El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 1

El Camino Hacia la Perfección

Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros débiles, y de que vosotros seáis fuertes; y aun oramos por vuestra perfección. —2 Cor.13:9.

Las palabras del Señor en su sermón del Monte, «Sed pues vosotros perfectos, aun como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto», han servido como texto para muchos sermones. Hemos sido informados que el significado es que nosotros, en esta vida, debemos guardar cada ley cumplir con cada deber y así tratar de ser tan perfectos en nuestra esfera como el Padre es en el suyo. Esto es muy bien, y es verdad, pero, ¿abarca bastante? ¿Confinaba el Señor sus dichos a esta vida diaria solamente? Por supuesto no podemos encontrar ninguna cosa en contra de esta interpretación hasta donde llega, porque las escrituras sí nos inspiran hacia la perfección en nuestras vidas mortales. Pablo, por ejemplo, dirigiéndose a los profetas, evangelistas, pastores, y maestros, «para la perfección de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y al conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo». (Efesios 4:11-13). Además dijo a los Santos en Corinto: » Por tanto os escribo esto estando ausente, para no ser severo cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción. Por lo demás, hermanos, tened gozo, sed perfectos, tened consolación, sed de un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios de paz y de caridad estará con vosotros.». —(2 Cor. 13:10-11).

¿Pero limitaremos el significado de estas palabras de los discípulos del Señor a esta vida solamente? A mí me gusta pensar de ellas en relación con otro dicho del mismo sermón, porque a mí me parece que son íntimamente relacionados: «Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás os será añadido». La mayoría del género humano está buscando las cosas de esta vida en vez del reino de Dios y su justicia, pero como miembros de la Iglesia es nuestro deber prepararnos para la eternidad. Lo más cerca a la perfección que son nuestras vidas aquí, lo más cerca a la perfección serán allí. Si hemos practicado principios de perfección, y buscado la voluntad del padre aquí, lo encontraremos mucho menos difícil continuar en el mismo sendero cuando pasamos más allá de esta esfera mundana. Ahora, ¿cuál es el deber del hombre? El predicador dice: «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala. «(Eccle. 12: 13-14). Y el que escribió a los hebreos dice:

«Por tanto, dejando el comienzo de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios, —Hebreos 6:1, Escrituras Inspiradas.

¿Acaso no continuaremos hacia la perfección después de la resurrección? ¿Acaso no se ha dado la promesa de que si somos fieles en todas las cosas, llegaremos a ser como Jesucristo y el Padre? «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es, Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio». (1 Juan 3:1-3). Esto fué dicho a aquellos quienes habían hecho convenio con Dios para servirle y habían sido llamados hijos de Dios por medio de su obediencia. Juan los informa que cuando Cristo viene, ellos serían como él —puros y santos. Y entonces, cuando pasamos por la resurrección, iremos adelante, como leemos en Hebreos, a la perfección por medio de fidelidad continua.

Progresión en la eternidad

Los Santos de los Últimos Días creen en la progresión en la eternidad hasta, eventualmente, llegamos a ser dignos por conocimiento, sabiduría, humildad, y obediencia, de ser como Dios, entonces de tener el privilegio de ser hechos iguales en poder, majestad y dominio (Doc. y Con. 76:95), y de poseer todo lo que tiene el Padre (Doc. y Con. 84:38) como miembros de «la Iglesia del Primogénito». (Doc. y Con. 76:54,94). De manera que si tales bendiciones tan grandes son prometidas a los que son dispuestos a guardar toda la ley hasta el fin, ¿no han de continuar en el camino a la perfección hasta que llegan a la plenitud y llegan a ser como nuestro Padre Eterno?

El Presidente Brigham Young declaró que «cada hombre o mujer que tiene talento y los esconde será llamado siervo negligente. Aumenta de día en día los recursos que tuviere. A medida que tenemos capacidad para recibir, es nuestro deber obrar». También, dijo: «No cesaré de aprender mientras viva, ni cuando llegue al mundo de los espíritus, sino allí aprenderé con más facilidad; y cuando de nuevo reciba mi cuerpo, aprenderé mil veces más en mil veces menos tiempo; ni aun entonces dejaré de aprender». Agreguen a todas estas posibilidades sin límites el hecho de que nuestro conocimiento anterior, lo cual nos fué quitado nos será regresado, como enseñaba José F. Smith. (Véase Saturday Night Thought). Siendo esto el caso, y no hay ningún pensamiento razonable para oponerlo, tendremos entonces un abastecimiento maravilloso de información sobre el cual podemos edificar, porque ¿quién puede saber cuánto tiempo estuvimos aprendiendo en la eternidad ya paséela cuando anduvimos con Dios nuestro Padre?

Otro pensamiento del Presidente Young es digno de consideración:

Yo creo en un Dios que tiene poder para exaltar y glorificar todos aquellos que en él crean y son fieles en servirle hasta el fin de sus vidas, porque esto los hace dioses, aún los hijos de Dios, y en este sentido también hay muchos dioses, más para nosotros hay solamente un Dios, y un Señor Jesucristo, un Salvador que vino en el meridiano de los tiempos para redimir al mundo y a los hijos de los hombres del pecado original que fue cometido por nuestros primeros padres, y llevar a cabo la restauración de las cosas por su muerte y sufrimiento, abrir las puertas de vida y salvación y la exaltación en la presencia del Padre y el Hijo a todos los que creyeren, y para vivir con ellos para siempre jamás.— Discourses 1.31-2.

Como crecer hacia la perfección

En Proverbios leemos que «Oirá el sabio, y aumentará el saber; y el entendido adquirirá consejo», y que «El principio de la sabiduría es el temor (amor) de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la disciplina». —Pro. 1:5,7.

Por medio de revelación a José Smith, el Señor enseñó a los santos a continuar en la oración y ayunos. —

Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.
Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender; —Doc. Con. 88:77-78.

Para que esto pudiera llevarse a cabo lo mejor posible, los santos fueron mandados a construir una casa y tener sus asambleas solemnes donde podrían aprender de las cosas del reino. El Señor dice además:

Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.
Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios;.— Doc. Con. 88:118-119.

Toda esta instrucción nos es dada para ayudarnos a llegar a ser perfectos, y los santos además fueron instruidos a cesar de todas las conversaciones livianas toda risa ruidosa, de todos los deseos de concupiscencia, de todo orgullo y frivolidad y de todos los hechos malos. Deberían guardarse limpios moral, espiritual, y físicamente, por medio de una observancia cabal de las leyes que les fueron dadas. Así podrían ser santificados para morar en la presencia del Señor. Si pudiéramos cumplir con todo esto, por cierto seríamos perfectos en nuestra propia esfera, y llevaríamos a ese grado la ventaja hacia la perfección en el reino celestial.

Capítulo 2 —Entre dos velos