Ángeles: Agentes de luz, amor y poder

Capítulo 31
Ángeles con espadas
desenvainadas en sus manos


El élder Roger Orton vio a un poderoso ángel montado en un caballo de fuego, con una espada flameante en su mano.
— José Smith


Algunos relatos antiguos y modernos describen ángeles con espadas en sus manos. Cuando hablamos de ángeles y espadas, debemos mantener una mente abierta, porque a menudo es difícil determinar cuándo las espadas de los ángeles en tales relatos son puramente simbólicas, cuándo son literales o cuándo son ambas cosas.

A veces la espada de un ángel está destinada a proteger a los justos, pero en otras ocasiones está destinada a destruir a los inicuos. Los siguientes relatos presentan ejemplos tanto de la espada que protege como de la espada que destruye. Un episodio en la vida del rey David se relaciona con un pecado que cometió y que desagradó tanto a Dios que Él decidió herir a Israel (véase 1 Crónicas 21:1–30). Pero en su misericordia, Dios permitió que David escogiera entre tres formas de castigo: tres años de hambre, tres meses de destrucción por uno de los enemigos de Israel, “o tres días de la espada de Jehová, es decir, pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya por todo el territorio de Israel” (1 Crónicas 21:10–12). David escogió tres días de la espada del ángel, esperando que el Señor tuviera mayor misericordia que los enemigos de Israel (véase 1 Crónicas 21:13). El cronista explica que la espada del ángel en este caso significaba una pestilencia (véase 1 Crónicas 21:12, 14).

El relato continúa: “Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová que estaba entre la tierra y el cielo, con una espada desenvainada en su mano extendida sobre Jerusalén” (1 Crónicas 21:16). En cierto momento, el ángel del Señor aconsejó a David por medio de Gad que, si David edificaba un altar y ofrecía sacrificios al Señor, la plaga terminaría. David siguió el consejo del vidente, de modo que “Jehová ordenó al ángel, y este volvió su espada a la vaina” (1 Crónicas 21:27).

Un relato intrigante en Números 22 presenta tres participantes principales: un ángel con una espada desenvainada en su mano, el hombre llamado Balaam y un animal que discernió la presencia del ángel. El texto se refiere al “ángel de Jehová que estaba en el camino, con su espada desenvainada en su mano. . . . Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, con su espada desenvainada en su mano” (Números 22:23–31). De esta historia verdadera podemos extraer muchos niveles de comprensión; que el ángel tuviera una espada desenvainada en su mano es particularmente significativo.

Un relato muy conocido acerca de ángeles con espadas es el de los querubines en el Jardín de Edén. Génesis 3:24 declara que el Señor Dios “expulsó al hombre; y puso al oriente del jardín de Edén querubines, y una espada encendida y giratoria, para guardar el camino del árbol de la vida” (traducción mía). Tres características incluidas en la expresión “una espada encendida y giratoria” se combinan para inspirar temor en posibles intrusos. La primera característica es la espada misma. Con raras excepciones, la espada en el Antiguo Testamento se refiere a un arma de guerra o a un instrumento de destrucción (Números 19:16; Josué 10:11; 13:22; 1 Samuel 7:51).

La segunda característica es la llama de fuego (“encendida”). El fuego hace que la espada en cuestión sea excepcional: además del peligro de la hoja misma, esta espada podía quemar o abrasar mientras cortaba y hería. Un versículo de Isaías también conecta el fuego y la espada: “Porque con fuego y con su espada el Señor juzgará a toda carne; y los muertos por el Señor serán muchos” (Isaías 66:16; véase también vv. 15, 17).

La tercera característica que puede causar temor se expresa mediante el verbo hebreo hamithapeket, que se traduce al inglés como “giratoria” o “que se vuelve en todas direcciones”, como aparece en la versión King James. Este verbo deja claro que la espada está continuamente girando o revolviéndose, quizá de manera zigzagueante, para proteger el camino hacia el árbol de la vida. Sería difícil o imposible para personas no autorizadas pasar más allá de una espada giratoria de ese tipo.

La espada encendida de Génesis tiene un paralelo en los notables acontecimientos espirituales que ocurrieron en la noche del 28 de enero de 1836, durante el período de dedicación del Templo de Kirtland. Como ya hemos señalado, José Smith registró que el élder Roger Orton contempló ángeles con espadas flameantes protegiendo a los santos del Señor de Satanás y de sus espíritus malignos.

El profeta José también vio un ángel con una espada desenvainada protegiendo a Brigham Young mientras este se encontraba en una situación adversa. José registró que vio en visión “al élder Brigham Young de pie en una tierra extraña, en el lejano sur y oeste, en un lugar desértico, sobre una roca en medio de aproximadamente una docena de hombres… que parecían hostiles. Él les estaba predicando en su propia lengua, y el ángel de Dios estaba sobre su cabeza, con una espada desenvainada en su mano, protegiéndolo, pero él no lo veía.”

Una vez más, las espadas de estos ángeles probablemente son simbólicas, como en los siguientes pasajes de las Escrituras que declaran que el Señor mismo tiene una espada: “¡Bienaventurado tú, oh Israel! ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro, y espada de tu gloria?” (Deuteronomio 33:29); “Jehová con su espada dura, grande y fuerte” (Isaías 27:1); “La espada de Jehová” (Isaías 34:6; véase también Jeremías 12:12); “¡Oh espada de Jehová!” (Jeremías 47:6); “Yo, Jehová, he sacado mi espada de su vaina” (Ezequiel 21:5).

Simbólicamente, la espada del Señor ejecuta juicio y destrucción sobre los habitantes de la tierra, pero también significa la capacidad del Señor para proteger a su pueblo de peligros espirituales y mortales. La protección de su pueblo parece haber sido el propósito de la espada cuando el Señor se apareció a Josué. “Aconteció que estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y miró; y he aquí que un hombre estaba delante de él con su espada desenvainada en su mano. Y Josué fue hacia él y le dijo: ¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? Y él respondió: No; mas como príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo” (Josué 5:13–15; compárese con Éxodo 3:5).

Al principio Josué no reconoció al Señor, por lo que le preguntó si era amigo o enemigo de Israel. Después de que el Señor aseguró a Josué que él, Jehová, era de hecho el capitán del ejército de Israel, Josué lo reconoció y lo adoró. La espada mencionada en Josué 5:13–15 representa el poder de Jehová para proteger a Israel mientras avanzaba para cumplir el mandato de Dios de conquistar a sus enemigos. Finalmente, Josué e Israel conquistaron treinta y un reyes junto con sus reinos (Josué 12:20). ¿Cómo pudo un ejército sin entrenamiento lograr tal empresa? Josué 10:42 concluye que “todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez, porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel”.

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