Preparados para Su Venida: Conversión, Servicio y Luz

“Preparados para Su Venida: Conversión, Servicio y Luz”
Por la hermana Camille N. Johnson
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Devocional mundial para jóvenes adultos, 4 de Mayo 2025

Resumen: La hermana Camille N. Johnson habló desde el histórico Tabernáculo en Salt Lake City, resaltando la fe, creatividad y sacrificio de generaciones pasadas como ejemplo para la actual generación de jóvenes adultos. Subrayó que cada persona tiene un potencial divino, y que mediante los convenios con Dios pueden afrontar los desafíos del mundo actual y ser instrumentos de luz y cambio.

El eje central del discurso es la mayordomía cristiana, ilustrada con las tres parábolas de Mateo 25:

  1. Las diez vírgenes: la importancia de la conversión personal y preparación constante.
  2. Los talentos: el deber de multiplicar los dones y habilidades que Dios nos da.
  3. Las ovejas y los cabritos: servir a los necesitados es servir a Cristo mismo.

La hermana Johnson enfatizó que ser discípulos de Jesucristo implica actuar con caridad, responsabilidad, compasión y esperanza. Invitó a los oyentes a cuidar de la tierra, del prójimo y de sus propios dones, y compartió ejemplos modernos de jóvenes adultos que ejercen una fiel mayordomía, como Erita en Kiribati, Alejandra en Perú y Aleina en EE.UU., quienes bendicen a sus comunidades mediante soluciones creativas y servicio consagrado.

El discurso concluyó con una poderosa afirmación: “Ustedes son colaboradores esenciales del Señor.” Al vivir como discípulos verdaderos y mayordomos responsables, encontrarán su propio alivio al llevar el alivio de Cristo a otros.

Palabras clave: Mayordomía, Conversión, Discipulado, Servicio, Luz



“Preparados para Su Venida:
Conversión, Servicio y Luz”

Por la hermana Camille N. Johnson
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Devocional mundial para jóvenes adultos, 4 de Mayo 2025


Gracias, queridos amigos de todo el mundo. Bienvenidos. Agradezco esta oportunidad de compartir mi amor y mis aspiraciones en cuanto a ustedes. Y, lo que es más importante, espero que esta noche sientan una experiencia en la que sientan el amor de Dios y se sientan inspirados para alcanzar las más altas aspiraciones que Él tiene para ustedes.

Estamos aquí en el histórico Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City. La construcción de este edificio comenzó 100 años antes de que yo naciera. En esa época, los materiales de construcción eran muy costosos. En Utah no había ferrocarril para traer suministros y, aunque lo hubiera habido, el dinero escaseaba. Pero los que trabajaban en esta gran estructura eran ingeniosos y reciclaban los materiales disponibles. Parte de la madera procedía de viviendas previamente construidas. Los clavos y las arandelas se forjaban usando las herraduras gastadas de los bueyes, y el yeso se mezclaba con pelo de animal para hacerlo más resistente.

Reconvertir, reutilizar y reciclar eran las palabras de moda mucho antes de que pasaran a formar parte de nuestra lengua vernácula.

Mi tatarabuelo y mi trastatarabuelo, inmigrantes ingleses, trabajaron en la construcción de las enormes puertas de este tabernáculo. ¿Podrían haber imaginado a su descendiente, una nieta, hablando desde este histórico sitio?

Hermanas y hermanos, ¿comprenden ustedes el impacto que podrían tener? Vivimos en un mundo lleno de desafíos, y ustedes son una generación reservada para estos tiempos. Tienen la capacidad, los atributos, el deseo y la oportunidad de recurrir al poder de Dios para afrontar esos retos y resolverlos. Tienen un potencial divino. Creo en ustedes. Los profetas, videntes y reveladores expresan su confianza en ustedes, y dicho por ellos es como si lo dijera el Señor mismo.

Por favor, no se rindan al intentar enfrentar las complejidades de esta época. ¡Los necesitamos!

Sé que es fácil verse envueltos en la negatividad, quedar atrapados en los problemas de los que se informa en el mundo: los conflictos armados, la política contenciosa, la represión, las catástrofes naturales, el sufrimiento humano… Todo eso me deja prácticamente sin aliento.

Quizás se sientan impotentes para aportar soluciones duraderas, pero con confianza declaro que, con la fuerza y el poder de Dios, que están a su disposición cuando hacen convenios con Él y los cumplen, pueden contrarrestar lo negativo y hacer brillar la luz en cada rincón de oscuridad.

“Vosotros sois la luz del mundo”, declaró el Salvador. Y “la luz se allega a la luz”.

Dejar que brille la luz de nuestro discipulado en Jesucristo es la forma definitiva de energía renovable, energía de una fuente que se reabastece constantemente. Testifico que, al llevar su alivio y luz a los demás, encontramos nuestro propio alivio en Él.

Así que sean pacificadores en su propia casa, su comunidad y en su presencia en línea. Alivien el sufrimiento en su propio vecindario.

El objetivo de Satanás es que se actúe sobre nosotros. En cambio, el plan de felicidad del Padre nos da la oportunidad de actuar, de ser agentes del bien, de la paz, de la esperanza.

Para contrarrestar la desinformación, podemos compartir información edificante, esperanzadora y correcta. Convertirnos en defensores de la verdad en lugar de meros consumidores de información. Podemos responder a la negatividad inundando el mundo con la luz y las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo.

Como dijo nuestro amado profeta, el presidente Nelson: la respuesta siempre es Jesucristo. Sean cuales sean las preguntas o los problemas que tengan, la respuesta siempre se halla en la vida y las enseñanzas de Jesucristo.

El presidente Nelson nos invitó a hacer de nuestro discipulado nuestra máxima prioridad. Profundizamos nuestro discipulado cuando aprendemos de Jesucristo y acerca de Él.

Así que exploremos las enseñanzas del Salvador. Mateo registra las últimas tres parábolas de las enseñanzas del Salvador durante su ministerio terrenal en el capítulo 25.

Al preparar mi reciente discurso de la conferencia general y al prepararme para este devocional, el Espíritu me impulsó a volver a estos relatos y aprender de ellos. Para nuestro propósito, deseo hacer hincapié en los aspectos de la preparación y la mayordomía de estas parábolas.

El presidente Nelson nos ha invitado a hacer de este el momento en que nos preparamos para la Segunda Venida de Jesucristo. La mayordomía es administrar de manera prudente y responsable lo que se nos confía. En el ejercicio de nuestra mayordomía, emulamos a Jesucristo.

Presten atención a las lecciones sobre preparación y mayordomía de estos relatos.

En primer lugar, la parábola de las diez vírgenes: cinco prudentes y cinco que fueron descritas como insensatas. En la parábola, las diez vírgenes estaban en el lugar correcto, esperando al novio. Cada una tenía una lámpara. Así es con ustedes: están aquí, ejercitando su fe y edificando su testimonio.

Cuando el novio, que representa al Salvador, llegó a la inesperada hora de la medianoche, cinco de las vírgenes no tenían suficiente aceite para sus lámparas. Quizás no hayan pensado que tener aceite extra fuera importante o necesario, o no hayan sido mayordomas prudentes del aceite que tenían. Tal vez, distraídas, no se prepararon adecuadamente para mantener encendidas sus lámparas, y así, en respuesta a su petición de que se les permitiera entrar en la cena de bodas, el novio respondió: “No me conocéis.”

Eso implicaba que, a través de su preparación y sabia mayordomía, las cinco prudentes sí lo conocían.

El preciado aceite, que representa la conversión personal, permitió a las vírgenes prudentes encender sus lámparas y entrar al banquete de bodas con el novio. No podían compartir el aceite con sus amigas porque la conversión personal es, precisamente, eso: personal.

Podemos y debemos sostener la luz de nuestras lámparas en alto para elevar y fortalecer a los demás, pero cada uno es mayordomo de su propia conversión.

Como lo expresó el Salvador: “Sed fieles, orando siempre, llevando arregladas y encendidas vuestras lámparas y una provisión de aceite, a fin de que estéis listos a la venida del Esposo.”

Igualmente, llegaremos a conocer al Salvador y a tener confianza en acercarnos a Dios, ahora mismo, cuando nos preparamos para mantener nuestras lámparas llenas del aceite de la conversión. Y luego, dejemos que brille la luz de esa conversión. Y, como muestra la magnífica escultura de la Manzana del Templo, al hacerlo, podemos y debemos apoyar y fortalecer a los demás, invitándolos a venir a la Luz: la Luz del mundo, Jesucristo.

La segunda parábola que relata Mateo es la de los talentos. El Señor, antes de viajar lejos, dio talentos a tres de sus siervos. En tiempos del Nuevo Testamento, un talento representaba dinero. Pero pensemos en los talentos como los dones, habilidades y bendiciones que Dios nos da.

A un siervo el Señor le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Y entonces el Señor emprendió su viaje. Cuando regresó, descubrió que los siervos a los que les había dado cinco talentos y dos talentos habían sido mayordomos fieles y provechosos, y habían hecho buen uso de los talentos. Cada uno había duplicado los talentos que se le habían confiado, y, habiendo sido fieles sobre poco, el Señor les dio más, exclamando: “Bien, buen siervo y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor”.

Por el contrario, el siervo al que se le había dado un talento enterró el suyo. Tal vez porque se distrajo y postergó hacer buen uso de su talento, o tal vez se sentía frustrado por no saber cómo empezar o temía fracasar. Quizás se comparó con los demás siervos, y sus dudas sobre su propia capacidad le impidieron intentarlo. No se preparó para el regreso del Señor. No experimentó el gozo de la mayordomía fiel y perdió su talento.

La parábola de las diez vírgenes y la parábola de los talentos son parábolas paralelas. Ambas recalcan que somos responsables de nuestra propia conversión y debemos prepararnos para recibir el don de la exaltación del Señor, y que tenemos una mayordomía y responsabilidad personal por aquello con lo que hemos sido bendecidos.

Finalmente, Mateo capítulo 25 relata la historia de aquellos que tienen confianza ante Dios, descritos como las ovejas del Buen Pastor, que se encuentran a su diestra, disfrutando del banquete de bodas con Él, y son bendecidos para ser gobernantes sobre muchas cosas. Dijo: “Tuve hambre, y me disteis de comer. Tuve sed, y me disteis de beber. Fui forastero, y me recogisteis. Estuve desnudo, y me cubristeis. Enfermo, y me visitasteis. Estuve en la cárcel, y vinisteis a mí”.

Este video lo expresa maravillosamente:
Jesús nos mostró cómo amar al prójimo.
Seguimos su ejemplo cuando cuidamos al fatigado, nutrimos a los niños, consolamos a quienes nos rodean, alimentamos al hambriento, procuramos a los necesitados. Cada día es una oportunidad para ser como Él, servir como Él, cuidar de otros como Él.
Todos los días, cuidar de otros comienza contigo.

Eso es lo que se espera de nosotros como Sus discípulos. Nos preparamos para Su Segunda Venida y cumplimos fielmente con la mayordomía sobre aquello con lo que hemos sido bendecidos.

La compasión, la caridad, la virtud y la fiel mayordomía nos califican para vivir con Él y tener confianza ante Dios. Ahora, como enseñó Mormón, a aquellos que estén llenos de caridad, el amor puro de Cristo, les irá bien en el postrer día: serán como el Salvador, lo verán tal como Él es y estarán llenos de esperanza y purificados tal como Él es puro.

El presidente Nelson ha declarado: “La caridad y la virtud hacen posible que tengamos confianza en Dios”.

Las tres parábolas enseñan cómo Sus discípulos —como nosotros— debemos prepararnos para los tiempos peligrosos que preceden a la Segunda Venida del Salvador. Esos son los tiempos en los que vivimos.

Debemos mantener encendidas las lámparas de nuestra conversión, dejar que brille nuestra luz, utilizar y ampliar nuestros talentos, cuidar de los necesitados, es decir, tener caridad: el amor puro de Cristo.

Estas tres parábolas nos enseñan en cuanto a la mayordomía:

  • La mayordomía sobre nuestra propia conversión,
  • la mayordomía sobre los dones, talentos, bienes y ayuda con los que hemos sido bendecidos —incluida la propia tierra—,
  • la mayordomía sobre nuestro prójimo: hambriento, sin hogar, herido y cansado.

Como discípulos de Jesucristo, ¿cómo practicamos la buena mayordomía? Tal vez sea útil analizar a fondo el significado de mayordomía.

Primero, ¿qué es un mayordomo? Un mayordomo administra los bienes de una familia o de un patrimonio. No es el propietario de los bienes, sino que es a quien se le confía su gestión en nombre del propietario. Un mayordomo provechoso es fiel al propietario y cuida de los recursos con sabiduría y generosidad. La mayordomía, por tanto, consiste en gestionar con prudencia y responsabilidad los bienes que se nos confían.

El obispo Gérald Caussé, del Obispado Presidente, enseñó lo que significa ser un mayordomo terrenal. Él dijo: “En términos del evangelio, la palabra mayordomía designa una responsabilidad sagrada, espiritual o temporal, de cuidar algo que pertenece a Dios y de lo que nosotros somos responsables”.

Piensen en lo grandioso que es esto: somos los mayordomos de los bienes que nuestro Padre Celestial nos ha confiado. Es un deber sagrado para con la tierra, sus recursos, sus hijos, nuestros dones, talentos y bendiciones. Y es una responsabilidad sagrada tratar sus bienes con cuidado.

¿Sobre qué o quiénes tienen ustedes mayordomía? En realidad, sobre todas las creaciones de Dios en esta tierra. Tienen la mayordomía sobre su propio cuerpo y mente, sobre las habilidades, talentos, dones espirituales y la ayuda con los que han sido bendecidos. Tienen la mayordomía sobre la tierra y también del uno por el otro.

El obispo Gérald explicó: “Nuestra mayordomía de las creaciones de Dios también incluye, en su grado supremo, el deber sagrado de amar, respetar y cuidar de todos los seres humanos con los que compartimos la tierra. Ellos son hijos e hijas de Dios, nuestros hermanos y hermanas, y su felicidad eterna es el propósito de la obra de la creación”.

¿Serán ustedes mayordomos provechosos? Es decir, ¿cuidarán de las creaciones de Dios con sabiduría y generosidad?

Me gustaría afinar nuestro enfoque en cuanto a la mayordomía sobre los dones y talentos con los que hemos sido bendecidos, nuestra mayordomía sobre la tierra y sobre nuestro prójimo. Recuerden: la mayordomía recta es evidencia de nuestro discipulado.

Entonces, en primer lugar, la mayordomía sobre nuestros dones y talentos. En Doctrina y Convenios, sección 46, versículos 11 y 12, aprendemos esta verdad:

“Porque no a todos se da cada uno de los dones, pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios. A algunos les es dado uno, y a otros, otro, para que así todos se beneficien.”

Nuestros dones espirituales son las capacidades que Dios nos da, de acuerdo con Su voluntad y tiempo, a través del poder del Espíritu Santo, para el beneficio y bendición de todos los hijos de Dios.

Los mayordomos fieles buscan los dones espirituales, los invitan a su vida y los usan con el fin de elevar y servir a los demás.

Cada uno de ustedes, hijos de Dios, ha recibido dones y talentos especiales. El élder Marvin J. Ashton, miembro del Cuórum de los Doce, describió varios dones, atributos y habilidades menos evidentes que tal vez no hayan considerado. Mientras los enumero, ¿podrían ustedes reflexionar e identificar uno o dos con los que hayan sido bendecidos? Luego, teniendo ese don, consideren de qué manera lo utilizarán como fieles mayordomos para bendecir a los demás:

  • El don de preguntar.
  • El don de escuchar.
  • El don de oír y de emplear una voz suave y apacible.
  • El don de poder llorar.
  • El don de evitar la contención.
  • El don de congeniar.
  • El don de evitar las repeticiones vanas.
  • El don de obrar en rectitud.
  • El don de no condenar.
  • El don de buscar la guía de Dios.
  • El don de ser un discípulo.
  • El don de interesarse en los demás.
  • El don de meditar.
  • El don de orar.
  • El don de testificar.
  • Y el don de recibir el Espíritu Santo.

Mientras continúan contemplando sus dones, puedo hacerles una advertencia: no comparen ni midan sus dones con los de los demás. No se vean a ustedes mismos como tan insignificantes. La comparación es la ladrona del gozo. Aprópiense de sus dones y celébrenlos… y también los de los demás.

Recuerden: Dios nos da dones espirituales a través del Espíritu, para el beneficio de todos.

Mi abuela era una gran maestra de inglés y escogía sus palabras con cuidado. Le encantaba decir: “Las comparaciones son odiosas”. Odiosas es una palabra fuerte. Significa “despreciable” y “sumamente objetable”. ¿Por qué utilizaba mi dulce abuela un término tan fuerte cuando me aconsejaba en cuanto al riesgo de hacer comparaciones? Es porque, al compararnos con los demás, rara vez es productivo y nos separamos de ellos. En lugar de sentirme parte de todo el cuerpo de Cristo, asumo el papel de un dedo meñique y mido mi valor en comparación con alguien que creo que es los hombros, los brazos y el torso.

Generalmente, cuando nos comparamos con los demás, nos sentimos inferiores o superiores, y ninguna de las dos cosas es cierta. Todos somos amados hijos de Padres Celestiales, bendecidos con un paquete personalizado de dones espirituales, atributos, talentos y fortalezas. Así que los invito a cultivar el don de abandonar las comparaciones. Pídanle al Padre Celestial que los ayude a reconocer sus propios dones y talentos espirituales, y cómo pueden utilizarlos como fieles mayordomos.

Quisiera darles un ejemplo. Hace unos años, Jin, una joven adulta que vivía en los Países Bajos, reflexionaba sobre el primer mandamiento que se les dio a Adán y Eva: multiplicarse y henchir la tierra. Como ella y su esposo estaban enfrentando problemas de infertilidad, trataban de entender cómo ese mandamiento se aplicaba a ellos.

Ella reconoció que, durante el período en que Adán y Eva no tuvieron hijos, cultivaron y cuidaron el huerto del que Dios los había hecho mayordomos.

Al considerar sus circunstancias, pensó en los jardines en los que vivía: el jardín de la tierra, el jardín de su país, el jardín de su familia y el jardín de su barrio. Se dio cuenta de que, aunque no vivían en el Jardín de Edén, esos eran los jardines en los que el Señor la había colocado. Podía tratar de multiplicar y henchir aquello de lo que Él le había dado mayordomía.

Jin reflexionó:
“¿Cómo puedo multiplicar los dones que el Señor me ha dado a mí y a otras personas? ¿Cómo puedo multiplicar el amor por los hijos de Dios? ¿Cómo puedo multiplicar mi tiempo y esfuerzo para servir a los demás? ¿Cómo puedo henchir mi propio pozo espiritual? ¿Cómo puedo henchir lo que otras personas han perdido, ya sea temporal o espiritual? ¿Cómo puedo henchir la esperanza y la fe que parece que muchos en el mundo han perdido?”

A medida que Jin se centraba en esas preguntas, pudo reconocer oportunidades para multiplicar y henchir utilizando sus dones y talentos. Enseñó teatro a jóvenes de todo el mundo, prestó servicio a las Mujeres Jóvenes, aprovechó la flexibilidad de su vida profesional para ayudar a cuidar los hijos de sus amigos, pasó más tiempo estudiando el evangelio y se sintió bendecida al comprender mejor cómo llevar las cargas de los demás y consolar a los que necesitan de consuelo. Eso aumentó su testimonio y fe en Jesucristo y Su evangelio. Y, más importante aún, logró entender el plan de Dios para ella.

Los buenos mayordomos siempre multiplicarán y henchirán los bienes del Señor. Aunque no como ella se imaginó inicialmente, la experiencia de Jin es una hermosa evidencia de una promesa del profeta Jeremías, quien dijo:

“Bendito el hombre que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echa sus raíces, y no temerá cuando venga el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se angustiará ni dejará de dar fruto.”

En segundo lugar, la mayordomía sobre la tierra y sobre todos los hijos de Dios.

El presidente Russell M. Nelson ha enseñado:
“En calidad de beneficiarios de la creación divina, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar la tierra, ser mayordomos sabios de ella y conservarla para las futuras generaciones.”

Sé que este tema preocupa mucho a su generación. Ustedes tienen gran determinación, y algunos sienten cierta ansiedad. Pero les aseguro que Dios ha preparado un mundo de vida saludable para todos en este planeta si estamos dispuestos a usar nuestros dones y talentos para esta buena causa, permanecer dignos de recibir revelación y utilizar prudentemente las abundantes cosas que el Señor nos ha dado en esta tierra para cuidarnos los unos a los otros.

El Señor dijo:
“Yo extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías. Porque la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra.”
“Así yo preparé todas las cosas, y he concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes.”

¿Cómo utilizarán el albedrío con el que el Señor los ha bendecido y su mayordomía para la gloriosa bendición de la tierra? El Señor aclara en el versículo siguiente que debemos tomar de la abundancia que Él ha creado y repartir nuestra porción a los pobres y a los necesitados, conforme a la ley de Su evangelio.

Hay suficiente y de sobra si compartimos nuestras bendiciones y usamos nuestro albedrío como mayordomos sobre la tierra, a la manera de Cristo.

Volvamos a la cita del presidente Nelson en cuanto a la mayordomía sobre la tierra. Él dijo:
“En calidad de beneficiarios de la creación divina, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar la tierra, ser mayordomos sabios de ella y conservarla para futuras generaciones.”
Luego, el presidente Nelson dijo:
“Además, debemos amarnos y cuidarnos los unos a los otros.”

Es clave reconocer la conexión entre el cuidado de la tierra y el cuidado de nuestro prójimo. Al cuidar la tierra y hacer que nuestras comunidades sean más sostenibles y hermosas, estamos actuando como sabios mayordomos de la tierra para bendecir la vida de nuestros vecinos. A ellos es a quienes se nos ha mandado amar.

Como las ovejas de la parábola, alimentamos al hambriento, damos agua al sediento, vestimos al desnudo y visitamos al enfermo y al cansado. Socorremos a los débiles, levantamos las manos caídas y fortalecemos las rodillas debilitadas.

Sus hermanas y hermanos de todo el mundo están haciendo eso.

Erita creció en la remota isla de Marakei, Kiribati. Luego de regresar de su misión, asistió a BYU–Hawái, donde participó en SUAT (el equipo de Tecnología de Acción Mundial Sostenible) y aprendió sobre jardinería hidropónica, un método de cultivo de plantas sin tierra que utiliza nutrientes minerales en una solución acuosa.

Tras graduarse, Erita regresó a Kiribati para ayudar a su pueblo. Kiribati es una nación de 32 islas de coral llamadas atolones y una isla de coral elevada. Su ubicación ecuatorial crea condiciones climáticas difíciles. Las brisas salinas y la intrusión marina destruyen los cultivos y contaminan el agua. La escasez de suelo y espacio limita el cultivo de alimentos nutritivos, causando malnutrición y enfermedades por la dependencia de alimentos importados y procesados en Kiribati.

Erita tenía la energía, la visión y el talento para crear un programa sostenible de hidroponía, enseñando a las familias de Kiribati a cultivar frutas y verduras sanas. Los huertos hidropónicos son portátiles, autónomos, crecen rápido y producen una cosecha en 30 días.

Por su labor innovadora y salvadora, a Erita se le otorgó el premio “Campeones de la Tierra” de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico. Erita ejemplifica el uso de dones y talentos en su mayordomía para cuidar la tierra y al prójimo.

Al alimentar a los hambrientos, se nos cuenta entre las ovejas a la diestra de Dios. Y debemos dar de beber al sediento, bendecir a nuestro prójimo con el acceso al agua potable. El saneamiento y la higiene son fundamentales para el desarrollo humano. Para llevar a cabo esta labor, la Iglesia coopera globalmente con organizaciones y comunidades locales para mejorar el acceso a servicios básicos y fortalecer sistemas, buscando soluciones duraderas que fomenten la autosuficiencia.

Esta labor crucial se intensifica con el aumento de sequías y el crecimiento demográfico global.

Alejandra, una joven adulta de Cascas, Perú, se preguntó: ¿qué nos falta aquí? Ella sabía que al menos el 20 % de su comunidad carecía de saneamiento seguro, aumentando el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera.

Para solucionarlo, se capacitó en negocios de saneamiento con Water for People, en Perú. Puso en marcha su negocio y abasteció su pequeña tienda con un inventario de lavamanos, grifos, inodoros, azulejos y otros materiales que las familias necesitaban para completar sus baños. Ahora, las familias de Cascas tienen acceso a los materiales para construir sus cuartos de baño.

Ustedes también pueden determinar cuáles son las necesidades de agua potable y saneamiento en sus comunidades y cómo pueden participar.

El profeta Isaías se hace eco de su amigo contemporáneo, Jeremías, cuando nos dice:
“Y si extendieres tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz…
Y Jehová te guiará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y serás como huerto de riego y como manantial cuyas aguas nunca faltan.”

Por supuesto, Jesucristo es la fuente de toda agua viva. Testifico que, al dar de beber al sediento, tenemos la bendición de beber Su agua viva, una fuente de agua que brota para vida eterna.

Cuidar la tierra y al prójimo nos acerca al Salvador y fomenta el deseo de tener una relación de convenio con Él, para ser más como Él.

Seremos mayordomos responsables y felices, renovados, y volaremos con alas como las águilas, y no nos cansaremos.

El año pasado, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro anunció la ampliación de una iniciativa mundial para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y los niños. A petición de la Primera Presidencia, la Sociedad de Socorro está liderando esta labor.

Queremos empoderar a las mujeres y a las familias con conocimientos y recursos para generar cambios duraderos en sus hogares, comunidades y naciones. Una mujer sana y educada bendice a su familia, eleva su comunidad y fortalece su nación. Cuando se bendice a un niño, se invierte en el futuro.

Por eso, nos centramos en la nutrición de los niños menores de cinco años, la atención materna y neonatal, la vacunación y la educación.

Aleina es una joven adulta que vive en Georgia, Estados Unidos. Está cursando un doctorado en terapia ocupacional a fin de trabajar en la unidad de cuidados intensivos neonatales de un hospital, para bebés que necesitan cuidados especiales después de nacer, especialmente los prematuros.

La iniciativa mundial de la Sociedad de Socorro en favor de las mujeres y los niños hizo eco en Aleina. Inspirada por la invitación a participar en la iniciativa mundial, Aleina ha convertido el método canguro, o contacto piel con piel para bebés prematuros, en el tema de su proyecto final de posgrado.

Cada año nacen en el mundo casi 15 millones de bebés prematuros, y en Atlanta, Georgia, donde vive Aleina, la tasa de nacimientos prematuros y de mortalidad infantil es superior a la media nacional estadounidense.

Aleina está creando un programa educativo sobre los beneficios del contacto piel con piel entre los bebés prematuros y sus madres. Colocan a los bebés prematuros en pañal sobre el pecho de la madre y se cubren ambos con una manta. Este contacto regula la temperatura, reduce el estrés, equilibra hormonas, aumenta la conexión, facilita la lactancia, mejora el sueño y tiene otros beneficios más.

Su proyecto busca aumentar su aplicación en la unidad de cuidados intensivos neonatales, donde no siempre es estándar.

Su investigación le pareció muy espiritual. Leer la ciencia y aprender que nuestro cuerpo está creado para hacer estas cosas tuvo sentido para ella, debido a lo que sabía sobre el plan de salvación.

El cuidado piel con piel de los bebés prematuros es significativo para mí, ya que mi nieto nació en febrero, casi siete semanas prematuro. Nuestro pequeño guerrero pesó solo kilo y medio, y estuvo casi un mes en la unidad de cuidados intensivos. Cada uno de esos días, mi nuera y mi hijo lo tuvieron sobre su pecho, piel con piel. De hecho, el método canguro también es para los papás. El trauma del nacimiento repentino y el dolor de la separación de nuestro nieto se aliviaron en esos momentos.

Aleina está dejando que brille la luz de su conversión. Está utilizando los talentos con los que ha sido bendecida y está cuidando de los necesitados al estudiar y crear conciencia sobre esta importante práctica. Sus esfuerzos responden al llamado del Salvador: “Estuve enfermo y me visitasteis”.

Erita, Alejandra y Aleina son discípulos de Jesucristo que se preparan para Su Segunda Venida mientras ejercen de manera fiel y provechosa la mayordomía sobre aquello con lo que el Señor los ha bendecido.

El Salvador dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Estos jóvenes son, sin duda, las ovejas del Salvador, dignos de disfrutar de Su presencia, a Su diestra.

Pertenecemos a una Iglesia que hace un bien extraordinario en todo el mundo, bendiciendo la vida de nuestro prójimo, no solo la de nuestros miembros.

En 2024, se ofrecieron 6,6 millones de horas de voluntariado. Se gastaron 1.450.000.000 de dólares. Se prestó servicio en 192 países y territorios. Las iniciativas humanitarias mundiales de la Iglesia incluyeron proyectos de agua potable, higiene y saneamiento, ayuda en casos de emergencia, atención médica y seguridad alimentaria.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sus miembros están dejando alumbrar su luz para glorificar a nuestro Padre Celestial.

Y, aunque la Iglesia y la Sociedad de Socorro pueden utilizar —y utilizarán— su alcance mundial para ampliar los esfuerzos inspirados para alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y cuidar al enfermo, la labor más importante y de mayor impacto sigue haciéndose uno a uno.

Al emular a Jesucristo, identificamos necesidades inmediatas y respondemos con amor. Procuramos ser fieles mayordomos de Sus bienes, que incluyen talentos, oportunidades, la tierra en todo su esplendor y las personas dentro de nuestra esfera de influencia.

Al igual que Naamán, del Antiguo Testamento, puede que estén esperando que les manden a hacer alguna gran cosa y se pregunten cómo llegarán a esa remota parte de África o a una isla en el mar para atender a su prójimo mundial.

Hermanas y hermanos, los invito a utilizar sus dones y talentos para hacer algunas cosas pequeñas y sencillas en el ámbito de su mayordomía. Donde quiera que vivan, hay niños desnutridos. Hay personas que no saben leer. Hay obstáculos para acceder a la atención médica. Donde quiera que vivan, hay personas hambrientas, sedientas, desnudas, enfermas, encarceladas —literal y figuradamente—.

Amigos, los necesitamos.

Espero que busquen sinceramente la revelación y utilicen sus dones y talentos para hallar soluciones creativas a fin de bendecir el futuro de todos los hijos de Dios. Sin duda, esto forma parte de su divina mayordomía.

El universo es inmenso: billones de galaxias, con miles de millones de estrellas, tierras, mares, flora y fauna. Y, sin embargo, Dios ama y conoce por nombre a todas Sus creaciones, y esto los incluye a ustedes.

Concluiré con una experiencia personal sobre mi querida amiga Lidia, quien dio la primera oración esta noche.

Conocí a Lidia hace varios años, cuando fue misionera de servicio en el edificio de la Sociedad de Socorro. Lidia siempre viste de púrpura, porque la mujer descrita como la primera conversa de Pablo fue Lidia, que era vendedora de telas de púrpura.

A Lidia le diagnosticaron artritis cuando solo tenía cuatro años, y aunque sufre dolor todos los días, deja brillar con deleite la luz de su conversión a Jesucristo. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, ella es todo eso.

Como parte de esta asignación, se me invitó a elegir a las personas que darían la oración esta noche. Inmediatamente me vino a la mente Lidia. Ella completó su misión, comenzó sus estudios en BYU y fue admitida en la Facultad de Enfermería. Y como es mi querida amiga, nos hemos mantenido en contacto. La quiero mucho.

Me correspondía pedirle que ofreciera la oración, pero no la había llamado. Luego, el 31 de marzo, recibí este mensaje de Lidia:

“Buenos días, presidenta Johnson. La quiero mucho. Anoche me soñé con usted. Me sentía muy nerviosa y estresada por algo que tenía que hacer, y usted se dio cuenta. Me rodeó con el brazo, acercó su cabeza a la mía y me susurró al oído: ‘Está bien, Lidia. Puedes hacerlo. Solo haz las cosas poco a poco’.
Su cálido ánimo y su recordatorio de ir paso a paso es exactamente lo que necesitaba oír hoy. ¡Cómo necesitaba un abrazo de la presidenta Johnson!
Creo que el Padre Celestial a veces nos envía pequeños mensajes a través de personas que amamos y en las que confiamos, como usted. Espero que sienta que los ángeles la sostienen esta semana. Le envío un fuerte abrazo, querida amiga.”

Le respondí: “Deseo contarte por qué tuviste ese sueño.” Esa noche llamé a Lidia para pedirle que hiciera la oración en este devocional mundial para jóvenes adultos. Por supuesto, aceptó. Y me contó lo que no me había dicho en su mensaje de texto. Era un detalle que pensó que no era importante cuando me escribió: en el sueño, estaba nerviosa por tener que hacer una oración delante de un grupo grande.

¡Oh, qué tiernas son las misericordias del Señor! Me había demorado en pedirle a Lidia que hiciera la oración sin ninguna razón válida, excepto que Lidia necesitaba tener su sueño: una confirmación de que el Señor está al tanto de ella y quería que tuviera esta oportunidad.

Sí, el universo es enorme: billones de galaxias, con miles de millones de estrellas, tierras, mares, plantas, animales… sobre lo que el Señor nos ha dado mayordomía. Y Dios conoce y ama a todas Sus creaciones por su nombre. Y esto los incluye a ustedes.

El Salvador presentó Su ministerio terrenal diciendo que fue enviado para dar buenas nuevas a los pobres, a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos y a poner en libertad a los quebrantados. Si esa era Su misión, y nosotros somos Sus discípulos, entonces compartimos Su objetivo.

Ustedes, mis amigos, están singularmente preparados y preordenados para ayudarlo. Son hijos e hijas de Dios. Él los conoce, y ustedes tienen una relación de convenio con Él.

Nunca agotarán Su misericordiosa paciencia y, conforme guarden los convenios que han hecho con Él, serán bendecidos con Su poder sanador y fortalecedor. El poder de Dios aumentará sus capacidades, ampliará los talentos que les ha dado y los ayudará a verlo a Él en los hambrientos, los sedientos, los marginados y los enfermos.

Como Sus discípulos, preparémonos para Su Segunda Venida, ejerciendo fiel y provechosamente la mayordomía sobre aquello con lo que hemos sido bendecidos. Testifico que, al llevar el alivio de Jesucristo a los demás, tendrán la bendición de descubrir su propio alivio en Él.

Sé con seguridad que Jesucristo vive. Él dirige Su Iglesia por medio de profetas, videntes y reveladores. Y sé con seguridad que Russell M. Nelson es Su poderoso portavoz en la tierra hoy en día.

La obra —la obra y la gloria— de nuestro Padre Celestial y Jesucristo es prepararnos para vivir en Su presencia, donde no hay hambrientos, sedientos, marginados, enfermos ni cojos, pues habrán sido curados y sanados por completo.

Ustedes son Sus colaboradores esenciales. Los amo, y Ellos los aman.

En el sagrado nombre de nuestro Redentor, Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario