Pruebas de la Biblia sobre
el Libro de Mormón
Mis hermanos, hermanas y amigos:
Es un placer poder dirigirles la palabra sobre un tema de gran importancia: Pruebas de la Biblia sobre el Libro de Mormón. Me emociona mucho este tema porque muestra la obra precisa de Dios, quien reveló grandes misterios a sus profetas en tiempos del Antiguo Testamento acerca del Libro de Mormón, y preparó cuidadosamente el camino para que la Biblia fuese un testimonio profético de que el Libro de Mormón es también la palabra inspirada de Dios. Quería que la humanidad supiera que el Libro de Mormón, junto con la Biblia, sería otro testigo de que Jesús es verdaderamente el Cristo, nuestro Señor, Salvador y Redentor, y Dios se valió de profecías de la Biblia para testificar que el Libro de Mormón es escritura sagrada revelada e inspirada, igual en importancia que la Biblia, y que es una herramienta para conducirnos a Cristo.
Oren para Recibir la Guía—
Las Cosas de Dios Son Reveladas por el Espíritu de Dios
El mensaje que les traigo es de suma importancia, por lo cual van a necesitar valorarlo cuidadosamente por medio de la oración. Me gustaría decirles que se tomen unos minutos y se preparen espiritualmente para recibir el mensaje que deseo compartir con ustedes. Les invito a que oren y pidan a Nuestro Padre Celestial que derrame el Espíritu Santo sobre ustedes mientras leen estas palabras y que pidan que el Espíritu Santo les dé testimonio de que mi mensaje es verdadero.
Por favor, abran sus Biblias en 1 Corintios, capítulo dos, y leamos juntos un pasaje de la escritura muy importante que se encuentra en / Corintios 2:9-12 y dice así: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. . .”.
Ahora les pido que oren e inviten al Espíritu Santo a su mente y a su corazón, y que por medio del Espíritu disciernan la intención e importancia que conlleva este mensaje. Dios nos ha dado información muy importante—que la Biblia testifica que el Libro de Mormón es también palabra revelada por Dios. Quiero que comprendan ese mensaje y que por medio del Espíritu, sepan que es verdadero.
Una Sinopsis de la Historia
del Libro de Mormón
Tengo doble trabajo: instruirles un poco sobre la historia del Libro de Mormón y después, mostrarles que la Biblia se refiere a esos acontecimientos históricos. Primeramente les diré la historia:
El Libro de Mormón es el registro de tres grupos de personas que llegaron del Medio Oriente a las Américas en los tiempos del Antiguo Testamento.
El Profeta Lehi y su familia fue el grupo de personas que registró su historia en una forma más completa. Salieron de Jerusalén en el año 600 A.C, justo antes de que fuese tomada esa ciudad por la gente de Babilonia bajo el Rey Nabucodonosor. Cuando salieron de Jerusalén, se dirigieron hacia el sur para finalmente llegar a las orillas del mar.
Habían traído consigo unas planchas de bronce que contenían mucho de lo que en la actualidad se conoce como el Antiguo Testamento. Contenían los escritos de Isaías y las palabras de otros profetas del Antiguo Testamento. Lehi tuvo cuatro hijos: Laman, Lemuel, Sam y Nefi. Al salir de Jerusalén, se les unió otra familia cuyo padre respondía al nombre de Ismael. Ambas familias descendían de José, el hijo de Jacob o Israel—ese mismo José que fue vendido en Egipto, en los inicios del Antiguo Testamento. Estas dos familias se casaron entre sí y tuvieron hijos y llegaron a ser dos grandes naciones.
Dios revelaba en forma continua sus deseos a Lehi y a su hijo Nefi. Cuando llegaron a la orilla del mar, se instruyó a Nefi por revelación cómo debería construir un barco, y ese barco trajo a las dos familias a las Américas, que sería la tierra de promisión, como les fue dicho por revelación. Llegaron aproximadamente en el año 589 a.C. y comenzaron a establecer su colonia. Debido a la rebeldía de Laman y Lemuel, el grupo se dividió en dos después de la muerte de Lehi. Los seguidores de Laman fueron conocidos como los lamanitas, y los de Nefi como neritas. Los lamanitas se volvieron inicuos; los neritas fueron guiados por profetas—hombres de Dios quienes continuamente guiaban a sus seguidores a fin de prepararlos para la venida de Jesucristo. Gran parte de la historia del Libro de Mormón nos habla acerca de las relaciones entre estos dos grupos.
Cuando los dos grupos se separaron, los nefitas llevaron consigo registros de sus antepasados y los escritos de los profetas del Antiguo Testamento, los cuales estudiaban y aplicaban en sus vidas en forma diaria.
Aproximadamente 320 años después, un grupo de nefitas descubrió la ciudad de Zarahemla, que había sido fundada por otro grupo conocido como los mulekitas. Mulek salió de Jerusalén aproximadamente al mismo tiempo que Lehi, escapando cuando Sedequías, rey de Judá, fue llevado cautivo a Babilonia. Su pueblo también viajó por el desierto y el Señor los guió a través del océano hacia las Américas. Los mulekitas y los nefitas se unieron y las dos culturas se fusionaron en una.
A través de los años varios profetas nefitas hablaron acerca del nacimiento del Salvador y de la estrella que sería el símbolo de su nacimiento. Esa estrella se vio en las Américas y reconocieron que su Salvador había nacido. Cambiaron su sistema del tiempo y empezaron a contar los años desde el día del nacimiento del Salvador. Los nefitas también supieron de la muerte del Salvador, y experimentaron erupciones volcánicas muy severas y otras calamidades de la naturaleza cuando Jesucristo fue crucificado.
Una de las partes más importantes del Libro de Mormón es el registro conocido como Tercer Nefi, que relata la forma en que Jesús vino a las Américas y se apareció a los nefitas y lamanitas varios meses después de su resurrección. El libro es un testigo poderoso de la veracidad del sacrificio expiatorio del Salvador, de su conquista sobre la muerte y de su amor por la humanidad.
Después de la visita de Jesucristo a las Américas, hubo paz entre las dos naciones durante más de 200 años, conforme la gente vivía en rectitud, pero cuando la maldad empezó a extenderse entre las dos culturas, hubo guerras entre ellos. Los nefitas, quienes previamente habían sido más rectos que los lamanitas, llegaron a ser más inicuos que sus hermanos. Casi al finalizar el Libro de Mormón, éste nos relata acerca de grandes guerras que ocurieron entre los nefitas y los lamanitas, terminando en una batalla final en el año 385 D.C, en la cual la mayoría de los nefitas murieron y sólo se salvó un puñado de ellos. Antes de esta batalla, Mormón, el profeta y líder Nefita, fue instruido por el Señor para que llevara consigo las planchas de metal sobre las cuales habían escrito su historia de los nefitas, condensó esas historias en planchas que él llamó las planchas de Mormón. Mormón fue uno de los pocos nefitas que sobrevivió a la última batalla, así como su hijo Moroni. Mormón entregó las planchas a Moroni, quien las enterró a fin de que aparecieran en los últimos días. Debido a que Mormón hizo un compendio de las planchas que contenían la historia del Libro de Mormón, el libro en la actualidad lleva su nombre y es conocido como el Libro de Mormón.
Un tercer grupo también vino a las Américas desde el Medio Oriente, pero mucho antes, en los tiempos de la Torre de Babel. El Libro de Mormón nos relata de un hombre llamado Jared y sus seguidores que fueron guiados desde la Torre de Babel más de 2,200 años antes del nacimiento de Cristo. Los Jareditas también cruzaron el océano para venir a las Américas y se asentaron aproximadamente en la misma área a donde finalmente llegarían los nefitas y los mulekitas. Entre los Jareditas había profetas de Dios, quienes guiaron e inspiraron al pueblo; pero conforme grupos de inicuos surgieron de entre ellos, los Jareditas también tuvieron guerras internas que finalmente los aniquilaron como pueblo. El último sobreviviente de los Jareditas fue descubierto por los mulekitas alrededor de 1,700 años después de que la civilización Jaredita comenzara. La historia de los Jareditas se sintetiza en el libro de Éter, que es parte del Libro de Mormón.
Por lo tanto, el Libro de Mormón nos cuenta de tres civilizaciones o culturas que fueron guiadas por Dios hacia las Américas: los jareditas, los nefitas y los mulekitas. El Libro de Mormón nos relata que cada una de las tres civilizaciones prosperó cuando obraba con justicia, pero se ganaron la ira de Dios al volverse inicuos y hacia la maldad. Finalmente, las tres civilizaciones fueron destruidas cuando cesaron de adorar y obedecer al Señor y Salvador.
Aprendemos mucho acerca de Jesucristo en el Libro de Mormón, al leer los escritos de los muchos profetas inspirados por Dios para que enseñaran a su pueblo. El Libro es verdaderamente un testimonio de Cristo.
Ya estuvo bien de historia, ahora consideremos algunas referencias de la Biblia que nos muestran que el Libro de Mormón, como la Biblia, es realmente una parte de la palabra revelada por Dios para la humanidad.
La Profecía de Jesucristo:
Otras Ovejas Oirán mi Voz
El Señor, junto con muchos otros profetas del Antiguo Testamento, se refirió en forma sorprendente, al pueblo del Libro de Mormón; estas alusiones poderosas no pueden ser ignoradas por aquéllos que buscan la verdad con honestidad. Aproximadamente seis meses antes de su crucifixión, durante su último ministerio Judío, Jesús fue a la Fiesta de los Tabernáculos en Jerusalen. Durante su estancia en ese lugar, fue desafiado por los Fariseos y discutieron los puntos de su doctrina. En Juan, capítulo diez, leemos acerca de la parábola del buen pastor diciéndoles: “. . . El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca”. Luego Jesús les dice, “De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas…. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas”.
En Juan 10, versículos 14-15 dice: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”. Luego en Juan 10:16 leemos el versículo tan significativo donde Jesús se refiere al pueblo del que leemos en el Libro de Mormón, y dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.
En 3 Nefi, capítulo 15 del Libro de Mormón, leemos las palabras de Jesucristo cuando visitó a los lamanitas y neritas en las Américas después de su resurrección: Les dijo que sus antepasados habían sido separados de la casa de Judá debido a la iniquidad de los Judíos. Les habló también de las otras tribus de la casa de Israel que habían sido separadas de la casa de Judá y les dijo que debido a la iniquidad de los Judíos, no pudieron conocer la ubicación de esas otras tribus.
Luego en 3 Nefi, capítulo 15, versículos 21-24, les explicó el pasaje acerca de las “otras ovejas” a las que se refiere el capítulo 10 de Juan y les dijo: “Y de cierto os digo que vosotros sois aquellos de quienes dije: Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor. Y no me comprendieron porque pensaron que eran los gentiles; porque no entendieron que, por medio de su predicación, los gentiles se convertirían. Ni me entendieron que dije que oirán mi voz; ni me comprendieron que los gentiles en ningún tiempo habrían de oír mi voz; que no me manifestaría a ellos sino por el Espíritu Santo. Mas he aquí, vosotros habéis oído mi voz y también me habéis visto; y sois mis ovejas, y contados sois entre los que el Padre me ha dado”.
Así que el Libro de Mormón contiene la explicación de ese pasaje en Juan 10, el cual ha sido un misterio para los doctos en la Biblia durante cientos de años. Siempre se han preguntado quienes son esas otras ovejas que no eran los Judíos, pero sin embargo aún eran parte del rebaño de Jesucristo. Algunos han dicho que eran los gentiles, pero Jesús estuvo entre los gentiles sólo una vez y dijo que él no había sido enviado a ellos. Leemos acerca de esto en Mateo, capítulo 15; cuando efectuó una breve visita a Tiro y Sidón, se le acercó una mujer cananea quien le dijo que sanara a su hija, el Salvador contestó en Mateo 15:24, “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Y aunque sanó a la hija de esta mujer cananea, no tenemos ningún otro registro donde se mencione que Jesús ministró entre los gentiles. Su misión en aquella época era sólo para Israel, y el pueblo del Libro de Mormón eran sus otras ovejas.
La Profecía de Jacob:
Los Descendientes de José Vendrían a los Collados Eternos
Encontramos otro pasaje Bíblico con fuertes vínculos hacia el Libro de Mormón en Génesis, capítulo 49. Recordemos algo sobre la historia del Antiguo Testamento para preparar el marco para esta profecía. Recuerden que Abraham era el padre de Isaac y que Isaac era el padre de Jacob; y Jacob fue el padre de los hijos que llegaron a ser las cabezas de las doce tribus de Israel. El Señor Jehová cambió el nombre de Jacob por el de Israel. Jacob tuvo un hijo que era particularmente notable. Fue José, el que fue vendido en Egipto por sus hermanos. Después de que José salvó al pueblo de Egipto y a todas las naciones a su alrededor de los efectos de los siete años de hambruna, llegó a ser el segundo del Faraón.
Al final de Génesis leemos cómo Jacob, para entonces ya un anciano cercano al fin de sus días, pronunció bendiciones proféticas sobre sus hijos y sobre dos de sus nietos. En Génesis, capítulo 49 encontramos esas bendiciones proféticas dadas a sus descendientes. En Génesis 49:22-26, se encuentran las palabras proféticas que pronunció acerca de los descendientes de José, y esas palabras describen hechos que sucedieron en los registros del Libro de Mormón y esto es lo que dice:
“Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon. Y le aborrecieron los arqueros; mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.”
Analicemos esta gran bendición, porque encontramos varias frases que se aplican solamente en el recuento de Lehi y su pueblo, quienes fueron descendientes de José.
El versículo 22 dice: “Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro.” Veamos si podemos comprender esta frase. “Rama fructífera es José” quiere decir que iba a tener muchos descendientes. Iba a ser una rama fructífera junto a una fuente,” o junto al mar, y sus vástagos iban a extenderse sobre el muro. En la antigüedad, el pueblo de Israel era un pueblo de tierra, no de navegación, y el mar formaba un muro. Sin embargo, la profecía de José era que un vástago de la casa de José iba a cruzar ese muro, o sea, cruzar el mar. Y eso fue exactamente lo que sucedió cuando la familia de Lehi construyó un barco y navegaron por el muro, que era el mar.
Encontramos otra frase que es muy significativa. En el versículo 26 dice: “Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores, hasta el término de los collados eternos. . .”. ¿Qué quiere decir esto? Nos dice hacia dónde fueron los descendientes de José que cruzaron el gran océano. Si vemos un mapa mundial y buscamos la cordillera de montañas más grande, encontraremos los collados eternos. Esos collados eternos son las montañas que surgen del mar, muy al norte en la punta occidental de Alaska. Las montañas emergen del mar, luego hacen curva hacia Alaska y Canadá y los Estados Unidos, México y Centro América, y continúan hasta llegar a la punta de América del Sur, donde desaparecen nuevamente en el mar. Son verdaderamente collados eternos sin ningún principio o fin visibles. Es la cordillera más grande de la tierra.
Queda claro que Jacob sabía lo que sucedería con la colonia del Libro de Mormón cuando predijo que algunos vástagos de José, no todos, sino algunos, se extenderían sobre el muro; que sus descendientes serían grandemente bendecidos, y que esas bendiciones serían mayores que las bendiciones de sus hermanos, porque se extenderían hasta el final de los collados eternos, cuando vinieran a las Américas. Profetizó que esas bendiciones serían sobre la cabeza de aquél que fue apartado de entre sus hermanos. Ese es Lehi—nosotros creemos que vino con su pueblo y se establecieron en las Américas.
Habrá algunos que no estén de acuerdo con esta interpretación, pero si deciden no estar de acuerdo, entonces tendrán que dar su propia explicación. Primero, quiénes serían los vástagos de José que se extenderían sobre el muro; segundo, dónde estaba ese muro; tercero, dónde está la tierra de los collados eternos hacia donde se extenderían esos vástagos; y cuarto, deberán explicar quién sería separado de entre sus hermanos, que era descendiente de José. Ese es mi desafío hacia ellos: dar una explicación adecuada de estos cuatro enunciados.
Cuando leo los escritos de los estudiosos de la Biblia, me parece que no tienen ninguna respuesta a esas cuatro preguntas. No pueden identificar quiénes eran los vástagos o cuál era el muro sobre el cual se extenderían, o dónde estaría la tierra de los collados eternos, o quién era el descendiente de José que sería separado de entre sus hermanos. Sin embargo, encontramos todas esas respuestas en el Libro de Mormón porque cumple las profecías de la Biblia.
La Profecía de Ezequiel:
Palo de Judá y José se Unirán
Encontramos una profecía en Ezequiel, capítulo 37 que también es muy significativa. En tiempos del Antiguo Testamento, cuando el pueblo quería tener un registro escrito, escribían en pergaminos o papiros. Tomaban esos papiros y los enrollaban en palos para que cuando se refirieran a un registro escrito, lo llamaran palo. En el capítulo 37 de Ezequiel encontramos una profecía de cómo habría un registro de Judá, que es la Biblia, y también otro registro, de José. Y la profecía dice que esos registros serían unidos en los últimos días, y que cuando llegase el tiempo de que se juntasen, sucederían otros acontecimientos: la restauración de la casa de Israel y de la casa de Judá para que viviesen juntos en la tierra de Israel, la construcción del tabernáculo del Señor o un templo en ese lugar, y el reinado de un rey que respondería al nombre de David, quien sería su gobernante en los últimos días. Esta es una de las profecías más significativas que tenemos en la Biblia, concerniente a los acontecimientos de los últimos días.
Leamos ahora la parte que habla de los dos registros, el palo de Judá y el palo de José, y la encontramos en Ezequiel 37:15-20. Dice: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno sólo, y serán uno sólo en tu mano. Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?, diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un sólo palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos. . .”
Esta es una profecía de que los registros de Judá, o sea la Biblia, y el registro de José serán unidos. Después, vendrá el tiempo cuando la casa de Israel será reunida y Judá e Israel habitarán juntos en la tierra de Israel.
Sabemos cual es el palo de Judá—es la Biblia. Pero ¿quién más, aparte de los Santos de los Últimos Días, ofrece explicación alguna acerca de lo que es el palo de José? Vemos que el Libro de Mormón es el registro de José, pero nadie más reclama nada acerca de cuál registro cumple con esta gran profecía.
Nefi hizo una profecía en el Libro de Mormón que explica la forma en la que el Señor reunirá los registros de las varias partes de la Casa de Israel. Nefi vio que habría un tiempo en los últimos días cuando el Libro de Mormón aparecería y el hombre se quejaría y cuestionarían su validez diciendo: “¡Una Biblia! ¡Una Biblia! ¡Tenemos una Biblia, y no puede haber más Biblia!” En el capítulo 29 de 2 Nefi, el profeta cita las palabras de una revelación que había recibido de Dios sobre el tema, en la cual el Señor dijo: “¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres, y que me acuerdo de los que viven en las islas del mar; y que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra; y manifiesto mi palabra a los hijos de los hombres, sí, sobre todas las naciones de la tierra? ¿Por qué murmuráis por tener que recibir más de mi palabra? ¿No sabéis que el testimonio de dos naciones os es un testigo de que yo soy Dios, que me acuerdo tanto de una nación como de otra? Por tanto, hablo las mismas palabras, así a una como a otra nación. Y cuando las dos naciones se junten, el testimonio de las dos se juntará también. Y hago esto para mostrar a muchos que soy el mismo ayer, hoy y para siempre; y que declaro mis palabras según mi voluntad. Y no supongáis que porque hablé una palabra, no puedo hablar otra; porque aún no está terminada mi obra; ni se acabará hasta el fin del hombre; ni desde entonces para siempre jamás. Así que no por tener una Biblia, debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más. Porque mando a todos los hombres, tanto en el este, como en el oeste, y en el norte, así como en el sur y en las islas del mar, que escriban las palabras que yo les hablé; porque de los libros que se escriban juzgaré yo al mundo, cada cual según sus obras, conforme a lo que esté escrito. Porque he aquí, hablaré a los judíos, y lo escribirán; y hablaré también a los nefi tas, y éstos lo escribirán; y también hablaré a las otras tribus de la casa de Israel que he conducido lejos, y lo escribirán; y también hablaré a todas las naciones de la tierra, y ellas lo escribirán. Y acontecerá que los judíos tendrán las palabras de los neritas, y los neritas tendrán las palabras de los judíos; y los neritas y los judíos tendrán las palabras de las tribus perdidas de Israel; y éstas poseerán las palabras de los nefitas y los judíos. Y sucederá que mi pueblo, que es de la casa de Israel, será reunido sobre las tierras de sus posesiones; y mi palabra se reunirá también en una. Y manifestaré a los que luchen contra mi palabra y contra mi pueblo, que es de la casa de Israel, que yo soy Dios, y que hice convenio con Abraham de que me acordaría de su posteridad para siempre”.
Así que la profecía de Nefi de que los registros o palos de las diferentes partes de la Casa de Israel serían reunidos y que Israel entonces sería reunido sobre las tierras de sus posesiones, es paralela a la profecía de Ezequiel 37, que el Señor reuniría al palo de Judá y al palo de José y que después reuniría al pueblo de Judá e Israel y los haría una nación en los montes de Israel. La Biblia y el Libro de Mormón son testigos paralelos de la obra de Dios en los últimos días.
La Profecía del Salmista:
La Verdad Brotará de la Tierra
Hay otras profecías de la Biblia que hablan acerca del Libro de Mormón. Muchas de ellas hacen alusión a la manera en la que el Libro de Mormón aparecería. A fin de poder entender esas profecías, es necesario que sepan un poco más acerca de cómo el Libro de Mormón fue restaurado a la tierra en estos últimos días. En el año de 1823, en la noche del 21 de septiembre, un joven llamado José Smith fue visitado en su habitación en Manchester, Nueva York, por un ser angelical quien se identificó como Moroni. Este Moroni era el mismo hijo de Mormón quien había enterrado las planchas de Mormón hacía más de 1,400 años después de la batalla final en la que la mayoría del pueblo nefita fue destruido. Ahora, como ser resucitado, Moroni había regresado a preparar el camino para la restauración aquí en la tierra, de este registro tan importante. Durante la noche del 21 de septiembre, Moroni visitó a José Smith tres veces y le dijo acerca de la misión que tendría que desempeñar, y en la visión le mostró el lugar donde estaban enterradas las planchas, a fin de que las pudiera obtener. Después, una vez al año, durante cuatro años, Moroni se reunió con José en el lugar donde habían sido enterradas las planchas, y le enseñó y le preparó para poder obtenerlas y traducirlas a un lenguaje moderno por medio del don y el poder de Dios. Finalmente, el 22 de septiembre de 1827, José sacó las planchas que habían sido enterradas por Moroni en un cerro cerca de su casa, y Moroni vio que José sacaba las planchas de la tierra y se preparaba para llevarlas y guardarlas en su casa.
En el Salmo 85:11, se hace una alusión muy interesante a este evento y dice: “La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos.” ¿Qué otro evento existe en la historia de la humanidad donde diga que un ser angelical miraría desde los cielos al ser sacadas de la tierra las palabras de Dios? No existe registro alguno en la historia que específicamente cumpla con esta declaración profética. Nuevamente, la respuesta a la profecía de la Biblia se encuentra solamente en el Libro de Mormón.
La Profecía de Isaías:
La Restauración y la Aparición del Libro de Mormón
Una de las profecías Bíblicas más significativas se relaciona no sólo con los acontecimientos del Libro de Mormón, sino con la aparición del mismo en los últimos días. Nuevamente, a fin de comprender la profecía, es necesario que sepamos la historia de cómo salió a la tierra el Libro de Mormón. La primera visión que Dios otorgó a José Smith, fue cuando éste era un joven de menos de 15 años, en la primavera de 1820. Debido a que estaba muy preocupado acerca de a qué iglesia unirse, José se fue al bosque cerca de su casa en la parte norte del Estado de Nueva York, y allí lo visitaron dos personajes celestiales.
Al escribir su visión lo hizo así: “…vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre y dijo señalando al otro: ‘Este es Mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!’ Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cual de todas las sectas era la verdad, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes…. cuál de todas las sectas era la verdadera… y a cuál debía unirme. Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que ‘con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella’. De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión…”. (José Smith-Historia, 1:17-20).
Ya he descrito brevemente la segunda serie de manifestaciones que José recibió desde septiembre de 1823 hasta septiembre de 1827, cuando las planchas finalmente le fueron entregadas. Lo que vino después fue la traducción de dichas planchas por medio del don y el poder de Dios. Cuando las recibió, se dio cuenta de que dos tercios de las planchas estaban selladas y que no le era permitido abrir o examinar la parte sellada de éstas. En los días subsecuentes, empezó a traducir utilizando herramientas de traducción que habían sido enterradas junto con las planchas y que se llamaban Urim y Tumim.
Al comenzar la traducción, un amigo que le había ayudado, Martín Harris, le solicitó copia de los caracteres de las planchas y parte de la traducción que había hecho para mostrárselas a varios lingüistas distinguidos en la ciudad de Nueva York y obtener su opinión acerca de la validez de la traducción. Martín obtuvo copia de los caracteres y visitó en Nueva York al Profesor Charles Anthon, a quien mostró los caracteres; después de examinar, tanto los caracteres como la traducción, el profesor Anthon le entregó un documento en el que certificaba que los escritos eran auténticos en egipcio, caldeo, asirio y árabe, así como la traducción. Martín Harris metió el papel en su bolsillo y se disponía a salir cuando Anthon lo llamó y le preguntó cómo había obtenido José Smith las planchas de oro que estaban en el cerro; él le explicó que un ángel de Dios le había revelado el lugar al Profeta. El Dr. Anthon le dijo: “Déjame ver el certificado”. Y cuando Martín se lo entregó, lo hizo pedazos diciendo que ya no existían cosas tales como la ministración de ángeles, y que si le llevaba las planchas, él las traduciría. Cuando Martín le informó que parte de las planchas estaban selladas y que le era prohibido llevarlas, el Dr. Anthon contestó con palabras que eran el cumplimiento de la profecía: “No puedo leer un libro sellado”.
Luego Mallín Harris visitó al Dr. Mitchell quien confirmó lo que el Profesor Anthon había dicho respecto de los caracteres y la traducción.
Uno de los pasajes más emocionantes en todo el Antiguo Testamento es Isaías 29, que se refiere en detalle a estos incidentes. Déjenme leerles Isaías 29:11-14: “Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado. Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer. Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado; por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos”.
Que profecía tan maravillosa. No sólo se refiere a la primera visión de José Smith cuando fue visitado por Dios el Padre y su Hijo, el Señor Jesucristo, sino también al incidente cuando Martín Harris llevó los caracteres del Libro de Mormón y los mostró al Dr. Anthon.
Examinemos esto en detalle: dice, “Y os será toda visión como palabras de libro sellado”. Esta es una declaración realmente maravillosa, como maravilloso es el alcance del Libro de Mormón, ¿no creen? ¡La visión de todos!
Y también fíjense que el libro que daría cumplimiento a esa promesa sería un libro sellado. Los estudiosos de la Biblia han estado luchando con esta frase durante años. Y la profecía nos dice que las palabras del libro serían enviadas a alguien que fuera versado diciendo: “Lee esto;” y el contestaría, “No puedo; porque está sellado”, y esas fueron casi exactamente las palabras del versado Dr. Anthon. La profecía también nos dice que el libro sería dado a alguien sin gran instrucción y que él contestaría: “No soy instruido”. Nosotros creemos que esa persona era José Smith, quien realmente estaba preocupado por su falta de preparación académica, pero a quien le fue dada la habilidad y capacidad para traducir el Libro de Mormón por medio del don y el poder de Dios.
Y luego la profecía en Isaías 29, da en detalle casi las palabras exactas que escuchó José de labios del Salvador: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”. Y debido al hecho de que los hombres temían a Dios porque “era un mandamiento de hombres”, el Señor prometió por medio de Isaías que llevaría a cabo entre la gente “una obra maravillosa y un prodigio”, y que haría que la sabiduría de los sabios pereciera y se desvaneciera la inteligencia de los entendi Y esto es exactamente lo que tenemos con este pasaje. Durante mucho tiempo y para su gran consternación, los estudiosos de la Biblia no han podido explicar, aún en términos generales, lo que este pasaje de Isaías 29 quiere decir. Sin embargo, los Santos de los Últimos Días, con el conocimiento del Libro de Mormón y la forma en que este apareció por medio de José Smith, reconocen, en forma detallada, el cumplimiento de la profecía.
Unos versículos más adelante, en Isaías 29:18, dice: “En aquél tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”. Por lo tanto, vemos que este libro, que fue sellado, sería escuchado y visto por aquéllos que son sordos y ciegos, y reconocemos que la profecía se ha cumplido por medio del equipo de alta tecnología que la Iglesia ha utilizado, así como por la edición en Braile del Libro de Mormón, está disponible para los que lo necesiten.
La profecía de Isaías 29 está detallada, y es específica y se ha cumplido literalmente—no es un cumplimiento imaginario, sino que podemos ver el cumplimiento de esta profecía palabra por palabra y paso a paso, y es claro y fácil de identificar. Si los críticos del Mormonismo dudan de la interpretación de esta profecía, desafíenlos para que les den una explicación válida de cada uno de los detalles de ésta. Pregúntenles qué libro fue sellado, y cómo fue “La Visión de todos”. Pregúntenles quién era el hombre de letras que dijo “No puedo leer un libro sellado” y por qué la declaración del Señor de que “este pueblo se me acerca con su boca y con sus labios me honra, pero que sus corazones están lejos de mi”, y si esto tiene algún significado en este contexto. También que les expliquen la forma en que se ha cumplido la parte de la profecía que dice que los sordos y los ciegos recibirían las palabras del libro. Ellos no tienen ninguna respuesta coherente, pero sus amigos mormones entienden perfectamente cada frase de la profecía. ¡Oren para que reciban discernimiento sobre este asunto!
La Profecía de Isaías:
La Caída del Pueblo Nefita
Pero aún hay más sobre esta profecía en el capítulo 29 de Isaías que trata de la aparición del Libro de Mormón. Hay también una profecía grande que se refiere a la batalla final entre los nefitas y los lamanitas, así como de otros acontecimientos que encontramos en el Libro de Mormón.
Revisemos estos acontecimientos antes de darles una explicación sobre la profecía. La batalla final entre los nefitas y los lamanitas sucedió en un gran cerro conocido en el Libro de Mormón como el Cerro de Cumorah. Los nefitas habían reunido a su gente en la cima del cerro para esperar el desafío de los lamanitas, quienes llegaron, rodearon el cerro y acamparon contra ellos, después atraparon a los nefitas para que no pudieran escapar. Luego de una gran batalla que duró un día, bajaron y mataron a más de 230.000 hombres nefitas junto con sus mujeres e hijos. Todo esto sucedió en un día. Los registros de los nefitas habían sido enterrados en el cerro, y Moroni los sacó del lugar donde estaban escondidos al final del conflicto. Moroni fue uno de los pocos nefitas que escapó con vida.
El gran profeta Isaías comparó la caída de los nefitas con la caída de Jerusalén; él sabía que Jerusalén caería; esto lo encontramos en Isaías 29. Tiene mucho significado leer cómo se hace esta comparación, al ser detallados los sucesos. Leamos juntos el primer versículo de Isaías 29 que dice: “Ay de Ariel, de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro, las fiestas sigan su curso”. Ariel es otro nombre para Jerusalén. El pasaje continúa así: “Más yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste . . .”; luego empieza la comparación que dice: “y será a mí como Ariel”. Por lo tanto, ya no estamos hablando de la caída de Jerusalén, estamos hablando acerca de algo más a la cual Isaías se refiere como “y será”, está siendo comparada con la caída de Jerusalén. “Y será a mí como Ariel”.
Y luego el Señor, por medio de Isaías, da cuatro características de esta batalla que se llevaría a cabo. Dijo: “Porque acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra ti baluartes”. Esa es la primera característica: acampar alrededor, o rodearlos. “Y serás humillada, o derrotada”—esa es la segunda característica de la batalla de que habla Isaías. Y la tercera es “hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo, y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo”. Luego, Isaías profetiza la cuarta característica de la batalla: “y será repentinamente, en un momento”.
Vamos a resumir las cuatro características proféticas de esta batalla: La Ia, “Porque acamparé contra ti alrededor”, o rodear la base del cerro. La 2a, “y serás humillada”, o derrotada. La 3a, “y hablarás desde la tierra”—la historia de la batalla sería tomada desde la tierra de alguna forma. Y la 4a, “y será repentinamente, en un momento”; o sea que sucedería en un período de tiempo muy corto.
Durante esta batalla, cuando los nefitas se hallaban reunidos en la cima del Cerro de Cumorah, los lamanitas los rodearon y acamparon contra ellos a su alrededor. Segundo: Los nefitas fueron bajados y derrotados. Tercero: sus registros emergieron desde la tierra para contar el resultado del conflicto. Y por último, sucedió en un instante, de repente, con aproximadamente un millón de nefitas muertos en un sólo día. ¿Se dan cuenta cuanta gente era? Es más del total de vidas que se perdieron en la Guerra de Revolución, la Guerra de 1812, la Guerra Mexicana, la Guerra Civil, la Guerra Hispano Americana, la Primera Guerra Mundial y una parte de la Segunda Guerra Mundial. Fue un conflicto muy grande, y sucedió repentinamente ¡en un sólo día!
Pero Isaías decía: “y serás”—estaba comparando el lugar con Jerusalén, también dijo otras características más. En Isaías 29:6 dijo: “serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor”. Un capítulo completo del 3 Nefi, capítulo 6 en el Libro de Mormón, describe en forma detallada el cumplimiento de esta profecía, narrando las terribles destrucciones que sucedieron durante la crucifixión de Jesucristo. Por supuesto, hubo un cumplimiento específico de esta profecía cuando Isaías se refirió a ella como “y serás”, lugar que estaba comparando con Jerusalén.
La Profecía de Isaías:
No Habrá Revelación durante la Gran Apostasía
Los versículos 9y 10 de Isaías capítulo 29 nos dicen de otro acontecimiento entre el pueblo del Libro de Mormón, que dice “y serás”, como lugar o civilización lo estaba comparando con Jerusalén. Dijo: “Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos, y no de vino; tambalead, y no de sidra. Porque Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes”.
Esto es lo que sucedió en las Américas cuando los neritas fueron destruidos y sus profetas llevados de entre ellos. Esta gran destrucción en las Américas fue causa de hambre por escuchar las palabras del Señor; así que por más de 1,400 años no tuvieron la bendición de ser guiados por sus profetas y videntes. La restauración del Libro de Mormón, el registro de la relación de Dios con su pueblo en las Américas, inició el proceso de quitar la obscuridad espiritual que había y que prevalecía; como ya hemos leído en el versículo 11, “Y os será toda visión como palabra de libro sellado…”.
Resumamos, pues, las muchas profecías específicas que se cumplieron por medio del Libro de Mormón y su restauración, como encontramos en Isaías 29. Al inicio del capítulo, Isaías compara la caída de Jerusalén con algún lugar que él dice “y serás”; y ese “y serás” tiene referencia con la caída de los nefitas en las Américas, pues dijo: “Porque acamparé contra ti alrededor”. Este primer punto se cumplió cuando los lamanitas atacaron a los nefitas rodeando el Cerro de Cumorah. “Y serás humillada”, el segundo punto se cumplió cuando los nefitas fueron destruidos. Tercero, “hablarás desde la tierra”, se cumplió cuando el Libro de Mormón emergió desde donde estaba enterrado dentro del cerro. La cuarta: “y será repentinamente, en un momento”—así fue como sucedió la destrucción del pueblo Nefita, en un día. Quinto, “serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor”. El Libro de Mormón narra sucesos cataclismos que ocurrieron después de la Crucifixión de Jesucristo como cumplimiento de esta parte de la profecía. Sexto, “y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes”. Ya no había profetas en las Américas después de la destrucción de los nefitas. Séptima, “y os será toda visión como palabras de libro sellado”; dos terceras partes de las planchas del Libro de Mormón fueron selladas y no le fue permitido a José Smith traducirlas.
Octava, se darían palabras de libro a un erudito quien al pedírsele leerlo diría, “No puedo porque está sellado”. Eso fue precisamente lo que Challes Anthon expresó cuando Martín Harris lo visitó. Noveno, la profecía en Isaías registra exactamente las palabras que el Señor le dijo a José Smith en su primera visión: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”. Décimo, Isaías profetizó que el Señor llevaría a cabo una obra maravillosa entre su pueblo, y que haría que “la sabiduría de los sabios pereciera y se desvanecería la inteligencia de los entendidos”. Durante muchos años, los estudiosos de la Biblia no han tenido la capacidad para entender estas profecías que hacen referencia al Libro de Mormón porque no saben la forma en que se dio su cumplimiento. Y finalmente, el último punto: “en aquél tiempo los sordos oirán las palabras del libro y los ojos de los ciegos verán en la obscuridad y en las tinieblas”. El Libro de Mormón ha llegado tanto a los ciegos como a los sordos por medio de equipo moderno y la tecnología Braille.
Es obvio que se da el cumplimiento específico y literal en esta gama de profecías hechas por el profeta Isaías. Es muy claro, también, que la Biblia hace referencia en forma muy específica al Libro de Mormón, y cómo sería restaurado por medio de José Smith.
Si hubiese algunos que negaran que el Libro de Mormón da cumplimiento a esta profecía, entonces deberán estar listos para explicar cómo se da cumplimiento a cada uno de estos acontecimientos. Pero no hay forma de que lo hagan porque no hay ninguna otra explicación válida.
Resumen:
Pruebas Bíblicas del libro de Mormón
Resumamos, pues, al finalizar nuestras reflexiones sobre estas profecías de la Biblia relacionadas con el Libro de Mormón. Vimos Juan 10:16 donde el Señor habla acerca de “otras ovejas que no son de este redil;… y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor”. Les mostramos cómo se cumplió esta promesa en forma literal, al venir y aparecer ante los nefítas después de su resurrección. También que la interpretación que tenía referente a los gentiles era incorrecta, al leer Mateo 15:24 cuando el Señor dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.
Luego, cuando hablamos de la bendición que Jacob dio a su hijo José en Génesis 49, en la que profetizó que las ramas de José—no toda la casa de José sino sólo sus ramas—cuyos vástagos se extienden sobre el muro, y sus bendiciones se extenderían hasta el término de los collados eternos y sobre la frente de aquéllos que fueron apartados de entre sus hermanos. Ya hablamos acerca del cumplimiento literal de esta profecía, cuando Lehi y su familia navegaron por el océano hasta llegar a las Américas, la tierra de los collados eternos, y fueron separados de sus hermanos.
Después citamos del capítulo 37 de Ezequiel, la profecía de los dos palos en los que los registros de Judá y los registros de José serían combinados para que pudiesen ser unidos uno con el otro para que sean uno en la mano de alguien. Vimos como esto fue un acontecimiento en los últimos días que precedería al recogimiento de Israel, cuando las tribus de Israel y la tribu de Judá serían restauradas y unidas sobre las montañas de Israel. Podemos ver como esto se está cumpliendo, cuando el Libro de Mormón y la Biblia se unen y combinan como un testigo dual de que Jesús es el Cristo y que está recordando su convenio hecho con los descendientes de Abraham.
Luego citamos el libro de Salmos 85:11 el cual dice que “la verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos”, y vimos como esto se cumplió literalmente cuando José Smith recibió las planchas del Libro de Mormón al estar el Ángel Moroni parado cerca y observando lo que hacía.
Luego analizamos Isaías 29 y sus muchas referencias acerca de los acontecimientos del Libro de Mormón, al profetizar la caída de los nefitas y compararlos con la caída de Jerusalén: siendo que predijo el período de la gran apostasía cuando se cerraron los ojos de sus profetas y puso velo sobre las cabezas de sus videntes y dijo que la “visión de todos” sería por medio de la restauración del libro que está sellado. También hablamos cómo se hizo referencia directa ala primera visión dada a José Smith, en la cual el Señor le dice que los hombres lo honran con su boca pero que sus corazones están lejos de él, porque estaban enseñado doctrina de hombres. Luego vimos como Martín Harris llevó algunos caracteres de las planchas del Libro de Mormón al Dr. Charles Anthon, en quien se cumplió la profecía de Isaías cuando dijo: “No puedo leer un libro sellado”. También hicimos una lista de once referencias específicas sobre profecías de Isaías 29, las cuales se han cumplido literalmente por medio del Libro de Mormón y su restauración.
Ahora, con todas estas profecías detalladas en la Biblia que se cumplen en el Libro de Mormón, ¿pueden ustedes negar que la Biblia indica claramente que el Libro de Mormón es también la palabra revelada de Dios, y otro testigo de que Jesús es el Cristo? Si realmente invitaron al Espíritu Santo a sus corazones, estoy seguro de que Él les dará testimonio de la veracidad de este mensaje.
Ustedes Pueden Obtener un Testimonio de que
El Libro de Mormón es la Palabra de Dios
Al estar compartiendo este mensaje con ustedes, estoy completamente consciente de que finalmente tendrán que hacer su propio juicio acerca del Libro de Mormón. Si aceptan el mensaje de que la Biblia ofrece una prueba importante y significativa de que el Libro de Mormón es verdaderamente parte de la palabra de Dios que ha sido revelada, recibirán un Libro de Mormón, lo leerán y dejarán que éste toque sus vidas para bien. O tal vez rechacen este mensaje y lo desechen, y se olviden del Libro de Mormón. Tendremos que hacer ese juicio.
Ustedes saben que Moroni fue el último profeta que escribió en el Libro de Mormón y que fue el mismo ser que regresó y restauró los registros nefítas a José Smith; escribió algo muy importante acerca del juicio y lo encontramos en el Libro de Mormón, en Moroni 7:13-16 y dice así:
“Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios. Tened cuidado, pues, amados hermanos míos, de que no juzguéis que lo que es malo sea de Dios, ni que lo que es bueno y de Dios sea del diablo. Pues he aquí, mis hermanos, os es concedido juzgar, a fin de que podáis discernir el bien del mal; y la manera de juzgar es tan clara, a fin de que sepáis con un perfecto conocimiento, como la luz del día lo es de la obscuridad de la noche. Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios”.
Nefi, un profeta del Libro de Mormón, dio testimonio de los escritos que dejó. Su testimonio es típico de los escritos de todos los profetas del Libro de Mormón. En 2 Nefi 33:10-11 dice: “Y ahora bien, mis amados hermanos, y también vosotros los judíos y todos los extremos de la tierra, escuchad estas palabras y creed en Cristo; y si no creéis en estas palabras, creed en Cristo. Y si creéis en Cristo, creeréis en estas palabras, porque son las palabras de Cristo, y él me las ha dado; y enseñan a todos los hombres que deben hacer lo bueno. Y si no son las palabras de Cristo, juzgad; porque en el postrer día Cristo os manifestará con poder y gran gloria que son sus palabras; y ante su tribunal nos veremos cara a cara, vosotros y yo, y sabréis que él me ha mandado escribir estas cosas
Este es un testimonio sobre el cual necesitan reflexionar. Algún día, en el gran juicio de Dios, sabremos con seguridad que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, pero ustedes seguramente lo pueden saber mucho antes. Lo pueden saber en cosa de días, como miles de personas lo han sabido con anterioridad. ¿Cómo? Lean el Libro de Mormón y conforme lo hagan, pídanle a Dios, en oración, que abra sus mente y su corazón, y que les diga si el libro es verdaderamente su palabra, y él les dirá ¡Se los testifico¡ Me lo testificó a mí y he visto cómo lo ha testificado a otras personas en cientos de situaciones. ¡Es un hecho! ¡Es verdadero! Y el libro es también verdadero.
La Promesa de Moroni:
Pidan a Dios con Verdadera Intención
¿Saben ustedes que Moroni escribió realmente una promesa en ese sentido y la encontramos en el Libro de Mormón? Esa promesa ha sido leída y aplicada por millones de personas durante los últimos 180 años y más, y ustedes también lo pueden hacer; la encontramos en Moroni, 10:4-5, y dice así: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas”.
Esa es la promesa de Libro de Mormón; por favor lean el libro y aplíquenlo en sus vidas. Es una experiencia maravillosa recibir la guía y revelación de Dios, y ésta es la mejor manera que conozco de tener esta bendición en sus vidas. Pablo nos enseñó en 1 Tesalonicenses 5:21 que debemos “examinarlo todo” y luego “retened lo bueno”. Apliquen este consejo en este caso. Lean y estudien el Libro y busquen el testimonio revelado de Dios de que el libro es verdaderamente su palabra y que deben aceptarlo y aplicarlo en sus vidas. Ustedes recibirán una respuesta si realmente piden con un corazón sincero, con verdadera intención y deseo de conocer la verdad y con una verdadera fe en Cristo, y el testimonio que obtengan será una de las bendiciones más hermosas que hayan tenido en su vida.
Pido a mi Padre Celestial que busquen ese testimonio y apliquen la promesa de Moroni, y que ustedes mismos sepan que el Libro de Mormón es verdaderamente la palabra de Dios. Pido esta bendición de nuestro Padre Celestial en el bendito nombre de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, Salvador y Redentor, Amén.
























