
Mediante el estudio y mediante la fe
Élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Mediante el estudio y mediante la fe
Élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Discurso dirigido a los educadores religiosos del SEI el 26 de febrero de 2016 en el Tabernáculo de Salt Lake City.
En una reunión de capacitación para Autoridades Generales, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo en cuanto a la enseñanza de la doctrina de la Iglesia: “No podemos ser demasiado cuidadosos. Debemos vigilar que no nos desviemos del camino. En nuestro esfuerzo por ser originales, frescos y diferentes, podríamos enseñar cosas que quizás no estén totalmente en armonía con las doctrinas básicas de esta Iglesia restaurada de Jesucristo… Será mejor que estemos más atentos… Debemos ser atalayas en la torre”.
A medida que la educación de la Iglesia avanza en el siglo XXI, nuestros educadores deben considerar los cambios necesarios en la forma en que se preparan para enseñar, cómo enseñan y lo que enseñan, si desean fortalecer una fe firme en la vida de nuestros preciados jóvenes.
Han quedado atrás los días en que un alumno hacía una pregunta sincera y el maestro respondía: “¡No te preocupes por eso!”. Han quedado atrás los días en que un alumno manifestaba una preocupación honesta y el maestro solo daba su testimonio con la intención de evitar el asunto. Han quedado atrás los días en que los estudiantes eran protegidos de quienes atacan a la Iglesia.
Afortunadamente, el Señor ha proporcionado este consejo oportuno y eterno para los maestros: “Y como no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos los unos a los otros palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).
Esto es especialmente aplicable hoy en día porque no todos nuestros estudiantes tienen la fe necesaria para enfrentar los desafíos que se avecinan y porque muchos ya están expuestos a través del internet a las fuerzas corrosivas de un mundo cada vez más secular, que es hostil hacia la fe, la familia y las normas del evangelio. El internet está extendiendo su alcance por todo el mundo hasta casi cada hogar y a las manos y mentes de nuestros estudiantes.
Ustedes pueden ayudar a los estudiantes enseñándoles lo que significa combinar el estudio con la fe al aprender. Enséñenles mediante su propio ejemplo y mediante este enfoque en clase.
El presidente Harold B. Lee (1899–1973) observó: “Les recordamos que adquirir conocimiento por la fe no es un camino fácil hacia el aprendizaje. Exige un esfuerzo vigoroso y una constante lucha mediante la fe. . . .
“El aprendizaje mediante la fe no es tarea para un hombre [o mujer] perezoso. Alguien ha dicho, en esencia, que dicho proceso requiere la entrega completa del alma, convocar desde lo más profundo de la mente humana y conectarla con Dios; se debe formar la conexión correcta. Solo entonces llega el ‘conocimiento por la fe’”.
El conocimiento adquirido por la fe produce un testimonio puro, y un testimonio puro tiene el poder de cambiar vidas, como ilustran brevemente las siguientes historias.
Tres historias
Phoebe Carter dejó su hogar en Maine, Estados Unidos, para reunirse con los Santos en Ohio en la década de 1830. Ella recordó: “Mis amigos se maravillaron de mi decisión, igual que yo misma, pero algo en mi interior me impulsaba a seguir adelante. El dolor de mi madre al despedirme era casi más de lo que podía soportar, y si no hubiera sido por el espíritu que sentía dentro de mí, me habría rendido en el último momento”.
Phoebe siguió al profeta José Smith y se reunió con los Santos en Ohio, y más tarde en Utah, donde murió como una fiel Santo de los Últimos Días y esposa igualmente comprometida del presidente de la Iglesia Wilford Woodruff (1807–1898).
Como estudiante universitario, Marion G. Romney (1897–1988) había decidido que no podría servir en una misión debido a la situación económica de su familia. Sin embargo, en una ocasión escuchó hablar al élder Melvin J. Ballard (1873–1939). Según señala una biografía: “Poco se imaginaba [Marion] que, en un brevísimo instante, el curso de su vida estaba a punto de cambiar completamente”.
La historia continúa: “Por primera vez, Marion… comprendió plenamente lo que significaba estar bajo la influencia de la inspiración. Una sensación penetrante y vibrante llenó su alma… Nunca antes había sentido algo así, al escuchar las palabras de este nuevo Apóstol…
“El resplandor en el rostro del Apóstol y la sinceridad de su testimonio lo llenaron con un irresistible deseo de servir en una misión… Sabía que sus planes de continuar sus estudios debían postergarse”.
Poco después, Marion estaba camino a Australia, donde sirvió fielmente en su misión. Más tarde llegó a ser un poderoso Apóstol y miembro de la Primera Presidencia.
La historia final proviene del presidente Boyd K. Packer (1924–2015), presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, y habla del impacto que tuvo un maestro anciano en William E. Berrett. Este maestro, un converso proveniente de Noruega, tenía un dominio imperfecto del idioma inglés. Sin embargo, pese a las limitaciones del maestro, el presidente Packer recordó que el hermano Berrett dio este testimonio sobre su maestro: “Podíamos calentar nuestras manos con el fuego de su fe”.
Más tarde, William llegó a ser el director de seminarios, institutos y escuelas de la Iglesia.
Para Phoebe, Marion y William, escuchar un testimonio puro se convirtió en el catalizador que cambió sus vidas para siempre. Lo mismo puede suceder con aquellos a quienes ustedes enseñan. Sin embargo, dadas las realidades del mundo actual, un testimonio puro quizás no siempre sea suficiente. Phoebe, Marion y William eran limpios, puros y libres de pornografía y mundanalidad cuando estaban sentados a los pies de misioneros, maestros y líderes inspirados. El Espíritu penetraba fácilmente sus corazones suaves y puros.
Hoy, la historia es muy distinta. Algunos de sus alumnos ya están infectados por la pornografía y la mundanalidad incluso antes de llegar a sus clases.
Hace apenas una generación, el acceso de nuestros jóvenes a la información sobre la historia, doctrina y prácticas de la Iglesia se limitaba básicamente a materiales impresos por la Iglesia. Pocos estudiantes entraban en contacto con interpretaciones alternativas. La mayoría de nuestros jóvenes vivía en un ambiente protegido.
Nuestro currículo en aquella época, aunque bien intencionado, no preparó a los estudiantes para enfrentar lo que viven hoy: una época en la que tienen acceso instantáneo a prácticamente todo lo relacionado con la Iglesia desde cualquier posible punto de vista. Actualmente, lo que ven en sus dispositivos móviles probablemente desafíe tanto su fe como la fortalezca. Muchos de nuestros jóvenes están más familiarizados con Google que con el Evangelio, más atentos al Internet que a la inspiración, y más involucrados con Facebook que con la fe.
Dominio de la doctrina
Ante estos desafíos, la Junta de Educación de la Iglesia recientemente aprobó una iniciativa en seminarios llamada Dominio de la Doctrina (Doctrinal Mastery). Partiendo de lo ya realizado con el Dominio de las Escrituras (Scripture Mastery), esta nueva iniciativa se enfoca en fortalecer y profundizar la fe de nuestros alumnos en Jesucristo, dotándolos con una mayor capacidad para vivir y aplicar el evangelio en sus vidas. A través de las escrituras y las palabras de los profetas, aprenderán cómo actuar con fe en Cristo para obtener conocimiento espiritual y comprensión de Su evangelio. También tendrán oportunidades para aprender cómo aplicar la doctrina de Cristo y los principios del evangelio a las preguntas y desafíos que encuentran cada día entre sus amigos y en las redes sociales.
Esta iniciativa es inspirada y oportuna, y ejercerá una maravillosa influencia sobre nuestros jóvenes. Sin embargo, el éxito del Dominio de la Doctrina, así como de todos los demás programas educativos del Sistema Educativo de la Iglesia, dependerá en gran medida de nuestros maestros.
Frente a estos desafíos, ¿cuáles son las oportunidades y responsabilidades que tienen los maestros del evangelio en el siglo XXI? Obviamente, ustedes como maestros deben amar al Señor, a Su Iglesia y a sus alumnos. Deben además compartir un testimonio puro con sinceridad y frecuencia. Asimismo, más que en cualquier otro momento de nuestra historia, sus alumnos necesitan recibir las bendiciones derivadas de aprender el contenido doctrinal e histórico, así como su contexto, mediante el estudio y mediante la fe, acompañados por un testimonio puro, para que puedan experimentar una conversión madura y duradera al evangelio y un compromiso de por vida con Jesucristo. Una conversión madura y duradera significa que ellos “se mantendrán dentro del barco y se aferrarán a él” durante toda su vida.
Para que ustedes comprendan adecuadamente el contenido doctrinal e histórico, así como el contexto de las escrituras y nuestra historia, necesitarán estudiar los “mejores libros”, como lo ha indicado el Señor (D. y C. 88:118). Los “mejores libros” incluyen las escrituras, las enseñanzas de los profetas y apóstoles modernos, y el mejor conocimiento académico disponible dentro de la Iglesia. Mediante sus diligentes esfuerzos por aprender por estudio y por fe, podrán ayudar a sus alumnos a desarrollar las habilidades y actitudes necesarias para distinguir entre información confiable que los elevará, y las verdades a medias o interpretaciones incorrectas de doctrina, historia y prácticas que podrían desanimarlos.
Enseñen a sus alumnos sobre los desafíos que enfrentan cuando recurren al internet para responder preguntas de significado eterno. Recuérdenles que Santiago no dijo: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, ¡busque en Google!” (véase Santiago 1:5).
Las personas sabias no recurren al internet para diagnosticar y tratar desafíos de salud emocional, mental y física, especialmente cuando estos ponen en riesgo la vida. En lugar de ello, buscan expertos en salud que estén capacitados y cuenten con licencia expedida por entidades médicas reconocidas y autoridades estatales. Incluso en esos casos, la gente prudente busca una segunda opinión.
Si esta es la manera sensata de proceder cuando se buscan respuestas a problemas de salud emocional, mental y física, es aún más importante hacerlo cuando está en juego la vida eterna. Cuando algo tiene el potencial de amenazar nuestra vida espiritual, nuestras relaciones familiares más preciadas y nuestra membresía en el reino, debemos acudir a líderes de la Iglesia que sean reflexivos y fieles para obtener ayuda. Y si es necesario, también debemos buscar ayuda de aquellos que cuenten con formación académica apropiada, experiencia y conocimiento especializado.
Esto es exactamente lo que yo hago cuando necesito respuestas a preguntas que no puedo responder por mí mismo. Busco ayuda entre mis hermanos del Cuórum de los Doce y también recurro a otras personas con conocimiento especializado en temas de doctrina e historia de la Iglesia.
Los maestros del evangelio deben ser de los primeros—después de la propia familia del estudiante—en presentar fuentes autorizadas sobre temas que podrían ser poco conocidos o polémicos, para que los estudiantes puedan evaluar posteriormente lo que escuchen o lean, comparándolo con lo que ya se les ha enseñado.
Inmunización espiritual
Antes de enviar a nuestros queridos misioneros al campo misional, les proporcionamos vacunas médicas para protegerlos contra enfermedades que podrían dañarlos. De manera similar, antes de enviar a sus estudiantes al mundo, “inmunícenlos” ofreciéndoles interpretaciones fieles, cuidadosas y precisas sobre la doctrina del evangelio, las escrituras, nuestra historia y aquellos temas que a veces pueden ser mal comprendidos.
Para mencionar solo algunos de estos temas menos conocidos o controversiales, me refiero al matrimonio plural, las piedras videntes, los diferentes relatos de la Primera Visión, el proceso de traducción del Libro de Mormón o del Libro de Abraham, cuestiones relacionadas con el género, la raza y el sacerdocio, y una Madre Celestial.
Con frecuencia, serán los maestros del Sistema Educativo de la Iglesia quienes deberán realizar estos esfuerzos de inmunizar espiritualmente a nuestros jóvenes. Teniendo esto en mente, dediquen tiempo a reflexionar sobre sus oportunidades y responsabilidades.
Los líderes de la Iglesia hoy están plenamente conscientes del acceso ilimitado a la información, y estamos realizando esfuerzos extraordinarios para proporcionar un contexto preciso y una comprensión clara de las enseñanzas de la Restauración. Un excelente ejemplo de estos esfuerzos son los 11 ensayos sobre Temas del Evangelio disponibles en LDS.org, que brindan interpretaciones equilibradas y confiables sobre hechos relacionados con temas controvertidos o poco conocidos en la Iglesia.
Es importante que conozcan bien el contenido de estos ensayos. Si tienen preguntas sobre ellos, busquen ayuda de alguien que los haya estudiado y comprenda bien estos temas. En otras palabras, “buscad conocimiento tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118) a medida que dominen el contenido de estos ensayos.
También deben familiarizarse con el sitio web de los Documentos de José Smith (Joseph Smith Papers), la sección de historia de la Iglesia en LDS.org y otros recursos elaborados por académicos fieles de la Iglesia.
El esfuerzo hacia una mayor transparencia en el evangelio y la inmunización espiritual a través de un estudio cuidadoso de la doctrina y la historia, unido a un testimonio ferviente, es el mejor antídoto que tenemos para ayudar a los estudiantes a evitar o enfrentar las preguntas, las dudas o las crisis de fe que podrían experimentar en esta época de información ilimitada.
Al pagar el precio necesario para comprender mejor nuestra historia, doctrina y prácticas—aún mejor que ahora—ustedes, como maestros, estarán preparados para brindar respuestas reflexivas, cuidadosas e inspiradas a las preguntas de sus estudiantes.
Una manera de conocer las preguntas que tienen sus estudiantes es escucharlos atentamente.
Nuestra primera hija, cuando tenía cinco años, se subió a mi regazo mientras yo leía el periódico. Me estaba contando algo que para ella era importante, y yo no le estaba prestando atención. Entonces, levantó sus pequeñas manos, bajó el periódico, tomó mi rostro entre sus manitas, me miró directamente a los ojos y dijo: “¡Papá, no me estás escuchando!” Ella tenía razón, y yo estaba equivocado al no escucharla.
Todo buen maestro debe ser un buen oyente. Además de escuchar a sus alumnos, anímenlos—ya sea en clase o en privado—a formular preguntas sobre cualquier tema. Una de las preguntas más importantes que sus estudiantes pueden hacer es “¿por qué?”. Cuando se formula con un deseo sincero de comprender, “¿por qué?” es una pregunta magnífica. Es la pregunta que los misioneros desean que formulen sus investigadores. ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué suceden cosas malas a personas buenas? ¿Por qué debemos orar? ¿Por qué debemos seguir a Cristo? A menudo, las preguntas que empiezan con un “¿por qué?” conducen a la inspiración y a la revelación. El conocimiento del plan de salvación de nuestro Padre Celestial los ayudará a responder a la mayoría de las preguntas del tipo “¿por qué?”.
Una última nota sobre cómo responder preguntas. Es importante enseñar a sus alumnos que, aunque el evangelio proporciona muchas—si no la mayoría—de las respuestas a las preguntas más importantes de la vida, algunas preguntas no pueden responderse durante esta vida mortal, porque nos falta la información necesaria para dar una respuesta adecuada. Como aprendemos en Jacob: “He aquí, grandes y maravillosas son las obras del Señor. ¡Cuán inescrutables son las profundidades de sus misterios!; y es imposible que el hombre descubra todos sus caminos. Y nadie conoce sus caminos a menos que le sean revelados” (Jacob 4:8; véase también D. y C. 101:32–34).
Una palabra de precaución
Ahora les ofrezco una palabra de precaución. Por favor, reconozcan que ustedes pueden llegar a creer—como lo hacen muchos de sus estudiantes—que son expertos en las escrituras, la doctrina y la historia. Un estudio reciente reveló que “cuanto más creen las personas saber sobre un tema, más propensas son a afirmar que lo comprenden más allá de su conocimiento real, incluso al punto de fingir saber… e inventar información”.
Esta tentación, conocida como sobreafirmación, debe ser evitada por nuestros maestros del evangelio. Es perfectamente correcto decir: “No lo sé”. Sin embargo, después de decirlo, ustedes tienen la responsabilidad de encontrar las mejores respuestas posibles a las preguntas sinceras que formulen sus alumnos (véase D. y C. 101:32–34).
Al enseñar a sus alumnos y responder a sus preguntas, permítanme advertirles que no difundan rumores sin fundamento (aunque sean edificantes para la fe), ni explicaciones o interpretaciones desactualizadas sobre nuestra doctrina y prácticas del pasado. Siempre es prudente adquirir el hábito de estudiar las palabras de los profetas y apóstoles vivientes, mantenerse al día sobre temas, políticas y declaraciones actuales de la Iglesia a través de sitios oficiales como mormonnewsroom.org y LDS.org, y consultar las obras de académicos Santos de los Últimos Días reconocidos, reflexivos y fieles, para asegurar que no enseñen cosas que sean falsas, desactualizadas, extrañas o extravagantes.
Los autores del estudio sobre la sobreafirmación señalaron que “una tendencia a sobreafirmar, especialmente en quienes se consideran expertos… puede desalentar a las personas a educarse justamente en aquellas áreas en las que se consideran conocedores”.
El vicepresidente académico de BYU observó: “Ser el experto en un tema puede ser emocionante, con estudiantes y colegas pendientes de cada palabra nuestra. Sin embargo, sin un profundo compromiso con el aprendizaje continuo, caeremos en la sobreafirmación, y a nadie le agrada un ‘sabelotodo’“.
Repito la advertencia del presidente Hinckley: “No podemos ser demasiado cuidadosos. Debemos vigilar para no desviarnos del camino”.
Además de convertirse en personas que aprenden a lo largo de toda la vida, también deben llevar a cabo en su vida personal aquellas cosas que permitan que el Espíritu Santo actúe dentro de ustedes. Tales cosas incluyen la oración diaria y sincera, el ayuno fiel, el estudio y meditación regular de las escrituras y de las palabras de los profetas vivientes, hacer del día de reposo un deleite, participar de la Santa Cena con humildad recordando siempre al Salvador, adorar en el templo con tanta frecuencia como sea posible y, finalmente, extender una mano hacia los necesitados, pobres y solitarios, tanto aquellos que están cerca como aquellos que están en otras partes del mundo.
¡Para cumplir adecuadamente con sus oportunidades y responsabilidades, deben practicar lo que predican!
Tengan el valor de buscar consejo y corrección de aquellos en quienes confían—su cónyuge, sus líderes del sacerdocio o sus supervisores. Pregúntenles en qué aspectos pueden mejorar en su discipulado personal. Esto es especialmente importante para nuestros empleados de tiempo completo, aquellos cuyo sustento proviene de los fondos sagrados del diezmo de la Iglesia. Deben evitar cualquier cosa que aleje al Espíritu.
Además, permítanme sugerirles que ocasionalmente tengan una entrevista personal consigo mismos y repasen 2 Nefi 26:29–32, Alma 5:14–30 y Doctrina y Convenios 121:33–46. Hacer esto les ayudará a identificar el tipo de tentaciones que todos enfrentamos. Si algo necesita cambiar en su vida, entonces decidan corregirlo.
Eviten la tentación de cuestionar las motivaciones de sus compañeros de trabajo. En lugar de eso, miren profundamente en su propio corazón y examinen sus propios deseos y motivaciones. Solo entonces el Salvador podrá cambiar sus corazones y alinear sus deseos y motivaciones con los Suyos.
La nueva generación necesita conocer, comprender, aceptar y participar del plan de salvación de Dios. Entender este plan les proporcionará una perspectiva divina mediante la cual podrán verse a sí mismos como hijos e hijas de Dios. Esto les dará una lente para comprender prácticamente toda doctrina, práctica y política de la Iglesia.
Los maestros del evangelio hoy necesitan aceptar la oportunidad y la responsabilidad de enseñar a los jóvenes del siglo XXI los principios correctos relacionados con este plan, incluyendo la doctrina divinamente autorizada sobre el matrimonio y el papel fundamental de la familia, tal como lo define la proclamación sobre la familia.
La doctrina del matrimonio eterno
La doctrina del matrimonio eterno y la familia es una parte esencial del plan de felicidad de Dios. Incluye nuestras propias familias selladas en el templo como parte de la familia eterna de nuestro Padre Celestial en el reino celestial. Debido a que esta doctrina está directamente relacionada con Su propia familia y con Sus propios hijos espirituales, se nos enseña en Génesis que “varón y hembra los creó”, y que Él mandó al padre Adán y a la madre Eva: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (véase Génesis 1:27–28).
Se ha dicho que el plan de felicidad comienza y termina con la familia. De hecho, la familia comenzó en el mundo premortal, donde vivíamos como miembros de la familia de nuestros Padres Celestiales. Y al final, los compromisos familiares y las relaciones amorosas no solo seguirán existiendo, sino que también se multiplicarán a través del proceso de procreación (véase D. y C. 131:1–4; 132:19).
El punto fundamental que conecta todo—sobre el cual dependen el plan de Dios y nuestro destino eterno, y sobre el cual gira todo lo demás—es nuestro Salvador, Jesucristo. Su sacrificio expiatorio hace que todo sea posible, incluyendo, aunque no limitándose a ello, un matrimonio y una familia amorosa, solidaria y eterna.
El Señor nos enseña que ninguna persona, sin importar cuán justa sea, puede obtener por sí sola todo lo que nuestro Padre Celestial tiene reservado para Sus hijos. Una persona sola es solo la mitad de la ecuación, incapaz de morar en el grado más alto del reino celestial (véase 1 Corintios 11:11; D. y C. 131:1–4).
Sus alumnos necesitan comprender que el propósito de la vida terrenal es llegar a ser más semejantes a Dios mediante la obtención de un cuerpo físico, el ejercicio del albedrío y la asunción de roles que antes pertenecían únicamente a nuestros Padres Celestiales: los roles de esposo, esposa y padres.
Los profetas han asegurado que todos aquellos que sean dignos y confíen en Jesucristo, pero que no hayan podido sellarse a un compañero o tener hijos en esta vida, tendrán esas oportunidades en el mundo venidero.
Enseñen a los jóvenes que en la Iglesia del Señor hay lugar para que todos adoren, sirvan y crezcan juntos como hermanos y hermanas en el evangelio. Recuérdenles lo que Lehi enseñó: que la meta y esperanza de Dios para todos Sus hijos se resumen en lo siguiente: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).
Nuestro Padre Celestial desea que aceptemos Su definición del matrimonio y obedezcamos Su primer mandamiento de “fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28); no solo para cumplir con Su plan, sino también para encontrar el gozo que ese plan fue diseñado para brindar a Sus hijos e hijas.
Los miembros de la Iglesia no son los únicos en reconocer este principio. El columnista del New York Times, David Brooks, observó: “Las personas no están mejor cuando se les da la máxima libertad personal para hacer lo que quieran. Están mejor cuando están envueltas en compromisos que trascienden la elección personal—compromisos con la familia, Dios, su labor y su país”.
Como educadores de la Iglesia, ayuden a nuestros jóvenes a tener una comprensión clara del plan de felicidad de Dios, en el cual se encuentra el verdadero gozo para Sus hijos. Ayúdenlos a conocerlo, abrazarlo, participar de él y defenderlo. Desde mis cuarenta años de experiencia como Autoridad General, me preocupa la gran cantidad de miembros de nuestra Iglesia—tanto jóvenes como mayores—que simplemente no entienden el plan para su destino eterno y divino.
Así que, mis queridos maestros, debemos buscar y aprovechar estas oportunidades para explicar, tanto doctrinal como espiritualmente, por qué creemos que el conocimiento del gran plan de felicidad de Dios puede responder a la mayoría de las preguntas tipo “¿por qué?” que se nos hagan. Al expresar nuestra creencia en una vida premortal en la que vivimos como hijos espirituales de un Padre Celestial y una Madre Celestial, podemos explicar por qué esta tierra fue creada. Un propósito esencial de la vida mortal es que podamos replicar aquella experiencia familiar nosotros mismos, solo que esta vez en calidad de padres, y no solo como hijos. Atesoren su comprensión básica de la doctrina y propósito del plan de nuestro Padre Celestial para nuestra felicidad eterna. Y continúen enseñándolo.
Conclusión
Para concluir y resumir: A partir de los comentarios del élder Kim B. Clark esta noche, aprendimos que ustedes son maestros enviados por Dios, llenos de fe, esperanza, humildad y amor.
Los puntos que he compartido con ustedes son:
- Enseñen a los alumnos a combinar el aprendizaje mediante el estudio y la fe con un testimonio puro.
- Enseñen a los alumnos a permanecer dentro del barco y a aferrarse a él.
- Enseñen a los alumnos a controlar sus dispositivos móviles y a enfocarse más en estar conectados con el Espíritu Santo que con el internet.
- Inmunicen a los alumnos con las verdades del plan de salvación que se encuentran en el evangelio de Jesucristo.
- Recuerden que “¿por qué?” puede ser una excelente pregunta que conduce a la comprensión del evangelio.
- Dominen el contenido de los ensayos sobre Temas del Evangelio.
- No exageren sus conocimientos, y no tengan miedo de decir: “No lo sé”.
- Conviértanse en personas que aprenden a lo largo de toda la vida.
- Busquen consejo y corrección de quienes confían.
- Consideren tener ocasionalmente una entrevista personal para revisar su preparación espiritual, diligencia y eficacia.
- Enseñen que el plan de felicidad comienza y termina con la familia. Tengan siempre presente el plan de salvación.
- Enseñen que el matrimonio y la familia proporcionan un gozo duradero.
- Recuerden que combinar el aprendizaje por estudio, por fe y con un testimonio puro genera una conversión verdadera y duradera. Sobre todo, una fe firme en la expiación del Señor Jesucristo es esencial para nuestro crecimiento y fortaleza espiritual.
Ahora, mis amados compañeros maestros, que Dios bendiga a cada uno de ustedes. Cualquiera que sea la carga que estén llevando, que pueda ser aliviada. Que puedan encontrar el gozo y la paz que provienen de saber que, a través de su enseñanza, han tocado una vida, han elevado a uno de los hijos de nuestro Padre Celestial en su camino hacia el día en que volverá a ser abrazado en Su presencia. Les dejo mi testimonio y mi testificación de que tenemos la plenitud del evangelio eterno de Jesucristo, tal como fue restaurado por medio del profeta José Smith. La plenitud del evangelio está en nuestras manos. Debemos grabarla en nuestras mentes y corazones, y enseñarla con poder.
Que Dios bendiga a cada uno de nosotros. Esta es mi humilde oración y bendición, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Tema central: La importancia de combinar el estudio diligente con la fe para fortalecer el testimonio y la conversión personal.
Palabras claves: Estudio, fe, testimonio, conversión.
























