tom Perry dijo: «Después de la conversión, viene el deseo de compartir—no tanto en el sentido del deber, aunque esa responsabilidad cae en el sacerdocio, mas un sincero amor y apreciación por aquello que ha sido recibido. Cuando tal ‘perla de gran precio’ viene a nuestra vidas, nosotros no podemos estar contentos con sólo admirarla. ¡Debe ser compartida!”29
• Mosíah 28:6-10 el Señor le promete el Rey Mosíah que sus hijos no serán asesinados. El Rey Mosíah le llevó el asunto al Señor en oración y recibió el confort que necesitaba. El Señor le dijo: «Déjalos ir; porque muchos creerán en sus palabras, y tendrán vida eterna; y yo libraré a tus hijos de las manos de los lamanitas» (v. 7). Esta promesa segura fue suficiente, y él les dio a sus hijos permiso de irse (v. 8), dejándolo sin posteridad sobre quien él podría conferir el reino si ellos mueren (v. 10). Discutiremos su obra misional en los capítulos 25 y 26.
LOS ESFUERZOS DE MOSÍAH EN PRESERVAR LOS ANALES
(Mosíah 28)
Mosíah traduce el anal jaredíta
• Mosíah 28:11-16 el Rey Mosíah traduce las veinticuatro planchas de oro que el pueblo de Limhi había encontrado en el desierto. Él los tradujo porque «estaban deseosos en extremo” de saber por qué el pueblo al que le pertenecían las planchas, habían sido destruido (v. 12). Para hacer esto, él usó las «dos piedras que estaban colocadas en los dos aros de un arco» (el Urim y Tumim), las cuales fueron «preparadas desde el principio, y se transmitieron de generación en generación con objeto de interpretar idiomas” (versos 13-14). Cualquier persona quien las posea y le es dado poder de Dios para usarlas es llamado un vidente; lo cual significa que además de ser rey, Mosíah era también un vidente.
• Mosíah 28:17-18 Mosíah le revelada la historia de los jareditas a su pueblo. El pueblo a quien las planchas pertenecía, y quienes habían sido tan completamente destruidos, habían venido originalmente de la torre de Babel «cuando el Señor confundió el lenguaje del pueblo y fueron esparcidos por toda la superficie de la tierra” (v. 17). Las planchas contenían su historia hasta el tiempo que ellos fueron destruidos y también contenía la historia de la humanidad «hasta la creación de Adán” (v. 17). Esto causó mucho lamento entre los nefitas, pero también les dio conocimiento importante concerniente a los asuntos de Dios con Sus hijos, por los cual ellos se regocijaron (v. 18).
• Mosíah 28:19 Mormón promete que tendremos un relato de la traducción de Mosíah más tarde, reconociendo su importancia para todos nosotros. Esta promesa fue cumplida por el hijo de Mormón, Moroni, cuando él grabó la historia de los jareditas en el libro de Éter.
• Mosíah 28:20 Mosíah le confiere los anales sagrados y los artefactos a Alma, hijo. Esto incluyó las planchas de bronce y todos los anales y artefactos que él había recibido y guardado; además del Urim y Tumim.
Mosíah le mandó cuidarlas y continuar guardando una historia del pueblo. También la mandó a pasar todas estas cosas de una generación a otra, como había sido hecho en el pasado. Es significativo que él le dio estas cosas a Alma, hijo; ya que su padre, Alma, todavía estaba vivo. Pero ya que tanto Alma el padre como Mosíah mismo pronto morirían, probablemente era más apropiado dárselas a los hombres quienes remplazarían a Alma el padre como cabeza de la Iglesia.
Notas
- Desde Cumorah (1988), pág. 215.
- Doctrina mormona, a edición (1966), pág. 598.
- Doctrina mormona, págs. 598-99.
- Doctrina mormona, pág. 599.
- Doctrina mormona, pág. 776
- Doctrina mormona, pág. 110
- La Historia de la Iglesia, 3:380-81.
- La Historia de la Iglesia, 5:389.
- En Reporte de La Conferencia, octubre de 1964, pág. 57.
- y C. 134:10.
- En Reporte de La Conferencia, abril de 1966, pág. 79.
- En Reporte de La Conferencia, abril de 1950, pág. 166
- El milagro del perdón(1969), pág. 332.
- Enseñanzas del Profeta José Smith,escogidas y arregladas por Joseph Fielding Smith (1976), pág. 148.
- El milagro del perdón, pág. 269.
- El milagro del perdón,pág. 331.
- Revista Ensign,noviembre de 1984, pág. 85.
- «Alma, hijo de Alma,” revista Ensign,marzo de 1977, págs. 80-81.
- En Reporte de La Conferencia, octubre de 1983, págs. 91-92; o revista Ensign,noviembre de 1983, pág. 64.
- En Reporte de La Conferencia, abril de 1929, pág. 110.
- Doctrina mormona,pág. 108.
- Comentario doctrinal del Libro de Mormón,4 volúmenes (1987-92), 2:304-05.
- Discurso de la conferencia de la Estaca Weber, Ogden, Utah, en Deseret Weekly,noviembre de 7, (1896), pág. 1.
- «Hogares de fe,” Discursos del año Universidad Brigham Young(1970), pág. 4.
- Un Nuevo Testigo para los Artículos de Fe(1985), págs. 284, 289.
- Un Nuevo Testigo para los Artículos de Fe,pág. 229.
- Doctrina mormona,pág. 786-87.
- Doctrina mormona,pág. 644-45.
- En Reporte de La Conferencia, abril de 1984, pág. 106; o revista Ensign,mayo de 1984, pág. 79.

























