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La pestilencia y la plaga desoladora del señor
Los dos capítulos anteriores, y este capítulo, examinan los tres grandes instrumentos para los juicios de Dios sobre la maldad: hambre, espada y pestilencia. Muy poco se ha dicho del tercero de estos instrumentos—menos que de los otros dos, sin embargo el impacto que se ha profetizado de los terribles efectos de la pestilencia sobre las naciones malvadas del mundo obviamente serán terribles.
El Señor ha dicho a las naciones de la tierra:
¡Cuántas veces os he llamado por boca de mis siervos y por la mi-nistración de ángeles, y por mi propia voz y por la de los truenos y la de los relámpagos y la de las tempestades; y por la voz de terremotos y de fuertes granizadas, y la de hambres y pestilencias de todas clases; y por el gran sonido de una trompeta, y por la voz del juicio y de la misericordia todo el día; y por la voz de gloria y de honra y la de las riquezas de la vida eterna, y os hubiera salvado con una salvación sempiterna, mas no quisisteis!
He aquí, ha llegado el día en que la copa de la ira de mi indignación está llena.
Entonces la enfermedad y pestilencia son herramientas con las cuales Dios castiga a su pueblo y reprime al inicuo de la tierra.
Amonestaciones acerca de pestilencia en los últimos días
El Señor ha revelado que la pestilencia se espera en los últimos días:
He aquí, hablo por el bien de mis escogidos; porque nación se levantará contra nación, y reino contra reino; habrá hambres, pestes y terremotos en diversos lugares.
Y otra vez, por motivo de que abundará la iniquidad, el amor de muchos se enfriará; mas el que no fuere vencido, éste se salvará.
Repetidas amonestaciones de las futuras enfermedades y pestilencia se han dado en revelaciones privadas y a través de patriarcas de la Iglesia. Tales amonestaciones deliberadamente son un consejo personal y no son doctrina oficial de la Iglesia. Nuevamente, como con las amonestaciones proféticas de una Tercera Guerra Mundial y de la batalla interna dentro de los Estados Unidos, los Santos deben con certeza saber que este modelo disperso de revelaciones personales existe. Las siguientes citas breves extraídas de bendiciones patriarcales son típicas del modelo:
Vivirás sobre la tierra para ver azote tras azote de enfermedades en el mundo, y los Santos apenas escaparán, porque muchos caerán por la plaga—inclusive a tu derecha y tu izquierda.
También:
Verás el azote de las enfermedades derramadas de vez en cuando y verás al inicuo ser exterminado desde cielo en tan sólo un parpadeo, una y otra vez.
Y de nuevo:
¿ … tu vivirás tan prolongada la vida se desea, y el azote del día en el cual vivas te pasará, así como la plaga lo hizo en los días de los Israelitas en Egipto; y no morirás. Verás hambre por todos pagos de la tierra. Verás la pestilencia debido a los temblores y conmoción en la tierra.
Otra advierte:
Vivirás para ver en las naciones de la tierra el azote por sus pecados. Vivirás para ver epidemias expandirse las cuales confundirán las habilidades de los doctores y arrullarán a los habitantes de la tierra por miles al mundo de los espíritus .. . Tendrás las bendiciones de la tierra a través de larga vida y nunca serás afligido por el azote o el hambre que afectará al hombre.
Otra menciona acerca de las Diez Tribus que vienen del norte a Sión, y dice, «Verás a la tierra ser limpiada por una plaga de enfermedades antes de la venida de ellos y así hacerles espacio para su morada».
Estas citas breves deberán ser suficientes señales de que existe un modelo general de amonestación personal. Dios se mueve a muchos niveles y en muchas maneras para preparar a su pueblo para afrontar los días de tribulación y acongojo que vienen pronto.
La plaga desoladora del Señor
Existe un modelo en las escrituras de profecía el cual advierte de una enfermedad específica que está identificada en revelaciones modernas como «La plaga desoladora del Señor». Una revelación dada inclusive antes de la restauración de la Iglesia, advierte del juicio que vendrá sobre la tierra si los hombres endurecen sus corazones contra el evangelio:
. . . se desatará una plaga asoladora entre los habitantes de la tierra, y seguirá derramándose de cuando en cuando, si no se arrepienten, hasta que quede vacía la tierra, y sus habitantes sean consumidos y enteramente destruidos por el resplandor de mi venida.
Una revelación dada en el año de 1831 habla acerca de enfermedades que vendrán después de que se cumpla el tiempo de los Gentiles:
. . . vivirán hombres en esa generación que no morirán hasta que vean una plaga arrasadora, porque una enfermedad desoladora cubrirá la tierra.
Pero mis discípulos estarán en lugares santos y no serán movidos; pero entre los inicuos, los hombres alzarán sus voces y maldecirán a Dios, y morirán.
Un año después, en septiembre de 1832, el Señor reveló:
… yo, el Omnipotente, he puesto mis manos sobre las naciones para azotarlas por sus iniquidades.
Y se derramarán plagas, y no serán quitadas de la tierra hasta que haya cumplido mi obra, la cual se ha de acortar en justicia.
Una preocupación particular de los miembros de la Iglesia es el entender de que diversas revelaciones advierten de la posibilidad de tener esta terrible plaga entre los Santos debido a su desobediencia. Fue sabia la amonestación a la Iglesia en el año de 1832 la cual dice:
… en ocasiones pasadas vuestras mentes se han ofuscado a causa de la incredulidad, y por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido, y esta incredulidad y vanidad han traído la condenación sobre toda la iglesia.
Y esta condenación pesa sobre los hijos de Sión, sí, todos ellos;
y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado, no sólo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que he escrito,
a fin de que den frutos dignos para el reino de su Padre; de lo contrario, queda por derramarse un azote y juicio sobre los hijos de Sión.
Porque, ¿han de contaminar los hijos del reino mi tierra santa? De cierto os digo que no.
Un año después, el Señor advirtió a los Santos que su azote vendría sobre el mundo, y previno a los Santos que si no eran obedientes, serían afligidos con pestilencia y plaga:
Porque he aquí, la venganza vendrá pronto sobre los impíos, como el torbellino; y ¿quién podrá escapar de ella?
El azote del Señor pasará de noche y de día, y su rumor afligirá a todo pueblo; sí, y no cesará hasta que venga el Señor;
porque se ha encendido la indignación del Señor en contra de sus abominaciones y todas sus obras inicuas.
Sin embargo, Sión escapará si procura hacer todo lo que le he mandado.
Mas si no procura hacer lo que le he mandado, la visitaré según todas sus obras, con penosa aflicción, con pestilencia, con plagas, con la espada, con venganza y fuego devorador?
Es importante hacer notar en este contexto la declaración hecha por el presidente Heber C. Kimball:
Si los Santos se arrepienten, la ira del Señor se apartará, pero no van a arrepentir hasta que es demasiado tarde.
Los pasajes bíblicos también hablan de este terrible azote de desolación. Previamente se ha hecho referencia a la profecía de Isaías, en la cual él habla a los hombres quienes pensarán escapar del azote al hacer un «convenio» con la muerte y el infierno. Sin embargo, él advierte:
Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio con el Seol no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él pisoteados.
Luego que comience a pasar, él os arrebatará; porque de mañana en mañana pasará, de día y de noche; y será ciertamente espanto el entender lo oído.
Isaías concluye su referencia al azote indicando: «destrucción ya determinada sobre toda la tierra he oído del Señor, Jehová de los ejércitos.»
Otro capítulo de Isaías declara: «¡ Ay!» de «la tierra que hace sombre con las alas». Analistas de la Iglesia atribuyen esta referencia a Norte América debido a las importantes manifestaciones en el contexto. En su profecía, la población se compara a una vid. Isaías pronuncia esta advertencia de destrucción que vendrá sobre la tierra cuando el pueblo se reúna en el Monte de Sión:
Porque antes de la siega, cuando el fruto sea perfecto, y pasada la flor se maduren los frutos, entonces podará con podaderas las ramitas, y cortará y quitará las ramas.
Y serán dejados todos para las aves de los montes y para las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano las aves, e invernarán todas las bestias de la tierra.
El elder Orson Pratt, mientras explicaba la profecía de Isaías, dijo que Dios visitaría el continente Americano:
. . . con juicios que son terriblemente severos en tanto que les causarán a yacer por los cientos y los miles de un extremo de la tierra al otro sin ser sepultados, y que serán carne para las aves del aire y las bestias de la tierra. ¿Por qué? Porque los juicios serán tan rápidos que no habrá tiempo para sepultarlos
Uno se pregunta—»¿Realmente crees que tales juicios vendrán sobre nuestra nación?» No solamente lo creo, pero lo sé.
Los efectos devastadores de las terribles enfermedades que serán derramadas no solo se sentirán en América. Se debe recordar que Wil-ford Woodruff vio la escena en una visión y «fue dada para entender que los mismos horrores que estuvieron aquí representado estuvieron en todo el mundo; este, oeste, norte y sur. Pocos quedaron con vida, todavía estuvieron algunos. «
Juan el Revelador profetizó una serie de plagas que vendrán sobre la tierra al comienzo de siete mil años de existencia de la tierra. Estas constituyen el primero de los tres «¡Ay!» que pronunció:
El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.
El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar: y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.
Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.
El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cíelo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.
Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.
El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.
Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!
El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo.
Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo.
Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra.
Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.
Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al
Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.
El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas;
tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones;
Y tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla;
tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses.
Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión.
El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes después de esto.
Descripción de la plaga
Varias enfermedades nuevas podrían ser derramadas sobre la tierra en los últimos días. Por ejemplo, la posibilidad es también muy tangible acerca de las enfermedades por radiación de una guerra nuclear. Sin embargo, permanecen diversas descripciones en las escrituras y en otras revelaciones que hacen referencia a una enfermedad espantosa, la cual en la actualidad no se ha identificado. Una de tales descripciones se encuentra en Doctrinas y Convenios, Sección 29, la cual está asociada con la caída de la gran y abominable iglesia:
Mas he aquí, os digo que antes que llegue este gran día, el sol se obscurecerá y la luna se tornará en sangre; las estrellas caerán del cielo y habrá señales mayores arriba en el cielo y abajo en la tierra;
y habrá lloro y lamentos entre las huestes de los hombres;
Y se enviará una fuerte tormenta de granizo para destruir las cosechas de la tierra.
Y acontecerá que a causa de la iniquidad del mundo, me vengaré de los malvados, por cuanto no se arrepienten; porque la copa de mi indignación está llena; pues he aquí, mi sangre no los limpiará si no me escuchan.
Por lo tanto, yo, Dios el Señor, enviaré moscas sobre la faz de la tierra, las cuales se prenderán de sus habitantes, y comerán su carne y harán que se críen gusanos en ellos;
y serán atadas sus lenguas a fin de que no hablen contra mí: y la carne se les caerá de los huesos, y los ojos de las cuencas;
y acontecerá que las bestias del monte y las aves del aire los devorarán.
Y la grande y abominable iglesia, que es la ramera de toda la tierra, será derribada por fuego devorador, de acuerdo con lo declarado por boca de Ezequiel el profeta, quien habló de estas cosas, las cuales no han acontecido, pero vivo yo, que ciertamente acontecerán, porque no han de reinar las abominaciones.
Una descripción parecida, de carne cayendo do los huesos, y los ojos cayendo de sus cuencas, se encuentra en la profecía de Zacarías acerca del juicio que vendrá sobre las naciones que luchan contra Jerusalén durante la Batalla de Armagedón:
Esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les desherá en su boca . . .
Asi también será la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los asnos y de todas las bestias que estuvieren en aquellos campamentos.
El profeta Isaías también describe el período de la Batalla de Armagedón, como lo hace Zacarías. Advierte: «Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados.» Entonces, así como en el capítulo 14 de Zacarías, dice cómo la gente irá a Jerusalén siguiendo la batalla. Al hacerlo, aparentemente se refiere a la consecuencia de la plaga, diciendo:
Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre.
En la revelación mostrada por Charles D. Evans, reveló una enfermedad con síntomas similares, dijo:
Esta plaga, en personas mayores pudría ¡os ojos en sus cavidades y consumía la lengua como si fuera un fuerte ácido o por un calor intenso. Los hombres inicuos, sufriendo sus agonías se revolcaban, maldecían a Dios y morían, aun estando de pie, y los pájaros de rapiña festejaban sobre sus cadáveres.
Revelaciones de la plaga en el pasado
Parece que la misma y terrible enfermedad, o una similar a ella, se había manifestado en situaciones pasadas la cual fue referida como el resultado de los juicios de Dios sobre la maldad. Específicamente, varios casos de la aflicción se reportaron a través de los años en relación con el populacho quien asesinó a José Smith. Una de tales descripciones fue establecida por Martha James Cragun, quien encontró a uno de los del populacho, Jack Reed, en agosto de 1881:
Aproximadamente el último día de septiembre, escuché que Jack Reed estaba muy enfermo de una extraña enfermedad. Estaba enfermo pocos días después de declarar que él tomó parte en el episodio de Carthage—pero nadie me dijo acerca de su enfermedad hasta que lo escuché por uno de mis amigos indios quien dijo que él tenía gusanos en su carne. Decidí ir a verlo para verificar la declaración que había hecho en la reunión. El hombre no tenía familia, y el señor McGuire era su sirviente. Le pregunté al señor McGuire si me permitía a la señora Whitmore y a mi visitar al señor Reed. Dijo que el señor Reed le había ordenado que ninguna mujer blanca lo viera. Estaba siendo comido literalmente en vida por gusanos. Sus ojos se habían sobresalido, la carne en sus mejillas y cuello se había caído, y aunque podía respirar, podía tomar alimentos sólo por la abertura hecha en su garganta, y dijo McGuire, «Pedazos de carne tan grandes como mis dos manos habían caído de diferentes partes de su cuerpo. …» Uno llamado «Jack Longstreet» comenzó a ser el primer sirviente de Reed, en compañía de McGuire. A estos hombres, Reed confesó que su participación en el asesinato del profeta fue la causa de su aflicción. Le dijo a Longstreet: «Esta es la maldición sobre mi por el mormón. No puedo vivir—me he de pudrir completamente antes de morir.» Dijo que Brigham Young había pronunciado la maldición sobre todos los del populacho, y sabía que trece de ellos murieron así como él estaba muriendo.
Parley P. Pratt, un primer apóstol, también registró un destino similar de algunas personas del populacho. Escribió diversos ejemplos:
Un coronel del populacho de Missouri, EE.UU., quien ayudó a golpear, hurtar y asesinar a los mormones, murió en el hospital de Sacramento en el año de 1849. Beckwith estuvo a su cuidado; él estaba siendo devorado por gusanos—una gran cabeza negra corno gusano—¡el cual pasaba a través de él en grandes cantidades aparentemente una mitad de una pinta [aprox. 0.24 litros, estándar de los Estados Unidos] a la vez! ¡Antes de que el muriere, estos gusanos fueron arrastrándose fuera de su boca y nariz! ¡Literalmente se pudría en vivo! Inclusive la cante de sus piernas estaba abierta y caía de sus huesos! ¡Ellos recogieron el cuerpo putrefacto en una sábana y lo quemaron, no esperaron por un ataúd!
Un señor desconocido del populacho de Missouri murió en el mismo hospital aproximadamente a la misma hora, y bajo el cuidado del señor Beckwith. ¡Su cara y mandíbula de un lado concretamente estaban putrefactas y la mitad de su cara se había caído! ¡ Un ojo salía podrido y la mitad de su nariz, boca y mandíbula caían de los huesos! El doctor raspaba los huesos y abría y sacaba su mandíbula de la unión alrededor del centro de la barba. ¡La putrefacción y los gusanos continuaban comiéndolo hasta que consumieron la vena grande o yugular de su cuello y sangró hasta morirse! Al igual que Townsend, apestaban así que antes de su muerte los pusieron en dormitorios individuales, y era casi imposible soportar su presencia; y las moscas no podían mantenerse alejadas de ellos mientras morían!
Inclusive en tiempos remotos, una enfermedad similar se registró y que vendría sobre los inicuos. El historiador Josefo registró la enfermedad del malvado rey Herod (hijo de Antipater):
Pero ahora la enfermedad infecciosa de Herod se incrementó grandemente sobre él de una forma severa, y esto fue por el juicio de Dios sobre él por sus pecados; porque un fuego ardió en él lentamente, que no parecía mucho al tocarlo, se incrementaban sus dolores escondidos; vino sobre él un impulsivo apetito por comer, por lo cual no podía evitar suplicar por comida u otra cosa. También sus entrañas estaban infectadas, y el dirigente violento de su dolor caía sobre su colon; un liquido acuoso y transparente también se había asentado en sus pies de la misma manera que lo abatía en su estomago. No lejos, su miembros privados estaban putrefactos y producían gusanos; y cuando se sentaba en posición recta, tenia dificultad de respirar, lo cual no era muy placentero, por el mal olor que salía de su aliento; también tenía convulsiones, en todas partes del cuerpo, las cuales se incrementaban grandemente al grado de ser intolerables.
Con las breves descripciones disponibles, es imposible determinar si estos ejemplos del pasado son los mismos profetizados en los futuros juicios. Un general y evidente principio es: las enfermedades y la pestilencia son utilizadas como instrumentos de venganza de Dios sobre la maldad. El registro del pasado muestra que se han utilizado en fundamentos limitados, sin embargo, las profecías del futuro advierten que sus efectos serán comunes al incrementarse el triunfo de la maldad.
Resumen
- El Señor ha hecho un llamado a la gente de la tierra por muchos métodos, incluyendo enseñanzas, ángeles, temblores, hambrunas y peste; Él ofrece a la gente salvación eterna, sin embargo ellos no la Ha llegado el día en que la copa de su ira e indignación está llena.
- El Señor ha advertido que habrán guerras, hambrunas, pestes, y temblores en los últimos días. Porque abundará la iniquidad, el amor de muchos se enfriará.
- Muchas revelaciones privadas, y bendiciones patriarcales, advierten de futuras plagas y pestes que ocurrirán, llevando a cabo un alto índice de víctimas. Algunas de estas revelaciones asocian enfermedades a hambrunas.
- El Señor ha advertido repetidamente de una enfermedad terrible en los últimos días llamada «Plaga desoladora del Señor». Cubrirá la tierra y continuará esparciéndose de vez en cuando hasta que el Señor venga en gloria.
- El Señor ha advertido a su Iglesia que si los miembros no se arrepienten y obedecen sus mandamientos, él los azotará con pestilencia, plaga, espada y con un fuego devorador.
- En su visión de la terrible plaga que vendrá sobre América, Wilford Woodruff vio que «pocos quedaron con vida» y que los horrores que el vio pasarían en todo el mundo.
- Isaías profetizó que la destrucción que vendría sobre América haría que la gente se congregare en el Monte de Sión. También, Juan el Revelador profetizó una serie de plagas que vendrán sobre la tierra al comienzo de los siete mil años de la existencia de la tierra.
- Juan profetizó lo siguiente:
- Se quemarán una tercera parte de los árboles y hierva verde.
- Serán destruidos una tercera parte de los animales del mar.
- Se convertirán en aguas amarga un tercero de las aguas, y muchos hombres morirán por ellas.
- Las langostas [u otros géneros descritos como langostas] atormentarán aquellos quienes no sean siervos de Dios por cinco meses.
- La aflicción en aquellos días será tan severa que los hombres buscarán la muerte y tendrán el deseo de morir.
- Las descripciones que se encuentran en las escrituras de una terrible enfermedad en los últimos días se describe como una epidemia en la cual la carne caerá de los huesos de los hombres y los ojos de sus cuencas, mientras los gusanos los contaminen. La enfermedad descrita se asocia cronológicamente con la tercera guerra mundial, con la caída de la gran y abominable Iglesia, y también con la Batalla de Armagedón. Esto parece ser una plaga que ocurre constantemente.
- Las descripciones de las muertes de algunos de los hombres quienes participaron en el asesinato de José Smith parece corresponder con el modelo de la enfermedad profetizada, como lo describe Josefo acerca de la muerte del inicuo rey Herod. Es posible que haya una enfermedad específica por la cual Dios visite a los malvados. Podría ser la misma plaga que será revelada en los últimos días.
























