El Día del Señor

El Día del Señor

por el élder Brigham H. Roberts
del Primer Consejo de los Setenta de 1888 a 1933

El Dia de reposo

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días acepta que generalmente se le llama “Día de reposo cristiano”, o “Día del Señor”, al día que se dedica al servicio y adoración especial del Señor. Tal aceptación es tachada de ser violación a uno de los Diez Mandamientos —el cuarto— el cual ordenaba al antiguo Israel que santificasen el día sábado —el séptimo día de la semana— y el que sostiene, fue establecido como una ley perpetua para todos aquellos que aceptasen a Dios comq el Creador y Legislador.

Esta protesta se hace no tan solo contra la Iglesia, sino contra toda la cristiandad, tanto católicos como protestantes, quienes acepten el primer día de la semana o el domingo como el día de reposo cristiano en lugar del sábado judío, que es el séptimo día de la semana. La protesta la hace una de las sectas más pequeñas del cristianismo. “Los Adventistas del Séptimo Día”. Las características que distinguen a esta secta son que ellos creen en la venida personal y gloriosa del Señor Jesucristo; y que el día santo para la adoración impuesto por el Señor es el séptimo día de la semana en lugar del primero. De esto se deriva su nombre, “Adventistas del Séptimo Día”.

Debido a que los cristianos modernos por lo genera! niegan la continuidad de la revelación después de los días de los apóstoles, y ya que no pueden hacer referencia a ninguan revelación directa o a ninguna institución apostólica positiva en el Nuevo Testamento que implique que el primer día de la semana sustituya al antiguo sábado judío, el séptimo día,el cual Jesucristo honró observándolo durante su vida, los adventistas tienen cierta ventaja con relación a los demás cristianos, en cuanto a esta controversia. Sin embargo. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, no necesita ser avergonzada con los argumentos de los Adventistas, ya que la Iglesia de Cristo en esta última dispensación tiene la autorización de Dios por medio de revelación directa para que se santifique el “Día del Señor”, esto es, el primer día de la semana, como día de adoración y agradecimiento público; un día de reposo santo en el Señor. Sin embargo, no es nuestra intención evitar una discusión sobre este tema al colocarlo así en un terreno completamente nuevo, y dejando que la solución a tal problema dependa de la habilidad propia para aclarar que Dios ha dado tal revelación, aunque esta es la posición firme que la Iglesia puede tomar. Deseamos señalar las evidencias que tenemos del Nuevo testamento, y de la práctica de la iglesia cristiana primitiva, para observar el primer día de la semana como un día de adoración pública, santificado y apartado como el Día del Señor. Al hacer esto, podremos mostrar que hay una fuerte probabilidad de que el cambio del séptimo al primer día de la semana fue hecho por el Señor Jesucristo mismo, después de su resurrección; de que fue perpetuado por sus apóstoles y por la iglesia primitiva; y, en conclusión, citaremos la revelación que cambia esta probabilidad, en un hecho irrefutable y confirma con mandato divino nuestra costumbre de adorar en el primer día de la semana.

Evidencias del Nuevo Testamento

Se relata en el evangelio de Juan que en el “primer día de la semana”, María Magdalena se encontró con el Señor Jesucristo, después de que éste había resucitado, y conversó con El. Ella le contó lo ocurrido a los discípulos. “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros… Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20: 19-23, itál. agregadas).

Tomás, uno de los doce, no estuvo presente en esta reunión ni tampoco creyó el acontecimiento que le relataron sus compañeros, sino declaró que tenía que ver las marcas de los clavos en las manos del Maestro y meter las manos en su costado antes de creer. “Ocho días después”, lo cual desde luego nos trae nuevamente al primer día de ¡a semana, “estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros”. Entonces disipó las dudas de Tomás e hizo muchas otras cosas que no están escritas. (Juan 20: 26, itál. agregadas).

Téngase presente esto: Jesucristo se levantó de entre los muertos el primer día de la semana y apareció a sus discípulos cuando estaban reunidos. Entonces, “Ocho días después”, lo cual nos trae nuevamente al primer día de la semana, sus discípulos estaban nuevamente reunidos, y El se apareció a ellos. No tenemos registro de su aparición a ninguno otro entre los días de la semana, lo cual es un hecho muy significativo y fácilmente hace suponer que ¡a segunda reunión en el primer día de la semana fue programada por el Señor mismo, y puesto que todo lo que El hizo en esta segunda ocasión y en muchas otras que no se registró (véase Juan 20: 30; 21: 25), es posible y muy probable que El fue quien santificó este día y lo señaló como santo con el fin de que dicho día fuera sagrado para sus seguidores. Esta opinión es sostenida por la práctica continua de los apóstoles al reunirse en el primer día de la semana.

Es un hecho significativo que el día de Pentecostés, en el cual los apóstoles recibieron su investidura espiritual por el derramamiento del Espíritu Santo, “ese año cayó en el primer día de la semana”. (Véase Dr. William Smth’s Dictionary of The Bible, edición de Hackett and Abbott (Boston: Houghton, Mifflin and Co.. 1869) 2: 1676.) “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2: 1). Recibieron el derramamiento del Espíritu Santo y públicamente predicaron el evangelio y administraron el bautismo. Esta reunión en el primer día de la semana era sin duda una continuación de aquella nueva orden con respecto al día de reposo que Jesús había ordenado.

Muchos años después del acontecimiento del día de Pentecostés, al dar el informe de la travesía de Pablo de Filipos a Troas, el escritor de Hechos de los Apóstoles dice que el viaje se hizo en cinco días, estando el grupo apostólico en Troas durante siete días. “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan. Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente: y alargó el discurso hasta la medianoche” (Hechos 20: 7, itál. agregadas).

Nuevamente. Pablo manda las siguientes instrucciones a los santos en Corinto. las mismas que dio a ¡as iglesias en Galacia: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas (esto es. colectas)” (1 Corintios 16: 1. 2: itál. agregadas).

Estos versículos prueban claramente que la costumbre de reunirse para actos de adoración pública y para predicar el evangelio, fue firmemente establecida en tiempos apostólicos; y puesto que éste es el caso, indudablemente fue ordenado por asignación del mismo Mesías. Seguramente que los apóstoles no pretenderían establecer tal orden de cosas sin autorización divina. En el transcurso de la vida del último de los apóstoles, también este día de reposo cristiano había recibido su nombre: “el día del Señor”. La declaración de Juan: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Apocalipsis 1: 10: itál. agregadas), no se puede referir a ninguna otra cosa mas que al hecho de que en el primer día de la semana, el cual se había llegado a conocer entre los cristianos como “el Día del Señor”, Juan estaba” en el Espíritu”.

La aprobación general, tanto de los escritores cristianos de la antigüedad, como de los teólogos modernos, se han referido a éste como el festival semanal de la resurrección de nuestro Señor y lo identifican como el ‘primer día de la semana’, en el cual El se levantó con el patrístico día ‘octavo’ o día que es tanto el octavo como el primero, inclusive con el ‘Solis Dies’ (día del sol) o domingo, en cada etapa de la iglesia (Smith’s Dictionary of the Bible. 2: 1676).

A continuación se encuentra un argumento de una autoridad muy respetable sobre estos pasajes del Nuevo Testamento, y que a nosotros nos parecen decididamente positivos:

Puesto que la muerte de Cristo trajo la expiación del pecado y simbolizó la muerte de su iglesia para el mundo, así también su resurrección marcó el principio de una nueva vida espiritual, o, usando las palabras de Pablo, ‘una nueva creación en Cristo Jesús’. Esta nueva creación fue la renovación más alta de aquella primera que el pecado había corrompido: y por lo tanto, encontramos a los discípulos, desde ese mismo día. celebrando el primer día de la semana como el día de reposo cristiano, el Día del Señor, en el cual El se reunía para la adoración y la confraternidad. Estas reuniones comenzaron en aquella tarde en que el Señor resucitado encontró en el cuarto donde se habían reunido los once apóstoles con las puertas cerradas por temor a los judíos, les saludó con la bendición de paz. les mostró sus heridas y comió pan con ellos y luego de que descansó su Espíritu sobre ellos, les repitió su cometido de que predicasen el evangelio a toda criatura, y que bautizasen a todos los creyentes, les confirió el poder para obrar milagros y les dio la autoridad para remitir y retener los pecados. Así fue la primera reunión de la iglesia apostólica en el primer Día del Señor. Después de ocho días sus discípulos estaban dentro de la casa, y como en la ocasión anterior, con las puertas cerradas, cuando Jesús se paró nuevamente en medio de ellos, con su salutación de ‘paz’, y disipó la duda de Tomás, con la prueba tangible de su resurrección” (Student’s Eccl. History, (Philip Smith. B.A.) 1: 21, 22).

El mismo autor continúa con el argumento, en una nota al pie, de esta manera:

Las reuniones de los discípulos cada día octavo, tienen mayor fuerza como argumento debido al hecho de que sólo fueron anotadas incidentalmente. La relación recíproca del intervalo con la semana, y la distinción del día, del antiguo sábado, son hechos que no admiten ninguna otra explicación: y toda duda se disipa con la alusión de Pablo en cuanto a las reuniones de los discípulos el primer día de la semana, y por medio del testimonio de escritores tanto paganos como cristianos a la práctica de los primeros tiempos de la iglesia. Juan, al referirse al día como una estación de éxtasis espiritual en el cual se le apareció Cristo y le mostró la adoración del templo celestial, expresamente lo llamó por el nombre que simpre ha tenido en la iglesia el Día del Señor’. (The Student’s Eccl. History, 1: 22. nota al pie de página).

Las siguientes deliberaciones apoyarán más estos argumentos: Cuando los judíos estaban disponiendo una estricta observancia del antiguo día de reposo. Jesucristo, con cierta intención les replicó que “el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo’’. Y además les dio a entender que “el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Marcos 2: 27. 28). Por lo tanto, puesto que Jesucristo es el Señor del Sábado, estaría dentro de los límites de su autoridad el cambiar la antigua institución mosaica del sábado si así lo deseare. Pablo en su tiempo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5: 17). Nuevamente en su carta a los efesios. el apóstol representa a Cristo como “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas” (Efesios 2: 15). Y nuevamente en su carta a los colosenses: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él. perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que no era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz… Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir» (Colosenses 2: 13-17; itál. agregadas).

De esto se pone de manifiesto que muchas cosas en la Ley de Moisés habiéndose cumplido en Cristo, se hicieron a un lado o se cambiaron para ajustarse a la ley del evangelio. Lo mismo que se puede decir acerca de este argumento, es que lo más probable sea que el sábado estaba dentro de las cosas cambiadas o modificadas.

Costumbres de la iglesia primitiva

Veamos ahora el argumento que se deriva de las costumbres de la iglesia: Junto con los escritores del Nuevo Testamento, Clemente el Romano, un compañero de los apóstoles, es una de las personas en quien más se puede confiar en cuanto a exponer correctamente las primeras prácticas cristianas, y en su apístola a los corintios, hablando acerca de las cosas que Cristo había mandado, dijo:

Ahora bien, las ofrendas y ministerios que El mandó que se llevaran a efecto con cuidado, y que no deberían hecerse precipitadamente o en desorden, sino que a su debido tiempo y ocasión; cuando y por quien El hubiese designado a efectuarlo. El mismo lo estableció por medio de su suprema voluntad: para que todas las cosas que fuesen hechas con devoción de acuerdo a su gusto fuesen aceptadas a su voluntad. Por lo tanto, aquellos que hagan sus ofrendas en la ocasión designada son aceptados y bendecidos; por cuanto siguieron las instrucciones del Maestro no pueden estar en error” (Clement’s Epistle to the Ephesians, capítulo 40. Usamos la traducción del inlgés tomado del pasaje de George A. Jackson’s).

De lo anterior, se deduce que es obvio que Jesús mismo apartó “tiempos y ocasiones” para las “ofrendas y ministerios”, así como también designó por “quién” y “cuándo” deberían efectuarse, y eso también de acuerdo con “su suprema voluntad”. Esto significa que el Señor arregló los asuntos de la Iglesia.incluyendo los “tiempos y ocasiones” para las “ofrendas y ministerios”, que lo acreditan de una manera más definitiva que cualesquier otros escritores del Nuevo testamento. ¿No es razonable pensar que dentro de éstos estaba el cambio del sábado judío a! Día del Señor?

En la epístola de Barnabé, escrita a principios del siglo dos, el autor dice, hablando acerca de las costumbres cristianas con respecto al sábado: «Guardamos el octavo día en alegría, en el cual Jesús se levantó de entre los muertos, y después de haberse manifestado, ascendió a los cielos” (Bernabé 13: 10).

Plinio el joven, gobernador romano de Bitinia, al describirle las costumbres de los cristianos a su amigo Trajano, el emperador romano, dijo:

Tenían por costumbre reunirse antes del amanecer en un día fijado, y repetían entre ellos un himno a Cristo así como a Dios, y se comprometían por medio de un juramento a no cometer ninguna flaqueza… después de lo cual era su costumbre separarse y reunirse nuevamente en una… comida (posiblemente Santa Cena), de cuya práctica desistieron después de la publicación de mi edicto (Toda la carta de Plinio a Trajano y la contestación del emperador, se pueden encontrar en B. H. Roberts’, New Witnessfor God, (Salt Lake City: The Deseret News, 1911), 1: 53, 54).

Sólo se pretende con este pasaje probar que los cristianos tenían un día indicado en el cual se reunían para adorar a Dios, y para la renovación de sus convenios religiosos; y sin lugar a dudas ese día fijado era el octavo día de la semana que mencionaba Bernabé, y el cual corresponde al “primer día de la semana” que mencionan los escritores del Nuevo Testamento.

Justin Martyr, uno de los clérigos apostólicos más instruido y altamente estimado, es muy claro en este punto. Dice, al escribir en la primera mitad del siglo dos, poco tiempo después de los inspirados apóstoles:

En todas nuestras obligaciones, bendecimos al Hacedor de todas las cosas, a través de su Hijo Jesucristo, y del Espíritu Santo, y en el día que es llamado domingo, se efectúa una asamblea en el mismo lugar de todos los que viven en las ciudades, condados, distritos, y se leen por todo el tiempo que ésta dura,los registros de los apóstoles o escritos de los profetas. Luego el lector concluye, y el presidente verbalmente nos instruye y exhorta a que imitemos aquellos excelentes ejemplos. Luego todos nos ponemos de pie y ofrecemos nuestras oraciones. Y como dije antes, cuando terminamos con nuestras oraciones se trae pan, vino y agua, y de la misma manera el presidente ofrece oraciones y gracias con todas sus fuerzas y las personas dan su aprobación diciendo, ‘amén’… Pero el domingo es el día en que todos nosotros tenemos nuestra asamblea pública, porque es el primer día en el que Dios, cuando transformó las tinieblas y la materia, hizo al mundo; y porque Jesucristo nuestro Salvador, ese mismo día se levantó de entre los muertos; porque el día anterior a ese Saturno El fue crucificado y en el día después de éste, el cual es domingo, El se apareció a sus apóstoles y discípulos y les enseñó estas cosas que les hemos dado a ustedes también para su consideración (I Apología, capítulo 67).

No tenemos espacio para examinar más el testimonio de los clérigos, ni es necesario. Se ha citado lo suficiente como para mostrar que en aquella época inmediatamente después de los apóstoles, la práctica, que parece haber empezado aun bajo la supervisión inmediata del Señor, fue definitivamente establecida en la iglesia primitiva. El erudito escritor del Diccionario Smith de la Biblia, Reverendo James Augustus Hessey, quien allí trata este tema, dice:

El resultado del examen de los principales escritores después de dos siglos de la muerte de San Juan, es el siguiente: El Día del Señor (nombre que ha surgido más prominentemente que antes, y el cual está mejor conectado con la resurrección del Señor) existió durante estas dos centurias como parte y división de los apóstoles y las Escrituras cristianas… Nuestro propósito nos conduce evidentemente a exponer hechos; pero si a estos hechos se les permite hablar por sí mismo, indican que el Día del Señor es puramente una institución cristiana, sancionada por la práctica de los apóstoles y mencionada en sus escritos mismos, y por lo tanto apoyada por toda autoridad divina que toda ordenanza y doctrina apostólica debe poseer (las cuales obviamente no fueron temporales, ni anuladas por los mismos apóstoles). (Vol. 2: 1678-1679).

Sin embargo, después de que todo esto ya ha sido admitido, y a mi juicio el apoyo del argumento es muy fuerte, se debe admitir que es en cierta manera una conclusión muy corta para que quede absolutamente definida. No se puede decir clara y positivamente que Jesucristo o los apóstoles por medio de la acción directa u oficial autorizaron la observancia del primer día de la semana como un día de adoración pública, dedicado para servir a Dios, y designado para tomar el lugar del sábado judío. Lo más que se puede sostener por la evidencia aquí citada, es lo más autorizado para poner las ideas en orden y apoyar la conclusión —es que, es posible que tal cambio fue instituido. El reverendo Badén Powell, profesor de geometría en la Universidad de Oxford, expone el caso de la manera más verídica. El dice:

Para aquellos cristianos que ven en las palabras escritas la única autoridad para cualquier cosa que demande autorización apostólica o divina, resulta peculiarmente importante observar que la evidencia del Nuevo Testamento respecto a la observancia del Día del Señor, se funda solamente en el hecho de que los discípulos sí se reunían en el primer día de la semana, y en la probable aplicación de la designación del día del Señor a este día. (Kitto’s Cyclopedia of Biblical Literature, John Kitto, ed. (New York: Ivison & Phinney, 1855), 2: 271.)

Es evidente que los católicos consideran desde cierto punto de vista lo que está escrito en el Nuevo Testamento como insuficiente para justificar la observancia del primer día de la semana en lugar del séptimo; esto es evidente ya que ellos recurren a la tradición de la iglesia o a la “palabra no escrita de Dios” para justificar la práctica que ellos tienen, y vituperan a los protestantes por rechazar la autoridad por tradición, la cual por sí sola, desde su punto de vista, justifica el cambio del séptimo al primer día. El autor de la obra católica End of Religious Controversy (“Fin de las Controversias Religiosas”), después de referirse al pasaje que manda la observancia del séptimo día como el día de reposo, escribió:

A pesar de todo lo que dicen las Escrituras acerca de guardar el día de reposo o el séptimo día santo, los protestantes de todas las denominaciones hacen de éste, un día profano, y transfieren la obligación de éste al primer día de la semana, o sea el domingo. Ahora bien, ¿qué autoridad tienen ellos para hacer esto? Ninguna, excepto la palabra no escrita, o tradición de la iglesia católica; la cual declara que los apóstoles hicieron el cambio en honor a la resurrección de Cristo Jesús y porque descendió el Espíritu Santo en ese día de la semana (End of Religious Controversy, Carta 11).

Revelación de los últimos días

Es basándose en este elemento de la inseguridad en las evidencias y en consecuencia, por la carencia de conclusión del argumento, que aquéllos que contienden por el séptimo día como el día de reposo del Señor se aprovechan de ello; pero, tal como se dijo al principio, los Santos de los Ultimos Días no necesitan compartir la vergüenza que los demás cristianos generalmente sienten acerca de la pregunta, pues el Señor ha aclarado este asunto por medio de una revelación en estos últimos días a su Iglesia. Es una revelación dada al profeta José Smith, en agosto de 1831. El Señor dijo:

Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en justicia, aun el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo; Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo. Sin embargo, tus votos se rendirán en justicia todos los días y a todo tiempo; Pero recuerda que, en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor. V en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos, o. en otras palabras, que tu gozo sea cabal (D. y C. Sección 59: 8-13).

Esta es una clara alusión al primer día de la semana y por lo tanto, este asunto queda aclarado. La observancia del “día del Señor” como el día consagrado para adorar al Dios Todopoderoso, en lo que concierne a los Santos de los Ultimos Días, no descansa sobre la “probabilidad” de que haya sido una divina institución apostólica, como en el caso de los cristianos protestantes; ni tampoco descansa en la “tradición” de que fue una institución apostólica, como es el caso de la Iglesia Católica; sino que la observancia de tal día viene de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días por decreto directo del Señor por medio de una revelación al profeta de la Iglesia en la presente dispensación del evangelio; y tal revelación transforma tal «probabilidad” en certeza.

En la septuagésima séptima Conferencia General de la Iglesia, celebrada en el tabernáculo en Salt Lake City, Utah, los días 5. 6, y 7 de abril de 1907, Anthon H. Lund, miembro de la Primera Presidencia de la Iglesia, justificó la observancia del primer día de la semana como nuestro día de reposo cristiano, empleó, dentro de otros argumentos el siguiente:

Es imposible que todos guarden el día de reposo al mismo tiempo en todo el globo terráqueo. Si todos viviesen en una longitud o meridiano, podrían guardarlo al mismo tiempo, pero puesto que todos están dispersos alrededor del mundo, existe una gran diferencia en cuanto al tiempo. Por ejemplo, los niños fueron a la Escuela Dominical en Nueva Zelandia ayer a las dos y media de la tarde. Para todos nosotros era sábado: (El presidente Lund hizo esta observación el domingo en la mañana) para ellos eran las diez de la mañana del domingo. Los niños de las Islas Hawaii irán a la Escuela Dominical aproximadamente a las dos de la tarde de hoy, lo cual será para ellos las diez de la mañana. De esta manera, en determinada hora será domingo para un grupo de personas y sábado para las personas en algún otro lugar. Las maestras de la Escuela Dominical en Hawaii podrían decirle a los niños: ‘Sus hermanos de Nueva Zelandia se reunieron ayer en su Escuela Dominical, mientras aquí eran las doce del día”, y los niños de la misma manera dirían, ‘‘¿Por qué tienen ellos su Escuela Dominical los sábados?” La línea que divide el tiempo, o la que indica el lugar donde empieza el día, es una línea arbitraria hecha por el hombre por motivos de conveniencia. Se localiza en el mejor lugar que podría estar, ya que hay muy pocos habitantes que la línea podría afectar. Pasa sobre el Océano Pacífico, y para evitar que en una misma isla sea en una parte sábado y en la otra domingo, han movido la línea alrededor de los grupos de islas en el Océano Pacífico, de manera que aquéllas que pertenezcan al mismo país, y estén bajo el mismo gobierno, tengan el mismo día: pero todo esto es un arreglo arbitrario. Entonces, si el Señor acepta las oraciones de aquéllos que le adoraron ayer, llamándole el día domingo, y también la de aquéllos que viven a una corta distancia hacia el este para quienes el domingo es hoy, la cuestión importante parece ser, no tanto el tiempo exacto ni el nombre del día, sino el hecho de que un día de cada siete es apartado para ser un día de reposo (Anthon H. Lund, en la 77a Conferencia General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (Salt  Lake City, Utah: Deseret News, 1907), págs. 57. 58).

En conclusión, observamos este día con la solemnidad con que Dios lo dedicó. Dediquémoslo para la adoración del Señor y obedezcamos la estricta prohibición de ocupaciones ajenas a este día.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario