Un testigo de la Restauración

Mirando más allá de la marca

Paul Y. Hoskisson


Uno de los temas centrales del Libro de Mormón es la elocuente expresión de Jacob en Jacob 4:14, de que la ceguera de los judíos “vino por mirar más allá del objeto”. Lamentablemente, esta frase, junto con su versículo y capítulo, tiende a pasarse por alto entre el sermón frecuentemente citado de Jacob en el capítulo 2 y la alegoría del olivo en el capítulo 5. Sin embargo, el capítulo 4 es mucho más que un capítulo de transición.

De hecho, la misma ubicación de esta frase cerca del centro de su pequeño libro puede ser el intento de Jacob por llamar la atención sobre ella. Sus palabras aparecen en el centro del versículo 14, entre una explicación de lo que los judíos querían y una descripción de lo que recibieron. Además, el versículo 14 es el centro temático del capítulo 4, con los versículos 1–13 declarando que todos los santos profetas conocieron y testificaron de Cristo, y los versículos 15–19 enumerando las consecuencias de ignorar los testimonios de los profetas acerca de Él. Asimismo, el capítulo 4 aparece cerca del centro de Jacob 1–6. (El capítulo 7 parece ser una adición posterior a los seis primeros capítulos.) Los capítulos 1–3 explican los pecados de los nefitas y los advierten de que necesitan volver a Cristo. Los capítulos 5–6 alegorizan e ilustran las consecuencias del pecado en la historia de la casa de Israel y profetizan sobre la eventual redención del pueblo escogido. Si Jacob hubiera querido llamar la atención sobre su expresión “su ceguera vino por mirar más allá del objeto”, no podría haberlo hecho mejor sin recurrir a palabras en negritas, cursivas o resaltadas—algo que habría sido difícil en planchas de metal. En otras palabras, como explicaré, esta breve frase en medio del versículo 14 y cerca de la mitad de Jacob 1–6 contiene información única e importante en sí misma, rica en significado tanto para la audiencia de Jacob como para los Santos de los Últimos Días.

Una clave para entender la expresión de Jacob es estar conscientes del contexto literario dentro del capítulo 4, incluido el trasfondo de la historia de la casa de Israel. Una segunda clave es examinar el significado de las palabras inglesas. Este último punto es importante porque los matices de las palabras cambian con el tiempo, incluso en el corto intervalo entre la publicación del Libro de Mormón en 1830 y las ediciones actuales. Con la aclaración del contexto histórico y de los significados de las palabras, el mensaje que Jacob pretendía para sus lectores se hará más evidente. Y finalmente, este artículo no estaría completo sin una aplicación del mensaje de Jacob para nosotros.

El contexto literario

El capítulo 4 mismo proporciona el contexto literario para entender el versículo 14. Después de una breve digresión sobre la dificultad de escribir en planchas de metal, el capítulo 4 comienza con Jacob recordando a los nefitas que “todos los santos profetas” que vivieron antes que ellos “sabían de Cristo” (v. 4). Por lo tanto, todos los profetas y todos los que creyeron en sus palabras “esperaban con anhelo su gloria muchos cientos de años antes” de la venida de Jesús en la carne (v. 4). En efecto, desde Adán hasta Noé y hasta Lehi, los fieles “creyeron en Cristo y adoraron al Padre en su nombre”; y, debido a su fe en Cristo, su obediencia a la ley que se les había dado fue “santificada para [ellos] para justicia” (v. 5).

De hecho, uno de los propósitos de las leyes de Dios, ya fueran dadas a Adán o a Moisés, era dirigir a sus fieles observadores hacia Cristo. Como explicó Nefi: “Con este fin se ha dado la ley de Moisés; y todas las cosas que han sido dadas por Dios, desde el principio del mundo, al hombre, son el simbolismo de él” (2 Nefi 11:4). O como dijo sucintamente el apóstol Pablo: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4).

Después de este discurso sobre la relación entre fe, obediencia, ley y otros aspectos importantes del plan de salvación, Jacob regresó en el versículo 13 a su tema inicial del capítulo: “Mas he aquí, no somos nosotros los únicos que testificamos” del plan de salvación y del papel de Cristo en ese plan, “porque Dios también lo declaró a los profetas antiguos”. Sin embargo, como Jacob continuó diciendo al inicio del versículo 14, muchos israelitas rechazaron el testimonio de los profetas acerca de Cristo y se negaron a aceptar el evangelio. Algunos profetas, como Zenoc, incluso fueron muertos porque “testificaron del Hijo de Dios” (Alma 33:17). El mismo Lehi fue objeto de un complot de asesinato en Jerusalén porque dio testimonio de Cristo (véase 1 Nefi 1:20). Jeremías fue encarcelado por su testimonio (véase Jeremías 32:2). Aquellos que rechazaron el testimonio de los profetas también se negaron a permitir que la ley que se les había dado dirigiera sus almas hacia Cristo.

Jacob, aunque no había sido él mismo un testigo presencial, ciertamente habría escuchado a su familia hablar acerca de las circunstancias que llevaron a Lehi a huir de Jerusalén. Por lo tanto, cuando describió al pueblo del reino de Judá como “un pueblo de dura cerviz”, que “despreciaba las palabras de claridad y mataba a los profetas, y buscaba cosas que no podían entender” (Jacob 4:14), su información provenía directamente de quienes lo habían presenciado. En su rebelión contra el sencillo mensaje del evangelio y en su deseo de un sustituto más complicado y arcano, los judíos, tal como Jacob profetizó, llegarían a quedar ciegos, y en su ceguera tropezarían. Con la perspectiva del tiempo, es fácil ver que a causa de su tropiezo caerían espiritual, social, militar y políticamente.

Jacob, sin embargo, estaba más interesado en las causas y consecuencias espirituales de la rebelión de Judá. Él declaró que la razón por la cual los judíos estaban ciegos era que Dios había quitado “de ellos la claridad, y les entregó muchas cosas que no podían entender” (v. 14). ¿Por qué un Dios amoroso daría a los judíos algo complicado y difícil de comprender? ¿Acaso no quería Dios que tuvieran la claridad de Su evangelio? ¿No les había ofrecido las sencillas verdades del evangelio en numerosas ocasiones? El problema era que ellos repetidamente lo habían rechazado. Por lo tanto, cuando rechazaron Su evangelio claro y precioso, Él les dio exactamente lo que insistieron en tener; les dio “cosas que no pueden entender”, ideas complicadas y oscurecidas, “porque las desearon”. El resultado sería que tropezarían y caerían. “Rechazarían la piedra” (v. 15), la roca de su salvación (véase Deuteronomio 32:15; compárese con Salmo 89:26), y olvidarían a su Dios (véase Isaías 17:10). La piedra, o roca, que ellos “rehusarían” era y siempre sería “la piedra principal del ángulo” (Salmo 118:22). No obstante, con o sin su cooperación y aceptación, Dios ya había puesto, antes de la fundación del mundo, “en Sion una piedra por fundamento, piedra probada, preciosa piedra de esquina, cimiento estable” (Isaías 28:16), y esa “principal piedra del ángulo” es “Cristo Jesús mismo” (Efesios 2:20).

Para resumir el contexto literario, la frase “y esta ceguera vino por mirar más allá del objeto” aparece en medio de una declaración de que los judíos habían rechazado en gran medida los testimonios de los profetas acerca de su Señor y Dios, y por tanto lo rechazarían nuevamente en Su venida. Específicamente, el versículo 14 explica que los judíos en los días de Jacob querían cosas que no podían entender y que Dios les concedió su deseo imprudente, llevándolos así a rechazar a Cristo como su fundamento seguro. Con el contexto literario y el trasfondo histórico ya claros, puedo ahora dirigirme a las palabras de Jacob.

El “objeto” (mark) como metáfora

¿Qué significa exactamente “mirar más allá del objeto” (o “más allá de la marca”), y qué clase de ceguera produce? El hecho de que Jacob registrara esta frase sin comentario o explicación significa que él esperaba que su audiencia comprendiera lo que quería decir. Sin duda, los nefitas conocían por experiencia personal el entorno real del cual Jacob tomó su metáfora, y entendían el significado simbólico de esta frase en el contexto del discurso más amplio. Sin embargo, el sentido llano del texto a menudo escapa a los lectores contemporáneos, a pesar de la excelente traducción del Profeta, principalmente porque la palabra clave mark (objeto) ha cambiado de significado desde que el Libro de Mormón fue publicado.

De los muchos significados atestiguados de mark, aquel que Jacob pretendía puede reducirse a unas pocas posibilidades mediante observaciones básicas que llevan a una pregunta simple. Fuera lo que fuera un mark para Jacob, tenía que ser un objeto o cosa familiar para los nefitas. De lo contrario, Jacob habría tenido que explicarlo. Además, el uso similar de la palabra en el Antiguo Testamento sugiere que un mark también tenía que ser un objeto común en el mundo de Jerusalén. La traducción de José Smith a partir de las planchas menores presupone que un lector estadounidense del siglo XIX también sabría exactamente qué era un mark. En otras palabras, el mark debía ser algo bien conocido en el antiguo Israel, en los primeros tiempos del Libro de Mormón y en la época de José Smith.

También es evidente que mirar al mark era deseable; era lo correcto, ya fuera uno israelita, lehita o, por extrapolación, un estadounidense del siglo XIX. Por lo tanto, fuera lo que fuera el objeto, era algo que debía mirarse, algo bueno de mirar, y que, si no se miraba, llevaba al fracaso. La pregunta simple entonces es: ¿cuál de los muchos objetos comunes en la vida cotidiana nefita-israelita o estadounidense del siglo XIX era el “objeto” al que Jacob se refería? Como demostraré, aún es bastante común en nuestros días, pero usamos otra palabra para describirlo.

Parecería al principio que el lugar más directo para buscar el significado del sustantivo mark sería un diccionario. Este enfoque, sin embargo, puede llevar fácilmente a confusión porque los diccionarios contienen una abrumadora variedad de posibilidades. Incluso el American Dictionary of the English Language de Noah Webster de 1828 contiene diecinueve definiciones distribuidas entre tres entradas para mark. Los diccionarios más recientes, que no suelen dar los significados de las palabras en su contexto histórico, pueden ser igualmente confusos. Por lo tanto, un enfoque indirecto que aproveche el contexto histórico puede resultar más fructífero. Por ejemplo: ¿se usa mark en la Biblia del Rey Santiago y, de ser así, qué significa allí? Mark aparece veintiuna veces en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Limitando la búsqueda al Antiguo Testamento (Jacob hablaba de los judíos en los días de Lehi) y eliminando todas las apariciones excepto las que son sustantivos, sólo siete versículos contienen la palabra mark. Tres de esos siete pueden eliminarse porque no cumplen con los criterios mencionados, a saber, que un mark debía ser un objeto que, en su uso real, debía ser mirado y cuyo mirar era deseable.

Con sólo cuatro versículos del Antiguo Testamento por considerar —1 Samuel 20:20; Job 7:20; 16:12; y Lamentaciones 3:12— el significado de mark se hace evidente con rapidez. En los cuatro pasajes, mark como sustantivo denota, de manera consistente y exclusiva, un blanco o diana. El ejemplo más directo es 1 Samuel 20:20. En el contexto anterior a este versículo, Jonatán, hijo de Saúl, había establecido una señal para que su amigo David supiera, tres días después, si sería seguro presentarse en un banquete que Saúl ofrecería. Pero Jonatán tenía que avisarle sin que nadie de la corte de su padre se diera cuenta de que había contactado a David. Por lo tanto, Jonatán le dijo a David que se escondiera tres días más tarde junto a una gran roca que ambos conocían. Jonatán saldría ese día con su siervo como si fuera a practicar con arco y flechas cerca de la roca. Entonces “tiraría tres flechas al lado [de la roca],” como si “tirase a un blanco” (1 Samuel 20:20). Luego enviaría a su siervo a recoger las flechas. Si Jonatán llamaba al siervo diciendo que las flechas estaban entre ellos, significaba que David podía asistir al banquete. Si Jonatán llamaba que las flechas estaban más allá del siervo, esa era la señal para que David no apareciera.

Del contexto del pasaje es claro que mark significa específicamente un blanco para practicar con arco y flecha. Este significado queda confirmado por el Oxford English Dictionary. De hecho, la palabra target en su significado actual no aparece registrada en el inglés moderno sino hasta unas décadas antes de la traducción del Libro de Mormón. Por otro lado, la palabra mark ya significaba blanco en el siglo XVI, décadas antes de que se tradujera la Biblia del Rey Santiago, como se evidencia en la traducción de Coverdale de 1535 en Lamentaciones 3:12: “He hath bent his bowe, and made me as it were a marck to shute at.” De este sentido tradicional provienen palabras modernas como marksman (“tirador”), la expresión verbal “mark your target,” y la frase “He is a marked man.” Por tanto, cuando el Profeta José usó mark en la traducción inglesa del Libro de Mormón, sus lectores del siglo XIX sabían que un mark era algo a lo que se apunta.

En el contexto de la cultura nefita, mark significando blanco en Jacob 4:14 también tiene perfecto sentido. Los nefitas estaban familiarizados con blancos porque sus vidas dependían en parte de su capacidad de cazar con arco y flecha. Incluso los niños de la audiencia tendrían experiencia con los distintos blancos que habían usado. Por eso Jacob no necesitó explicar qué era un mark, ni aclarar por qué al mirar más allá de un blanco se produce ceguera. Sería anacrónico imaginar que los lehitas u otros pueblos antiguos tenían blancos circulares con centro. De hecho, no conocemos ejemplos antiguos de blancos arqueológicos. En los días de Lehi —igual que hoy— cualquier objeto podía servir como blanco, aun si nunca se hubiera fabricado con ese propósito. La mayoría de los lectores pueden enumerar objetos que han usado como blancos simplemente porque decidieron dispararles. En la antigüedad no habría sido distinto.

Conociendo el significado de la palabra clave en la frase de Jacob, también queda claro el tipo de “ceguera” que proviene de mirar más allá del blanco. Si una persona mira más allá del blanco, este se vuelve borroso. De hecho, no importa dónde se mire; si no se mira directamente al blanco, el blanco estará, en el mejor de los casos, difuminado. Mirar aún más lejos puede significar no verlo en absoluto. En cualquier caso, para efectos de acertar con una flecha, mirar más allá del blanco significa que este no está enfocado y que el arquero fallará. Así, no es que los judíos no pudieran ver en absoluto. Más bien, mientras más lejos miraban del blanco, más ciegos se volvían a lo que debían mirar y menos probable era que acertaran. La ceguera de los judíos, entonces, no era total, sino una incapacidad relativa para ver lo que debían ver.

El simbolismo del blanco

Aclarado el significado de la metáfora y su ambientación en el mundo de Jacob, puedo ahora explicar el significado simbólico de “su ceguera vino por mirar más allá del blanco”. El tema central de Jacob 4 es Jesucristo. Específicamente, el mensaje puede dividirse en dos partes:

  1. Los profetas nefitas y “todos los santos profetas” conocieron la misión terrenal de Cristo mucho antes de Su nacimiento.
  2. La audiencia de Jacob no debía rechazar a Cristo como harían los judíos en Jerusalén, sino aceptarlo y “ser reconciliados con Él por la expiación” (Jacob 4:11).

Dado que Jesucristo es el tema general y específico del capítulo, es razonable concluir a priori que Cristo y el blanco son lo mismo. De hecho, un versículo del capítulo 4 da una pista evidente para interpretar el versículo 14. Jacob explicó que su pueblo adoraba al Padre en el nombre de Cristo y que “con este fin [porque creíamos en Cristo] guardamos la ley de Moisés, la cual nos señala a Él” (4:5). La expresión “la ley de Moisés… [señala] nuestras almas hacia Él” parece prestada del vocabulario de apuntar y disparar, ya sea en práctica o para obtener alimento. Así, el blanco que los judíos, los nefitas y todos los lectores del Libro de Mormón deben mirar es Cristo.

La frase “[la ley] señalando nuestras almas hacia Él” confirma que el propósito de la ley de Dios era dirigir la mirada hacia el Salvador. Si los israelitas hubieran permitido que la ley apuntara sus almas hacia Cristo, entonces esa ley habría sido “santificada para ellos para justicia, así como le fue contado a Abraham… por obedecer los mandamientos de Dios en ofrecer a su hijo Isaac, que es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre” (4:5). De manera similar, la obediencia de Adán al sacrificio después de salir del Edén dirigía su atención hacia Jesús, pues ese sacrificio era “una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre” (Moisés 5:7). Claramente, desde Adán hasta Abraham, Moisés y Jacob, todas las ordenanzas de las leyes estaban diseñadas para apuntar al blanco: Jesucristo. Él es el blanco en el que debemos fijar la mirada.

Aplicando la metáfora de Jacob en nuestro día

Jacob no mencionó la “ceguera” de los judíos para que los nefitas lanzaran piedras simbólicas, ni los Santos de los Últimos Días deben criticar a los judíos. Más bien, debemos hacer como Nefi, quien aplicó “todas las escrituras a sí mismo, para provecho y enseñanza” (1 Nefi 19:23). Una vez comprendido el contexto de la metáfora y cómo Jacob la usa para simbolizar lo que debemos y no debemos hacer, queda la pregunta: ¿cómo se aplica hoy la enseñanza de Jacob?

Jacob describió un caso específico: los judíos “miraban más allá del blanco”. Aquello que miraban eran “cosas difíciles de entender”. Sin embargo, la metáfora sugiere que es posible mirar en cualquier dirección excepto hacia el blanco, no solo más allá de él. Mirar delante del blanco produciría el mismo resultado. Mirar a cualquiera de los lados también. Mirar en dirección opuesta sería lo más desastroso. Aplicado al evangelio hoy, la pregunta se convierte en: ¿qué podría ser tan importante para que desviemos nuestra atención del Salvador?

El distractor más obvio es el pecado. Es difícil ver con claridad o mantener el enfoque cuando el pecado ha desviado nuestra mirada o nublado nuestra visión. Incluso podría decirse que la gravedad de un pecado es proporcional a cuántos grados desvía nuestra vista de Cristo. La solución, por supuesto, es mirar hacia Cristo, por doloroso que sea, y enfocarse en Él. Como dice el Libro de Mormón: “Si os volvéis a [Cristo] con íntegro propósito de corazón, y confiáis en Él… Él os librará” (Mosíah 7:33). Sólo al fijar firmemente nuestra mirada en Cristo podemos ver la salida del pecado; no hay otra manera.

Pero parece que Jacob también quería enseñar la importante lección de que los pecados no son los únicos distractores que desvían nuestra visión de Cristo. Este punto puede ilustrarse apelando a un análogo moderno de la metáfora antigua introducida por Jacob, es decir, imaginando un blanco de tiro contemporáneo con bull’s-eye. Al puntuar una sesión con un blanco así, se asignan distintos valores a los círculos concéntricos que componen el blanco, siendo el centro el que recibe la puntuación más alta. Acertar en un círculo interior es mejor que acertar en uno exterior. Acertar en el círculo exterior es mejor que no dar en el blanco. Pero el objetivo es agrupar todos los disparos en el centro.

Así ocurre en la metáfora de Jacob. Cristo es el bull’s-eye, el blanco. Pero existen otros distractores—otros círculos—que pueden llamar la atención, algunos no tan alejados del centro como un pecado descarado. Muchos de esos blancos menores son metas nobles, buenas y dignas, como ser maestro orientador o maestra visitante al 100 por ciento. De hecho, no alcanzar objetivos justos de ministración o de cualquier otra meta valiosa en la Iglesia puede ser un síntoma de haber perdido el enfoque en Cristo.

Sin embargo, cualquier virtud—como lograr el 100 por ciento en la ministración—cuando se convierte en un enfoque exclusivo, puede desviar la atención de Cristo. En el artículo “Nuestras fortalezas pueden convertirse en nuestra ruina”, el élder Dallin H. Oaks emitió esta advertencia, que sin duda también formaba parte del propósito de Jacob para los nefitas y para nosotros: “La debilidad no es nuestra única vulnerabilidad. Satanás también puede atacarnos donde creemos ser fuertes… Se acercará a nosotros por medio de los mayores talentos y dones espirituales que poseemos. Si no somos cuidadosos, Satanás puede causar nuestra caída espiritual corrompiéndonos a través de nuestras fortalezas.”

Jacob ya había advertido a los nefitas sobre el orgullo en sus logros, ya fuera en forma de acumular riqueza frente a sus vecinos más pobres o de creerse más justos que los “inmundos” lamanitas. La advertencia de Jacob, intrínseca a su metáfora, puede expresarse de otra manera: al “buscar cosas que no podían entender” (y es importante notar que esas cosas no necesariamente eran malas en sí mismas), los judíos comenzaron a mirar lejos de Cristo. Con la mirada desviada, pudieron entonces ser conducidos a un mal profundo: “rechazar la piedra [Cristo] sobre la cual podrían edificar y tener un fundamento seguro” (4:15).

En otras palabras, si una persona se concentra durante suficiente tiempo en algo distinto de Jesucristo, aunque sea una meta noble y deseable, ese blanco puede comenzar a parecer más grande e importante que el Blanco verdadero que debería atraer nuestra atención, con resultados no deseados e inesperados. Al hablar de este peligro, el presidente Boyd K. Packer enseñó: “Algunos miembros de la Iglesia que deberían saber más, escogen una o dos teclas de pasatiempo [en el teclado del evangelio] y las tocan incesantemente, para irritación de quienes los rodean. Pueden embotar su propia sensibilidad espiritual. Pierden de vista que existe una plenitud del evangelio… Pueden rechazar la plenitud en preferencia por una nota favorita. Esto se exagera y distorsiona, llevándolos a la apostasía.”

Por otro lado, la analogía del presidente Packer sugiere otra lección simbólica que puede extraerse de la metáfora de Jacob. Tocando una o dos notas, un estudiante principiante de piano, que puede ver las demás teclas blancas y negras, podría sentir el deseo de tocar el teclado completo. Dicho en términos de la metáfora de Jacob: si puedo ver el anillo exterior del blanco, podría apuntar y acertarlo. Pero ver el anillo exterior casi inevitablemente conduce la mirada a seguir los círculos concéntricos hasta el centro. Una vez visto y enfocado, apuntar al bull’s-eye se vuelve natural. Del mismo modo, la alegría de alcanzar cualquier objetivo del evangelio con nuestra mejor capacidad debería crear en nosotros el deseo de experimentar la totalidad del gozo que el evangelio de Jesucristo ofrece. En otras palabras, si estoy mirando en la dirección general de Cristo, podría suceder que mi mirada sea atraída hacia Él. Si no miro en Su dirección, es improbable que llegue a verlo.

Resumen

La metáfora de Jacob en medio de Jacob 4:14 capta uno de los mensajes destacados del Libro de Mormón: cualquier fortaleza o debilidad que nos aleje de enfocarnos en Cristo puede conducir a consecuencias desastrosas. Por el contrario, si nuestro enfoque está en Jesús, entonces todas nuestras fortalezas o debilidades permanecen en el justo equilibrio.

Volviendo a la imagen de un blanco moderno, si los círculos concéntricos se imaginan no como anillos, sino como discos completos superpuestos unos sobre otros, con el bull’s-eye arriba, entonces acertar al bull’s-eye significa acertar también todos los demás círculos. Con un ojo centrado y enfocado plenamente en el Blanco—Cristo—la ceguera nunca será un problema. Como dijo Heber C. Kimball: “Procuraré mantener mi ojo en el blanco, es decir, en Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario