Alivio por medio de Jesucristo: El poder del ayuno es un testimonio profundo de cómo el Señor extiende Su poder sanador a Sus hijos por medio de una ley antigua y misericordiosa. En este mensaje, Kristin M. Yee enseña que el ayuno, cuando se vive con espíritu de oración y verdadera intención, no es solo una práctica de abstinencia, sino una vía sagrada para acercarnos más a Jesucristo, acceder a Su poder y participar activamente en Su obra de alivio y redención.
A través de experiencias personales, enseñanzas proféticas y las palabras de las Escrituras, este mensaje revela que la ley del ayuno une el sacrificio con la compasión, y la adoración con el servicio. El ayuno fortalece la fe, ablanda los corazones, sana relaciones quebradas y permite que el Señor nos convierta en instrumentos de Su amor, tanto para nuestro propio alivio espiritual como para bendecir la vida de los necesitados. En última instancia, se nos invita a amar esta ley sagrada como una expresión viva del discipulado cristiano y como un medio divinamente establecido para encontrar alivio verdadero en Jesucristo.
Mujeres del convenio
Alivio por medio de Jesucristo: El poder del ayuno
Por la hermana Kristin M. Yee
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Soc. Soc.
Liahona Febrero 2026
Podemos aprender del Señor, acercarnos más a Él y acceder a Su poder mediante el ayuno con espíritu de oración.
Una manera en que nosotras, como mujeres del convenio, podemos ayudar a cuidar de los necesitados y guardar los convenios que hemos hecho en el templo y en el bautismo es ayunar con espíritu de oración y “con verdadera intención”, además de dar una ofrenda de ayuno generosa para ayudar a los necesitados. La ley del ayuno es un mandamiento antiguo establecido por el Señor para bendecirnos a ustedes y a mí, y a todos los hijos de Dios.
Puedo testificar personalmente de las poderosas bendiciones sanadoras de la ley del ayuno en mi vida. Vivir esta ley misericordiosa me ha brindado gran consuelo y me ha proporcionado un salvavidas de bendiciones celestiales para satisfacer grandes necesidades.
Al preparar este mensaje, me pregunté si valdría la pena compartir mis experiencias relacionadas con el ayuno. Entonces el Espíritu tranquilizó mi mente y suavemente me susurró al corazón que, debido a ese sacrificio regular y hermoso en mi vida, el Espíritu del Señor me ha acompañado muchas veces y me ha dado sanación y fortaleza más allá de las mías. Casi podía oír la pregunta: “¿De dónde crees que ha venido la fuerza para hacer lo imposible todos estos años?”. En ese momento, me di cuenta de que las bendiciones de la ley del ayuno están profundamente entretejidas en todos los aspectos de mi vida y que vivir esta ley me ha dado una medida adicional del poder de Dios para hacer Su voluntad y llegar a ser como Él es. Ayunar a la manera del Señor puede aumentar nuestro acceso a las bendiciones del poder de Dios en nuestra vida.
Un privilegio y una bendición
Cuando era joven, mi familia tenía dificultades para que nos alcanzara el dinero hasta fin de mes y recuerdo que recibíamos alimentos del almacén del obispo. Estaban disponibles gracias a las generosas ofrendas de ayuno de otros santos. Su sacrificio contribuyó a bendecirnos a mí y a mi familia durante una época difícil. Me siento bendecida por tener ahora la oportunidad de ayunar y contribuir para los necesitados.
Es un privilegio y una bendición poder dar algo, por pequeño que sea, para ayudar a los necesitados. Y en el proceso, encontramos nuestro propio alivio en Jesucristo.
El Salvador nos enseñó por medio de Su profeta acerca de los poderosos propósitos y las bendiciones del ayuno:
“¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de la maldad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados y romper todo yugo?
“¿No consiste en que compartas tu pan con el hambriento y a los pobres errantes alojes en tu casa; en que cuando veas al desnudo, lo cubras y no te escondas del que es tu propia carne?”.
Tenemos la oportunidad de ayunar con regularidad, una vez al mes en domingo de ayuno, y donar una ofrenda de ayuno para ayudar a los necesitados. Podemos “d[ar] […] una ofrenda que por lo menos sea igual al valor de los alimentos que habría[mos] ingerido”. También se nos “alienta […] a ser generosos y a dar más del valor de las dos comidas, si p[odemos]”.
El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Las ofrendas de ayuno se utilizan para un solo propósito: para bendecir la vida de los necesitados. Todo dinero que se le entrega al obispo en calidad de ofrenda de ayuno se utiliza para ayudar a los pobres. Cuando los donativos exceden las necesidades locales, se pasan más adelante para satisfacer las necesidades en algún otro lugar”.
Acercarnos más al Salvador
Cuando ayunamos, nos humillamos ante el Señor con espíritu de oración y elegimos abstenernos de comer y beber durante dos comidas o un período de 24 horas. Si la salud no nos permite ayunar como es costumbre, el presidente Nelson nos ha aconsejado: “Decidan lo que constituiría un sacrificio para ustedes, al recordar el sacrificio supremo que el Salvador hizo por ustedes”.
El ayuno está relacionado con el sacrificio y el sacrificio es un símbolo de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, y de Su Expiación. Tenemos la oportunidad de considerar con reverencia Su sacrificio al buscar inspiración para saber por qué ayunar y de qué ayunar. También podemos pensar en el Salvador a lo largo de nuestro ayuno. Me doy cuenta de que el Señor desea que aprendamos de Él y que nos acerquemos más a Él por medio de esta experiencia que va acompañada de la oración.
Restaurar calzadas
En la Iglesia del Señor, también se nos alienta a ayunar cuando necesitemos ayuda divina.
Recuerdo que un verano me sentía muy inquieta y dolida por un desacuerdo con un miembro de mi familia. Varios miembros de la familia, entre ellos aquel con el que tenía el desacuerdo, decidieron reunirse y deliberar en consejo al respecto. Oré y ayuné fervientemente para saber qué decir o hacer. Necesitaba más sabiduría y amor de los que tenía.
Cuando nos reunimos esa noche, el Espíritu del Señor con misericordia ablandó nuestro corazón. Recuerdo que aprendí de las palabras que hablé; no parecían ser mías. Estaban llenas de amor, de claridad, de poder y del Espíritu. Lloré porque sentí con pureza que Dios amaba a mi familia y quería sanarnos. Fui testigo del poder, la sanación y la revelación del Señor que se manifestaban mediante la oración ferviente y el ayuno. Las ventanas de los cielos se abrieron de par en par esa noche.
Esa experiencia me recordó las bendiciones del ayuno de las que aprendemos en Isaías:
“Entonces invocarás, y te responderá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí […];
“y Jehová te guiará siempre, y en las sequías saciará tu alma […] y serás […] como manantial cuyas aguas nunca faltan.
“Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación en generación levantarás; y serás llamado reparador de brechas, restaurador de calzadas para habitar”.
Jesucristo es el “reparador de brechas, [el] restaurador de calzadas”. Él preparó la manera de sanar todo pesar y dolor, y de vencer toda debilidad y pecado. Él puede restaurar, reparar y fortalecer a medida que nos volvemos a Él en ferviente oración y ayuno.
Hay muchas grandes necesidades en el mundo, tantas que puede parecer abrumador. Tal vez se pregunten, ¿qué puedo hacer para marcar una verdadera diferencia como mujer del convenio? Una cosa que podemos hacer es vivir con propósito e incluso amar la ley del ayuno y contribuir una ofrenda de ayuno generosa para los necesitados.
Al hacerlo, sé que el Señor traerá Su alivio espiritual y temporal a ustedes y a mí, y a Sus hijos necesitados. Y creceremos en nuestro conocimiento de Sus caminos y en nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo. Ruego que procuremos hacer un compromiso renovado de vivir este bendito y poderoso mandamiento.
Conclusión final
La ley del ayuno revela un principio eterno del evangelio: el poder de Dios se manifiesta cuando Sus hijos se humillan ante Él con fe, sacrificio y amor. Ayunar con espíritu de oración no solo nos acerca al Señor, sino que nos permite participar activamente en Su obra redentora, al aliviar cargas, sanar corazones quebrantados y fortalecer a los necesitados. Este mandamiento une lo personal con lo comunitario, lo espiritual con lo temporal, y nos enseña que la verdadera adoración siempre produce compasión.
Doctrinalmente, el ayuno dirige nuestra mirada al sacrificio expiatorio de Jesucristo, quien es el verdadero “reparador de brechas” y el único que puede restaurar lo que ha sido roto por el pecado, el dolor o la debilidad humana. Al ayunar, reconocemos nuestra dependencia de Él y accedemos a una medida mayor de Su poder, no para nuestra gloria, sino para cumplir Su voluntad y llegar a ser más semejantes a Él.
Al vivir fielmente esta ley sagrada, el Señor promete alivio espiritual y temporal, revelación continua y un amor más profundo por Dios y por el prójimo. Así, el ayuno se convierte en una expresión viva del convenio: una senda por la cual somos transformados, fortalecidos y capacitados para bendecir a otros, mientras hallamos en Jesucristo el alivio verdadero y duradero para nuestras propias vidas.
























