Cómo vernos a nosotros mismos en la proclamación sobre la familia

Cómo vernos a nosotros mismos en la
proclamación sobre la familia

Liahona Sepotiembre 2020


Aunque las circunstancias familiares de cada persona son singulares en algún aspecto, “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” contiene principios eternos que nos brindan un ideal al cual aspirar conforme nos esforzamos por alcanzar nuestro potencial divino. Las siguientes páginas ofrecen ideas que nos ayudan a entender mejor los inspirados principios de la proclamación sobre la familia. Si aplicamos tales principios a nuestras circunstancias de la mejor manera que podamos, seremos bendecidos mientras avanzamos hacia la vida eterna.

1. Cada uno de nosotros es parte de una familia eterna con un propósito divino

Sin importar cómo esté constituida nuestra familia terrenal, cada uno de nosotros “es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales”, quienes nos aman. Como parte de esa familia eterna, nuestro propósito divino es “progresar hacia la perfección y finalmente lograr [nuestro] destino divino como herederos de la vida eterna”. (Salvo que se indique lo contrario, las citas corresponden a “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”).

Todos tenemos una naturaleza y un destino divinos

“Porque el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Romanos 8:16–17).

Todos somos hijos de padres celestiales

“… [S]omos hijos, ¡pero en qué familia y con qué Padres! Podemos imaginarnos tal como fuimos, por más tiempo del que podemos suponer, hijos e hijas que se relacionaban en nuestro hogar celestial con padres que nos conocían y nos amaban”.

Véase Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “La familia”, Liahona, octubre de 1998, pág. 15.

2. Nuestra familia terrenal nos ayuda a alcanzar nuestro destino eterno

Dios nos dio familias a fin de ayudarnos a aprender y progresar a medida que procuremos “progresar hacia la perfección” y heredar la vida eterna. “… [L]a familia es fundamental en el plan del Creador”, y aunque ninguna familia es perfecta, Dios puede ayudarnos a progresar con la familia que tenemos.

La familia fomenta el progreso

“El progreso individual se fomenta en la familia, la cual ‘es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos’. El hogar ha de ser el laboratorio de Dios para el amor y el servicio”.

Véase presidente Russell M. Nelson, Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, “La salvación y la exaltación”, Liahona, mayo de 2008, pág. 8.

Dios nos dio familias para ayudarnos a regresar a Él

“Aunque las familias terrenales están lejos de ser perfectas, brindan a los hijos de Dios la mejor oportunidad de ser acogidos en el mundo con el único amor de la tierra que se acerca a lo que sentimos en el cielo: el amor de los padres. Las familias son también el mejor modo de conservar y transmitir las virtudes morales y los principios verdaderos que tienen la mayor posibilidad de conducirnos de vuelta a la presencia de Dios”.

Presidente Henry B. Eyring, “Congregar a la familia de Dios”, Liahona, mayo de 2017, pág. 20.

Podemos aprender sin importar cuál sea nuestra situación familiar

“La realidad es que la mayoría de los miembros de la Iglesia no viven en una situación familiar perfecta. No tengo la certeza de que alguien viva en tal familia perfecta e ideal. Entonces, ¿por qué seguir poniendo énfasis al respecto? Porque la familia es nuestro destino; y estamos sobre la tierra para aprender las habilidades necesarias para entablar vínculos familiares fuertes, sin importar cuál sea nuestra propia situación.

“… El Señor les ve […]. Si le confían la vida a Él, Su mano les guiará en cada paso del camino hasta que sean felices y sientan paz en cuanto a todos los deseos de su corazón”.

Hermana Sharon Eubank, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, “A Letter to a Single Sister”, Ensign, octubre de 2019, págs. 40, 41; negrita agregada.

Mi familia fue suficiente para Sus propósitos

Por Miranda Gaubatz, Utah, EE. UU.

Mi familia no es lo que llamaríamos la “familia ideal”. Mis padres se separaron cuando yo acababa de cumplir los once años, así que me crio mi trabajadora y dedicada madre soltera. Me parecía que en la reunión sacramental resaltábamos como algo fuera de lo común.

Cuando era adolescente, recuerdo haber asistido a una clase sobre “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, y haberme conmovido al oír a un líder de los jóvenes testificar acerca de las familias, y llegar a obtener mi propio testimonio de que mi pequeña familia tenía la aprobación divina y de que podía brindarme todo lo que necesitara durante la existencia terrenal.

Aun con ese conocimiento, algunos años después, me aterraba realizar el curso obligatorio de la Universidad Brigham Young sobre Familias Eternas. No quería sentarme a escuchar clase tras clase sobre cómo mi familia era “inferior a lo ideal”. Sin embargo, mi profesor comenzó la primera clase con estas palabras: “Predicamos lo ideal, pero vivimos en la realidad y confiamos en que la expiación del Salvador compensa la diferencia”.

Sé que la familia es fundamental en el plan del Padre Celestial; incluso las familias que no alcanzan lo ideal, tal como lo experimenté cuando era adolescente, pueden ayudarnos a aprender y progresar. Al Salvador mismo lo crio un padrastro terrenal. Estoy muy agradecida de que Jesucristo pueda tomar nuestras familias “no ideales” y convertirlas en lo suficiente para cumplir Sus propósitos para con nosotros.

3. “Familia” puede significar más que tan solo los padres y los hijos

Hay muchos vínculos familiares que pueden ser una mayordomía sagrada. Hermanos, hermanas, tías, tíos, primos, parientes políticos y otras personas pueden ejercer una influencia singular. “Otros familiares deben brindar apoyo cuando sea necesario”. El cultivar tales lazos familiares puede brindar el apoyo que sea necesario, y estos pueden llegar a ser vínculos preciados.

Ustedes pueden bendecir su familia en diferentes funciones

Por la hermana Sharon Eubank, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Las Escrituras están repletas de ejemplos de hombres y mujeres justos que marcaron una gran diferencia en la vida de la red familiar. Abraham, como tío de Lot, cambió la vida de este. José de Egipto salvó a sus hermanos y a las familias de estos. Siendo ya adultas, las hermanas María y Marta fueron una bendición la una para la otra, así como para su hermano Lázaro. Ruth, como nuera, sustentó a Noemí, quien luego la bendijo eternamente mediante sus consejos. Elisabet y María, que eran primas, se apoyaron mutuamente durante los desafíos inherentes a sus embarazos. Incluso Zoram, que no era pariente consanguíneo, fue un sostén tan fiel para Nefi, que él y sus hijos fueron adoptados como si fueran familiares. Esa noción más amplia de la familia es de tanta importancia para muchas personas que tienen mucho para dar, pero se sienten privadas al no tener la familia nuclear que desean.

Podemos ser bendecidos por familiares a ambos lados del velo

“Cuando digo familias, no me refiero [solo] al concepto moderno de una mamá, un papá y los hijos. Utilizo el término de la manera que el Señor lo usa, como sinónimo de parientes o de familias de múltiples generaciones, ya que cada persona tiene una familia. El plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos se centra en esa clase de familia: con hijos que obtienen fortaleza de los antepasados de muchas generaciones atrás y con padres que procuran bendecir a su posteridad durante generaciones venideras”.

Élder Bradley D. Foster, de los Setenta, “Reunir, sanar y sellar familias”, discurso pronunciado en la Conferencia de Historia Familiar RootsTech en Salt Lake City, Utah, EE. UU., 14 de febrero de 2015.

4. Ustedes pueden marcar la diferencia al iniciar o restaurar familias eternas

“Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente”. Desafortunadamente, en ocasiones, los matrimonios terminan, las familias se deshacen o los eslabones de la cadena de una familia quedan rotos. Por medio de tales “ordenanzas y […] convenios sagrados”, es “posible que las personas regresen a la presencia de Dios”, sin importar sus circunstancias familiares. Con la ayuda de Dios, el hacer y el guardar dichos convenios sagrados de la mejor manera que podamos contribuye a que creemos, reparemos o fortalezcamos nuestra familia, con la esperanza de unirla algún día eternamente.

Hagan lo mejor que puedan; Dios se encargará del resto

“Les hago una promesa que un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles me hizo a mí en una ocasión. Yo le había dicho que, debido a las decisiones que algunos de nuestros familiares habían tomado, yo dudaba que pudiéramos estar juntos en el mundo venidero. Él me dijo, según recuerdo: ‘Se está preocupando por el problema equivocado. Usted simplemente viva digno del Reino Celestial, y la situación de su familia será más maravillosa de lo que pueda imaginar’.

Pienso que él extendería esa feliz esperanza a todos los que, en la vida terrenal, hayamos hecho todo lo posible para hacernos merecedores de la vida eterna para nosotros y para nuestros familiares. Sé que el plan del Padre Celestial es un plan de felicidad. Testifico que Su plan hace posible que todos los que hayamos hecho nuestro mayor esfuerzo seamos sellados en familia por la eternidad”.

Presidente Henry B. Eyring, “Un hogar en el que more el Espíritu del Señor”, Liahona, mayo de 2019, pág. 25.

¡Puede comenzar (o comenzar de nuevo) con ustedes!

“A ustedes que han experimentado la angustia de un divorcio en su familia o han sentido que fueron defraudados, ¡por favor recuerden que comienza con ustedes! Quizás se haya roto un eslabón en la cadena de sus generaciones, pero los otros eslabones rectos y lo que queda de la cadena son eternamente importantes. Ustedes pueden reforzar su cadena e incluso ayudar a restaurar los eslabones rotos. Esa labor se logrará uno por uno”.

Élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Un eslabón conexivo” (devocional mundial para jóvenes adultos, 10 de septiembre de 2017), broadcasts.ChurchofJesusChrist.org.

5. El matrimonio es una sociedad que requiere fe y oración

La proclamación sobre la familia afirma que el esposo y la esposa, “como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro”. No obstante, llegar a ser verdaderos compañeros en el matrimonio puede ser un desafío. Nuestra crianza, cultura, formación académica, circunstancias económicas, experiencias y otros aspectos pueden influir en el modo en que planteamos las relaciones, así como en el modo en que dirigimos a nuestra familia. La proclamación enseña que “[l]os matrimonios y las familias que logran tener éxito” se establecen mediante la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor y otros principios conforme deliberamos en consejo y nos esforzamos juntos por atender nuestras circunstancias personales.

El esposo y la esposa son compañeros iguales

“El esposo y la esposa son compañeros iguales; sus responsabilidades son distintas pero complementarias. La esposa puede dar a luz los hijos, lo cual bendice a toda la familia; el esposo puede recibir el sacerdocio, lo cual bendice a toda la familia; pero en los consejos familiares, el esposo y la esposa, como compañeros iguales, toman las decisiones más importantes. Deciden cómo se enseñará y se disciplinará a los hijos, cómo se administrará el dinero, dónde vivirán y muchos otros asuntos familiares. Las decisiones se toman juntos, después de procurar la guía del Señor. La meta es llegar a ser una familia eterna”.

Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Jesús es mi luz”, Liahona, mayo de 2015, pág. 64.

Debemos procurar recibir guía para nuestra situación familiar específica.

“Tenemos un modelo divino a seguir, según se describe en ‘La Familia: Una Proclamación para el Mundo’, pero sabemos que la vida terrenal puede ser complicada […].

“Cuando ustedes conocen la voluntad del Señor, pueden seguir adelante con fe para lograr su propósito personal. Una hermana podría recibir la inspiración de continuar sus estudios y asistir a la facultad de medicina, lo cual podría permitirle ejercer una influencia significativa en sus pacientes y realizar investigaciones médicas. A otra hermana, la inspiración podría guiarla a renunciar a una beca en una institución prestigiosa y, en vez de ello, comenzar una familia mucho antes de lo que ha llegado a ser común en esta generación, lo cual podría permitirle ejercer una influencia significativa y eterna en sus hijos ahora.

“¿Es posible que dos hermanas igualmente fieles reciban respuestas tan diferentes a las mismas preguntas básicas? ¡Absolutamente! Lo que es adecuado para una mujer tal vez no lo sea para otra. Por eso es tan importante que no cuestionemos las decisiones de los demás ni la inspiración detrás de ellas”.

Presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Women of Dedication, Faith, Determination, and Action” (Conferencia de la Mujer, Universidad Brigham Young, 1 de mayo de 2015), womensconference.byu.edu.

6. El potencial de ser padres es parte del plan de Dios para llegar a ser semejantes a Él

Una de las maneras en que podemos llegar a ser más semejantes a nuestros padres celestiales es ser padres y madres. “El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva se relacionaba con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres”. Aunque el casarse y tener hijos no siempre sucede de acuerdo con lo que nosotros planificamos, no significa que no sea parte del plan de Dios. Para muchos de nosotros, el prepararse con fe y esperar en el Señor es una parte importante de llegar a ser lo que Dios desea que seamos.

No teman la paternidad

“Hace algunos años, una de nuestras jóvenes hijas casadas y su esposo nos hicieron a la hermana Rasband y a mí una pregunta muy importante, que influye en la vida: ‘¿Sigue siendo seguro y sabio traer hijos a este mundo aparentemente inicuo y aterrador en el que vivimos?’.

“… Nuestra respuesta fue un firme: ‘Sí, está más que bien’ […].

“… Sí, vivimos en tiempos peligrosos, pero mientras permanezcamos en la senda de los convenios no debemos temer. Los bendigo para que, al hacerlo, no se turben por los tiempos en los que vivimos ni por los problemas que se les presenten”.

Élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “No os turbéis”, Liahona, noviembre de 2018, págs. 18, 21.

A veces debemos esperar con fe

“Permítanme decir una palabra de consuelo para los sentimientos […] de todos los que pertenecen a esta Iglesia. Muchas hermanas sufren porque no son bendecidas con posteridad […]. Sean fieles, y si por ahora no son bendecidas con hijos, lo serán en el más allá”.

Presidente Brigham Young (1801–1877), en Journal of Discourses, tomo VIII, pág. 208.

La infertilidad y nuestra familia del barrio

Por John McMullin, Alberta, Canadá

Mi esposa Gennie y yo siempre quisimos tener muchos niños. Siempre. Sin embargo, después de un año de intentarlo, se nos diagnosticó infertilidad.

Al principio, hubo mucha oración. Cada noche nos tomábamos de la mano y pedíamos al Padre Celestial que nos bendijera con el hijo para el que nos habíamos preparado toda la vida. Ayunábamos todos los meses y, en ocasiones, incluso más. Cada mes que pasábamos sin concebir era más difícil que el anterior. No solo carecíamos de un hijo a quien amar, también parecía no haber respuesta a nuestras oraciones. Parecía como si Dios nos hubiera oído pedir lo que habíamos querido toda la vida y hubiese dicho “No”.

Comenzamos a cuestionar nuestra dignidad; era fácil creer que Dios hubiera reservado a Sus hijos procreados en espíritu para que nacieran en familias más fieles.

Se tornó difícil asistir a la Iglesia. Era doloroso oír cómo habían sido contestadas las oraciones de los demás y cuánto los amaba el Padre Celestial.

Hubo dos cosas que nos impulsaron a seguir asistiendo. Primero, habíamos hecho convenios con el Señor y el uno con el otro al sellarnos en el templo. Nos pertenecíamos mutuamente, y teníamos la determinación de estar unidos tanto ahora como en las eternidades.

Lo segundo era nuestra familia del barrio. Tuvimos la bendición de tener líderes que conocían la infertilidad por experiencia propia. Gennie tuvo una hermana ministrante que también había padecido la infertilidad y hablaba sin rodeos sobre las dificultades de no tener hijos en la Iglesia. Aunque teníamos dificultades, sabíamos que otras personas de nuestra comunidad de la Iglesia habían afrontado la misma lucha.

Aún carecemos de muchas respuestas; aún no tenemos hijos, incluso después de recibir la atención de profesionales de la medicina. Ignoramos las razones que tiene el Padre Celestial, pero debido a que tenemos nuestros convenios y a que tenemos la familia del barrio, que nos ha aceptado y apoyado, hemos tenido tiempo para cultivar más paciencia y fe (véase Hebreos 12:12–13).

Esperamos con gran anhelo ser padres; y mientras esperamos ese feliz día, tenemos un grupo del cual somos parte aquí, en la Iglesia.

7. Dios otorga y custodia el poder de crear vida

En la proclamación, los apóstoles del Señor “afirma[n] la santidad de la vida”. Puesto que la vida es sagrada, Dios ha dado mandamientos en cuanto a dar vida y a quitarla. La forma en que respetemos dicho poder tiene efectos de gran repercusión para bien o para mal sobre nosotros mismos y sobre la sociedad.

La intimidad sexual tiene un propósito divino.

“… [L]a intimidad física no es solamente una unión simbólica entre marido y mujer —la unión misma de sus almas— sino que también es un simbolismo de la relación que ellos comparten con su Padre Celestial […].

“En esos momentos, no solo reconocemos Su divinidad, sino que en un sentido muy literal tomamos sobre nosotros algo de esa divinidad. Un aspecto de esa divinidad que se da prácticamente a todos los hombres y a todas las mujeres es el uso del poder de Dios para crear… [u]n hijo, el hijo de ustedes, con ojos, orejas y dedos, y con un futuro de grandeza indescriptible […].

“… A ustedes y a mí se nos ha dado una porción de esa santidad, pero bajo las más serias y sagradas restricciones. El único control que se nos ha impuesto es el dominio de nosotros mismos: el autodominio que nace del respeto por el divino poder sacramental que ese don representa”.

Véase Élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “La pureza personal”, Liahona, enero de 1999, págs. 91–92.

La expresión adecuada de la intimidad sexual trae bendiciones eternas

“Las relaciones sexuales son ‘una de las máximas expresiones de nuestro potencial y naturaleza divinos’. La adecuada expresión de nuestra sexualidad hace posible que el plan de Dios se lleve a cabo en la tierra y en las eternidades, haciéndonos merecedores de llegar a ser como nuestro Padre Celestial. Dios promete la vida eterna a los fieles, la cual incluye el matrimonio eterno, hijos y todas las demás bendiciones de una familia eterna”.

Élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y Ruth Lybbert Renlund, “Los propósitos divinos de la intimidad sexual”, Liahona, agosto de 2020, págs. 14–15.

8. La responsabilidad de ser padres es otorgada por Dios

Para ayudarnos a llegar a ser semejantes a Él, Dios ha dado a muchos de nosotros la oportunidad y la responsabilidad de ser padres. Somos responsables ante Él “del cumplimiento de estas obligaciones”. No obstante, también contamos con Su ayuda al buscar la felicidad y el éxito en el matrimonio y en la vida familiar conforme nos esforcemos por criar a nuestros hijos con amor y rectitud, y sostenerlos durante los desafíos que afronten.

Por qué es tan importante la función de los padres

“Nuestras asignaciones más importantes y poderosas están en la familia; son importantes porque la familia tiene la oportunidad, al comienzo de la vida de un niño, de poner sus pies firmemente en el sendero de regreso al hogar”.

Presidente Henry B. Eyring, “Ayúdenlos en el camino de regreso al hogar”, Liahona, mayo de 2010, pág. 23.

Nuestra familia necesita de nuestro apoyo

“En efecto, nada está más íntimamente relacionado con la felicidad, tanto la nuestra como la de nuestros hijos, que la forma en que nos amemos y apoyemos unos a otros dentro de la familia”.

Presidente M. Russell Ballard, “Lo más importante es lo que perdura”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 42, cursiva agregada.

Dios quiere que se críe a Sus hijos con amor y rectitud

“El fortalecer a los niños para que lleguen a ser resistentes al pecado es una tarea y una bendición para los padres, los abuelos, los miembros de la familia, los maestros y los líderes; cada uno tiene la responsabilidad de ayudar […].

“Cómo ‘criar a [nuestros] hijos en la luz y la verdad’ puede ser una pregunta desafiante, ya que se personaliza para cada familia y cada hijo, pero el Padre Celestial ha dado pautas universales que nos ayudarán. El Espíritu nos inspirará de las maneras más eficaces para que podamos inmunizar espiritualmente a nuestros hijos.

“Para comenzar, el tener una comprensión de la importancia de esta responsabilidad es esencial. Debemos entender nuestro propósito e identidad divinos, y los de nuestros hijos, antes de que podamos ayudarlos a ver quiénes son y por qué están aquí. Debemos ayudarlos a saber, sin ninguna duda, que son hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y que Él tiene expectativas divinas para ellos […].

“… [A]yudar a los hijos a llegar a ser resistentes al pecado es comenzar a muy temprana edad a enseñarles con amor las doctrinas básicas y los principios del Evangelio —de las Escrituras, los Artículos de Fe, el folleto Para la Fortaleza de la Juventud, las canciones de la Primaria, los himnos y nuestros testimonios personales— que los guiarán al Salvador”.

Hermana Joy D. Jones, Presidenta General de la Primaria, “Una generación resistente al pecado”, Liahona, mayo de 2017, pág. 88.

9. Podemos defender el plan que Dios tiene para Su familia

Desde antes del principio del mundo, nuestra función ha sido difundir el plan que el Padre tiene para Su familia y defenderlo de la desintegración que puede ocurrir desde su interior, así como de los ataques que provienen del exterior. “Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los funcionarios de gobierno de todas partes para que fomenten aquellas medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla”. Resulta esencial comprender por qué y cómo.

Por qué defendemos el matrimonio y la familia

“En definitiva, la obra por la que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se preocupa es preparar a los hijos de Dios para el Reino Celestial y, muy en particular, para su mayor grado de gloria, la exaltación o la vida eterna. Alcanzar el estado más elevado solo es posible mediante el matrimonio por la eternidad. La vida eterna abarca los poderes de la procreación inherentes a la unión del hombre y de la mujer, lo que la revelación moderna describe como la ‘continuación de las simientes por siempre jamás’.

“En su discurso para los jóvenes adultos, el presidente Nelson enseñó: ‘Obedecer las leyes de Dios los mantendrá a salvo en tanto que progresan hacia la exaltación final’; esta consiste en llegar a ser como Dios, con la vida exaltada y el potencial divino de nuestros padres celestiales. Ese es el destino que deseamos para todos los que amamos”.

Presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Los dos grandes mandamientos”, Liahona, noviembre de 2019, pág. 74.

Podemos defender a la familia sin ser ofensivos

“…cuando los creyentes promueven sus ideas en público, deben ser siempre tolerantes a las opiniones y la ideología de los que no concuerden con sus creencias. Los creyentes deben expresarse siempre con amor, demostrando paciencia, comprensión y compasión hacia sus adversarios. Los cristianos creyentes tienen el mandamiento de amar a su prójimo (véase Lucas 10:27) y de perdonar (véase Mateo 18:21–35). Además, deben recordar la enseñanza del Salvador: ‘… bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen’ (Mateo 5:44)”.

Presidente Dallin H. Oaks, “El equilibrio entre la verdad y la tolerancia”, Liahona, febrero de 2013, págs. 34–35.

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