Pruebas Bíblicas

Pruebas Bíblicas
Sobre la Iglesia Restaurada

Mis queridos Hermanos, Hermanas y Amigos:

Estoy muy agradecido por la oportunidad de estar aquí con ustedes y considero un gran honor haber sido invita­do para dirigirles unas palabras. Quiero agradecer la dulce oración ofrecida al inicio de la reunión, y a la vez decirles que he estado orando y buscando el Espíritu del Señor para que me acompañe este día, ya que deseo hablarles sobre tres de los temas más importantes de las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo.

Panorama General:
La Apostasía y la Restauración

Revisemos juntos dos de las doctrinas básicas que se enseñan en repetidas ocasiones en su Biblia:

La primera es la enseñanza de que habría una apostasía universal, cuando la autoridad de la Iglesia de Cristo sería quitada completamente de la tierra, alrededor del segundo siglo D.C,

La segunda es la doctrina Bíblica de que Dios restau­raría Su Iglesia y el evangelio nuevamente aquí sobre la tierra en los últimos días.

Primeramente, voy a resumir estas doctrinas, y luego me gustaría que leyéramos las escrituras a fin de tener una mejor comprensión de dichas enseñanzas, e invitarles a que busquemos cada una de ellas en la Biblia, si es que la trajeron. Pero si no trajeron sus escrituras, les voy a pedir que anoten la referencia de estos pasajes, y luego en sus casas, revisen éstos y otros pasajes de la Biblia que hablan sobre estos temas. Sería muy interesante que dediquen un poco de su tiempo para renovar la interpretación que tienen acerca de estas escrituras tan importantes sobre la Iglesia de Jesucristo.

Doctrina No. 1: Creemos que Jesucristo en Su día, organizó Su iglesia aquí sobre la tierra y que llamó a varios hombres para que trabajaran en ella, dándoles poder y autoridad para obrar en Su nombre, ordenándoles a su Santo Sacerdocio. Este sacerdocio se extendió hacia otros hombres por medio de una serie o “cadena” de orde­naciones, por aquéllos que tenían ese Sacerdocio y esta­ban autorizados para ordenar a otros hombres. Cristo fun­damentó Su Iglesia sobre apóstoles y profetas, y estos líderes de la Iglesia recibían revelación de Él. Cada una de estas características que Cristo estableció en Su Iglesia fue una característica de la Iglesia verdadera de Jesucristo.

Creemos que hubo un tiempo—poco después de la muerte del Salvador—cuando sus principales seguidores, sus 12 apóstoles y otros discípulos claves, fueron apresa­dos uno por uno y muertos por la causa. Al morir cada uno de ellos, hubo un rompimiento en la cadena de autoridad que Cristo había establecido, y por lo tanto hubo un de­rrumbe, o una apostasía—desviándose de las doctrinas de Dios para abrazar las doctrinas de los hombres, que per­sonas que no tenían la autoridad para hacerlo ni para obrar en el nombre de Cristo enseñaban. Creemos que las escrit­uras claramente nos indican que habría una apostasía, y la Biblia describe que en los tiempos de Pablo y sus con­temporáneos ya había empezado esta apostasía.

La Biblia nos dice que habría una gran apostasía durante la cual Satanás desataría guerras entre los antiguos santos y los vencería, sustituyendo la Iglesia establecida por Jesucristo, por una iglesia falsa y sin autoridad para obrar en el nombre de Dios. También nos enseña que Dios en su sabiduría, dispondría que Su Iglesia fuera restaurada nuevamente en los últimos días, en preparación para el retorno triunfal del Salvador.

Una de las enseñanzas principales de la Biblia es que habría una apostasía general en la cual el poder y la autori­dad para obrar en el nombre de Jesucristo sería quitada completamente de la faz de la tierra. Nosotros creemos que para que una iglesia sea la Iglesia verdadera de Jesucristo hoy día, deberá aceptar como doctrina princi­pal, la doctrina de que hubo una apostasía general después de Cristo, durante la cual la autoridad para representar a Jesucristo fue quitada por completo de la tierra.

Doctrina No. 2: Nosotros creemos que Jesús, debido al gran amor que sentía por su pueblo, tuvo a bien restaurar Su Iglesia y Su evangelio aquí sobre la tierra en estos últimos días. Así como la Biblia nos dice que habría una apostasía, también claramente y sin equivo­cación alguna proclama que habría una restauración del evangelio y de la Iglesia en estos últimos días. Nosotros creemos que si una iglesia en la actualidad es verdadera­mente la iglesia de Jesucristo, deberá ser una iglesia restaurada. Deberá aceptar y predicar las doctrinas con­tenidas en la Biblia sobre la apostasía universal y la doct­rina de la restauración de la Iglesia de Jesucristo. Deberá proclamar dicha iglesia ser la iglesia restaurada de Jesucristo y poder explicar, paso a paso, cada acontec­imiento histórico en los que se cumplieron las muchas profecías que encontramos en la Biblia acerca de la restau­ración.

Yo sé de una sola iglesia que acepta plenamente tanto la doctrina Bíblica sobre la apostasía como la de la restau­ración, y que literalmente asevera ser la iglesia restaurada de Jesucristo—la única iglesia con la autoridad legítima del sacerdocio para representar a Cristo hoy día es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días— los Mormones. La fuerza de sus doctrinas fundamentadas en la Biblia, junto con la devoción de aproximadamente 60.000 misioneros activos que están cumpliendo misiones de tiempo completo o de medio tiempo, pagando sus pro­pios gastos y con la ayuda del Espíritu Santo, han hecho que esta iglesia sea una de las de mayor crecimiento. En estos días de aflicciones espirituales, cuando muchas denominaciones Cristianas están declinando, la Iglesia restaurada de Jesucristo se está extendiendo rápidamente en todo el mundo, preparando el camino para la venida de nuestro Señor y Salvador.

Mi propósito al estar aquí con ustedes, es testificarles que la Biblia habla ampliamente sobre estas dos doctrinas y para ayudarles a comprender la infinidad de escrituras en la Biblia que nos enseñan esta importante doctrina. He tenido que escoger sólo los pasajes que serían más apro­piados porque sabía que no dispondría de mucho tiempo. Me gustaría que sacaran sus escrituras, que conforme vayamos hablando de ellas anotaran las referencias, y luego, con una oración en sus corazones, vuelvan a leerlas en sus casas.

Profecías de la Biblia sobre la Apostasía
Las Profecías de Pablo:
—No Sufrirán la Sana Doctrina

Primeramente hablemos sobre la doctrina de la apos­tasía universal. Abramos nuestras Biblias en el libro de Hechos, capítulo 20, versículos del 28 al 30. Aquí Pablo está hablando a una congregación en Éfeso durante una visita y les hace una advertencia muy específica. ¿Ya tienen la referencia? Hechos 20:28-30, y dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.

Nos percatamos de que Pablo sabía que poco después de su partida de esa congregación, los santos en Éfeso comenzarían a presenciar la apostasía. Les advirtió que personas, que no eran de la Iglesia, vendrían tratando de atraer seguidores aun de entre sus miembros, y que la gente comenzaría a cambiar las doctrinas de Cristo y a sustituirlas por doctrinas de hombres.

Veamos ahora en Segunda de Timoteo, casi al final del Nuevo Testamento, capítulo cuatro, versículos tres y cua­tro donde al escribir a uno de sus conversos un hombre valiente que respondía al nombre de Timoteo, le advierte: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctri­na, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. Esta fue la advertencia que Pablo hizo a Timoteo.

Un poco antes, en la misma carta en Segunda de Timoteo, capítulo tres, versículos del uno al cinco, hizo otra advertencia acerca de la apostasía que vendría, y le dijo a Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calum­niadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”.

Esa fue la descripción de Pablo acerca de los que ven­drían en los últimos días, cuando los hombres tendrían la forma y apariencia de piedad pero les faltaría la autoridad para obrar en el nombre de Dios. Le advirtió a Timoteo que el tiempo estaba cerca y que aun en esos días, deberían alejarse de los hombres que los llevarían por otro camino.

Pablo Predijo Características
que Identifican a la Iglesia Apóstata

Regresemos ahora un libro antes en el Nuevo Testamento, o sea Trímera de Timoteo, capítulo cuatro, versículos del uno al tres, donde encontramos una de las profecías más específicas dentro de las escrituras acerca de esa iglesia que se formaría, pero que cambiaría sus doctri­nas para que fuesen muy diferentes a las doctrinas de Jesucristo, y esto fue lo que Pablo escribió: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apos­tatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doc­trinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia

Y aquí encontramos las características por las cuales identificó a esa iglesia apóstata— como una iglesia que “prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de comer carne”. Dice Timoteo en 4:3: “Prohibirán casarse, y man­darán abstenerse de alimentos que Dios creó”. Al decir ali­mentos que Dios creó ¿se interpreta como comer carne? Veamos ahora, ¿cuál iglesia apareció en los primeros dos o tres siglos después de la muerte de Cristo? y ¿cuáles son dos de las doctrinas por las cuales se puede identificar a esa iglesia actualmente? Nosotros conocemos a una denominación que dice remontarse en el tiempo y que el primer Papa fue el apóstol Pedro. Por supuesto, los Santos de los Últimos Días están de acuerdo en que Pedro fue el líder de la iglesia en tiempos de Cristo, pero nosotros no pensamos que Pedro fue el primer Papa. El liderazgo papal no comenzó sino hasta muchos años después.

Pero la iglesia que existió después del tiempo de Pedro ha sido identificada durante mucho tiempo por las doctri­nas que dan cumplimiento a esta profecía. Aún hoy día, cuando leemos sobre estas doctrinas, podemos percibir la lucha que se está librando dentro de esa misma iglesia, debido a que los sacerdotes no están de acuerdo con la doctrina del celibato que su iglesia les impone. Los sa­cerdotes quieren casarse y tener familias, sin embargo hacen un voto de castidad, de seguir siendo célibes y no tomar esposa. Y también vemos en esa misma iglesia las otras características sobre las cuales profetizó Pablo. Durante siglos no comieron carne los viernes, ¿o no? Aún hoy día, cuando vas a un restaurante en cualquier parte del mundo, ¿qué es lo que vemos en el menú los viernes de semana santa? Comidas donde el pescado es el plato prin­cipal, ¿verdad? Y ¿por qué? Porque esa iglesia decidió que comerían carne sólo ciertos días de la semana.

Aquí Pablo está profetizando en forma muy clara en tiempos del Nuevo Testamento, dos de las características que sirven para identificar a esa iglesia que tomaría el lugar de la Iglesia de Jesucristo: que serían célibes y pro­hibirían a sus miembros comer carne en ciertos días. Pablo no pudo haber sido más específico cuando identificó a la iglesia apóstata que existiría cuando la autoridad del sa­cerdocio se perdiera.

La Profecía de Juan:
Satanás Vencería a los Santos

Les daré otro pasaje de la Biblia que tiene un mensaje vital, porque en él, el apóstol Juan profetizó que vendrían tiempos cuando la Iglesia de Jesucristo sería quitada com­pletamente de la faz de la tierra y Satanás extendería su dominio sobre cada familia, idioma y nación. Ese pasaje está en el Libro de Apocalipsis, capítulo 13. Podríamos hablar mucho acerca de este capítulo, pero revisemos lo que sucede con anterioridad. Si leen la página anterior, podrán percatarse de que Juan el Revelador está profeti­zando que vendría una gran bestia y un dragón que daría autoridad a la bestia. Los comentaristas de la Biblia dan diferentes explicaciones acerca de esta bestia y al tiempo de su venida, pero todos están de acuerdo en que su origen es malo e inspirado por Satanás porque la bestia abre su boca y blasfema contra Dios, y declara la guerra contra los santos de Dios hasta que los vence.

Después, en Apocalipsis capítulo 13, versículos 7 y 8, Juan escribe: “Y se le permitió hacer guerra contra los san­tos y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra. . . .” Entonces ¿cuan completa iba a ser la apostasía? Iba a extenderse sobre todas las tribus, lenguas y naciones, ¿verdad? A cada hombre que viviese sobre la tierra, se le iba a negar la autoridad y el evangelio de Jesucristo por un tiempo.

La Profecía de Pablo:
Una Apostasía antes de que el Señor Venga en su Gloria

¿Por qué se permitiría que esto sucediera? ¿Por qué establecería Dios una iglesia aquí sobre la tierra y luego permitiría que se la llevaran? Yo creo que ésta es una de las preguntas que debemos considerar en las escrituras.

Veamos ahora en Lucas, capítulo 11, versículos 49 y 50, y encontremos juntos la respuesta a esta pregunta. Aquí el Salvador nos da la sabiduría necesaria. El pasaje dice: “Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán”,—y luego le dice porque se permi-tiríales esto—”para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo”.

El Salvador nos ha dicho que la generación que lo cru­cificó y lo clavó en la cruz fue la generación más perver­sa que ha vivido sobre la tierra. Aquí en Lucas, el Señor dijo que permitiría que su iglesia fuese llevada de la faz de la tierra y que hombres perversos la persiguiesen y mataran a sus líderes, y que se dejaría un testimonio con­tra esa generación.

La Explicación del Salvador:
Porqué Matar a los Apóstoles

Encontramos otros pasajes en la Biblia acerca de los esfuerzos que hace Satanás para sustituir a la iglesia ver­dadera de Jesucristo por su iglesia falsa. Uno de los pasajes más poderosos se encuentra en Segunda de Tesalonicenses, capítulo dos, versículos tres y cuatro. Pablo descubrió que los primeros conversos en Tesalónica pensaban que la segunda venida de Jesucristo estaba tan cerca que habían dejado de trabajar y de cuidar sus hoga­res y de darles lo necesario para vivir. Pablo les escribió para decirles que Jesucristo no iba a venir todavía, y que Su venida sería precedida por acontecimientos muy importantes, uno de los cuales sería “la apostasía”, cuan­do el pueblo sería engañado por el representante de Satanás que estaría precisamente en el lugar más alto den­tro de la Iglesia.

Refiriéndose a la venida de Jesucristo en su gloria con la frase “ese día”, Pablo escribió: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el Templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.

Así que aquí tenemos la doctrina de la Biblia que clara­mente dice que tenía que haber una “caída”, o una apostasía—una substitución de la influencia de Satanás en lugar de la verdadera Iglesia de Cristo, antes de que el Salvador venga nuevamente. Ya hemos leído la profecía de Juan el Revelador de que la apostasía sería completa— que Satanás desataría la guerra contra los Santos y que tendría control sobre cada nación, tribu y lengua.

La Profecía de Pedro:
Falsos Profetas Traerán Herejías Destructoras

El apóstol Pedro también advirtió acerca de la apos­tasía, cuando la verdadera doctrina y autoridad de Jesucristo sería sustituida por la doctrina de los hombres. Leemos acerca de esto en Segunda de Pedro, capítulo dos, versículos uno y dos. Después de hablar acerca de los falsos profetas en tiempos del Antiguo Testamento, le dijo a la iglesia del Nuevo Testamento: “Pero habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán encubierta­mente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones,. . .”

La Advertencia de Juan:
El Espíritu del Anticristo ya se Está Manifestando

El apóstol Juan sabía que la apostasía ya había comen­zado en sus días y trató de ayudar a los Santos a discernir entre la verdad y el error. En aquéllos tiempos, era más fácil discernir la verdad ante los complicados asuntos de Satanás sustituyendo la Iglesia verdadera de Jesucristo por una iglesia Cristiana falsa con un sinnúmero de doctrinas falsas y la gente aceptaba o rechazaba a Cristo.

En la actualidad, muchas iglesias reconocen que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, pero esas mismas iglesias enseñan sólo una parte del evangelio de Cristo, y las mez­clan con enseñanzas de los hombres. Esas iglesias tam­poco tienen la autoridad y el poder para obrar en el nom­bre de Dios en cuanto a las ordenanzas que preparan al hombre para obtener su salvación.

Pero al menos, las palabras de Juan nos muestran que en sus días la apostasía estaba ya comenzando, y su con­sejo tiene un gran significado para aquéllos que buscan la verdad hoy día. En Primera de Juan, capítulo cuatro, versículos del uno al tres, leemos: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

Una y otra vez las escrituras nos muestran que en los tiempos del Nuevo Testamento ya empezaba la apostasía —que Satanás estaba haciendo que los hombres cam­biaran las doctrinas de Cristo, abandonaran la Iglesia Verdadera y la sustituyeran por una falsa, que se pareciera a la Iglesia Verdadera de Jesucristo para engañar a la gente, y de esta forma, evitar que obtuvieran la salvación y la gloria que Cristo deseaba para ellos.

Las Advertencias de Pablo:
La Apostasía ya Está Sucediendo

En tiempos del Nuevo Testamento la apostasía ya comenzaba. Vemos la gran preocupación del apóstol Pablo en su Epístola a los santos de Gálatas. En Galotas capítulo uno, versículos seis y siete dice: “Estoy maravi­llado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo”. Aquí, Pablo podía ver que la apostasía ya estaba sucediendo, y que Satanás estaba sustituyendo suficiente error a fin de robar a los hombres las llaves de salvación, al dejarles una igle­sia falsa que les daría una falsa seguridad.

Veamos en Segunda de Corintios, capítulo 11, ver­sículo 13 cuando Pablo escribió sobre los hombres que estaban involucrados en la apostasía y observó que: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo”.

En su epístola a Tito, en el primer capítulo, versículo 10, Pablo arremetió contra aquéllos que estaban llevando a los santos hacia la apostasía, llamándolos “habladores de vanidades y engañadores”, y en el versículo 16, resumió el estado y el poder falso que pertenecía a la iglesia falsa de Satanás diciendo: “Profesan conocer a Dios; pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra”.

La Apostasía,
una Doctrina Básica de la Biblia

Este es el patrón de las escrituras sobre la doctrina de la apostasía. La Biblia nos enseña claramente y sin equivo­cación alguna, que habría una apostasía del evangelio ver­dadero de Jesucristo y que la apostasía ya estaba empezan­do durante el tiempo de la iglesia del Nuevo Testamento, que Satanás desataría guerras entre los santos, que ten­drían la apariencia de piedad pero que le faltaría y negaría la autoridad para obrar verdaderamente en el nombre de Dios. La Biblia nos dice que la apostasía sería completa, es decir, que la autoridad para obrar en el nombre de Dios sería quitada completamente de la tierra.

Si ustedes creen en la Biblia, por necesidad tendrán que aceptar la doctrina de la apostasía, porque se habla sobre esta doctrina en muchas de las escrituras, y por lo tanto no se puede ignorar. Si la iglesia a la que ustedes pertenecen realmente cree en la Biblia, debe enseñar y aceptar la doc­trina de la apostasía universal y deberá reconocer libre­mente que la verdadera Iglesia de Jesucristo fue retirada completamente de la tierra poco después del ministerio de Cristo. Y luego, si su iglesia todavía dice tener el poder y la autoridad para enseñar el evangelio verdadero de Jesucristo, y que existe y se desempeña como su repre­sentante autorizado hoy día, entonces, la historia de su iglesia podrá demostrar que Dios, de alguna u otra forma, le otorgó nuevamente el poder y la autoridad, y que restau­ró el evangelio verdadero y el poder para representar a Jesucristo, el cual fue retirado completamente de la tierra durante la gran apostasía.

Ustedes tendrán que examinar este asunto muy cuida­dosamente, porque su posición eterna ante la presencia de Dios depende de la respuesta. Su iglesia, o es la iglesia verdadera de Jesucristo, o es descendiente de la gran impostora.

Tal vez les gustaría comparar a la iglesia del Nuevo Testamento, establecida por Jesucristo, con un árbol. Cristo lo plantó y creció rápidamente, pero cuando vino la apostasía, el árbol fue cortado completamente y daña­do desde sus raíces que eran las que le daban la vida. El tronco del árbol derribado estaba allí sin ninguna fuente de vida nueva, sólo con los cambios que estaban acon­teciendo a medida que los hombres sustituían doctrinas apóstatas en lugar de la doctrina verdadera del evange­lio de Jesucristo, y así nació el Catolicismo. El tronco continuó cambiando y degenerándose durante muchos años hasta que Lutero y Calvino, y otros reformistas, trataron de dar nueva vida, estableciendo retoños del árbol que protestaban contra los excesos del tronco. Pero si el tronco no tiene vida, ¿podría haber vida en las ramas? Si al tronco Católico le faltaba autoridad para obrar en el nombre de Dios, ¿las ramas Protestantes podrían sacar autoridad de la madera muerta de donde surgieron? La respuesta es obvia.

Las Doctrinas Protestantes Básicas—
Un Esfuerzo para Vencer al Poder Católico

A medida que se llevaba a cabo la reforma, el Catolicismo mantenía el poder y controlaba a la gente por medio de dos enseñanzas que habían sido impulsadas hasta el extremo, pero que la gente aceptaba. Primeramente, el Catolicismo enseñaba que el hombre no podía ser salvo a menos que recibiera los sacramentos de la Iglesia Católica; y segundo, que solamente el Papa poseía la autoridad para leer e interpretar las escrituras.

Los Protestantes trataron de contrarrestar estos dos soportes poderosos a los que se sujetaban, que hacían que el péndulo oscilara al otro extremo. Enseñaban que no eran necesarios ni las ordenanzas religiosas ni los sacra­mentos, sino que el hombre puede ser salvo sólo con tener fe. Y decidieron que no había necesidad de tener autoridad para obrar en el nombre de Dios—cualquier persona podía organizar una iglesia y Dios la aceptaría. Con sólo leer la Biblia se tenía la suficiente autoridad.

Esas enseñanzas que reemplazaron llegaron a ser muy populares y rompieron el poder que el Catolicismo tenía sobre la gente—pero estas enseñanzas eran igualmente falsas como las enseñanzas Católicas a las que habían reemplazado.

Seis Características de la Iglesia
de Jesucristo del Nuevo Testamento

Examinemos por unos momentos la Iglesia que Cristo estableció en tiempos del Nuevo Testamento, y hagamos una lista de algunas de las características por las cuales era identificada. A propósito, algunas personas dicen que Cristo realmente no estableció una iglesia—que la iglesia realmente fue establecida hasta después de su muerte. Pero en Mateo, capítulo 18, versículo 17, el Señor enseño que si un hombre tenía una disputa con otro, no podría resolverlo en forma privada, sino que tenía que decirlo a la iglesia. Y un poco antes, en el mismo capítulo, en el ver­sículo 3 dijo a sus seguidores: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Así que no puede haber duda alguna de que Cristo ya había organizado la iglesia en sus días.

Esa iglesia tenía muchas de las características por las cuales podía ser identificada, y si alguna iglesia en la ac­tualidad dice ser la iglesia verdadera de Jesucristo, podemos asumir entonces, sin temor a equivocarnos, que esa iglesia debe tener esas mismas características hoy día. Pero de la misma forma, debemos reconocer que si una iglesia no tiene esas mismas características, entonces no puede ser la iglesia verdadera de Cristo. ¿Sí?

Saquemos de las escrituras seis de las características por las cuales la iglesia de Cristo puede ser identificada.

El Sacerdocio—
La Autoridad para Obrar en el Nombre de Dios

Primeramente, la Iglesia de Jesucristo tiene la autoridad del sacerdocio, o la autoridad para obrar en el nombre de Dios. El Señor llamaba a los hombres al ministerio, y les daba autoridad por medio de una ordenanza llamada “imposición de manos”; esto es cuando un hombre que ya posee el sacerdocio pone sus manos sobre la cabeza de otro hombre y lo ordena, transfiriéndole así el poder del sacerdocio.

Los hombres no decidían solamente que querían servir a Dios y de repente tener la autoridad sólo por el hecho de haber tomado esa decisión, o por leer las escrituras, o por asistir a las escuelas teológicas. En Juan 15:16 Jesús les dijo a sus discípulos: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he ordenado. . . .”

La Biblia tiene muchos ejemplos de gente que trató de utilizar la autoridad del sacerdocio cuando no tenían dere­cho porque no habían sido ordenados. En Hechos 19:13-16 leemos acerca de los siete hijos de Esceva que trataron de invocar el nombre de Jesús sobre aquéllos que tenían espíritus malos sin tener el sacerdocio, y el espíritu malo les respondió de esta manera: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?”. Y luego el hombre que tenía el espíritu malo atacó a los siete her­manos quienes huyeron desnudos y heridos.

También veamos en Hechos 19, versículos del 1 al 6, cuando Pablo vino a Éfeso y encontró a gente que había sido bautizada por personas que no tenían la autoridad. Pablo sabía que esto había sucedido porque la persona que les había bautizado no les había enseñado las doctrinas básicas de Cristo, y en este caso, ni siquiera sabían de la existencia del Espíritu Santo. Así que, ¿qué hizo Pablo? Les bautizó nuevamente porque él sabía que era necesario que lo hiciese alguien que tuviera la autoridad del sacerdocio. (Recuerden esto cuando su conciencia y su amor por Jesucristo, les obligue a hacerse la pregunta si han sido bautizados por alguien que tenga la autoridad para hacer­lo en el nombre de Jesucristo.)

Así que ésta es la primera característica de la Iglesia de Jesucristo del Nuevo Testamento. Sus líderes y obreros tenían el sacerdocio—la autoridad de Dios para represen­tar a Jesucristo y predicar y efectuar las ordenanzas nece­sarias en Su nombre.

Una Cadena de Ordenanzas
—Se Recibió el Sacerdocio de Manos
de Poseedores Autorizados

La segunda característica estaba estrechamente ligada a la primera—tenía que haber una cadena de ordenaciones que llegaban hasta cada poseedor del sacerdocio. Cada una de las personas tenía que recibir el sacerdocio de manos de alguien que previamente lo poseyera, y de la forma como se describe en repetidas ocasiones en las escrituras. El sólo hecho de tener un deseo ferviente de servir a Dios no constituye un llamamiento autorizado al sacerdocio, ni en la actualidad ni en tiempos del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo fue muy enfático acerca de cómo debería el hombre recibir el sacerdocio. Al estar hablando sobre este tema en Hebreos 5:4, dijo: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón”.

Esta es la clave—un hombre no sólo decide que quiere tener el sacerdocio—sino que deberá ser llamado de Dios con el mismo procedimiento que se describe en las escri­turas, y luego ser ordenado por un poseedor del sacerdocio. Y esa cadena de ordenación al sacerdocio deberá continuar sin romperse hasta llegar a Jesucristo. Pero si a la cadena le falta, aunque sea un eslabón, entonces no existe el poder del sacerdocio más allá del eslabón perdido.

Y según las escrituras, ¿cuál es el procedimiento por medio del cual el hombre era llamado al sacerdocio? Básicamente consistía de tres partes:

La primera: la inspiración llegaba a alguien con autori­dad, revelándole que esa persona debería ser llamado al oficio del sacerdocio. Segunda: el nombre de la persona era presentado a la congregación para su aprobación. Tercera: la persona era ordenada al oficio del sacerdocio por alguien que ya previamente tenía la autoridad del sacerdocio.

Esos tres pasos se siguieron cuando Aarón, el hermano de Moisés, fue llamado al sacerdocio, en Éxodo, capítulo 28, versículos 1, 3 y 41.

El sucesor de Moisés fue llamado de la misma man­era, o sea, siguiendo el procedimiento de los tres pasos. Les voy a leer acerca de su llamamiento en Números 27, versículos 18 al 23: “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pon­drás tu mano sobre él”—ese es el primer paso, la rev­elación fue dada a la persona con autoridad—”Y lo pon­drás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación. . . . “—aquí vemos el segundo paso—presentación delante de la congregación. Y finalmente en el versículo 23: “Y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés”. Aquí está el tercer paso. Moisés ordenó a Josué por medio de la imposición de manos, extendiendo la línea de ordenación a otro eslabón.

Podemos ver este mismo procedimiento en repetidas ocasiones en tiempos del Nuevo Testamento, pero hay una instancia especialmente ilustrativa que nos muestra ambas formas (la forma correcta e incorrecta de recibir el sacer­docio) de, cómo reciben los hombres el sacerdocio y cómo no lo reciben. El Señor visitó a Saulo de Tarso, quien había sido un enemigo de la Iglesia, en el camino hacia Damasco, pero eso no constituyó un llamamiento al mi­nisterio, ni le otorgó la autoridad hasta en tanto estuvo en Antioquía, o sea, pasó más de un año. Leemos en Hechos 13:1-3 que sí existían poseedores del sacerdocio en Antioquía, personas que eran profetas y maestros. Ellos fueron los que recibieron la revelación para conferirle a Saulo la autoridad y enviarlo a una misión, y dice así: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”. Nuevamente encontramos a estos hombres que ya eran poseedores del sacerdocio, otorgando esta misma autoridad a Pablo y al hacerlo, agregaban otro eslabón a la cadena de ordena­ciones.

Fíjense ahora—aun habiendo tenido una visión gloriosa del Salvador, éste no dio a Saulo la autoridad. Ni siquiera el ser sanado o bautizado, o recibir el Espíritu Santo le dio a Saulo la autoridad del sacerdocio, sino que debió ser ordenado por un poseedor del Sacerdocio para que la línea de ordenación fuese válida y continuara y “ningún hom­bre tomase el honor para sí. . .”.

Doce Apóstoles—
El Fundamento de la Iglesia

La tercera característica de la Iglesia de Jesucristo en tiempos del Nuevo Testamento que me gustaría men­cionar es que está fundamentada en doce apóstoles. Cuando Pablo escribía a los nuevos miembros de la igle­sia en Éfeso, les enseñó este principio en Efesios 2:19-20: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino con­ciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.

Por lo tanto, el fundamento o la base de la Iglesia del Nuevo Testamento fueron los apóstoles y profetas, y me gustaría que hicieran una lista, por separado, como carac­terísticas números tres y cuatro de la Iglesia del Nuevo Testamento, (los doce apóstoles son la característica número tres y los profetas son la característica número cuatro).

Uno de los acontecimientos más importantes del Nuevo Testamento se registró al principio del libro de Hechos. Es importante porque nos enseña que el Señor desea que 12 apóstoles, no 11 ni 13, sean los que dirijan la iglesia. Recordarán que Judas traicionó al Salvador y luego se sui­cidó, así que sólo quedaron once apóstoles. Para entonces, ya la iglesia tenía varios años de existencia, y sin duda había crecido mucho. Fueron dos hombres los merece­dores de ser llamados apóstoles: Bernabé y Matías. Debido a que la Iglesia había crecido mucho, fácilmente pudieron haberlos llamado como apóstoles, pero los once apóstoles sabían que no—dado que los miembros de su quorum deberían de ser doce apóstoles, así que solamente escogieron a uno y en el primer capítulo de Hechos, ver­sículos 23 al 26 nos indica que Matías “fue contado con los once apóstoles”. Así que la otra característica de la Iglesia del Nuevo Testamento era que estaba fundada sobre 12 apóstoles.

Los Profetas—
Portavoces Autorizados de Dios

Los apóstoles también eran profetas, y los profetas son la cuarta característica de la iglesia verdadera de Cristo. Un profeta es una persona autorizada para recibir re­velación de Dios para guiar a la Iglesia. En el libro de Amos, capítulo 3, versículo 7, el gran profeta decía: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. En Oseas, capítulo 12, versículo 10, dice el Señor: “Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas”.

¿Por cuánto tiempo será necesario tener profetas en la tierra? El apóstol Pablo nos dio la respuesta en Efesios, capítulo 4, versículos 11 al 13, al estar escribiendo acerca de que Jesucristo dirigía a la Iglesia del Nuevo Testamento dijo: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maes­tros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del mi­nisterio, para la edificación del cuerpo de Cristo. . .”. Luego nos dijo hasta cuándo sería necesario que hubiese apóstoles y profetas aquí sobre la tierra: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. ¿Ya ha alcanzado la humanidad la estatura de la plenitud de Cristo? ¡Por supuesto que no! Los profetas autorizados de Cristo son todavía necesarios para que sean portavoces de Dios en la tierra, así como lo fueron en tiempos del Nuevo Testamento.

La Revelación-
La Palabra de Dios Relevada al Hombre

Una quinta característica de la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento era que sus profetas recibían re­velación de Dios. Un profeta no es un portavoz de Dios a menos que Dios hable por medio de él, y cuando Dios habla con un profeta, a eso se le llama revelación. Cuando un profeta dice una profecía, a eso se le llama revelación.

La revelación es vital—es la comunicación que Dios tiene con el hombre y es esencial en la Iglesia de Dios. Como dice en Proverbios 29:18, “Sin profecía el pueblo de desenfrena”, y es por eso que Pablo escribió a los Santos de Tesalónica en Primera de Tesalonicenses 5:19 y 20: “No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las pro­fecías”.

La revelación dada a un profeta es el proceso por medio del cual Dios enseña sus verdades eternas a Su pueblo, y Pablo sabía eso. En Galotas 1:11 y 12 escribió: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo”.

Cuando se escribe revelación nueva y es formalmente aceptada por la Iglesia, se convierte en-Escritura. Las re­velaciones de la Iglesia primitiva eran escritas y llegaban a ser nuevas escrituras—partes del Nuevo Testamento. En todas las épocas, la existencia y aceptación de nuevas escrituras es una manera de saber si una iglesia realmente recibe revelación y tiene profetas.

Ahora resumamos por un minuto. Hemos aprendido que hay características que identificaban a la Iglesia ver­dadera de Jesucristo en los tiempos del Nuevo Testamento y les mostré cinco de ellas, y es importante que las recuer­den. Por favor, ¿las pueden memorizar en el orden que las leamos? Traten de grabarlas en su mente, porque necesi­tarán recordarlas después. ¿Cuáles son?

Primera: la autoridad del sacerdocio por imposición de manos, por aquéllos que tienen la autoridad del sacerdo­cio.

Segunda: una cadena de ordenaciones, hasta llegar a Jesucristo, para que se pueda demostrar que la persona que ordena a otra, tiene la autoridad válida.

Tercera: 12 apóstoles, porque ellos fueron el funda­mento de la Iglesia del Nuevo Testamento.

Cuarta: profetas; los portavoces de Dios que trans­mitían la palabra de Dios a la iglesia, y

Quinta: revelación; los mensajes de Dios para dirigir a su iglesia.

El Reconocimiento de que
Acontecería una Apostasía Universal

Estas características eran tan importantes que se las voy a repetir nuevamente: El poder del sacerdocio, una cade­na de ordenanzas, 12 apóstoles, profetas y la revelación. Y debido a que ya hemos aprendido que la Iglesia del Nuevo Testamento ya sabía que habría una apostasía, yo agregaré otra característica a nuestra lista: la Iglesia de Cristo admi­tió que habría una apostasía universal—y esta es la carac­terística número seis.

¿Son el Catolicismo y el
Protestantismo la Iglesia Verdadera de Cristo?

Hay docenas de características de la iglesia verdadera que podemos identificar en las escrituras, pero nos tomaría mucho tiempo, así que voy a resumir mucho de la historia Cristiana antigua en unos cuantos párrafos para contarles qué sucedió con estas características esen­ciales.

Después de la muerte de Jesucristo, la persecución contra la iglesia aumentó en forma considerable. Durante las siguientes décadas, los enemigos de la igle­sia mataron a los apóstoles así como a otros líderes de la misma, imponiéndoles castigos terribles como la muerte. Conforme morían los apóstoles, la cadena de ordenaciones se iba rompiendo y la continuidad del liderazgo de la Iglesia se interrumpió, y ya no hubo doce apóstoles—y esos apóstoles también eran profetas—así que la revelación que Dios daba a la iglesia por medio de sus profetas autorizados también cesó. Sin la cadena de ordenaciones, y sin la guía de los apóstoles y profe­tas, se comenzaron a introducir furtivamente falsas creencias y prácticas inadecuadas. El sacerdocio se perdió, y la iglesia había completado su transformación.

Ya no era la Iglesia de Dios—se había convertido en la iglesia de los hombres, cumpliéndose de esta manera las profecías del Nuevo Testamento que ya hemos leído. Como lo escribió Pablo, ahora era una iglesia “que tenía la forma de Santidad, pero negando la eficacia de su poder”.

No tenía profetas, y por lo tanto, no recibía revelación alguna, así que esas características se perdieron y dejaron de ser importantes. Ya no había doce apóstoles, por lo tanto adaptaron nuevas formas de gobernar la igle­sia evolucionando así hasta el ilegal papado y el colegio cardenalicio. La cadena de ordenaciones se había roto, y el sacerdocio se perdió. Claro, todavía se ordenaba a las personas para ocupar diferentes responsabilidades en la iglesia, pero la autoridad y el poder del sacerdocio, así como los procedimientos correctos del sacerdocio y organizaciones, ya no existían desde hacía mucho tiem­po.

Se introdujeron otros cambios en la iglesia: un concep­to diferente y cambiado sobre la naturaleza de Dios, la adoración de santos y de la virgen María, el bautismo por aspersión, imágenes religiosas, el celibato, el rosario, la doctrina de transubstanciación, la doctrina de la inmacula­da concepción, el dogma de la infalibilidad pontifica, la doctrina del purgatorio, la venta de indulgencias, la inquisición Española, papas corruptos excomulgándose unos a otros, y mucho más.

El árbol que le daba la vida había sido cortado desde sus raíces y el tronco estaba muerto. Ni el tronco ni las ramas que salían de ese tronco eran la iglesia verdadera de Jesucristo, sino organizaciones de los hombres, “que tenían forma de Santidad” pero no tenían el poder ni la autorización para obrar en el nombre de Dios.

Una Prueba Moderna:
¿Tienen las Iglesias en la Actualidad esas Seis Características?

¿Cómo pueden ustedes saber y estar seguros de que estas cosas realmente acontecieron? La forma más senci­lla es guiarnos por las características de la iglesia de Jesucristo del Nuevo Testamento. Pregúntense a sí mis­mos: ¿La Iglesia Católica cree en la revelación, y en que hay nuevas escrituras en la actualidad? ¡No!, Ni siquiera cree que existe la revelación actual, así que ¿podría tener profetas en la actualidad? No. ¿Es dirigida por 12 após­toles? No. ¿Acepta las enseñanzas de la Biblia acerca de que hubo una apostasía universal que cortó la cadena de ordenaciones, dejando a los hombres sin autoridad para obrar en el nombre de Dios como su representante legíti­mamente nombrado? No. Sin apóstoles, profetas ni re­velación y con la cadena de ordenaciones rota, ¿puede un sacerdote Católico en la actualidad, o el Papa, tener la autoridad verdadera del sacerdocio? No. ¿Y sin la autori­dad verdadera del sacerdocio los sacramentos recibidos por sus miembros podrán ser válidos y aceptados por Dios? Desafortunadamente la respuesta es no. Y sin ninguna de las seis características esenciales, ¿puede la Iglesia Católica ser la iglesia verdadera de Jesucristo en la tierra hoy día? No.

Y qué me dicen de los Protestantes. ¿Creen ellos en que hay revelación nueva, y nuevas escrituras? No. ¿Conocen siquiera a alguna iglesia que diga que tiene un profeta? No. ¿Tienen 12 apóstoles? No. ¿Tienen ellos una cadena de ordenaciones que no haya sido rota? (¿Cómo podrían tenerla si salieron del Catolicismo? Si el tronco está muer­to, ¿las ramas tienen vida? No.) Entonces, ¿tienen ellos el poder del sacerdocio, con la autorización válida para obrar en el nombre de Dios? No. ¿Cómo podrían tenerla, de dónde   podrían   haberla   obtenido? Rechazan a los Católicos, así que no pueden obtenerla de ellos. También rechazan la revelación, así que tampoco pueden obtenerla directamente de Dios, y no hay otra fuente de donde obtenerla, así que ellos de ninguna manera pueden tener la autoridad del sacerdocio para obrar en el nombre de Dios. Sin las seis características esenciales, ¿pueden las iglesias protestantes ser la iglesia verdadera de Dios aquí en la tie­rra hoy día? No.

Ustedes deben hacerse estas preguntas sobre su propia iglesia. ¿Cree su iglesia en la revelación? ¿Tiene un pro­feta? ¿Doce apóstoles? ¿Una cadena válida de orde­namientos al sacerdocio que se remonten hasta Jesucristo? ¿Tienen la autoridad del sacerdocio? ¿Acepta las doctrinas de la Biblia sobre la apostasía universal y lo que esto implica? Y si no tiene las seis características esenciales de la Iglesia de Jesucristo del Nuevo Testamento, ¿puede entonces ser ésta la iglesia verdadera de Jesucristo? Y la siguiente pregunta es la más importante ¿pueden venir a Cristo y obtener las bendiciones eternas que buscan a través de su iglesia si no es la iglesia verdadera de Cristo?

Cuídense de las Falsedades de Satanás

Hablemos por un minuto acerca de lo que Satanás quiere hacer. Yo creo que lo que él quiere que tú hagas es que te dejes llevar por la complacencia. Él quiere que tú aceptes una cosa falsa y que creas que es verdadera. Quiere que pienses que has llegado al lugar sin siquiera haber tomado el avión correcto. Quiere que aceptes sus falsedades y nunca preguntes, ni evalúes, ni desafíes su validez, hasta que se haya cumplido tu tiempo de probación aquí sobre la tierra y te atrape en sus manos.

Quisiera compartir con ustedes cuatro pasajes de las escrituras donde encontramos lo que Dios ha dicho refe­rente a aquéllos que aceptan las falsedades de Satanás en vez de obedecer sus mandamientos y consejos dados por medio de la iglesia verdadera de Dios. Escríbanlas por favor y luego, al llegar a sus casas, vuélvanlas a leer y piensen con detenimiento, porque su futuro eterno depende de cómo respondan a estas preguntas.

La primera se encuentra en Mateo, capítulo siete, ver­sículos 21 al 23: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la volun­tad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nom­bre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. ¿Pueden ustedes darse cuenta del peligro al pen­sar que las cosas falsas serán aceptadas como verdaderas? Dios no aceptará lo falso.

Por favor tomen nota del segundo pasaje, que se encuentra en Mateo 15:7-9. Es una profecía de Isaías cita­da por el Salvador. Era apropiada en los tiempos de Isaías, y se aplicó en los tiempos de Cristo, y antes de que ter­mine mi plática veremos que también tiene un significado especial para nosotros en la actualidad. Jesús dijo lo si­guiente a la gente que vivía en la falsedad en lugar de vivir el evangelio verdadero: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. ¿Es válido aceptar lo falso y vivir conforme a las enseñanzas de los hombres? Jesús dijo: “En vano me honran”. Este es un pensamiento aterrador.

El tercer pasaje se encuentra en Romanos 10:2-3: “Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios”. Y este es la esencia del asunto. No importa cuan celoso se sea de Dios, si desean tener las recompensas eternas de Él, tienen que someterse a la justicia de Dios, y eso sólo se puede lograr por medio de la iglesia verdadera de Dios, dirigida por un hombre poseedor del sacerdocio y con la debida autorización. No caminas por la calle y entras en cualquier puerta—la que mejor te guste—tienes que entrar por la puerta estrecha que te Heve a tu senda, a tu destino real.

Y esto nos lleva a la cuarta escritura: Mateo 7:13-14, donde Jesús habla acerca de la puerta estrecha que lleva a su reino: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Estas son las advertencias que Dios nos ha dado si acep­tamos las falsedades de Satanás en lugar de buscar y entrar en el redil de la verdadera Iglesia de Jesucristo.

Ahora resumamos. Primeramente, hemos hablado de la doctrina de la Biblia que nos dice que habría una apostasía universal después de la era de la Iglesia del Nuevo Testamento, y hemos visto que se han cumplido estas pro­fecías. Luego hemos identificado seis características de la Iglesia verdadera de Jesucristo; también vimos como se perdieron, y nos percatamos de que ninguna de esas ca­racterísticas se encuentra en el Catolicismo o en las igle­sias Protestantes de la Cristiandad moderna. Y tercero, hemos examinado las amonestaciones de Dios con­cernientes al peligro de creer que aún desempeñando con celo una actividad en alguna iglesia no autorizada por Jesucristo, nos traerá las recompensas eternas que deseamos. Nuestra tarea es examinar todas las profecías que se encuentran en la Biblia que nos dicen que Dios se proponía restaurar Su Iglesia aquí en la tierra en los últi­mos días y basar mi afirmación audaz de que en la actuali­dad, la Iglesia verdadera de Jesucristo puede ser sólo una que haya sido restaurada por revelación divina.

Acontecimientos sobre la
Restauración de la Iglesia de Jesucristo

Antes de abrir nuestras Biblias para examinar estas pro­fecías, brevemente les diré los acontecimientos de esa restauración que trajo a la iglesia del Señor nuevamente aquí a la tierra.

Un día en la primavera de 1830, un joven escogido por Dios fue a un bosque cerca de su casa buscando una respuesta a una pregunta que le preocupaba mucho: “¿A cuál iglesia deberé unirme?” Este joven de apenas 15 años, cuyo nombre era José Smith, había escuchado a un predicador explicar, en una reunión cerca de su casa, un pasaje de la Biblia en donde se hacía una promesa muy importante. José decidió que aplicaría esa promesa que encontramos en la epístola de Santiago, capítulo uno, versículo cinco, que dice: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abun­dantemente y sin reproche”; luego la escritura hace la promesa: “y le será dada”.

El joven José Smith fue al bosque cerca de su casa en Nueva York, se arrodilló y oró a Dios. En respuesta a su oración, lo visitaron dos personajes celestiales; uno seña­lando al otro le dijo: “José, este es Mi Hijo Amado, Escúchalo”.

Allí, José habló con Dios el Padre y con Su Hijo Jesucristo e hizo la siguiente pregunta: “¿A qué iglesia debo unirme?” Para sorpresa suya, le fue dicho no se uniera a ninguna de las iglesias que había entonces, y supo de la pre­ocupación de Dios porque los hombres lo alababan con su boca pero que sus corazones lejos estaban de Él, que enseñaban como mandamientos la doctrina de hombres, en lugar de la doctrina de Dios. En otras palabras, Dios le dijo a José que había existido una apostasía, o sea, que el poder y la autoridad para obrar en el nombre de Dios se habían perdido, y que las doctrinas verdaderas de la Iglesia de Jesucristo no se encontraban en la tierra.

Tres años y medio pasaron, y José esperó paciente­mente para recibir más instrucciones, hasta que final­mente, la noche del 21 de septiembre de 1823, estando en su recámara, oró con mucho fervor a su Padre Celestial; en respuesta a esa oración se le apareció un personaje angelical; le dijo que su nombre era Moroni, que había vivido en el continente Americano 1400 años antes, y que había enterrado unas planchas metálicas en un cerro cer­cano. Moroni también le dijo que esas planchas eran los registros de las relaciones de Dios con la gente que había vivido en las Américas.

Se le fue mostrado en una visión el lugar donde estaban enterradas las planchas. Esa misma noche, al estar hablan­do con José, Moroni le dijo que la plenitud del evangelio eterno se encontraba en esas planchas, y también le advir­tió de los grandes juicios que vendrían a la tierra en los últimos días.

Moroni se apareció a José tres veces esa misma noche, y nuevamente al siguiente día, repitiendo y agregando cosas nuevas a su mensaje. José le dijo a su padre lo que había sucedido, y éste lo envió al cerro que había visto durante la visión, y allí José encontró las planchas. Al querer sacar las planchas, nuevamente se le apareció el ángel y le dijo todavía no era tiempo de sacarlas, sino que tendría que regresar al cerro cada año en el mismo día para que se le enseñara y capacitara. El Ángel Moroni vino durante cuatro años para enseñar y preparar a José, para entregarle las planchas y para restaurar a la tierra esos re­gistros inspirados. El libro lleva el nombre del padre de Moroni, el hombre que guardó y compendió esos registros y es conocido en todo el mundo en la actualidad como El Libro de Mormón.

José recibió las planchas y comenzó la traducción en el verano de 1827, pero no terminó de traducirlas sino hasta 1829.

Mientras José y su escribiente y amigo Oliverio Cowdery, trabajaban diligentemente en la traducción, encon­traron un pasaje que se refería a la doctrina del bautismo. Ellos sabían que no habían sido bautizados, así que José y Oliverio decidieron, el 15 de mayo de 1829, buscar por medio de la oración, una respuesta al mandamiento que se les había dado en las escrituras, de que tendrían que ser bautizados.

Cuando por medio de la oración buscaban la respuesta, nuevamente fueron visitados por un ser celestial quien se identificó como Juan el Bautista, ese gran profeta que bau­tizó a nuestro Señor y Salvador. Juan puso sus manos sobre sus cabezas y les confirió el sacerdocio de Aarón, o sea el sacerdocio menor, como es conocido en la actuali­dad y que tiene el poder para bautizar. Ya que los dos poseían el sacerdocio, les dio el mandamiento de que debían bautizarse uno al otro, y así lo hicieron. Así que José y Oliverio fueron bautizados por medio del poder del sacerdocio que Juan les había conferido.

Un mes después, en junio de 1829, Pedro, Santiago y Juan, los tres líderes de los Doce Apóstoles en la Iglesia del Señor en el meridiano de los tiempos, aparecieron a José y Oliverio y les restauraron el sacerdocio mayor, el “Santo Sacerdocio de la orden del Hijo de Dios”, llamado el Sacerdocio de Melquisedec. Estos tres grandes líderes de la Iglesia de Cristo en tiempos antiguos, les confirieron el mismo gran poder que ellos tenían—el poder del apos­tolado—y les dieron las llaves del reino: dándoles la autoridad para obrar en ordenanzas mayores del evange­lio, la autoridad para efectuar sellamientos y unir a las personas por tiempo y eternidad—el mismo poder de sellamiento que ellos poseían en el meridiano de los tiem­pos.

El evangelio continuó. Por la autoridad del apostolado otorgado a ellos, y obedeciendo un mandamiento directo de Dios, José Smith y Oliverio Cowdery realmente restau­raron la Iglesia de Cristo nuevamente sobre la tierra—la misma iglesia primitiva que había sido dirigida por Pedro, Santiago y Juan y los otros apóstoles después de la muerte de Cristo. La iglesia restaurada fue oficialmente reorgani­zada el 6 de abril de 1830.

Pero el proceso de restauración continuó hasta el año de 1836, cuando el Salvador apareció el 3 de abril en Kirtland, Ohio, y aceptó el templo que había sido constru­ido en su nombre; luego Moisés apareció y restauró las llaves para el recogimiento de la Casa de Israel. Después apareció Elías, y restauró otras llaves del sacerdocio, cuya intención era volver el corazón de los hijos a los padres y el corazón de los padres a los hijos.

Nosotros sabemos que en esas apariciones tenemos la base para la restauración del evangelio de Jesucristo. Sabemos que todavía faltan cosas por hacer en este proce­so de restauración y que están por venir y estamos en espera de ellas, así como de las revelaciones futuras que éstas conllevarán.

→ 2 — Profecías Bíblicas sobre los Acontecimientos de la Restauración

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