Ante la Zarza Ardiente
por el presidente J. Reuben Clark Jr.
de la Primera Presidencia
(Tomado de the Instructor 1958)

En el desierto de Madián el Señor dijo a Moisés: “No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” (Éxodo 3: 5)
Cualquier hombre que desea hacer un estudio de la vida del Salvador, se encuentra en la misma posición que Moisés ante la zarza ardiente, es decir, en tierra santa. Está para dar principio a un estudio de una vida de santidad, la vida más santa que jamás se ha conocido o se conocerá sobre la tierra hasta que El vuelva.
Al principio de este curso quisiera daros mi testimonio de que así como sé que vivo, tan ciertamente yo sé que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente, el Redentor del mundo. Sé que “así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”. (1 Corintios 15:22)
La razón que me motiva a emprender esta tarea es la esperanza de poder sacar al Salvador de entre las tinieblas de la confusión, a fin de que andemos con El durante su misión en Palestina. Me parece que no acercamos al Salvador lo suficiente a nosotros. Apenas podemos entender su carácter como Dios, y no podemos comprender por completo su carácter como hombre. Sin embargo, en una consideración de esta segunda naturaleza suya podemos, hasta cierto punto, llegar a entender que es nuestro hermano mayor. Así quizá podemos acercarnos más a Él; para que en nuestras oraciones podamos recurrir a Él como nuestro hermano mayor; por tanto, como uno cuya intercesión podemos con derecho solicitar. Otra razón para emprender esta obra es que aún no he oído en nuestra propia Iglesia, ni leído una amalgamación verdadera de la narración del Salvador y su obra sobre esta tierra, cual se halla en el Libro de Mormón, y la relación que del Salvador se hace en el Nuevo Testamento. De modo que he pensado que si en esta serie de siete conferencias quizá lograse fundir estos textos a fin de formar un cuadro completo del Salvador y su misión, nuestro tiempo no se considerará perdido.
Pormenores del curso
Este no será un curso doctrinal. No será un curso de crítica superior, los cuales, hablando en términos generales y extensos, tienen por resultado destruir la fe, y deliberadamente persiguen ese objeto. Lo que intentaré hacer en este curso, será dar una breve historia de cada día de la obra del Salvador sobre la tierra. En nuestro estudio, descubriremos que será necesario pasar por alto muchos, muchos acontecimientos sin mencionarlos siquiera.
Como ya lo he indicado, tomaremos como texto los cuatro evangelios, S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan; y también emplearemos, con la misma autoridad y como una historia más perfecta y verdadera, el libro de Tercer Nefi. Hallaremos, sin embargo, que las narraciones del Nuevo Testamento y del Libro de Mormón tienen relación entre sí únicamente al tiempo del nacimiento del Señor, durante el tiempo que estuvo en la tumba y después de su resurrección y ascensión al cielo.
Los libros históricos
Los evangelios según S. Mateo, S. Marcos y S. Lucas son considerados como los libros históricos del Nuevo Testamento. Se encuentran, según todos los críticos, en una categoría distinta de la del evangelio según S. Juan. Este es considerado como un evangelio interpretativo, un estudio retrospectivo de Jesús, quizá sesenta, setenta u ochenta años después de su muerte. De los tres evangelios, S. Mateo, S. Marcos y S. Lucas, generalmente se consideré que Marcos fue escrito primero, y se supone que fue escrito por la persona cuyo nombre lleva.
Cuándo se escribió el evangelio según S. Marcos, ni se ha determinado ni puede determinarse; pero se supone que se escribió, según los mejores críticos, alrededor de 60 a 65 años después de Cristo. No podemos estar seguros en lo que respecta al siguiente libro que se escribió, si fue el de Mateo o Lucas. Todos están de acuerdo en que Juan fue el último. Se dice el evangelio de Marcos se escribió especialmente para los romanos, pero también para los judíos. Se supone que narra lo que Pedro pudo recordar de su ministerio al lado del Salvador.
Los críticos nos dicen que Mateo fue escrito para los judíos. Nos llaman la atención a la frecuencia con que se hace alusión a las profecías del Antiguo Testamento y la afirmación hecha en el texto, que Jesús vino en cumplimiento de dichas profecías.
El evangelio según S. Lucas fue escrito por esa persona, el “médico amado”, como le dice S. Pablo. (Colosenses 4:14) Parece haber sido compañero de estés Apóstol durante el ministerio posterior de este gran misionero. El mismo Lucas advierte al principio de su libro, que toma su información de varias fuentes, y que muchos habían intentado, antes de su época, escribir lo que hizo el Salvador durante su ministerio.
Los críticos afirman que había otro libro que unos llaman “Logia” o el “Verbo”; y otros meramente lo mencionan como un libro desconocido para Marcos. No acusan a Marcos de haberlo usado, pero sí dicen que Lucas, así como Mateo, lo usaron y citaron de este cuarto libro en forma muy general.
Y ahora en lo que respecta a Juan: En el Nuevo Testamento, se dice del libro de Juan, así como del de Daniel en el Antiguo, que son los dos grandes campos de debates de las Santas Escrituras. No hay ningún acuerdo entre los críticos en cuanto a sus autores; ningún acuerdo en cuanto al tiempo en que fueron escritos. Se afirma que Juan el Apóstol, el Teólogo, no fue el autor del evangelio según S. Juan. Este era un concepto popular hace unos cuantos años, pero con el constante martilleo de aquellos que han creído que Juan lo escribió, más y más se está aceptando el argumento de que Juan el Amado fue el autor del evangelio según S. Juan. Por supuesto, nosotros sabemos, por revelación moderna, que tal es el hecho. (Doctrinas y Convenios 93:6, 11)
Más o menos en 1926 emprendí la tarea de dar un curso sobre la vida de Cristo en la Escuela Dominical. Una cosa que me impresionó inmediatamente fue que aunque los libros de nuestra Iglesia (el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y Perla de Gran Precio) han sido anotados con referencias bíblicas, no hay Biblia que haya sido anotada con referencias de nuestros propios libros canónicos. De modo que en esa época empecé a querer hacer una especie de referencia del Nuevo Testamento a nuestros propios libros de la Iglesia. Sin embargo, tuve que dedicar mi atención a otras cosas, y lo poco que podía hacer tenía que esperar hasta que volviera de mi trabajo y, consiguientemente, se demoró el asunto. Cuando fui a México, primero como ayudante del Sr. Morrow,1 como consejero legal y más tarde como Embajador, tuve un poco más de tiempo desocupado y entonces empecé a hacer un estudio de la vida del Salvador.
Una concordancia de los evangelios es un arreglo, hecho en tal forma, que se colocan en columnas paralelas las dos, tres o cuatro narraciones diferentes de los acontecimientos particulares. Como sabéis, algunos acontecimientos se mencionan solamente en uno de los evangelios, algunos en dos, otros en tres y algunos en todos los cuatro. Una concordancia de los evangelios tiene por objeto entrelazar estos varios acontecimientos con objeto de formar, hasta donde sea posible, una relación cronológica de la vida del Salvador.
La concordancia más antigua de que tenemos conocimiento fue la de Taciano,2 hecha aproximadamente ciento cincuenta años después de Cristo. Desde entonces se han hecho varias y numerosas concordancias. Cuando empecé mi propia obra, tomé siete concordancias diferentes y las arreglé en columnas paralelas hasta donde me fue posible. De las siete hice un arreglo arbitrario, no erudito, no crítico, que convenía a mi objeto. La concordancia que estudiaremos dividirá la vida del Salvador en ocho períodos. El primero será desde el principio de la narración hasta el ministerio de Juan. El segundo será desde el principio del ministerio de Juan hasta la primera Pascua. El tercer período comprenderá el primer ministerio en Judea. El cuarto período hablará de la grande misión galilea, que se dividirá en tres partes: (1) Desde el principio de la misión hasta la elección de los apóstoles; (2) Desde la elección de los apóstoles hasta el viaje al norte de Galilea y más allá; y (3) del regreso a Galilea hasta el fin de la Misión Galilea. El quinto período será la misión posterior en Judea, que fue muy corta. El sexto período será la misión en Perea. El séptimo período será lo que yo he llamado la “Semana del Sacrificio Expiatorio”. (Me desagrada el término la “Semana de la Pasión” que suele usarse.) El octavo período será lo que yo he llamado “la bendición de la misión de Cristo sobre la tierra”, que hablará de su visita al hemisferio occidental y su ministerio entre los nefitas. (No nos será posible tratar todos estos períodos en las siguientes seis reseñas.)
1Dwight Whitney Morrow, Embajador de los Estados Unidos ante México.
2Apologista cristiano y gnóstico del segundo siglo de la era cristiana.
























